
La encontré el otro día en un "Cash & Converters", y me hizo especial ilusión, ya que cada vez son menos las ocasiones en las que, entre un montón de VHSs recientes y carentes de atractivo alguno, aparece uno genuinamente valioso... que encima me costó ¡¡10 céntimos!!. Así da gusto ser coleccionista de cinta magnética. Llegué incluso a bromear con que iba a ser un suplicio y el gasto, después de todo, excesivo. Pero por la noche tuve que tragarme las palabras al encontrarme ante un film bastante potable, razonablemente entretenido y con alguna des/agradable sorpresa.
Si hay algo que me gustaba de Roberta Findlay era su pasmosa sinceridad. Solía afirmar siempre que su único motivador era el dinero, y que le encantaba rodar secuencias de sangre y violencia pues sabía que estas eran un imán de peso para buena parte del aficionado medio. Lo gracioso de "Juegos de supervivencia" es que, tratándose de un thriller en el que los inquilinos de un edificio del Bronx se enfrentan con uñas y dientes (y cuchillos, palos y lo que haga falta) a una panda de pseudo-punks de exagerado y ridículo aspecto que quieren apropiarse de las viviendas, sorprenden lo gráfico, sangriento y retorcido de sus momentos violentos, que son muchos. De hecho, tuvo algún que otro problema con la censura y creo recordar que en Inglaterra estuvo prohibida durante unos años. Destacan una violación con escoba, unas tijeras clavadas en un ojo, un torso atravesado por una barra de acero y la inesperada muerte del supuesto héroe de la función. Todo ello a base de muuuuucho líquido rojo, que parapeta la precariedad de sus efectos especiales, de lo más costrosos (se incluye aquí un rayo caído del cielo con fines electrizantes, vergonzantemente cutre).
Con todo, la peli se soporta bien, tiene su gracejo (en parte por su auténtica y honesta condición de "grindhouse", en unos tiempos en los que está tan de moda falsear/exagerar ese concepto) y, sí, es lo mejor que Roberta Findlay parió en toda su miserable existencia.