
No sabemos por qué motivo, un individuo que sale del coma se traslada con su mujer a una casa en el campo, donde pasará los últimos días de su vida. Mientras están allí, y frustrado por la prohibición médica de fornicar, asegura a su esposa que en un momento de debilidad, notó como su cuerpo se salía de su cuerpo con vigor y fuerza. Al mismo tiempo, vemos como unas manos enguantadas, y una silueta similar a la de nuestro protagonista, acecha en la oscuridad con cuchillos, tijeras y demás objetos punzantes.
No voy a spoilear más, pero diré que la película, en su agonía, llega a un punto en el que cuando parece que la cosa se va a poner interesante, entra en escena Simón Andreu con sus cuatro pelos, y frustra nuestro interés. Y aunque, a priori, parecía una historia de un fantasma emergido del cuerpo de un moribundo que se dedica a atormentarlo aún en vida, J.J. Porto no es ni por asomo tan original, y nos da un film de apariciones previsible, aunque eficaz en alguna de sus secuencias.
No me cae mal el cine de Porto. Tiene innumerables defectos, pero una gran virtud, sabe hacer una película de terror con tan solo una casa y un par de actores, Si me apuras, solo con uno, como pasaba en "Regreso del más allá". Y es que, cuando se masca la tragedia en historias de uno o dos personajes, suele ser satisfactorio a niveles “terrorificantes”.
Por lo cual, "Morir de miedo" es una más que correcta película de terror, pero tienes que tener paciencia y aguantar bien el aburrimiento, porque por cada momento de tensión y escalofrío, toca sufrir tres de lo otro.
En el reparto, además de Andreu, Mónica Randall y Miguel Ayones, visto en otros films de Porto y en cosillas como "Loca por el circo" con Teresa Rabal.