sábado, 2 de junio de 2007

NO FOCUS, PUNK ON FILM

Casi por casualidad me enteré de que el experto en cine underground Jack Sargeant (autor también de obras como "Deathtripping" o "Cinema contra Cinema") y Chris Barber habían sacado un libro (vía la interesantísima editorial/revista "Headpress") dedicado al punk en el cine, ¿su título?, "No Focus".
De entrada, y a pesar de esa feísima portada en la que, cómo no, salen Sid Vicious y Johnny Rotten (¿se puede ser más previsible?), la obra pinta muy muy interesante, sobre todo por la macro-interviu dedicada a Billy Childish y su casi desconocida faceta de cineasta. El problema viene cuando vemos que, como casi el 90% de ensayos en torno al punk, el libro peca de intelectualoide y algo arty. Se saltan muchas demostraciones evidentes de cine-punk y resaltan otras que, sin dejar de serlo, se centran excesivamente en conceptos muy artísticos y pretenciosos (de hecho, según el libro, Jean-Luc Gordard vendría a ser el cineasta punk por excelencia... ugh!!). A ver, que Derek Jarman sea considerado uno de los cineastas-punk más genuinos no me parece mal del todo, cuando le seguía la pista ahí en los 90 ya me lo parecía a mi, pero tampoco es como para dedicarle tres capítulos. La parte de Childish es la más interesante, aunque este es el Childish del siglo XXI, el que va sobrado de cierta pretenciosidad y dice algunas de esas chorradas contradictorias que es pa matarle... aunque siempre le prefiero a él que a la oportunista y falsa de la Penelope Spheeris, quien hizo algunas películas con el punk como tema base en los 80 y luego se puso a hacer comedias hollywoodienses como "Wayne´s World", para volver al punk ahora que su carrera está en declive, rajar de sus pelis de gran presupuesto y hablar de lo que es punk y qué no... ¡¡hay que tener morro!!.
Como es de ley, del punk inglés de los 80 apenas se dice nada, sólo un escueto capítulo dedicado a "Jettizounds Video", aquel mítico sello que editó montones de conciertos de bandas de la época, pero que gira más en torno al psychobilly. Y lo peor viene al final, cuando se suben por las ramas hablando de otros movimientos contra-culturales que a mi, personalmente, no me interesan ni lo más mínimo.
Aunque al libro le falte algo de desparpajo, cachondeo y le sobre pedantería, resulta una lectura interesante y, al fin y al cabo, se agradece que alguien se decidiera a editar como dios manda un ensayo sobre el tema.