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martes, 8 de marzo de 2011

EL ASESINO DE MUÑECAS

Entre NECROPHAGUS, su primera película como director, y BACANAL EN DIRECTO, su despedida del mundo del cine, Miguel Madrid, rodó este EL ASESINO DE MUÑECAS, completando así un Triunvirato colosal, la quintaesencia de las películas chungas, que a mí ya me ha ganado del todo. Una sesión triple con estas tres puede licuar el cerebro a cualquiera.
Esta en concreto, a nivel risas, es solo equiparable al mal rollo que desprenden algunas de sus imágenes. Y es que es una de cal y otra de arena. No toda ella es risible, hay momentos absolutamente desagradables y tensos, pero pronto, entra en escena algún acto, dialogo y/o cutrez, que te sacan de la atmósfera, en pro de una sonora carcajada.
Naxo, ya nos dio sus impresiones por encima en esta entrada.
Un joven estudiante de medicina posee la enfermedad mental de la doble personalidad. Durante las vacaciones de sus padres, los jardineros de la mansión de una sexy aristócrata (en realidad el parque Güell de Barcelona), este se queda a cargo de los jardines, y se dedicará a matar a las parejas que se cuelan ahí a follar, ataviado de una horrorosa mascara y una peluca. Como una de sus perversiones es destrozar muñecas, contrae amistad con un niño de nueve años, malcriado y pirómano, que se dedica también a machacarlas.
Pronto, todo devendrá en un triangulo amoroso entre nuestro protagonista, la aristócrata y su hija, que acabará teñido en sangre.
Como en anteriores películas de Madrid, cuesta un poco hacer una sinopsis. Pero, hela aquí.
Si la película se sostiene, sin hacer aguas por todos lados (aunque el mismo producto en sí, es una botella de agua, y no de “Solan de cabras” precisamente), es por dos factores; Uno, su protagonista, David Rocha, sobreactuador de profesión, gritón y aullador de aspecto amariconado, con el que no podemos parar de reír. Su interpretación no es exagerada… es lo siguiente a ese calificativo. Hay dos momentos cercanos al delirio: Uno es cuando su madre, en una escena en la que explica a la aristócrata que el chaval les ha salido nenaza porque tiene alergia a la sangre, le acerca un conejo despellejado que van a cocinar, y este pega un sonoro alarido, saliendo escopeteado como si de un “Looney Toon” se tratara. El otro momento, es cuando recién proclamada su amistad con el niño rarito, se acercan a la orilla del estanque (sitado en el parque de la Ciudadela, también de Barcelona) a coger unas piedras. Se supone que David Rocha entra en una especie de trance, toma contacto con su otra personalidad, la que asesina… Bien, con la serie de aspavientos que hace el actor, no sabemos si quiere matar al niño, si quiero follárselo, o solo manosearlos. Increíble. En cualquier caso, da asco, grima y pena al mismo tiempo.
El otro factor importante, es el estético. Todo lo referente a ambientación, iluminación, atrezzo, con todas esas muñecas colgadas, llenas de mierda, medio rotas unas, otras carbonizadas… ¡Uf! ¡Que mal rollo! Una fotografía oscura y totalmente cerda, que por momentos, resulta turbadora, con todos esos maniquíes convenientemente ataviados. Todo muy arty. Se podría montar un corto muy experimental, con ciertos planos de esta película.
Lástima que una (maravillosa) total incapacidad para hacer las cosas bien, manden todo lo competente al garete, pero por otro lado, es eso precisamente lo que hace que yo tenga estima a esta peli, no lo otro. ¡Que viva don Miguel Madrid! alias Michael Skaife, para internacionalizar su nombre y vender mejor la película.
En el casting, la malograda Inma de Santis (Inma de Santy en sus inicios) que también apareció en NUNCA EN HORAS DE CLASE. Helga Line, actriz en incontables productos de todo tipo en la época, y el anteriormente mentado Rocha, cuya tendencia al exceso no le impidió hacer carrera en el cine, eso si, solo hasta mediados de los ochenta, trabajando nada menos que con Luis Buñuel en ESE OSCURO OBJETO DE DESEO, pero también con Ignacio F. Iquino en ABORTO CRIMINAL, con Juan Xiol en SEXY, AMOR Y FANTASÍA, con Pedro Masó en LA MENOR, con Mariano Ozores en EL APOLÍTICO, con Enrique Guevara en EL ÚLTIMO PECADO DE LA BURGUESÍA, con Paul Naschy en LOS CANTABROS, MI AMIGO EL VAGABUNDO, EL CAMINANTE y EL RETORNO DEL HOMBRE LOBO, con , quizás, la culpable del fin de su carrera como actor, Pilar Miro, en una de las mierdas que hizo o con Ramón Fernández en LAS AVENTURAS DE ENRIQUE Y ANA. Ahí es nada. Con ese currículo, no se como no le hemos visto en años venideros. ¿O si lo sabemos?

