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viernes, 30 de marzo de 2012

TIMERIDER (EL JINETE DEL TIEMPO)

Clásico de los video-clubs de nuestra época que jamás llegué a alquilar por un motivo bien sencillo: lo delatadoras que eran las imágenes de la parte de atrás de la caratula. "Timerider" estaba ambientada en pleno oeste y a mi, ya desde chaval, el western era un género que nunca me atrajo, salvo honrosas excepciones (no, no van aquí incluidas las aburridas aportaciones de Sergio Leone). Han tenido que pasar toda esta ristra de años (muchos) para que Mr. Pajarillo me la cediera en formato Beta y yo la viera ayer noche gracias a mi ruidoso y encantador armatoste-vídeo.
Lyle Swan es un reputado piloto de motocross que un día, en plena ruta desértica, cruza por en medio de un experimento científico y, sin darse ni cuenta, viaja al pasado, concretamente a la época del oeste. Una vez allí, su apariencia y, especialmente, su moto harán que se meta en toda clase de líos. Un grupo de rufianes le perseguirán, obsesionados en agenciarse la poderosa "máquina" sobre la que el muchacho cabalga. Una chica se lo beneficiará y, en fin, alguna cosa más.
Pues sí, hice mal no alquilando "Timerider" en su día porque la verdad es que está un rato entretenida. Igual que el western no me tira mucho, sí me ponen cachondo las pelis de viajes en el tiempo, con especial afición por las partes en las que el viajero, si va hacia el futuro, o el testigo, si vive en el pasado, lo flipan con los avances tecnológicos que contemplan. 
"Timerider" es pura consecuencia del nuevo cine espectáculo que despuntaba ya en su momento (1982) en Hollywood, la diferencia es que sus perpetradores no contaban con los holgados presupuestos habituales de aquella época y se ven obligados a ceñirse más a la narración y a los personajes que a la priotecnia visual, lo que en este caso es un acierto. El film se gasta un ritmo más que efectivo, y el generoso y lustroso reparto está a la altura: Fred Ward (que interpreta al motorista pero, curiosamente, figura como secundario en los créditos), Peter Coyote en el rol del malo (siempre me ha fascinado la versatilidad de este señor que tanto puedes ver en un drama de prestigio como en una rastrera serie Z de terror), la guapa Belinda Bauer, y segundones de lujo como Richard Masur, Tracey Walter, Ed Lauter, L.Q.Jones y Miguel Sandoval debutando.
El director es William Dear, que aunque no sea extremadamente conocido, tiene en su haber un par de obras bastante reconocibles. Por un lado "Bigfoot y los Henderson" y por otro el episodio de la falsa momia de "Cuentos asombrosos" (bueno, y "Agente Juvenil" con Richard Grieco). Resulta curioso que Dear terminara currando para Spielberg habiendo parido algunos títulos muy deudores de su cine, especialmente si tenemos en cuenta el trivial, pero existente, parecido entre la trama de "Timerider" y la posterior "Regreso al futuro 3".
A "Timerider" también se la conocía como "La aventura de Lyle Swan", lo que hace pensar que tal vez se pretendía dar forma a una nueva franquicia, cosa que no cuajó por los motivos que fueran.
Una peliculilla sencillita, sin pretensiones y sin capacidad de deslumbrar pero que entretiene en su justa medida. Recomendable.

