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viernes, 17 de enero de 2020

BLACK SOCKS

Un gerifalte televisivo, harto de ofrecer una parrilla sosa y para todos los públicos, decide ofrecer un programa-contenedor que consiste en mostrar una serie de cortes de tipo sexual, así como ofrecerá spots televisivos que sobrepasen las fronteras de lo permisivo.
Casi como si se tratara de una película de sketches con un hilo conductor que sirve de nexo de unión, “Black Socks” básicamente es una película en la que su primer tercio es palique insustancial por parte de este señor que quiere revolucionar la televisión y, el resto del film,  lo compone el supuesto programa televisivo que este produce en el que vemos una serie de secuencias picantes en teoría graciosas y provocaciones de todo tipo. No contentos con filmar a señoritas de buen ver en distintas situaciones de tipo sexual, también veremos una secuencia en la que una de ellas recibe una brutal paliza a base de cinto, cañería, fusta y látigo, que podría ofender a cualquiera de no ser porque la simulación es demasiado mala; se nota demasiado, diría que intencionadamente, que el individuo golpea el suelo y no a la señorita.
Un batiburrillo de lo más estúpido y falto de carisma, aburrido, sin mucho interesante que ofrecer, que se deja ver por liviano, pero que no supera ningún tipo de expectativas. Su naturaleza exploiter es la única razón de ser para interesarse por ella, pero yo creo que ni por esas. Se estrenó con un cartel que ofrecía un elenco que no salía en la película, pero en posteriores ediciones videográficas a cargo de la Troma, el pirata de Lloyd Kaufman hizo exactamente lo mismo; darnos carátulas de vídeo que ofrecían chicas que no aparecían en la película y situaciones que tampoco.
Con el título inicial de “Black Socks” y en un intento de aprovecharse del tirón de las películas de Russ Meyer, esta sandez en celuloide pronto pasó a titularse “Video Vixens!” y así es como se la conoce hoy en día, incluida en la versión que distribuyó la Troma y que es la que rula en DVD por todo el mundo. Es precisamente por el parecido de su título con el de los más populares de Meyer que esta película está en el mapa. La gente la ve, porque en su ignorancia, cree que va a ver los súper melones de las películas de Meyer. Y verá alguno que otro, pero esta cinta va por otros derroteros.
Con gran parte del equipo técnico de “La última casa a la izquierda” de Wes Craven implicado en la producción, la película la dirige una leyenda de los nudies —y los roughies—, Red Sullivan, quien algo raro le vería a esta película cuando  decidió firmarla bajo un pseudónimo, Henri Pachard. Después continuaría firmando sus películas con su nombre real hasta que en los 80 se pasó al porno y a partir de entonces solo utilizaría su seudónimo. “The Devil in Miss Jones Part. II” o “Sexcapades”, serían dos de sus películas porno más populares.
En el reparto, donde abunda el seudónimo a tutti pleni por parte de los actores, cabe destacar la presencia de ese entrañable actor de tercera fila habitual en todo tipo de subproductos (y también películas mainstream) que es George “Buck” Flower que aquí da vida a un extraño director de cine.
Bastante prescindible y, como digo siempre, solo recomendable a los que les pueda la curiosidad; esta siempre será saciada.