lunes, 14 de octubre de 2019

EL CRACK CERO

De un tiempo a esta parte, el cine de José Luis Garci —un cine bien rodado, con personalidad, absolutamente respetable— ha sido tomado a chufla muchas veces simplemente por el contenido de los trailers (a los que sí que les falta algo de habilidad)  o, sencillamente, por que se imposta una actitud festiva ante una serie de películas que no se presta a la fiesta… Vamos, por el gilipolleo. El fandom posmoderno, quería reírse de “Holmes & Watson, Madrid days” cuando no hay nada de que reírse en esa película estupenda. Aunque entiendo que se quisiera convertir a uno de nuestros mejores directores en una mofa, tras un par de películas fallidas y una mala elección de los actores y ciertas chapucillas con respecto al doblaje y esa manía que tiene Garci de doblar a sus actores y ponerles voces de profesionales del medio. Pero en verdad no hay nada de que reírse; Garci es un director clásico con unos encuadres reconocibles a poco que los miremos y una manera de narrar lenta, que se toma su tiempo, que se recrea en los silencios, deliciosa.
Al margen de esta pataleta, por suerte, llega Garci con esta precuela de “El Crack” y tapa bocas. “El Crack cero” en su primera semana de exhibición, ha sido un éxito de taquilla y de crítica, compitiendo con un mastodonte como es el “Joker” de Tod Phillips que se estrenó el mismo día. Y yo me alegro mucho de que al “El Crack cero” le vaya bien, y que los medios se hayan rendido ante el trabajo de un director que, ninguneado como está en la industria de nuestro cine sencillamente por sus preferencias a la hora de ir a la urnas, ha demostrado que una buena película de corte clásico, sin artificios y con material reciclado (todos los exteriores, ese Madrid de los años setenta,  pertenecen a descartes de otras películas de Garci), puede interesar al público de 2019. También es cierto que en la sala de cine en la que la vi, llena de parejas casi octogenarias y cincuentones medio conservadores, yo era el espectador más joven. Y es tan buena, que todos esos subnormales posmodernos que estaban afilando el cuchillo cuando supieron que Garci volvía al ruedo, tuvieron que guardárselo. Estaba oxidado. Su chiste ya no les hacia gracia ni a sí mismos.
Pero es que “El Crack cero” es una estupenda película. Muy Garci, con sus encadenados, sus fundidos a negro y su lentitud maravillosa.
Recrear los tiempos más o menos mozos de esos grandes personajes que son Germán “El Piojo” Areta y  “El Moro”, era una  tarea difícil porque había que suplantar a Alfredo Landa y a Miguel Rellán. En un principio se contó con Víctor Clavijo para el papel de Areta, pero pronto fue sustituido por un actor que tampoco me decía mucho como es Carlos Santos. Y “El Moro” está interpretado por Miguel Ángel Muñoz. Menudo peso sobre los hombros de estos dos actores. Sin embargo, dan los dos el tipo de sobra. Carlos Santos está correcto, es un Areta más que digno, mientras que la gran sorpresa me la he llevado con Muñoz que está esplendido. Y es que hay mucho prejuicio porque este chaval, no creo que sea un mal actor, simplemente que está estigmatizado por haber trabajado durante años en aquella serie vil que fue “Un paso adelante”. Y aquí lo demuestra porque, no imita a Miguel Rellán, pero claramente se ha empapado del personaje, y lo hace muy bien.
Así, la acción nos traslada a unos años antes del primer “Crack” y tenemos la toma de contacto entre Areta y el Moro, que se sumergirán juntos en el primer caso conjunto, el supuesto suicidio de un afamado sastre. La amante de este contrata los servicios de Areta Investigaciones, ya que esta considera que el suicidio no fue tal, sino que fue un asesinato. Así de simple y sencillo, la película se compone de la investigación y los interrogatorios a los que nuestros detectives someterán a los distintos personajes. Estupenda.
En blanco y negro, “El Crack cero” es una película nostálgica para los setentones que añoran los tiempos de la transición y, por ende, las películas de “El Crack”. Y así como el primer “Crack” era más deudor del cine de justicieros de los 70 (con toquecitos noir) esta lo es más del cine negro americano de los años 50 al cual Garci dedica un bonito homenaje. Como fuere, y con tantos años de diferencia y tratándose de una precuela, “El Crack cero” es un agradable colofón, autoral, cinéfilo, garciano, para una de las sagas de cine de género español más cojonudas que ha dado nuestra cinematografía. A ver si la racha en taquilla sigue en sucesivas semanas.
Como curiosidad les dejo aquí con lo que llaman un “deepfake” que rula por Youtube y en el que han sustituido infograficamente a Carlos Santos por un Alfredo Landa notablemente rejuvenecido para la ocasión. Como curiosidad está bien, pero los avances de la tecnología, me producen escalofríos. No quiero ver películas protagonizadas por actores muertos.


lunes, 21 de febrero de 2011

NECROPHAGUS

Atraído por el culto que se le profesa a esta extraña película, decidí verla, comprendiendo así, que aunque curiosa, tampoco destaca demasiado en ningún aspecto, y que el “culto” que se les dedica a según que pelis, no solo es cuestionable, si no también, incomprensible, e incluso aleatorio. Supongo que dependerá de ciertos factores. En todo caso, alguien debió valorar, el mal desarrollo de la historia, el no saber contarla (existe la posibilidad del poco entendimiento por mi parte, que no creo), y una ejecución torpe del montaje. Nada que no haya visto antes en otra película, y en proporciones mas desmesuradas.
Un individuo al que se le muere la mujer, acude a un pueblo para ver porque ha ocurrido esto (¿???). A otro individuo le entierran vivo, y regresa de la tumba convertido en un monstruo verde, absurdo y ridículo, que poco o nada tiene que ver con el que vemos en el maravilloso póster. Entre medias, tipos con mascaras corren de aquí para allá, acosando al protagonista sin saber por que… No alcanzo a comprender nada más. Ustedes disculpen mi torpeza mental… o discúlpensela al responsable de la película.
A estas alturas, ya sabrán de mi debilidad hacia este tipo de productos, pero esta vez, no he sabido encontrarle la gracia al asunto. El aliciente para ser tenida en cuenta(a niveles "malos que son buenos"), es que no te enteras de nada, pero poco más. Vale, el monstruo es totalmente risible, pero nada que a estas alturas sorprenda. Y por lo demás, ni es especialmente mala, ni destaca en otros aspectos comentables. Ritmo nulo y aburrimiento. Nada más.
En el reparto, Bill Curran, actor de tercera categoría, que intervino en pocas películas de cuarta categoría, e hizo un cameo en la serie YO ESPÍA, y es poseedor de un carisma de quinta categoría. Le secundan los imprescindibles (y motivo por el que justificar un visionado de esto) Víctor Israel y Frank Braña.
En las tareas de dirección, Miguel Madrid a.k.a. Michael Skaife, que también dirigió EL ASESINO DE MUÑECAS y la mitiquísima BACANAL EN DIRECTO, y que ya nunca mas realizó una película. Falleció en 1996.

