Recientemente se ha estrenado en el Channel 4 de la televisión británica, una serie documental en dos episodios (una estupidez hacer de esto una serie porque entre ambos capítulos apenas se llega a hora cuarenta de duración) sobre un género tan denostado como ha sido la comedia sexual británica, este “Saucy! Secrets of The British Sex Comedy”. Se ve que en Inglaterra ha tenido cierto relumbrón, por lo que hipsters y modernos españoles, que muy probablemente no han visto una comedia sexual en su puta vida, ahora se hacen eco del documental desde sus particulares perspectivas, probablemente condenando al género por lo de siempre, pero añadiendo una nueva falsa muesca a su revolver de intereses impostados, y siempre desde el postmodernismo y buscando identificarse con una supuesta estética pop, cuando en realidad, y gracias a dios, la comedia sexual británica olía a mierda. Lamentablemente, me enteré de su existencia precisamente por el ímpetu de esta gente. Algo bueno había que sacar.
A mí siempre me han interesado este tipo de subgéneros erótico-festivos y los estudios con devoción. Precisamente es la sex comedy británica la más ignota de todas (aunque algunos de sus títulos más punteros se estrenaron en nuestro país en salas comerciales, sin demasiado éxito), de la que menos info hay y, por lo tanto, un documental de estas características lo esperaba como agua de mayo.
Se da la particularidad que, las también conocidas como T&A (Tits and Ass, o sea, películas de tetas y culos) emergieron a la vez a lo largo y ancho del mundo por diferentes motivos. En España, y consecuencia de la salida de una dictadura, tuvimos el destape y la clasificación “S” (¿es lo mismo? No exactamente, pero ya se lo explico otro día). En Italia, la sexycomedia, respondiendo a un gobierno censor que moría. Los estadounidenses tenían sex comedies, también conocidas como “screwballs” (independientemente de la comedia screwball de los años 40 que en cierto modo es madre de la sex comedy americana setentera y ochentera), que se hizo fuerte en los 80 dentro el género “teen”, y que nace más como un signo de los tiempos que como respuesta a cualquier tipo de represión. En Australia tenemos la comedia “ocker”; en este caso la idea era que la gente consumiera el producto nacional, así pues, qué mejor manera que hacer películas de risas y culos. En Argentina tenemos la comedia picaresca que nace en idénticas circunstancias que nuestro destape, tras la dictadura. En México está el cine de ficheras, que responde a un modelo de producción privado. En Alemania tenían los sex report como el pre-porno del país, y, más tarde, la sexycomedia bávara… Y, por fin, la sex comedy británica que nace, al igual que la australiana, como única manera de que la gente fuera al cine a ver el producto manufacturado en casa, llegando a ser el único género existente durante un periodo de tiempo en Inglaterra, y como único desahogo sexual en celuloide hasta que se legalizó el porno en el país, un poco como sucedía con los nudies en los USA en los años 60.
El documental repasa exhaustivamente las circunstancias y títulos punteros del género, a través de entrevistas a sus protagonistas, muchas veces tan arraigados al asunto que posteriormente no volvieron a trabajar en el cine. Estrellas del género como Robin Askwith (de la saga “Confessions”), actrices de la época que aparecieron en una o dos películas o directores de las mismas se dan cita dando su perspectiva y contando anécdotas de los rodajes, así como dramas sucedidos en los mismos. Por supuesto, como si de un debate televisivo se tratase, se ahonda en el hecho de si las películas eran o no oportunas, sobre si eran buenas o malas y en el trato que en las mismas se da a la mujer… el rollo de siempre. Como cuando llevan a televisión a Jenny Llada, a Mirta Miller y a Sara Mora, y unas dicen estar orgullosas de aparecer en aquellas películas y otras que se sentían explotadas. Sin embargo, no es un documental cuya principal intención sea destruir el género, sino más bien darlo a conocer, puesto que permanece silenciado desde hace lustros en Inglaterra. Entonces, va dando cuenta uno a uno de cada éxito. El “School for Sex” de Pete Walker, la saga “Carry on”, “Confessions” o “Adventures”, así como sus exploits, “The Ups and Downs of a Handyman” y similares. Incluso, se repiten las mismas leyendas urbanas que en nuestro país en torno al éxito de estas películas. Al igual que se cuenta que “Los Bingueros” superó en recaudación a “La Guerra de las Galaxias”, en Inglaterra se dice que “Confesiones de un Taxi Driver”, del estupendo Stanley Long, hizo más dinero en Inglaterra que el verdadero “Taxi Driver” de Scorsese. Asimismo, da gusto escuchar el testimonio de directores como Pete Walker, un fenómeno, quien hizo una serie de inteligentes y divertidas sex comedies que compaginó con el rodaje de una serie de inteligentes y divertidas películas de terror, afirmando que a finales de los sesenta, y primeros setenta, o hacías una de tetas y culos o una de terror. De lo contrario no trabajabas (porque no había más industria), así que optó por ambos géneros. También explica, ya que se le considera el pionero del british sex comedy, que la comedia sexual existe de toda la vida y que ya se hacían películas adscritas al género en los años 30, en todo caso él sería pionero del sex comedy dentro del ámbito de la exploitation, teoría que sirve también para diferenciar el screwball comedy de los años 40, del de los 70 y 80.
Igualmente el documental se centra en las vicisitudes y carrera de Mary Millington, primera estrella porno de Inglaterra, que tuvo un final muy triste, y en cómo el género va muriendo por culpa de la legalización de la pornografía y el auge del vídeo domestico.
Lo más curioso de todo es que este documental vende la comedia sexual británica como algo desmadrado y terriblemente colorido —lo suficiente como para llamar la atención de los hipsters a los que antes he hecho mención— cuando la realidad es que, de toda la producción internacional de cine de tetas y culos, la británica es la más austera, la menos divertida, la más lúgubre y extraña, con unos argumentos que casi rozan el drama, personajes antipáticos y repelentes y un humor bastante soterrado que difícilmente consigue la carcajada del espectador por mucho que en el documental se haga hincapié en cuanto hicieron reír estas películas a sus espectadores. Quizás esa densidad sea la que hace del sex comedy británico un subgénero más interesante que el de otros países.
En definitiva, el documental es interesante, pero un tanto formulaico. Al final te enseña cosas y está presentado con ritmo y brío. Y no está mal… pero podía haber estado mejor.
Dirige el asunto Simon Sheridan, cortometrajista, documentalista y estudioso de la figura de Pete Walker, al que ha dedicado gran parte de su trabajo.
Por cierto, está en espera de publicación un libro escrito por servidor, “Screwballs: La B y la Z de la comedia sexual”, en la que hablo largo y tendido de la sex comedy de tercera regional, pero también de las escenas australianas e inglesas, así que, atentos a este blog, o en su defecto, a las redes.
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martes, 3 de septiembre de 2024
lunes, 3 de julio de 2017
SEX ED
Si bien las “Sex Comedies” siempre se deben, o bien al cine
más comercial y taquillero, o bien al cine de serie B de más bajo presupuesto,
“Sex Ed” sería la respuesta indie a las comedias de temática sexual. Y como en
el cine indie, por norma general, predomina más la autoría de la cinta que los
resultados comerciales, podemos decir que tenemos ante nosotros una genuina
“Sex Comedy” de corte “Screwball” con sello de calidad, con sello de autor.
No obstante, sería una película que respeta absolutamente
las señas de identidad del subgénero de tetas y culos, así como los parámetros
impuestos por el cine “indie”. Con lo cual, en beneficio de una u otra cosa, se
resiente un poco la parte guarrindonga; no hay tetas ni culos en esta película,
al igual que la espantosa moralína implícita en la comedia americana gamberra
–quizás para justificar tanto salvajismo, en muchos de los casos-, hace acto de
presencia en “Sex Ed”, chocando esto un poco con las intenciones rupturistas de
cierto cine “Indie”, al que sin duda “Sex Ed” se adscribe. Sin embargo, la
verdad es que, sorprendentemente, “Sex Ed” está muy, muy bien.
Un joven profesor de geometría, consigue ejercer en una
escuela pública en un barrio marginal de Tampa. Cuando llega a su aula, se
encuentra con una niña que llora desconsolada porque dice que se está muriendo
de cáncer, ya que “le sale sangre del potorro”.
Se da cuenta entonces de que en ese colegio los pre púberes no tienen ni
idea, y sí muchas dudas en torno al sexo, y decide por su propia cuenta y
riesgo, impartirles las necesarias clases de educación sexual. Sin embargo,
cuando muchos de los jóvenes se deciden a experimentar y corren a pedirle
consejo a su profesor, este no puede darles muchos datos, porque aunque conoce
la teoría, no sabe nada de práctica ya que es virgen.
Por otro lado, se enamora de la hermana de uno de los
alumnos, y se las tendrá que ver con el conservador padre de otro de los
chicos, un reverendo de alguna iglesia baptista que no ve con buenos ojos que
su hijo aprenda guarrerías en clase.
Verdaderamente simpática y divertida.
Desenvolviéndose muy bien tanto por la comedia sexual
gamberra –los númeritos del compañero de piso del protagonista son totalmente
deudores de las mamarrachadas del Sean William Scott de los buenos tiempos-, como por el cine indie
de corte casi neo-realista en el que todo son dramas, “Sex Ed” resulta ser un
soplo de aire fresco en lo referente al cine independiente y sus estándares,
porque se deja de rollos pseudo intelectuales en torno a la América blanca de parque
de caravanas (como la insoportable “Juno” que si que hace eso) a favor de la
diversión más intrascendente, pero con maneras de aquél que quiere hacer arte
con su cine. Con lo cual, estamos ante una rara avis dentro del género, que por
suerte es muy apta para todo tipo se públicos.
Presentada en el festival de de cine de Pórtland de 2014,
dónde se alzaría con el gran premio del jurado a la mejor película narrativa,
“Sex Ed” no conseguía una distribución comercial, hasta que la gente de
MarVista Entertainment, un pequeño y reciente estudio con los ojos puestos en
el cine de terror como especialidad, y con las plataformas de “Video On Demand”
como principal fuente de ingresos, puso los ojos en ella, ofreciéndole un
estreno reducido en salas y su estreno a nivel mundial en VOD.
“Sex Ed” supondría el debut en el largometraje de Isaac Feder, que tras unos cortos y esta
película, se ha hecho fuerte en el mundo de la televisión dónde su estilo
encaja a la perfección.
Por otro lado, “Sex Ed”, y por ende, el cine indie, supone
un refugio para un muñeco roto de tal envergadura como es Haley Joel Osmet,
popular en todo el mundo por ser “El niño de “El Sexto Sentido”, la película de
M. Night Shyamalan, aunque antes de eso había sido hijo de Forrest Gump, al que en la
adolescencia se le truncó un tanto la carrera por culpa de las juergas y las
drogas, y que no levantó cabeza hasta que hace bien poquito le rescató KevinSmith para su película “Tusk”. En 2014, en “Sex Ed” se le ofrece el papel
protagonista, y a partir de ahí no ha parada de trabajar, sintiendose Osmet
como pez en el agua en terreno independiente.
Secundándole, tenemos a la muy follable Lorenza Izzo, actriz Chilena
popular a nivel mundial por ser la esposa de Eli Roth y por aparecer en
películas como “El Infierno Verde” o “Toc, Toc” –dirigidas por su marido- que
interpreta a la hermana de pocas luces que se convierte en el objeto del deseo
de nuestro torpe –y virgen- protagonista. También tenemos al actor latino de
moda en los USA, Ray Santiago al que hemos podido verle, a él y su tupé,
sobretodo en la serie “Ash Vs. Evil Dead”, en “Admitido” y en “Los padres de
él”.
