sábado, 18 de enero de 2014

ANGEL DE LA VENGANZA

Por lo visto, "Angel de la venganza" / "Angel of vengeance" / "War Cat" nació siendo un proyecto del director "cult" Ray Dennis Steckler quien pidió ayuda logística a su amigo, y compañero de armas en esto del cine chusco, Ted V. Mikels. Pero tras dos únicos días de rodaje, y una bulla con los productores, el asunto pasó a manos del segundo, que finalmente terminó firmándola y enfrentándose de este modo a la que vendría a ser su casi última película real. Y digo "casi" porque luego facturó otra más ("Mission: Killfast") para, pasados algunos años -y tras un experimento en formato corto-, reaparecer convertido en videoasta (hasta ese momento había ido tirando de celuloide... roído, gastado, pero celuloide al fin y al cabo), uno consciente de su legendaria condición y dispuesto a explotarla todo cuanto fuera posible. Mikels dejó de hacer cine "camp" de modo involuntario para facturarlo calculadamente, pensando siempre en satisfacer a su público según lo que creía que este podía esperar/desear de él. Se dedicó a grabar secuelas de sus films más populares ("The astro zombies" y "The corpse grinders") y otras muestras de horror zetoso (salvo marcianas y poco afortunadas excepciones). Una lástima. Por todo ello, y a pesar de los pesares, cuesta mucho no sentir alguna clase de simpatía hacia "Angel de la venganza"... claro que también cuesta mucho sufrirla entera sin dormirse, veamos por qué...
Nadie en su in/sano juicio puede negar que Mikels y cía tuvieron una idea brillante hasta entonces extrañamente no explotada por la competencia, a pesar de lo obvia que resultaba y resulta: coger "Rambo", justo cuando reinaba en la cultura popular, y convertirlo en una tía (que semejantes bestias del cine "trash" -Steckler & Mikels- unieran fuerzas a mediados de los 80 para parir un "rip-off" femenino de "Rambo"
hubiese sido materia de sueños húmedos en mis años mozos). Ignoro cómo fue la cosa a nivel económico, pero al César lo que es del César.
Sin embargo, antes de entrar en el terreno de "Rambo", "Angel de la venganza" recuerda a otra película... o a otro subgénero. Veámoslo: Una chica de muy buen ver, morenaza, jamona y, sobre todo, pechugona (cosa esta que sí guarda en común con Sylvester Stallone, ¡chas-pun!), se larga de cabañismo a escribir un libro. En el desierto de al lado vive instalado un especie de comando paramilitar protoparanoíco que pasa las horas esperando una tercera guerra mundial, montando minibatallas con moteros, secuestrando chicas y que van más salidos que una jauría de monos. Los zánganos descubren a la prota haciendo footing y se encaprichan de ella. Tras varios encontronazos, consiguen secuestrarla y violarla en fila india. Vale, hasta aquí la cosa está clara, "La violencia del sexo", "rape & revenge" pero al estilo Ted V. Mikels, osea, muy mojigato. Y no lo digo por decir. En alguna ocasión el baranda ha llegado a comentar lo mucho que le desagradaba la incursión de imágenes reales de cirugía médica en "The undertaker and his pals" (producida por él), material este que finalmente extirpó. Y también tenemos el pringoso e inquietante trasfondo cristiano-baboso de "Heart of a boy". ¿Qué significa ello?, pues que todas las escenas de forcejeo carnal son "off camera", o están convenientemente cortadas a tiempo por un fundido. De hecho, no hay ni tetas (y mira que las de la prota, Jannina Poynter, camarera de profesión, pintan jugosas). En la escena del forcejeo, la chica lleva sus partes pudientes perfectamente cubiertas por una sábana. Y tampoco es que todo ese material resulte demasiado desagradable o mal rollero, algo que, a la larga, lo hace incluso más "ofensivo".
Llegados a este punto, la chica pide una oportunidad y se presta para ser perseguida y cazada. Y aquí es donde arranca el rollo "Rambo". Continúa siendo un "rape & revenge", solo que esto último no se consuma a base de cuchilladas o castraciones, sino de metralletas, granadas, bazookas, ropa color caqui y una cinta en el pelo. Nuestra prota monta trampas en las que caen todos y cada uno de sus perseguidores y se permite tímidas muestras de truculencia, como cuando clava unas ramas en los ojos de un pobre diablo o degolla gustosamente al personaje más repulsivo del clan. Aquí es donde Ted V. Mikels hace gala de esa hipocresía y doble moral tan

típica de los de su ralea. Sexo no, pero violencia sí. De hecho, y según cuenta él mismo, las secuencias más notorias en ese apartado, por su gratuitidad y pretendida sordidez, no solo fueron una imposición de los productores, sino que señala a Ray Dennis Steckler como directo responsable (lo que no coincide con los datos, según los cuales aquel únicamente dedicó un par de días a rodar con moteros). Todo este material es, además, altamente descojonable y se centra en dos asesinos psicopáticos que parecen haber sido creados únicamente para alargar metraje, ya que su aportación a la narración es mínima. A mitad de peli salen de una armería donde acaban de atracar y matar al dueño, se sientan en su coche y el más cafre exclama: "¡Estoy harto de la maldita ciudad, vamos al campo a respirar aire puro!", el otro suelta un "Seeeeh, yujuuuu!" y ponen rumbo al monte. Allí dejarán un reguero de cadáveres como muestra de su crueldad infinita. Se cargan a una inofensiva pareja de enamorados y a un par de granjeros de mediana edad. Y es este el momento más hilarante de "Angel de la venganza", cuando el más chungo del par, después de acabar con los currantes de la tierra, se detiene ante la jaula de una mamá conejo a punto de parir, esputa el siguiente discurso: "No habéis conocido a vuestro padre, y tampoco conoceréis a vuestra madre" y dispara..."off camera". La moral de cuento de hadas del realizador queda vilmente delatada.
"Angel de la venganza" es PURA Y DURA serie Z. Tosca, cutre y estática, carece de ritmo alguno, y no hay nada más aburrido que una peli de acción sin ritmo. Cuesta soportarla entera, básicamente porque es más mala que el hambre... peeeero, claro, por todo lo expuesto, chorrea encanto y, si te pilla con la actitud adecuada (o un puñado de colegas con ganas de fiesta), hasta puede disfrutarse y todo.
En cuestiones interpretativas, y por raro que parezca, destacan algunos pocos rostros. Por ejemplo, el más reconocible de todos es el de David O'Hara -felizmente aún activo hoy día-, en cuyo curriculum sobresalen por méritos própios "Hard Rock Zombies" y sendos films de.... sí, ese que no podía faltar. Y hablando del rAy de Roma, también este dirigió a Jeffrey C. Hogue, actor, productor y co-guionista de "Angel de la venganza", en un par de joyazas.
No olvidemos a Pierre Agostino y sus patillas. De este señor ya hablamos largo y tendido en otra reseña, pero lo resumiré diciendo que, además de para Mikels (y Castellari), también ha currado en infra-películas de N.G.Mount y, justamente, Ray Dennis Steckler. Y así, con esta estupenda pirueta final, cerramos el círculo y terminamos la reseña. ¡Alehop!.

PD: A la hora de elegir la imagen ilustrativa, he optado por dos. Un poster yankee no demasiado divulgado extraído de las páginas de mis queridas revistas franchutes y una cutre-foto tomada del VHS español cortesía del amigo Enorm (y en la que, como ven, han cambiado el color de pelo de su protagonista).

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