domingo, 26 de enero de 2014

PSICOSIS 2 (NIGHT SCHOOL)

Sí amigos, el famoso "falso Psicosis 2" (sobre el de verdad pueden leer aquí).
Va a ser muy difícil pal menda referirse a ella usando el maravillosamente bastardo título que recibió en España (¿ande sinó?) sin sentirme gilipollas, así que zanjemos el asunto cuanto antes. ¿Por qué bautizarla como segunda parte del inmaculado clásico de Alfred Hitchcock?, ¿a santo de qué?, ¿cual es la excusa?. Fascinante, tanto como todas aquellas muestras de jetismo videoclubero a las que, eventualmente, dedicamos nuesas atenciones. ¡¡Que país este, queridos!!. Curiosamente, según San Imdb, aquí fue lanzada como "Escuela nocturna" u "Ojos de terror"... puede, pero vamos, no me suena de ná. Todavía recuerdo el trailer de esta película en la televisión, con una voz grave esputando lo de "¡Psicosis 2!", y la aterradora imagen de una mano enguantada de negro arrastrando un enorme machete por una rejilla (¡a lo Freddy Krueger, fíjate!). Para más ejemplos, les dejo al final de la reseña una muestra de los flyers publicitarios que se repartían entonces en nuestros cines, original de aquellos tiempos y cortesía de ese ser humano infinitamente amable que es Enorm. Resumiendo, que la peli, en realidad, fue parida como "Night School", aunque también se la conoce como "Terror eyes" (mucho más molón!!).
Un misterioso asesino, vestido de negro y parapetado tras un casco de moto, se dedica a asesinar mozas a las que decapita con su gran machete torcido y cuya cabeza, seguidamente, hunde en agua. La policía descubre que todas las víctimas solían acudir a una escuela nocturna en la que un profesor de palenteología las tiene a todas enamoradísimas, sin importar lo mayor y feo que pueda ser -y es-. El detective prota se pone manos al asunto dispuesto a pararle los pies al psycho-killer.
No deja de ser curioso que "Night School" guarde tantos puntos en común con otra película recientemente reseñada, "Psicópata". Ambas poseen una trama parecida, un asesino que prefiere el color negro como vestuario para cometer sus fechorías, cierto tono culebronesco y ciertas deudas con el "giallo" italiano. En el caso que nos ocupa, lo del culebronismo hace referencia a la trama de amores y desamores causados por el mentado profe. De verdad que resulta algo absurdo, las lleva a todas de calle, las enamora perdidamente, se las folla, las deja tiradas, les rompe el corazón y hasta puede, solo puede, que todo tenga directa relación con los asesinatos. Menudo jefe!. Lo del "giallo" no solo viene justificado por el enmascarado criminal que acomete sus delitos siguiendo un claro ritual, ni por toda la investigación policial, así como por el material razonablemente sensual y/o perverso (la directora de la escuela es lesbiana e intenta introducir a una ingenua adolescente en los juegos del froti-froti. El asesino matará a ambas justo antes de que congenien a fondo), es que "Night School" cuenta con dos datos que la emparentan mucho mucho con el subgénero meditaerráneo. El protagonista, Leonard Mann, previamente había actuado en algunos productos italianos como espagueti westerns, polizescos y, efectivamente, "giallos". Además, el vestuario del cacareado asesino se parece muy mucho al que lucía el idem de "La polizia chiede aiuto", reputadísimo "giallo"
del año 1974 que en España se estrenó como "Corrupción de menores". Para una mayor demostración de lo que les digo, aquí va una imagen del caballero en cuestión (que pueden comparar con el que luce la caratula hispánica de "Night School").
