viernes, 27 de julio de 2018

READY PLAYER ONE


Ha llegado un punto en que a Steven Spielberg no le van a dejar hacer su cine tranquilamente, siempre va a ser cuestionado. Cierto es que yo mismo le acuso de cierto anquilosamiento, pero, innegablemente, llegados a este punto también se puede decir que es uno de los mejores directores de la historia del cine.
Una vez sabido esto, no es de extrañar que un film como “Ready Player One” sea blanco de las iras de los haters y de la veneración de los “vírgenes de 40”, lo que no deja de ser una paradoja porque esta película está precisamente concebida para individuos de esa misma ralea. Nerds, Geeks, otakus, y demás consumidores de cultura popular a mansalva son su potencial público, el mismo que la va a defenestrar o elevar hasta lo más alto. No es una película familiar, porque esto se lo pones a mi padre y este se va a preguntar que demonios está sucediendo o que coño está pasando.
Además, Spilberg les diseña una película y les echa una pequeña bronca; “No seais tan raritos y dejad el Internet un ratito, anda” es lo que les dice.
Entonces, los principales blancos a criticar eran el posible posmodernismo de la cinta y el tirar de nostalgia.
Posmodernismo no hay, gracias a dios, ni un pelito, pero la cantidad de referencias de los que tira la película apelando a la nostalgia, puede resultar abrumador, máxime, cuando estando esta película ambientada  en 2045,  los referentes culturales a los que se hace referencia en la película pertenecen a las décadas de los 70, 80 y 90 mayoritariamente, con algunas referencias, incluso, a los años 30 o 2000, sin embargo, no hay referencias a la posible cultura de los futuros 2020 o 2030… Claro, no las hay porque no existen, pero Spielberg, bien podía haber pensado en ello, y bien podía haber creado alguna ficticia, si bien podemos llegar a pensar que esos personajes y avatares que no conocemos, podían pertenecer a referencias de personajes futuros.
En cualquier caso, de estos trillones de referencias, se ha procurado dar cabida a algunas que en la actualidad no se las recuerda tanto como puedan ser Buckaroo Banzai o el gigante de hierro —pertenecientes a las películas “Las aventuras de Buckaroo Banzai” y  “El gigante de hierro” respectivamente— y otras tan obvias como la cajita dónde iba Gizmo en “Gremlins” o el DeLorean de “Regreso al futuro”.  Y todas esas referencias están bien escogidas  cuando nos las muestran dentro de un contexto y  no molestan (de hecho, toda la parte que sucede dentro de la película “El Resplandor” es más que destacable). Pero cuando en pleno momento de tensión  aparece Chucky de “El muñeco diabólico” repartiendo cuchilladas, por el mero hecho de meter otro referente (como si a esas alturas de la película no hayamos visto ya miles de ellos), a mí personalmente llega a crisparme. Ahora, si nos olvidamos de todo eso, y juzgamos la película únicamente como tal, la verdad es que “Real Player One” funciona a las mil perfecciones.
Basada en una novela del mismo título, de la cual Warner Brothers consiguió los derechos en una subasta,  la crítica asegura que a pesar de las diferencias entre libro y película, la trama de esta última es mucho mejor.
Para simplificar el argumento: Una cosa llamada Oasis, y que vendría a ser un equivalente a “Los Sims” —es decir una comunidad social virtual— a lo gordo, tiene a la población atontada. Todo el mundo está navegando en Oasis, y lo que ocurre en la vida real es secundario. Al morir el creador de Oasis, este deja dicho como testamento que aquél que encuentre tres llaves y consiga un huevo oculto, heredará la empresa. Y ahí entra nuestro joven protagonista con la tarea de conseguir las llaves mientras se enamora y mientras los malos de la película, que son los actuales responsables de Oasis, se lo ponen difícil para conseguirlo.
Entretenida, interesante, dinámica y divertida. Un Spielberg en buena forma y una película que sin duda será recordada dentro de 20 años, no como “Warhouse” o “Mi amigo el gigante” de las que nadie se acordará porque, en esencia, nadie las ha llegado a ver. Esta sí.
Entonces, ante el aluvión de comentarios, ya fueran positivos o negativos que generó la cinta en las redes sociales, tras verla, considero que la película no tiene ningún problema. El problema es Internet  y el público de las películas masivas.
Yo, incluso la recomiendo.