viernes, 15 de marzo de 2019

EL ONANISTA PERTURBADO


Otra muestra más, amateur y festivalera, de las que se suelen proyectar en festivales argentinos como el BARS, Buenos Aires Rojo Sangre, del que ya les hablé, u otros de similar índole marginal y cuasi sectaria, como el denominado Sarmiento sangriento.
“El onanista perturbado” cuenta la historia de un individuo de aspecto repulsivo que tras eyacular sangre masturbándose delante de una striper, decide acudir a una asociación de adictos al sexo con el fin de cambiar, y llenar así su vacío existencial. Resulta peor el remedio que la enfermedad por lo que en lugar de curar sus adicciones acaba sucumbiendo a los deseos de otras adictas, así pues, no hay manera de recuperarse. Tras buscar redención en un convento la cosa se complicará hasta el extremo.
No hay que pedirle peras al olmo; el cine amateur argentino es lo que es. Sin embargo, en un principio, “El onanista perturbado” estuvo a punto de ganarse mi simpatía. Porque se trata de una película cruda y sin artificios resuelta en un par de interiores convenientemente ambientados, que escatima todo lo que puede y más en recursos técnicos, esto es, montaje básico y descuidado, encuadres chungaleros y total ausencia de un audio minimamente audible, de una tosquedad y un antiacademicismo que no se puede aguantar. Lo que es, sin duda, un aliciente para el que esto escribe. A eso hay que añadirle que la película está enfocada como un drama; ni un ápice de coña, ni un solo chiste que garantice buen rollo o gamberrismo y solo una historia de un tipo desesperado que lo único que anhela es desprenderse de su adicción a las pajas. Y se mantiene así hasta el tramo final, donde se impone el gore, la sangre y el gilipolleo típico de las películas de estos festivales, enmierdando así lo que en principio parecía una tosca película casera de contenido dramático, algo que me estaba pareciendo estupendo y original. Y al final, es la misma mierda mediocre de siempre, hecha por y para ese tipo de festivales. Nada más que basura sin alma, comida para los cerdos.
Sin embargo, cuando me pongo a mirar quién es el individuo que dirige esto, me llevo una sorpresa en cierto modo grata porque siendo “El onanista perturbado” una película con sus tetas, sus ojetes y ciertas dosis de misoginia, resulta que está dirigida por una mujer, la tal Georgina Zanardi, que ya había participado con anterioridad en este tipo de certámenes  con títulos como “Hijos de puta por elección”… y ahí si que me quedo a cuadros, primero porque es una tía buena —en consecuencia, tendrá al 99% de estos pajeros comiéndole el ojete por el mero hecho de ser tía y hacer películas caseras con tetas, culos y sangre— y segundo porque me resulta del todo encomiable que una tía, sea lo aficionada al género que sea, consiga hacer que su película parezca que la haya dirigido un gordo purulento, pajillero y virgen. ¡Lo siento por ella! Pero seguro que halagos en su círculo tampoco le faltan.
En definitiva, puta basura que, lejos de conseguir transgredir u ofender, como puede que en un principio sea la intención de Georgina (y por ende de cualquiera de estos directores de centro cívico) lo único que consigue es que clame al cielo y de gracias a nuestro señor por dejar el cine en manos de quién está, y no en las de estos aspirantes. Solo por eso, debe existir.
Qué nadie piense que tengo odio hacia estos argentinos; aquí en España hay también este tipo de directores, lo que pasa es que se van haciendo viejos, tienen familias que alimentar, y como a nadie le importa una puta mierda lo que hacen, depositan por fin sus pies en el suelo, dejan de hacer mierdas, y se ponen a trabajar de camarero en la tasca de su suegro. Por lo que están en extinción.
También podría, directamente, no ver estas pelis… ¡pero alguien tiene que hablar de ellas!