Un asesino chunguísimo tiene aterrada a la población (sobre todo si es femenina, aunque también han caído sendos machos). Primero acosa a las víctimas telefónicamente y, aluego, se cuela en sus casas, las fuerza sexualmente y -mayormente- estrangula. La policía no avanza en sus pesquisas, cosa que cabrea como una mona a nuestra protagonista, presentadora de televisión. Un día comienza a sospechar que el, en apariencia, tranquilo vecino es el asesino, así pues decide ponerse a investigar. Lo malo es que la mujer carga con una hermana sordomuda y ciega, ¡nada menos!, resultado del trauma de haber sido secuestrada y, entendemos, manoseada de cría por un pederasta, ¡válgame cristo!. Solo falta que los fisgoneos de su consanguínea la conviertan otra vez en víctima de un tarado... cosa que, obviamente, terminará ocurriendo porque sino, no habría película.
Con todo lo que mola hoy día reivindicar a los artesanos que entre los setenta y ochenta cultivaron el cine de género -especialmente el terror- dedicándoles libros o documentales, me extraña un huevo que alguien como Ken Wiederhorn todavía no haya pasado por tal trance. Si lo miramos bien, le sobran méritos: "Ondas de choque" (con una presencia más que constante mediante televisor en "Los ojos de un extraño"), "La divertida noche de los zombis", "Torre de Cristal" y las comedias "Desmadre en la universidad" o "Los albóndigas atacan de nuevo". Yo lo achaco a que cae mal. Seguramente por haber afirmado en más de una ocasión que el terror no le molaba, pero era lo que tocaba si pretendía ganarse las garrofas. Y, también, por ser el responsable de la mencionada secuela de "El regreso de los muertos vivientes" que, aunque hoy haya ganado adeptos, durante muchos años -y, sobre todo, en la época de su estreno- fue profundamente odiada por el fandom. Puede ser eso, o que Weiderhorn no esté para nada orgulloso de su trayectoria y, simplemente, rechace parlotear al respecto. ¿Tiene motivos? Hombre, pues tampoco. Hay cineastas mucho menos dotados a los que se ha puesto en un pedestal y, concretamente, el caso de "Los ojos de un extraño" vendría a ser especialmente representativo porque, literalmente, es su mejor película. Tanto como para terminar adquirida y distribuida por "Warner Brothers".
Otra razón por la que no acabo de comprender el más bien oscurillo estante que ocupa el film es la directa implicación en los efectos especiales de todo un Tom Savini camino de la gloria (con ayuda de otro jefe, Dan Gates), lo que, a modo de guiño simpático, justifica la presencia del cartel de "Dawn of the dead" en un cine al que acuden los protagonistas. Sus reconocibles salpicaduras de roja sangre y demás trucajes están bien presentes en una película que, de no ser por estos, se podría calificar más de thriller que de terror (y me niego a tirar del término "slasher", porque no). Son las escenas en las que el asesino actúa donde asoma la sordidez y, especialmente, cierta casquería medianamente gráfica.
También llama poderosamente la atención el co-guionista, Ron Kurz, quien venía de firmar para Wiederhorn el libreto de "Desmadre en la universidad" (eso sí, oculto tras el alias de Mark Jackson) y terminaría responsabilizándose de teclear el segundo "Viernes 13" (además de "Porquis 13 / Off the wall", encargo que marcó el final de su curre como escribiente de largometrajes... menudo trauma).
Podemos acusar a "Los ojos de un extraño" de parecerse un poco a ciertos títulos previos como "Sola en la oscuridad" o "Terror Ciego", por aquello de la invidente siendo angustiosamente acosada por un psicópata. Incluso hay destellos de "Someone´s watching me!", el televisivo primerizo trabajo de John Carpenter o "Maniac", la de William Lustig (que, por cierto, contaba también con triquiñuelas de Savini), aunque este último caso habría que estudiarlo con lupa porque únicamente las separa un año.
A la cieguita la interpreta una entonces debutante -para las películas, todo su escaso bagaje previo era exclusivamente televisivo- Jennifer Jason Leigh. Podría decirse que es lo mejor de la cinta sino fuese por la presencia del infravalorado John DiSanti interpretando al enfermo homicida. Ambos se pasan casi todo el metraje sin soltar prenda, transmitiendo a base de gestos y expresiones, y cumplen perfectamente. Con la Leigh no hay queja porque, como todos ustedes saben, hizo carrera y menuda fue/es. Con DiSanti el cantar es diametralmente opuesto. Venía de colaborar con Wiederhorn en la simpática chunguez "Desmadre en la universidad" dando vida a un desfasadísimo seudo-John "Bluto" Blutarsky. Verlo aquí convertido en frío y despiadado asesino, incluso sorprende. El hombre merecía algo más de reconocimiento, oiga. Acompañan a ambos intérpretes una actriz que, para compensar, no para de largar por los codos, Lauren Tewes, presente en un montón de series míticas de la época, destacando "Vacaciones en el mar", donde tenía rol fijo.
"Los ojos de un extraño" es, como decía, la obra más decente de su director. Dura lo que tiene que durar (80 minutos y poco), gasta un acabado muy digno, los actores cumplen, el suspense abunda, el ritmo es llevadero y las sangrías de Tom Savini contribuyen a impedir que la cosa pierda fuelle. Tal vez incluso en ocasiones pise demasiado el acelerador (por ejemplo, el modo en que DiSanti descubre la identidad de su acosadora está un poco pillada con pinzas), pero yo lo agradezco y probablemente ustedes también. Con un trabajo así, y una "Warner Brothers" detrás dando el visto bueno, lo lógico es que la carrera de Ken Wiederhorn despegara por todo lo alto... pero no. El resto de su currículum lo componen subproductos y morralla cajatontil. Tal vez podríamos achacarlo a los breves momentos descomplejadamente exploitables del largometraje, que siempre quitan "lustre" (la intensa y explícita escena inicial de agresión a una mujer, los destellos de gore, las tetas...) o, tal vez, haya detrás una razón más oscura sobre la que nunca oiremos ni leeremos. No importa, con "Los ojos de un extraño" en sus alforjas, Ken Wiederhorn puede morir tranquilo.