lunes, 30 de diciembre de 2013

BLOOD FEAST

A día de hoy, "Blood Feast" (1963) es mundialmente re/conocida como la primera película abiertamente "gore" de la hitoria del cine. En realidad, antes que sus responsables, Herschell Gordon Lewis (director) y David Friedman (productor) -y Allison Louise Downe (guionista)-, el cine asiático y fugazmente el terror italiano ya habían mostrado material notoriamente truculento. Pero en todas aquellas muestras primerizas el "gore" era algo fugaz, un complemento, nunca el protagonista. Eso no llegó hasta que, ahora sí, Lewis y Friedman, dos hombres de negocios puros y duros, más interesados en los billetes verdes que en la creatividad (y ya ni digamos el arrrrte), se dieron cuenta que el frasco de las habichuelas ya no estaba tan lleno desde que el tipo de cine que solía ser su especialidad, no tenía tanto éxito. ¿Y de cual se trataba?, pues de "nudies", "nudie cuties" o de "roughies". Dicho de otro modo, de todo aquello que, aún mostrando tetas y demás actos eróticofestivos, podía estrenarse en pantallas de cine comerciales sin escandalizar demasiado, ni meterse en marrones legales. Por entonces ya existía la pornografía, pero era algo totalmente marginal, clandestino, y así lo sería hasta los años 70. Aquellos que querían pajearse tranquilos sin que la policía les cortara el rollo tenían que conformarse con ver las películas esputadas por gente como el tándem Lewis/Friedman.
Dada la desesperada situación (y saturación de mercado), ambos buscaban otra fórmula
de idéntico potencial lista para ser exprimida. ¿Y si en lugar de "sexo", ofrecían la violencia más destroyer, gráfica y explícita nunca antes mostrada en una pantalla?. El fin era exactamente el mismo: llamar la atención, regalar la vista con aquello considerado inmoral y semi-prohibido y lucrarse durante el proceso. En lugar de follar, la audiencia vería asesinar. Y ya que el mete-saca no podía mostrarse con todo detalle, iban a recrearse enfermizamente y coloridamente en los actos más truculentos y despiadados (aunque sin olvidar a las mozas de buen ver muy ligericas de ropa, of course). Es decir: pornografía. En la pornografía nos importa un güevo lo que pasa entre polvo y polvo. En el "gore", es tres cuartos de lo mismo. Miren los "slashers", o las películas alemanas consideradas extremas. Pasamos a cámara rápida o pensamos en la lista de la compra cuando los personajes hablan o pasean, pero nos paramos y nos deleitamos gustosamente cuando se nos muestra el acto salvaje, la mutilación.
Aunque el talento de H.G.Lewis como cineasta sea muy limitado, no se trataba ya de que el hombre desconociera el modo de facturar bien las películas, es que a él tampoco le interesaban demasiado las partes que no incluían hemoglobina. No por una cuestión de gusto personal, sino porque el material salpicante era el que la gente pagaba por ver. En sus películas "gore" no hay ritmo, ni suspense, casi ni progresión narrativa, solo una serie de excusas para mostrar la chicha, pa ver cómo el asesino de rigor se pasa tres pueblos con la chica bonita, algo que no tardaría en generar acusaciones de misoginia, ya que en todas las producciones sangrientas de Lewis las que reciben son siempre mozas. Sin embargo, calificarlo de tal cosa es un tanto excesivo, ya que la implicación del cineasta con su material es pura y formalmente mínima, muy superficial (de hecho, el guión de "Blood Feast", y tantas otras de parecido calado, lo firmó una mujer, la esposa de Lewis en la época, la mentada Allison Louise Downe). Es un negocio, es dinero, no hay ninguna otra intención detrás, ningún mensaje, ninguna reflexión, ni buena, ni mala.
Lo sé, sueno como un crítico de cine amigo de Garci, pero no se confundan. Que acepte sin remilgos el binomio "gore" = porno, no significa que lo condene. Es un acto de honestidad. No me importa reconocerlo. Tampoco me excita sexualmente, pero sí me fascina y, muchas veces, noto cómo se me dispara la adrenalina y rebobino para volver a ver el hachazo o el aserramiento. Eso sí, siempre, siempre, teniendo bien claro que se trata de trucajes, de mentira. Jamás me verán con una guarrada real entre manos, ni aunque sea un "mondo". Cualquiera que acabe DE VERDAD con la existencia de un ser vivo en una puta peli solo merece que lo cuelguen de los cojones y le aporren la cabeza con un bate de beisbol... y a aquellos que lo ven, lo gozan y lo permiten, igual. Así se lo digo y así se lo cuento.
Una ricacha quiere montarle una fiesta de cumpleaños a su mimada hija (la guapísima chica "Playboy" Connie Mason, realmente incapaz de actuar, como muchas veces reconocieron sin tapujos los mismos Lewis y Friedman), así que contrata los servicios de Ramses, egipcio de grandes y pobladas cejas que es puro histrionimo desbocado (el culpable, Mal Arnold, años después actuaría en uno de los subproductos ultra-"trash" de Donald Farmer, en concreto "Vampire Cop"), para que monte un banquete. Lo que no sabe la señora, es que el colega va por ahí asesinado a hermosas jovencitas a las que destripa con el fin de meter sus pedazos en una olla y cocinar el delicioso manjar con el que celebrar la resurrección de su querida diosa Ishtar. Suerte tenemos de un policía de lo más enrollado -y pederasta-, que se flipa por los encantos de la moza homenajeada y anda dispuesto a cazar al malvado Ramses.
