lunes, 6 de marzo de 2017

ALL THROUGH THE HOUSE

Partamos de la base de que el “Slasher” es un subgénero que tuvo su momento, y que al igual que hoy los jóvenes prefieren escuchar música en sus móviles en lugar de en un buen equipo de música, los aficionados al género más jóvenes prefieren el “Found Footage”, o cualquier otro subgénero dentro del terror actual al “Slasher”, que queda relegado, a estas alturas, a los gustos de un público cuarentón que lo disfrutó en su momento de mayor auge, los 80. Así pues, no es nada raro que el género haya quedado condenado a ese reducto para cineastas independientes –por no llamarlos semi amateur- amantes del cine de aquella época, y por tanto, y paradójicamente, si a día de hoy se hace un “Slasher”, este está pensado para ser explotado en las nuevas plataformas digitales, y no para cines. Máxime, cuando estos se ruedan con prácticamente lo puesto.
Teniendo eso en cuenta, hay que ser muy consciente de que cuando alguien retoma a día de hoy los géneros populares de los años ochenta, se tiende al postmodernismo más odioso y rancio, caso este de los “Turbo Kids” o los “Kung Furys” de los cojones, que son productos netamente para tontos del "Woooow, oh my god", que no merecen defensa en absoluto.
Por eso, cuando me enfrento a un “Slasher” de hoy en día inspirado en los de antaño, lo hago no sin cierta desconfianza, por lo anteriormente expuesto.
Sin embargo, “All Trough the house”, con todo el respeto que se puede poner a un subgénero, y en pleno 2016, escapa de todos esos artificios chanantes y cómicos tan odiosos de los clichés de las pelis revisionistas, y nos ofrece un “Slasher” línea dura, al a vieja usanza. Y sin un puto duro para hacerla, oigan. Y, coño, no está mal. Nada mal.
La cosa es sencilla; en un vecindario de Los Ángeles, en plenas navidades aparece un asesino que, aprovechando la coyuntura, se disfraza de Papá Noel, usando una  máscara de lo más siniestra e inquietante, comienza a cargarse a todo dios en ese vecindario, con la ayuda de unas tijeras de podar. Como dato característico, decir que este asesino, si ve un rabo al aire, lo cercena.
Sin tirar cohetes, la verdad es que se agradece ver un “Slasher” de 2016 como este, abordando el género con sumo respeto, con cierto sentido del humor, pero sin caer en la cuchufleta, y sobretodo, tirando de efectos especiales artesanales de los de toda la vida, que da gusto verlos. No hay C.G.I cutrongo en esta película. Buen y abundante gore del de toda la vida, del que divierte sin necesidad de tener que hacer un chiste en cada acuchillamiento, porque es una película seria, como las de entonces. Además, el asesino, ¡Es más bruto que un arado!
Es como si alguien, hubiera cogido todos los clichés y las cosas que molan de los “Slashers” setenteros y ochenteros, los hubiera metido en una coctelera y como resultado tenemos este genuino producto, muy, muy simpático. La verdad es que me lo he pasado teta.
Por ello, quizás es la favorita de los fans del género, que enarbolan la película tras su paso por los festivales, asegurando –un poco exageradamente, porque eso es lo que conlleva todo fanatismo- que si esta película se hubiera rodado hace 30 años, hoy sería un clásico del orden de los títulos más punteros. Yo no creo que sea para tanto, pero me hacía falta ver a estas alturas de la vida una película asi. Pero sin más, me provoca mucha simpatía, pero tampoco me mata.
Por ponerle alguna pega, el actual HD con que se filma todo, ya sean productos medianos o pequeños, perjudica a la película, al igual que los colores chillones y vistosos que imperan. Y es que el HD este roba la personalidad de las películas, otorga una linealidad, y a lo mejor a esta película le hubiera venido bien haber sido registrada en 16 mm. caducados por ejemplo.
Pero, como homenaje, con toda la mierda que se hace hoy en día, la verdad es que la cosa ha salido mejor que bien.
El director, Todd Nunes, tiene un par de cortos y un largometraje previo mucho más amateroide que este. Habrá que seguirle de cerca.

sábado, 4 de marzo de 2017

THE WINDMILL MASSACRE

Siguiendo la tradición de las películas episódicas de Amicus, "The Windmill Massacre" (¡titulazo!) comienza cuando un grupo de pecadores condenados al infierno que ocultan feos secretos, se suben a un autocar turístico para visitar la Holanda forestal, con especial interés en los molinos.
A medio camino se quedan tirados y terminan refugiados en uno que, se supone, no debería estar ahí. Por los alrededores ronda un temible asesino armado con una guadaña dispuesto a machacarlos a todos y usar su sangre para hacer mover las aspas. El tipo viene del mismísimo averno, al que fue a parar cuando los pueblerinos, asustados por su afición a la magia negra, le prendieron fuego.
Nada que no hayamos visto antes. Los Holandeses... o los "Paisesbajenses"... se apuntan al slasher (con tintes sobrenaturales) y lo hacen tomando buena nota de las maneras de los yankis, solo que mezclándolo todo con elementos autóctonos. A lo Dick Maas. Eso sí, desde el estereotipado punto de vista turístico para que todo el mundo lo entienda, así pues ¿hay algo más característico de Holanda que los molinos?. Añadan un reparto compuesto por actores de diferentes países (el rostro más familiar pertenece a Noah Taylor), preferencia por el inglés como idioma, y ¡hala!, ya tenemos un producto con miras internacionales.
"The Windmill massacre" no sorprenderá a nadie, pero por fortuna da lo que se espera de ella: Una masacre trufada de llamativo y espectacular gore (en general a base de trucajes prácticos, aunque un poco de sangre CGI sí que se cuela), llevada a cabo por un asesino de chanante aspecto y arma. ¿Se puede pedir más?. ¡Pos no!.
Marca el debut en la dirección de Nick Jongerius, que en tareas de productor tiene alguna cosa medianamente reconocible como "Frankenstein´s Army".
Sin ser la hostia, ni evitar que a veces le echemos un ojal al móvil, está bastante maja.

