viernes, 20 de julio de 2018

THAT'S SEXPLOITATION!

El entrañable Frank Henenlotter, fan de todo tipo de subgéneros, es un tipo inquieto y creativo. Así que es capaz de crear desde cero sin mucha preproducción  ni ideas previas. Así, y formando Hennenlotter parte del staff de Something Weird Video, y teniendo, por una parte, acceso al increíble catálogo de la distribuidora y también acceso a una entrevista bien extensa que se le hizo a David F. Friedman apenas un año antes de que falleciese, se saca de la manga un documental de casi dos horas y media de duración, dedicado a una de las corrientes cinematográficas peor vistas y más ninguneadas de cuantas existen; el sexploitation. Para ello graba nuevo material en el que, con intención ya de hacer el documental, Hennenlotter, hace las veces de maestro de ceremonias, haciéndose acompañar de una señorita de buen ver, un tanto ajada, que no duda en hacer girar unos flequillos al ritmo alborotado de los movimientos circulares de sus tetas.  Frank Hennenlotter introduce a Friedman y este comenzará a parlotear de la historia del sexploitation desde sus inicios en el cine mudo hasta su desaparición en los años setenta con la llegada —y legalización— del porno duro.
Entre medias, veremos toneladas de escenas de las películas a las que hace mención Friedman, mientras que en algunos momentos, Hennenlotter hace comentarios jocosos y chascarrillos sobre algunas de las imágenes que estamos viendo.
En su discurso, Friedman, le pasa factura a todas las variantes del sexploit, a saber; Shots, Nudies, Roughies, Sex comedies… Digamos que es un documental de lo más completito.
Sin embargo se queda absolutamente cojo porque en lugar de condensar todo en una hora y poco, que es lo que el documental pide, Hennenlotter, sin pedirle cuentas a nadie al respecto, se empeña en mostrarnos, escenas y escenas, trailers y trailers, montajes y montajes… tantísimo material del catálogo Something, que al final colapsa las partes interesantes. Por otro lado, el documental es de una linealidad exasperante, ya que vemos todo el rato lo mismo, en el mismo tono y con el mismo ritmo. Antes de las dos horas el espectador ya está hasta los cojones de jamonas cincuenteras y sesenteras. Es un coñazo. Quizás, si se hubiera montado solo la entrevista a David F. Friedman, igual hubiese sido mejor la cosa… pero así, como ha quedado, resulta de lo más plomizo. Casi mejor ver uno de esos recopilatorios de trailers que de vez en cuando edita Something Weird.
Un rollo, pero, tras verlo, me queda esa sensación positiva de que al final, Frank Hennenlotter, ha hecho lo que le ha salido de los mismísimos huevos. Y eso sí me gusta.
Échenle un ojo, que tampoco pasa nada.