Contado así, todo suena muy llamativo y "espectacular". El problema es el cómo. Y resulta que Herschell Gordon Lewis y David Friedman eran unos chapuzas de tres pares de cojones. "Blood Feast" es rematadamente cutre e incapaz. Actores terribles, desencuadres, torpes movimientos de cámara, desenfoques, sonido de lata, raccord masacrado, montaje desalmado, efectos especiales de feria (básicamente tripas sacadas del mercado y maniquís impregnados de una rojísima sangre parida con productos de cosmética).... todo ello muy amateur, en el mal sentido. No olviden que hablamos del cine "exploitation" de los años 60, de cuando incluso estas películas, genuinamente independientes y en algunos casos prácticamente caseras, podían encontrar su pequeño hueco en las carteleras y, especialmente, los auto-cines.
"Blood Feast" es, ante todo, un producto entrañablemente risible. Te partes el ojal viéndola, lo que incrementa su indudable encanto. No sé hasta qué punto, consumida en su estreno, pudo resultar realmente impactante para las plateas adultas. En un ataque de romanticismo podemos pensar que todos salían escandalizados, o usaban las famosas bolsitas para vómitos que se regalaban en algunos cines con la entrada, pero lo más probable es que la peña se la tomara a cachondeo. Eso no quita que fue original en su concepto y, sí, innovadora. Ver cuerpos troceados y mutilados de aquella manera, y disfrutarlo a todo color, no era desde luego más de lo mismo, a pesar de lo increíblemente mal ejecutados que están los asesinatos, y lo absurdos que son, como cuando Ramses arranca la lengua de una chica ¡¡con las manos desnudas!!. Fascinante. Aún faltaban muchos años para la llegada del "boom"  de los efectos de látex, del maquillador como la estrella de la función y de la revista que todo lo impulsó, "Fangoria".
Cuando el "exploitation" puro murió, todo este cine, y todos sus responsables, fueron rápidamente olvidados. Y casi nadie se acordaba de ellos ni los reivindicaba hasta su recuperación gracias al floreciente mercado del vídeo en los 80. Ahí sí, ahí comenzó la mítica respecto a Herschell Gordon Lewis, "Blood Feast", el "gore" y la madre que los parió. Claro que, antes de eso (y de que Lewis se retirara del cine y se dedicara con mucho éxito a escribir sobre merchandising, economía de mercado o no se qué polladas) la carrera del cineasta aún esputó un puñado de obras de la más truculenta baja estofa como "Wizard of gore" o la demencial "The gore gore girls", que fue la primera peli clasificada X por su bizarra combinación de sexo y violencia. Fíjense que también entonces H.G. seguía siendo pionero utilizando la etiqueta "gore" incluso en los títulos de sus películas, treta esta que era puro gancho para todos los aficionados a las salpicaduras (y que a mi, de chaval, me volvía totalmente loco de placer).
Una vez recuperada y reivindicada la labor del amigo Herschell, lo demás es ya pura historia, historia compuesta básicamente de remakes no legales ("Fonda Sangrienta" y "Bloodsucking Pharaohs in Pittsburgh", ambas comedias), remakes sí legales ("2001 Maniacos", su segunda parte y el otro "Wizard of gore"), documentales, reconocimiento mainstream y secuelas. A mediados de los 80, Fred Olen Ray anunció un "Blood Feast 2", con Michael Berryman en el reparto, que nunca se llevó a cabo. Esto únicamente lo consiguieron los mismos Herschell Gordon Lewis y David Friedman, juntos de nuevo, en el 2002 con la peli que representaba su verdadero "return", "Blood Feast 2, all u can eat", a la que, seis años después, siguió "The Uh-oh show". Ambas rematadamente malas (o directamente horrendas) y en las que se apuesta mucho más abiertamente por el humor, por el cachondeo y el delirio. Cierto que, salvo "Blood Feast 1" que intentaba ser seria, Lewis ya solía tirar de la risa, aunque fuese en pequeñas dosis (de hecho, hasta cierto punto "2000 Maníacos" es la primera "comedia gore" de la historia. Y "The gore gore girls" se pretendía genuinamente una coña, solo que estaba tan mal parida y era tan retorcida, que nadie lo notó) pero ese humor era siempre extremadamente negruzco. En sus últimas producciones -especialmente "The Uh-Oh Show", pues aún "Blood Feast 2" a ratos resulta un tanto perturbadora- el cineasta parece especialmente interesado en desmarcarse del lado más mal rollero y enfermizo del tipo de cine que él mismo ayudó a crear. O casi directamente creó, con ese anti-clásico altamente recomendable, tanto por su condición de curiosidad, de pieza de estudio antropológico como de amplio generador de carcajadas que es "Blood Feast". Y es que la edad no perdona, amiguitos.