viernes, 3 de marzo de 2017

OPERACIÓN CANADÁ

Más obsesionado con la política y el sensacionalismo que con cualquier otra cosa, Michael Moore, antes de conventirse en el rey Midas de los documentales de denuncia – con ciertas reminiscencias involuntarias del Mondo- también quiso hacer cine de ficción. Es más, quiso satirizar a través de la comedia. Y con “Operación Canadá”, “Canadian Bacon” en su versión original, demostró que al igual que los temas que suelen ser de su interés llegan a entretener lo suyo en un documental, por el contrario, a la hora de exponerlos en una comedia de ficción, esto se torna tremendamente aburrido.
“Operación Canada” es el típico vehículo para que Michael Moore satirice y se burle del sistema gubernamental Americano a través del humor. Para ello se rodea de unos estupendos Allan Alda y John Candy –en su última película completa- que no llegan a funcionar en absoluto por encontrarse la película en tierra de nadie, es decir; para el público popular esto va a ser un coñazo, pero para el público más político, con un sentido del humor más rancio, “Operación Canada” va a ser una tontería.
El presidente de los Estados unidos, decide declarar la guerra fría a Canada, porque sí, porque le sale de sus huevos toreros, para así contentar a los fabricantes de armas que están muy descontentos con la actual presidencia. Así que empieza una campaña de desprestigio contra Canada, en la que el Sheriff de la frontera y su ayudante, que se dedican  a recoger cadáveres de aquellos que se suicidan en la parte americana de las cataratas del Niágara, meterán sus hocicos en los asuntos, provocando las supuestas situaciones cómicas.
No dudo que Michael Moore fuera un gran director de ficción si se dedicara a rodar sus particulares visiones del escándalo del Watergate, o la adaptación de algún biopic de algún presidente Norteamericano. Seguro que lo haría bien y expondría bien a los neófitos sus teorías. Pero Moore, además, se cree un Showman, un comediante, y tiene que intentar hacer reír a la gente bienpensante que le rodea, a la derecha liberal y a la izquierda moderada Norteamericana. Michael Moore, no deja de ser un político. Y con un ego enorme, lo que le lleva a interpretar un cameo en la película, en una intervención que el cree divertidísima y que no lo es.
Porque al final lo que aquí tenemos es una sucesión de chistes políticos que los españoles no entendemos, y que solo le hacen gracia a Moore y a las altas esferas a las que critica. “Operación Canadá” es de lo menos interesante que un consumidor de comedia puede echarse a la cara, así como además, Michael Moore tiene ciertos problemas para marcar el tempo, y si bien sabe como colocar la cámara, no tiene ni pajolera idea de cómo ha de hacer que la ficción fluya. Quizás por eso no rodó más ficción en pro de los documentales que le han dado fama universal.
Para que se hagan una idea de lo sosa que es la película, sepan ustedes que esta se proyectó en alguna sección del festival de Cannes de 1994, siendo una de las pocas comedias que han pasado por los proyectores de tan prestigioso festival.
Junto a Jonh Candy y Allan Alda, Sheriff de la frontera y Presidente de los estados unidos respectivamente, tenemos a Rhea Perlman (“Cheers”) la esposa cornuda y consentida de Danny De Vito, Rip Torn (“Escarabajos Asesinos”) o Kevin Pollack (“Algunos hombres buenos”). Por otro lado, y haciendo alusión a un verdadero (y fallido) espíritu de comedia, contamos con los cameos de James Belushi o Dan Aykroid, que son un visto y no visto.
Sorprendentemente, y quizás por el tironcillo popular del que gozaba John Candy, “Operación Canada” se estrenó en nuestro país llevando a las pateas a 15.000 espectadores de 1994, que serían muy ricos para cualquier película estrenada a día de hoy.
Bastante mala, pero no exenta de curiosidad por ello.

miércoles, 1 de marzo de 2017

LOS FOTOCROMOS (Y EL POSTER) DE "EL AMOR SÍ TIENE CURA"

Una película de 1991, dirigida por mi admirado Javier Aguirre y protagonizado por el no menos admirado Fernando Esteso, que en tiempos en los que ya se imponía lo que se llamó "Nuevo cine Español", se empeñaba en alargar, sin ninguna gana por parte de los artífices, el cine de destape que se estilaba apenas hacía siete u ocho años. El resultado es un poco desastroso, pero ahí queda, como rara avis de la época y como lo qué podíamos considerar la última muestra de un subgénero del cine español, que tiene todas las trazas de volver... aunque sus artífices no lleguen a estos a las suelas de los zapatos.
Ahí van los fotocromos (y el poster).













lunes, 27 de febrero de 2017

TU Y YO (1988)