martes, 10 de septiembre de 2024

UN KILO DE KASPA

El principal aval que convertía a “Un kilo de kaspa” en una película rara, misteriosa y desperada, era su condición de título ignoto únicamente editado en su momento en VHS con pocas copias en circulación. Lo siguiente que definía la naturaleza de esta cinta, era el hecho de que durante lustros ostentó el título de primera película rodada en vídeo en nuestro país, cosa que en absoluto es cierta porque, aún detectando que “Un kilo de kaspa” se facturó a lo largo de dos o tres años, el hecho de que existan un gran número de escenas exteriores, y que estas estén sitas en la emblemática Gran Vía madrileña, nos ayuda a adivinar el año en el que estaban grabando aquello; vemos un plano en el que al fondo se ve el ya extinto Cine Imperial donde, gracias a un maravilloso cartel pintado, descubrimos que están proyectando la película “El acusado” estrenada en nuestro país en 1986. Lo mismo ocurre con un cartel del concierto que dio en la capital en octubre de ese año Rod Stewart. Se suman al juego los carteles del cine Palacio de la Música donde se proyectaban los films “Las brujas de Eastwick” y “Réquiem por los que van a morir”, ambas estrenadas en nuestro país en 1987. Por lo que, a rasgos generales, “Un kilo de kaspa” puede que se produjera entre 1986 y 1988, apareciendo distribuida en vídeo por Spanish Home Video en 1989. Es muy probable que sus artífices pensaran que sí, que se trataba de la primera película comercial rodada en vídeo, pero lo cierto es que antes que esta ya se habían parido en ese formato “Poke” y “Viernes 31” del 1985. Así pues, para nada es la primera película patria grabada en vídeo, tal y como reza la publicidad en la caratula. De hecho, “Yo quiero ser torero” es del año 1987, “Zocta”, al servicio de Joe Rigoli es de 1988 y “Tú y yo” con Emilio Aragón es también del 88. Por lo que podemos decir que, en realidad, probablemente sea una de las últimas.
Sin embargo, lo que diferencia esta de algunas de sus coetáneas es que “Un kilo de kaspa” tiene más alma de película que las anteriormente citadas. “Poke” y “Viernes 31” en realidad son largometrajes realizados por aficionados, siendo la primera poco más que una auto edición y la segunda jamás distribuida, mientras que las otras mencionadas, todas para lucimiento de humoristas, tienen más vocación de obra teatral que cinematográfica.
Y es que “Un kilo de kaspa” es una película realizada por alumnos y trabajadores de Metropolis CE, mítica escuela de cine situada en el centro de Madrid desde 1985, en plena Gran Vía. El tanto por ciento de alumnos que se licencian en las escuelas de cine y logran posteriormente dedicarse a ello es mínimo, pero muchos de los integrantes de “Un kilo de kaspa” si lo consiguieron, y es que, la única diferencia formal entre esta y una película comercial filmada en 35 mm en la época, es el formato y, quizás, tratarse de un ejercicio académico, porque, por lo demás, es muy de su tiempo, muy de La Movida, y muy deudora de la por aquel entonces en boga comedia madrileña.
Cuenta la historia de dos adolescentes muy modernos que moran por las calles de un Madrid futurista, haciendo pequeños hurtos. Un buen día logran sustraer del bolso de una señora un polvo ¡morado! al que se refieren como “kaspa” y que bien podría ser cocaína del futuro o algo parecido. El caso es que deciden ir a venderlo y, a partir de ese momento, los adolescentes vivirán una aventurilla por los barrios del centro de Madrid, huyendo de toda suerte de mafiosos que, por algún motivo, quieren hacerse con ese kilo de kaspa.
Todo ello muy de su época, con los dos protagonistas corriendo para arriba y para abajo, recordándome mucho a otra película del periodo, “Loco Veneno” de Miguel Hermoso, con la que guarda alguna que otra similitud.
Por lo demás, la película está estructurada, iluminada, coreografiada, sonorizada, guionizada y dirigida de manera prácticamente profesional… solo que con las carencias que ofrecían los aparatos magnetoscópicos del año 87/88, ese montaje tosco —aunque fluido— y, sobre todo, lo arcaico de los aparatos destinados a tal efecto, con esas tituladoras electrónicas tan feas y tan digitales. Pero nada que envidiar a los Trueba, Colomo o Emilio Martínez Lázaro de esos mismos años. Y es que, encima, con algún momento más peñazo que otro, está hasta entretenida. Eso sí, las músicas que aparecen en la banda sonora, ya sea el “Liberian girl” de Michael Jackson o una de Tino Casal, mucho me temo que son robadas, pese a que la película cuenta con su propia composición incidental.
Por supuesto el elenco está formado por actores de la escuela, destacando a uno secundario muy correcto que, además, es un clónico de John Belushi; Lolo Giménez. Desconozco si se dedicará a la actuación en la actualidad.
Los que sí se dedican al cine de manera profesional son el guionista Carlos López que anduvo haciendo alguna cosa en la película, o Fernando León de Aranoa (“El buen patrón”, “Los lunes al sol”), hoy uno de nuestros directores-peñazo más aclamados, pero que, en “Un kilo de kaspa”, ejercía de ayudante de dirección. Asimismo su director, Guillermo Fernández, vinculado a Metrópolis en aquellos momentos,  por supuesto trabajó en el medio aunque fuese como ayudante de dirección en películas como “El rey pasmado” de Imanol Uribe o la serie al servicio de Milikito “Medico de familia”. También produjo y dirigió diversos capítulos de las tele series “Menudo es mi padre”, protagonizada por El Fary o la reciente “Águila Roja”. Paradójicamente, el único trabajo que ha firmado como director en lo que podemos considerar cine, es este.
“Un kilo de kaspa” no deja de ser una absoluta curiosidad, sin embargo, dista mucho de ser un título oscuro, amateur o underground  con una historia apasionante detrás; tan solo se trata de una película producida a modo de ejercicio para ver como se desenvolvían en un hipotético rodaje los futuros trabajadores de la industria del cine español, lo que a efectos la convierte en una más de la época.
“Un kilo de kaspa” se hacía acompañar, en su edición VHS, por un cortometraje espantoso sobre trogloditas, seguramente hecho por estudiantes, que deja entrever que los alumnos con talento de aquella promoción fueron los implicados en “Un kilo de kaspa”.
Para curiosos y completistas.