viernes, 31 de diciembre de 2010

HERSCHELL GORDON LEWIS, THE GODFATHER OF GORE

Que manera más cojonuda de acabar el año. Si el Miércoles por la noche sufrí con una de las pelis más horribles de las visionadas este 2010 (sin contar la infame "Machete"), ayer fue el caso opuesto, casi puedo decirles que "Herschell Gordon Lewis, The godfather of gore" es lo mejor que he visto en este año que esta misma medioanoche nos dice adiós. 106 minutos de duración que disfruté desde el primer hasta el último segundo.
Co-dirigida entre Jimmy Maslon y, nada menos, Frank Henenlotter (reconocido fan del cine trash/exploitation y del Sr.Gordon Lewis), el docu repasa de pe a pa la carrera completa del famoso realizador americano (a quien tuve el honorrrrr de conocer in person en Sitges. Un tipo encantador, júrolo), aunque lo de completa no es del todo cierto, ya que sus más recientes contribuciones al séptimo arte ("Blood Feast 2" o "The Uh! Oh! Show" que seguramente en breve reseñaré) son drásticamente ignoradas. Y es que en realidad el tributo de Maslon/Henenlotter no es únicamente a Lewis, lo es también al exploitation original, a una época y un modo de hacer cine olvidados y que no volverán.
Porque H.G.Lewis, antes de inventar el gore como género cinematográfico, tocó otros palos, destacando los "Nudies" o los "Nudie-Cutie" o los "Roughies" (toma castaña!), que eran, básicamente, el porno de la época. Así pues damos un repaso a toda esta parte de su filmografía hasta el parimiento de las míticas "Blood Feast" y "2000 Maníacos", que son las pelis que se llevan una mayor parte de metraje y una mayor dedicación. Claro que luego seguimos palante y cerramos con , obvio, la retorcida "The Gore Gore Girls".
¿Y qué decir del viaje?, que es increíble y totalmente gozable y regocijante. Se nota a la legua que los directores AMAN el tema que están tocando, y por ello lo cuidan, lo miman, se lo pasan pipa y se internan en él hasta el detalle. El docu está plagado de extractos de pelis de lo más oscuras, de cortos educativos, de tomas falsas y/o erradas, de making ofs paridos en 8mm y, en fin, de toda suerte de fascinantes documentos. Incluso se dan el lujo de recuperar secuencias de una peli perdida de Gordon Lewis!.
Por delante de la cámara asoman un montón de ex-técnicos y ex-actores del universo del padrino del gore (y de su carismático socio David Friedman), así como invitados de la categoría de John Waters o el divertido crítico Joe Bob Briggs. El propio Henenlotter se reserva apariciones, muchas de las cuales son lo más coñero del docu. Y es que el humor está muy presente durante toda la proyección, algo muy agadecido.
Sin embargo, para mi, el punto álgido es cuando visitan el pueblo que sirvió de escenario para "2000 Maníacos" en compañía de los propios Lewis y Friedman, van al motel donde rodaron, ahí se encuentran con uno de sus actores y hasta el niño rubito de la soga aparece, ya cuarentón, contando anécdotas del rodaje. Lo dicho, una labor de amor puro total y completamente fascinante.
Yo disfruté como un enano, quizás también ustedes tengan esa suerte. Un diez.

