jueves, 14 de octubre de 2010

LES 7 JOURS DU TALION

Pues ya ven, convencido estaba yo de que este año no habría reseña de ninguna peli proyectada en el Festival de Sitges. Y aquí tienen una.
Fue ayer, que visité el evento por otros motivos y, nada, un colega me vino, me ofreció su entrada (ya que él no iba a ver la peli) y me dije "¿Por qué no?". Parece mentira, pero este es un ritual muy habitual en esta clase de saraos. Y aquí me tienen, hablándoles de un film del que no tenía ni puta idea. Entré sin saber qué iba a ver, hasta que me senté con un puñado de amigos en un palco (entre ellos, gentuza de "Nekrofilmicos" y "Los Criticonos", ¡saludos perras!), fui debidamente informado y, alehop!, arrancó la proyección.
"Les 7 jours du talion", o "7 Days" como título internacional, parte de una novela de Patrick Senécal, quien harto de la "violencia cool" de Hollywood en lo que fue la algo ya extinta moda del torture-porn con "Saw" y "Hostel" a la cabeza, decidió aportar su versión de los hechos, procurando hacerlo de un modo frío, directo y evitando efectismos. Vamos, apuntando más hacia las consecuencias psicológicas del asunto y mostrándolo con toda su crudeza y fealdad. Sin esteticismos que valgan.
Daniel Grou, director de su adaptación a la pantalla, supo entender las intenciones del escritor, de ahí que haya optado por tirar un poco de la vena del pedante Michael Haneke a la hora de afrontar esta clase de material. El ritmo es muy pausado, muy relajado y la total ausencia de banda sonora incrementa el mal rollo y desprende al film de cualquier posible identificación con un drama de ficción puro, aunque en el fondo, "Les 7 jours du talion" no deja de ser un thriller standard, con la policía investigando contra-reloj y todo. Es en la forma donde es distinto.
La historia mola. Un médico pacífico y buencha, ve como su querida hija pequeña es violada y asesinada por un pederasta chalao. El tio, sin arquear la ceja, no duda en secuestrarlo -una vez la poli lo ha pillado y tiene pruebas irrefutables de que es el culpable-, llevarlo a una choza y torturarlo durante seis días, anunciando a la policía que en el séptimo, y coincidiendo con el cumple de su difunta hija, lo matará. Al ser médico, el muchacho tiene muchos métodos de inflingir dolor y evitar la muerte.
A partir de ahí, ya os lo podéis imaginar, un carrussel de locura total cuesta abajo. Sí hay alguna que otra escena fuerte, con su gore y todo, pero tampoco es una constante... aunque funciona a la hora de transmitir angustia (y más sin música que lo parapete, solo crudo silencio o los incontrolables berridos de la víctima). Curiosamente, el público respondía con aplausos y ovaciones cada vez que el justiciero inflingía dolor al asesino... algo que no se yo si estaría en la agenda del director.
Total, que aunque la peli se toma su tiempo para todo, está un rato guapa, no aburre (apunto está de hacerlo) y cuenta con un final seco y contundente maravilloso, como a mi me gustan.