lunes, 6 de marzo de 2017

ALL THROUGH THE HOUSE

Partamos de la base de que el “Slasher” es un subgénero que tuvo su momento, y que al igual que hoy los jóvenes prefieren escuchar música en sus móviles en lugar de en un buen equipo de música, los aficionados al género más jóvenes prefieren el “Found Footage”, o cualquier otro subgénero dentro del terror actual al “Slasher”, que queda relegado, a estas alturas, a los gustos de un público cuarentón que lo disfrutó en su momento de mayor auge, los 80. Así pues, no es nada raro que el género haya quedado condenado a ese reducto para cineastas independientes –por no llamarlos semi amateur- amantes del cine de aquella época, y por tanto, y paradójicamente, si a día de hoy se hace un “Slasher”, este está pensado para ser explotado en las nuevas plataformas digitales, y no para cines. Máxime, cuando estos se ruedan con prácticamente lo puesto.
Teniendo eso en cuenta, hay que ser muy consciente de que cuando alguien retoma a día de hoy los géneros populares de los años ochenta, se tiende al postmodernismo más odioso y rancio, caso este de los “Turbo Kids” o los “Kung Furys” de los cojones, que son productos netamente para tontos del "Woooow, oh my god", que no merecen defensa en absoluto.
Por eso, cuando me enfrento a un “Slasher” de hoy en día inspirado en los de antaño, lo hago no sin cierta desconfianza, por lo anteriormente expuesto.
Sin embargo, “All Trough the house”, con todo el respeto que se puede poner a un subgénero, y en pleno 2016, escapa de todos esos artificios chanantes y cómicos tan odiosos de los clichés de las pelis revisionistas, y nos ofrece un “Slasher” línea dura, al a vieja usanza. Y sin un puto duro para hacerla, oigan. Y, coño, no está mal. Nada mal.
La cosa es sencilla; en un vecindario de Los Ángeles, en plenas navidades aparece un asesino que, aprovechando la coyuntura, se disfraza de Papá Noel, usando una  máscara de lo más siniestra e inquietante, comienza a cargarse a todo dios en ese vecindario, con la ayuda de unas tijeras de podar. Como dato característico, decir que este asesino, si ve un rabo al aire, lo cercena.
Sin tirar cohetes, la verdad es que se agradece ver un “Slasher” de 2016 como este, abordando el género con sumo respeto, con cierto sentido del humor, pero sin caer en la cuchufleta, y sobretodo, tirando de efectos especiales artesanales de los de toda la vida, que da gusto verlos. No hay C.G.I cutrongo en esta película. Buen y abundante gore del de toda la vida, del que divierte sin necesidad de tener que hacer un chiste en cada acuchillamiento, porque es una película seria, como las de entonces. Además, el asesino, ¡Es más bruto que un arado!
Es como si alguien, hubiera cogido todos los clichés y las cosas que molan de los “Slashers” setenteros y ochenteros, los hubiera metido en una coctelera y como resultado tenemos este genuino producto, muy, muy simpático. La verdad es que me lo he pasado teta.
Por ello, quizás es la favorita de los fans del género, que enarbolan la película tras su paso por los festivales, asegurando –un poco exageradamente, porque eso es lo que conlleva todo fanatismo- que si esta película se hubiera rodado hace 30 años, hoy sería un clásico del orden de los títulos más punteros. Yo no creo que sea para tanto, pero me hacía falta ver a estas alturas de la vida una película asi. Pero sin más, me provoca mucha simpatía, pero tampoco me mata.
Por ponerle alguna pega, el actual HD con que se filma todo, ya sean productos medianos o pequeños, perjudica a la película, al igual que los colores chillones y vistosos que imperan. Y es que el HD este roba la personalidad de las películas, otorga una linealidad, y a lo mejor a esta película le hubiera venido bien haber sido registrada en 16 mm. caducados por ejemplo.
Pero, como homenaje, con toda la mierda que se hace hoy en día, la verdad es que la cosa ha salido mejor que bien.
El director, Todd Nunes, tiene un par de cortos y un largometraje previo mucho más amateroide que este. Habrá que seguirle de cerca.

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