sábado, 14 de junio de 2025

BLOOD FEAST 2 : ALL U CAN EAT

2002 no solo marcó el regreso de Herschell Gordon Lewis al cine (quien no dirigía desde hacía, justo, treinta años con la simpática "The Gore Gore Girls" como última aportación oficial), sino también de su antiguo socio, y célebre "exploiter", David F. Friedman. "Color Me Blood Red" puso fin en 1965 a una notoria carrera compartida entre "nudies", "nudie cuties", "roughies" y, por supuesto, el nacimiento oficial del gore como género cinematográfico dos años antes con la entrañablemente chapucera "Blood Feast". Ahora -el de 2002-, redescubiertos y revalorizados, unían fuerzas de nuevo con una secuela oficial de aquella. Ya se habían hecho varios intentos. En su día Fred Olen Ray anunció una con supuesto protagonismo de Michael Berryman, pero jamás se supo del asunto. Luego llegaron semi continuaciones trufadas de humor como "Bloodsucking Pharaohs in Pittsburgh" y, la más lograda, "Fonda Sangrienta". Resulta curioso que, a la hora de afrontar su genuina segunda parte, el tándem Lewis/Friedman hiciera exactamente igual que aquellas dos, tirar de cachondeo voluntario, cosa totalmente ausente en la original (donde las -generosas- risas eran completamente accidentales) y, a gusto personal, un error. Sí, vale, entiendo que no puedes tomarte en serio "Blood Feast", y menos una secuela parida casi casi cuarenta años después, pero, no sé, me parece incluso hipócrita. Y no solo eso, es que, además, las gracietas funcionan igual que cualquier clase de "parato" electrónico comprado en un bazar chino.
La trama, básicamente, es idéntica -e idénticamente escueta- que la peli del 63. El tataranieto del asesino de aquella compra la tienda donde ocurrieron todos los crímenes en nombre de Ishtar con intención de seguir la tradición. Me refiero a la culinaria, pero pronto el nuevo Fuad Ramses (Tercero, para más señas) cae rendido bajo el hechizo de la dichosa diosa sumeriana y, ¡ea!, a masacrar jovencitas a troche y moche. Naturalmente, la policía le pisará los talones en el proceso.
Por supuesto, lo importante de "Blood Feast 2 : All U Can Eat" (traducido sería "Todo lo que puedas comer"), como ocurre siempre en el cine de su director, es el elemento "exploitativo" que, pal caso, se refiere a lo truculento. Y acá no se queda corto. La diferencia es que los efectos especiales han mejorado sustancialmente, y donde antes teníamos risibles maniquíes pintarrajeados ahora tenemos prótesis de látex no especialmente bien paridas, pero más convincentes. Las maneras son idénticas a las de, por ejemplo, "The Gore Gore Girls", con primerísimos primeros planos de las manos del asesino gozando casi sexualmente al manosear vísceras, globos oculares y demás mandanga extraída de sus víctimas a base de cuchillo. Claro, en las pelis antiguas todo ello resultaba grotesco pero, por su poca verosimilitud, medianamente gracioso. En el caso que nos ocupa, la mejora de los trucos incrementa el mal rollo porque es todo más creíble, y ver en perfecto detalle cómo Fuad Ramses (Tercero, para más señas) rebana el cuello de una chavala o le abre la cabeza y extrae el cerebro pues, hombre, puede perturbar un pelín, la verdad. Supongo que es aquello de lo que se ha acusado al cine de H.G.Lewis en sus distintas reencarnaciones modernizadas, como pasó en los setenta: sin el elemento inocente de sus inicios, todo adquiere un aire más desagradable, ofensivo. En cualquier caso, el encargado de dar forma a esos cuerpos mutilados es Joe Castro, caballero que ha puesto las zarpas en infinidad de subproductos, llegando a dirigir los suyos propios (como la saga "Terror Toons").