Muy recomendable.
viernes, 21 de julio de 2017
PIERNAS LOCAS, LOCAS, LOCAS
“Piernas locas, locas, locas”, es una atípica comedia
genuinamente ochentera de aquellas que tras sus estrenos, por norma general,
tampoco multitudinarios, pasaban por nuestro país a través del alquiler de los
añorados videoclubes. Y en sus estanterías, “Piernas, locas, locas, locas” si
resultaba ser un alquiler de lo más habitual.
Una alocada –y cutre- mezcla de comedia deportiva y “Sex Comedy” con ligeros toques de comedia “Spoof”, al menos, en lo referido al
estilo de muchos de sus gags ( “- Queremos tomar la ensalada del Chef” “-No va
a poder ser, el Chef es un avaricioso”, dicen en una escena). Por estructura y
contenidos, una película muy deudora de “Los Albóndigas en remojo”.
Conocida como “Off The Mark”, y también como “Crazy Legs” en
sus versiones anglosajonas, “Piernas locas, locas, locas, cuenta la historia de
un niño aspirante a alteta (corredor de Triatlón) que tras una jugada de su
amiguito ruso, acaba cayéndose de un columpio y queda incapacitado. Le operan,
pero el cirujano avisa a sus progenitores
que aunque podrá entrenar, que se olvide de convertirse en un gran atleta; tras
la caída y la posterior operación, el niño sufre la enfermedad de las “Piernas
Locas”, enfermedad esta que en momentos concretos de estrés o tensión, hará que
su cuerpo pierda el control de sus piernas actuando estas autónomamente. Al
mismo tiempo, una jovencita con las mismas inquietudes que él, comienza a ganar
carreras porque gracias al enorme tamaño de sus pechos, estos llegan segundos
antes que ella a la línea de meta, motivo por el que los chicos contra los que
compite están molestos, y motivo por el que esos mismos, poco después, se
convertirán en sus amantes.
Pasa los años, se encuentran, compatibilizan, y con un
tercero en discordia, un negro que ha perdido el alma –un “No-Soul Brother”,
entrenaran para la carrera más importante carrera de sus vidas. Todo ello
servido en un ambiente juvenil y no exento de juerga, y tetas y culos, y todos
los clichés de las populares “Sex Comedies” línea “Screwball” contemporaneo.
Verdaderamente se trata de una cinta un tanto ingenua e
infantiloide al que le han metido chistes de contenido sexual y desnudos
femeninos para que no resulte tan infantil y atraer culos a las butacas, cosa
esta que salió rana, porque al ser claificada “R” en su momento, y tener una
exhibición reducida por dicho motivo, finalmente se convirtió en una película
ignota y prácticamente desconocida para el público americano.
No obstante, y a pesar de sus momentos más aburridos, los
gags, cuando su resultado es eficaz, hacen que bien merezca la pena un
visionado.
En el cast principal, como portador de esas piernas locas,
locas, locas, tenemos a Mark Nelly,
visto en otras “Screwball Comedies” contemporaneas como puedan ser “Escuela de
Azafatas” o “ Harvard, Movida Americana” así como se despediría del mundo de la
actuación en 1994 con “Night of the Demons 2”. La dueña de esos suculentos
pechos que llegan antes a la meta que el resto tenemos a la bella Terry Farell,
a la que hemos visto paseando su palmito por diversas producciones tales como
“Regreso a la Escuela” o “Hellraiser III” para acabar con su estructura osea en
el mundo de la televisión. Como el negro que ha perdido el alma, tenemos a
Clarence Gildyar Jr. que con algo más de suerte, llegó a aparecer en “Top Gun”,
“Karate Kid II” o “Jungla de Cristal”, sin llegar a tener ninguno de los tres
más roles protagonicos que los de esta película. Segundones de por vida.
No menos que el director de la película, Bill Berry, quien
diez años de esta dirigió el “Blaxploitation” “Brotherhood of Death” y luego
ya, como dirian los catalanes, se ganó las garrofas como asistente del director
de innumerables películas de la más variada índole y el más raro pelaje, a la
vez que produjo toda suerte de productos de serie B/Z destacando entre todos
“Night of the Demons 2”, “Leprechaun 3” o “Los Chicos del Máiz 666”.
Una carrera de lo más simplona y curiosa, no obstante.
Véanla, se pueden echar alguna que otra risa.
lunes, 6 de febrero de 2017
SLAM
Resulta muy curioso que dos géneros tan opuestos como son
los “Slasher” y las “Sex Comedies” linea “Screwball”, vayan sin embargo tan
cogidos de la mano.
Obviamente, son los dos subgéneros que se explotaron en los
ochenta con identicas finalidades comerciales, que son atraer a las plateas al
público potencial de estas; los adolescentes, con lo que tan extremos como son,
tienen bastantes similitudes estéticas y formales, cuando no, llegan
directamente a fusionarse en películas como por ejemplo “La Quema” cuyo metraje
contiene un porcentaje más que alto de “Camp Comedies”, o “Killer Party” que,
directamente, es una “Screwball Comedie” con un desenlace terrorífico.
Pero sobretodo, son dos subgéneros que tuvieron su auge en
la misma época. Nunca han dejado de rodarse, pero en esencia, son géneros
pertenecientes a una época concreta.
Por eso, no deja de parecerme curioso el fenómeno ocurrido
con ambos géneros en España, muy a destiempo; A principios de la pasada década
la de 2000, en España, sin saber muy bien a cuento de qué, y en consecuencia al
éxito cosechado por el “Neo-Slasher” con
“Scream” a la cabeza, comenzaron a producirse “Slashers” patrios como “Schooll
Killer” o “Tuno Negro” como máximos exponentes, mientras que, al mismo tiempo,
una productora como “Morena Films”, con tan poca personalidad que asusta, creó
un sello llamado “Happy Hour”, bajo el cual produciría “Screwballs” españolas,
género este que no se había estilado demasiado en nuestro país. Se pueden
contar con los dedos de la mano los “Screwballs” producidos hasta 2001, “El Rollo de Septiembre” de
Mariano Ozores en 1985, y poco más. Pero claro, “American Pie” se había
convertido en una especie de fenómenos social, el género vivía una nueva etapa
tan fructífera que aún se siguen produciendo títulos, y “Morena Films” quiso
subirse al carro, ajenos ellos de la urticaria que provoca el cine español en
general al público adolescente al que iban destinadas estas película. Así, llegaron tan solo a producir tres títulos en
5 años, el primero de ellos “Gente Pez”
dirigida por Jorge Iglesias y según un guión del dibujante de cómics Mauro
Entrialgo, que resultó un pequéño éxito. Este éxito propició que se pusiera en
marcha una nueva película del subgénero, que es la que nos ocupa “Slam” que
funcionó un poquito peor, pero funcionó y la que hizo darse cuenta a “Morena
Films” que el género no era del todo rentable y con la que paralizó la
producción de “Screwballs”, “Fin de curso” que no fue a verla ni Dios.
Todo esto, mientras se estrenaban “Slashers” Españoles como
“Más de 1000 Cámaras velan por su seguridad”, “El Arte de Morir” y tantas
otras. Con lo que los dos subgéneros van cogiditos de la mano, hasta en España.
Y de manera genuina, porque los realizadores no fueron conscientes en ningún
momento de esto que cuento.
Y dejando al lado estos paralelismos y la curiosidad,
pasamos a “Slam”.
“Slam”, es una película que yo no entiendo como en pleno
2003, año en el que se estrenó, no saltó la liebre por el contenido, por un
lado zopenco y de una gratuitidad sexual honestísima –en un momento de orgía,
uno de los personajes, en pleno éxtasis, dice “Tengo más rabo que la Pantera
Rosa”- , y por otro, extremadamente machista. Es tan machista la puta película,
que hasta YO puedo ofenderme en un momento dado. De hecho, estoy seguro que si
esta película viniera de las américas, se hubiera protestado de lo lindo, pero
como es una película española… pues no pasa nada. Estará rodado con otra
intencionalidad, supongo. O es que el público es completamente idiota, opción
por la que me decanto. En cualquier caso, lo ideal es que no se proteste nunca,
jamás, por el contenido de una película de ficción.
Como fuere, “Slam” gana por goleada en lo que a descerebre,
gamberrismo y destetes se refiere, a sus coetáneas Americanas, si bien el guión
es lamentable y la dirección tan solo correctita. Únicamente, un buen ritmo en
la narración, y un entretenimiento funcional –que gags pocos y malos- hacen que
la película tenga un aprobado raspado. Por lo demás, la película es una
curiosidad por su pertenencia al subgénero del que ahora hablamos, pero
clichés, estereotipos y formalismos, como siempre, están mal entendidos por
parte de sus artífices. Digamos que el director, Miguel Martí, no tiene ni puta idea del género que está
tratando. Tiene un par de nociones, pero no lo conoce. Bastante que le salga
medio entretenida. Y lo mismo ocurría con otra película de 2004 de similares características, “XXL” de Julio
Sánchez Valdés.
“Slam” tomo como protagonista a uno de los actores del
culebrón para jóvenes “Al Salir de Clase”, Ivan Hermés, que tan pronto tuvieron
tirón mediático, lo perdieron, y se marcan un “Screwball” en el que un
periodista veinteañero que escribe para una revista musical de moda ve su
puesto de trabajo peligrar cuando le anuncian que solo uno de los redactores
conservará el puesto, por lo que decide irse al festival de música “Cactus
Féstival” en Andalucía, e intentar entrevistar a la mega estrella del Rock
“Slam”, famoso por no conceder entrevistas. Para ello, emprenderá un viaje por
carretera junto a su amigo Argentino, en la furgoneta de su padre pollero, que
recrea precisamente un pollo con su decoración, y su primo, un Cumbayá
aspirante a seminarista. Pero su rival en la revista, que también quiere
conservar el puesto, se adelantará al festival para ponerle las cosas difíciles
a nuestro protagonista. Mientras, se follarán a tantas guarrillas como les sea
posible, por el camino –Lo de guarrillas no lo digo yo, es el trato que,
alegremente, se le da a las mujeres en esta película. ¡Ojo! que yo no lo
condeno, ¿eh?- .
La película contiene, aparte de escenas directamente
plagiadas (quizás inspiradas) de otras películas yankies (una mamada en la que
sus artífices acaban enganchados por sus respectivos piercings como en “La cosa
más dulce”, un corrida a destiempo como en “Algo pasa con Mary”…) un arsenal de
corridas, enculadas, humor homófobo, humor racista, incluso, tetas y más tetas,
escatología de todos los colores, drogas, sexo a puñados… vamos que de eso no
le falta nada, y aún así, no llega a ser el desmadre que pretende ser, pero se
deja ver sin mayor problema.
Como curiosidad, decir que aunque las escenas del festival
de música transcurren el un festival ficticio de Andalucía, estas se rodaron, en parte, en un verdadero festival como el FIB de Benicassim y, en parte, en un
mega-plató que se construyó en las instalaciones colindantes al complejo de de
exhibición cinematográfica Kinepolis, sito en Madrid, dónde se rodaron escenas
–un concierto de Amaral- para las que se contó con cerca de 5000 extras.
En el reparto, junto a Iván Hermés, tenemos al Argentino
Tomás Fonzi, por aquél entonces popular por su papel en “Una Noche con Sabrina
Love”, La Colombiana Juana Acosta, con menos prestigio del que goza ahora
(¿renegará hoy día de esta peli dónde le
vemos las tetas y el culo con el único fin de apaliar los bajos instintos del
espectador pajillero y adolescente?), el humorista Kimbo, Kira Miró en uno de
sus primeros –y únicos- papeles para el cine, o Luke Donovan, reputado músico
de la escena indie española, proveniente de Nueva Zelanda, que demostró tener
una potente vis cómica en “Gente Pez”, y aquí repitió, no volviendo a trabajar
en el cine en su vida.
