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viernes, 3 de julio de 2020

THE SEXPLOITERS

El título no puede ser más explícito ni más acertado, ya que estamos ante un genuino nudie cutie de mediados de los sesenta —de los de más baja estofa— que, efectivamente, tiene como principal premisa explotar el sexo.
Pero en este film, el término “Sexploiter” es utilizado para denominar a señoras y señoritas que se prostituyen a cambio de unas monedas. Obviamente, los sesenta y el subgénero son muy ingenuos, y el tipo de prostitución que estas señoras ofrecen es tan solo dejarse fotografiar por señores de mediana edad que lucen las sienes plateadas en el mejor de los casos, son calvos en el peor o, directamente, igual de feos que gorilas. La cosa comienza con un prólogo en el que una de nuestras protagonistas acude a casa de un gañán que pide ser fustigado con un látigo, en una secuencia desopilante.
Así, estas señoras (o señoritas), acuden a lo que se supone que es una academia de modelos desde la cual les indicarán cual es el servicio que deben ofrecer al cliente. Y, de esta forma, tenemos el festival de bailecitos, destetes, tías jamonas posando en pose provocativa, y tíos asquerosos sacándoles fotos mientras ponen cara de salidos. No hay más.
La gracia del asunto está en el poco cuidado que se le pone a todo lo técnico en la película, por lo que predomina un montaje terrible con saltos de eje criminales, desencuadres a cascoporro, y una escena que representa una sesión de fotos en la que, mientras que las chicas que posan están en el interior de un estudio, el tipo que les saca fotos están en plena calle, en el campo, pero se supone que están todos en el mismo lugar... Por lo demás, nada nuevo que no hayamos visto en otros nudies. No tenemos atisbos de comedieta a lo Herschell Gordon Lewis, no tenemos imaginería pop a la “La vida sexual deFrankenstein”, ni tenemos nada. Si acaso un par de jamelgas muy monas y otras que parecen orcos.
Sin embargo es una película que goza de cierto culto en los USA por tratarse de uno de los nudies más olvidados de la época, que estaba práctimente olvidado hasta que, en un alarde de postmodernismo, alguna distribuidora lo recuperó, restauró —de aquella manera— y lo puso a disposición de los retro-pajilleros.
Más interesante resulta alguno de los implicados en esta película porque, por un lado, tenemos a la dirección a Al Ruban, que firma con esta su única película como director, pero que en años posteriores se convertiría en productor de los films más populares de John Cassavetes (“Opening Night”, “Así habla el amor”) o cintas mainstream como “París Texas”, mientras que toda su carrera la desarrolló haciendo distintos oficios para el cine, ya fuera como actor (aparece en “La cosa del pantano” de Wes Craven) o como director de fotografía de las más variopintas y oscuras películas. También aparece como actor en esta, sin acreditar, del mismo modo que lo hace C. Davis Smith, también involucrado en el cine de Cassavetes, director de sexploits los cuales firmaba con diversos pseudónimos (Charles Lamont sería el más conocido) y que cogió la cámara en infinidad de películas. Ambos, Ruban y Davis Smith, dan vida en “The Sexploiters” a los señores calvos, feos y agorilados a los que hacía mención al principio de la reseña.
Por lo demás, poca cosa. Una gota en un mar de nudies. Ni tan siquiera destaca por ser la niña fea de la clase.

domingo, 9 de diciembre de 2012

LA VIDA SEXUAL DE FRANKENSTEIN

"Kiss me quick” (Bésame rápido), es un “nudie” de los muchos que se rodaron en los años 60 que aparece ahora editado en dvd en nuestro país, con subtítulos en castellano, en una colección por packs que lleva el título de “Grindhouse” y que contiene cuatro películas por pack, de lo más granado. Para la ocasión, y siendo los distribuidores más explotadores que los artífices de la película, y en un alarde de cachondeo, titulan a la película “La vida sexual de Frankenstein”. Y lo curioso es que en esta película no folla ni el tato. Eso si, las tetas y los bailes ocupan un 85% de la película.
Desde un planeta llamado “Drupiter”, envían a la tierra a un extraterrestre con el fin de que se traiga una hembra con la que aparearse, ya que en ese planeta solo disponen de individuos de un sexo, el masculino.
Cuando llega a la tierra, este llega a una mansión donde un doctor, además de tener por ahí a el monstruo de Frankenstein, a una momia y algún monstruo más,  tiene a un montón de señoritas, que utilizan una maquina llamada “El erotizador” y que no paran de bailar y despelotarse durante el escueto metraje de la película, a las que el llama  esclavas sexuales.
En realidad, los monstruos de la película son una vulgar patraña comercial, porque  como era habitual en estos “nudies”, lo importante es ver a todas estas señoritas, que en este caso están muy buenas,  bailando y haciendo strip tease de lo más baratillo. Así que todo es una sucesión de numeritos eróticos donde apenas vemos pelo, y de vez en cuando, aparecen los monstruos, mientras ellas no paran de bailar ritmos ye-yes, mientras agitan violentamente sus desmesurados pechos.
Pero no deja de tener su gracia, puesto que todos los numeritos son comentados en “voz en off “por el extraterrestre y el “mad doctor”, de forma machista y jocosa, y casi parece un episodio más de “Science Teather 3000” por el humor de los chabacanos comentarios.
Por otro lado me apasionan los títulos de crédito, ya que estos no existen… tan solo vemos planos de unas señoritas gozando, mientras una “voz en off “ femenina va diciendo, en tono sexy, los nombres de los actores, el título y el resto del equipo.
Todo muy colorido, muy “kitsch”, con fondos negros en algunas ocasiones, y los colores muy saturados, dan apariencia agradable a la gilipollez resultante. Con lo cual y con la hora y diez que dura, el sentido del humor que destila la cinta, y la señoritas que están muy jamonas, ver la película, no resulta una experiencia del todo insoportable, como suele ser habitual en este tipo de productos. Está simpática.
Dirige Peter Perry Jr. un habitual en “nudies” que siempre firmaba sus películas bajo pseudónimo. En este caso lo hace bajo el nombre de Seymour Tuchus.