Dejando a un lado todos estos datos tan "fricosos" (incluida la anecdótica pero, en cierto modo, premonitoria aparición de una máscara de hockey en el dormitorio de uno de los sospechosos, un pervertido que, por el resto de la decoración, nadie diría interesado en los deportes), y centrándonos en la pinícula, debo decir que la recordaba como muy telefílmica y plomiza, seguramente por su escasez de truculencia. Pero, una vez más, y aplicado el paso de los años y mi vejez, los resultados al revisarla han sido altamente positivos. Cierto que, para la época (1981) y la tendencia del cine de terror entonces, la cosa en cuanto a sangre y vísceras anda escasa, aunque no nula. Hay secuencias bastante intensas, como la del parque infantil o, sobre todo, la del acuario. Sin embargo, tampoco importa. No lo necesita. El acabado del film es notorio, con esa extraña fotografía brillante y cierta atmósfera enrarecida, incrementada por algunas secuencias de logrado suspense, siendo tal vez la más efectiva la del restaurante en la que esperas que el cocinero encuentre una cabeza cercenada metida en algunos de los utensilios que tiene a mano, pero no sabes cual podrá ser. Narrativamente no es un dechado de originalidad, la historia es sencilla, plana, sin exabruptos ni nada que se salga mucho de madre, pero está muy bien desarrollada y no aburre demasiado. Eso sí, resulta bastante fácil descubrir al asesino.
Paradójicamente, y según se mire, acaba mal. Mal en los dos sentidos. Por su trama y por un especie de "susto final" un tanto cutre y innecesario que algún tío listo ha calificado como "parodia voluntaria de una tendencia muy común en el cine de terror de la época". Hombre, visto así, podría perdonarse... pero sigo pensando que está fuera de lugar y enturbia un poco la agradable sensación que te deja el film al concluir.
Centrándonos en el reparto, y aparcando al ya mentado Leonard Mann, destaca por encima de todo/s la guapísima Rachel Ward debutando para la ocasión y, encima, marcándose algún que otro muy agradable desnudo. Volveríamos a verla en "La brigada de Sharky" (que, por cierto, tengo que revisar), "Cliente muerto no paga" y el "slasher" puro "Terror Final". Tenemos también a Drew Snyder como improbable profe-pichaloca, cuyo rostro se ha paseado por títulos tan emblemáticos como "Yo soy la justicia", "Space Riders" (insufrible producto de Roger Corman), "Ojos de fuego", "El secreto de mi éxito", "Project Eliminator" (¡junto a David Carradine y Frank Zagarino!), "Soldado Universal" y algunos films recientes bien conocidos, aunque para mi siempre será el pibe al que se cargan cuando va a sacar la basura en la maravillosa "Commando".
Dirigiendo el cotarro encontramos a Ken Hugues, que tenía unos 60 tacos cuando firmó "Night School". Justo después se jubiló... y no es un chiste. Algunos títulos de su pasado son tan reconocibles como ese "James Bond" alternativo de 1967 que fue "Casino Royale" (donde compartió tareas con señores como John Huston o Val Guest) o el famoso musical infantil "Chitty Chitty Bang Bang". De órdago. Tampoco pasaremos por alto al responsable del guión, Ruth Avergon, una señora, algo que no deja de resultar llamativo si inspeccionamos a fondo los detalles de la trama de la película que, por cierto, es su único crédito en estas cosas del séptimo arte (también como productora). Y cerramos el repaso con el autor de la banda sonora (en la que destacan los contundentes acompañamientos electrónicos en las escenas de asesinatos), Brad Fiedel, culpable también de las notas que suenan en "The astrologer" (la misteriosa primera película de James -"El Exterminador" - Glickenhaus), "Pánico antes del amanecer", "Terminator" (y muchas de las siguientes obras de James Cameron), "Noche de miedo" (y secuela) o "La serpiente y el arco iris".
Aunque yo la consideraría más "thriller" que película estrictamente de terror, "Night School" o -vaaaale- el falso "Psicosis 2" es un producto muy de su tiempo, perfectamente visible y hasta gozable. De hecho, que la rebajaran de categoría al implantarle ese título tan engañoso fue un flaquísimo favor que le hicieron, la verdad.