Curiosamente, si consultamos la página web de Emilio Aragón, una bien pomposa y con aires de respetabilidad, veremos que aparecen recogidos y catalogados prácticamente todos los trabajos que ha realizado para cine y televisión, como músico y/o productor, así como guionista o director. Sin embargo, muy de pasada, y en secciones menos destacadas, figuran los trabajos que le dieron de comer de verdad; su faceta como payaso, el humor plagiado de “Ni en vivo ni en directo”, sus discos de pop chorra, o su papel como actor en “Policía” de Álvaro Sáenz de Heredia. ¿Acaso reniega de aquello con lo que inició su andadura como hombre más poderoso de este país? A saber. Igual le dedica en un futuro una página web a los trabajos por los que es alguien entrañable… pero seguro que no. En cualquier caso, incluso entre esos curros alimenticios existe una gran ausente: “Tú y Yo”.
Se trata de una de esas producciones directas a vídeo de “Olimpy Vídeo” con las que coparon las estanterías de los videoclubes en los ochenta. Si bien este sello editaba obras de teatro filmadas, o películas en 35 mm. muy pobres para que Don Mariano Ozores siguiera dirigiendo tan ricamente,  la otra vertiente era la de estas cintas en las que, con un par de cámaras de vídeo profesionales y un par de decorados, el sainete y el vodevil campaba a sus anchas durante una hora y media dónde Pajares, Raúl Sender o Juanito Navarro daban rienda suelta a proyectos concebidos para ese novedoso medio tan rentable que era el vídeo. Emilio Aragón, más joven, más moderno, más fresco, también aportó su granito de arena a este tipo de producto que se antoja único en el mundo del espectáculo español.
Básicamente, vemos fragmentos de unos 20 minutos en los que Emilio Aragón interpreta a un personaje arquetipo al que los enredos y las confusiones le embargan, causando la risa del respetable. En ellos, vemos como el negarse a ponerse gafas, cuando no ve tres en un burro, le puede traer a Emilio algún que otro problema con la policía, el como un amigo suyo patenta una suerte de juego de damas con cajitas de regalo, o como estos mismos, que forman un dúo musical, son engañados por un loco escapado del manicomio que se hace pasar por cazatalentos americano. Todo ello dentro del marco argumental que comprenden las aventurillas del día a día de un par de matrimonios jóvenes.
La estructura de las historias que se nos cuentan, las risas enlatadas, la explicación en off que Emilio Aragón da sobre los personajes momentos antes de los títulos de crédito, hace pensar que lo que estamos viendo en realidad es un episodio piloto de una sitcom que nunca llego a emitirse. Una que en aquel año, 1988, sin duda hubiera sido exitosa, pero esto no deja de ser una suposición; no hay datos en internet que lo corroboren. Pero no me sorprendería en absoluto.
Y bien, ¿Cómo está el vídeo este? Bueno, Emilio Aragón, plagios aparte, era (es) un cerebrin, y si bien ideó y escribió esta historia, también es cierto que está contada y grabada muy al estilo de estos productos, y por ende, muy al estilo de la época. Entonces, transcurriendo todo en un solo escenario, con pocos personajes y demás, la verdad es que, incluso con la lacra que muchas veces supone el paso de los años, está entretenidilla y tiene hasta cierta gracia. Siempre con el chip puesto en el tipo de producto que vamos a ver. Eso si… ello no exime a “Tu y Yo” de tener ciertos gags que provocan la más feroz de las vergüenzas ajenas.
Quizás no sea tan rancio como otros productos “Olimpy” de la época, es más actual, más para la “juventud” de los ochenta, pero a Emilio Aragón le faltablan las tablas y el talento de otros de la escudería como Pajares, Esteso, Simón Cabido, Sender o Juanito Navarro.
La música de la cinta, por supuesto, está compuesta por el propio Emilio Aragón, le acompañan en el elenco Juan Carlos Martín (“Los gusanos no llevan bufanda”) que se especializó en papeles televisivos, y Lola Muñoz, que desarrollaría una carrera funcional en cine y televisión, si bien, juraría que esa voz la he escuchado infinidad de veces en doblaje.
Dirige el asunto Eugenio García Toledano, experto en grabar para televisión obras de teatro y director de productos televisivo de la más variada índole.
Por cierto, no confundir con “Tú y yo” el mediometraje para lucimiento de David Bisbal.

sábado, 25 de febrero de 2017

EL OTRO LADO DE LA PUERTA

Estoy genuinamente contento por el amigo Johannes Roberts. Finalmente ha logrado su acariciado sueño de formar parte de la élite mainstream del terror, y encima, con resultados bastante dignos. Lejos quedan ya todas esas peliculitas zetosas que se sacó de la manga a principios de los 2000 y que despertaron tanta fascinación... a veces por los motivos equivocados: "Hellbreeder", "Demonic", "La carrera de la muerte", "When evil calls", etc. Consiguió que todo un Alexandre Aja le apadrinara un nuevo proyecto, una peli de esas de fantasmas sobrias y "blancas" tan de moda en estos tiempos turbulentos que corren, y con un inevitable toque de "j-horror" que le llaman (vamos, pelis de miedo japonesas), de las que Roberts lleva años tomando buena nota.
"El otro lado de la puerta" no se desarrolla en el país del sol naciente, pero sí en otro lugar exótico con un rico folclore, la India. Allí vive una pareja traumatizada por el reciente fallecimiento del hijo pequeño. El caso es que llega a oídos de la madre que existe un templo en el que se puede hablar con los muertos a través de una puerta, siempre y cuando sigas una serie de procedimientos y, muy importante, nunca les des de comer pasada la mediano.... perdón, digo, ¡no abras jamás la maldita puerta por mucho que el espíritu llore y suplique!. Como es de ley, la madre va, habla con su hijo, pierde los estribos, abre y despierta a una especie de bicho que recuerda demasiado a los que salían en la saga de "Ju-On", o "La Maldición", o "El Grito", y que seguirá a la mujer hasta su casa para reclamar el fantasma del chaval, que se ha instalado allí también y, poco a poco, va empeorando su carácter.
Si la historia os suena familiar es porque, sí, se parece un rato a "Cementerio Viviente". Y también a "Zeder", que ya guardaba puntos en común con la (posterior) creación de Stephen King. Pero bueno, ¡¿ es que acaso "Insidious" o "Expediente Warren" no cuentan algo ya mil veces contado?!. Pues claro. En el cine de género (que no el cine en general) ya está todo inventado, así que podemos pasar por alto esos parecidos. Lo que finalmente queda es una peli muy seria, bastante contenida, bien actuada y especialmente bien fotografiada. No se abusa de la sangre, ni tampoco de los efectos infográficos. Dicho de otro modo, que aunque no cambiará la vida a nadie, ni es la repanocha, "El otro lado de la puerta" se deja ver y desde luego marca un punto y aparte en la carrera de Johannes Roberts, que denota una suculenta mejora en sus quehaceres. Eso sí, un aspecto gracioso a tener en cuenta es que en sus primeras películas, a un Roberts cegado por el ego le encantaba poner su nombre por encima del título, como todo un John Carpenter. Pero tanto en la peli comentada, como en el resto de sus trabajos más estándar, es algo que ya no se da. ¡¡Ah, amigo!!, ¡no se puede tener todo!. Si pactas con el mainstream, esas cosas ocurren. Para ganarte tal posición tendrás que trabajar mucho, Johannes... y, tal y como está el patio, ya veremos si lo consigues. ¡Ánimo!, desde aquí te deseamos toda la suerte del mundo.