viernes, 17 de enero de 2020

BLACK SOCKS

Un gerifalte televisivo, harto de ofrecer una parrilla sosa y para todos los públicos, decide ofrecer un programa-contenedor que consiste en mostrar una serie de cortes de tipo sexual, así como ofrecerá spots televisivos que sobrepasen las fronteras de lo permisivo.
Casi como si se tratara de una película de sketches con un hilo conductor que sirve de nexo de unión, “Black Socks” básicamente es una película en la que su primer tercio es palique insustancial por parte de este señor que quiere revolucionar la televisión y, el resto del film,  lo compone el supuesto programa televisivo que este produce en el que vemos una serie de secuencias picantes en teoría graciosas y provocaciones de todo tipo. No contentos con filmar a señoritas de buen ver en distintas situaciones de tipo sexual, también veremos una secuencia en la que una de ellas recibe una brutal paliza a base de cinto, cañería, fusta y látigo, que podría ofender a cualquiera de no ser porque la simulación es demasiado mala; se nota demasiado, diría que intencionadamente, que el individuo golpea el suelo y no a la señorita.
Un batiburrillo de lo más estúpido y falto de carisma, aburrido, sin mucho interesante que ofrecer, que se deja ver por liviano, pero que no supera ningún tipo de expectativas. Su naturaleza exploiter es la única razón de ser para interesarse por ella, pero yo creo que ni por esas. Se estrenó con un cartel que ofrecía un elenco que no salía en la película, pero en posteriores ediciones videográficas a cargo de la Troma, el pirata de Lloyd Kaufman hizo exactamente lo mismo; darnos carátulas de vídeo que ofrecían chicas que no aparecían en la película y situaciones que tampoco.
Con el título inicial de “Black Socks” y en un intento de aprovecharse del tirón de las películas de Russ Meyer, esta sandez en celuloide pronto pasó a titularse “Video Vixens!” y así es como se la conoce hoy en día, incluida en la versión que distribuyó la Troma y que es la que rula en DVD por todo el mundo. Es precisamente por el parecido de su título con el de los más populares de Meyer que esta película está en el mapa. La gente la ve, porque en su ignorancia, cree que va a ver los súper melones de las películas de Meyer. Y verá alguno que otro, pero esta cinta va por otros derroteros.
Con gran parte del equipo técnico de “La última casa a la izquierda” de Wes Craven implicado en la producción, la película la dirige una leyenda de los nudies —y los roughies—, Red Sullivan, quien algo raro le vería a esta película cuando  decidió firmarla bajo un pseudónimo, Henri Pachard. Después continuaría firmando sus películas con su nombre real hasta que en los 80 se pasó al porno y a partir de entonces solo utilizaría su seudónimo. “The Devil in Miss Jones Part. II” o “Sexcapades”, serían dos de sus películas porno más populares.
En el reparto, donde abunda el seudónimo a tutti pleni por parte de los actores, cabe destacar la presencia de ese entrañable actor de tercera fila habitual en todo tipo de subproductos (y también películas mainstream) que es George “Buck” Flower que aquí da vida a un extraño director de cine.
Bastante prescindible y, como digo siempre, solo recomendable a los que les pueda la curiosidad; esta siempre será saciada.