viernes, 15 de agosto de 2008

MI PROYECTO CIENTÍFICO

Esta peli es, como tanto (nos) gusta decir hoy día, muy muy ochentera. Toda ella, de cabo a rabo. Estética y narrativamente (musicalmente también). Y es que en esa década, como bien sabrán los de mi quinta, el cine que arrasaba en taquilla era el que llevaba la firma de Spielberg, ya fuese dirigiendo como produciendo. Cuando se estrenaba algo encabezado por "Steven Spielberg presenta", todos los adolescentes corríamos al cine sin pensárnoslo, porque sabíamos lo que nos esperaba: Diversión, personajes jóvenes, efectos especiales tremendos, humor blanco, ciencia ficción, aventura, etc, etc. Eso es lo que estaba de moda entonces, y a ese carro intenta subirse este "Mi proyecto científico" que perfectamente podrían haber dirigido Robert Zemeckis o Joe Dante (eso si, los de la época, claro).
Un chaval tiene que entregar un proyecto de ciencias o será suspendido. El pobre no tiene tiempo para dedicarle porque curra de mecánico. Así que va a un desguace y, accidentalmente, se topa con un cacharro de origen marciano con la capacidad de abrir barreras estelares, espaciales y temporales. Naturalmente, nada más darle al "On" se monta la de dios, lo que le obligará a él y sus coleguitas (entre ellos una comparsa cómica tan tan irritante y desagradable que solo esperas que muera) a arreglar el entuerto, todo ello entre apañados efectos especiales (Doug Beswick y Rick Baker rulan por ahí) y el inevitable toque Spielberg del momento.
El resultado, se ve con agrado y entretiene razonablemente, a pesar de su aspecto casi telefílmico. Está protagonizada por John Stockwell, un actor muy de los 80 (lo habéis visto en "Sueños Radioactivos", "Top Gun" y "Christine" a la que citan en un diálogo de la peli a modo de pequeña coña), que acabaría convertido a director y firmaría cosas como la simpática "Turistas", nada menos. Le siguen Dennis Hopper y Richard Masur (el de "La Cosa").
Su realizador, Jonathan R. Betuel, poco más hizo después de "Mi proyecto científico", aparte de un episodio de "Las pesadillas de Freddy". Eso sí, bien merece un puesto en el podio de "Imitadores de Spielberg" junto a Roland Emmerich y Stephen Sommers, aunque solo sea por su condición pionera.

miércoles, 2 de julio de 2008

PALÍNDROMOS

Todd Solondz es el chico malo del llamado "cine indie". La oveja negra entre los gafapastas. Y no porque lleve una vida extrema repleta de abusos, cual estrella del rock (sinónimo de idiota), sino por sus películas, todas ellas altamente crudas, feístas, deprimentes y bastante provocadoras. Puede que algunos le recordéis por "Happiness", su film más conocido y el que le hizo popular, la historia de un pederasta contada de forma honesta (como dijo él mismo) y que, a pesar de un buen montón de grandes ideas (y grandes actores), acaba resultando bastante aburrida.
Justamente por eso temía echar un vistazo a este "Palíndromos", su obra más reciente, y tras mucho dudar, ayer noche me la puse llevándome una grata sorpresa. "Palíndromos" es mejor película que "Happiness", para mi sí, porque tiene todo lo que hacía especial a aquella, pero al mismo tiempo entretiene bastante más.
Narra la historia de una niña obsesionada con tener hijos. Se queda preñada siendo muy jovencita y sus padres la obligan a abortar, por lo que escapa de casa. Sus consiguientes desventuras llenan un metraje que se mueve entre la extrema crueldad y mala baba, y la más oligofrénica inocencia. Es especialmente memorable el momento en que la prota, que responde al nombre de Aviva (efectivamente, un palíndromo), aterriza en un albergue de niños discapacitados conducido por un par de fundamentalistas cristianos. Aquí, francamente, no sabes cómo tomarte lo que ves, ¿una exaltación de la inocencia, o la explotación del ridículo que en algunos momentos rozan los mentados niños discapacitados?, o soy un tipo muy cabrón, o Solondz sabe como manipular a su audiencia. Los momentos de júbilo en nombre de Jesús, en los que todos sonríen en riguroso orden, tal como si fuera una sitcom, o los números musicales de gospel cutre-salchichero son, sinceramente, alucinantes. Naturalmente, y viniendo del director de "Happiness", nunca hay sitio para la esperanza. Los mentados fundamentalistas cristianos mandan a un asesino para matar a un médico abortista, y el tipo que aprieta el gatillo es un pobre lerdo cuarentón que, previamente, se ha follado a la ingenua (o no tanto) Aviva, en secuencias que me sorprende no hayan levantado más polvareda.
Uno de los aspectos más interesantes del film es que a la protagonista la interpretan varias actrices distintas, o muy distintas (de raza, altura o grosor) y en una ocasión, y durante meros 10 minutos, tiene el rostro de Jennifer Jason Leigh. Como dato curioso, mencionar que el actor que pone rostro a su padre, Richard Masur, salía en "La Cosa".
El desenlace es especialmente cruel, pues a su protagonista puede parecerle optimista, pero el espectador tiene los suficientes datos para saber que no. Todo ello contado “a lo Solondz”, sin prisas, echando mano de cierto minimalismo y con mucha sobriedad en el terreno estético.
Puro cine "indie", pero del bueno, del que arriesga, del que rompe.