lunes, 7 de marzo de 2011

BACANAL EN DIRECTO

Más cine de nuestra transición, esta vez, calificado con una “S” más grande que una casa.
Quizás como consecuencia del éxito que obtuvo la película LA ORGIA de Francesc Bellmunt, al año siguiente se rodó esta, entretenida a fin de cuentas, pero completamente estúpida, que viene a contar mas o menos lo mismo que la anteriormente mentada.
Un cineasta, invita a una serie de desprejuiciados jovencitos a una “Suaré” en su piso. Uno de ellos, habido de sensaciones nuevas, tiene una novia un tanto mojigata, que no quiere ir a esa fiesta. Tampoco quiere joder, así que tras despreciarla, el joven acude solo a la fiesta. Una vez allí, se da cuenta de que no le gustan las guarrerías que ve, pero justo en ese momento, llega su novia con el afán de despendolarse, y ya no hay quien la pare. Así pues, se despendolan todos y acaban introduciendo en sus gratuitas practicas sexuales a un cerdo, mientras gritan “Libertad”, con mucho libertinaje.
Una gilipolléz como un templo, que solo sirve para mostrar unas carnes un tanto secas y/o poco apetecibles (a excepción de la malograda Azucena Hernández, cuya belleza es mas que apreciable) y para hacer que estos mismos suelten proclamas políticas izquierdosas, en contra del clero y en pro de la libertad, para justificar tanta mamarrachada. El caso es, que finalmente, nos enfrentamos a una chorrada tan gorda, que resulta divertidísima. Su escueta duración, una hora y dieciocho minutos, ayuda a ello.
Sordida en todas y cada unas de las escenas referentes a la bacanal, durante toda la película, desde los mismos créditos, vemos como entre escena y escena, se intercalan escenas de dos motoristas que se dirigen a algún sitio, haciendo intuir al espectador, que algo malo va a suceder, cuando en realidad esa ¿Sub-trama? Acaba sin resolución alguna. Eso si que está ahí para rellenar metraje.
El por qué esta bacanal es en directo, es un misterio por resolver, al igual que la presencia de esos motoristas
En el reparto tenemos también a Víctor Petit (PERROS CALLEJEROS, TRAMPA SEXUAL o CAMBIO DE SEXO), que dejaría el cine poco después.
Empiezo a apreciar a su director, Miguel Madrid, responsable de la horrorosa NECROPHAGUS, y que completa la trilogía con EL ASESINO DE MUÑECAS, que caerá por aquí esta semana, y la cual Naxo me asegura, que su tremendismo es absoluto.
Lo de completar la trilogía, lo digo porque solo hizo tres películas.
Hay que decir, que mis progenitores entraron al cine a ver esta película conmigo en sus brazos con tres años, pensando estos que iban a ver una de romanos (¡). Obviamente, a los diez minutos de película, salieron del cine, abroncando al encargado por no avisarles del tipo de película que iban a visionar.
Entrañable anécdota, y entrañable película.

martes, 5 de abril de 2011

EL SECRETO DE LA MOMIA EGIPCIA

Tremendo Infra-producto español en co-producción con Francia de los años setenta, absolutamente incompetente y cutre. No cumple ni con los mínimos requisitos para que, por mala, pueda considerarse buena. No obstante, si que cuenta con dos o tres (o cuatro o cinco) momentos, que en compañía, garantizan solaz.
Un policía, llega a un castillo haciéndose pasar por egiptólogo (todo esto en otra época, que no logro asociar), para no sabemos que. Una vez allí, el dueño del castillo hace alarde de sus poderes mentales, y le cuenta lo que sucedió en ese castillo por culpa de una momia, hija de no se quién, que hizo muchas fechorías.
El grueso de la película, es un compendio de escenas mal hiladas unas con otras, en las que vemos a un señor con pinta de travesti (en realidad, la momia), matando con palos candentes, golpes de Karate y mordiscos, a una serie de señoritas que pululan por ahí, no sin antes haberlas metido mano, perseguirlas montado a caballo, azotarlas con un látigo o intentar violarlas.
Obviamente, el comportamiento de esta momia, es debido a que para sobrevivir, necesita comer sangra humana, por lo que además de Karateca, maltratadora, violadora y Jinete, esta momia también es vampiro.
No se dejen engañar por mi comentario, todas estas cosas suceden, si, pero expuestas sobre el papel, son mucho mas divertidas que durante hora y media de visionado. La película es absolutamente insoportable, aunque si yo pude con ella, ustedes también podrán.
No ayuda a combatir ese aburrimiento, el hecho de que la película sea prácticamente muda. Hay diálogos, pero pocos, muy pocos, y para que comprendamos lo que ocurre en escena, una voz en off, nos lo va explicando. Absolutamente demencial.
Con todo, el momento mas hilarante, está casi al principio, cuando el dueño del castillo convierte un palo de madera en una serpiente, ante la atenta mirada de asco del policía/ egiptólogo, interpretado por Frank Braña. Pone dos veces esa cara de asco, y esto es solo porque en el montaje, decidieron meter el mismo plano dos veces. Pero es que la serpiente, una cobra, es de goma, y permanece totalmente inmóvil, hasta que con el Stop Motion más chabacano que se puedan imaginar, consiguen hacer que se mueva, pero el resultado es patético. Parece una serpiente (de goma) parapléjica. Pero es que incluso, aun con ese Stop Motion, hay planos en los que esta permanece inmóvil. Es casi mejor que lo vean.
Por otro lado, hay planos en los que se ve claramente, que el actor está esperando a que el director de la orden de Acción, para comenzar a soltar sus escuetos diálogos.
Michael Flynn, Teresa Gimpera y Frank Braña como actores destacables, y en las labores de dirección, un tal Alejandro Martí, firmando para el extranjero como Ken Ruder. Un individuo a lo Miguel Madrid, pero sin la gracia que al fin de al cabo le caracteriza a este.
Rodó antes, una sola película llamada ELISABETH.