lunes, 30 de diciembre de 2013

BLOOD FEAST

A día de hoy, "Blood Feast" (1963) es mundialmente re/conocida como la primera película abiertamente "gore" de la hitoria del cine. En realidad, antes que sus responsables, Herschell Gordon Lewis (director) y David Friedman (productor) -y Allison Louise Downe (guionista)-, el cine asiático y fugazmente el terror italiano ya habían mostrado material notoriamente truculento. Pero en todas aquellas muestras primerizas el "gore" era algo fugaz, un complemento, nunca el protagonista. Eso no llegó hasta que, ahora sí, Lewis y Friedman, dos hombres de negocios puros y duros, más interesados en los billetes verdes que en la creatividad (y ya ni digamos el arrrrte), se dieron cuenta que el frasco de las habichuelas ya no estaba tan lleno desde que el tipo de cine que solía ser su especialidad, no tenía tanto éxito. ¿Y de cual se trataba?, pues de "nudies", "nudie cuties" o de "roughies". Dicho de otro modo, de todo aquello que, aún mostrando tetas y demás actos eróticofestivos, podía estrenarse en pantallas de cine comerciales sin escandalizar demasiado, ni meterse en marrones legales. Por entonces ya existía la pornografía, pero era algo totalmente marginal, clandestino, y así lo sería hasta los años 70. Aquellos que querían pajearse tranquilos sin que la policía les cortara el rollo tenían que conformarse con ver las películas esputadas por gente como el tándem Lewis/Friedman.
Dada la desesperada situación (y saturación de mercado), ambos buscaban otra fórmula
de idéntico potencial lista para ser exprimida. ¿Y si en lugar de "sexo", ofrecían la violencia más destroyer, gráfica y explícita nunca antes mostrada en una pantalla?. El fin era exactamente el mismo: llamar la atención, regalar la vista con aquello considerado inmoral y semi-prohibido y lucrarse durante el proceso. En lugar de follar, la audiencia vería asesinar. Y ya que el mete-saca no podía mostrarse con todo detalle, iban a recrearse enfermizamente y coloridamente en los actos más truculentos y despiadados (aunque sin olvidar a las mozas de buen ver muy ligericas de ropa, of course). Es decir: pornografía. En la pornografía nos importa un güevo lo que pasa entre polvo y polvo. En el "gore", es tres cuartos de lo mismo. Miren los "slashers", o las películas alemanas consideradas extremas. Pasamos a cámara rápida o pensamos en la lista de la compra cuando los personajes hablan o pasean, pero nos paramos y nos deleitamos gustosamente cuando se nos muestra el acto salvaje, la mutilación.
Aunque el talento de H.G.Lewis como cineasta sea muy limitado, no se trataba ya de que el hombre desconociera el modo de facturar bien las películas, es que a él tampoco le interesaban demasiado las partes que no incluían hemoglobina. No por una cuestión de gusto personal, sino porque el material salpicante era el que la gente pagaba por ver. En sus películas "gore" no hay ritmo, ni suspense, casi ni progresión narrativa, solo una serie de excusas para mostrar la chicha, pa ver cómo el asesino de rigor se pasa tres pueblos con la chica bonita, algo que no tardaría en generar acusaciones de misoginia, ya que en todas las producciones sangrientas de Lewis las que reciben son siempre mozas. Sin embargo, calificarlo de tal cosa es un tanto excesivo, ya que la implicación del cineasta con su material es pura y formalmente mínima, muy superficial (de hecho, el guión de "Blood Feast", y tantas otras de parecido calado, lo firmó una mujer, la esposa de Lewis en la época, la mentada Allison Louise Downe). Es un negocio, es dinero, no hay ninguna otra intención detrás, ningún mensaje, ninguna reflexión, ni buena, ni mala.
Lo sé, sueno como un crítico de cine amigo de Garci, pero no se confundan. Que acepte sin remilgos el binomio "gore" = porno, no significa que lo condene. Es un acto de honestidad. No me importa reconocerlo. Tampoco me excita sexualmente, pero sí me fascina y, muchas veces, noto cómo se me dispara la adrenalina y rebobino para volver a ver el hachazo o el aserramiento. Eso sí, siempre, siempre, teniendo bien claro que se trata de trucajes, de mentira. Jamás me verán con una guarrada real entre manos, ni aunque sea un "mondo". Cualquiera que acabe DE VERDAD con la existencia de un ser vivo en una puta peli solo merece que lo cuelguen de los cojones y le aporren la cabeza con un bate de beisbol... y a aquellos que lo ven, lo gozan y lo permiten, igual. Así se lo digo y así se lo cuento.
Una ricacha quiere montarle una fiesta de cumpleaños a su mimada hija (la guapísima chica "Playboy" Connie Mason, realmente incapaz de actuar, como muchas veces reconocieron sin tapujos los mismos Lewis y Friedman), así que contrata los servicios de Ramses, egipcio de grandes y pobladas cejas que es puro histrionimo desbocado (el culpable, Mal Arnold, años después actuaría en uno de los subproductos ultra-"trash" de Donald Farmer, en concreto "Vampire Cop"), para que monte un banquete. Lo que no sabe la señora, es que el colega va por ahí asesinado a hermosas jovencitas a las que destripa con el fin de meter sus pedazos en una olla y cocinar el delicioso manjar con el que celebrar la resurrección de su querida diosa Ishtar. Suerte tenemos de un policía de lo más enrollado -y pederasta-, que se flipa por los encantos de la moza homenajeada y anda dispuesto a cazar al malvado Ramses.
Contado así, todo suena muy llamativo y "espectacular". El problema es el cómo. Y resulta que Herschell Gordon Lewis y David Friedman eran unos chapuzas de tres pares de cojones. "Blood Feast" es rematadamente cutre e incapaz. Actores terribles, desencuadres, torpes movimientos de cámara, desenfoques, sonido de lata, raccord masacrado, montaje desalmado, efectos especiales de feria (básicamente tripas sacadas del mercado y maniquís impregnados de una rojísima sangre parida con productos de cosmética).... todo ello muy amateur, en el mal sentido. No olviden que hablamos del cine "exploitation" de los años 60, de cuando incluso estas películas, genuinamente independientes y en algunos casos prácticamente caseras, podían encontrar su pequeño hueco en las carteleras y, especialmente, los auto-cines.
"Blood Feast" es, ante todo, un producto entrañablemente risible. Te partes el ojal viéndola, lo que incrementa su indudable encanto. No sé hasta qué punto, consumida en su estreno, pudo resultar realmente impactante para las plateas adultas. En un ataque de romanticismo podemos pensar que todos salían escandalizados, o usaban las famosas bolsitas para vómitos que se regalaban en algunos cines con la entrada, pero lo más probable es que la peña se la tomara a cachondeo. Eso no quita que fue original en su concepto y, sí, innovadora. Ver cuerpos troceados y mutilados de aquella manera, y disfrutarlo a todo color, no era desde luego más de lo mismo, a pesar de lo increíblemente mal ejecutados que están los asesinatos, y lo absurdos que son, como cuando Ramses arranca la lengua de una chica ¡¡con las manos desnudas!!. Fascinante. Aún faltaban muchos años para la llegada del "boom"  de los efectos de látex, del maquillador como la estrella de la función y de la revista que todo lo impulsó, "Fangoria".
Cuando el "exploitation" puro murió, todo este cine, y todos sus responsables, fueron rápidamente olvidados. Y casi nadie se acordaba de ellos ni los reivindicaba hasta su recuperación gracias al floreciente mercado del vídeo en los 80. Ahí sí, ahí comenzó la mítica respecto a Herschell Gordon Lewis, "Blood Feast", el "gore" y la madre que los parió. Claro que, antes de eso (y de que Lewis se retirara del cine y se dedicara con mucho éxito a escribir sobre merchandising, economía de mercado o no se qué polladas) la carrera del cineasta aún esputó un puñado de obras de la más truculenta baja estofa como "Wizard of gore" o la demencial "The gore gore girls", que fue la primera peli clasificada X por su bizarra combinación de sexo y violencia. Fíjense que también entonces H.G. seguía siendo pionero utilizando la etiqueta "gore" incluso en los títulos de sus películas, treta esta que era puro gancho para todos los aficionados a las salpicaduras (y que a mi, de chaval, me volvía totalmente loco de placer).
Una vez recuperada y reivindicada la labor del amigo Herschell, lo demás es ya pura historia, historia compuesta básicamente de remakes no legales ("Fonda Sangrienta" y "Bloodsucking Pharaohs in Pittsburgh", ambas comedias), remakes sí legales ("2001 Maniacos", su segunda parte y el otro "Wizard of gore"), documentales, reconocimiento mainstream y secuelas. A mediados de los 80, Fred Olen Ray anunció un "Blood Feast 2", con Michael Berryman en el reparto, que nunca se llevó a cabo. Esto únicamente lo consiguieron los mismos Herschell Gordon Lewis y David Friedman, juntos de nuevo, en el 2002 con la peli que representaba su verdadero "return", "Blood Feast 2, all u can eat", a la que, seis años después, siguió "The Uh-oh show". Ambas rematadamente malas (o directamente horrendas) y en las que se apuesta mucho más abiertamente por el humor, por el cachondeo y el delirio. Cierto que, salvo "Blood Feast 1" que intentaba ser seria, Lewis ya solía tirar de la risa, aunque fuese en pequeñas dosis (de hecho, hasta cierto punto "2000 Maníacos" es la primera "comedia gore" de la historia. Y "The gore gore girls" se pretendía genuinamente una coña, solo que estaba tan mal parida y era tan retorcida, que nadie lo notó) pero ese humor era siempre extremadamente negruzco. En sus últimas producciones -especialmente "The Uh-Oh Show", pues aún "Blood Feast 2" a ratos resulta un tanto perturbadora- el cineasta parece especialmente interesado en desmarcarse del lado más mal rollero y enfermizo del tipo de cine que él mismo ayudó a crear. O casi directamente creó, con ese anti-clásico altamente recomendable, tanto por su condición de curiosidad, de pieza de estudio antropológico como de amplio generador de carcajadas que es "Blood Feast". Y es que la edad no perdona, amiguitos.

