
“Cazador de demonios” sería una especie de Western
post-apocalíptico de corte religioso, con ramalazos de, en el papel, haber querido
ser un “Mad Max” de corte baratillo del nuevo milenio (hasta que llegó el “Mad
Max: Furia en la carretera” de los cojones y los furores uterinos del fandom).
En ella, un pistolero
negro y con barba blanca, resulta ser el hijo de una monja que re nigga (perdón…
quería decir “reniega”) de Dios, por lo que le cae la maldición divina de que
todo aquél que el negro mate, vuelve a la vida en forma de demonio. Y como se
ve que ha matado a unos pocos, pues ahora estos demonios se quieren cepillar a
Snipes.
Un coñazo sin sentido, ni del ritmo, ni de existencia, en la
que muchas de las cosas que ocurren en la película no son mostradas, si no
narradas (lo peor que puede pasar en el cine), al cual podríamos resumir de la
siguiente manera: Wesley Snipes camina por el desierto vestido de vaquero, con
las piernas arqueadas, de vez en cuando pega algún tiro y arranca alguna cabeza
de demonio blanco, para acabar sentándose en el suelo a descansar. Fin.
Al director Andrew Goth ya le van este tipo de productos, y
si bien ninguno de sus trabajos podría sonarnos siquiera ni a usted ni a mí, si
que se dedica a rescatar personajes que si un día fueron algo en la industria
del cine, ahora este les ha olvidado y les ha dado la espalda, caso de aquí Snipes o del recientemente fallecido
David Bowie en “Everybody´s loves Sunshine".