viernes, 1 de marzo de 2013

TRAS EL CRISTAL

“Tras el cristal” es una de esas películas medio malditas de nuestro cine, controvertida e impactante, y tras la que llevaba yo tiempo detrás, para una vez vista, si no decepcionarme, sí llevarme un ejemplarizante chasco por motivos ajenos a los narrativos o técnicos.
Dirigida por el siempre interesante Agustí Villaronga, nos cuenta la historia de Klaus, un médico nazi que torturó y abusó de niños durante la guerra. Después de un accidente, queda inútil dentro de un pulmón de acero que le mantiene vivo. En consecuencia, su mujer y su hija acaban hasta la pepitilla de él, y deciden contratar a una enfermera. Cuando viene un joven a ofrecerse como tal, Klaus insistirá en que este se quede a su cargo, a pesar de no tener la formación suficiente para ocuparse de él. Tal insistencia es debida a que este joven fue una de sus víctimas durante la guerra, y al muy sádico le trae un muy grato recuerdo. Sin embargo, el muchacho planea devolverle, punto por punto, todas y cada unas de las torturas sexuales y físicas a las que fue sometido por este hombre.
Efectivamente, la pelí es cruel con la infancia (de hecho, advierte en los títulos de crédito finales que las escenas de tortura y sexualidad con los niños han sido rodadas respetando escrupulosamente toda ética posible), es visualmente fascinante (con ese predominio de los tonos azulados y ese rollo “giallesco”), y de argumento impactante. De hecho, actualmente, con la cantidad de películas provocadoras (valga como muestra “A Serbian film”) y extremas que tenemos vistas, imágenes como las de el niño degollado, o aquel al que inyectan líquido del pulmón de acero en el pecho, ya no resultan demasiado escandalizadoras, pero entiendo, perfectamente, que en la época en que se estrenó, 1987, si fueran algo difíciles de digerir.
Es una película de tempo lento, porque es así como lo requiere. Osada y valiente, por tratar, con muy poco tacto e incluso mala idea, un tema tan delicado como el del abuso infantil.
Una película que no esconde su sádica historia de amor entre un adolescente y el cabrón que le violó y le torturó – el chaval aparece ahí para consumar su venganza, pero es obvio que siente algo muy fuerte por su agresor, y este por él- , y sobrepasa lo políticamente correcto con creces.
La dirección es excelente, así como la planificación y la escenografía, y sería un referente en el fantástico español, muy a  tener en cuenta. PERO se ve truncada por unas interpretaciones de vergüenza ajena cortesía del elenco infantil, que por momentos convierten una historia tan dura en una comedia involuntaria, y es una absoluta pena.
Digamos que esta película está a un paso de rozar lo magistral, pero se queda en el cubo de la basura por culpa del actor David Sust, que da vida al joven Angelo, el enfermerito que lía la marimorena (literalmente), porque parece imposible hacerlo peor. No ya que de vergüenza ajena verle actuar, es que da autentico asco, máxime cuando apenas entendemos una o dos palabras de su texto. Directamente balbucea.
Entonces, no es que estemos ya ante un error de casting, es que estamos ante un delito, porque CUALQUIER otra opción era mejor que esta para interpretar a Angelo. No entiendo como Villaronga dejó caer el peso de esta potente película sobre los hombros de este inútil y quedarse tan pancho. De hecho, la carrera actoral del tal Sust no sobrevivió a la siguiente década, y gracias a dios, no se le ha vuelto a ver por ahí.
Por lo demás, es una muestra de que en el cine español se hicieron buenas películas hasta 1990, dónde se convirtió en eso que es ahora.