viernes, 24 de febrero de 2017

EL NOMBRE DE LA ROSA

La novela homónima de Umberto Eco, probablemente sea una de las novelas de detectives más populares de todos los tiempos, entre otras cosas porque transcurría en una abadía del medioevo y, la investigación, corría a cargo de suspicaces monjes Franciscanos, por lo que enseguida esa novela se traspasó la mera literatura para convertirse en cultura popular, cosechando críticas positivas –e incluso algun negativa- allá dónde iba a comienzos de los años ochenta. Es por ello que, en coproducción entre varios países de la comunidad Europea, se llevara a cabo una adaptación al cine con todos los honores. Producirían Italia, Francia y Alemania y la dirección recaería en las manos del competente Francés Jean-Jaques Annaud, reputadísimo director que venía de dirigir “En busca del Fuego”, y que después de “El Nombre de la Rosa” seguiría cosechando éxitos “de autor”, rodando “El Oso”, “El Amante” o “Siete Años en el Tíbet”. Luego ya, aún con títulos prestigiosos en los últimos años, andaría más de capa caidilla.
El caso es que en 1986, era el más indicado para dirigir esta adaptación y llevarla a buen puerto. De hecho, el director llegó a declarar que la Novela de Eco existía únicamente para que él pudiera dirigir la versión cinematográfica. Estaba encantado de poder hacerla.
Resultó ser un éxito comercial de tomo y lomo –sobrepasó los dos millones de espectadores en nuestro país- y uno de los títulos europeos emblemáticos de la década de los ochenta, siendo recordado como cualquier producción de Spielberg de la época, en la memoria popular.
Con sus tropecientos guiños a Sherlock Holmes,  nos cuenta como un Franciscano y su ayudante, llegan a una abadía dónde se están cometiendo una serie de crímenes sin explicación aparente, por lo que todos los frailes culparán de ellos al mismo demonio. Fray Guillermo de Baskerville, con su inteligencia y escepticismo, irá investigando paa demostrar que de muertes demoníacas, nada de nada. Durante el periplo, soteará algunos que otros pelígros, mientras se sucederán más escabrosos asesinatos.
Aunque Annaud no quería a James Bond en su película, Columbia sugirió a Sean Connery para el papel de Guillermo de Baskerville. El actor estaba demasiado encasillado y  su carrera en plena decadencia, por lo que Annaud buscó otros aspirantes al papel. Pero pronto se dio cuenta de que ningún otro actor lo hacía mejor que Connery, por lo que reconsideró la opción de que este protagonizara la cinta, y finalmente, así lo hizo. Como resultado, se relanzó la carrera de Connery de tal manera, que se convirtió en una de las estrellas  más queridas y cotizadas de Hollywood, convirtiendo en oro toda película que llevara su nombre, todo ello consecuencia de “El Nombre de la Rosa”.
Por otro lado, de un casting salió un jovencito Christian Slater que interpreta a Azzo, el ayudante de Guillermo de Baskerville.
A título personal, he de decir que, efectivamente, no puedo imaginarme “El nombre de la Rosa” sin las presencias de Connery o Slater, pero ciertamente, mientras que el primero sobreactúa y pone caritas para que se vea lo guapo que es, aunque esté interpretando a un Franciscano casi anciano, el segundo no llega de lo contenido que está, llegando por momentos a parecer autista. Pero no pasa nada.
Tan recordado como estos sería el secundario Ron Perlman, quíen da vida a Salvatore, el Jorobado que habla más de la cuenta y cuyos rasgos no se nos despintaron a los que vimos la película siendo aún infantes; el futuro inmediato de Perlman, todos sabemos cual fue.
La película es verdaderamente buena. En la época ya lo era, y vista a día de hoy, que ya sabemos el peligro que corren hoy en día las películas de los ochenta de quedarse desfasadas, observo que el paso del tiempo la ha beneficiado sustancialmente. No solo toda la ambientación, así como el elenco de secundarios que da vida a todos los frailes, tan feos, tan desagradables, tan deformes,  son una cosa como no había visto yo antes en una película de lo conseguidos que están, sino que lo que es la narración, ya estaba adelantada en su tiempo. Y la percepción de las cosas, que ya sabemos que cambia… porque si en 1986 la película podía pecar de lenta en su desarrollo, a día de hoy, inexplicablemente, ocurre todo lo contrario, que la película se desarrolla de manera fluida y el espectador es testigo de los acontecimientos a un ritmo de vértigo; esto es, que la puta peli va a toda hostia, y las casi dos horas pasan en un santiamén. Por otro lado, desde el primer al último fotograma, atrapa el interés del espectador y este se lo pasa divinamente. La verdad es que es una maravilla que una película como esta se conserve así con el paso de los años. Que frescura, que bien rodada, que imperecedera.
Me encanta. Cosa que las anteriores veces que la vi, no ocurrió, por lo que cada película requiere de sus diversos tiempos y visionados.
Para finalizar, no quiero olvidarme de la anécdota del DVD.
Desconozco los motivos, pero el DVD lleva unos cuantos minutos más de metraje con respecto a sus ediciones para cine y VHS. Entonces, los responsables de la edición, en lugar de dejar subtítulos a esas añadiduras deciden doblar ese minutaje. Pero no con las voces originales. De hecho, si en ese par de minutos pronuncian texto tres personajes, escuchamos la misma voz para los tres, que lejos de se la voz de un actor de doblaje profesional, parece que es la voz del primero que pasaba por allí. Para más inri, da voz a tres personajes ancianos, una voz muy joven que la fuerza para ser mayor… con lo cual parece una broma o una tomadura de pelo de los de Warner. Pero resulta que no, que lo que pasa es que no se querían gastar un clavél en el doblaje, por lo que, con ese cambio de tempo ¡Incluso nos hace salir de la atmósfera!! Vamos que se carga la película. Por suerte, siempre tendremos la versión original subtitulada para disfrutarla tal y como fue concebida. Pero lo de estos minutos doblados… fue sonado en su momento.
En definitiva: Qué gran película.