El poco imaginativo y menos inspirado guion corre a cargo de un tal W. Boyd Ford, hombre de infracine escasamente destacable. Quizás su ocurrencia más notable sea apellidar a los dos policías protagonistas como "Myers" y "Loomis", y si no lo pillan, son ustedes indignos. A ambos los interpretan actores de esos de quita y pon, aunque tal vez podríamos destacar la presencia -como "Loomis"- de John McConnell quien, a lo largo de su carrera, se ha dejado ver en algunos títulos bastante reconocibles. No es el caso del peculiar individuo de peculiar nombre que da vida a Fuad Ramses (Tercero, para más señas), un tal J.P. Delahoussaye, con, por lo visto, una carrera algo menos oscura como comediante. Así las cosas, el rostro más relevante de "Blood Feast 2" es el del declarado fan de Lewis, vendido, mangante y destructor del genuino cine underground, John Waters, haciendo de un cura que se pirra por los niños. Justo, el tono de comedia del film se mueve entre la brocha gorda de aquel (el asesino se corre sobre un postre que da de comer a una tipa, presenciamos el plano detalle de la ruidosa ingestión de un donut, etc) y ciertas maneras desconcertantemente deudoras del puro "spoof" -aunque sin resultados eficientes, añado- como ese cadáver presente en casi todos los planos y al que se ignora por completo.
Tampoco podemos pasar por alto los cameos de Donald Farmer, SOVista, ex-fanzinero y tan fan del director de "2000 Maniacs" como para, en una ocasión, incluir al villano de "Blood Feast" -Mal Arnold- en uno de sus subproductos, y el mismo David Friedman. Es posible que haya otros, pero se me escapan. Vale, muy bien, has mentado hasta el último pene y micro-pene del reparto pero ¿¿y las chavalas?? Pues, tal y como pueden imaginar, las hay en generosas cantidades, todas muy sexys y todas -salvo la madre de la prota femenina, retratada cual harpía- en tetas cuando es de menester. Son especialmente llamativas -por tontas- las escenas en las que salen hablando de sus modelitos de ropa interior y mostrándoselos unas a las otras. Viva la inteligencia, amigos.
Por lo demás, pues no hace falta ser gacetillero del "Cahiers Du Cinéma" para asumir que estamos ante un auténtico truño de proporciones épicas. Sí, claro, "Blood Feast 2" es mala hasta el dolor, H.G.Lewis sigue siendo un director pésimo y sin creatividad alguna y el resultado -que encima se prolonga hasta los 100 minutos, ¡¡hay que ser cabrón!!- aburre sangrantemente (nunca mejor expresado pal caso). No hay ritmo, no hay progresión, no hay diversión, no hay NADA. Solo sangre a chorros y unas pocas ubres. ¿¿Sorprendido, ofuscado, decepcionado?? En absoluto. Sabía ande me metía, solo que apetecía reseñarla y de ahí el sacrificio que, espero, valoren en su justa medida.
Considerando el gueto del que surge la película, asumo la no existencia de una tercera entrega cual prueba de un descalabro comercial tan grande como para ni tan siquiera planteársela a niveles subhumanos. "Blood Feast 2" viene rodada en celuloide -35mm diría yo- y la fotografía incluso está decente. Hubo un mínimo esfuerzo y dispendio económico ahí. Herschell Gordon Lewis tardaría siete años en rodar de nuevo (primero "The Uh-Oh Show", otro pestiñaco y, después, ya directamente con cámara de vídeo, en funciones de co-director y a un nivel miserable, "BloodMania") y catorce en abandonar esta dimensión (coincidiendo con el lamentable remake oficial de "Blood Feast", pero esa es otra historia).
La banda sonora viene compuesta únicamente de canciones, destacando -por número- aquellas de "Southern Culture on the Skids", continuas, constantes -se cortan bruscamente de una escena a otra- y muy adecuadas dada la naturaleza del grupo en su imagen "white trash", o "redneck" si lo prefieren, y maneras algo "countrys", etiquetas asociadas a unas cuantas de las películas del amigo Lewis (y no únicamente las gore, también hizo dramones violentos de paletos en conflicto).