Por su parte, el director Miguel Martí, que debuto en el
largo con “Slam”, rodaría después la
siguiente película de “Happy Hour”, “Fin de curso”, después la popular “Sexy
Killer” y en la actualidad, anda haciendo cortometrajes.
En realidad, calidad e intenciones aparte, mola que existan
películas como “Slam” dentro del cine español contemporaneo.
martes, 18 de noviembre de 2025
MALDITOS VECINOS
Dentro de los relevos generacionales de actores cómicos, si durante años el trono lo ostentaron aquellos surgidos de la televisión y, más concretamente, del “Saturday Night Live”, en la pasada década está claro que la corona la portaron esa cuadrilla de locos contemporáneos salidos de distintos lugares, fuesen películas, series de televisión y clubes de comedia, y de la que forman parte actores del todo solventes —algunos de ellos incluso nominados a los Oscar—, como James Franco, Danny McBride, Jonah Hill, Paul Rudd, Dave Franco o Seth Rogen. Sin duda, fueron reclamo para la taquilla y al público les encantaban (no tanto aquí en España, que los números en nada se asemejan a los americanos y hay quien incluso les desprecia). Asimismo, como herederos naturales de la comedia gamberra de toda la vida, ejercieron de paladines en las sex comedies de las dos últimas décadas protagonizado (o escribiendo, o dirigiendo...) algunas de las más punteras de años recientes, con permiso de “Resacón en Las Vegas".
Sin embargo, los tiempos que corren no son buenos para la lírica, y si bien el sexo no es tratado en abundancia en los films correspondientes a lo que nos ha tocado vivir desde finales de los 90, sí que se le pasa una buena factura a la escatología y la incorrección política verbal, es decir, que se habla mucho de follar, de pollas, de tetas y culos, pero no vemos nada de eso en pantalla. Y si lo vemos, suele ser dentro de un contexto netamente cómico y en forma de prótesis de látex, para que ni mamas, ni miembros viriles erectos y purulentos genuninos, aparezcan dentro del encuadre.
A niveles generales, su propuesta funciona (y me funciona).
“Malditos vecinos” se adscribe a esta corriente de la cual les acabo de hablar. Y que sirva de muestra los 270 millones de recaudación mundial que se consiguieron con una nimia inversión de 18 gastados en apenas cinco semanas de rodaje. Se trata de la comedia más taquillera de su protagonista, Seth Rogen, así como la cuarta comedia para mayores de 18 años con mayor recaudación el fin de semana de su estreno, gracias a sus casi 50 millones acumulados. Aquí en España apenas llegaría a congregar 400.000 espectadores. Sin embargo, y a pesar de los excelentes resultados de taquilla, no sería tan redonda como otras propuestas muy superiores con cualquiera de los miembros de esta cuadrilla dentro de sus repartos. “Malditos vecinos” sería una "frat movie" con todos los ingredientes para pasar a la posteridad como tal. De hecho, la película comienza con la pareja protagonista follando delante de su bebé, lo que, entre otras cosas, serviría para que la calificación de la película fuera una R. Me parece una declaración de intenciones estupenda y un magnífico comienzo para una "sex comedy". Por otro lado, combina, en este caso —y siempre bajo producción de Evan Goldberg— elementos de las comedias estudiantiles de los ochenta (puestos al día) con la comedia de enredo más actual y comercial, generando así una película a priori súper atractiva, pero que peca de repetitiva y, por momentos, cursi, motivos estos que no nos privan de pasar un par de horas de lo más entretenidas con las peripecias de estos malditos vecinos y los alcornoques de la fraternidad sita en la casa de al lado.
Un matrimonio que recientemente acaban de ser padres, se instalan en un tranquilo barrio residencial donde educarán a su hija dentro de un ambiente propicio. La casa contigua está alquilada por una hermandad masculina de una universidad cercana. El matrimonio, inmerso en la treintena, se empieza a emparanoiar con las fiestas que se supone que se van a celebrar allí, por lo que deciden ir a hablar con los vecinos para pedirles que, por favor, no hagan ruido. La fraternidad hará caso omiso y la liarán bien gorda. Como el matrimonio no ha conseguido la paz por las buenas, decidirá hacerlo por las malas, así comenzará una guerra sin cuartel entre adultos y universitarios, con trágicas consecuencias y descacharrantes acontecimientos.
Diversión funcional, sin más. Algunos gags son muy buenos, otros más flojos, otros se puede prescindir de ellos. No obstante, también es un film que, aún con su bajo presupuesto, tiene un acabado técnico excepcional, porque así funciona Hollywood.
Seth Rogen encabeza el reparto secundado por Rose Byrne, actriz australiana de indudable vis cómica a la que ya pudimos ver en “La boda de mi mejor amiga”. Pero, sin duda, el rey de la función es Zac Efron. El chico guapo de la factoría Disney se prodiga aquí como un actor cómico de primer orden, eso sí, agarrándose como clavo ardiendo al arquetipo del jock, deportista musculado y cortito de miras, que le dará más de una alegría en posteriores trabajos; antes Efron era el chico guapo de “High School Musical”, hoy es ese cachondo de las pelis de risa al que, en su vida privada, un aparatoso accidente doméstico y una serie de operaciones estéticas han convertido en meme de las redes sociales. No obstante, en estas comedias desarrolla un cambio de registro que, aunque le libera del encasillamiento como chico Disney, igualmente le ancla en el de tío bueno tontorrón. Pero su comicidad, tanto en esta como en otras muchas películas posteriores, es indudable.
También tenemos en el reparto, en un rol destacado, a Dave Franco, el hermano pequeño de James Franco. Su presencia en la cinta es toda una anécdota. Dave Franco debería haber aparecido junto a toda la pandilla en la estupenda “Juerga hasta el fin”. Su papel en aquella película consistía en, interpretándose a sí mismo, morir de manera ultra violenta ante los ojos de su hermano James, que también se interpretaba a sí mismo. Seth Rogen, que co-dirigía, pensó que esa escena era demasiado cruel y deprimente, por lo que se eliminó del guion sin ser rodada siquiera. Por tal motivo se las ingenió para tenerle en un papel destacado en “Malditos vecinos” y compensarle, ya que, al fin y al cabo, Dave Franco era un actor emergente que empezaba y le jodió no tener esa gran escena.
“Malditos vecinos”, titulada “Neighbors” en su versión americana, y “Bad Neighbours” fuera de EUA para que no se le confundiera con la serie australiana del mismo nombre, nace en la cabeza de sus guionistas Andrew J. Cohen y Brendan O'Brien, inspirados por el miedo a las responsabilidades en su transición de la juventud a la adultez, lo que dio lugar al libreto que, en un principio, era una cosa sobre adultos en la fraternidad, una temática que recordaba un poco a la de “Aquellas juergas universitarias” motivo este por el cual el director contratado, Nick Stoller, rescribió la película para que las similitudes no fueran tales. Así, se sacó a Rogen de la fraternidad, y se le metió como vecino adulto en la casa de al lado, declarando la guerra a los chavales. Y para que el peso no recayera únicamente sobre este personaje, se le añadió una esposa y una hija que darían mucha más consistencia a la trama principal. Fue la propia pareja de Rogen la que sugirió que una esposa daría más credibilidad al asunto. Y acertó, Para ello se contrató a Rose Byrne con la que la química ha dado posteriormente para una estupenda serie de la dupla titulada “Platónico”.
Todos esos personajes se escribieron sobre el papel teniendo muy en cuenta el reparto, por lo que a la hora de repartir los 18 millones que se consiguieron de presupuesto, absolutamente todos tuvieron que rebajar sus cachés para ajustarse a este, cosa para la que no hubo mayor problema.
Tras el éxito mundial de la cinta, Seth Rogen tuvo que vérselas con cierta polémica. Resulta que, por aquella época, un universitario británico, bastante poco agraciado y que acusaba una recalcitrante misoginia, había sido detenido por el asesinato de varias personas en California. Resulta que era fan de Seth Rogen y había visto en varias ocasiones “Malditos vecinos”. A una crítica cinematográfica del "Washington Post", Anne Hornaday, no se le ocurrió otra cosa que culpar de la muerte de estas personas a Rogen, aseverando que sus películas no mostraban con realismo lo que podía ser el día a día de una persona poco agraciada físicamente en lo concerniente a sus relaciones sociales. Rogen siempre salía retratado como un individuo gordo y feo sin problemas a la hora de relacionarse románticamente, por lo que el estudiante pudo quedar frustrado y, como consecuencia, cometiera dichos asesinatos. Rogen se defendió al respecto. Por descontado, tales acusaciones de tamaña estupidez se quedaron en mera anécdota, aunque trajeron a Seth Rogen algún que otro quebradero de cabeza.
Como curiosidad, decir también que la ropa que viste el actor en la película pertenece a "Golf Wang", marca deportiva centrada en prendas de golf creada por el rapero new age Tyler The Creator.
Como “Malditos vecinos” fue un éxito de taquilla y también de crítica, era cuestión de tiempo que se produjera una secuela. Así, en 2016 se rodó una continuación directa en la que repetía la mayoría del equipo, “Malditos vecinos 2”, también dirigida por Nick Stoller y que tuvo menos éxito. Resulta bastante mediocre: comienza igual que la primera, con un polvo de los protagonistas —con la variante de que ella está embarazada y, del meneo, vomita sobre la cara de él— y ya el resto se limita a plagiar gags de la original, cambiando la hermandad masculina por una femenina y el descanso de los protagonistas por la venta de la casa en la que están; con tanto ruido, nadie querrá comprarla. Muy floja. Eso sí, cuenta con la presencia de la deliciosa Chloë Grace Moretz, vista en la franquicia “Kick Ass” o en “Carrie (2013)”
Consumidas "Malditos vecinos 1 y 2" seguidas en programa doble, podrían funcionar. Aunque no se a qué niveles.
Sin embargo, los tiempos que corren no son buenos para la lírica, y si bien el sexo no es tratado en abundancia en los films correspondientes a lo que nos ha tocado vivir desde finales de los 90, sí que se le pasa una buena factura a la escatología y la incorrección política verbal, es decir, que se habla mucho de follar, de pollas, de tetas y culos, pero no vemos nada de eso en pantalla. Y si lo vemos, suele ser dentro de un contexto netamente cómico y en forma de prótesis de látex, para que ni mamas, ni miembros viriles erectos y purulentos genuninos, aparezcan dentro del encuadre.
A niveles generales, su propuesta funciona (y me funciona).
“Malditos vecinos” se adscribe a esta corriente de la cual les acabo de hablar. Y que sirva de muestra los 270 millones de recaudación mundial que se consiguieron con una nimia inversión de 18 gastados en apenas cinco semanas de rodaje. Se trata de la comedia más taquillera de su protagonista, Seth Rogen, así como la cuarta comedia para mayores de 18 años con mayor recaudación el fin de semana de su estreno, gracias a sus casi 50 millones acumulados. Aquí en España apenas llegaría a congregar 400.000 espectadores. Sin embargo, y a pesar de los excelentes resultados de taquilla, no sería tan redonda como otras propuestas muy superiores con cualquiera de los miembros de esta cuadrilla dentro de sus repartos. “Malditos vecinos” sería una "frat movie" con todos los ingredientes para pasar a la posteridad como tal. De hecho, la película comienza con la pareja protagonista follando delante de su bebé, lo que, entre otras cosas, serviría para que la calificación de la película fuera una R. Me parece una declaración de intenciones estupenda y un magnífico comienzo para una "sex comedy". Por otro lado, combina, en este caso —y siempre bajo producción de Evan Goldberg— elementos de las comedias estudiantiles de los ochenta (puestos al día) con la comedia de enredo más actual y comercial, generando así una película a priori súper atractiva, pero que peca de repetitiva y, por momentos, cursi, motivos estos que no nos privan de pasar un par de horas de lo más entretenidas con las peripecias de estos malditos vecinos y los alcornoques de la fraternidad sita en la casa de al lado.
