jueves, 20 de junio de 2013

BLOOD RUNS COLD

Ayer le comentaba a mi compañero Víctor que cada vez tolero menos cualquier clase de película que no pueda etiquetarse de "mainstream". De hecho, los estrenos que espero con más impaciencia son aquellos que, perfectamente, pueden tildarse de "blockbusters". Por dios, cuantas palabras extrañas. El caso es que ya no puedo sufrir las películas raras, las de arte y ensayo, en fin, todo aquello que se considere alternativo o diferente. Mi estómago ha dicho "Basta". Soy un espectador acomodaticio, que quiere ver siempre lo mismo contado de distinta manera. O eso, o es que estoy hasta el coño de ese áurea de supuesta respetabilidad que las cosas -sesuponeque- minoritarias poseen, aunque luego el 99% de ellas sean más mierda que la última comedia de Adam Sandler.
Pero entonces, tras reflexionar, me di cuenta de que aquella afirmación no era del todo cierta. Hay un tipo de cine al que aún le tolero productos no netamente "mainstream" o "blockbuster". Un género que, no porque sí, es mi favorito desde que me comía los mocos. El terror. Dentro de sus parámetros, soy bien capaz de darle una oportunidad hasta al film más oscuro, extraño o relativamente independiente. Suspiro  de tranquilidad. Menos mal (Nota: también tolero los productos de Syfy Channel, pero esa ya es otra historia... bien sórdida). Todo esto pude reafirmarlo esa misma jornada en horario nocturno cuando, sin saber muy bien qué coño ponerme en el DVD (o el Pendrive), repasé mi DVDteca (o disco duro) y localicé una de miedo que en su momento me atrajo  por el título, pero sobre la que no tenía ni la más mínima remota idea: "Blood runs cold". Y ya saben cómo de agradecido es, en estos tiempos que corren de abrupta sobreinformación, dar con algo así. Oro puro. Todo este rollo no tendría sentido si no dijera que, una vez visionada la obra, me acabó dejando un regusto positivo... a pesar de los muchos, muchos pesares que seguidamente analizaremos. En definitiva, todavía puedo disfrutar -medianamente- del cine sin depender de productos exclusivamente destinados a las masas y las multisalas. Bien por mi.
Atosigada por el estrés, una muchacha decide pasar el frío fin de semana en una aislada cabaña en pleno monte cedida por su propio jefe. Da la fucking casualidad que está situada junto al pueblecito donde nació, creció, se formó y de desvirgó. De hecho, abandonó a su novio para irse a triunfar a la gran ciudad. ¿Y qué pasa?, que esa noche, tras sentirse incómoda en la cutre y deprimente cabaña, se pira a un bar del pueblo a tomar algo y ¡¡alehop!!, se encuentra con su ex y una pareja de amigos. Hablan, ríen, se sienten violentos y la chica hace lo normal en una ex-novia, le invita a él y a los otros a pasar la noche en la cabaña. No hace falta decir que ellos no serán los únicos seres vivos que habitarán el lugar, alguien más se oculta entre las sombras, alguien armado con un hacha. Es de noche, todos huyen a los dormitorios a fornicar y el intruso está hambriento de carne humana.
Vale, en "Blood runs cold" los personajes tienen nombres ingleses y hablan inglés (que la vi subtitulada), pero no estamos ante un producto Norteamericano. Ni tan siquiera británico. En realidad se trata de una peli Sueca, facturada por suecos que han visto mucho "slasher" yankee. Y ya sabemos cómo les gusta a los Suecos hacer películas de asesinos matando jovencitos en la nieve. Ahora comprendo el aspecto de todos ellos y sus acentos. En fin, asumido esto, resulta que, además, nos encontramos ante una película muy muy modesta, hecha con escasos recursos. Y también, extraña. Tal vez a ello contribuya su ambientación nevada y el aspecto de la cabaña, genuinamente tétrico. Pero lo que realmente hace "Blood runs cold" un poco rara, me temo, son sus carencias... ya no técnicas, más bien narrativas.
Veamos, hay una escena que me resultó inquietante por absurda. Antes de que el chico prota se tire a su ex (que se la tira), intenta pasar la noche en el sofá. Así que se tumba e intenta dormir. De pronto, a su espalda una puerta se abre. El chico reacciona poniendo los ojos como platos. De la oscuridad surge alguien con un hacha que parece aproximarse. Él se levanta y... para cuando han cambiado de ángulo, la amenaza ha desaparecido y el tio ni tan siquiera se fija en la puerta, se limita a pasarse las manos por el rostro, ponerse en pie y subir al piso de arriba pa tirarse a su ex. ¿¿Era una pesadilla??. No lo creo.