domingo, 6 de octubre de 2013

VUELO 90: DESASTRE EN EL POTOMAC

La última vez que cogí un avión -hace muy poquito-, y durante la parte en la que azafatas y azafatos explican las normas de seguridad,  recuerdo que nadie prestaba demasiada atención, se oían conversaciones, e incluso risas, y yo, por un momento, dije para mis adentros: "Imagínate que sufrimos un accidente, ¿cuantos se arrepentirían de no haber escuchado?, ¿de no haberse enterado de cómo usar la mascarilla o el chaleco o lo que coño sea?". Bien, es ese un momento que, en cierto modo, recrea una escena de "Vuelo 90: desastre en el Potomac", telefilm del año 1984 que en España se estrenó en lo cines y que, como todos deberían saber, está basado en un desastre real ocurrido un par de años antes. Tal y como les contaba, cuando las azafatas dan las instrucciones de seguridad, la cámara se recrea especialmente en el nulo caso que les hacen la mayoría de pasajeros, que ríen y son felices ignorando la que les espera. De hecho, y esto puede ser un aporte exclusivamente peliculero, los únicos que se salvan (cinco de un total de 79) son los que, segundos antes del accidente, adoptan la postura requerida para semejante crítico momento.
El caso es que aquel día hacía muy mal tiempo, nevaba a porrillo, y al parecer los extremos de las alas del avión se congelaron. Eso impidió el correcto despegue y, a los pocos metros de salir, el aparato se estrelló contra un puente, llevándose por delante unos pocos vehículos, y acabando hecho pedazos y hundido en el río del título. Dadas las dificultosas condiciones climatológicas, costó un huevo rescatar a los supervivientes, que casi estaban congelados. Mu jevi. De hecho, y aunque la peli está visiblemente rodada en 35mm, hay insertos de vídeo de los años 80 extraído, lógicamente, de las imágenes reales que grabaron las cámaras de la televisión, astutamente -aunque no muy certeramente- intercaladas con la reconstrucción de los hechos para dar mayor verismo al sarao.
"Vuelo 90: desastre en el Potomac" (traducción literal del título original) no se aleja demasiado de la estructura de este tipo de películas, que habían vivido su mayor auge en los años 70 con toda la saga "Aeropuerto" y sus imitaciones (como aquel siniestro "Concorde Affaire ´79" parido nada menos que por Ruggero "Holocausto Caníbal" Deodato). Primero nos sitúan con algunos personajes clave, luego presenciamos el accidente (que prácticamente no se ve, es muy cutre, imagino que por limitaciones presupuestiles... vamos, que lo más espectacular al respecto lo tienes en la sensacionalista caratula de la edición en VHS que he consumido) y finalmente, el rescate. De entre medias, pues la peli dedica un cacho consierable a la larga espera que el avión tuvo que sufrir antes del despegue (curioso, la mayoría de pelis del subgénero se centran en el pre-despegue, en el vuelo o en el rescate, pero nunca en la espera... en ese sentido, el film es pionero) y presenciaremos las distintas reacciones de los familiares y parejas tanto de los supervivientes como de los fallecidos, algunas de ellas genuinamente emotivas y no especialmente melodramatizadas (me hago vieja), algo que de entrada asusta porque, como telefilm que es, nos presenta a toda una serie de personajes con una única cosa en común, lo felices y chachis que son todos. Bien por el director y el guionista de no limitarse a retratarnos a los que salieron "bien parados" de la terrible experiencia.
El reparto, pues muy adecuado dado el origen del pifostio, pero yo me quedo con los siguientes caretos, Barry Corbin, Stephen Macht, Richard Masur o Kathleen Wilhoite (así leídos no suenan de mucho, pero vistos, son fácilmente situables). Al director, Robert Michael Lewis no lo conocía, ni me interesa ya que, lógicamente, la gran mayoría de su trabajo pertenece a la caja tonta.
Y, precisamente, a lo tonto y entre pitos y flautas, uno llega al final de la peli y se dice "Ah pero, ¿ya se ha acabado?". Es raro, sí, pero sus 120 minutos de duración se me pasaron bastante rápidos... sin estridencias ni nada destacable en ningún sentido (ni bueno, ni malo), bien, limpiamente, con absoluta normalidad. Vamos, lo propio de un telefilm parido con cierta solvencia. Algo es algo.