miércoles, 22 de febrero de 2017

LOS FOTOCROMOS DE "LE LLAMABAN J.R."

Pepe Da Rosa, probablemente fuera uno de los cómicos españoles más popular de los años 80 en España. Contaba chistes, cantaba Sevillanas con cierta solvencia, se le considera el primer hombre que rapeó en España -no de manera consciente, eso sí- y además actuaba. Un hombre del renacimiento.
Personalmente, sin volverme loco, si que me hace cierta gracia, y tengo especial debilidad por las parodias que hizo a rebufo de la serie "Dallas", que tenía a España en vilo. "Le llamaban J.R.", es una de ellas. Aquí sus fotocromos.












lunes, 20 de febrero de 2017

CABO DE VARA

Segunda de las tres películas que dirigió el gran operador de cámara Raúl Artigot, que toma como referencia la novela de Tomás Salvador del mismo título. Por otro lado, hay que decir que un “Cabo de Vara” es el palo que utilizaban los funcionarios de prisiones de hace un par de siglos, para medirles el lomo a base de bien a los presos.
“Cabo de Vara” cuenta la historia de un joven que es encarcelado por homicidio en una prisión  de Ceuta (en la película no se dan datos al respecto y por el atuendo no me veo capaz de asociar la época en la que transcurre el argumento, pero calculemos que Mil ochocientos y pico) y que ha de cumplir 12 años de  condena. Nada más llegar, se lía a hostias con todo aquel que le toca mínimamente los huevos.  Uno de los funcionarios, al verlo tan jovencillo y astuto, le ve posibilidades de reinserción y se lo quiere llevar de allí de ordenanza, pero como acaba de llegar, los superiores le piden un mínimo de un año de cumplimiento de condena y entonces estudiarán si se lo puede llevar o no. Ante esta tesitura, el funcionario le pide al muchacho que se comporte si quiere que lo saque pronto, a lo que este responde con un contundente “Si no quieres que la prisión te coma, cómete antes a la prisión”. Con lo que se lo pone muy difícil. Entre tanto, mientras cumple condena, este se hostiará con otros presos, se revolcará entre sus propios excrementos, conocerá el aislamiento y descubrirá las pasiones adscritas al homosexualismo.
Dentro de la irregular carrera de Artigot, esta sería su película de campanillas, esto es, que probablemente sea la que rodó con mayor presupuesto y más medios a su disposición. Y aunque de ritmo la narración no anda del todo mal, si que suelta cierto tufillo televisivo a lo folletín,  a lo “Cañas y Barro” que dudo, como espectador, si es más el producto de esa época, 1978, o de un mal manejo del los elementos cinematográficos a su disposición. Como fuere, una vez superados los altibajos, algunas momentos torpes y las interpretaciones planas, pues si tenemos el día tonto, hasta la vemos entera.
Protagonizada por Santiago Ramos de jovencito, que como siempre ha sido un actor tan malo –tan malo que es bueno, por otro lado- al carecer de sonido directo, a la hora de doblar el film, se opta porque le ponga voz un actor de doblaje profesional. Esto no se si es por cosas de minuta, agenda laboral, o calidad actoral de Ramos (yo prefiero pensar que esto último), pero a estas alturas, que Ramos es tan popular y su manera de vocalizar y pronunciar tan reconocible, chirría bastante, lo que provoca cierta hilaridad, porque si por norma general, uno se cree poco los papeles de Santiago Ramos, imagínense sabiendo que está doblado. Junto a él, en el reparto tenemos a actores de toda la vida como ¡Alfredo Mayo!, Ramiro Oliveros o Max H.Boulois, alias Max. B (“Cazar al Negro”).
Fueron a verla a los cines en su momento, poco menos d 120.000 espectadores, siendo una película que ha posteriori ha tenido muy mala distribución en vídeo y televisión, convirtiendose en un incunable hasta que hace bastante poco, 8 Madrid tuvo a bien emitir una copia impecable de la misma.
Para ver y olvidar, sin más.