sábado, 11 de diciembre de 2021

DR. HUMPINSTEIN´S EROTIK CASTLE

Andrew Shearer y el clan "Gonzoriffic" son una pandi de colegas que desde las lejanas tierras de Athens, Georgia, se dedican a parir toda suerte de metralla peliculera rutilantemente independiente y en formato vídeo. A ellos les encanta llamarse underground. Yo me quedo con la palabra amateur, por la que ya saben siento mucho afecto y para nada considero peyorativa (siempre y cuando no la intenten disfrazar de mainstream).
"Gonzoriffic" dio sus primeros pasos como fanzine de papel, luego página web y finalmente productora audiovisual especializada en todo aquello de naturaleza, digamos, tirando a extravagante. No se limitan al horror de línea dura, que es lo habitual en su gremio, gustan de tocar otros palos bien distintos. Digamos que tienden un poco a la comedia y al feminismo como tema recurrente. Sí, el feminismo, con todo lo detestable que, desde el punto de vista de este blog, ello comporta. Pero no se lo tendremos en cuenta, especialmente porque, aunque en los archivos de "Gonzoriffic" abunda la mediocridad y el aburrimiento desaforado (y que, dejándose llevar por sus obtusas ideas, ocasionalmente Andrew Shearer se comporta como un auténtico y asesinable cretino), también es cierto que pueden llegar a parir cosillas majas. Muchas de duración media o corta. Y, además, chorrean pasión, devoción por lo que hacen y cómo lo hacen, aspectos estos que compensan cualquier otro desliz.
Hoy me centraré en uno de sus logros más destacables, el mediometraje "Dr.Humpinstein´s Erotik Castle", diseñado como homenaje a la legendaria exploiter Doris Wishman (no en balde el personaje central lleva su nombre) y, de paso, al restante cine de su misma condición, destacando aquel dedicado a la delincuencia juvenil.
Una maruja de recta moral descubre en el dormitorio de su hija una revista repleta de chicas ligeras de ropa. Ofendida, acude hasta la editorial dispuesta a reprochar todo lo reprochable. Esta resulta ser un lúgubre castillo de paredes de papel tambaleante (notable influencia de "Geek Maggot Bingo" y su estética cruda, una de las pelis favoritas de Andrew Shearer), donde habitan un científico loco y una suerte de Igor gorda y tetuda. Ambos someten a la maruja al visionado de una serie de numeritos en plan "burlesque" en los que cada una de las chicas "Gonzoriffic" demuestran sus cualidades (aunque no las ubres) a base de agitar unos generosos michelines. Esta parte, aunque un pelo coñazo, mola porque recuerda mucho a los genuinos "nudies" de la época dorada del exploitation donde, básicamente, se limitaban justamente a eso, bailecitos interminables de mozas ligeras de ropa (me viene a la cabeza "Orgy of the dead"). Al final, la maruja se revotará y, de paso, mutará a mujer poderosa e independiente consciente de su sexualidad.
Todo ello parido en blanco y negro, trufado de diálogos y un modo de grabar que, aunque primeramente chirría por su naturaleza elemental, luego comprendes que se trata de la recreación del estilo que gastaban los films de aquella época y tendencia, por lo que el "defecto" acaba convertido en virtud.
El resultado es una cosita que, con las limitaciones que acarrea, se deja ver y despierta mi afecto, sobre todo por su condición de perro verde (el fandom de allí flipa ante la ausencia de tetamen gráfico y gore gratuito). Y si hay algo que apreciamos en este blog es a los creadores con personalidad, ajenos a corrientes dominantes, que abrazan con fervor y orgullo la diferencia.

viernes, 31 de diciembre de 2010

HERSCHELL GORDON LEWIS, THE GODFATHER OF GORE

Que manera más cojonuda de acabar el año. Si el Miércoles por la noche sufrí con una de las pelis más horribles de las visionadas este 2010 (sin contar la infame "Machete"), ayer fue el caso opuesto, casi puedo decirles que "Herschell Gordon Lewis, The godfather of gore" es lo mejor que he visto en este año que esta misma medioanoche nos dice adiós. 106 minutos de duración que disfruté desde el primer hasta el último segundo.
Co-dirigida entre Jimmy Maslon y, nada menos, Frank Henenlotter (reconocido fan del cine trash/exploitation y del Sr.Gordon Lewis), el docu repasa de pe a pa la carrera completa del famoso realizador americano (a quien tuve el honorrrrr de conocer in person en Sitges. Un tipo encantador, júrolo), aunque lo de completa no es del todo cierto, ya que sus más recientes contribuciones al séptimo arte ("Blood Feast 2" o "The Uh! Oh! Show" que seguramente en breve reseñaré) son drásticamente ignoradas. Y es que en realidad el tributo de Maslon/Henenlotter no es únicamente a Lewis, lo es también al exploitation original, a una época y un modo de hacer cine olvidados y que no volverán.
Porque H.G.Lewis, antes de inventar el gore como género cinematográfico, tocó otros palos, destacando los "Nudies" o los "Nudie-Cutie" o los "Roughies" (toma castaña!), que eran, básicamente, el porno de la época. Así pues damos un repaso a toda esta parte de su filmografía hasta el parimiento de las míticas "Blood Feast" y "2000 Maníacos", que son las pelis que se llevan una mayor parte de metraje y una mayor dedicación. Claro que luego seguimos palante y cerramos con , obvio, la retorcida "The Gore Gore Girls".
¿Y qué decir del viaje?, que es increíble y totalmente gozable y regocijante. Se nota a la legua que los directores AMAN el tema que están tocando, y por ello lo cuidan, lo miman, se lo pasan pipa y se internan en él hasta el detalle. El docu está plagado de extractos de pelis de lo más oscuras, de cortos educativos, de tomas falsas y/o erradas, de making ofs paridos en 8mm y, en fin, de toda suerte de fascinantes documentos. Incluso se dan el lujo de recuperar secuencias de una peli perdida de Gordon Lewis!.
Por delante de la cámara asoman un montón de ex-técnicos y ex-actores del universo del padrino del gore (y de su carismático socio David Friedman), así como invitados de la categoría de John Waters o el divertido crítico Joe Bob Briggs. El propio Henenlotter se reserva apariciones, muchas de las cuales son lo más coñero del docu. Y es que el humor está muy presente durante toda la proyección, algo muy agadecido.
Sin embargo, para mi, el punto álgido es cuando visitan el pueblo que sirvió de escenario para "2000 Maníacos" en compañía de los propios Lewis y Friedman, van al motel donde rodaron, ahí se encuentran con uno de sus actores y hasta el niño rubito de la soga aparece, ya cuarentón, contando anécdotas del rodaje. Lo dicho, una labor de amor puro total y completamente fascinante.
Yo disfruté como un enano, quizás también ustedes tengan esa suerte. Un diez.