viernes, 5 de agosto de 2011

JUEGOS DE SUPERVIVENCIA

En teoría, ponerse a hablar de Roberta Findlay supondría hacerlo también de Michael Findlay. Durante los 60, formaban una activa pareja creativa especializada en los productos más crudos y trangresores del genuino "grindhouse", con especial dedicación al "sexploitation" y los llamados "roughies", donde se mezclaba sexo y sadismo. Michael dirigía y actuaba, mientras Roberta ejercía de cámara, actriz y, a veces, guionista. En los 70 lo intentaron con el terror, pariendo la infamemente famosa "Slaughter / Snuff" y esa aberración titulada "Shriek of the mutilated". Ya divorciados, Michael Findlay murió en un accidente de helicóptero (durante años se dijo que decapitado, aunque luego se ha demostrado que la cosa no fue tan espectacular). ¿Y Fin?. Pues no, aquí es cuando aclaro el "en teoría" con el que iniciaba este escrito. Roberta Findlay asegura estar hasta el coño de que siempre se la asocie a su ex-marido difunto, y que le pongan la medalla de haber co-creado películas que en realidad eran cosa del otro. Según la moza, su verdadera carrera como directora se inició después de la muerte del Sr.Findlay y en el espeso campo de la pornografía. Llevó las riendas de varias pelis-mete-saca hasta que cavó su propia tumba pariendo un falso biopic oportunista, morboso y, por ende, muy mal recibido en el mundillo, de la entonces recién suicidada Shauna Grant. ¿Qué hacer seguidamente?, pasarse al negocio del cine de género destinado al mercado del vídeo, que por entonces comenzaba a despuntar con fuerza, con pequeños films -de terror, obvio- como "Blood Sisters", "Lurkers", "Prime evil" o "The Oracle" (de la que algún día les hablaré largo y tendido, pues poseo el VHS y viene acompañada de una simpática y nostálgica anécdota). Sin embargo, su mayor logro en este periplo fue, justamente, una peli ajena al horreur, "Juegos de supervivencia".
La encontré el otro día en un "Cash & Converters", y me hizo especial ilusión, ya que cada vez son menos las ocasiones en las que, entre un montón de VHSs recientes y carentes de atractivo alguno, aparece uno genuinamente valioso... que encima me costó ¡¡10 céntimos!!. Así da gusto ser coleccionista de cinta magnética. Llegué incluso a bromear con que iba a ser un suplicio y el gasto, después de todo, excesivo. Pero por la noche tuve que tragarme las palabras al encontrarme ante un film bastante potable, razonablemente entretenido y con alguna des/agradable sorpresa.
Si hay algo que me gustaba de Roberta Findlay era su pasmosa sinceridad. Solía afirmar siempre que su único motivador era el dinero, y que le encantaba rodar secuencias de sangre y violencia pues sabía que estas eran un imán de peso para buena parte del aficionado medio. Lo gracioso de "Juegos de supervivencia" es que, tratándose de un thriller en el que los inquilinos de un edificio del Bronx se enfrentan con uñas y dientes (y cuchillos, palos y lo que haga falta) a una panda de pseudo-punks de exagerado y ridículo aspecto que quieren apropiarse de las viviendas, sorprenden lo gráfico, sangriento y retorcido de sus momentos violentos, que son muchos. De hecho, tuvo algún que otro problema con la censura y creo recordar que en Inglaterra estuvo prohibida durante unos años. Destacan una violación con escoba, unas tijeras clavadas en un ojo, un torso atravesado por una barra de acero y la inesperada muerte del supuesto héroe de la función. Todo ello a base de muuuuucho líquido rojo, que parapeta la precariedad de sus efectos especiales, de lo más costrosos (se incluye aquí un rayo caído del cielo con fines electrizantes, vergonzantemente cutre).
Con todo, la peli se soporta bien, tiene su gracejo (en parte por su auténtica y honesta condición de "grindhouse", en unos tiempos en los que está tan de moda falsear/exagerar ese concepto) y, sí, es lo mejor que Roberta Findlay parió en toda su miserable existencia.