martes, 30 de abril de 2013

CINES DE MADRID

Cualquiera que me conozca, estará harto de escucharme hablar de los cines de mi niñez, aquellos locales de exhibición en los que adquirí mi educación y que forjaron mi personalidad. Cuando me sale la vena nostálgica, más que los programas de la tele o los tebeos de la época – que también- son los cines a los que iba los que logran hacer que suspire de añoranza. Siempre he hablado de los locales que había en Alcorcón, localidad esta, en la que tan solo quedan unas multi-salas a las afueras. No queda ni un cine. Valderas, Pachon, Estoril, Multisalas Septimo Arte, y, sobretodo, Benares, son nombres de cines que salen siempre a relucir en las conversaciones que de vez en cuando se tienen con los amigos de aquellas de “yo me acuerdo de esta película, que fui a verla a...”
Añadan a esto, mi interés por estos locales a raíz de mi profesión – ya extinta también- como proyeccionista, que es también un plus a la hora de amar estos recintos.
Por eso, en cuanto supe de la existencia de este libro, cuyo tema central son los cines de la capital, supe que tenía que hacerme con el. Sin saber mucho más, tan solo que se hablaba de estos cines, que si no me tocan tan de cerca como estos que he nombrado de la localidad en la que me crié, si que me tocan de forma directa al ser los cines dónde mis padres me llevaban cuando había ese estreno incontestable que había que ir, obligadamente, a verlo “a Madrid”, siendo yo un infante, o re-descubriendolos en la adolescencia, cuando ya me permitían mis progenitores coger solo el transporte público en la adolescencia.
Pero centrémonos en el libro que nos atañe, este “Cines de Madrid”.
Escrito (y fenomenalmente documentado) por David Miguel Sánchez Fernández, en realidad es un libro de arquitectura destinado, probablemente, más a arquitectos que a cinéfilos en cuanto que el grueso de su contenido, son detalladas descripciones de los muros, interiores y decoraciones de estos, en muchos casos, centenarios lugares, que aunque muy pocos continúan en pie funcionando, prácticamente ninguno permanece intacto como el primer día. Sin embargo, bien nutrido de fotografías e información gráfica, y que si ocurrió en algún momento algún hecho histórico dentro (o fuera) de los muros de aquellos cines, Sánchez Fernández nos lo cuenta de forma muy directa, y no deja de ser un libro muy interesante, aunque, como es mi caso no nos interese en ningún momento la arquitectura, y , confieso, pasemos largos párrafos dedicados a ese arte.
Sin embargo, datos como fechas de apertura, títulos de las películas en las respectivas aperturas y clausuras de los cines, así como fotos comparativas de como eran esos cines en su momento, y como permanecen en la actualidad, personalmente, me la ponen muy gorda. Por no hablarles de esas fotografías ochenteras en las que vemos las grandes marquesinas que anuncian cosas como, por ejemplo, “Tiburon 3”.
Así que, fuere como fuere, un libro altamente recomendable, que además, si no se es un completo lerdo como yo, y se tiene la sensibilidad suficiente para apreciar esos cines como las grandes obras arquitectónicas que son, intuyo que el trabajo del autor, es poco más que una obra maestra.