Un matrimonio que recientemente acaban de ser padres, se instalan en un tranquilo barrio residencial donde educarán a su hija dentro de un ambiente propicio. La casa contigua está alquilada por una hermandad masculina de una universidad cercana. El matrimonio, inmerso en la treintena, se empieza a emparanoiar con las fiestas que se supone que se van a celebrar allí, por lo que deciden ir a hablar con los vecinos para pedirles que, por favor, no hagan ruido. La fraternidad hará caso omiso y la liarán bien gorda. Como el matrimonio no ha conseguido la paz por las buenas, decidirá hacerlo por las malas, así comenzará una guerra sin cuartel entre adultos y universitarios, con trágicas consecuencias y descacharrantes acontecimientos.
Diversión funcional, sin más. Algunos gags son muy buenos, otros más flojos, otros se puede prescindir de ellos. No obstante, también es un film que, aún con su bajo presupuesto, tiene un acabado técnico excepcional, porque así funciona Hollywood.
Seth Rogen encabeza el reparto secundado por Rose Byrne, actriz australiana de indudable vis cómica a la que ya pudimos ver en “La boda de mi mejor amiga”. Pero, sin duda, el rey de la función es Zac Efron. El chico guapo de la factoría Disney se prodiga aquí como un actor cómico de primer orden, eso sí, agarrándose como clavo ardiendo al arquetipo del jock, deportista musculado y cortito de miras, que le dará más de una alegría en posteriores trabajos; antes Efron era el chico guapo de “High School Musical”, hoy es ese cachondo de las pelis de risa al que, en su vida privada, un aparatoso accidente doméstico y una serie de operaciones estéticas han convertido en meme de las redes sociales. No obstante, en estas comedias desarrolla un cambio de registro que, aunque le libera del encasillamiento como chico Disney, igualmente le ancla en el de tío bueno tontorrón. Pero su comicidad, tanto en esta como en otras muchas películas posteriores, es indudable.
También tenemos en el reparto, en un rol destacado, a Dave Franco, el hermano pequeño de James Franco. Su presencia en la cinta es toda una anécdota. Dave Franco debería haber aparecido junto a toda la pandilla en la estupenda “Juerga hasta el fin”. Su papel en aquella película consistía en, interpretándose a sí mismo, morir de manera ultra violenta ante los ojos de su hermano James, que también se interpretaba a sí mismo. Seth Rogen, que co-dirigía, pensó que esa escena era demasiado cruel y deprimente, por lo que se eliminó del guion sin ser rodada siquiera. Por tal motivo se las ingenió para tenerle en un papel destacado en “Malditos vecinos” y compensarle, ya que, al fin y al cabo, Dave Franco era un actor emergente que empezaba y le jodió no tener esa gran escena.
“Malditos vecinos”, titulada “Neighbors” en su versión americana, y “Bad Neighbours” fuera de EUA para que no se le confundiera con la serie australiana del mismo nombre, nace en la cabeza de sus guionistas Andrew J. Cohen y Brendan O'Brien, inspirados por el miedo a las responsabilidades en su transición de la juventud a la adultez, lo que dio lugar al libreto que, en un principio, era una cosa sobre adultos en la fraternidad, una temática que recordaba un poco a la de “Aquellas juergas universitarias” motivo este por el cual el director contratado, Nick Stoller, rescribió la película para que las similitudes no fueran tales. Así, se sacó a Rogen de la fraternidad, y se le metió como vecino adulto en la casa de al lado, declarando la guerra a los chavales. Y para que el peso no recayera únicamente sobre este personaje, se le añadió una esposa y una hija que darían mucha más consistencia a la trama principal. Fue la propia pareja de Rogen la que sugirió que una esposa daría más credibilidad al asunto. Y acertó, Para ello se contrató a Rose Byrne con la que la química ha dado posteriormente para una estupenda serie de la dupla titulada “Platónico”.
Todos esos personajes se escribieron sobre el papel teniendo muy en cuenta el reparto, por lo que a la hora de repartir los 18 millones que se consiguieron de presupuesto, absolutamente todos tuvieron que rebajar sus cachés para ajustarse a este, cosa para la que no hubo mayor problema.
Tras el éxito mundial de la cinta, Seth Rogen tuvo que vérselas con cierta polémica. Resulta que, por aquella época, un universitario británico, bastante poco agraciado y que acusaba una recalcitrante misoginia, había sido detenido por el asesinato de varias personas en California. Resulta que era fan de Seth Rogen y había visto en varias ocasiones “Malditos vecinos”. A una crítica cinematográfica del "Washington Post", Anne Hornaday, no se le ocurrió otra cosa que culpar de la muerte de estas personas a Rogen, aseverando que sus películas no mostraban con realismo lo que podía ser el día a día de una persona poco agraciada físicamente en lo concerniente a sus relaciones sociales. Rogen siempre salía retratado como un individuo gordo y feo sin problemas a la hora de relacionarse románticamente, por lo que el estudiante pudo quedar frustrado y, como consecuencia, cometiera dichos asesinatos. Rogen se defendió al respecto. Por descontado, tales acusaciones de tamaña estupidez se quedaron en mera anécdota, aunque trajeron a Seth Rogen algún que otro quebradero de cabeza.
Como curiosidad, decir también que la ropa que viste el actor en la película pertenece a "Golf Wang", marca deportiva centrada en prendas de golf creada por el rapero new age Tyler The Creator.
Como “Malditos vecinos” fue un éxito de taquilla y también de crítica, era cuestión de tiempo que se produjera una secuela. Así, en 2016 se rodó una continuación directa en la que repetía la mayoría del equipo, “Malditos vecinos 2”, también dirigida por Nick Stoller y que tuvo menos éxito. Resulta bastante mediocre: comienza igual que la primera, con un polvo de los protagonistas —con la variante de que ella está embarazada y, del meneo, vomita sobre la cara de él— y ya el resto se limita a plagiar gags de la original, cambiando la hermandad masculina por una femenina y el descanso de los protagonistas por la venta de la casa en la que están; con tanto ruido, nadie querrá comprarla. Muy floja. Eso sí, cuenta con la presencia de la deliciosa Chloë Grace Moretz, vista en la franquicia “Kick Ass” o en “Carrie (2013)”
Consumidas "Malditos vecinos 1 y 2" seguidas en programa doble, podrían funcionar. Aunque no se a qué niveles.
viernes, 30 de agosto de 2019
CHICOS BUENOS
Verdaderamente, “Chicos buenos” es la primera en su especie.
Es la primera sex comedy para niños y también la primera película calificada
“R” con niños involucrados en situaciones sexuales y narcóticas. También es una
de las primeras películas “R” en reventar expectativas el primer fin de semana
de su estreno, aunque las recaudaciones se fueran enfriando en su segunda
semana de exhibición. Ha resultado ser un éxito, como fuere.
Y es que, al igual que en las sex comedies de adolescentes
estos buscan desesperados perder la virginidad, en “Chicos buenos” los
protagonistas son niños, entonces, se meterán en embrollos con tal de poder dar
su primer beso.
El film, producido bajo el auspicio del pequeño emporio que
tienen montado Seth Rogen y Evan Goldberg, acierta al introducir toda una
suerte de parafernalia sexual, la presencia de drogas y ese lenguaje soez en un
film de niños de no más de 10 u 11 años. Y con esto se genera una paradoja; es
una película con la que los niños de 10 u 11 años se lo pasarán de puta madre,
pero que, sin embargo, no podrán ver hasta que cumplan los 18. Y toda la incorrección política de la que
presume, es la principal baza con la que cuenta la película.
En realidad, “Chicos buenos” no deja de ser el “Cuenta
conmigo” del nuevo milenio —mezclado y con los ojos bien fijos en “Supersalidos”—
y como película de tres amigos que viven sus aventurillas no tiene nada de
especial, pero es ese despojo de convencionalismos lo que convierte a “Chicos
buenos” en una película especial, porque los chavales de esa edad no hablan ni
se comportar como los protagonistas de “Cuenta conmigo”, los chavales de esa
edad hablan sobre follar, sobre masturbación y tetas, y de eso es precisamente
de lo que no paran de hablar los protagonistas de “Chicos buenos” —también de
drogas—. Pero no se han ido a lo fácil; no es que pongan a unos chicos a hablar
de follar durante hora y media; Son niños y como tales tienen sus inquietudes
sexuales, pero también saben bastante poco de la vida, por lo que tienden a
decir mal palabras como “orgía”, a confundir los artilugios sexuales del padre
de uno de ellos con armas, o a no entender conceptos como el feminismo, tan en
boga en estos momentos que vivimos. Incluso, uno de ellos asegura que un tampón es un palo que
se meten las mujeres por el culo para no tener niños ¡hilarante! Y es justo en
esa combinación de ingenuidad y sexualidad donde se encuentra la brillantez y
la originalidad de esta película. Por lo menos yo no había visto nunca nada
parecido.
La sinopsis es sencilla; nuestros tres chicos de suburbio periférico son
invitados a una fiesta de besos a la que va a asistir la chica que le gusta a Max,
uno de nuestros protagonistas, cuando caen en la cuenta de que ninguno de los
tres saben besar y en el caso de que a alguno le toque besar a una chica, van a
ser el hazmerreír de la fiesta. La vecina adolescente de Max ya se da el lote
con el novio, por lo que, este, haciendo caso omiso de su padre que le tiene
terminantemente prohibido tocarlo, usa un dron para espiar a la chica y así ver como se besa.
La mala suerte se cierne sobre estos chicos cuando la vecina atrapa el dron, se
lo queda y estos deciden ir a recuperarlo; esta se negará y, en represalia,
otro de nuestros chicos, Thor, le robará el bolso a la chica, un bolso que
contiene un frasco de Molly, una droga de diseño. Y en torno a la recuperación
del dron de papá y del frasco de Molly, los chavales vivirán toda clase de
aventuras sin salir, apenas, del barrio residencial en el que viven.
Simpática, valiente, tremendamente divertida, y con el inevitable sello
Rogen/Goldberg, aunque solo se dediquen a producir. Yo creo que esta es una de
las comedias más inteligentes de los últimos años.
La controversia se generó, más que por la involucración de niños con sexo y
drogas en la película, cuando se filtraron en la prensa unas fotos que mostraban
al doble del actor negro Keith L. Williams. Este sustituto, era un blanco
pintado con betún. Al respecto, Seth Rogen hizo un comunicado dejando claro que
no era consciente de esa situación, que rápidamente le puso remedio y que en
ninguna más de sus producciones volvería a pasar algo parecido.
Dirigen la película los debutantes Gene Stupnisky y Lee Eisenberg, aunque
por motivos desconocidos, el segundo de ellos solo aparece acreditado como
co-guionista y en ningún momento como co-director.
Altamente recomendable.
Y sí… en una escena uno de los chavales se mete una raya de cocaína. No les
digo en qué contexto, por supuesto.
lunes, 15 de julio de 2019
ABSURDO MUNDO
“Absurdo mundo” es un extraño mondo surgido a raíz de los
primeros títulos del género en los 60, que producida a dos manos entre Italia y
EUA (cuya versión estrenada tres años después de la italiana, en 1967 es la que estoy reseñando) cuenta con la
dirección de Roberto Bianchi por la parte italiana y de un auténtico manazas
por la americana, el director de bonito nombre, Albert T. Viola, un exploiter
de los de tomo y lomo cuyo cenit es una película del subgénero “Southern Fried”
titulada “Preacherman” sobre un individuo que se hace pasar por predicador para
ver si puede tirarse a una muchacha. Un film insufrible.