viernes, 20 de julio de 2018

THAT'S SEXPLOITATION!

El entrañable Frank Henenlotter, fan de todo tipo de subgéneros, es un tipo inquieto y creativo. Así que es capaz de crear desde cero sin mucha preproducción  ni ideas previas. Así, y formando Henenlotter parte del staff de Something Weird Video, y teniendo, por una parte, acceso al increíble catálogo de la distribuidora y también acceso a una entrevista bien extensa que se le hizo a David F. Friedman apenas un año antes de que falleciese, se saca de la manga un documental de casi dos horas y media de duración, dedicado a una de las corrientes cinematográficas peor vistas y más ninguneadas de cuantas existen; el sexploitation. Para ello graba nuevo material en el que, con intención ya de hacer el documental, Henenlotter, hace las veces de maestro de ceremonias, haciéndose acompañar de una señorita de buen ver, un tanto ajada, que no duda en hacer girar unos flequillos al ritmo alborotado de los movimientos circulares de sus tetas.  Frank Henenlotter introduce a Friedman y este comenzará a parlotear de la historia del sexploitation desde sus inicios en el cine mudo hasta su desaparición en los años setenta con la llegada —y legalización— del porno duro.
Entre medias, veremos toneladas de escenas de las películas a las que hace mención Friedman, mientras que en algunos momentos, Henenlotter hace comentarios jocosos y chascarrillos sobre algunas de las imágenes que estamos viendo.
En su discurso, Friedman, le pasa factura a todas las variantes del sexploit, a saber; Shots, Nudies, Roughies, Sex comedies… Digamos que es un documental de lo más completito.
Sin embargo se queda absolutamente cojo porque en lugar de condensar todo en una hora y poco, que es lo que el documental pide, Henenlotter, sin pedirle cuentas a nadie al respecto, se empeña en mostrarnos, escenas y escenas, trailers y trailers, montajes y montajes… tantísimo material del catálogo Something, que al final colapsa las partes interesantes. Por otro lado, el documental es de una linealidad exasperante, ya que vemos todo el rato lo mismo, en el mismo tono y con el mismo ritmo. Antes de las dos horas el espectador ya está hasta los cojones de jamonas cincuenteras y sesenteras. Es un coñazo. Quizás, si se hubiera montado solo la entrevista a David F. Friedman, igual hubiese sido mejor la cosa… pero así, como ha quedado, resulta de lo más plomizo. Casi mejor ver uno de esos recopilatorios de trailers que de vez en cuando edita Something Weird.
Un rollo, pero, tras verlo, me queda esa sensación positiva de que al final, Frank Henenlotter, ha hecho lo que le ha salido de los mismísimos huevos. Y eso sí me gusta.
Échenle un ojo, que tampoco pasa nada.