domingo, 8 de noviembre de 2015

LOS FOTOCROMOS (Y LA CARATULA DEL VHS) DE "LOS ROMPECOCOS"

Año 1986. Iba yo en el bus, camino del centro, cuando desde el ventanuco diviso un enorme y colorista cartel de cine en el que la mitad de una chica semidesnuda persigue a la mitad de un chico en idéntica tesitura. Qué sugerente, simpático y sensual. No mucho después, estando en casa, vimos el trailer de aquella misteriosa película por la tele, con la famosa imagen de la entrepierna palpitante. Mi hermana, ofendida y con un lapidario tono de desprecio, comentó el asco que le daban esa clase de productos. ¿Qué clase? pues está claro: Las comedias adolescentes de notable temática sexual con "Desmadre a la americana" y especialmente "Porky´s" ejerciendo de piedras angulares. Lo que los expertos llaman "teen movies", subgénero este del que es declarado fan nuestro Víctor, quien se encargó de reseñar la película de la que les estoy hablando, "Los Rompecocos", así como sus secuelas oficiales y no tan oficiales. 
Nunca llegué a verla en el cine. Tuve que esperar al vídeo para reunir a una panda de colegas del colegio y pasar un rato de escándalo. La gozamos mucho, tanto como mi sobrino cuando hace un par de años, y viendo su lógico interés por las tetas y el follamen, se la puse. No paró de reír.
Poco sabía yo entonces que la mitad del guión de "Los Rompecocos" lo firmaba alguien que unos años después se convertiría en uno de mis héroes del celuloide rancio, Jim Wynorski. En esos tiempos aquella película representaba lo más fuerte y gráfico -sexualmente hablando- del momento en cuanto a comedia juvenil. Incluso daba un poco de reparo verla, casi como si fuese una porno. No hace falta decir que al lado de las "teen movies" modernas, mucho más brutas, escatológicas y ofensivas (en las que ya hasta vemos pollas, coños y chistes de corridas), "Los Rompecocos" ha pasado al lado de las inofensivas. Aunque, en esencia, nunca fue para tanto. A diferencia de "Porky´s" o tantas otras, la peli de Rafal Zielinski apostaba por un tono de comedia más grotesco, exagerado y casi "cartoonesco" que imposibilitaba tomársela demasiado en serio. Lo mismo que sus, probablemente incompletos, fotocromos aquí presentes -gracias a las capacidades humanas de Alex Gardés-. Como verán, algunos de ellos se reproducen tal cual en la parte trasera de la caratula VHS de este clásico del cine gamberro, probablemente la última de las "teen movies" genuinas, antes de su caída y posterior resurgimiento gracias a "American Pie".









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