jueves, 25 de septiembre de 2008

UN HOMBRE LOBO AMERICANO EN LONDRES

Ayer me zampé un buen par de películas. O un muy buen par de películas. De esas que te gusta repasar de vez en cuando, e irónicamente ambas fueron clasificadas en su momento de "comedias de terror". Y ambas, precisamente, dan más importancia al elemento terror, que en algunos momentos puede ser oscuro y brutal, por lo que en todo caso serían "pelis de terror con elementos de comedia". Hablo de la buenísima "Shaun of the dead" y de la aún más buenísima "Un hombre lobo Americano en Londres".
Recuerdo que hace unos años, mi amigo Chema Ponze y yo, participando en un programa de radio, debatimos cual era mejor film de licántropos, esta que comento o "Aullidos". Yo defendí la de Joe Dante con uñas y dientes. Pero ese mismo día, o al siguiente, me puse "Un hombre lobo americano..." y tuve que reconocer la verdad: La de John Landis era, es, mucho mejor, a pesar del cariño que le pueda tener, y le tengo, a la del Sr.Dante. Y con el aún muy reciente visionado de ayer noche, lo confirmo.
Lo que más me sorprendió de "Un hombre lobo americano..." es el elemento pesadillas. De chaval me dieron mucho miedo, y es que aún hoy los malos sueños de un David Naughton todavía no consciente de su condición animal son muy inquietantes y, lo mejor, están introducidos en la peli como cualquier otra escena, quiero decir que no se ve primero al tipo durmiendo, o están rodadas con un look distinto... para nada, aparecen y desaparecen sin más, y en algunos casos no sabes que son eso, pesadillas, hasta que han pasado unos segundos (como la terrorífica y muy original masacre familiar). Cojonudo (aunque Landis reconoce que ese elemento está muy inspirado en Buñuel... en fin, ¡nada es perfecto!).
El resto de la peli es igual de redonda. Esa fotografía hiper-realista, la cámara que se toma las cosas con calma, y el mismo hombre lobo, al que vemos bastante menos de lo que hoy día sería normal (¡y es de látex!, bendito sea). "Un hombre lobo americano en Londres" es tremendamente entretenida, casi ni me di cuenta de que se acababa, me dije "¿Ya?". Tiene un ritmo tranquilo, pero no perezoso, y las secuencias en las que aparece la criatura son, en su mayoría, muy acojonantes, destacando el ataque en los páramos, puro cine de miedo (idem con el del metro).
Por otro lado, sorprende la inaudita (sobre todo para los tiempos que corren) mala hostia de John Landis, cebándose a conciencia con un personaje la mar de simpático y agradable (el mentado Naughton), que termina como todo hombre lobo debería. El desenlace es terriblemente trágico, pero magistralmente sobrio y conciso.
De los oscarizados efectos especiales de Rick Baker no hace falta hablar, todos los conocemos y admiramos. Son, junto a los de "La Cosa", de aquellos a los que el tiempo no hace excesiva mella, y demuestran que donde esté el látex y demás cachivaches, que se quite el resto.
Resulta curioso que David Naughton quedara para el resto de su carrera relegado a pelis segundonas (ese delirate "Hot Dog"), televisión o cameos por, justamente, el film comentado. También tenemos a Jenny Agutter, que además de muy buena actriz, es tremendamente guapa.
Lástima que la carrera de John Landis acabara yéndose a tomar por culo a causa del infame accidente durante el rodaje de "En los límites de la realidad", pues sus primeros films hacían presagiar que estábamos ante un cineasta repleto de talento y personalidad. Por todo eso, nunca pudo hacer SU segunda parte, sin embargo, algún listo produjo una secuela con otros individuos de horripilante recuerdo, "Un hombre lobo americano en Paris".
¡Aaaay los grandes clásicos modernos del horror!.