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sábado, 27 de junio de 2026

LOS OJOS DE UN EXTRAÑO

Un asesino chunguísimo tiene aterrada a la población (sobre todo si es femenina, aunque también han caído sendos machos). Primero acosa a las víctimas telefónicamente y, aluego, se cuela en sus casas, las fuerza sexualmente y -mayormente- estrangula. La policía no avanza en sus pesquisas, cosa que cabrea como una mona a nuestra protagonista, presentadora de televisión. Un día comienza a sospechar que el, en apariencia, tranquilo vecino es el asesino, así pues decide ponerse a investigar. Lo malo es que la mujer carga con una hermana sordomuda y ciega, ¡nada menos!, resultado del trauma de haber sido secuestrada y, entendemos, manoseada de cría por un pederasta, ¡válgame cristo!. Solo falta que los fisgoneos de su consanguínea la conviertan otra vez en víctima de un tarado... cosa que, obviamente, terminará ocurriendo porque sino, no habría película.
Con todo lo que mola hoy día reivindicar a los artesanos que entre los setenta y ochenta cultivaron el cine de género -especialmente el terror- dedicándoles libros o documentales, me extraña un huevo que alguien como Ken Wiederhorn todavía no haya pasado por tal trance. Si lo miramos bien, le sobran méritos: "Ondas de choque" (con una presencia más que constante mediante televisor en "Los ojos de un extraño"), "La divertida noche de los zombis", "Torre de Cristal" y las comedias "Desmadre en la universidad" o "Los albóndigas atacan de nuevo". Yo lo achaco a que cae mal. Seguramente por haber afirmado en más de una ocasión que el terror no le molaba, pero era lo que tocaba si pretendía ganarse las garrofas. Y, también, por ser el responsable de la mencionada secuela de "El regreso de los muertos vivientes" que, aunque hoy haya ganado adeptos, durante muchos años -y, sobre todo, en la época de su estreno- fue profundamente odiada por el fandom. Puede ser eso, o que Weiderhorn no esté para nada orgulloso de su trayectoria y, simplemente, rechace parlotear al respecto. ¿Tiene motivos? Hombre, pues tampoco. Hay cineastas mucho menos dotados a los que se ha puesto en un pedestal y, concretamente, el caso de "Los ojos de un extraño" vendría a ser especialmente representativo porque, literalmente, es su mejor película. Tanto como para terminar adquirida y distribuida por "Warner Brothers".
Otra razón por la que no acabo de comprender el más bien oscurillo estante que ocupa el film es la directa implicación en los efectos especiales de todo un Tom Savini camino de la gloria (con ayuda de otro jefe, Dan Gates), lo que, a modo de guiño simpático, justifica la presencia del cartel de "Dawn of the dead" en un cine al que acuden los protagonistas. Sus reconocibles salpicaduras de roja sangre y demás trucajes están bien presentes en una película que, de no ser por estos, se podría calificar más de thriller que de terror (y me niego a tirar del término "slasher", porque no). Son las escenas en las que el asesino actúa donde asoma la sordidez y, especialmente, cierta casquería medianamente gráfica.