martes, 3 de septiembre de 2024

SAUCY! SECRETS OF THE BRITISH SEX COMEDY

Recientemente se ha estrenado en el Channel 4 de la televisión británica, una serie documental en dos episodios (una estupidez hacer de esto una serie porque entre ambos capítulos apenas se llega a hora cuarenta de duración) sobre un género tan denostado como ha sido la comedia sexual británica, este “Saucy! Secrets of The British Sex Comedy”. Se ve que en Inglaterra ha tenido cierto relumbrón, por lo que hipsters y modernos españoles, que muy probablemente no han visto una comedia sexual en su puta vida, ahora se hacen eco del documental desde sus particulares perspectivas, probablemente condenando al género por lo de siempre, pero añadiendo una nueva falsa muesca a su revolver de intereses impostados, y siempre desde el postmodernismo y buscando identificarse con una supuesta estética pop, cuando en realidad, y gracias a dios, la comedia sexual británica olía a mierda. Lamentablemente, me enteré de su existencia precisamente por el ímpetu de esta gente. Algo bueno había que sacar.
A mí siempre me han interesado este tipo de subgéneros erótico-festivos y los estudios con devoción. Precisamente es la sex comedy británica la más ignota de todas (aunque algunos de sus títulos más punteros se estrenaron en nuestro país en salas comerciales, sin demasiado éxito), de la que menos info hay y, por lo tanto, un documental de estas características lo esperaba como agua de mayo.
Se da la particularidad que, las también conocidas como T&A (Tits and Ass, o sea, películas de tetas y culos) emergieron a la vez a lo largo y ancho del mundo por diferentes motivos. En España, y consecuencia de la salida de una dictadura, tuvimos el destape y la clasificación “S” (¿es lo mismo? No exactamente, pero ya se lo explico otro día). En Italia, la sexycomedia, respondiendo a un gobierno censor que moría. Los estadounidenses tenían sex comedies, también conocidas como “screwballs” (independientemente de la comedia screwball de los años 40 que en cierto modo es madre de la sex comedy americana setentera y ochentera), que se hizo fuerte en los 80 dentro el género “teen”, y que nace más como un signo de los tiempos que como respuesta a cualquier tipo de represión. En Australia tenemos la comedia “ocker”; en este caso la idea era que la gente consumiera el producto nacional, así pues, qué mejor manera que hacer películas de risas y culos. En Argentina tenemos la comedia picaresca que nace en idénticas circunstancias que nuestro destape, tras la dictadura. En México está el cine de ficheras, que responde a un modelo de producción privado. En Alemania tenían los sex report como el pre-porno del país, y, más tarde, la sexycomedia bávara… Y, por fin,  la sex comedy británica que nace, al igual que la australiana, como única manera de que la gente fuera al cine a ver el producto manufacturado en casa, llegando a ser el único género existente durante un periodo de tiempo en Inglaterra, y como único desahogo sexual en celuloide hasta que se legalizó el porno en el país, un poco como sucedía con los nudies en los USA en los años 60.
El documental repasa exhaustivamente las circunstancias y títulos punteros del género, a través de entrevistas a sus protagonistas, muchas veces tan arraigados al asunto que posteriormente no volvieron a trabajar en el cine. Estrellas del género como Robin Askwith (de la saga “Confessions”), actrices de la época que aparecieron en una o dos películas o directores de las mismas se dan cita dando su perspectiva y contando anécdotas de los rodajes, así como dramas sucedidos en los mismos. Por supuesto, como si de un debate televisivo se tratase, se ahonda en el hecho de si las películas eran o no oportunas, sobre si eran buenas o malas y en el trato que en las mismas se da a la mujer… el rollo de siempre. Como cuando llevan a televisión a Jenny Llada, a Mirta Miller y a Sara Mora, y unas dicen estar orgullosas de aparecer en aquellas películas y otras que se sentían explotadas. Sin embargo, no es un documental cuya principal intención sea destruir el género, sino más bien darlo a conocer, puesto que permanece silenciado desde hace lustros en Inglaterra. Entonces, va dando cuenta uno a uno de cada éxito. El “School for Sex” de Pete Walker, la saga “Carry on”, “Confessions” o “Adventures”, así como sus exploits, “The Ups and Downs of a Handyman” y similares. Incluso, se repiten las mismas leyendas urbanas que en nuestro país en torno al éxito de estas películas. Al igual que se cuenta que “Los Bingueros” superó en recaudación a “La Guerra de las Galaxias”, en Inglaterra se dice que “Confesiones de un Taxi Driver”, del estupendo Stanley Long, hizo más dinero en Inglaterra que el verdadero “Taxi Driver” de Scorsese. Asimismo, da gusto escuchar el testimonio de directores como Pete Walker, un fenómeno, quien hizo una serie de inteligentes y divertidas sex comedies que compaginó con el rodaje de una serie de inteligentes y divertidas películas de terror, afirmando que a finales de los sesenta, y primeros setenta, o hacías una de tetas y culos o una de terror. De lo contrario no trabajabas (porque no había más industria), así que optó por ambos géneros. También explica, ya que se le considera el pionero del british sex comedy, que la comedia sexual existe de toda la vida y que ya se hacían películas adscritas al género en los años 30, en todo caso él sería pionero del sex comedy dentro del ámbito de la exploitation, teoría que sirve también para diferenciar el screwball comedy de los años 40, del de los 70 y 80.
Igualmente el documental se centra en las vicisitudes y carrera de Mary Millington, primera estrella porno de Inglaterra, que tuvo un final muy triste, y en cómo el género va muriendo por culpa de la legalización de la pornografía y el auge del vídeo domestico.
Lo más curioso de todo es que este documental vende la comedia sexual británica como algo desmadrado y terriblemente colorido —lo suficiente como para llamar la atención de los hipsters a los que antes he hecho mención— cuando la realidad es que, de toda la producción internacional de cine de tetas y culos, la británica es la más austera, la menos divertida, la más lúgubre y extraña, con unos argumentos que casi rozan el drama, personajes antipáticos y repelentes y un humor bastante soterrado que difícilmente consigue la carcajada del espectador por mucho que en el documental se haga hincapié en cuanto hicieron reír estas películas a sus espectadores. Quizás esa densidad sea la que hace del sex comedy británico un subgénero más interesante que el de otros países.
En definitiva, el documental es interesante, pero un tanto formulaico. Al final te enseña cosas y está presentado con ritmo y brío. Y no está mal… pero podía haber estado mejor.
Dirige el asunto Simon Sheridan, cortometrajista, documentalista y estudioso de la figura de Pete Walker, al que ha dedicado gran parte de su trabajo.
Por cierto, está en espera de publicación un libro escrito por servidor, “Screwballs: La B y la Z de la comedia sexual”, en la que hablo largo y tendido de la sex comedy de tercera regional, pero también de las escenas australianas e inglesas, así que, atentos a este blog, o en su defecto, a las redes.

