jueves, 30 de noviembre de 2023

GALERÍA DE ESCANEOS BONITOS 28 (+ TRUCULENCIA)

Imágenes extraídas de las fermosas páginas de "Mad Movies", "L´Ecran Fantastique", "Impact" y otras revistas franchutes que me alegraron la adolescencia por ahí los años 80/90.

El destino y la fuckin´casualidad han querido que, justo diez entradas después de una galería dedicada a imágenes truculentas, reincida con esta segunda dosis. Así que ya saben lo que viene a continuación, hemoglobina a tutiplen, asquerosidades y un endiablado maravilloso mal gusto.
Y, justamente, arrancamos con dos películas sobre las que ya hablé entonces, "The Abomination" y "Ozone: Attack of the redneck mutants", ambas creaciones superocheras de Matt Devlen y Bret McCormick.


Recientemente "The Abomination" ha sido lanzada en blu-ray por algún sello
flipao de esos que se curran versiones en 4K de ñordos gigantescos. Así que, tal
vez, en breve tengamos acceso a ella y le echemos cojones... aunque, honestamente,
cada vez me cuesta más sufrir estas demencias (hace nada lo intenté con "New
York Ninja", sin éxito... y sin risas). De hecho, y como narré la vez anterior, ya me la
puse una vez en inglés a pelo. Todavía la tengo, por si alguien gusta. Tampoco entonces
conseguí llegar al final sin bostezar. Y es una puta pena, porque esa imagen es alucinante.
Mi respectivo desvirgue fue todo lo entusiasta y obsesivo que era común y corriente
entonces. ¿Cómo no me iba a molar? El tipo de mierda gran guiñolesca con la que eyaculaba....
Un bichejo dentro del armario, los litros de sangre por toda la estancia, el maromo con sierra mecánica
y gafas de sol aparentemente intentando salvar a la chavala.
En realidad no es un héroe, es el psycho killer del film y, cual Seymour Krelborn,
alimenta al monstruo con seres humanos. Pero para mis inocentes ojos era
un San Jorge de chichinabo luchando contra el dragón. Y molaba muchísimo.


.
Viendo todas estas imágenes de "Ozone: attack of the 
redneck mutants" (+ la otracualquiera diría que nos encontramos
ante una auténtica obra maestra del delirio sanguinolento.
¿Lo es? Si la he visto, que podría ser, no lo recuerdo. Y si no, pues
a saber. La experiencia me ha demostrado que es mejor desconfiar
de estas cosas.... no obstante, tanta burrez se la pone a uno morcillona.

Lo mismo va por las caratulas de algunas de sus ediciones en
formato VHS. ¿Se imaginan rular por el vídeo club y localizarlas en los
estantes? ¿se puede ser menos sutil y más directo? Imágenes listas
para enganchar al devoto y espantar al profano, escandalizado ante
tanta disparatada y maravillosa "repulsividad" y violencia....


Sigamos....


Este salvaje instante es lo único realmente sangriento de un film de terror 
más, mmmmh, ¿psicológico?. Pero no por ello menos gustoso. Les hablo de
"La Centinela", el clásico setentero de Michael Winner, surgido a rebufo de todo
el paripé satanista tan de moda entonces. No solo es un instante truculento, también
da muchos escalofríos. Y fue estupendamente parido -FX mediante- por el gran Dick Smith.



Lo hemos dicho antes, y no nos cansaremos de decirlo, Troma lleva años
siendo una mierda. Una auto-parodia patética. Pero en sus buenos tiempos 
lograron parir algunas películas bastante disfrutables. Y puede que
"Mutantes en la universidad" sea la mejor de todas ellas. Sí, por encima del
"Vengador Tóxico" (que también mola, no digo lo contrario). Les dejo dos
sabrosas instantáneas, de esas que a un adolescente de mi porte hacían
ver estrellitas. Muy características respecto al modo en que la factoría del puto
pesao de Lloyd Kaufman (y Michael Herz) entendían el término truculencia. Siempre
muy licuosa, pringosa, rematadamente exagerada y echando mano de sus 
más que reconocibles babas verdes.
Sí, cierto, Troma llegó a parir nosecuantas secuelas más de "Mutantes en
la universidad" (Víctor reseñó una de ellas en su día) pero, en fin, son todas
espantosas y no merecen más atenciones.