También llama poderosamente la atención el co-guionista, Ron Kurz, quien venía de firmar para Wiederhorn el libreto de "Desmadre en la universidad" (eso sí, oculto tras el alias de Mark Jackson) y terminaría responsabilizándose de teclear el segundo "Viernes 13" (además de "Porquis 13 / Off the wall", encargo que marcó el final de su curre como escribiente de largometrajes... menudo trauma).
Podemos acusar a "Los ojos de un extraño" de parecerse un poco a ciertos títulos previos como "Sola en la oscuridad" o "Terror Ciego", por aquello de la invidente siendo angustiosamente acosada por un psicópata. Incluso hay destellos de "Someone´s watching me!", el televisivo primerizo trabajo de John Carpenter o "Maniac", la de William Lustig (que, por cierto, contaba también con triquiñuelas de Savini), aunque este último caso habría que estudiarlo con lupa porque únicamente las separa un año.
A la cieguita la interpreta una entonces debutante -para las películas, todo su escaso bagaje previo era exclusivamente televisivo- Jennifer Jason Leigh. Podría decirse que es lo mejor de la cinta sino fuese por la presencia del infravalorado John DiSanti interpretando al enfermo homicida. Ambos se pasan casi todo el metraje sin soltar prenda, transmitiendo a base de gestos y expresiones, y cumplen perfectamente. Con la Leigh no hay queja porque, como todos ustedes saben, hizo carrera y menuda fue/es. Con DiSanti el cantar es diametralmente opuesto. Venía de colaborar con Wiederhorn en la simpática chunguez "Desmadre en la universidad" dando vida a un desfasadísimo seudo-John "Bluto" Blutarsky. Verlo aquí convertido en frío y despiadado asesino, incluso sorprende. El hombre merecía algo más de reconocimiento, oiga. Acompañan a ambos intérpretes una actriz que, para compensar, no para de largar por los codos, Lauren Tewes, presente en un montón de series míticas de la época, destacando "Vacaciones en el mar", donde tenía rol fijo.
"Los ojos de un extraño" es, como decía, la obra más decente de su director. Dura lo que tiene que durar (80 minutos y poco), gasta un acabado muy digno, los actores cumplen, el suspense abunda, el ritmo es llevadero y las sangrías de Tom Savini contribuyen a impedir que la cosa pierda fuelle. Tal vez incluso en ocasiones pise demasiado el acelerador (por ejemplo, el modo en que DiSanti descubre la identidad de su acosadora está un poco pillada con pinzas), pero yo lo agradezco y probablemente ustedes también. Con un trabajo así, y una "Warner Brothers" detrás dando el visto bueno, lo lógico es que la carrera de Ken Wiederhorn despegara por todo lo alto... pero no. El resto de su currículum lo componen subproductos y morralla cajatontil. Tal vez podríamos achacarlo a los breves momentos descomplejadamente exploitables del largometraje, que siempre quitan "lustre" (la intensa y explícita escena inicial de agresión a una mujer, los destellos de gore, las tetas...) o, tal vez, haya detrás una razón más oscura sobre la que nunca oiremos ni leeremos. No importa, con "Los ojos de un extraño" en sus alforjas, Ken Wiederhorn puede morir tranquilo.