sábado, 21 de diciembre de 2019

EN TIERRA PELIGROSA 2

"Fire Down Below" es el título original de esta película de Steven Seagal que a España llegó (creo que únicamente en vídeo, aunque no he podido corroborarlo) como "En tierra peligrosa 2". Es 1997 y ya no se estila eso de las secuelas falsas, por lo que la operación se antoja del todo incomprensible. Para la ocasión el de la coleta interpreta a un agente del medio ambiente llamado "Jack Taggert", mientras que "En tierra peligrosa 1" daba vida -es un decir- a "Forrest Taft". Que no, que no es el mismo. Pero esas son las ventajas de que Seagal haya interpretado igual a todos los personajes de sus películas, puedes poner que una es secuela de otra y da el pego. Recordemos que algo así ocurrió de manera legal únicamente una vez, con "Casey Rayback" y sus dos "Alerta Máxima" (claro que me limito a la época buena del actor, si nos referimos a la hornada de subproductos de los últimos años, no tengo ni idea). En cualquier caso, y aunque "Warner Brothers" accediera a poner los dineros de esta nueva aventura Seagaliana, una cosa iba a estar clara desde buen principio: Prohibido dejarle ocupar la silla del director. Para lo cual, ficharon al típico mindundi que venía de la tele y a ella volvería, Félix Enríquez Alcalá (responsable ese mismo 1997 del famoso piloto sobre la "Justice League of America", nunca emitido de modo oficial pero localizable mediante piratería), lo que hace suponer que, aunque Don Steven no firma la dirección, seguro que en el plató mandó cuanto quiso.
"Jack Taggert" se pira hasta los frondosos bosques de Kentucky porque un empresario malvado está llenando de temibles residuos tóxicos unas minas abandonadas y hay que pararle los pies. Intentará integrarse en lo más profundo de la américa profunda (incluso hace una coña/referencia muy oportuna a "Deliverance/Defensa") y será continuamente atosigado por los matones de rigor, comandados por el hijo del empresario. Se defenderá a hostia pura y superará todas las limitaciones propias de la ley para enchironar al malo.
"En tierra peligrosa 2" tiene un par de rasgos curiosos: Una banda sonora trufada de country y blues que llega a su cenit cuando Steven Seagal se presta a tocar la guitarra, su otra gran pasión (junto a la ingesta de donuts, ¡lo siento, tenía que hacer el chiste!). Y una violencia mucho menos contundente de lo habitual. Claro, ver al de la coleta soltando la chapa ecologista y humanitaria para, luego, reventar a los villanos de la manera que solía, era raro. Por eso en esta nueva aventura, aunque reparte mucha y dolorosa estopa, no mata a nadie. A nadie. Ni al más malvado, que graciosamente interpreta todo un icono hippie como es Kris Kristofferson. Del plantel restante destacan Marg Helgenberger, Stephen Lang, Harry Dean Stanton y Richard Masur.
Ciertamente, "En tierra peligrosa 2" no es la mejor peli de Seagal, pero tampoco la peor. Cumple con lo que uno busca en estos productos, pasar el ratico. Las escenas de acción están bien y el panfletismo es algo menos empalagoso, sobre todo porque aparcan totalmente el rollo místico que tanto jodía a la supuesta primera parte (risas).