Y terminamos con uno de nuestros directores favoritos.
Es decir, corrijo: con uno de nuestros directores de nombre raro favoritos.
El gran Sisworo Gautama Putra, Indonesio para servirle.
Ya saben lo torraos que estaban allí, haciendo dramas históricos en los
que, eventualmente, chorreaba sangre por doquier. Pal caso tenemos
"The hungry snake woman" (arriba) y "Revenge of Samson" (debajo.
Naturalmente son los títulos internacionales. Los originales no hay
quien los entienda y reproduzca). Concretamente, es la segunda imagen, la
de Samson partiendo a un pavo en dos, la que más me alucinó en su día.
Nunca llegué a ver la peli... hasta hace pocos meses, dispuesta en la red
(manda cojones). Y, en fin, ya se imaginan el percal. Súbitamente sentí una
envidia incontrolable por el yo jovenzuelo que en su momento no pudo acceder
a ella y babeaba fascinado por la foto. Efectivamente, Sisworo -y tantos otros
de su calaña- entra de cabeza en el grupo de filmmakers cuya obra mola más
leída (o diseccionada en imágenes y pósters) que consumida.

lunes, 27 de noviembre de 2023

MUCHACHAS EN EL GINECÓLOGO

Dentro del cine de explotación alemán, existe un subgénero que se hizo extremadamente popular en su época, y en el que el director Ernst Hofbauer podría ser el máximo exponente: el “sex report”.  Se trata de películas de corte erótico-pornográfico que, camufladas bajo el aspecto de documental educativo, nos mostraban toda suerte de situaciones sexuales justificadas con la voz en off de un médico que planteaba temas de salud al respecto. Pero lo que importaba era el folleteo. Por supuesto, como lo que interesaba era la carnaza, tampoco había ningún problema en mezclar imágenes de corte sexual con otras que nos mostraban intervenciones quirúrgicas o de idéntica desagradable naturaleza.
Estas películas tenían cierto tirón en los llamados cines de estación alemanes —cines en las estaciones de tren para hacer mas amenas las esperas. Acabaron convertidos en poco más que sórdidos antros de perversión— y, tímidamente, lograron traspasar sus fronteras. Es por eso que, si estos films se hicieron populares en Alemania a principios de los años 70, en España, no se estrenarían en cines hasta bien muerto Franco a finales de la misma década. Muchas en calidad de “clasificada S”. Esta “Muchachas en el ginecólogo”, fue una de ellas.
No se pueden tener peores intenciones y ofrecer más morbo del que lo hace esta película. El mismo título nos hace una clara referencia de lo que vamos a ver, así, esta, planteada a modo de episodios independientes, nos narra las historias de un grupo de adolescentes que, por unos motivos u otros, tienen que acudir al ginecólogo por varios motivos; enfermedades venéreas, inapetencia sexual, infecciones abdominales… o violaciones. De ese modo vemos pequeñas ficciones narradas en off por un ginecólogo, en las que las muchachas protagonistas acabarán teniendo relaciones sexuales. Asimismo, durante sus visitas, vemos con todo lujo de detalle las exploraciones médicas a las que las someten, que son las que justifican la existencia de la película.
Obviamente se trata de una cosa soporífera, poco sexi y de estética cochambrosa y decadente. Además, que hay que tener muy mala hostia para querer avivar la libido del espectador medio a través de intervenciones médicas (o violaciones). Sin embargo, el “sex report” me parece un subgénero muy curioso, rastrero y digno de estudio, ya que son prpductos que tuvieron relativo éxito y retratan una época muy concreta, en la que surgieron toda una serie de films que, para diferenciarlos, llevaban al final del título original la palabra “report”. Era un cine muy extremo. Comprendemos así por qué el porno posterior que se haría en Alemania, tras su legalización en 1975, era tan excesivo.
“Muchachas en el ginecólogo” se estrenó en salas españolas a finales de 1979, consiguiendo lo habitual de una producción “S” de la época, poco más de 100.000 espectadores.
En cuanto al director de la cinta, el anteriormente nombrado Ernst Hofbauer, es una auténtica institución del “sex report”, prácticamente su inventor. Durante los sesenta rodó cine de género como cualquier artesano, hasta que en los setenta vio la gallina de los huevos de oro; explotó el erotismo hasta su declive con la llegada del porno duro. Lo curioso es que muchas de sus películas se estrenaron con gran aceptación en España, así, desfilaron por nuestras pantallas títulos como el que dio inicio al género “Schoolgirl Report”, aquí “Las colegialas se confiesan”, y otros “sex report” de la misma serie: “Vacaciones excitantes”, “Aprobada en sexología”, “Colegialas perversas” o “Sexualidad en las aulas”.
Por otro lado, estos productos estaban concebidos para su consumo rápido: ir al cine, sacarse el pajarito, agitarlo y echarlo a volar, motivo por el que nunca se les mostró un mínimo respeto. Aun habiendo sido dobladas al castellano, después de su paso por cines, o no tuvieron distribución en vídeo, o la que tuvieron fue paupérrima, por lo que es muy difícil encontrar alguna de estas cintas para su disfrute. Claro que tampoco pasa nada por verlas en alemán…

