sábado, 22 de febrero de 2014

Ponyo en el acantilado

Hayao Miyazaki en Japón es un dios, internacionalmente también está muy bien considerado, pero en Japón es veneración lo que sienten por él. Todo el que disfruta de las producciones de Pixar le debe mucho a este señor, y es que el máximo responsable de la productora del Flexo que salta sobre una pelota, John Lasseter, es gran fan de Miyazaki. Desde la propia Pixar indican que cuando necesitan inspiración se reúnen para ver una película del Estudio Ghibli. Hay muchas similitudes en los mensajes de los dos estudios, el primero de ellos el tema ecológico. Miyazaki es un hombre de campo, adora la naturaleza, y eso lo podemos ver en todas y cada una de sus producciones, en Pixar por ejemplo, en Wall-e tenemos un ejemplo muy claro, y en Buscando a Nemo aunque no hay un claro mensaje ecologista, si que disfrutamos de la naturaleza en estado salvaje.  El respeto a los ancianos o encontrar nuestro don, o lugar en el mundo, también es algo que tratan las películas de los dos estudios. Con todo esto quiero decir que el Estudio Ghibli y en concreto las ideas de Miyazaki, han influido al mundo de la animación. También coinciden en que las películas pueden ser perfectamente disfrutables por los adultos sin que estos tengan que morirse de asco o pensar que están atentando contra su inteligencia. Y este es un factor muy importante, ya que no por ser una producción animada tiene que estar orientada a los más pequeños.

Para Ponyo en el acantilado, Hayao Miyazaki se curro el storyboard a acuarela, y el motivo era que no deseaba que se hiciera absolutamente nada digital, todo debía de ser hecho a mano por los dibujantes del estudio. En anteriores películas habían utilizado el ordenador para algunas cosas, ya sean animaciones o modelos en 3D, pero en Ponyo se decidió a que todo estuviera hecho a mano y que el ordenador no se utilizara para nada. Esto conllevo a que se tuvieron que realizar 170.000 dibujos para llegar a los 93 minutos que dura la película. El argumento bebe inicialmente de La Sirenita, aunque sería muy simplista decir que esta es La Sirenita de Miyazaki, como decía en el primer párrafo, siempre habrá algún mensaje de amor hacia la naturaleza. Vamos al lio.

Ponyo es una niña-pez que vive recluida con sus hermanas en la casa submarina de Fujimoto, su padre. Fujimoto anteriormente fue humano, pero ahora es un brujo o mago del mar que está tratando de reunir una poción mágica que devolverá al planeta a un estado primigenio anterior a la vida humana. Y es que Fujimoto, no soporta que los humanos estemos contaminando el mar. Ponyo que es curiosa (y cuyo nombre original es Brunilda, en honor a una de las Valquirias, algo que Miyazaki saco de escuchar La Marcha de las Valquirias de Wagner)  se siente atrapada por vivir encerrada junto a su padre. Así que a la primera oportunidad se escapa para ver mundo. Quiera la mala suerte que es arrastrada por una red y metida a presión en un bote de cristal. Es entonces cuando se encuentra con Sousuke, un crio de 6 años que vive en una casa faro. La amista y el amor que se profesan, hacen que Ponyo desee convertirse en ser humano, aunque ello trae maremotos y grandes tormentas. Finalmente el poder del amor resolverá todo.

En la película no es que ocurra mucho, más bien es una pequeña historia de amistad y amor, como ya he dicho en varias ocasiones, pero es tan bonita y tierna, que se puede pasar por alto que su argumento sea bastante simplón. Eso no quita para que los mensajes que transmite la película (los ya citados, ecología, amor, amistad)  sean fuertes y den muy “buen rollo“.

Una preciosa película de animación que merece la pena ser vista. A mí me ha costado 6 años verla, pero nunca es tarde cuando la dicha la película es buena.

Por cierto, me choco mucho que la canción final de la película estuviera cantada en castellano, y es que en este caso la canción es muy infantil, pero aun así muy animada y pegadiza. Ponyo, Ponyo, es una niña pez, del mar ella ha venido, veras que guapa es.