Distribuida en los USA bajo el título de “A Fool’s World”
(el original es el también bonito “Mondo Balordo”) por la mítica Crown
International Pictures, productora responsable de un buen número de sex
comedies de baja alcurnia y máxima diversión en los 80, ponía en el mapa
americano de los drive in y los cines de barrio un género sensacionalista y
totalmente manipulado como es el mondo. Más allá de esto, básicamente la
película, sigue la premisa de mostrar al espectador comportamientos humanos
extraños, ya sean sexuales, ociosos, costumbristas o raciales, limitándose a
hacer una mixtura de imágenes impactantes, cada una de su padre y de su madre y
pertenecientes a otros documentales, a la que se le añade una parte de película
original rodada para la ocasión. Nada nuevo en el horizonte, ni nada que no se
nos hubiera mostrado con anterioridad (y mejor) de la mano de Gualterio
Jacopetti y Franco Prosperi en la mítica “Este perro mundo” o cualquiera de los
posteriores mondos estrenados en los cines durante los 70 y 80, algunos de
ellos inmerecidamente populares. “Absurdo mundo” peca de ingenua en muchos
aspectos, y salvo por algunas imágenes pertenecientes a algún documental sobre África
en el que algunos animales salen mal parados —motivo más que suficiente para no
verla— es hasta light, ya que no muestra la crueldad que, en cambio, otros
títulos si que muestran, ni se recrea en los asesinatos y ejecuciones humanas.
Sin embargo, eso es consecuencia del toque americano que dota al film de ese
tono kitsch, y tan solo sería un mondo más del montón de no ser por un pequeño
detalle: Boris Karloff, en el ocaso de su carrera, con setenta y tantos años,
rodaba películas como ánima en pena, con lo cual, hizo un buen montón de
películas, algunas de las peores y, también, de las mejores de su filmografía.
No decía que no a nada y es por esto que su nombre aparece en esta película. Es
el encargado de ponerle la voz en off a las impactantes imágenes de las que
somos testigos. Sin importar que era, Karloff aceptó hacer este trabajo. Una
intervención menor para él, pero que le da algo de pompa a esta película,
siendo quizás uno de los mondos preferidos por los aficionados y los neófitos
del subgénero, solo porque Karloff lee las rimbombantes frases que acompañaran
a las extrañas imágenes de relaciones sexuales entre enanos, numeritos
musicales de travestís, lucha libre femenina, rituales de tribus africanas,
exhibición de tullidos y contrahechos y, en definitiva, ese festival de lo
macabro y lo amarillo a lo que nos tiene acostumbrados el mondo. Por lo demás,
un producto de lo más flojo y, cuando se pone desagradable, muy desagradable.
Obviamente, Karloff solo aparece en la versión americana, la de Albert T.
Viola. La italiana, no deja de ser más que un mondo al uso que no consiguió
sostenerse por si mismo.
Dicen los más viejos del lugar, que hubo salas que
exhibieron esta cinta en su momento en España. A mí no me consta y lo único que
puede probar la veracidad de esto, es que en IMDB está registrado el título
castellano, no habiendo datos al respecto en la web del ministerio de cultura.
Pero aquí en España el genero mondo se estrenaba en salas y pegaba, por lo que
no me extrañaría ni lo mas mínimo que la película hubiera llegado a nuestros
cines. En vídeo, no sabría decirles.
Solo para curiosos.
martes, 23 de julio de 2024
DE NATURALEZA VIOLENTA
Un título tan molón como “De naturaleza violenta” me hacía presagiar que escondía una película buena. Sin embargo, superó mis expectativas, porque esto es un slasher a priori de lo más trillado, una consecuencia por parte del director, Chris Nash —que debuta en el largometraje, aunque es un estupendo artesano de los efectos especiales proveniente del mundo del corto—, de recrear los visionados de su juventud concibiendo un psycho killer tan inspirado en Jason Voorhees que roza el plagio; retrasado mental, resucita en forma de cadáver putrefacto (como Jason a partir de la sexta entrega), de tamaño corpulencia y fuerza similar, e incluso vestimentas muy parecidas. Lo único que tiene nuevo para diferenciarlo es una máscara de bombero en lugar de una de hockey. Para evidenciar el homenaje, se cuenta en el reparto con la presencia de Lauren-Marie Taylor, una de las víctimas de Jason en “Viernes 13, 2ª Parte”. Y para hacerlo más clichoso, encima se trata de una producción canadiense, muy dada en su fuero a exportar tanto sex comedies como slashers. Entonces tenemos aquí una actualización del slasher ochentero en toda regla. Pasa también, que Chris Nash es, además, seguidor del cine arthouse y, más concretamente, del que muestra gente andando, de “Elephant” de Gus Van Sant y de los árboles filmados durante horas de Terrence Malick. Del cine contemplativo en definitiva. Y no se le ocurre otra cosa que adaptar las maneras de este al slasher, que por norma general está filmado y montado de manera clásica y ordenada ¿El resultado de semejante mezcla? Pues lo mejor de ambos mundos. Largos paseos por el bosque por parte del asesino se entremezclan con los asesinatos más cafres que he visto en una pantalla. Y como tienden a gustarme los paseos filmados y tiende a gustarme el slasher clásico, la combinación me ha resultado de lo más refrescante, casi tanto como desasosegante. Porque la sinopsis no tiene mucha ciencia: Unos campistas despiertan el cadáver de un individuo que se levantará de su tumba en busca de un medalloncito que, siendo niño, le regaló su padre. Decidido a recuperarlo, campará a sus anchas por el follaje, destrozando a todo aquel que se cruce en su camino, mayormente mastuerzos de vidas insulsas que en las hogueras de rigor contarán la historia de Johnny, nuestro protagonista, con el fin de asustar a las chicas. Lo realmente fascinante es que esos personajes que se instalan y divierten en el bosque, están en un segundo plano y solo somos testigos de sus historias cuando el asesino se topa con ellos, la mayoría de las veces a cierta distancia hasta que logra aproximarse. Porque solo son carnaza para ser asesinada y sus problemas de lesbianismo o arrogancia no nos importan ni a nosotros los espectadores, ni al asesino, y porque la cámara se mantiene siempre a las espaldas de este, captando tan solo su punto de vista, hasta que eventualmente se rompe ese ritmo instaurado para pasar a una narración estándar muy breve, que sirve para dar datos concretos sobre las víctimas al espectador. Cuando este ya los tiene asumidos, la cámara vuelve a su sitio, que es al lado del asesino.
A eso hay que sumarle una filmación al estilo documental, la ausencia de música incidental y un realismo atroz; cuando a uno le dan un hachazo en la cabeza, apenas si tiene tiempo para reaccionar. Eso es lo que pasa en los asesinatos que nos muestra “De naturaleza violenta”, estos son salvajes y muy, muy silenciosos, casi tanto como brutales.
Así pues, “De naturaleza violenta”, que despierta tantas pasiones como odios a lo largo y ancho del mundo —no es de extrañar porque no es una película fácil. Y por supuesto, no es divertida, ni mucho menos entretenida— se convirtió en la sensación de los pases golfos del festival de Sundance desde el que despegó, dando su salto a las salas comerciales, donde ha recaudado tres millones de dólares en su primera semana de exhibición, una pasta para una película de estas características.
Pronto llegará a las plataformas, de hecho lleva el logo de Shudder en sus créditos, pero de momento podemos disfrutarla en cine de nuestro país, donde casi es una anécdota que haya llegado a estrenarse.
Cruel, lenta, asalvajada y distinta a cualquier película de terror de las que pueblan ahora nuestras pantallas, por lo que a mí respecta “De naturaleza violenta” es la mejor en su género de lo que llevamos de año, y Chris Nash un director a tener a cuenta… si no se nos estropea como Eli Roth, como Ti West, como…
Muy recomendable, eso sí, para espectadores pacientes.
A eso hay que sumarle una filmación al estilo documental, la ausencia de música incidental y un realismo atroz; cuando a uno le dan un hachazo en la cabeza, apenas si tiene tiempo para reaccionar. Eso es lo que pasa en los asesinatos que nos muestra “De naturaleza violenta”, estos son salvajes y muy, muy silenciosos, casi tanto como brutales.
Así pues, “De naturaleza violenta”, que despierta tantas pasiones como odios a lo largo y ancho del mundo —no es de extrañar porque no es una película fácil. Y por supuesto, no es divertida, ni mucho menos entretenida— se convirtió en la sensación de los pases golfos del festival de Sundance desde el que despegó, dando su salto a las salas comerciales, donde ha recaudado tres millones de dólares en su primera semana de exhibición, una pasta para una película de estas características.
Pronto llegará a las plataformas, de hecho lleva el logo de Shudder en sus créditos, pero de momento podemos disfrutarla en cine de nuestro país, donde casi es una anécdota que haya llegado a estrenarse.
Cruel, lenta, asalvajada y distinta a cualquier película de terror de las que pueblan ahora nuestras pantallas, por lo que a mí respecta “De naturaleza violenta” es la mejor en su género de lo que llevamos de año, y Chris Nash un director a tener a cuenta… si no se nos estropea como Eli Roth, como Ti West, como…
Muy recomendable, eso sí, para espectadores pacientes.
viernes, 20 de julio de 2018
THAT'S SEXPLOITATION!
El entrañable Frank Henenlotter, fan de todo tipo de
subgéneros, es un tipo inquieto y creativo. Así que es capaz de crear desde
cero sin mucha preproducción ni ideas
previas. Así, y formando Henenlotter parte del staff de Something Weird Video,
y teniendo, por una parte, acceso al increíble catálogo de la distribuidora y
también acceso a una entrevista bien extensa que se le hizo a David F. Friedman
apenas un año antes de que falleciese, se saca de la manga un documental de
casi dos horas y media de duración, dedicado a una de las corrientes
cinematográficas peor vistas y más ninguneadas de cuantas existen; el
sexploitation. Para ello graba nuevo material en el que, con intención ya de
hacer el documental, Henenlotter, hace las veces de maestro de ceremonias,
haciéndose acompañar de una señorita de buen ver, un tanto ajada, que no duda
en hacer girar unos flequillos al ritmo alborotado de los movimientos
circulares de sus tetas. Frank
Henenlotter introduce a Friedman y este comenzará a parlotear de la historia
del sexploitation desde sus inicios en el cine mudo hasta su desaparición en
los años setenta con la llegada —y legalización— del porno duro.
Entre medias, veremos toneladas de escenas de las películas
a las que hace mención Friedman, mientras que en algunos momentos, Henenlotter
hace comentarios jocosos y chascarrillos sobre algunas de las imágenes que
estamos viendo.
En su discurso, Friedman, le pasa factura a todas las
variantes del sexploit, a saber; Shots, Nudies, Roughies, Sex comedies… Digamos
que es un documental de lo más completito.
Sin embargo se queda absolutamente cojo porque en lugar de
condensar todo en una hora y poco, que es lo que el documental pide,
Henenlotter, sin pedirle cuentas a nadie al respecto, se empeña en mostrarnos,
escenas y escenas, trailers y trailers, montajes y montajes… tantísimo material
del catálogo Something, que al final colapsa las partes interesantes. Por otro
lado, el documental es de una linealidad exasperante, ya que vemos todo el rato
lo mismo, en el mismo tono y con el mismo ritmo. Antes de las dos horas el
espectador ya está hasta los cojones de jamonas cincuenteras y sesenteras. Es
un coñazo. Quizás, si se hubiera montado solo la entrevista a David F.
Friedman, igual hubiese sido mejor la cosa… pero así, como ha quedado, resulta
de lo más plomizo. Casi mejor ver uno de esos recopilatorios de trailers que de
vez en cuando edita Something Weird.
Un rollo, pero, tras verlo, me queda esa sensación positiva
de que al final, Frank Henenlotter, ha hecho lo que le ha salido de los
mismísimos huevos. Y eso sí me gusta.