sábado, 9 de febrero de 2019

SESIÓN DOBLE : LEATHERFACE + PESADILLAS

LEATHERFACE : Alexandre Bustillo y Julien Maury alcanzaron cierto renombre tras su más que potente primera película, "Al Interior". Pero ya saben lo que pasa cuando despegas tan arriba, que lo que viene después, por norma general, es todo caída libre. Y, también por norma general, rara vez se consigue igualar ese iniciático gran momento. Le ha pasado a Mario Bava, a Sam Raimi, a Stuart Gordon y a unos cuantos más. Bien, añadan a la pareja de gabachos en esta lista, porque sus siguientes aportaciones no solo no molaban tanto, es que resultaban bastante decepcionantes. Y mucho me temo que este "Leatherface" es, en ese sentido, una más.
Tras casi lograr reconducir las riendas de la franquicia "Hellraiser", Bustillo y Maury dan por fin su ansiado paso al cine Hollywoodiense con esta pre-cuela de la secuela del remake de "La matanza de Texas". ¿La adolescencia de "Cara de cuero"?, ¿y a quién demonios le importa?, ¿no han pensado que haciendo algo así se cepillan por completo la gracia del personaje?. La idea daba grima y, por desgracia, una vez vista puedo afirmar aquello de "¡cuánta razón tenía!".
"Leatherface" narra una especie de historia a lo "Bonnie and Clyde" con una panda de criminales jovenzuelos sembrando el terror en la norteamérica profunda. Uno de ellos, el que menos te esperas, y al que menos le pega, acabará convertido en "Leatherface". Asistir al proceso se supone que es parte de la coña. Y está contado de la manera más anodina. No hay suspense, no hay miedo, no hay inquietud. Bien rebañado en ese gore limpio y bonito tan típicamente mainstream y que era, por triste que suene, lo que justificaba la elección de sus directores. Al final, ni es todo lo truculenta que la pintan (de hecho, hay una escena de necrofilia tan desesperadamente transgresora que termina resultando incluso ridícula) ni consiguen que los devotos del género quedemos cegados ante las ingentes cantidades de líquido rojo. No nos vendemos tan fácilmente, amigos (tampoco deja de resultar irónico recordar que el film padre, el original de Tobe Hooper, lograba ser efectivo sin mostrar prácticamente ni una gota de sangre).
Mala y muy prescindible. "Leatherface" confirma lo poco recomendable que es seguir manoseando y mancillando a los clásicos modernos del cine fantástico. Que los dejen en paz de una puñetera vez. Únicamente logran empañar los curriculums de los grandes títulos (de terror o no) que pusieron color a nuestras adolescencias.
