sábado, 9 de abril de 2022

EL TIEMPO EN SUS MANOS

Lo he promulgado muchas veces antes, y nunca dejaré de hacerlo. No me va demasiado el cine clásico. O el cine antiguo (antiguo para mí: de los 60 pabajo) Confieso que no entiendo a los de mi quinta y, mucho menos, a las generaciones posteriores que dicen adorarlo. O incluso que lo citan como influencia. Quiero decir que, más allá del exotismo, me resulta incomprensible cómo pueden conectar con unas historias, un modo de narrarlas y una manera de recrearlas tan lejano y ajeno a aquel con el que han crecido y se han formado. Pienso que hay mucho esnobismo en eso de defender el cine clásico.
Por lo que a mi respecta, puedo decirles que de esta clase de materia solo existen unas pocas películas en mi lista de intereses ("El hombre con rayos X en los ojos", "El increíble hombre menguante", "Matar un ruiseñor" y puede que "Senderos de gloria") Lo que ocurre es que una de ellas, directamente, entra en el top ten. Y con honores. Sí, "El tiempo en sus manos" no solo me encanta, además reposa estupenda y cómodamente junto a las imprescindibles. La adoro desde que la vi por primera vez en la tele siendo infante.
No sé hasta que punto "El tiempo en sus manos" es una adaptación fidedigna de la inmortal novela de H.G.Wells. Incluso me han entrado ganas de leerla para comprobarlo. Pero, en cualquier caso, ambas vienen a contar lo mismo: Un inventor se saca de la manga una máquina del tiempo con la que viaja al futuro. Será testigo de toda clase de avances y desgracias, incluidas varias guerras. Terminará recalando en una sociedad medio lerda (los Eloi) que sirve de abono alimenticio para unos monstruos subterráneos (los Morlock) y se lanzará a liberarla.
Ayer mismo puse mi dvd en busca de evasión, y disfruté como una cuadrilla de enanos. Joder, que puta delicia. "El tiempo en sus manos" es obscenamente entretenida. Una película de aventuras y desbordante fantasía parida en 1960 y que sería, en cierto modo, el preludio a los blockbusters que Spielberg y gente de idéntica catadura nos darían a finales de los setenta y en adelante. La diferencia es que, en el momento de su confección, los tropos, clichés y salidas narrativas de manual aún no se habían impuesto en el cine comercial (al menos no como ocurriría años después) y, con toda su esencia simplista -dicho muy positivamente-, este absoluto clásico de George Pal resulta menos previsible y lineal que lo que serían consiguientes producciones de su misma condición. Sin ir más lejos, podemos comprobarlo deglutiendo el remake, o la readaptación que la novela de H.G.Wells tuvo en 2002 con "La máquina del tiempo", film que, sin estar a la altura del reseñado, ni ser nada del otro jueves, tampoco es tan terrible como lo pintan... aunque no me resisto a comparar un par de cosas: En la versión de Pal, los Eloi son hipnotizados y acuden por propio pie hasta las grutas de los Morlocks para ser devorados. En la moderna, estos salen a la caza de los otros, que huyen despavoridos. Parece una tonterida, pero me resulta más perturbador lo que muestra la del 60. Por otro lado, en esta versión al inventor lo mueve una ansia descubridora genuinamente científica (al menos para su primer viaje), mientras que en la del 2002 lo que le motiva es el amor. Hagan sus cuentas.
En cualquier caso, los atributos de "El tiempo en sus manos" son innumerables, y van desde su reparto, y su super-carismático protagonista (estupendo Rod Taylor), a cuestiones técnicas, la insuperable y reconocible banda sonora (cortesía de Russell Garcia), esos colorines chillones, esos efectos especiales artesanos que, aunque cantan un poquito, chorrean encanto (y ganaron un Oscar en su día), el brutal diseño de los Morlocks (parecen unos "Beatles" con sobrepeso surgidos del infierno) y, cómo no, la misma máquina del tiempo. Preciosa. Tendrían que comercializarla en plan merchandising porque la compraría.
Obviamente, siendo de la época que es, el film también luce algunas ideas que, vistas hoy, podrían considerarse "incorrectas" o gozar de una doble lectura perversa. Por ejemplo, la relación de un maduro Rod Taylor con una jovencísima, dulce, inocente, rubia, tonta y virginal Weena. Da hasta un poco de mal rollo. Y el hecho de que la sociedad de los Eloi viva en paz, sin dar golpe y tirando de extremo hedonismo, hasta que Taylor llega, les enseña cómo ser violentos y les jode para siempre su envidiable existencia cotidiana. Vamos, que desde ese momento se van a tener que poner a currar si quieren seguir comiendo. Como si fuese malo no pegar sello... vale que a cambio se te comen los Morlocks... pero oye, que te quiten lo bailao. En una secuencia concreta, Taylor, muy enfadado ante la pasividad de los Eloi y sus pintas casi gays, grita aquello de que se vuelve a su época porque, al menos, allí "moriré entre hombres", ¡¡encantador!!.
A modo frikista mentar que los gruñidos de los Morlocks son el mismo efecto sonoro que soltaría dos años después el dragón de "El maravilloso mundo de los hermanos Grimm", también de Pal emulando al Corman más reciclador. Y que, en la escena que precede al holocausto nuclear, los guardias encargados de llevar a la gente a los refugios visten el mismo uniforme que los astronautas de "Planeta Prohibido"
No olvidemos la existencia de "Los pasajeros del tiempo", estupenda película con una deuda más que consciente, y buscada, con la absoluta obra maestra altamente disfrutable y recomendable que es "El tiempo en sus manos".