viernes, 11 de agosto de 2017

OFICIAL Y CABALLERO

No había visto yo nunca – y desconozco el motivo real, puesto que a mí las pasteladas románticas suelen gustarme- este “Oficial y Caballero” considerado ya un clásico con 36 años de edad, y la verdad es que el estatus de clásico del que goza se lo tiene de sobra merecido. Se trata de una película cojonuda y de una vigencia absoluta, que se mantiene como si hubiera sido rodada ayer. Y puedo decir esto pues llegué a ella virgen, no hay condicionante por mi parte a la hora de evaluarla, y  E.T´s”, “Goonies”, “Indianas Jones” y “Star Warses” aparte, “Oficial y Caballero” es una de las mejores muestras para comprender por qué el cine de los ochenta era tan cojonudo, al margen del cine espectáculo nacido en aquella década, tan popular hoy entre el populacho. Si hablamos de “Oficial y Caballero”, tan alejada -y tan cercana en cierto modo- de todo aquello, hablamos de gran cine, del que perdura, del que se disfruta dando igual la década en que nos veamos la película y del que se ha ganado a pulso el estatus de clásico del cual disfruta.
Protagonizada por Richar Gere y Debra Winger (aunque nombres como el de Travolta, que rechazo el papel, Geena Davis, Jennifer Jason Leigh,Jeff  Bridges o Christopher Reeve, se barajaron para protagonizar la película), cuenta la historia de un par de cadetes aspirantes a pilotos de los Marines de los USA que, aún advertidos de la presencia por la zona de “Caza-oficiales” (mujeres casaderas que buscan cazar a un oficial en busca de una vida mejor), se encoñan con un par de ellas, y mientras que uno acaba tomándose la relación más en serio –motivo este que le inducirá al suicidio- el otro ofrece sexo honesto desde el principio. Entre tanto, tendrán que lidiar con el vehemente del Sargento instructor, que se las hará pasar putas en su camino hacia la graduación.
Resulta muy curioso, que esta película que costó tan solo 6 millones de dólares y que recaudó más de 200 (en nuestro país la vieron más de dos millones y medio de personas), haya llegado a convertirse en lo que es hoy, puesto que durante su concepción no las tenía todas consigo; Don Simpson, el productor, ávido de cocaína y pastillotes, odiaba el guion, no le gustaba la película en general, ni le gustaba Debra Winger. Los continuos días de lluvia ponían en peligro los rodajes diarios y cuando escampaba, se quedaba una luz natural muy chunga, que por otro lado y pese a todo, favoreció el look de la película. Para más inri, la pareja protagonista se llevaba a matar, Winger decía que Gere era un desaborío y Gere le tenía envidia a la Winger, acusándola de, cuando ambos estaban en escena, robarle los planos, de ser más carismática que él.
Por otro lado, ese maravilloso final en el que Richard Gere, ya licenciado, entra en la fábrica de papel en la que trabaja Debra Winger, y a pesar de todo lo anteriormente vivido, se la lleva en brazos para darle la vida que ella buscaba –huelga decir que su amor se intuye verdadero-, un final tan icónico como la propia película, un final que madres de la época y jovencitas adolescentes recuerdan con especial excitación, y un final que posiblemente sea el verdadero motor del éxito de la película, a punto estuvo de no ser rodado; Tanto Don Simpson, como el director Taylor Hackford, como el propio Richard Gere, coincidian en que el final era una moñada  y que los derroteros de la cinta iban por otros senderos más duros. No se iba a rodar ese final. Pero ante la insistencia del guionista Douglas Day Stewart, que si que defendía el guion, como para que se callara, Hackford decidió rodarlo en una sola toma con la idea de desecharlo. Sin embargo, cuando lo rodaba, en las instalaciones reales de una fábrica de papel, dos de las trabajadoras que hacían de extra para la escena, al ver a Gere saliendo de allí con Winger en brazos, se emocionaron y se pusieron a llorar como dos benditas. Supo entonces Hackford, que ese final iba a funcionar. Cuando finalmente montaron la escena, con la música de Joe Cocker, y lo vieron juntos Gere, Simpson y el director, decidieron incluirlo porque, aunque en un principio eso no les gustaba, comprendieron que le daría un sentido distinto a la película, y que eso les iba a proporcionar un éxito mayor. Y así fue. De hecho, lo más recordado de la película, es su final.
La película fue un éxito mundial sin precedentes.
Por otro lado, le valió el Oscar como actor secundario a Louis Gosset Jr. que interpreta al hijoputa del sargento, y que como le pasó a todos los actores negros que ganan Oscars como secundarios –caso mismo de Cuba Gooding Jr.- después del premio, pocos papeles relevantes protagonizaría después, encasillandose Gosset en papeles de militar con mala hostia.
Debra Winger por el contrario, despegaría en su carrera, aunque poco después acabaría hasta el coño de Hollywood reduciendo así su intervención según avanzaba el tiempo, Richard Gere se convertiría en galán y Súper-Estrella en una carrera que se prolongó hasta, prácticamente, nuestros días, y el director, Taylor Hackford, rodaría unos cuantos films de éxito, si bien, ninguno llegaría a las cotas de popularidad y calidad que el que nos ocupa. Como muestra de su trabajo, citaré, “Noches de Sol”, al servicio de Gregory Hines y “Pactar con el diablo”con Al Pacino.
Qué gran película.