PESADILLAS : Originalmente concebida como serie de televisión, pero finalmente trasladada a la gran pantalla al considerarse "demasiado intensa", "Pesadillas" es una de aquellas películas que si no veías en los estantes de todos los video-clubs a los que acudías, es que no eran buenos video-clubs. Se trata de una antología compuesta por cuatro historias, sin ningún nexo de unión salvo pertenecer todas ellas al género que más nos gusta. La primera narra las desventuras de una mujer que sale de noche a por tabaco justo cuando un asesino muy peligroso ha escapado del sanatorio. La verdad es que es bastante sosita y el suspense no abunda tanto como se pretende, pero ni ofende ni molesta. En un momento dado me pareció ver en un papel muy fugaz, pero determinante, a Lee Ving, cantante del famoso grupo punk-pose "Fear" y actor ocasional. Intentaba aún discernir al respecto cuando comienza la segunda historia y, ¿qué es lo que se oye en la banda sonora?, ¡una canción de "Fear"!. ¿Casualidad?, pues no, porque efectivamente Ving era el tipo al que creía haber visto escasos minutos antes.
Dicha canción da inicio a la mejor historia del pack. En ella, un punkito aficionado a las máquinas recreativas, y que es todo un experto en lo suyo, vive obsesionado con superar el último nivel de un juego. Ello le llevará a colarse una noche en el salón donde está la máquina y conseguirlo... lo que no se espera son las temibles consecuencias. Este capítulo, además del halo nostálgico propiciado por el tema video-juegos, destaca al incluir varias canciones de bandas punk de la época como los mentados "Fear", "Black Flag" o "Negative Trend". Entrañable.
Habiendo dejado el listón tan arriba, las historias que siguen lo iban a tener complicado. La primera, es decir, la tercera, narra los avatares de un cura que ha perdido la fe y decide pirarse de su iglesia. En la huída topará con una siniestra furgoneta negra que de malas maneras le impide avanzar. Inevitablemente recuerda a "El diablo sobre ruedas" o a "Asesino Invisible", pero a pequeña escala. Está maja.
Cierra el sarao una de rata gigante. La típica familia yankee estupenda comienza a sufrir los desmanes de un enorme roedor que vive oculto entre sus paredes. Hay que reconocer que mientras este no sale y únicamente somos testigos de las consecuencias de sus actos, la peli alcanza niveles de inquietud potables. Sin embargo, es asomar la rata e irse todo un poco a tomar por saco. Primero por la resolución narrativa y segundo por unos bastante penosos efectos visuales. Lástima.
Con todo, el producto se disfruta bastante, ni que sea por su variedad y por todo lo que implica, a nivel estético y formal, el estar hecho en la época que se hizo.
El reparto es una delicia: Emilio Estevez, Lance Henriksen, Richard Masur, Veronica Cartwright, William Sanderson y Albert Hague (uno de los profes de la serie "Fama").
Entre los especialistas localizamos a Byron Quisenberry, director de la infame "Sábado 14 / Scream" (probablemente el slasher más aburrido de la historia).
Los guiones corren a cargo de Christopher Crowe (su nombre va asociado a "Susurros en la oscuridad", "Saigón" o "El último mohicano") y Jeffrey Bloom (director de "Playa Sangrienta").
Dirige el veterano Joseph Sargent ("Pelham 1.2.3." o "Tiburón, la venganza").

