lunes, 10 de agosto de 2020

HERMANA ¿PERO QUE HAS HECHO?

“Hermana ¿Pero qué has hecho?” es una película extraña dentro de nuestra cinematografía de los años 90 porque se trata de una película para lucimiento de Lina Morgan, al más puro estilo de las películas de Lina Morgan de los años 60 y 70. No es en balde tampoco, porque por otro lado se trata de la vuelta al cine de la Morgan y del director Pedro Masó, tras casi 20 años retirados ambos del medio donde años atrás triunfaron. Entonces, el estilo de Masó no ha evolucionado: rueda con las mísmas técnicas clásicas de siempre. Quizás por ese estancamiento, Masó se rodea de profesionales del cine de la época, actrices ya maduras de las de toda la vida, y hasta cuenta con la banda sonora de Gregorio García Segura, mítico compositor presente en las más destacadas españoladas de todos los tiempos. Se trata, a todos los efectos, de una españolada clásica rodada a destiempo.
Por otro lado, esta película se adscribe a esa efímera y oportunista corriente, tan española y tan del cine español de los 90 —y me refiero sólo al cine español de los 90 realizado por los clásicos supervivientes del cine popular— que podríamos denominar “películas spot”.
En los 90, con la llegada de las televisiones privadas, fueron varios los canales que se lanzaron a participar en la producción cinematográfica. Y como mandamases, ponían sus pesetas en productos destinados a promocionarse como canal, y promocionar a sus estrellas. Así, a bote pronto, podría citar “Aquí el que no corre, vuela” por parte de Tele 5 como ejemplo de lo que digo,  y esta “Hermana ¿Pero que has hecho?” por parte de Antena 3, que estaba liderando los índices de audiencia con una serie protagonizada por la Morgan titulada “Compuesta y sin novio”. Así, el canal, no solo aparece mencionado cada dos por tres en los diálogos, sino que nos comemos el logo de Antena 3, bien vistoso, a la más mínima ocasión, así como vemos a Joaquín Prat haciendo las veces de presentador en un programa concurso que pasará finalmente a formar parte de la trama en una serie de escenas.
Por promocionar que no quede, y como la principal fuente de ingresos de Lina Morgan provenía de sus espectáculos teatrales de revista y de su función como empresaria teatral, se promociona también todo esto, y un tercio de la película está compuesto por escenificaciones sobre el escenario de una de sus obras y en uno de sus teatros, que malamente se las ingeniará Masó para incluir en el argumento.
Entonces, quizás porque lo de menos era la propia película, el resultado es una infamia sin nombre, que no gustó ni a las señoras de la tercera edad que por aquella época llenaban los teatros en los que actuaba Lina Morgan. No es para menos. Y se pegó el hostiazo en taquilla.
Sin embargo, por motivos extracinematográficos, hoy la película cobra interés, aunque sea por tratarse de la última incursión de Lina Morgan en el cine —Masó 10 años  después hizo el ridículo remakeandose  a sí mismo con “Atraco a las 3 y media”— y por tratarse de una película perpetrada con un estilo tan antiguo y tan rancio, que abruma. Y eso que para asegurarse a la platea juvenil se incluyeron frescos rostros en el cast, los de Beatriz Rico y Neus Asensi en particular.
Yo diría que, esta película, mola que exista, pero no mola coleccionarla.
El argumento, como si en los sesenta se hubiera escrito, cuenta la historia de dos monjas que deciden atracar un banco con la ayuda de dos jovencitas. Lo consiguen con éxito, pero las muchachas tenían planeado darles el palo a ellas, por lo que la cosa se truncará, mientras la policía hace sus pesquisas para averiguar si las monjas han atracado el banco o no, mientras hace acto de presencia una hermana gemela de la monja, actriz de revista, que complicará más aún las investigaciones. Huelga decir que el papel de las dos gemelas lo interpreta, como si estuviera en las tablas, Lina Morgan.
Además de los citados, tenemos en el reparto a Manuel Tejada, Manolito Rollo, Mary Francis, Pilar Bardem, Paco Merino o Emiliano Redondo.
Una basura infecta imposible de reivindicar, por mucho que en su momento tocara los cojones a los críticos eruditos de la prensa.