miércoles, 2 de julio de 2008

PALÍNDROMOS

Todd Solondz es el chico malo del llamado "cine indie". La oveja negra entre los gafapastas. Y no porque lleve una vida extrema repleta de abusos, cual estrella del rock (sinónimo de idiota), sino por sus películas, todas ellas altamente crudas, feístas, deprimentes y bastante provocadoras. Puede que algunos le recordéis por "Happiness", su film más conocido y el que le hizo popular, la historia de un pederasta contada de forma honesta (como dijo él mismo) y que, a pesar de un buen montón de grandes ideas (y grandes actores), acaba resultando bastante aburrida.
Justamente por eso temía echar un vistazo a este "Palíndromos", su obra más reciente, y tras mucho dudar, ayer noche me la puse llevándome una grata sorpresa. "Palíndromos" es mejor película que "Happiness", para mi sí, porque tiene todo lo que hacía especial a aquella, pero al mismo tiempo entretiene bastante más.
Narra la historia de una niña obsesionada con tener hijos. Se queda preñada siendo muy jovencita y sus padres la obligan a abortar, por lo que escapa de casa. Sus consiguientes desventuras llenan un metraje que se mueve entre la extrema crueldad y mala baba, y la más oligofrénica inocencia. Es especialmente memorable el momento en que la prota, que responde al nombre de Aviva (efectivamente, un palíndromo), aterriza en un albergue de niños discapacitados conducido por un par de fundamentalistas cristianos. Aquí, francamente, no sabes cómo tomarte lo que ves, ¿una exaltación de la inocencia, o la explotación del ridículo que en algunos momentos rozan los mentados niños discapacitados?, o soy un tipo muy cabrón, o Solondz sabe como manipular a su audiencia. Los momentos de júbilo en nombre de Jesús, en los que todos sonríen en riguroso orden, tal como si fuera una sitcom, o los números musicales de gospel cutre-salchichero son, sinceramente, alucinantes. Naturalmente, y viniendo del director de "Happiness", nunca hay sitio para la esperanza. Los mentados fundamentalistas cristianos mandan a un asesino para matar a un médico abortista, y el tipo que aprieta el gatillo es un pobre lerdo cuarentón que, previamente, se ha follado a la ingenua (o no tanto) Aviva, en secuencias que me sorprende no hayan levantado más polvareda.
Uno de los aspectos más interesantes del film es que a la protagonista la interpretan varias actrices distintas, o muy distintas (de raza, altura o grosor) y en una ocasión, y durante meros 10 minutos, tiene el rostro de Jennifer Jason Leigh. Como dato curioso, mencionar que el actor que pone rostro a su padre, Richard Masur, salía en "La Cosa".
El desenlace es especialmente cruel, pues a su protagonista puede parecerle optimista, pero el espectador tiene los suficientes datos para saber que no. Todo ello contado “a lo Solondz”, sin prisas, echando mano de cierto minimalismo y con mucha sobriedad en el terreno estético.
Puro cine "indie", pero del bueno, del que arriesga, del que rompe.

