jueves, 21 de junio de 2012

EL ALQUIMISTA

Como recordarán, hace poco fui bendecido con la entrega de un buen porrón de cintas Beta, y desde entonces que me zampo una cada noche si, a) Mi vídeo no me falla (el finde pasado sinceramente creí que había muerto) y b) No dan nada más interesante por la tele. Actualmente mi ritual se reparte de la siguiente manera: Abro el estuche, pillo la cinta, la limpio a fondo con un papel de cocina (especialmente después del sustazo que me di), la meto en el rebobinador si es necesario (y suele serlo), la saco, abro la tapita que cubre la cinta y, con ayuda de unas tijeras incrustadas en una de las roscas, tiro un poco de peli palante, si no, a mi vídeo le cuesta arrancar. La pongo con cuidado, le doy un momento al rewind, asegurándome así que el play funcionará. Y si funciona, y la cinta no está muy podrida, veo la peli... eso sí, bien atento al tracking. Voilá. Parece absurdo, pero me encanta todo esto. Al placer de mi ritual nocturno de ayer se unió el hecho de que el título elegido fue "El Alquimista", el quinto largometraje del legendario Charles Band, después de "Metalstorm" y justo antes de arrancar su famosa "Empire" (según Imdb, la firmó con el pseudónimo de James Amante, pero en la versión que vi ayer ponía su nombre). Encima, con protagonismo del buenazo de Robert Ginty (¿El Exterminador contra El Alquimista?). Una peli que había intentado ver  infructuosamente varias veces, comenzando por mi primer intento adolescente, que se saldó con una entrega equivocada por parte de la despistada dependienta del vídeo-club.
De entrada nos sitúan en el año 1871, cuando un alquimista enamorado de la chorba de otro, intenta agenciársela. El marido se mete por medio, hay una pelea y la mujer muere accidentalmente apuñalada por su media naranja. El alquimista, muy enfadado, le manda una maldición, convirtiéndole para la eternidad en un especie de hombre lobo sin pelo, obligado a matar y beber sangre para vivir. Bien, pasan algo así como 90 años, y la descendiente directa de la mujer muerta entra en escena, lo que precipitará los acontecimientos. Se abre una puerta en el infierno por la que comienzan a salir demonios y el marido, aún vivo y comiendo ciervos, aprovechará para colarse y vengarse del malvado alquimista.
Estoy convencido de que Charles Band se propuso invertir la mayor cantidad del dinero disponible en dar a su película un acabado visual lo más digno posible, y se nota. Desafortunadamente ello arrasó con un buen cacho del presupuesto... por ese motivo tal vez "El Alquimista" sea, en el resto de sus elementos, tan austera. Toda se desarrolla en el mismo escenario -el bosque- entre cuatro personajes (con la presencia de un quinto al principio y al final). Y claro, cuando no hay mucho que gastar en nada, lo mejor es echar mano de diálogos, por eso los personajes de esta peli se pasan el rato hablando como cotorras, dejando poco espacio para material algo más llamativo y emocionante. Solo al final, en los últimos veinte minutos, veremos monstruos, algo de gore y un pavo derritiéndose a lo "Dracula", pero hay que tener mucha paciencia, sentir nostalgia del cine barato de la época y cierta simpatía por su director. Porque por lo demás, "El Alquimista" resulta bastante plomiza.
Ted Nicolaou, entonces futuro director de "Terrorvision", es el montador. Y la música, claro está, pertenece a Richard Band. Al que se echa de menos es a John Carl Buechler, pero que no cunda el pánico, en la siguiente peli de Band ya andaba por ahí con sus entrañables cutre-monstruos.
Suspiro... me quedo más tranquilo, oiga.