sábado, 14 de junio de 2025

BLOOD FEAST 2 : ALL U CAN EAT

2002 no solo marcó el regreso de Herschell Gordon Lewis al cine (quien no dirigía desde hacía, justo, treinta años con la simpática "The Gore Gore Girls" como última aportación oficial), sino también de su antiguo socio, y célebre "exploiter", David F. Friedman. "Color Me Blood Red" puso fin en 1965 a una notoria carrera compartida entre "nudies", "nudie cuties", "roughies" y, por supuesto, el nacimiento oficial del gore como género cinematográfico dos años antes con la entrañablemente chapucera "Blood Feast". Ahora -el de 2002-, redescubiertos y revalorizados, unían fuerzas de nuevo con una secuela oficial de aquella. Ya se habían hecho varios intentos. En su día Fred Olen Ray anunció una con supuesto protagonismo de Michael Berryman, pero jamás se supo del asunto. Luego llegaron semi continuaciones trufadas de humor como "Bloodsucking Pharaohs in Pittsburgh" y, la más lograda, "Fonda Sangrienta". Resulta curioso que, a la hora de afrontar su genuina segunda parte, el tándem Lewis/Friedman hiciera exactamente igual que aquellas dos, tirar de cachondeo voluntario, cosa totalmente ausente en la original (donde las -generosas- risas eran completamente accidentales) y, a gusto personal, un error. Sí, vale, entiendo que no puedes tomarte en serio "Blood Feast", y menos una secuela parida casi casi cuarenta años después, pero, no sé, me parece incluso hipócrita. Y no solo eso, es que, además, las gracietas funcionan igual que cualquier clase de "parato" electrónico comprado en un bazar chino.
La trama, básicamente, es idéntica -e idénticamente escueta- que la peli del 63. El tataranieto del asesino de aquella compra la tienda donde ocurrieron todos los crímenes en nombre de Ishtar con intención de seguir la tradición. Me refiero a la culinaria, pero pronto el nuevo Fuad Ramses (Tercero, para más señas) cae rendido bajo el hechizo de la dichosa diosa sumeriana y, ¡ea!, a masacrar jovencitas a troche y moche. Naturalmente, la policía le pisará los talones en el proceso.
Por supuesto, lo importante de "Blood Feast 2 : All U Can Eat" (traducido sería "Todo lo que puedas comer"), como ocurre siempre en el cine de su director, es el elemento "exploitativo" que, pal caso, se refiere a lo truculento. Y acá no se queda corto. La diferencia es que los efectos especiales han mejorado sustancialmente, y donde antes teníamos risibles maniquíes pintarrajeados ahora tenemos prótesis de látex no especialmente bien paridas, pero más convincentes. Las maneras son idénticas a las de, por ejemplo, "The Gore Gore Girls", con primerísimos primeros planos de las manos del asesino gozando casi sexualmente al manosear vísceras, globos oculares y demás mandanga extraída de sus víctimas a base de cuchillo. Claro, en las pelis antiguas todo ello resultaba grotesco pero, por su poca verosimilitud, medianamente gracioso. En el caso que nos ocupa, la mejora de los trucos incrementa el mal rollo porque es todo más creíble, y ver en perfecto detalle cómo Fuad Ramses (Tercero, para más señas) rebana el cuello de una chavala o le abre la cabeza y extrae el cerebro pues, hombre, puede perturbar un pelín, la verdad. Supongo que es aquello de lo que se ha acusado al cine de H.G.Lewis en sus distintas reencarnaciones modernizadas, como pasó en los setenta: sin el elemento inocente de sus inicios, todo adquiere un aire más desagradable, ofensivo. En cualquier caso, el encargado de dar forma a esos cuerpos mutilados es Joe Castro, caballero que ha puesto las zarpas en infinidad de subproductos, llegando a dirigir los suyos propios (como la saga "Terror Toons").
El poco imaginativo y menos inspirado guion corre a cargo de un tal W. Boyd Ford, hombre de infracine escasamente destacable. Quizás su ocurrencia más notable sea apellidar a los dos policías protagonistas como "Myers" y "Loomis", y si no lo pillan, son ustedes indignos. A ambos los interpretan actores de esos de quita y pon, aunque tal vez podríamos destacar la presencia -como "Loomis"- de John McConnell quien, a lo largo de su carrera, se ha dejado ver en algunos títulos bastante reconocibles. No es el caso del peculiar individuo de peculiar nombre que da vida a Fuad Ramses (Tercero, para más señas), un tal J.P. Delahoussaye, con, por lo visto, una carrera algo menos oscura como comediante. Así las cosas, el rostro más relevante de "Blood Feast 2" es el del declarado fan de Lewis, vendido, mangante y destructor del genuino cine underground, John Waters, haciendo de un cura que se pirra por los niños. Justo, el tono de comedia del film se mueve entre la brocha gorda de aquel (el asesino se corre sobre un postre que da de comer a una tipa, presenciamos el plano detalle de la ruidosa ingestión de un donut, etc) y ciertas maneras desconcertantemente deudoras del puro "spoof" -aunque sin resultados eficientes, añado- como ese cadáver presente en casi todos los planos y al que se ignora por completo.
Tampoco podemos pasar por alto los cameos de Donald Farmer, SOVista, ex-fanzinero y tan fan del director de "2000 Maniacs" como para, en una ocasión, incluir al villano de "Blood Feast" -Mal Arnold- en uno de sus subproductos, y el mismo David Friedman. Es posible que haya otros, pero se me escapan. Vale, muy bien, has mentado hasta el último pene y micro-pene del reparto pero ¿¿y las chavalas?? Pues, tal y como pueden imaginar, las hay en generosas cantidades, todas muy sexys y todas -salvo la madre de la prota femenina, retratada cual harpía- en tetas cuando es de menester. Son especialmente llamativas -por tontas- las escenas en las que salen hablando de sus modelitos de ropa interior y mostrándoselos unas a las otras. Viva la inteligencia, amigos.
Por lo demás, pues no hace falta ser gacetillero del "Cahiers Du Cinéma" para asumir que estamos ante un auténtico truño de proporciones épicas. Sí, claro, "Blood Feast 2" es mala hasta el dolor, H.G.Lewis sigue siendo un director pésimo y sin creatividad alguna y el resultado -que encima se prolonga hasta los 100 minutos, ¡¡hay que ser cabrón!!- aburre sangrantemente (nunca mejor expresado pal caso). No hay ritmo, no hay progresión, no hay diversión, no hay NADA. Solo sangre a chorros y unas pocas ubres. ¿¿Sorprendido, ofuscado, decepcionado?? En absoluto. Sabía ande me metía, solo que apetecía reseñarla y de ahí el sacrificio que, espero, valoren en su justa medida.
Considerando el gueto del que surge la película, asumo la no existencia de una tercera entrega cual prueba de un descalabro comercial tan grande como para ni tan siquiera planteársela a niveles subhumanos. "Blood Feast 2" viene rodada en celuloide -35mm diría yo- y la fotografía incluso está decente. Hubo un mínimo esfuerzo y dispendio económico ahí. Herschell Gordon Lewis tardaría siete años en rodar de nuevo (primero "The Uh-Oh Show", otro pestiñaco y, después, ya directamente con cámara de vídeo, en funciones de co-director y a un nivel miserable, "BloodMania") y catorce en abandonar esta dimensión (coincidiendo con el lamentable remake oficial de "Blood Feast", pero esa es otra historia).
La banda sonora viene compuesta únicamente de canciones, destacando -por número- aquellas de "Southern Culture on the Skids", continuas, constantes -se cortan bruscamente de una escena a otra- y muy adecuadas dada la naturaleza del grupo en su imagen "white trash", o "redneck" si lo prefieren, y maneras algo "countrys", etiquetas asociadas a unas cuantas de las películas del amigo Lewis (y no únicamente las gore, también hizo dramones violentos de paletos en conflicto).