sábado, 31 de agosto de 2024

EL GRAN SALTO

Ando leyendo un libro sobre el cine de Joel y Ethan Coen, escrito por Ian Nathan, que le da mil patadas a aquella cosa pretenciosa editada en su día bajo el funesto sello "Cátedra". Consecuentemente, me ha dado por revisar algunas de sus películas. Hurgando, me topé con "La balada de Buster Scruggs" y aluciné pepinillos al comprobar que seguía siendo inédita para mis cansados ojos. Lo solucioné esa misma noche y, créanme, disfruté como un cochinillo. Muy buena, muy sorprendente e imprevisible. Se nota que "Netflix", sedienta por contar en sus filas con cineastas de prestigio, dio un cheque en blanco a los hermanos para que hiciesen lo que les saliera del coño. Y joder si lo aprovecharon.
No era la primera vez que la gentuza de los dineros confiaba plenamente en ellos. Ocurrió ya en los noventa, cuando, estando ambos de moda, el mega productor de "actioners" tan míticos como "Commando", "Arma Letal" o "Jungla de cristal", Joel Silver, les apadrinó para que dieran su (gran) salto al cine más "comercial". Y el proyecto elegido nos retrotrae a otra historia de la que ya he hablado antes, la fascinante amistad humana y colaborativa de los Coen con Sam Raimi.
Según el libro de Ian Nathan, esas supuestas deudas de "Arizona Baby" con "Posesión Infernal", a las que aludía en mi reseña, no son delirios de un anormal -que diría Ze-. Existen. Motivado por el éxito de su debut, Raimi se instaló un tiempo en Los Ángeles, a la búsqueda de fama y fortuna. En eso que los Coen pasaron por allí, esperando dar con un distribuidor para la entonces recién terminada "Sangre Fácil". Decidieron acampar en el cuchitril de su amigo y, por aquello de combatir el aburrimiento, juntos y revueltos se sentaban frente a la máquina de escribir, pariendo de este modo un guion a pachas. Uno basado, hasta cierto punto, en la misma aventura angelina de Raimi. El paletillo "de pueblo" que va a la gran ciudad en busca de una oportunidad. Con este metido en el ajo, les salio una cosa muy ambiciosa, difícil de producir en aquel momento, siendo novatillos desconocidos. Pero ahí quedó, en el congelador, a la espera de que algún día alguien soltara el montante. Por supuesto, estamos hablando de la futura "El gran salto", título españolo algo absurdo para "The Hudsucker Proxy" y "Hudsucker" era un gag recurrente en el universo Coenraiminiano. Lo habíamos oído en la mentada "Arizona Baby" y también en "Crimewave (Ola de crímenes... ola de risas)" cuyo libreto, les recuerdo, iba igualmente firmado a seis manos por los chavales.
Es un dato bien conocido que aquel intento de Joel & Ethan por integrarse en el mainstream se saldó con un hostiaco de los gordos. Fracasó estrepitosamente en su paso por salas, de ahí que el libro que ando leyendo le dedique cuatro únicas páginas (y, muy extrañamente, apenas mente la citada "Crimewave"). Pero no fue en balde. De rebote, los brothers regresaron a su terreno natural, pariendo el film que les acabó de catapultar, funcionó de mil maravillas en todos los aspectos y les valió un Oscar (como guionistas) Además, resultaría ser su mayor logro y una de las dos que poseo en formato doméstico, "Fargo" (por si les pica la curiosidad, la otra es "Arizona Baby").
Pero centrémonos en "El gran salto", fechada el año 1994. Como decía, cuenta la historia de un pobre diablo, más tonto que una almeja (interpretado por un muy adecuado Tim Robbins, sacándole máximo rendimiento a esa cara de bobo. Según el libro, primeramente se pensó en Tom Cruise), al que una gran corporación comandada por un malvado gerifalte (un genial Paul Newman. Según el libro, de entrada se pensó en Clint Eastwood... joder, ¡habría molado!) utiliza a su antojo. La compañía pretende devaluar sus acciones, para poder comprarlas después a precio irrisorio, y necesitan un tonto que pague el pato. Solo que este sorprenderá a propios y extraños pariendo un producto de éxito -el Hula-Hoop-. En medio, como no, habrá una chavala con la que nacerá el amor (Jennifer Jason Leigh. Según el libro, papel destinado a Winona Ryder) y al tonto se le subirán los humos, ascendiendo a cretino. Luego caerá hacia lo más bajo, aprendiendo una lección en el camino.