sábado, 25 de noviembre de 2023

LIGHT BLAST

La primera vez que consumí esta película, hace tres décadas y pico (viene fechada en el sagrado año de 1985), me llevé una impresión positiva. La encontré sorprendentemente entretenida. Eso hace incomprensible que, ante semejante reacción, no la copiara de vídeo a vídeo para incluirla en mi colección. O, al menos, la alquilara una segunda vez. Llevaba sin verla desde entonces, así que "algo malo" tenía que haber ahí. Era ya momento de echar luz al misterio.
Un científico tarado y resentido amenaza a la ciudad de San Francisco con destruirla si no le dan un montón de dineros. ¿Cómo? pues usando un láser potentísimo que hace explotar relojes y derrite objetos -y personas- como si fueran mantequilla al sol. El típico policía socarrón y echao palante será el que se ponga con el caso, investigue, mate a unos cuantos y salve la papeleta.
Pues sí, enigma resuelto: No me la copié en su día, y no volví a alquilarla, porque "Light Blast" es un rollo. ¿Entonces, a que vino esa sensación de positividad? Seguramente gracias a las escenas de efectos especiales, tan cutres como encantadoras. Concretamente, las de peña derritiéndose tienen toda la pinta de intentar recrear, a lo chusco, el final de Ronald Lacey en "En busca del arca perdida". Un poco lo que en su día hizo Luigi Cozzi con "Contaminación: Alien invade la tierra" respecto al pecho estallando de "Alien, el 8º pasajero" . Pillo el elemento más shock del film de éxito y, como buen exploiter, lo replico tropecientas veces a lo largo de la película. Teoría que no es de sorprender teniendo en cuenta que tras "Light Blast" se oculta otro clásico del subproducto italiano, Enzo G. Castellari. Incluso esta vez se curra el guion a pachas con un tío de extrañísimo y sospechoso nombre... ¿Titus Carpenter? ¿En serio? (obviamente, en realidad se trata del italiano Tito Carpi, con un extensísimo CV de películas de acción, erotismo, comedias y demás, entre ellas varias del mismo Castellari)
Y, claro, si le quitas los momentos de mayor impacto truculento a "Light Blast", lo que queda es... bfffff... muuuuchas escenas de transición que no aportan nada, pesquisas detectivescas eventualmente coronadas por algo llamativo, pero demasiado poco. Pal caso, pues algunas explosiones, algunos "stunts" jodidos (de verdad, ¿qué loco se prestaría a escenas de ese porte en una de bajo presupuesto, especialmente confeccionada por fetuccinis?), violencia y sendas ideas graciosas, como esa tanatpractora que ahostia al prota y este, cuando se rebota, le importa un pimiento que sea una tipa -y guapa-, la machaca que da gusto y remata de un balazo. Al final, inevitable extensa persecución sobre ruedas por las calles de San Francisco. Y, by the way, que se sitúe ahí, la ciudad de "Harry Callahan", no es lo único que nos trae a la mente a tan magno personaje, la misma idea de un criminal amenazando a los capitostes de la ciudad o la del policía entregando el dinero en un maletín a base de recorrer la urbe, contribuyen a ello. Pero, por desgracia, eso no otorga más lustre al film de Castellari.
Protagoniza el sarao todo un rey del zetismo, Erik Estrada, quien, como muchos de su porte, vivió momentos de cierta gloria en los setenta/ochenta gracias a una serie de televisión ("CHIPs"), para terminar con los huesos en el cine de baja estofa, siguiendo a rajatabla las órdenes desordenadas de señores como Andy Sidaris, Gene Quintano, Joseph Merhi o el inevitable Fred Olen Ray, además de mucha caja tonta, el medio donde mejor se manejaba.
En España "Light Blast" fue distribuida por "Dister" tirando de una maravillosa ilustración del gran E.Sciotti y otro detalle muy de la época: por aquello de ocultar el origen italiano del dire, quitan lo de Enzo G. y se quedan con E.Castellari, que suena menos flagrante.