sábado, 26 de marzo de 2022

WALKER (UNA HISTORIA VERDADERA)

No hay discusión posible respecto a la naturaleza política de "Walker (Una historia verdadera)". Lo que ocurre es que, a mi, es un tema que no me interesa nada. Y no me suelen gustar las películas panfletarias. En orden cronológico: me aburre y me aburren. Así pues, evitaré enfocar mi reseña por esa vertiente. No sabría qué decir y, seguramente, metería la pata. Si les llama todo esto, busquen por ahí que hay peña mucho más puesta que yo escribiendo de forma asombrosamente lúcida y profunda (siempre extranjeros, por supuesto, no se fíen nunca de los gacetilleros patrios) En mi caso, solo me atraen dos cosas: el factor entretenimiento y el factor extravagancias. Asín de simple soy. Del primero no hay mucho en esta película, lo cierto es que resulta bastante palizas. Pero de lo segundo, ¡ay madre!, tienen para dar y regalar. Eso fue lo que, en su día, me encandiló.
Estamos ante un biopic sobre las hazañas de William Walker, el primer norteamericano que fue a Nicaragua por ahí 1850ypico y se auto impuso presidente a hostia pura. Una historia que en el año de producción de la peli, 1987, le iba como un guante al normalmente "radicalmente político" -y británico- Alex Cox para condenar la intervención de los USA en aquel mismo país. Lo asombroso del asunto es cómo logró que "Universal Pictures" le financiara semejante locura, la distribuyese y que el gran Ed Harris diera vida al protagonista. Encima, se piraron a Nicaragua a rodar, asegurando así cierta ayuda económica. Muy subversivo, diría alguien sesudo. Aunque no todo se limita al elemento político, también al creativo. La película comienza muy modosita, muy normal. Incluso prometedoramente. Pero a medida que avanza, y que Walker va metiendo mano a Nicaragua más y más, todo se torna delirante. Anárquico. Caótico. Incluso surrealista. Un poco como otra peli de Alex Cox que quiero revisar, "Directos al infierno". La diferencia es que aquella era más modesta y el riesgo menor. Con "Walker" el cineasta puso fin a su relación con los grandes estudios, los poderes fácticos de Hollywood. Hizo añicos toda posibilidad de ganarse el rol de filmmaker joven y arriesgado-dentro-de-un-orden.
Como decía, ese caos impide que haya una historia coherente y, por tanto, nos aburrimos. Pero a ratos despertamos gracias a arrebatos desquiciantes. Destacando los muchos anacronismos que, poco a poco, van poblando la peli. Revistas modernas, botellas de Cocacola, tabaco Marlboro, automóviles y más que no desvelaré. Pero esos son los "normales", prefiero centrarme en los otros. Entre mis favoritos están la escena en la que, mientras unos señores hablan de política, al fondo un niño toca un violín de manera infernalmente desafinada. Cuando los Nicaragüenses reciben a Walker con una pancarta en la que aparece mal escrito su nombre. El momento que unos mercenarios huyen de dinamita apunto de estallar, y lo hacen a cámara rápida, en plan slapstick. O, el rey de todos, William Walker arrancando un trozo de carne a un herido y ¡¡¡devorándolo con delectación!!!!. Obviamente, todo ello tiene su metáfora... pero a mi me la suda. Molan porque son instantes que rompen la monotonía... y de que manera.
Luego tenemos la inevitable influencia de Sam Peckinpah con esos tiroteos ultra-sangrantes (o, directamente, viendo como a uno le arrancan el brazo de cuajo), detalle con mucho sentido si consideramos que el guionista de "Walker" es el prestigioso Rudy Wurlitzer, quien curró en su momento con Peckinpah. Alex Cox se marca la machada de destacarlo en los créditos por encima de él. Aunque habría que ver si no era un modo de compensarle al haberse pasado su guion por el forro de los cojones. Porque lo parece.
Tal vez debamos alabar o culpar de toda esta locura al productor ejecutivo, Edward R. Pressman, un tipo acostumbrado a lidiar con proyectos un poco arriesgados, como hiciera en su momento con "El fantasma del paraíso", "Crimewave. (Ola de crímenes, ola de risas)", "Teniente Corrupto" o "American Psycho". No siempre se saldaba con éxito -como "Walker", mismamente- pero valía la pena vivir la aventura.
Hay muchos otros nombres la mar de interesantes. Ya saben que me pirra enumerarlos. En el reparto localizamos a Richard "La Cosa" Masur, Rene Auberjonois, Peter Boyle (tirándose sonoros cuescos), Marlee Matlin o Gerrit Graham. Mucho hispano ilustre: Alfonso Arau, Pedro Armendáriz Jr., Roberto López Espinoza, Blanca Guerra (la mamá diabólica de "Santa Sangre") y Miguel Sandoval. Y los habituales de Alex Cox: Sy Richardson, el músico punk Edward Tudor-Pole, mister Joe "The Clash" Strummer himself (autor también de la banda sonora), Zander Schloss (bajista de los "Circle Jerks") y Dick Rude. La mayoría de ellos -especialmente Harris- hipersobreactuados (aunque tal vez también eso forme parte de la locura reinante buscada de modo expreso)
Ya comenté en su momento que llegué a ser muy fan de Alex Cox. Pero a medida que me hago vieja, y reviso sus películas, me percato de que era un cineasta bastante mediocre y no tiene nada que realmente merezca la pena. Es así. Me encantaban mucho esos delirios suyos, presentes en gran parte de su filmografía, pero me temo que nada más. Y "Walker (una historia verdadera") no va a modificar esa impresión, desde luego. Aún así, como rareza, como anomalía dentro del cine mainstream ochentoso, se deja ver.