Acompañan a los tres astros mencionados rostros tan familiares -y agradables de ver- como los de Charles Durning, Bill Cobbs, Joe Grifasi, Roy Brocksmith, Peter Gallagher, Steve Buscemi o Jon Polito. Por ahí anda John Goodman en plan cameo. Y la neumática y malograda Anna Nicole Smith (ese mismo año interpretó a una grotesca mujer fatal en el tercer "Agárralo como puedas") La gran sorpresa viene dada por la presencia, bastante destacada, de Bruce Campbell, demostrando más que nunca sus limitaciones interpretativas. Recordemos que había intervenido en el pre-trailer de "Sangre Fácil", parido para engatusar a posibles inversores, y volvería a tener escasas y muy breves apariciones en "Fargo", "Crueldad Intolerable", "¡Ave, César!" o la entretenidísima "Ladykillers", sin embargo, me sorprende que, dadas las amistades comunes, los Coen no hayan contado con él para nada más sucoso. Obviamente, Sam Raimi también se marca un papelillo, pero esta vez mediante sombras chinescas. Le acompaña en tal función John Cameron, otro de los integrantes del clan Raimi que abandonaría el barco para quedarse exclusivamente con los hermanos.
Vi "El gran salto" en una sala considerada "de arte y ensayo", lugar de peregrinaje para los fracasados escarceos con el mainstream de cineastas, hasta entonces, considerados minoritarios (ocurrió también con Kevin Smith y su "Mallrats"). Lo comento por el par de anécdotas conjuntas. El "tío de la puerta" resultó ser un viejo compañero de EGB. Así que me dejó entrar gratis. Mientras charlaba con él, apareció un ya entonces reputado crítico de cine,"gurú" de la cultura popular, habitual de las páginas de "Fotogramas". Le conocía personalmente por senda ocasión pasada y creyó que andaba camelando al responsable del cine para entrar por la pati. Terminado el film, volvimos a encontrarnos (digo el crítico y yo). Preguntó que qué me había parecido. "Psé" esputé yo. "A ti es que no te gusta nada" contestó. Entonces me escaseó el ingenio, pero lo suyo habría sido contraatacar con: "Pues a tenor de tu trabajo, ¡a ti te gusta todo!".
Sí, "El gran salto" no me convenció en su momento. La encontré demasiado convencional, dentro de lo que es, y medianamente previsible, considerando lo poco que eso suele darse en el cine Coeaniano (una de sus mayores virtudes, añado con admiración). Son las secuencias a base de pura narrativa visual, dinamismo e inventiva chorreante, las que se quedan grabadas en la retina. Me vienen a la mente la del "ataque de risa conjunto" y, sobre todo, la del hula-hoop. Decir que -nuevamente según el libro- fue Sam Raimi quien se encargó de dirigir esta última, en plan segunda unidad.
Consumida hace escasos días, "El gran salto" me resultó muy buenrollera y agradable
, aunque sí es cierto que, a ratos, su estultismo deliberado cargaba un poco las tintas en plan "no, no es tan gracioso". Pero, ¡ei!, tampoco diré nada malo. Si buscas evasión saludable, sobra y basta.
Epílogo: Gracias al libro, me he reconciliado con algunas de mis menos favoritas películas de los hermanos, caso de "Crueldad Intolerable" (de "imposible de terminar" ha pasado a amena y dinámica) o "Quemar después de leer", y también ha sido útil para
 redescubrir tantas otras ("El hombre que nunca estuvo allí", "A propósito de Llewyn Davis"...). Por todo ello, Joel y Ethan han ascendido unos cuantos puestos en mi actual lista de cineastas favoritos.