miércoles, 20 de noviembre de 2013

PESADILLA PARA UN RICO

Parece mentira que en 1996 un director entonces veterano, prestigioso y hasta con un público adepto como era Fernando Fernán-Gómez, rodara semejante despropósito. Un truño de tal calibre que, sin duda, por derecho propio, entra en la categoría de “Tan malas que son buenas”. Porque se trata de una película -con un presupuesto, se me antoja, paupérrimo- mala a rabiar, estúpida y desfasada, pero concebida para el gran público y con afán de cine negro. Quizás Fernán-Gómez ya estaba gagá y no atinaba,  o es que nunca tuvo talento y lo camuflaba el respaldo de un equipo de profesionales, porque esto parece la obra de un desquiciado, de un loco.
Fernán-Gómez se quejaba de que nunca había tenido la completa libertad para hacer una película como a él le hubiera gustado, donde lucirse como director, que jamás le habían dado ofertas ni presupuestos acordes, pero que, cuando alguien le requería, siempre se le llamaba para parir algo de autor, lo que le cabreaba sobremanera. El hombre se moría por poder facturar algo de género puro y consumo masivo listo para ser degustado por una platea satisfecha. Hasta que por fin ocurrió con, justamente, "Pesadilla para un rico". La idea consistía en fabricar un “hit” del cine español.
Así, creyendo ingenuamente que lo que funciona en televisión ha de funcionar también en taquilla, Fernán-Gómez contrató los servicios actorales de Carlos Larrañaga, entonces muy popular gracias a su papel en la serie “Farmacia de Guardia” y a Beatriz Rico, también muy famosa por el programa juvenil “Hugo” de "Tele 5".
Además, como para darle el sello de calidad al producto, este parte de un argumento que nunca llegó a convertir en libreto el guionista habitual de Luis Buñuel , Luis Alcoriza, que falleció años atrás. Partiendo de esa idea, Fernando Fernán-Gómez elaboró el mongoloide manuscrito de esta película.
Cuenta la historia de un individuo que va a ascender a presidente en una gran corporación empresarial, con el poder que eso conlleva. El día de una fiesta que organiza en su casa para políticos y demás entes, una muchacha proveniente de un ambiente marginal se le sube al coche ya que está siendo perseguida por su pareja y sus amigos delincuentes. Ella y el protagonista terminan follando en un apartamento. Todo va de perlas hasta que la muchacha aparece sin vida en el lecho. Ante tal tesitura, el hombre tendrá que ingeniárselas para hacer desaparecer el cuerpo y que su vida, y sobretodo, su estatus, no corran peligro.
Rodada con una torpeza de principiante, iluminada con linternas y montada por un tipo que, o bien se estaba vengando por algo que le habían hecho en el pasado o como le pagaban poco primaba la desgana, esto es una autentica joya del cine “trash” -del involuntario, el de verdad-, puesto que, aunque inevitablemente con el tiempo sus autores debieron percatarse de que aquello que habían creado era un pedazo de mierda cuyo interés brillaba por sus ausencia, se rodó con idea de hacer un producto, no ya comercial, si no super comercial.
Es el típico guión escrito por un señor ya muy mayor, que al introducir en la trama personajes jóvenes y de ambientes marginales, escribe los diálogos de estos como él cree que se expresan, alejándose tal jerga millones de kilómetros de la realidad y provocando la vergüenza ajena del espectador. Así, si encima vemos como escupe esas mamarrachadas una actriz, follable, eso sí, pero tan limitadita como es Beatriz Rico, las risas están aseguradas. A saber: “Para el carro, que yo de prosti nada”, “¿No tienes un refu al que podamos ir?”, “Me gustas hasta mojarme, pero ahora tengo el Niagara entre las piernas” o, sobretodo, “¿En que estás pringado?” para preguntar que a qué se dedica, son las perlitas que asoman por la boca de la actriz, dando vida a su personaje. Personaje que, por otro lado, proviene del macarrerío y los barrios bajos, dónde los raterillos de unos quince años llevan coleta, suelen violar a sus novias saliendo indemnes y amenazan con una navaja a una Beatriz Rico que rondará los 30 tacos, pero que rula con ellos aquí y allá e incluso es pareja de uno. Las conversaciones que tienen en la discoteca a base de jerga de esta inventada por Fernán-Gómez, que se creería muy probo pero demostró ser un ignorante por lo menos a lo que marginalidad se refiere. Por otro lado, la voz en off de Larrañaga que, de vez en cuando, aparece para contarnos lo que va a hacer o la escenificación de sus pensamientos son pura vergüenza ajena.
Además, diré que la iluminación es nefasta, y si en las escenas nocturnas no se ve absolutamente nada, las de día tampoco mucho más… eso sí, lo suficiente para percatarnos de que, cuando Larrañaga conduce, está en lo alto de un trailer, eso o los neumáticos de su "Jaguar" descapotable han de medir dos metros.
Y ya para rematar, la banda sonora de un tal Alexander Lubomirov Kandov. Se compone de metálicas melodías de sintetizador, cercanas a las canciones de Luixy Toledo pero con intención de Walter Carlos, que no solo no pegan con las imágenes que estamos viendo, sino que, además, son una porquería. Unos chirridos que no dejan de sonar, prácticamente, durante todo el metraje, llegando a poner de los nervios al espectador.
Y es que todo en “Pesadilla para un rico” es ridículo, estúpido, lamentable y risible, situaciones, diálogos, interpretaciones… ¡Todo! Lo que, por otro lado, significa que para los amantes del cine malo esto es una delicatessen. Fíjense que en España se han hecho toneladas, incluyendo las de Michael Skaife (o Miguel Madrid) o las de Germán Monzó. Bien, pues “Pesadilla para un rico” es peor que todo eso y, encima, los responsables en ningún momento son conscientes de ello.
No me despeino afirmando que, probablemente, sea la peor película del cine español. Les invito a comprobarlo. Y no la dirigió ningún “outsider” un poco “borderline” ni ningún paleto, la dirigió Fernando Fernán-Gómez, al que los plumillas tienen mucho respeto y consideran películas suyas como “El Extraño Viaje” o “El viaje a ninguna parte” obras maestras. Pero pasan por alto esta, y cuando no, se refieran a ella como “La película más maldita de Fernán-Gómez” cubriéndola así con una pátina de misterio. Hipócritas
Fue un fracaso absoluto que consiguió congregar en salas únicamente unos 80.000 espectadores en tiempos en los que el cine español estaba de moda y en alza.
En el reparto, haciéndolo igual de mal que todos, Álvaro de Luna, Carmen Elías, Manuel Alexandre (este lo hace bien, como siempre), y como macarrilla violador, el “triunfito” Naim Thomas.
A descubrir.