sábado, 18 de febrero de 2017

AMERICAN CONJURING

Gracias a las prestaciones que ofrecen las nuevas tecnologías disponibles hoy para todo aquel que desee parir alguna clase de materia audiovisual, resulta desconcertante lo semejantes que son en su aspecto los productos resultantes. De hecho, rara es la película facturada con esos aparatos que no luzca un elegante acabado panorámico, una iluminación sobria, un grafismo digno... no sé, una cierta "clase" que contribuye a que de entrada uno ya no pueda diferenciar una cosa hecha bien, o con medios, de una hecha mal, o sin medios. Se trata de algo sutil, aunque así a bote pronto, y en una primera impresión, todo se mimetiza.
Pero claro, en cuanto la película comienza a desarrollarse, vas notando por dónde van los tiros realmente. Porque el acabado técnico no deja de ser el envoltorio y, al final, lo importante es la historia que te cuentan y cómo te la cuentan.
Bien, en el caso de "American Conjuring" (retitulada así por el distribuidor con ansias de sacar jugo de ya imagináis qué, aunque originalmente fue parida como "Bind") es exactamente ese. De entrada, cuando te dispones a verla, esperas un zurullo de proporciones épicas y no, los primeros minutos lucen muy bien, muy "pro", y encima la escena introductoria es... en fin, lo mejor de toda la peli. En ella, unas niñas están de celebración cumpleañosa en el jardín contiguo a una casa. La rarita/marginada de turno quiere ganarse el respeto de las otras pequeñas cabronas, así que acepta un reto, demostrar que es una valiente bajando al sótano. Cuando la cría entra, se encuentra varios miembros humanos cercenados por el suelo y una siniestra presencia sentada en un balancín. Suena un grito desgarrador. Lo que sigue está a la altura.... hasta que sale el título, luego entramos en terreno pantanoso.
Como se pueden imaginar, tiempo después una familia decide mudarse a la casa en cuestión porque les sale muy barata. Y la verdad, no entiendo el interés que nadie puede tener en ella. Es fea, cutre y está situada al lado mismo de la vía del tren. Si tenemos en cuenta que se supone que en el pasado fue un orfanato, todavía lo entiendo menos. Total, que la presencia del sótano era una vieja muy mala y fea (con un maquillaje algo cantoso) que tocará los cojones a la familia, les inducirá a matar, etc, etc.... lo de siempre. Sin novedades. Los préstamos tomados a "Terror en Amityville", "Hostel" (sí, a estas alturas hay una secuencia de tortura) y, muy especialmente, "El Resplandor", campan a sus anchas (la famosa escena de Jack Torrance liándose con una tipa joven desnuda que se vuelve asquerosamente anciana se recrea exactamente igual... pero a lo chungo).
"American Conjuring" viene repletita de momentos muy risibles, en parte gracias a sus negados intérpretes y en parte al imposible guión. Tenemos a la niña repelente de rigor que se comporta raro, y a la adolescente insufrible, rubia, siempre cabreada, que odia a su padrastro y está enganchada al móvil. En una escena a esta le entra una vomitera diabólica que incluye gusanos e insectos. Sus mayores lo presencian y la socorren, pero en ningún momento piensan en llevarla a urgencias. "Será algo que ha comido", dice el padrastro. Otro momento maravilloso: La mujer le explica a su marido que la casa está encantada, que hay presencias y bla, bla. Él pilla un berrinche de aúpa y casi le suelta un sopapo y todo, acusándola de inventarse sandeces. Por la noche le pide perdón, se ponen tiernos y comienzan a follar. En pleno coito, la mujer "se convierte" en el fantasma de la vieja. El hombre se asusta y la empuja. Cuando se recupera la normalidad, él, histérico, le cuenta a ella lo que acaba de pasar. Y ella, en lugar de responder positivamente porque por fin su marido ha visto que no está loca y que en la casa pasan cosas raras, ¡¡se mosquea y le dice que delira!!, además de ponerse celosa porque "piensas en otra mujer mientras hacemos el amor". Fas-ci-nan-te. La última cosa graciosa hace mención a cómo reacciona la niña cuando el padrastro mata a hachazos al pobre perro de la familia. Literalmente lo convierte en un amasijo informe de carne y pelo. ¿Y qué hace la cría al ver a su mejor amigo en ese estado?, primero grita, claro, pero una hora después está la mar de tranquila, dibujando y como si nada hubiese pasado. ¡Viva!.
Con semejantes ingredientes, se pueden imaginar el percal. Y por si a esas alturas no tienen suficiente, les aguarda un desenlace de esos de "ah, todo era un sueño, pero no, pero sí" que es pa prender fuego a la tele.
Todo ello guisado con unas notables dosis de gore y unos créditos finales que incluyen un listado interminable con los ídolos de los directores del pifostio -que son dos- incluido, cómo no, el amigo James Wan. Ellos, Dan Walton y Dan Zachary, están ligados a un puñado de zetismos previos, de entre los que destaca "Gutterballs". Actualmente curran en otra de terrores, "In from outside". Habrá que estar al loro.
Y ya que hablamos de Wan, dos días después me vi una producción suya sobre casas encantadas, "Demonic". Era tan correcta y formal que me quedé igual. Ni me gustó, ni me disgustó. Y en cinco minutos ya la había olvidado. Curiosamente eso es algo que no puedo decir de "American Conjuring". Con todo lo fulaña que es, todavía perdura en mi cerebelo y, después de todo, el visionado resultó mucho más estimulante. ¡Qué cosas!.

miércoles, 15 de febrero de 2017

LOS FOTOCROMOS DE "RAIN MAN"

Ya saben... Tom Cruise, y Dustin Hoffman, su hermano autista.
Y aquí sus fotocromos.