jueves, 9 de septiembre de 2010

SEPULTADO VIVO

"Sepultado Vivo" me enseñó una lección muy importante: No por ser un telefilm, necesariamente ha de ser una peste. Ahora es algo que, con todas estas frías e insípidas series de moda ya se tiene más asumido, pero en 1990 un largometraje de terror destinado a la caja tonta era sinónimo de mierda. Salvo, como digo, el caso que nos ocupa.
Una mujer infiel y su amante aúnan esfuerzos para matar al marido de ella, un tío la mar de majo que, en su inocencia, está perdidamente enamorado de la muchacha. Es envenenado con una sustancia extraída de un exótico pez, pero un error de cálculo hace que, cuando ya ha sido dado por muerto y enterrado, salga del profundo coma en el que está y logre escapar de su encierro para acometer una ingeniosa venganza.
La trama suena clásica, y lo es, pero el modo en que se desarrolla es lo que hace de "Sepultado Vivo" un producto tan infalible. La venganza, que no desvelaré aquí, tiene algo que ver con la maña en cuestiones de bricolaje de su perpetrador, y está muy bien buscada. Dirige con pulso, sobriedad y solvencia Frank Darabont, justo cuatro años antes de lograr el reconocimiento con la fabulosa "Cadena Perpetua". El reparto, magnífico, lo componen nada menos que Tim Matheson (prota de "Desmadre a la americana" y "Los albóndigas en remojo"), la reputada Jennifer Jason Leigh, William Atherton (el periodista irritante de las dos primeras "Jungla de cristal") y Hoyt Axton (el padre de Billy en "Gremlins"), todos encajan perfectamente en sus respectivos roles.
Haciendo gala de mucho ritmo, nada de sangre, mogollón de suspense y resoluciones ingeniosas, "Sepultado Vivo" es una peliculita muy muy entretenida y una de mis favoritas, apartado "telefilms". Curiosamente, pasados siete años Tim Matheson retomó su papel y se puso tras la cámara como director de una segunda parte (también telefílmica) que, dicen, es un mal remake de la primera. No tengo prisa en verla.
Os dejo el chulísimo cartel original, ya que el de aquí es -cómo no- extremadamente soso.

martes, 10 de octubre de 2017

AMITYVILLE: THE AWAKENING

De entrada todo se prometía fabuloso: Franck Khalfoun, director del muy notorio remake de "Maniac" y de la menos conocida, pero bien visible, "A un paso de la muerte", es fichado por la reputada "Blumhouse" para llevar las riendas del nuevo "Amityville". ¿Un (otro) remake?. Pues no, una secuela. Últimamente estas habían alcanzado niveles de zetismo que daban grima, por ello la noticia sienta bien. ¡Por fin le devolverán la dignidad a la casita de "Amistadlandia"!. Encima, corren rumores de que la peli es tope violenta. Y el par de años que separan su realización de su lanzamiento aún incrementan más el misterio. ¿El resultado a tanto mamoneo?. Sigan leyendo, please.
Una familia se instala en el famoso caserón encantado. Pero una incompleta. El padre murió y el hijo tuvo un accidente y está en estado vegetativo. Así que solo quedan la madre, la hija adolescente rebelde de pega y la pequeña. Un día, y contradiciendo a la misma naturaleza, el chaval comatoso comienza a dar sutiles muestras de mejoría. La hermana “teen” se hace amiga de los otros "raritos" del insti que le hablan de lo que ocurrió en Amityville. Por difícil que sea creerlo -y más tratándose de una supuesta gótica como es la chavala- esta no tiene ni puta idea de lo que le están contando. ¿Cómo documentarse?, pues -y ahí está el punto más gracioso de la película- viendo "Terror en Amityville" de Stuart Rosenberg, es decir, el (aburrido) clásico. No solo le dedican unos buenos minutos, es que además citan la superior segunda parte y el remake (otro detalle gracioso: una de las góticas raja de estos, cuando el director es responsable de uno que, encima, está entre los más dignos). Finalmente la prota entiende que tras la mejoría del hermano hay algo muy siniestro. Un plan diabólico.
Pues sí, amigos, con semejante plantel esperaba bastante más de "Amityville: The Awakening" y lo que me he encontrado es una peli de terror, apartado casas encantadas, de lo más convencional. No es una basura, pero tampoco es una maravilla. Es como muchas otras de su especie. Además, no vemos el sello de su director por ningún lado. Y si hablamos de la cacareada truculencia, esta fue extirpada por completo en un segundo montaje. Por eso mismo únicamente puedo usar una palabra: Decepción.
Es tan consumible como olvidable.
El reparto guarda un par de sorpresitas, por un lado el protagonismo de Jennifer Jason Leigh y por otro al amigo Kurtwood Smith, el villano del "Robocop" original, haciendo de médico.