viernes, 29 de octubre de 2021

BAT PUSSY

La gente de Something Weird Video, que se dedicaban —y ahora, sus herederos continúan con la labor– a rescatar viejas películas eróticas y nudies de los años 60 y 70 para editarlas en DVD, acudió a mediados de los 90 al almacén de una vieja sala X de Memphis a comprar, por 1000 dólares, un lote de bobinas de películas de 16 y 8 mm y loops pornográficos que descansaba en el almacén del cine desde los años 70. Entre toda esa basura, con películas más o menos conocidas y otras no tanto, apareció una bobina que venía etiquetada bajo el título de “Bat Pussy”. Se trataba de una película porno sin títulos de crédito de dudosa procedencia y, al visionarla, los señores de  Something Weird Video se dieron cuenta de que estaban ante una de las piezas de cine porno más extrañas que existían sobre la faz de la tierra. Y, muy acertadamente,  la editaron en vídeo con su sello.
A raíz de esa edición, “Bat Pussy” se convirtió automáticamente en un film de culto, primero, porque no hay ninguna información al respecto de su producción, todo es oscuro, sucio y decadente, amén de estar protagonizada por una pareja de palurdos sin ningún atractivo físico. Es más, resultaban desagradables. Por otro lado, los historiadores del porno, tras adjudicarle un año de producción que oscila entre 1970 y 1973 gracias a una revista que lee uno de los protagonistas fechada en 1970, descubrieron que, posiblemente, esta fuera la primera parodia porno de la historia, cosa que ya en sí era un descubrimiento, además, se aventuraron a considerarla la peor película porno jamás realizada. Así comenzó, en los círculos de cinéfilos más finos, la “batpussymania”.
La película nos muestra a la pareja de palurdos metidos en una cama manteniendo sexo oral, y soltando por sus bocas, sin parar,  unos diálogos totalmente incongruentes donde abundan los insultos y los desprecios, sin que el redneck que lleva la batuta en la escena consiga una erección eficiente de ninguna manera. Diez minutos más tarde, cuando ya estamos hartos de ver a esos dos asquerosos chupándose los sexos sin pasión alguna, vemos a otra palurda en pelotas tumbada en un sofá, que suelta también sus soflamas en contra de la delincuencia y las películas porno. En consecuencia, se pone un traje de Batman y sale a la calle. Se intercalan las escenas de esta pánfila con las de la pareja chupándose e insultándose, y pronto vemos a la mamarracha vestida de Batman dando saltos con su pelota loca por el campo. Súbitamente, se topa con un individuo que intenta violar a una muchacha y evita la agresión dándole golpes al tío con la pelota… Y volvemos de nuevo a la pareja del principio, que sigue chupando y hablando sin parar. De pronto, en esa habitación irrumpe nuestra Batwoman de pacotilla, se monta un trío con los dos paletos, la meten un consolador por el coño, y fin. No hay penetraciones en la película, ni erección por parte del tío —pecoso y pelirrojo—,  ni más acto sexual que los que acabo de describir. Chupadas a una polla blanda. Por no haber, no hay ni títulos de crédito.
Al margen de eso, la película llama la atención porque, en su tosco montaje, podemos escuchar a alguien dando indicaciones a la pareja protagonista, a las que hacen caso omiso y, más inquietante todavía, alguien detrás de la cámara suelta un sonoro eructo durante el acto sexual que se está filmando, con el que no se inmuta nadie, salvo el espectador que tiene que echar un poco para atrás para comprobar que, efectivamente, el director o quien sea —porque no parece haber mucha más gente tras la cámara—, se echa un eructo mientras filma.
La verdad es que es una película muy curiosa para ver, porque apenas llega a una hora, y todo lo que nos muestra es tan extraño, decadente y bizarro, que bien merece el visionado. Si verdaderamente existen las películas snuff deben parecerse bastante a esto.
Tras muchos años de investigación, los estudiosos han llegado a conclusiones como el año de producción o lugar del rodaje, basándose en los acentos de los protagonistas (acentos sureños que ubican en Tennessee, lugar donde se encontró la película), pero no han sido capaces de descubrir los nombres de los actores, del director o de algún miembro del equipo técnico (en el caso de que lo hubiera), de los que no hay constancia de su existencia. Y, a día de hoy, todo esto es un misterio. Probablemente estén ya criando malvas, porque tampoco nadie ha reclamado la autoría de la cinta tras las muchas ediciones y remasterizaciones (la última en Blu Ray y 2K, tócate los cojones) a las que han sometido al celuloide la gente de Something Weird Video y el American Genre Film Archive -AGFA- (acompañada esta de una estupenda caratula ilustrada por el gran Johnny Ryan).
Y, sí, probablemente sea la película más desastrosa de la historia, no solo del porno. “Batpussy” es, verdaderamente, rara, misteriosa y desperada, ideal para visualizar estando amargado y lleno de manías.

viernes, 20 de julio de 2018

THAT'S SEXPLOITATION!