lunes, 13 de febrero de 2017

LAS NUEVAS AVENTURAS DE POPEYE

Si hay algún recuerdo que llevo arraigado a mi memoria de cuando era niño, sin duda,  es este largometraje de Popeye.
Y es que si bien en televisión daban los capítulos  de la serie de los ochenta, tan vacía y  cutrona como casi todos los dibujos animados de la epoca –pero que vistos hoy por culpa de la nostalgia me resultan maravillosos- a cargo de Hanna Barbera, a la vez que se mezclaban con la emisión de los cortometrajes sesenteros y setenteros de la King Features Sindicate, sin orden ni concierto, en los cines se estrenaban largometrajes del personaje como el que nos ocupa, “Las Nuevas Aventuras de Popeye”.
Al quedar los cortometrajes del personaje comprendidos entre los años 30 y 50  en dominio público, cada cual podía hacer con aquellos cortos lo que le saliera de los mismísimos huevos, por lo que a los Italianos se sacaron de la manga algún que otro largometraje uniendo cortos, que luego, exportaron a España. Entonces, el largometraje “Nuove Avventure de Braccio di Ferro”, se estrenó en nuestro país como “Las nuevas Aventuras de Popeye”. Nada que alegar, salvo porque esas aventuras de nuevas tenían poquito. Así pues, tenemos  una pieza rarísima en la que se unen cortometrajes comprendidos entre la época de los “Fleischer Studios” de los años 30, los “Famous Studios” de los años 40 y la “AAP” de los 50. Una amalgama de cortometrajes de lo más sugestiva. Entre todos estos, se incluyen los que son los mejores cortometrajes de Popeye de la factoría Fleischer, y los primeros que se hicieron en color; el ganador del Oscar “Popeye the Salilor Meets Sindbad the Sailor”, “Aladdin and his Wonderful Lamp” y “Popeye de Sailor meets Alí Baba’s Forty Thieves” todos ellos de finales de los años 30 que adaptan de manera libre, y con Popeye de por medio, los cuentos clásicos,  y que por su sola incursión ya merece la pena el visionado completo del largo. El primero de ellos, el de Sinbad, está considerado una obra maestra, ya que se consigue un efecto tridimensional a costa de utilizar escenarios reales superpuestos y retocados a mano, en una técnica muy revolucionaria y de los años 30 que no se estiló demasiado en la animación posteriormente. Una técnica muy bonita y efectiva.
Además de estos absolutos clásicos, la película la componen un montón de piezas más, todas ellas cojonudas, pero sin el valor histórico de estas tres mencionadas, como aquella adaptación de Cenicienta, o aquél cortometraje tan racista en el que Popeye es capturado por una tribu caníbal. Como fuere, siempre entretenidos, pequeñas joyas de la animación clásica.
Para hacer de nexo de unión en su condición de largometraje, se altera la banda sonora en los créditos iniciales fabricados para la ocasión –y adaptados en la versión española-  y en el rodillo final, alterando así la banda sonora original del último cortometraje, quedando una cosa muy extraña. Así como, de vez en cuando, aparece en escena una voz en off que narra como Popeye pasa de estar en la salvaje jungla al profunso espacio exterior, alterando asimismo, los cortometrajes en los que se inserta esta voz. La cabeza pensante Italiana que seleccionó, ordenó y alteró estos cortometrajes para convertirlos en un maravilloso largo es Max Garrico, al que no se le conocen más trabajos conocidos.
La película, además de ser un absoluto clásico de las sesiones dobles y sesiones continuas de los cines de barrio españoles –la vi en el cine Benares de Alcorcón, y la vi en el cine de la parroquia del barrio posteriormente- gozó de unas cuantas ediciones en vídeo, siendo la más popular la de Soho Video, que como se costumbre, utilizaba en la carátula imágenes que nada tenían que ver con el contenido de la cinta de VHS o Beta. En este caso, una ilustración de Popeye con un Loro que pide espinacas, perpetrada por váyase usted a saber que manta de dibujante español. No obstante, para esta reseña, he querido utilizar el póster original de cine, que en resumidas cuentas utiliza una ilustración también concebida para la ocasión por algún dibujante español, pero que al menos se cuida de mostrarnos acontecimientos que si aparecen en la película.
Absolutamente entrañable.
Poco antes de esta, también se estrenó en nuestros cines otro largometraje de Popeye de similares características, que no se si llegué a ver o no, pero que en cualquier caso, no calaría tan hondo en mí como lo hizo este, y que llevaba por título “Popeye Brazo de Hierro” y que si doy con él, quizás caiga la review por aquí en algún momento.
Huelga decir, que soy un fan absoluto de  la creación de Elzie Crisler Segar, y de sus tiras cómicas, cortos, largos, series de T.V. y explotaciones varias. Popeye, es una jodida y absoluta maravilla.

sábado, 11 de febrero de 2017

BEYOND THE GATES

Con la bendita nostalgia hemos topado, amiguitos. "Beyond the gates" es un homenaje a.... ¡sí!, los años 80. ¡Qué novedad!.
Entre las muchas cosas tributadas, tenemos las famosas -y muy añoradas en USA- "mom and pop stores", es decir, tiendas cuyos propietarios eran humildes familias que se destacaban por disponer en sus estantes de, entre otras cosas, materia prima para inadaptados, incluyendo, sobre todo, roñosas cintas de vídeo con fines alquilables. Eran la alternativa a las grandes cadenas de video-clubs y, por ende, refugio de subproductos y, muy especialmente, videoastas que grababan con una cámara vhs al hombro pelis de terror en el patio trasero de su puta casa. De hecho, la acción del film arranca en una de estas tiendas, cuyo propietario ha desaparecido y sus hijos, dos jovenzuelos muy distintos y que, de entrada, no se llevan muy bien, acuden con el fin de hacer limpieza. Es hurgando entre la mierda cuando encuentran lo que será el segundo tributado de la velada, los juegos de mesa, especialmente aquellos de temática terrorífica que iban acompañados de un vídeo en el que un "host" guiaba a los jugadores. Como "Atmosfear", el más popular -¿o el único?- que llegó a estos lares. Y aquí entra en escena el tercer guiño ochentero, Barbara Crampton, la preciosa rubia que protagonizó clásicos horroríficos de la década como "Re-Animator" o "Re-Sonator".
El caso es que, a lo tonto, los hermanos y la novia de uno de ellos terminan jugando al juego. Se dan cuenta y asumen que conlleva algo sobrenatural y tiran millas porque la rubia del vídeo les ha dicho que si ganan, salvarán el alma de su padre que, obvio, desapareció cuando se vició con el pasatiempo. Y ahí tenemos la trama de base, ir superando pruebas para agenciarse llaves, abrir puertas y llegar de una pieza hasta el final. Evidentemente todo se desarrolla en una casa, no en mundos paralelos ni nada que se le parezca, se limitan a colar cuatro luces de colores, algo de niebla y ¡alehop!, ya tenemos una dimensión desconocida. Y ahí está uno de los puntos flacos más sonoros de "Beyond the gates". Si no tienes recursos económicos, procura no aspirar a cotas demasiado altas. Y mientras a nivel generalista la peli es mitad guiño al horror truculento de hace 30 años (lo que conlleva algunos escasos e inspirados momentos de gore bien espectacular), la otra mitad huele a homenaje al cine de fantasía Spielbergiana. Es en este apartado cuando la cosa comienza a cantar peligrosamente. Mezclar ambas tendencias parece una idea algo indigesta, y lo es, claro que igual en otras manos hubiese funcionado mejor. Aquí el resultado se parece más a un cocktail entre el intimismo "indie" de un Ti West / Larry Fessenden y el Charles Band de cuando la "Empire" dominaba los video-clubs. Y los créditos de "Beyond the gates" ayudan a semejante impresión. Encima aliñados por un tema musical que parece compuesto por todo un Chuck Cirino.
El resultado es una peli desigual. Con sus buenos momentos, su gracejo y tal, pero que no encuentra un equilibrio. La trama fantasiosa es demasiado tontuna y casa mal con los destellos serios, hasta el extremo de aproximarse a la comedia involuntaria. Sí, los guiños ochenteros molan y despiertan entrañables memorys en este anciano (cito dos más: cuando localizan un viejo "slasher" en VHS y comentan entusiasmados el crimen más llamativo del mismo, o el tipo que entra en un anticuario y, directamente, pide "Algo de los 80") pero, como ya he dicho otras veces, a mi no se me compra tan fácilmente.
Protagoniza el entuerto Graham Skipper, salido de las películas de Joe Begos (y con una curiosa carrera paralela como director de pelis casi amateurs facturadas en vídeo).

