miércoles, 16 de octubre de 2013

DON CAMILO

Existe, en la literatura popular Italiana, una serie de libros escritos por Giovaninno Guarreschi sobre un pueblo, en el cual el alcalde rojo y el cura fascista del mismo están siempre a la que salta, metiéndose el uno con el otro y enfrentándose a una gran rivalidad, pero todo de boquilla, porque en el fondo son amigos desde el colegio y les une una gran amistad, todo ambientado en la posguerra italiana. Además, el cura tiene la peculiaridad de que charla, animosamente, con Dios.
Estas novelas son las de “Peppone y Don Camilo”, cuya fama está fuera de todo precedente en Italia.
En los años 50,  estos libros se adaptaron al cine en una serie de películas de gran éxito protagonizadas por los cómicos Fernandel y Gino Cervi. Tan famosos se hicieron estos personajes, que llegaron a adaptarlos, en forma de serie televisiva en Colombia, incomprensiblemente.
Y Terence Hill, en plenos años ochenta, y en el momento de máxima popularidad, adaptó al cine dicho material en un tocho de dos horas de duración.
Ahora bien, “Don Camilo” sería el debut en la producción y la dirección del amigo Terence y aunque posiblemente, posteriores – y escasas- incursiones en ese oficio fueron un tanto más precarias, hay que reconocer que para su desvirgue, no le ha ido mal la cosa. Es decir, que quizás no sea una obra maestra, pero es, como dicen los mayores, “una película muy bonita”. Un film de corte familiar y populachero, cuyo querido personaje la verdad es que no le pega nada a Terence Hill…
Cierto es que el humor de las antiguas es ligeramente más ácido y se posiciona hábilmente en el lado del cristianismo; en la versión de Hill, se suaviza todo el componente político, quedando siempre ambos personajes, comunista y fascista, bien parados ingeniándoselas para que ambos caigan bien al espectador.
La película intenta desmarcarse un poco del estilo de lo que durante años había hecho Terence Hill junto a Bud Spencer, pero de aquella manera… es decir, que está todo rodado en otro tono y que hay momentos que se acercan, obviamente, al neorrealismo, pero el amigo Terence, si no mete mamporros –seña de identidad tanto suya como de Spencer- revienta, así que, de forma mucho más comedida, hay un par de peleas. Por el contrario, si en sus películas habituales no había ni una gota de sangre, en esta sí la hay… nada grave, simplemente que, como los jugadores de los equipo de fútbol propiedad del ayuntamiento por un lado, de la iglesia por otro, acaban siempre como el rosario de la aurora peleándose en el campo, pues vemos raspones y morados en los rostros y anatomías de estos actores de figuración… tampoco vayan ustedes a asustárseme.
Y si, Terence Hill sale airoso en su aventura  en solitario, y sale airoso como director… lástima que después, la cosa de dirigir le costaría un poco más. La película está francamente entretenida y resulta del todo entrañable.
A Terence le gusta tanto el personaje, que hace un par de años acabó dirigiendo e interpretando una serie para la televisión italiana, “Don Matteo”, que prácticamente es igual que esto… supongo que la llamará así por una cuestión de derechos.
Completa el reparto, como el alcalde Peppone, el actor Colin Blakely, secundario de lujo en mogollón de producciones británicas.

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