
La cosa va de satanismo, de un universitario que se obsesiona con una vieja película que muestra un ritual (bastante bien recreada, pero no lo suficiente). Sabemos que algo ha ido mal porque, nada más empezar, lo vemos agonizando en la cama de un hospital cubierto de inexplicables arañazos. La cuestión es que, paralelamente a lo que se nos narra, vamos viendo el material en vídeo tomado por el propio chaval (refilmado de una tele!) y es dentro de esta dinámica donde nos topamos con el momento álgido, y mejor, de toda la peli.
Con la video-cámara en una mano, la linterna en otra y aprovechando que es de noche y hay tormenta (lo que lo hace totalmente inverosímil, pero mola), el mozo se mete en la abandonada casa donde se hacían los rituales en busca de pruebas y sí, es aquí donde nos llevamos los primeros y únicos escalofríos/sustos de la función que, gracias al formato, funcionan de maravilla.
A partir de este punto, la peli decae. Decae en ritmo y en narrativa, y se alarga innecesariamente. Cerrar el show con ese supuesto vídeo hubiese sido un brochazo de oro, pero no, todo lo que viene después únicamente logra enturbiar la sensación inicial de haber disfrutado del visionado.
En resumen, se puede ver, pero no acaba de funcionar todo lo que podría. Dejémoslo en curiosa.