viernes, 10 de febrero de 2017

DOC HOLLYWOOD

Película para lucimiento de un Michael J. Fox que ya aquejado por el Parkinson, springta sus ultimos años sin temblores para rodar tanto como puede. 
De ahí, y hecha totalmente a su medida, este “Doc Hollywood” que adapta la novela de  Neil B. Shulman “What? Dead Again?”.
En ella, un recién licenciado en medicina decide viajar a Los Angeles con el fin de trabajar allí como cirujano plástico, cargando con su consiguiente conflicto moral, al no considerar del todo la cirugía “Medicina de verdad”. El caso es que durante su periplo en automóvil, al entrar en el pueblecito de Grady, este tiene un accidente que causa unos cuantos desperfectos, por lo que el juez local  le condena a ejercer como médico del pueblo hasta que pueda pagar los desperfectos con sus servicios. Cuando las fuerzas vivas le tientan para que se quede allí a trabajar como médico por una miseria comparada con lo que ganará como cirujanos plástico en Los Angeles, aparecerá una conductora de ambulancia en escena que, quizás, haga a este médico engreído y petulante cambiar de opinión.
Una comedia ligera que datada en 1991, ya vaticinaba lo que la comedia iba a ser en los noventa; una sosez. Ahora, quizás ya la nostalgia hace mella en mi psique a favor de “Doc Hollywood”, o bien, al ir estableciéndome en la mediana edad, esto propicia que productos que ni fu, ni fa, acaben pareciéndome simpáticos y agradables, y en consecuencia, entretenidos. Y es que, fan como era yo en la época de Michael J. Fox, acudí en su momento al cine a ver este estreno, decepcionándome –y mucho- tras su visionado. Me pareció un folletín tremendo. Sin embargo a día de hoy la disfruto como lo que es; una pequeña comedia para señoras de 50 años, con un toque de romanticismo, con un humor completamente aséptico que no ofende ni al más propenso, y con muy pocas pretensiones. Una película del montón, sin más, visible y correcta que no cambiará la vida de nadie que la vea… Excepto la de los gerifaltes tras la “Pixar”. Ya es oficial, y así ha sido casi reconocido por sus artífices, que la película “Cars” es un plagio en toda regla de “Doc Hollywood”. Un plagio descarado además, siguiendo el cochecito protagonista todos los pasos que sigue J. Fox en la película. Debieron pensar sus artífices que “Doc Hollywood” no la había visto nadie, y que en caso de que alguien lo hubiera hecho, no se daría cuenta de que la historia de los cochecitos es exacta a esta. Como fuera, tras el descubrimiento de plagio, el asunto no tuvo mayor relevancia, y sirvio para, en cierto modo, darle una segunda vida a la película que nos ocupa. Olvidada como estaba, para que el público volviese a hablar de ella.
Y sin más.
Junto a Michael J. Fox tenemos en papeles secundarios a una cargante Briget Fonda que está para matarla, y a un metódico Woody Harrelson que aún no había despuntado del todo y que hace ostentación de una gran fuerza interpretativa dando vida a una especie de redneck analfabetoíde en una composición que luego daría sus frutos en otras películas posteriores.
Dirige la cinta Michael Caton-Jones, popular por haber dirigido después “Vida de este chico”, o mejor aún, “Instinto Básico 2”.

miércoles, 8 de febrero de 2017

LOS FOTOCROMOS DE "HUÍDA A MEDIANOCHE"

"Huída a medianoche" es una estupenda "Buddy Movie" que une a dos grandes como son Robert De Niro y Charles Grodin, una alocada comedia que sin embargo pasó inadvertida para el gran público a pesar de contar con los suficientes elementos como para que hubiera sido un éxito. Yo no la tengo fresca ahora mismo, pero este no es motivo para que no deje aquí colgados sus fotocromos.
Dirige Martin Brest, director de estudio artesanal, responsable de éxitos como "Súperdetective en Hollywood" o "Esencia de mujer". Ahí es ná!!