Échenle un ojo, que tampoco pasa nada.
viernes, 27 de noviembre de 2020
CHECHU Y FAMILIA
De Heredia hace un paréntesis en sus películas-vehículo para humoristas, para confeccionar una de verdad y demostrar una solvencia y un buen hacer a prueba de balas y, de paso, tapar la boca de aquellos que pudieran pensar que no sabía hacer cine más allá de registrar en imágenes las patochadas del cómico de turno. Aunque bueno, según para quién, “Chechu y familia” también sería una puta mierda.
Aunque para mi, sin duda, sería la mejor película del director. Claro que, probablemente, la culpa la tiene Rafael Azcona que le escribe el guion, basándose en un cuento propio del que el De Heredia se enamoró. Y, ya saben “con buena picha bien se jode”.
Un matrimonio pudiente se marcha de vacaciones dejando en su domicilio, un chalet con piscina, a su hijo Chechu, que ha suspendido y se ha de quedar estudiando, al abuelo, al tío del chaval, y al servicio, compuesto de criada, cocinera y jardinero. Por un lado Chechu lo que quiere es tener sexo con la criada, con el hándicap de que mientras que ella ronda los treinta años de edad, él cuenta con tan solo trece. El acoso al que, de buena gana, es sometida la muchacha por el menor, formaría el grueso del argumento, secundado este por las subtramas que nos presentan al abuelo cascarrabias que fuma a escondidas y hace las necesidades en el servicio de su hijo y su nuera, el tío obeso incapaz de seguir el régimen que le han asignado, o los problemillas con personajes externos, como el novio de la criada, que arma un pifostio al intuir que esta se acuesta con el “señorito” de la casa.
Con tono de vodevil, que por momentos roza el sainete, pero todo ello servido de la manera más contemporánea posible, “Chechu y familia” resulta ser una comedia al más puro estilo españolada clásica, con personajes que entran y salen del cuadro de la acción, pero situando esta en un único escenario —en ese caso el chalet— como si de una película de Ozores se tratara, si bien es cierto que, tal vez involuntariamente, también muestra elementos afines a las genuinas "sex comedies" americanas (en esa vertiente que desciende directamente de “El Graduado”) en cuanto a que el protagonista es un adolescente que trata por todos los medios perder su virginidad con la criada (si lo consigue o no… al final de la película se desvela), con planos referenciales que recuerdan por ejemplo a “Risky Business” —Chechu luciendo gafas de sol "Rayban" parece calcado de la película interpretada por Tom Cruise— y ramalazos humorísticos también deudores de la comedia adolescente americana.
Por otro lado, el guion impecable y una velocidad que no da tregua durante los escasos ochenta minutos de metraje, hacen de “Chechu y familia” la mejor de las comedias de corte popular de los noventa, cuando el estilo que parece cultivar aquí Álvaro Sáenz de Heredia, estaba ya muerto y enterrado.
El elenco le va a la zaga. César Lucendo, actor adolescente resultón, ejecuta sus labores con total convicción, dándole al personaje ese rollito cabrón y macarrilla que necesita, amén del toquecito repelente que hace que Chechu, aun pudiéndose el espectador sentirse identificado, acabe cayendo un poquito mal. A pesar de que el chaval está francamente bien, Lucendo no tuvo a posteriori la suerte que merecía, interpretando después pequeños papelitos en películas menores o episódicos en toda suerte de series de televisión. Le secundan un obvio Fernando Fernán Gómez al cual da gusto ver y oír, una Neus Asensi con hambre de notoriedad, consiguiendo una pizpireta criada andaluza (siendo catalana) y demostrando ser mejor actriz en esta época que unos años después, cuando obtuvo mayor popularidad y su anatomía parecía un muestrario operaciones estéticas. También memorables resultan Amparo Moreno como la cocinera que da sus “alegrías” a más de un habitante de esa casa, Luis Lorenzo en su papel de eterno mariquita, o Emilio Mellado como comedor compulsivo y estúpido chivato. Antonio Flores ejerciendo de secundario, se prodiga en esta película como un cómico nato —e involuntario—, que es el contrapunto humorístico al caos anárquico que reina en el chalet donde todo se desarrolla, dándonos un par de gags slapstick tronchantes (¡cómo se cae de la moto al vacilar haciendo un caballito el muy cabrón!). Esperanza Roy, muy desaprovechada, hace acto de presencia, sin más.
Amena, divertida, descarada e incluso excitante en algunos momentos (da, sin ninguna duda, para paja), yo creo que merece la pena acercarse a ella. Sin embargo, no fue demasiado bien en taquilla: Solo asistieron 118.000 espectadores a verla en los cines.
Aunque para mi, sin duda, sería la mejor película del director. Claro que, probablemente, la culpa la tiene Rafael Azcona que le escribe el guion, basándose en un cuento propio del que el De Heredia se enamoró. Y, ya saben “con buena picha bien se jode”.
Un matrimonio pudiente se marcha de vacaciones dejando en su domicilio, un chalet con piscina, a su hijo Chechu, que ha suspendido y se ha de quedar estudiando, al abuelo, al tío del chaval, y al servicio, compuesto de criada, cocinera y jardinero. Por un lado Chechu lo que quiere es tener sexo con la criada, con el hándicap de que mientras que ella ronda los treinta años de edad, él cuenta con tan solo trece. El acoso al que, de buena gana, es sometida la muchacha por el menor, formaría el grueso del argumento, secundado este por las subtramas que nos presentan al abuelo cascarrabias que fuma a escondidas y hace las necesidades en el servicio de su hijo y su nuera, el tío obeso incapaz de seguir el régimen que le han asignado, o los problemillas con personajes externos, como el novio de la criada, que arma un pifostio al intuir que esta se acuesta con el “señorito” de la casa.
Con tono de vodevil, que por momentos roza el sainete, pero todo ello servido de la manera más contemporánea posible, “Chechu y familia” resulta ser una comedia al más puro estilo españolada clásica, con personajes que entran y salen del cuadro de la acción, pero situando esta en un único escenario —en ese caso el chalet— como si de una película de Ozores se tratara, si bien es cierto que, tal vez involuntariamente, también muestra elementos afines a las genuinas "sex comedies" americanas (en esa vertiente que desciende directamente de “El Graduado”) en cuanto a que el protagonista es un adolescente que trata por todos los medios perder su virginidad con la criada (si lo consigue o no… al final de la película se desvela), con planos referenciales que recuerdan por ejemplo a “Risky Business” —Chechu luciendo gafas de sol "Rayban" parece calcado de la película interpretada por Tom Cruise— y ramalazos humorísticos también deudores de la comedia adolescente americana.
Por otro lado, el guion impecable y una velocidad que no da tregua durante los escasos ochenta minutos de metraje, hacen de “Chechu y familia” la mejor de las comedias de corte popular de los noventa, cuando el estilo que parece cultivar aquí Álvaro Sáenz de Heredia, estaba ya muerto y enterrado.
El elenco le va a la zaga. César Lucendo, actor adolescente resultón, ejecuta sus labores con total convicción, dándole al personaje ese rollito cabrón y macarrilla que necesita, amén del toquecito repelente que hace que Chechu, aun pudiéndose el espectador sentirse identificado, acabe cayendo un poquito mal. A pesar de que el chaval está francamente bien, Lucendo no tuvo a posteriori la suerte que merecía, interpretando después pequeños papelitos en películas menores o episódicos en toda suerte de series de televisión. Le secundan un obvio Fernando Fernán Gómez al cual da gusto ver y oír, una Neus Asensi con hambre de notoriedad, consiguiendo una pizpireta criada andaluza (siendo catalana) y demostrando ser mejor actriz en esta época que unos años después, cuando obtuvo mayor popularidad y su anatomía parecía un muestrario operaciones estéticas. También memorables resultan Amparo Moreno como la cocinera que da sus “alegrías” a más de un habitante de esa casa, Luis Lorenzo en su papel de eterno mariquita, o Emilio Mellado como comedor compulsivo y estúpido chivato. Antonio Flores ejerciendo de secundario, se prodiga en esta película como un cómico nato —e involuntario—, que es el contrapunto humorístico al caos anárquico que reina en el chalet donde todo se desarrolla, dándonos un par de gags slapstick tronchantes (¡cómo se cae de la moto al vacilar haciendo un caballito el muy cabrón!). Esperanza Roy, muy desaprovechada, hace acto de presencia, sin más.
Amena, divertida, descarada e incluso excitante en algunos momentos (da, sin ninguna duda, para paja), yo creo que merece la pena acercarse a ella. Sin embargo, no fue demasiado bien en taquilla: Solo asistieron 118.000 espectadores a verla en los cines.
martes, 25 de noviembre de 2025
VEGAS PARTY
“Vegas Party” es un título inventado por los distribuidores españoles sin mucha razón de ser. Tampoco la tiene que a esta película se la conozca de dos modos distintos fuera de nuestras fronteras —y cualquiera es mejor que el que le pusieron aquí—. “Vegas Baby” es el título con el que se estrenó la película en salas de Reino Unido y Australia. Uno que los distribuidores americanos tenían guardado en la manga hasta que no le vieron rentabilidad a la película en su estreno europeo y, en consecuencia, decidieron que en los USA era mejor lanzarla directa a vídeo. Así, maniobraron de forma no del todo honesta, y tiraron por la borda lo de “Vegas Baby” para ponerle uno que, por lo menos, les permitiera vender muchos DVDs; “Bachelor Party Vegas”. ¿Posible intención de los distribuidores? que el público la tomara por una secuela de “Despedida de soltero”. Pero en 2006 el personal ya no era tan ingenuo como para picar con una estratagema de esa clase.
En España, que se editó igualmente solo en vídeo, se tituló “Vegas Party”. Ni tan siquiera hubo imaginación para explotar un poco el asunto bautizándola, por ejemplo, “Despedida de soltero 3: Ahora en Las Vegas”. Por lo menos su mera existencia hubiera tenido más gracia.
Y aunque parezca una mera consecuencia de “Resacón en Las Vegas", en realidad esta película es unos años anterior, de 2006, y en todo caso sería deudora de la moda sobre películas de despedidas de soltero de la que fue víctima la década de 00, e iniciada por la estupenda “Juerga de solteros” que, a su vez, existe como consecuencia de aquella obra maestra de las “bachelor movies” como es la anteriormente mencionada "Despedida de soltero".
La cosa es sencilla: Un grupo de amigos se van a Las Vegas a celebrar la despedida de uno de ellos, y bajo cumplimiento de las normas de las mismas —que vienen a ampliar el dicho americano “lo que pasa en Las Vegas, se queda en Las Vegas”— la intención de estos es desfasar lo máximo posible, hasta los límites de la legalidad. Así, se convertirán en los principales sospechosos de un asesinato cometido en el rodaje de una película porno. Lo común y corriente en este tipo de películas, de no ser por un estúpido giro argumental durante los últimos cinco minutos que no se puede desvelar. Por supuesto, al final del evento se lanza un discursito enarbolando la amistad y los valores, como solo los americanos saben hacer.
Por una serie de burocracias, a pesar del despliegue y lo —más o menos— enrevesado de la trama, tan solo le concedieron al equipo 16 días para rodar la película, un tiempo más que ajustado para una producción de estas características, pero la producción salió a flote y fue terminada.
Floja. No llega a aburrir pero una vez concluso el visionado el espectador se queda con la sensación de no haber visto nada. Intrascendente. Sosa. Ver y olvidar.
Aunque en las “bachelor movies” genéricas suele haber individuos de todas las edades, en “Vegas Party” los protagonistas son jovencitos, veinteañeros, lo que permite que la película contenga situaciones propias de las “teen sex comedies” y, por tanto, el elenco esté cuajado de rostros populares del cine adolescente de la década de dos mil. Así, Kal Penn lleva la batuta adjudicándose las secuencias de calado más cómico, secundado por otros habituales, pero menos populares, como Jonathan Bennet, Donald Faison, Charlie Talbert y Aaron Hilmelstein.