Otro par de cosas bizarras. La acción se desarrolla como digo en una cabaña equipada con todo lo necesario y lógico. Pues bien, ¿por qué en plena cena el mozo prota sale a fuera, con toda la nieve y tal, a mear?. ¿Es que no hay un lavabo en la puñetera cabaña?. Ya, sale al exterior para que así podamos sorprendernos ante uno de los momentos más logrados de la función: Mientras expulsa los orines, se fija en una ventana iluminada, dentro está su ex y sus amigos, charlando y riendo. Entonces, sube la mirada un poco más y, ¡¡oh!!, hay otra ventana iluminada y, dentro, una silueta oscura que le observa. ¡¡Escalofriante!!. Lo que no me explico es que, seguidamente, entre en la casa y no comente nada. Pero no debemos extrañarnos, porque eso de hacer pipí en plena montaña helada debe ser algo típico de Suecia (aunque se suponga que la peli se desarrolla en los USA). De hecho, hay otra escena igual. En plena madrugada, el amigo del prota se despierta temblando, "¡¡Que frío que hace!!" exclama en inglés macarrónico. Se cubre con cuatro trapos, baja al piso de abajo y... ¡¡sale al exterior a mear!!. Curioso. Evidentemente todo ello ha sido planificado por los guionistas como preludio a su muerte.
Y es que, en realidad, la peli anda repleta de incongruencias y absurdeces de este calibre. Es como si sus autores quisieran incluir en la trama todos los clichés propios del "slasher", y el terror en general, y los dieran tan por sentados que no se tomaran la molestia de encontrar un modo lógico de llegar a ellos, de justificarlos. Este tío tiene que hacer tal cosa, y la hará, aunque tengamos que romper con cualquier lógica y sentido. Vale!. Como cuando un personaje que aparece a última hora escucha unos gritos femeninos a la lejanía y, sin reflexionar un segundo, sale disparado de su coche ¡¡portando una pistola!!, tal y como si la tuviera ahí mismo, apoltronada en el asiento contiguo, esperando a que pasara algo. O ¿qué me dicen del trillado momento en que, huyendo del asesino, la chica tiene todas las facilidades para escapar carretera abajo, pero decide regresar a la casa a por las llaves del coche, a pesar de todo el horror vivido hasta ese momento, y de casi morir unos segundos antes?. Es una idea poco verosímil que ya suele darse en el cine de terror, pero el modo forzado en el que la presentan aquí la hace triplemente inverosímil.
Es muy probable que a todo eso contribuyan los actores, que son bastante malos. O muy malos. Tremendamente acartonados. El anti-Oscar se lo lleva la protagonista. Duele verla. En un momento dado, y ya sola contra el peligro, nos reserva un festival de incapacidad actoril que es para mear (en el exterior nevado) y no echar gota. Primero, su parsimonia y tranquilidad cuando se despierta y encuentra en el salón un reguero de sangre seca en el suelo. Pilla un cubo y lo limpia, sin preguntarse por qué o si tendrá algo que ver con que su ex y sus amigos se hayan pirado sin decir nada. Segundo -esta es de "record guiness"-, está mirando por la ventana, tan tranquila ella. De pronto el asesino se cruza ante sus ojos y la señala, así como "pasaba por aquí y me dije, voy a cargármela". Puro anticlimax. A partir de aquí las exageradas reacciones de la interfecta y, sobre todo, sus muecas son de órdago e, inevitablemente, nos proporcionarán unas cuantas sanas risotadas. El festival de absurdeces, actos sin sentido, inverosimilidades, torpeces y tópicos mal aplicados seguirá hasta el final, a lo que habrá que añadir un poco de generosa truculencia (hay una decapitación por CGI muy bien parida, que contrasta con el resto de efectos informáticos, bastante chapuzas, como la nieve que cae, el vaho y, sobre todo, la falsa oscuridad. Afortunadamente la sangre y parte de la carne mutilada son "old school"), la inesperada aparición de una metralleta que funciona a pesar de la climatología y una idea muy buena, pero tan mal explicada en imágenes que dudas si el mérito es de los guionistas o de mi imaginación: resulta que la chica se equivocó de cabaña y se metió en la que no era, habitada por el montañero loco caníbal (si estuviera seguro de lo que entendí, preguntaría: "¿De donde sacó las llaves para abrir la puerta?". Pero no lo estoy, así que no lo pregunto. Finjan que no dije nada).
El director y co-guionista responde al nombre de Sonny Laguna, lo que aclara muchas cosas.
Resulta evidente que con "Blood runs cold" estamos ante un producto "amateur". El nulo talento interpretativo, las carencias narrativas, lo escaso de todo ello y el reducido equipo oculto tras las cámaras así lo confirman (también por las referencias en el póster a los premios que le otorgaron festivalillos liliputienses. La verdad, darle premios a esta peliculita me parece un tanto exagerado). Lo que pasa es que, hoy día, con la tremenda tecnología disponible, hasta la cosa más chiquita y ruin puede lucir un aspecto de lo más convencional y digno. Si te lo propones y, sobre todo, si tienes el dinero necesario. Sin embargo, y a pesar de lo narrado, "Blood runs cold" tiene su gracia. Se gasta un rollito majo, inocentón, agradable, medianamente artesano y buenrollero que ha hecho que me caiga bien. La peli y su director. ¿Cómo podría decir algo malo de alguien con semejante nombre?. El caso es que ya tiene otra peli terminada, también de terror, con fama de ser un "Evil Dead" sueco, muy gore y luciendo un atractivo póster  "Wither". Me muero de ganas de verla, oye, aunque el argumento sea prácticamente el mismo que la hoy comentada... pero de eso se trataba ¿no?, "soy un espectador acomodaticio, que quiere ver siempre lo mismo contado de distinta manera". Ahí, círculo cerrado. Todo cuadra. Que gran final de reseña.