martes, 12 de junio de 2012

LA MALDICIÓN DEL ÍDOLO

Y por fin, aquí la tenemos, la segunda película/aventura de ese fugaz "James Bond" de saldo que fue "Duncan Jax" tras su primer, simpático y agradable debút.
En "La maldición del ídolo" el super-agente secreto favorito de.... de vaya usted a saber quién, cambia el tono belicoso de la primera entrega por un rollo más "Indianajonesco" a base de selvas (o bosques normales y corrientes que lo pretenden), templos, sectas diabólicas, oro que rescatar, ídolos cargados de joyas, cocodrilos y, también, unas raquíticas artes marciales. Desconozco cual fue el fenómeno ninja en el año 1988, que es cuando se hizo esta peli, pero el caso es que, para la ocasión, "Duncan Jax" y su equipo se disfrazan de ninjas enmascarados cada dos por tres. Total, que se las piran a la supuesta selva con la intención de enfrentarse a un malvado la mar de folletinesco llamado Lider Escarlata, previo reclutamiento del equipo de aguerridos pero muy poco carismáticos (al revés de lo que sucedía en la primera peli) colaboradores, para lo cual deberá superar otros tantos peligros de novela barata tan absurdos e inútiles como una habitación puesta ahí, tal cual, con las paredes móviles a modo de trampa. Suerte que la astucia de "Jax" y sus gadgets salvarán la papeleta en más de una ocasión... pero no la peli, que a pesar de unos medios razonables (especialmente notables en sus decorados) se estanca la mayor parte del tiempo en diálogos chorras ofreciendo acción a cuenta gotas sin la más mínima emoción ni espectacularidad. Todo en "La maldición del ídolo" es sosaina, frío, aséptico y acartonado. Sin vida.
Detalles de relativo interés: A diferencia de lo que ocurría en "La orden del águila negra", aquí el mandril que acompaña a "Duncan Jax" tiene más intervenciones. De hecho, se puede decir que es él quien encuentra el ídolo maldito. Los títulos de crédito son muy Bondianos, especialmente la canción, que a base de intentar imitar los modos de un Tom Jones, roza la parodia. Dos guiños fricos: En el casino, "Jax" apuesta por el número 007. Cuando entra en una cabina a ponerse el disfraz de ninja, se da cuenta de que básicamente está emulando a Superman y esputa un notorio gesto que así nos lo hace saber. 
Por lo demás, repiten director (el limitadito Worth Keeter), el prota, Ian Hunter y, curiosamente, William Hicks, que si aquí hace de simpático amigote del agente secreto, en "El orden del águila negra" interpretaba a su mayor enemigo. Curioso.
Pero sí, mucho me temo que, tal y como recordaba tras mi primer visionado adolescente, esta segunda aventura de "Duncan Jax" está muy muy por debajo de los logros obtenidos en la primera y, sinceramente, no merece ni el más mínimo esfuerzo.