En la parte adulta, Jaime Persly, musa de la comedia “teen” de aquellos años, aquí se interpreta a sí misma en una simpática colaboración en la que, igualmente, se la presenta como musa de la comedia “teen” (valgan todas las redundancias). Diminuto sería el papel que nos ofrece Vincent Pastore, al que todos hemos visto en films como “Uno de los nuestros” y el toque erótico-escatológico lo pone la inconmensurable hermana del productor Robert Shaye, Lin Shaye, haciendo de una stripper muy deudora de lo que ya hiciera con los hermanos Farrelly en “Vaya par de idiotas”.
Para Eric Bernt, guionista de los mayores bodrios que se puedan imaginar (“Los Inmortales: Juego final” entre otros), “Vegas Party” sería su única película como director.
En España, que se editó igualmente solo en vídeo, se tituló “Vegas Party”. Ni tan siquiera hubo imaginación para explotar un poco el asunto bautizándola, por ejemplo, “Despedida de soltero 3: Ahora en Las Vegas”. Por lo menos su mera existencia hubiera tenido más gracia.
Y aunque parezca una mera consecuencia de “Resacón en Las Vegas", en realidad esta película es unos años anterior, de 2006, y en todo caso sería deudora de la moda sobre películas de despedidas de soltero de la que fue víctima la década de 00, e iniciada por la estupenda “Juerga de solteros” que, a su vez, existe como consecuencia de aquella obra maestra de las “bachelor movies” como es la anteriormente mencionada "Despedida de soltero".
La cosa es sencilla: Un grupo de amigos se van a Las Vegas a celebrar la despedida de uno de ellos, y bajo cumplimiento de las normas de las mismas —que vienen a ampliar el dicho americano “lo que pasa en Las Vegas, se queda en Las Vegas”— la intención de estos es desfasar lo máximo posible, hasta los límites de la legalidad. Así, se convertirán en los principales sospechosos de un asesinato cometido en el rodaje de una película porno. Lo común y corriente en este tipo de películas, de no ser por un estúpido giro argumental durante los últimos cinco minutos que no se puede desvelar. Por supuesto, al final del evento se lanza un discursito enarbolando la amistad y los valores, como solo los americanos saben hacer.
Por una serie de burocracias, a pesar del despliegue y lo —más o menos— enrevesado de la trama, tan solo le concedieron al equipo 16 días para rodar la película, un tiempo más que ajustado para una producción de estas características, pero la producción salió a flote y fue terminada.
Floja. No llega a aburrir pero una vez concluso el visionado el espectador se queda con la sensación de no haber visto nada. Intrascendente. Sosa. Ver y olvidar.
Aunque en las “bachelor movies” genéricas suele haber individuos de todas las edades, en “Vegas Party” los protagonistas son jovencitos, veinteañeros, lo que permite que la película contenga situaciones propias de las “teen sex comedies” y, por tanto, el elenco esté cuajado de rostros populares del cine adolescente de la década de dos mil. Así, Kal Penn lleva la batuta adjudicándose las secuencias de calado más cómico, secundado por otros habituales, pero menos populares, como Jonathan Bennet, Donald Faison, Charlie Talbert y Aaron Hilmelstein.
En la parte adulta, Jaime Persly, musa de la comedia “teen” de aquellos años, aquí se interpreta a sí misma en una simpática colaboración en la que, igualmente, se la presenta como musa de la comedia “teen” (valgan todas las redundancias). Diminuto sería el papel que nos ofrece Vincent Pastore, al que todos hemos visto en films como “Uno de los nuestros” y el toque erótico-escatológico lo pone la inconmensurable hermana del productor Robert Shaye, Lin Shaye, haciendo de una stripper muy deudora de lo que ya hiciera con los hermanos Farrelly en “Vaya par de idiotas”.
Para Eric Bernt, guionista de los mayores bodrios que se puedan imaginar (“Los Inmortales: Juego final” entre otros), “Vegas Party” sería su única película como director.
viernes, 2 de febrero de 2024
ME GUSTAN LAS PELIS
Película canadiense indie y festivalera ganadora de mogollón de premios que, a grandes rasgos, se deja ver. Está entretenida y no hace ningún tipo de aspaviento, pero, según va avanzando, cae antipática. Porque es tan indie, la historia que cuenta es tan de las películas indies, la estética que se gasta es tan indie —incluso la época en la que se ambienta la película es indie (el año 2002) —, que, al final, por exceso de “indismo”, más que una película indie parece una parodia del cine indie.
Un adolescente obeso, con serios problemas sociales y obsesionado con el cine, decide que quiere estudiar dirección cinematográfica en Nueva York. Para ello necesita 90.000 dólares que cree conseguirá trabajando en el que, por otro lado, es un puesto de trabajo ideal para él: un videoclub de franquicia al estilo de Blockbuster, llamado Secuelas. Allí entabla una extraña relación con su encargada, una treintañera sin demasiada suerte. El gran ego del muchacho, y su idea de estudiar cine, le llevará a tomar un par de decisiones no muy inteligentes, y perder al único amigo que tiene. Y poco más… una película minimalista concebida muy al gusto de los hipsters, quizás porque su directora, la debutante Chandler Levack, también lo sea.
"Me gustan las pelis" se basa en momentos autobiográficos de Levack, de cuando de adolescente trabajó en un videoclub, y utiliza a un joven gordo para que haga de sí misma, porque según ella así escapa del estereotipo de directora que solo cuenta historias por y para mujeres. Y en un principio podría colar, si no fuera porque el discurso femenino que podíamos esperar de una directora de estas características lo pone en boca de la encargada del videoclub, así que al final, Levack responde al estereotipo del que dice huir, porque solo lo camufla poniendo a un gordo purulento en primera línea y dando su discurso a un personaje secundario.
Al margen de eso, es muy curioso cómo uno parece empatizar con una película por su temática y título y poco a poco se va poniendo en su contra. Y es que el protagonista, el obeso resabiado y obsesivo encarnado por Isaiah Lehtinen, cae gordo, gordísimo, casi dan ganas de matarlo. En el afán de la directora por conseguir un carácter muy particular (un híbrido entre un nerd y un pedante), una vez más, como si fuera una parodia, parece que ha pedido prestado a Wes Anderson uno de sus personajes. “Me gustan las pelis” no acaba siendo odiosa, pero le falta muy poquito.
Tiene gracia que, siendo el film canadiense, esté financiado por Telefilm Canadá, a través de unas ayudas que dan a cineastas emergentes. Como si fueran subvenciones, vaya. Lo mismo que pasaba en los años 70 y 80 con las películas de terror o sex comedies que se aprovechaban de este tipo de ayudas rodando como un churrero hace churros, por lo que podíamos decir que, de no ser por la época en la que estamos, “Me gustan las pelis” encajaría como película canuxploitation (¡Ja!).
A destacar la intervención de Romina D’Ugo, la actriz que interpreta a la encargada del videoclub. Con un ligero aire a Demi Moore de jovencita, no solo me ha gustado mucho su presencia en pantalla, su forma calmada de interpretar, sino que me parece una de las mujeres más bellas que se puede ver hoy en día en una película. Lástima que se prodigue poco. Como el cine canadiense en general.
Un adolescente obeso, con serios problemas sociales y obsesionado con el cine, decide que quiere estudiar dirección cinematográfica en Nueva York. Para ello necesita 90.000 dólares que cree conseguirá trabajando en el que, por otro lado, es un puesto de trabajo ideal para él: un videoclub de franquicia al estilo de Blockbuster, llamado Secuelas. Allí entabla una extraña relación con su encargada, una treintañera sin demasiada suerte. El gran ego del muchacho, y su idea de estudiar cine, le llevará a tomar un par de decisiones no muy inteligentes, y perder al único amigo que tiene. Y poco más… una película minimalista concebida muy al gusto de los hipsters, quizás porque su directora, la debutante Chandler Levack, también lo sea.
"Me gustan las pelis" se basa en momentos autobiográficos de Levack, de cuando de adolescente trabajó en un videoclub, y utiliza a un joven gordo para que haga de sí misma, porque según ella así escapa del estereotipo de directora que solo cuenta historias por y para mujeres. Y en un principio podría colar, si no fuera porque el discurso femenino que podíamos esperar de una directora de estas características lo pone en boca de la encargada del videoclub, así que al final, Levack responde al estereotipo del que dice huir, porque solo lo camufla poniendo a un gordo purulento en primera línea y dando su discurso a un personaje secundario.
Al margen de eso, es muy curioso cómo uno parece empatizar con una película por su temática y título y poco a poco se va poniendo en su contra. Y es que el protagonista, el obeso resabiado y obsesivo encarnado por Isaiah Lehtinen, cae gordo, gordísimo, casi dan ganas de matarlo. En el afán de la directora por conseguir un carácter muy particular (un híbrido entre un nerd y un pedante), una vez más, como si fuera una parodia, parece que ha pedido prestado a Wes Anderson uno de sus personajes. “Me gustan las pelis” no acaba siendo odiosa, pero le falta muy poquito.
Tiene gracia que, siendo el film canadiense, esté financiado por Telefilm Canadá, a través de unas ayudas que dan a cineastas emergentes. Como si fueran subvenciones, vaya. Lo mismo que pasaba en los años 70 y 80 con las películas de terror o sex comedies que se aprovechaban de este tipo de ayudas rodando como un churrero hace churros, por lo que podíamos decir que, de no ser por la época en la que estamos, “Me gustan las pelis” encajaría como película canuxploitation (¡Ja!).
A destacar la intervención de Romina D’Ugo, la actriz que interpreta a la encargada del videoclub. Con un ligero aire a Demi Moore de jovencita, no solo me ha gustado mucho su presencia en pantalla, su forma calmada de interpretar, sino que me parece una de las mujeres más bellas que se puede ver hoy en día en una película. Lástima que se prodigue poco. Como el cine canadiense en general.
viernes, 9 de julio de 2021
EL SEDUCTOR
Empezaré esta reseña diciendo lo que, en pleno 2021, es ya un cliché: que “El seductor” es una película que sería imposible rodar hoy.
Pero en los 90, y deudoras directas de “El Graduado”, “My Tutor” y tantas otras sex comedies, era normal y corriente que en cine español se hicieran películas de iniciación sexual. Un par de años antes fue “Chechu y familia”, película que comparte con esta guionista (ambas están escritas por Rafael Azcona) y argumento —Un joven de 15 años hará lo imposible por follarse a una tía mayor que forma parte de su día a día— y, siendo prácticamente idénticas, lo único que cambian son las circunstancias. En “Chechu y familia” el chaval se queda prendado de la criada, en esta “El seductor”, el protagonista bebe los vientos por la lasciva (y con pinta de tener dos o tres venéreas de las chungas) vecina del chalet de al lado. Así, tenemos a Cosme, un quinceañero que tiene muy buenas notas y que se dispone a pasar las vacaciones con sus padres en algún lugar de la costa, cuando al chalet vecino llega un matrimonio que, de primeras, parece llevarse mal. Como fuera, desde la puerta del chalet de sus progenitores, Cosme queda prendado con la hembra de unos 35 años que, pizpireta, muestra cacha y escote. Como ve que, más o menos, la tipa traga, falsificará sus notas compuestas de nueves y dieces, para entregarles a sus padres un boletín lleno de suspensos, motivo por el cual no se podrá ir a la playa; se quedará en Madrid estudiando con un profesor particular. Obviamente, como el curso lo tiene aprobado, se pasará las clases por los huevos con el único fin de ver si se folla a la zorrupia de al lado. Para ello, el muchacho urdirá toda suerte de estratagemas para conseguir su lúdico objetivo. Y —spoiler— no solo lo consigue en un momento de debilidad de la libidinosa damisela, sino que, en consecuencia, su novia adolescente que días previos no le dejaba ni meterle mano, le ofrecerá su virgo sin problemas tras enterarse de que se ha tirado a una vieja calenturienta. No podía salirle mejor la cosa al puto mocoso. —fin del spoiler—.
