lunes, 21 de octubre de 2013

¿Y AHORA QUÉ, SEÑOR FISCAL?

No se por qué a todas las películas cuyo argumento gira alrededor de la delincuencia de bajo copete, el fandom las endosa la etiqueta de “Cine quinqui”. Creo que es indispensable que para que una película esté adscrita a dicho sub-género,  esta debe, al menos, contar con un delincuente real en sus filas, o como mínimo, que narre sus andanzas. Según esos parámetros, “¿Y ahora qué, Señor fiscal?” no sería una película de “Cine Quinqui”, así que no entiendo ese empeño en hacernos creer lo contrario.
Lo que sí sería es una producción de “Ifisa”, o lo que a su propietario y co-guionista, Ignacio F. Iquino le gustaba llamar “Una Iquinada”, esta vez en co-producción con México, y por ello que contemos con el protagonismo de la estrella Mexicana Valentín Trujillo, muy dado a este tipo de filmes.
Basada en la novela del mismo título de un tal José Luis Martín Vigil, que también sería co-guionista junto a Iquino, Enrique Escobar y Juliana San José (¡Cuatro guionistas para esta ponzoña!),  la película se estrenó en cines de barrio de Madrid, Barcelona y Valencia a finales de los años setenta y en México no lo hizo  hasta 1983, donde se estrenó con el título de “Muchachos de Barrio” y que en su edición videográfica luce una carátula que nada tiene que ver con la original. En ella tunean todo para que parezca una película más del tan popular “Cine Narco”. Ni una sola de las imágenes ha sido extraída del film. Abajo les adjunto el cartel.
Es una absoluta mamarrachada, con tantos saltos temporales y flashbacks, metidos ahí con tal torpeza, que no nos enteramos del argumento hasta que lo consultamos en  alguna página especializada. Así pues, según el genial blog de "¡No hija, no!" esta es la sinopsis: “Un joven obrero conoce a una rica heredera y, ante el embarazo de esta, contra la opinión de la familia de ella; la situación es insostenible y la chica se marcha de casa. Los problemas económicos les llevan a homosexual, la tía aparece violada y estrangulada y todo parece indicar al joven como autor.”
No, no es que los señores de “¡No hija, no!” sean retrasados mentales, es que se han limitado a copiar la sinopsis tal cual está escrita en la carátula de su edición videográfica española, y así nos lo advierten en su comentario, para nuestro descanso.
Bien, pues la película trata de un muchacho de extrarradio que, aunque en sus ratos libres se folla a una puta que es hermana de un clon de “El Pirri”, se enamora de una señorita de barrio alto. Claro que eso la familia de la chica no lo ve bien, por lo que el muchacho, al que ya de por sí le gusta darse de hostias y andar por ahí metiéndose en líos, tendrá que acabar delinquiendo para que  ese amor sea libre. Todo ello narrado desde la celda donde acaba nuestro protagonista, pues le está contando los hechos a una abogada para que le defienda en el juicio.
Así está muy bien explicado, pero hay que hacer esfuerzos para enterarse viendo la película. Mala hasta decir basta. Una de esas que, a pesar de estar filmadas con un ritmo endemoniado, no consiguen entretenerte, máxime cuando todo es tan jodidamente chapucero. Claro, que eso a Iquino le debía dar igual, puesto que a priori la película es lo suficientemente atractiva como para sacarle beneficios en poco tiempo, que es de lo que se trataba. Si lo consiguió  o no, lo desconozco.
Entre unas y otras escenas, contemplamos un erotismo de baratillo, que debido a la mala calidad de la cinta que alguien ripeó, se antoja sórdido y repugnante, más aún cuando todas estas escenas las interpreta el amigo Valentín Trujillo y su estrabismo, junto a señoritas actrices de firmes bustos e imposibles y poblados felpudos. Casualmente, al estar toda doblada y ambientada en España, no escuchamos el acento mexicano del protagonista jamás.
Trujillo protagonizó una película de similar corte, pero infinitamente más entretenida, en su México natal que los distribuidores españoles, para explotar el tirón del verdadero “Cine Quinqui”, decidieron titular “El regreso de los perros callejeros” y que, obviamente, nada tenía que ver con la saga de “El Torete”. A parte, Trujillo es toda una institución del cine de acción y policiaco de su país.
Dirige un clásico, el argentino afincado en nuestro país Leon Klimovsky, que cuanto más mayor se hacía, más chapucero era.
Una caquita de aquellas que mola ver, aunque no más de una vez.

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