Si compráis habitualmente revistas sobre cine (o del corazón, que yo esto lo he visto hasta en el “Pronto”) os sonarán ciertas noticias sobre que Joaquin Phoenix abandonaba el mundo de la actuación porque ya no soportaba mas la presión, sobre su físico (considerablemente gordo y desaliñado), su estado mental y, sobre todo, su intención de dedicarse a hacer rap, una música que no le pega ni con cola. “Excentricidades de los de Hollywood, ya volverá”, pensé yo.El tema es que, como en España siempre andamos a años luz del resto de países civilizados, lo que incluye la prensa rosa que, como el grueso de los españolitos medios, ni siquiera saben quien es Joaquin Phoenix, pues esas noticias no han trascendido. Pero en los USA la cosa se ha convertido en un circo. Las apariciones televisivas del actor con su aspecto decadente y diciendo que todo es una mierda y quiere rapear, en menos de un año lo convirtieron en un “friki” mediático; los espectadores se reían de el, como se ríen aquí del “pozí”. ¿Entienden el símil? Bien, el tema es que Joaquin Phoenix, junto con su cuñado Casey Affleck (hermano de Ben), se han estado mofando de una nación entera, mientras se lo pasaban de puta madre rodando este falso documental en el que vemos la trasformación, desvaríos y rapeos de uno de los intérpretes mejor considerados de la escena de Hollywood. Resulta que todo era un montaje con Ben Stiller y Puff Daddy como compinches, cuya finalidad consistía en hacerle creer al mundo que Phoenix se había vuelto loco, cuando, en realidad, lo que estaba haciendo era la actuación de su vida.
La gracia consiste en que, como rapero, a parte de no ser creíble (es una estrella de Hollywood, de pasado hippie y nómada), es un manta, vaya, que rapea peor que un perro, y su obsesión por meterse de lleno en ese mundo deja perplejos a todos. De antología el momento en el que Edward James Olmos va a su casa, a ver por qué demonios ha decidido dejarlo todo y empezar de nuevo en un mundo que no es el suyo, y escucha atentamente las violentas y obscenas rapeadas que salen de la boca de Phoenix, sin ningún estilo ni ritmo.
Muy interesante y divertido, a pesar de estar retratando toda una tragedia…
Con el estreno tuvo que destaparse el bulo. No se como ha sentado el tema, pero lo que está claro es que Phoenix va a tener que pelear un poco para volver a recuperar su estatus. La jugada les ha salido bien, han conseguido su objetivo, y han logrado un cojonudo falso documental (si es que sabes de que va la vaina), pero, igual, estos bromistas acaban pagando las consecuencias…