Pues está entretenida la cosa. Sin más. Exactamente igual que con la cinta anterior con la que la comparamos, “Chechu y familia”, aunque ligeramente inferior. Sin embargo su inferioridad técnica y artística beneficia el resultado de la película con el paso de los años, por un lado, porque todos los actores están para matarlos y, por otro, porque se gastan todos los personajes unas pintas noventeras que provocan, sin duda, la hilaridad del respetable.
Así, tenemos en pantalla a un debutante Antonio Hortelano pre “Compañeros”, que ya era una colección de tics y gestos —y que por momentos recuerda, curiosamente, a Robert Carradine (¡manda cojones!)— que va para arriba y para abajo ingeniándoselas para que la vecina le haga caso, y tenemos a Maria Barranco, cuya presencia siempre me causa desasosiego y me parece una elección de casting de lo más fallida. Con ese aspecto yonki, delgada y de atributos anatómicos poco destacables, ese personaje pedía a gritos una tía buena. Porque, que quieren que les diga, la tercera en discordia, la novia adolescente de Cosme interpretada por una veinteañera Alicia Bogo, está infinitamente más buena que la escuchimizada de la Barranco… ¡No hay quien se crea que el protagonista prefiera a la vieja tísica antes que al bombón fresco y ternesco que es la novia! Aunque bueno, al final la cosa se reduce a una única cosa; darle gusto al pajarito y ahí, en un momento dado, da lo mismo ocho que ochenta.
Por lo general me encantan estas películas de chaval que se inicia en el sexo con una mujer madura y, “El Seductor”, que se ha quedado terriblemente anticuada, sirve para pasar una hora y media tonta sin mayores pretensiones. Hay que sentarse, dejarse llevar y disfrutar viendo si al final el mequetrefe se jode a la buscona. Luego apagamos el vídeo y nos vamos a dar una vuelta por ahí, que mañana ya nos olvidaremos de que existe una cosa llamada “El Seductor”.
Dirige José Luis García Sánchez, director español que me cae muy simpático pero cuya carrera es de lo más irregular.
Pero en los 90, y deudoras directas de “El Graduado”, “My Tutor” y tantas otras sex comedies, era normal y corriente que en cine español se hicieran películas de iniciación sexual. Un par de años antes fue “Chechu y familia”, película que comparte con esta guionista (ambas están escritas por Rafael Azcona) y argumento —Un joven de 15 años hará lo imposible por follarse a una tía mayor que forma parte de su día a día— y, siendo prácticamente idénticas, lo único que cambian son las circunstancias. En “Chechu y familia” el chaval se queda prendado de la criada, en esta “El seductor”, el protagonista bebe los vientos por la lasciva (y con pinta de tener dos o tres venéreas de las chungas) vecina del chalet de al lado. Así, tenemos a Cosme, un quinceañero que tiene muy buenas notas y que se dispone a pasar las vacaciones con sus padres en algún lugar de la costa, cuando al chalet vecino llega un matrimonio que, de primeras, parece llevarse mal. Como fuera, desde la puerta del chalet de sus progenitores, Cosme queda prendado con la hembra de unos 35 años que, pizpireta, muestra cacha y escote. Como ve que, más o menos, la tipa traga, falsificará sus notas compuestas de nueves y dieces, para entregarles a sus padres un boletín lleno de suspensos, motivo por el cual no se podrá ir a la playa; se quedará en Madrid estudiando con un profesor particular. Obviamente, como el curso lo tiene aprobado, se pasará las clases por los huevos con el único fin de ver si se folla a la zorrupia de al lado. Para ello, el muchacho urdirá toda suerte de estratagemas para conseguir su lúdico objetivo. Y —spoiler— no solo lo consigue en un momento de debilidad de la libidinosa damisela, sino que, en consecuencia, su novia adolescente que días previos no le dejaba ni meterle mano, le ofrecerá su virgo sin problemas tras enterarse de que se ha tirado a una vieja calenturienta. No podía salirle mejor la cosa al puto mocoso. —fin del spoiler—.
Pues está entretenida la cosa. Sin más. Exactamente igual que con la cinta anterior con la que la comparamos, “Chechu y familia”, aunque ligeramente inferior. Sin embargo su inferioridad técnica y artística beneficia el resultado de la película con el paso de los años, por un lado, porque todos los actores están para matarlos y, por otro, porque se gastan todos los personajes unas pintas noventeras que provocan, sin duda, la hilaridad del respetable.
Así, tenemos en pantalla a un debutante Antonio Hortelano pre “Compañeros”, que ya era una colección de tics y gestos —y que por momentos recuerda, curiosamente, a Robert Carradine (¡manda cojones!)— que va para arriba y para abajo ingeniándoselas para que la vecina le haga caso, y tenemos a Maria Barranco, cuya presencia siempre me causa desasosiego y me parece una elección de casting de lo más fallida. Con ese aspecto yonki, delgada y de atributos anatómicos poco destacables, ese personaje pedía a gritos una tía buena. Porque, que quieren que les diga, la tercera en discordia, la novia adolescente de Cosme interpretada por una veinteañera Alicia Bogo, está infinitamente más buena que la escuchimizada de la Barranco… ¡No hay quien se crea que el protagonista prefiera a la vieja tísica antes que al bombón fresco y ternesco que es la novia! Aunque bueno, al final la cosa se reduce a una única cosa; darle gusto al pajarito y ahí, en un momento dado, da lo mismo ocho que ochenta.
Por lo general me encantan estas películas de chaval que se inicia en el sexo con una mujer madura y, “El Seductor”, que se ha quedado terriblemente anticuada, sirve para pasar una hora y media tonta sin mayores pretensiones. Hay que sentarse, dejarse llevar y disfrutar viendo si al final el mequetrefe se jode a la buscona. Luego apagamos el vídeo y nos vamos a dar una vuelta por ahí, que mañana ya nos olvidaremos de que existe una cosa llamada “El Seductor”.
Dirige José Luis García Sánchez, director español que me cae muy simpático pero cuya carrera es de lo más irregular.
viernes, 25 de enero de 2019
PARADISE
Tras el éxito de la película de Randal Kleiser “El Lago
azul”, los canadienses en plena era del “Canuxploitation” deciden aprovechar el
tirón rodando una película que, salvo por las circunstancias que llevan a los
jóvenes protagonistas a un paraje paradisíaco, cuenta exactamente lo mismo que
el éxito Hollywoodiense. “Paradise” resulta ser un plagio malsano y descarado
de “El lago azul”, en el que se incrementan los elementos a explotar, así, se
aumentan las escenas de sexo hasta rozar el soft, y se busca una pareja
protagonista lo más parecida posible a la original, en este caso, el infame
Willie Aames y la pizpireta Phoebe Cates, que debutaba en el cine, tienen un
parecido bastante notable con los Christopher Atkins y Brooke Shields a los que
imitan. Para mayor parecido, se filma un amasijo de planos de los chavales
buceando en pelotas entre corales y peces exóticos. Ya tenemos un producto que
recuerde a otro para vender.
Eso sí, dónde “El lago azúl” es todo fotografía, en
“Paradise” son todo cutres decorados; dónde “El lago azúl” es todo banda
sonora, en “Paradise” la música parece compuesta con un Casio PT6 (sin incluir la poco adecuada
canción pop que se marca Pohebe Cates en la banda sonora); y si en “El lago azul”
no había tiempo para la comedia, aquí se incluyen un par de chimpancés: Uno de
ellos, el macho, se masturba compulsivamente delante de los jóvenes —para solaz
de ella y escándalo de él— y la hembra queda embarazada y cuando da a luz ¡pare
un mono adulto de otra especie! Supongo que no habría bebés de chimpancés
disponibles en el set, y con un orangutancillo que tendría por ahí el cuidador,
vamos servidos.
Al margen de todas estas deficiencias, para tratarse de una
versión barata de la de Kleiser, la cosa no está tan mal; entretiene y a fin de
cuentas no es mucho peor. También hay que tener presente que “El lago azul” no
deja de ser una película un tanto sobre valorada cuyo éxito se debe, en gran
medida, al morbo que pudiera causar entre el público el ver a dos adolescentes en pelotas toda la película,
en ver como a ella le baja la regla y, finalmente, en ver como follan. Pues
“Paradise” tiene todo eso en dosis mayores.
Por lo demás es estúpida; en plena época víctoriana, en
algún lugar de Bagdad (o por ahí), huyendo de un árabe esclavista, un par de
adolescentes acaban en un Oasis paradisíaco en medio del desierto y se quedan
allí. Esa es la excusa para que veamos como van descubriendo poco a poco su
sexualidad. Para darle vidilla, los hombres del esclavista de vez en cuando les
encuentran y ellos se las ingenian para escapar ¡sin marcharse del oasis!
Finalmente, y al igual que “En el lago azul”, ella queda preñada. Fin de la
historia.
Cuando estaban rodando, los actores, se quejaban al
productor porque dicen que no consideraban necesario ese exceso de escenas de sexo. Así que Aames y Cates se
negaron a rodar tantas como venían en el guion. Como los productores no
pudieron obligarles a rodar dichas escenas, contrataron a un par de dobles de
cuerpo que las hicieran. Aún así, a Phoebe Cates le vemos hasta las amígdalas
—motivo por el que es absurdo que se redujeran las escenas eróticas. Ya solo
con la incursión de un par de ellas, el resto es de recibo— y a Willie
Aames le vemos cortar el viento con su
nabo pendenciero al aire, o usarlo cual aleta de tiburón en el agua, tan
ricamente.
Aún cediendo la producción a las exigencias de reducción de
material erótico por parte de las estrellas, cuando estas vieron el montaje
final ninguno de los dos actores quedó contento y exigieron que la cinta se
sometiera a cortes, a lo que los productores dijeron qué, por supuesto, el
nivel de erotismo lo marcarían ellos y no dos actorcillos de mierda. Con todo,
se ve que la versión que les proyectaron a los actores era mucho más fuerte que
la que finalmente quedó. Se ve que en aquella, incluso, la Cates, o mejor dicho
su doble de cuerpo, le hacía una fellatio
al Árabe esclavista, sin que ella supiera que su personaje iba a hacer eso. Sin
embargo, todo esto no sale en la versión teatral.
Willie Aames continúo con la promoción de la película a
pesar de su descontento, pero Phoebe Cates, se retiró de la misma asqueada, y a
día de hoy, reniega de esta película considerándola una cosa repugnante. Por cierto, que tenía tan solo 17 años cuando
la rodó…
Aames fue nominado a los Razzie y acabó apareciendo en
subproductos españoles como por ejemplo “Goma 2” de José Antonio de la Loma,
mientras que Phoebe Cates fue la que se hizo famosa paseando su palmito en
algunas sex comedies como “Aquél excitante curso” o “Escuela privada… para
chicas” y, sobre todo, haciendo de niña buena en “Gremlins”. Luego se casó y se
dedicó a sus labores. Y ha envejecido fatal. Está fea como un demonio.
Como anécdota, decir que la película fue duramente criticada
en su momento, no ya por ser un plagio de “El lago azul”, sino por la imagen
que dan del árabe esclavista, totalmente estereotipada y que puso en alerta a
todas las asociaciones humanitarias.
Al margen de eso, los críticos se pitorreaban de “Paradise”.
Quizás sea porque he visto a estas alturas toneladas de mierda y me he
acostumbrado a ella, pero qué quieren que les diga, el film es obvio que es un
plagio descarado, pero no me parece tan, tan, mala.
El director de esta caquilla, responde al nombre de Stuart
Gillard cuyo cenit profesional fue rodando “Las tortugas ninja III”, haciéndose
posteriormente fuerte en televisión.
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