sábado, 21 de marzo de 2009

XTRO, EL REENCUENTRO

"Xtro" fue una peli que en 1983 marcó. Narraba las epopeyas de un extraterrestre invasor de un modo muy especial. Era un film extraño, bizarro e inquietante. Podía gustarte o no, pero no se podía negar que tuviese personalidad.
Ya resulta raro que su realizador, Harry Bromley Davenport, tardara siete años en dirigir una segunda parte. Pero todavía resulta más raro verla y darse cuenta de que no tienen absolutamente nada que ver la una con la otra, ni en lo que cuenta, ni en cómo, ni de qué manera... ni siquiera en la intención. Lo que en "Xtro" era diferente y casi surreal, en "Xtro, el reencuentro" es puuuura rutina, pura fórmula y... puta mierda.
El gobierno experimenta con viajes interdimensionales. Aquello que mandan una expedición a canpicha, y tras unos problemas, sólo regresa una tipa en estado de shock. De pronto, ¡oh sorpresa!, a esta le explota el pecho y sale despedido un bichejo que se oculta en los respiraderos (de esos que parecen los pasillos del Corte Inglés). Casualmente por ahí rondan unos marines que, junto al inventor de la máquina para los viajes, retirado a causa de su buena conciencia, y su ex-mujer (vaaaaya telita) lucharán contra la criatura. Por si no fuese suficiente, completa el pastel un científico super-malvado que solo quiere putear a los héroes.
¿No hace falta decir mucho, verdad?, la combinación perfecta de "Alien" y "Aliens". Bueno, la combinación imperfecta, pues el resultado es de un aburrimiento que clama al cielo. Pura tentación para darle al avance rápido (¡¡yo lo hice!!). El monstruo en sus primeros planos es calcado a la criatura de Giger, y en los generales, nos encontramos con un monigote casi estático. En el reparto figuran dos actores que, tras unos inicios bastante potables, acabaron relegados a series B y Z, Jan-Michael Vincent y Paul Koslo.
Ni para la sobremesa (y es que, encima, casi no hay gore... y de tetas ya ni hablemos).
Davenport aún reincidiría con una tercera parte que no he visto, y si veo algún día o la reseño aquí o me tiro por la ventana.