lunes, 27 de diciembre de 2021

PRÓXIMAMENTE ÚLTIMOS DÍAS

Como amante del cine que soy, mis gustos y aficiones al respecto van más allá de mero visionado de películas o leer sobre las mismas. Una cosa que me fascina desde que tengo uso de razón y que va unida intrínsecamente al visionado de películas, es el lugar donde se exhiben. Soy un enamorado de los recintos, de los cines. Me he llegado a leer libros de arquitectura solo porque en ellos explicaban como estaban construidos algunos cines de la capital emblemáticos para mí. O al menos me leía las partes concernientes a los cines.
A lo que voy es que el cine en sí mismo,  el recinto, es algo que me apasiona y, por supuesto, cuando hacen documentales que giran en torno a lo que es un cine o a la exhibición cinematográfica, corro a verlos, también por la parte que me toca puesto que durante más de media vida fui trabajador de cines en calidad de operador de cabina, pero llegando a vender palomitas, hacer de taquillero o acomodador si era preciso, porque aquello, cuando ya llevas muchos años trabajando en un mismo lugar, toma cariz de negocio familiar.
Entonces, “Próximamente últimos días” tenía un gran interés para mí, máxime cuando indirectamente me veo vinculado con lo que nos cuenta, puesto que el cine del que se habla, pertenece a la cadena de exhibición para la que yo trabajé durante casi 20 años, los míticos Cines Renoir.
En la línea de otro maravilloso documental sobre cines, “Paradiso”, “Próximamente últimos días”, quizás no tan brillante como aquél,  parte de una estructura narrativa  de ficción y esquiva los clichés del documental convencional para contarnos la siguiente historia.
En 2012, los cines Renoir Palma, en Palma de Mallorca, aquejados por una crisis galopante que llevaría a esa empresa a cerrar varios de sus recintos (incluido el “Roxy B” de Madrid donde trabajé y fui feliz), un grupo de espectadores, alertados porque con el cierre de los Renoir la ciudad de Palma se quedaría sin el único cine que ofrecía versión original con subtítulos y cine de autor, decide formar una cooperativa con la idea de asociarse y, mediante donaciones y cuotas de socio, tratar de salvar el cine de su cierre absoluto. Una idea romántica que saltó a la prensa nacional y que, a priori, por la novedad pareció funcionar. Sin embargo, el documental va a las entrañas para mostrarnos todo el proceso de cómo fue aquello. Obviamente, un cine conlleva una serie de gastos que sin una afluencia de público mínimamente aceptable son difíciles de sufragar. A eso hay que añadirle que los cines ya estaban muy viejos y necesitaban de un caro mantenimiento constante. “Próximamente últimos días” se centra en todo eso, mostrándonos el infierno que supone en realidad tirar para adelante con un cine de asociación que no da beneficios, cuando las deudas te asolan y cuando se va perdiendo a unos socios que se apuntan al proyecto por moda, pero que más adelante, cuando la cosa se va torciendo, dejan la membresía no sin antes poner una y mil pegas porque las cosas no salen como está previsto.  La película también nos hace partícipes del sufrimiento y desilusión de los trabajadores del cine, que muchos de ellos empezaron el proyecto con ilusión y ganas, y en un determinado momento deciden acabar con esto de una vez por todas. También se nos muestra la particular fauna de espectadores (o no) que pululan por los alrededores y, en definitiva, mantiene el interés del espectador durante la escasa hora y cuarto de metraje.
La sensación que provoca el visionado es de agobio porque, aunque tiran para adelante durante años todo apunta a que no van a conseguir mantener abierto el cine mucho más tiempo, y el documental queda inconcluso, muy sabiamente, porque durante el transcurso de los años que nos muestra la película, se llega a la pandemia en un momento en el que los responsables se las ingenian para buscar financiación.
Con ese no-desenlace, uno se imagina que el proyecto de esta cooperativa, que rebautizó los viejos cines Renoir con el nombre de CineCiutat, con el coranavirus se verá afectado de pleno como ha ocurrido con un montón de negocios o establecimientos cara al público, sin embargo consultando Internet veo que esta gente le echa cojones y ganas al asunto. Los CineCiutat de Palma de Mallorca continúan operativos tras la pandemia, aunque también es verdad que he visto que, para sobre vivir, necesitan hacer otro tipo de actividades, además de la exhibición de películas, para continuar abiertos. Y yo me he llevado una alegría.
Recomendable y, como documental, curiosa propuesta, que nos ofrece una historia cuanto menos distinta y en torno a una gente que aunque tras verlos en su salsa en el documental he de reconocer que ni tan siquiera me han caído bien, al menos aman el cine lo suficiente como para meterse en un fregado como este. Yo también me metería… pero me temo que yo no tuve la suerte de contar con un puñado de espectadores entusiastas que se quedaran con el cine.
Dirige, con mucha mano,  el documentalista  sueco-español Miguel Eeck.

