martes, 22 de enero de 2013

LA BÓVEDA DE LOS HORRORES

Lo cierto es que decidí no reseñar esta película después de verla hace un par de días. Me pareció tan aburrida y tan sosa que, en fin, no despertó en mi ninguna clase de sensación  Ni buena, ni mala. Pero claro, había ya comentado la primera de las dos adaptaciones que la factoría Amicus hiciera de los celebérrimos comics de la "E.C." y, en fin, se trataba de ser completista. Después de todo ese era mi plan inicial, a lo que había que añadir el sentido de cierta "culpa" por llevar más de una semana sin escribir nada y la "queja" de un lector (claro que me lo dijo en pleno estado gripal, así que igual la fiebre influyó en sus palabras). Sea como fuere, decidí dejar de perrear y me puse a teclear, con un fin: sacar el máximo de jugo a una naranja tan seca como este "La bóveda de los horrores" o, como dicen en su tierra, "Vault of horror".
La diferencia con su homónima o, ya puestos, cualquier otro film de la Amicus, es básicamente nula... en todos los sentidos, narrativamente y estéticamente. Un grupo de distinguidos caballeros británicos pillan el ascensor en un edificio. Este les lleva directamente al sótano, donde encuentran un especie de elegante comedor. Se sientan y comienzan a narrarse mutuamente extrañas pesadillas recurrentes, cada una de las cuales conforma uno de los relatos de la función.
El primero es el más célebre por una imagen casi icónica, la de un tio colgado del techo con un grifo clavado en la yugular, mientras un grupo de alegres vampiros le sacan sangre para beberla con gusto. En la peli, el tio es un asesino con aviesas intenciones. En el comic, alguien normal y corriente con mala pata. Y es que, como es habitual, todos los protagonistas de las historias sufren un final terrible pero merecido. Castigo moral, lo llaman, algo que convierte el material filmado en más inofensivo que el dibujado. En todo caso, la movida va de un baranda que visita a su hermana para matarla y así cobrar el seguro, pero resulta que el lugar anda plagado de vampiros (incluida la hermana) y terminará siendo la cena de todos ellos. Sosa y tontuna.
La siguiente va de un maniático del orden que atormenta a su patosa y, obvio, desordenada recién adquirida esposa cada vez que esta mueve algo de sitio. No hace falta decir que la cosa derivará en locura y asesinato. La historia y su desarrollo son tan tontainas que los responsables deciden impregnarlo todo de un comedido tono cómico... pero en lugar de compensar el chorrismo general, incrementa su tontabilidad. Cuando termina te quedas en plan "¿UH?".
La cosas no mejoran con la que hace tres. Un mago va a la india en busca del truco final. Lo encuentra y, para apoderarse de el, mata a su responsable... lo que conllevará la consiguiente venganza. Esta puede ser un poco menos previsible que la anterior, pero sigue haciendo gala de un notable sosismo.
Algo más potable es la historia que sigue... aunque solo sea por su relativa imprevisibilidad, su abierto tono gótico (ese tétrico cementerio donde se desarrolla la parte final) y los guiños que Amicus lanza a su fuente y a sí misma: El prota de la historia deducimos es un guionista de tebeos de terror. Encima de su despacho tiene un tomo recopilatorio de viejos comics de la "E.C." y, para matar el tiempo, se sienta en el sofá a leer la novelización de "Condenados de ultratumba". Va a hacerse pasar por muerto para cobrar no se qué (otra vez). La idea es que, 24 horas después, su socio le desentierre (por lo visto en ésa época corrían mucho en meter bajo tierra al cadáver una vez descubierto). Pero este decide traicionarle. Todo iría por ese camino si no fuera porque un par de estudiantes de medicina necesitados de cuerpos humanos corren al cementerio a sacar de su ataúd a nuestro prota. Sin embargo, varios hechos harán que las cosas no terminen como parece que vayan a hacerlo... y ahí es donde está la gracia de esta historia. Ya digo, la mejor del pack... sin ser tampoco gran cosa.
La última parte de una buena idea, pero de un desarrollo plomizo y desaprovechado. Un pintor que sufre el trauma clásico de "Nadie me comprende", se entera de que sus cuadros se venden como churros pero su representante se lo oculta y se queda todo. Decidido a vengarse, pide ayuda a algún maestro del vudú que le otorga el poder de hacer el mal a través de su talento. Es decir, si pinta un retrato de Perico y luego le clava un cuchillo en el ojo, en la vida real Perico tendrá un accidente que terminará con un ojo perforado. El pintor se va vengando de todos en muertes bastante cutrilongas sin percatarse de que cometió un error, pintó un auto-retrato, lo que le hace vulnerable. Aunque para errores el del guionista, el amicus-man Milton Subotsky, ya que dicho auto-retrato lo pintó ANTES de obtener sus poderes. Pero como diría un amiga mía: "Da iguaaaal!!!".
Dirigida por el artesano del horror británico -muy a su pesar- Roy Ward Baker y con un reparto bastante curioso compuesto por gente como Terry-Thomas, Curd Jürgens o Denholm Elliott, "La bóveda de los horrores" es bastante inferior a su peli precedente y, en fin, bastante mediocre en general. Habrá quien le vea cosas buenas con ayuda de la nostalgia, pero para mi hay algo peor que una peli odiable... y es una peli ignorable. Como esta misma.

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