jueves, 10 de marzo de 2011

STRYKER

Si lo miras serenamente, rodar una copia de "Mad Max 2" (que no de "Mad Max") ha de ser la cosa más económica del mundo, al fin y al cabo solo necesitas un desierto y cuatro coches salvados del desgüace. Será por eso que la serie Z esta plagada de esta clase de películas y de directores del calibre de Cirio H. Santiago, una auténtica leyenda en esto del llamado cine exploitation. Salido de una respetable familia de cineastas allí en el pais que lo vio nacer, Filipinas, Cirio vivió su momento de indiscutible gloria como mano derecha del rey de los tacaños, Roger Corman.
Fue durante los 80 y parte de los 90, que don Santiago trabajó a destajo para el afamado productor yankee, firmando toda clase de pelis adecuadas a las demandas del mercado... que por aquel entonces exigía tiarrones musculosos capaces de exterminar a un nutrido grupo de extras en 20 minutos de metraje.
Pero antes de todo eso, Cirio H. Santiago dio en la diana con la película que nos ocupa, "Stryker". Copia desvergonzada de las aventuras post-nucleares de Mel Gibson que de tan descarada llegó a estrenarse por estos lares como "Mad Max 3" (y su director fue rebautizado como Cirio H. Santiag, supongo que con el ingenuo fin de "americanizar" el nombre). Y es que, en esencia, cuenta exactamente lo mismo, pero cambiando la gasolina por agua potable, un recurso bastante más obvio (aunque menos inteligente). El rollo es el de siempre: malísimos vestidos de cuero negro luchan contra buenísimos vestidos con telas blancas con el fin de arrebatarles la poca gasolin... hummm, la poca agua que les queda. Los buenos, que son un poco tontos y muy blandengues, piden ayuda al "heroe solitario errante que pasaba por allí", en este caso Stryker, el arquetípico guerrero con cara de mala hostia, barba de cuatro días, look chanante, individualismo y/o pasotismo a prueba de bombas, enemigo de la higiene, macho pero sensible y con un trauma pasado (¿el asesinato de su mujer, quizás?) que de entrada dice que ni hablar del peluquín para, aluego, tras ser humillado y vapuleado por los malos, cambiar de opinión.
Todo eso aliñado con disparos, coches, explosiones, cutrismo por doquier, violencia burra y bastante sosismo vía intravenosa.