lunes, 6 de febrero de 2017

SLAM

Resulta muy curioso que dos géneros tan opuestos como son los “Slasher” y las “Sex Comedies” linea “Screwball”, vayan sin embargo tan cogidos de la mano.
Obviamente, son los dos subgéneros que se explotaron en los ochenta con identicas finalidades comerciales, que son atraer a las plateas al público potencial de estas; los adolescentes, con lo que tan extremos como son, tienen bastantes similitudes estéticas y formales, cuando no, llegan directamente a fusionarse en películas como por ejemplo “La Quema” cuyo metraje contiene un porcentaje más que alto de “Camp Comedies”, o “Killer Party” que, directamente, es una “Screwball Comedie” con un desenlace terrorífico.
Pero sobretodo, son dos subgéneros que tuvieron su auge en la misma época. Nunca han dejado de rodarse, pero en esencia, son géneros pertenecientes a una época concreta.
Por eso, no deja de parecerme curioso el fenómeno ocurrido con ambos géneros en España, muy a destiempo; A principios de la pasada década la de 2000, en España, sin saber muy bien a cuento de qué, y en consecuencia al éxito cosechado por el  “Neo-Slasher” con “Scream” a la cabeza, comenzaron a producirse “Slashers” patrios como “Schooll Killer” o “Tuno Negro” como máximos exponentes, mientras que, al mismo tiempo, una productora como “Morena Films”, con tan poca personalidad que asusta, creó un sello llamado “Happy Hour”, bajo el cual produciría “Screwballs” españolas, género este que no se había estilado demasiado en nuestro país. Se pueden contar con los dedos de la mano los “Screwballs” producidos  hasta 2001, “El Rollo de Septiembre” de Mariano Ozores en 1985, y poco más. Pero claro, “American Pie” se había convertido en una especie de fenómenos social, el género vivía una nueva etapa tan fructífera que aún se siguen produciendo títulos, y “Morena Films” quiso subirse al carro, ajenos ellos de la urticaria que provoca el cine español en general al público adolescente al que iban destinadas estas película. Así,  llegaron tan solo a producir tres títulos en 5  años, el primero de ellos “Gente Pez” dirigida por Jorge Iglesias y según un guión del dibujante de cómics Mauro Entrialgo, que resultó un pequéño éxito. Este éxito propició que se pusiera en marcha una nueva película del subgénero, que es la que nos ocupa “Slam” que funcionó un poquito peor, pero funcionó y la que hizo darse cuenta a “Morena Films” que el género no era del todo rentable y con la que paralizó la producción de “Screwballs”, “Fin de curso” que no fue a verla ni Dios.
Todo esto, mientras se estrenaban “Slashers” Españoles como “Más de 1000 Cámaras velan por su seguridad”, “El Arte de Morir” y tantas otras. Con lo que los dos subgéneros van cogiditos de la mano, hasta en España. Y de manera genuina, porque los realizadores no fueron conscientes en ningún momento de esto que cuento.
Y dejando al lado estos paralelismos y la curiosidad, pasamos a “Slam”.
“Slam”, es una película que yo no entiendo como en pleno 2003, año en el que se estrenó, no saltó la liebre por el contenido, por un lado zopenco y de una gratuitidad sexual honestísima –en un momento de orgía, uno de los personajes, en pleno éxtasis, dice “Tengo más rabo que la Pantera Rosa”- , y por otro, extremadamente machista. Es tan machista la puta película, que hasta YO puedo ofenderme en un momento dado. De hecho, estoy seguro que si esta película viniera de las américas, se hubiera protestado de lo lindo, pero como es una película española… pues no pasa nada. Estará rodado con otra intencionalidad, supongo. O es que el público es completamente idiota, opción por la que me decanto. En cualquier caso, lo ideal es que no se proteste nunca, jamás, por el contenido de una película de ficción.
Como fuere, “Slam” gana por goleada en lo que a descerebre, gamberrismo y destetes se refiere, a sus coetáneas Americanas, si bien el guión es lamentable y la dirección tan solo correctita. Únicamente, un buen ritmo en la narración, y un entretenimiento funcional –que gags pocos y malos- hacen que la película tenga un aprobado raspado. Por lo demás, la película es una curiosidad por su pertenencia al subgénero del que ahora hablamos, pero clichés, estereotipos y formalismos, como siempre, están mal entendidos por parte de sus artífices. Digamos que el director, Miguel Martí,  no tiene ni puta idea del género que está tratando. Tiene un par de nociones, pero no lo conoce. Bastante que le salga medio entretenida. Y lo mismo ocurría con otra película de 2004  de similares características, “XXL” de Julio Sánchez Valdés.
“Slam” tomo como protagonista a uno de los actores del culebrón para jóvenes “Al Salir de Clase”, Ivan Hermés, que tan pronto tuvieron tirón mediático, lo perdieron, y se marcan un “Screwball” en el que un periodista veinteañero que escribe para una revista musical de moda ve su puesto de trabajo peligrar cuando le anuncian que solo uno de los redactores conservará el puesto, por lo que decide irse al festival de música “Cactus Féstival” en Andalucía, e intentar entrevistar a la mega estrella del Rock “Slam”, famoso por no conceder entrevistas. Para ello, emprenderá un viaje por carretera junto a su amigo Argentino, en la furgoneta de su padre pollero, que recrea precisamente un pollo con su decoración, y su primo, un Cumbayá aspirante a seminarista. Pero su rival en la revista, que también quiere conservar el puesto, se adelantará al festival para ponerle las cosas difíciles a nuestro protagonista. Mientras, se follarán a tantas guarrillas como les sea posible, por el camino –Lo de guarrillas no lo digo yo, es el trato que, alegremente, se le da a las mujeres en esta película. ¡Ojo! que yo no lo condeno, ¿eh?- .
La película contiene, aparte de escenas directamente plagiadas (quizás inspiradas) de otras películas yankies (una mamada en la que sus artífices acaban enganchados por sus respectivos piercings como en “La cosa más dulce”, un corrida a destiempo como en “Algo pasa con Mary”…) un arsenal de corridas, enculadas, humor homófobo, humor racista, incluso, tetas y más tetas, escatología de todos los colores, drogas, sexo a puñados… vamos que de eso no le falta nada, y aún así, no llega a ser el desmadre que pretende ser, pero se deja ver sin mayor problema.
Como curiosidad, decir que aunque las escenas del festival de música transcurren el un festival ficticio de Andalucía,  estas se rodaron, en parte, en un  verdadero festival  como el FIB de Benicassim y, en parte, en un mega-plató que se construyó en las instalaciones colindantes al complejo de de exhibición cinematográfica Kinepolis, sito en Madrid, dónde se rodaron escenas –un concierto de Amaral- para las que se contó con cerca de 5000 extras.
En el reparto, junto a Iván Hermés, tenemos al Argentino Tomás Fonzi, por aquél entonces popular por su papel en “Una Noche con Sabrina Love”, La Colombiana Juana Acosta, con menos prestigio del que goza ahora (¿renegará  hoy día de esta peli dónde le vemos las tetas y el culo con el único fin de apaliar los bajos instintos del espectador pajillero y adolescente?), el humorista Kimbo, Kira Miró en uno de sus primeros –y únicos- papeles para el cine, o Luke Donovan, reputado músico de la escena indie española, proveniente de Nueva Zelanda, que demostró tener una potente vis cómica en “Gente Pez”, y aquí repitió, no volviendo a trabajar en el cine en su vida.
Por su parte, el director Miguel Martí, que debuto en el largo con “Slam”, rodaría después  la siguiente película de “Happy Hour”, “Fin de curso”, después la popular “Sexy Killer” y en la actualidad, anda haciendo cortometrajes.
En realidad, calidad e intenciones aparte, mola que existan películas como “Slam” dentro del cine español contemporaneo.