
Sabía del aurea de respeto que Gilliam tenía entre intelectuales, y me repateaba las tripas... aunque no tanto como para seguir intentándolo. "Las aventuras del barón de Munchausen" se me hizo interminable. Tampoco es que "El rey pescador" cambiara las cosas. Yo fui de los tontos que no supieron ver nada en "12 Monos", la encontré soporífera, complicada y cargante. Esta última palabra sería ya entonces clave para definir las películas de Gilliam. Y a ella se uniría la de agobiante. "Miedo y asco en Las Vegas" la vi -en vídeo- sabiendo ya qué esperar, y no me defraudó... en ese aspecto. En cuanto supe que en "Tideland" Gilliam iba suelto, sin nadie que le controlase, me negué a verla (aún no lo he hecho). Y finalmente tenemos la de los hermanos Grimm, que, sí, me dio tanta grimm-a que ni terminé, cerré el dvd a la mitad.
Con todos estos datos, ¡¿cómo puede ser que sintiera curiosidad ante un libro que repasaba las hazañas de Terry Gilliam hasta "Miedo y asco en Las Vegas" escrito nada menos que por Jordi Costa y Sergi Sánchez con motivo del festival de cine de San Sebastián?!... pues porque me gusta leer sobre cine y cineastas, y Gilliam, cuanto menos, tiene su pasado Pythoniano, lo que es motivo de peso para que me lo llevara de los estantes de casa de mi buen amigo (y fan de Terry... o de "Brazil", mejor dicho) Goblin (previo permiso, claro).
El caso es que me lo he leído con bastante rapidez, y no negaré que entretiene lo suyo. Son especialmente interesantes los apartados dedicados a las trifulcas legales que Gilliam tuvo que sortear -y soportar- con "Brazil" y "Las aventuras del barón de Munchausen", y descubrir que Michele Soavi, director de "Aquarius" y "Mi novia es un zombie" y ayudante de dirección en "Munchausen", recibía un sueldo mayor al impuesto gracias a chanchullos con la mafia (¡toma!). Lo único que me ha sobrado e irritado es la mega-comida de polla que Costa y Sánchez le dedican al cineasta. Los autores son incapaces de mostrarse ni levemente críticos ante cualquier posible error o salida de tono de Terry Gilliam... sorben sus orines hasta las últimas consecuencias. De hecho, el propio Gilliam es más auto-crítico que ellos en sus declaraciones.
Ahora entiendo porque los autores dan TANTO valor al -discutible, sobre todo viendo "El rey pescador" o la de los Hnos.Grimm- espíritu rebelde y contestatario del cineasta... seguramente porque ellos no lo poseen ni quieren poseerlo.