El entrañable Frank Henenlotter, fan de todo tipo de subgéneros, es un tipo inquieto y creativo. Así que es capaz de crear desde cero sin mucha preproducción  ni ideas previas. Así, y formando Henenlotter parte del staff de Something Weird Video, y teniendo, por una parte, acceso al increíble catálogo de la distribuidora y también acceso a una entrevista bien extensa que se le hizo a David F. Friedman apenas un año antes de que falleciese, se saca de la manga un documental de casi dos horas y media de duración, dedicado a una de las corrientes cinematográficas peor vistas y más ninguneadas de cuantas existen; el sexploitation. Para ello graba nuevo material en el que, con intención ya de hacer el documental, Henenlotter, hace las veces de maestro de ceremonias, haciéndose acompañar de una señorita de buen ver, un tanto ajada, que no duda en hacer girar unos flequillos al ritmo alborotado de los movimientos circulares de sus tetas.  Frank Henenlotter introduce a Friedman y este comenzará a parlotear de la historia del sexploitation desde sus inicios en el cine mudo hasta su desaparición en los años setenta con la llegada —y legalización— del porno duro.
Entre medias, veremos toneladas de escenas de las películas a las que hace mención Friedman, mientras que en algunos momentos, Henenlotter hace comentarios jocosos y chascarrillos sobre algunas de las imágenes que estamos viendo.
En su discurso, Friedman, le pasa factura a todas las variantes del sexploit, a saber; Shots, Nudies, Roughies, Sex comedies… Digamos que es un documental de lo más completito.
Sin embargo se queda absolutamente cojo porque en lugar de condensar todo en una hora y poco, que es lo que el documental pide, Henenlotter, sin pedirle cuentas a nadie al respecto, se empeña en mostrarnos, escenas y escenas, trailers y trailers, montajes y montajes… tantísimo material del catálogo Something, que al final colapsa las partes interesantes. Por otro lado, el documental es de una linealidad exasperante, ya que vemos todo el rato lo mismo, en el mismo tono y con el mismo ritmo. Antes de las dos horas el espectador ya está hasta los cojones de jamonas cincuenteras y sesenteras. Es un coñazo. Quizás, si se hubiera montado solo la entrevista a David F. Friedman, igual hubiese sido mejor la cosa… pero así, como ha quedado, resulta de lo más plomizo. Casi mejor ver uno de esos recopilatorios de trailers que de vez en cuando edita Something Weird.
Un rollo, pero, tras verlo, me queda esa sensación positiva de que al final, Frank Henenlotter, ha hecho lo que le ha salido de los mismísimos huevos. Y eso sí me gusta.
Échenle un ojo, que tampoco pasa nada.

viernes, 19 de abril de 2024

NO MIRES TANTO... O TE QUEDARÁS CIEGO

Comedieta a base de chistes y sketchs, descendiente directa de los nudies y el sexploitation que, siendo estos subgéneros en los 60 proclives al humor, en los 70 la cosa se desmelenaba hasta casi eliminar las escenas de desnudos y folleteo en pro de las risas.
El chiste comienza desde el principio, desde el título original: “If you don’t stop it… You’ll go blind” es toda una declaración de principios. Traducido sería algo así como “Si no paras… te quedarás ciego”, en alusión a la antiquísima leyenda urbana que dice que si uno se casca muchas pajas acabará perdiendo la vista. El título y el póster, sin duda, son lo mejor que tiene este artefacto segundón y pajillero. No obstante, la edición española en vídeo fue traducida de una manera un tanto menos ingeniosa y pacata pasando a titularse “No mires tanto… o te quedarás ciego”, dejando fuera cualquier referencia al onanismo.
La cosa va de rellenar metraje a base de gags, uno seguido de otro, en torno a cuernos, polvetes cachondos y mil chorradas más, que desembocan en una premisa que sirve de hilo conductor, aunque suceda en la recta final de la película. Y es que todos esos chistes sirven para mostrarnos los comportamientos de los personajes que los han interpretado. Eso propiciará que todos ellos participen en un concurso de índole sexual en el que se concederán las “pollas de oro”. Poco más. Se introducen un par de numeritos musicales picantones y todo es válido con tal de llegar a la hora y veinte de duración. ¿Funciona la cosa? Absolutamente, no. Los chistes no son para nada graciosos y, pese a que los directores Keefe Brasselle (actor de tercera regional reciclado a director que protagonizó en los 50 sendos ignotos biopics dedicados a Eddie Cantor y Babe Ruth) y Bob Levy le imprimen un ritmo endiablado a la sucesión de situaciones cómicas, cualquier aspecto técnico o artístico es demasiado endeble (o no llega a serlo lo suficiente) como para que, una vez saciada la curiosidad, se le tenga algún tipo de consideración más allá de lo antropológico. Realmente, ver “No mires tanto… o te quedarás ciego” es como ver un episodio largo de “Ni en vivo, ni en directo”, pero en malo… malísmo.
La crítica se cebó con la película en su momento y esta se granjeó una muy mala prensa a rasgos generales, pero, sin embargo, el invento debió salir rentable porque unos años después, se estrenó una secuela aún más infame titulada “I can do it…Till i need glasses” (“Me seguiré pajeando… hasta que necesite gafas” sería un buen título si hubiese llegado a España) que es bastante peor que esta, pero tiene una historia detrás en torno a Robin Williams que le hace subir enteros como producto de derribo.
En cuanto a sus directores, Brasselle no hizo más películas y Bob Levy se encargó de la secuela para nunca más volver a ponerse detrás de las cámaras.
En el reparto, actores y comediantes de tercera categoría, unas cuantas tías jamonas, y la presencia de la mega-tetona Uschi Digard, musa de Russ Meyer y habitual del soft setentero, que aquí, con la cosa de hacer la gracieta, nos enseña medio pezoncillo.
Muy mediocre.