viernes, 24 de noviembre de 2023

LA BANDA DE LA MANO

Cinco peligrosos delincuentes adolescentes son detenidos para ser encarcelados como adultos, debido a la fiereza de sus delitos. Sin embargo, durante su traslado a la prisión, son abandonados en plena selva donde serán interceptados por un veterano de Vietnam que les enseñará a sobrevivir en territorios hostiles y entrenará para convertirlos en máquinas de combate. Cuando termine su formación, serán instados a limpiar de narcotraficantes y delincuentes la ciudad de Miami Beach. Estos aceptan de buen grado y comienza la escabechina.
“La banda de la mano” es uno de esos títulos ochenteros que si bien en el momento de su estreno se promocionó como película de primer orden, su discreta recaudación en taquilla —107.000 espectadores en la España de la época— propiciaría el olvido sistemático por parte del público con el paso de los años. No funcionó en cine, en vídeo algo mejor pero tampoco para lanzar cohetes, y fue una película habitual en las emisiones de los primeros años de Tele 5. Después, es como si a “La banda de la mano” se la hubiese tragado la tierra.
En los USA la cosa no fue mejor: Michael Mann, que por aquel entonces triunfaba en el mundo de la televisión con la serie “Corrupción en Miami”, quedó fascinado por la idea que se le presentó sobre cinco críos delincuentes que acaban declarándole la guerra al narcotráfico en Miami Beach. Un argumento un poco naif e infantiloide, que recuerda levemente a los que escribiría Javier Aguirre para sus películas con Parchís. Sin haber visto tan siquiera un esbozo de guion, Mann se decide a producirlo ejecutivamente y, cuatro meses después, ya tiene todo preparado para ponerse a rodar. De este modo, contrata los servicios de Paul Michael Glaser (Hutch en “Starsky & Hutch”), que tras unos cuantos trabajos televisivos detrás de la cámara, debutaría como director de largometrajes para cine con “La banda de la mano”.
Ruedan la película, pero tanto Mann como su equipo están demasiado viciados por el ritmo de trabajo televisivo de “Corrupción en Miami”, por lo que, en consecuencia, la película acaba teniendo un tono y unas maneras un tanto telefílmicas. De hecho, parece un mal capítulo de “Corrupción en Miami” pero sin Ricardo Tubbs ni Sony Crockett.
Consciente de esto, Mann aparca la película para seguir con lo suyo, pero, obsesionado con la historia de “La banda de la mano”, le da vueltas a la cabeza y decide convertirla en una serie para televisión. De este modo, la monta a modo de episodio piloto.
El material se nota apresurado y algunas secuencias no se entienden bien, por lo que no se da luz verde al proyecto de serie, y el montaje de lo que se iba a presentar como episodio piloto es finalmente estrenado en salas, de mala manera, deprisa y corriendo. Resultaría un fracaso que, además, fue asediada por la crítica. De hecho, en los premios stinkers de ese año, una suerte de anti-Oscar yankis cuyo trofeo es la reproducción de una taza del váter rodeada de celuloide, “La banda de la mano” compitió en la categoría de peor película perdiendo ante “Howard: Un nuevo héroe” que ese año arrasó como mala película (cosa que no entiendo). Después de aquello, aun vendida al extranjero, quedaría condenada al olvido.
Desde luego se trata de una película bastante tonta que resulta demasiado infantil para el público adulto, y demasiado violenta para el público infantil. Asimismo, el cambio de tono en los tres actos es tan marcado que cuando, en su meridiano, parece que estamos ante un tipo de película concreto, al llegar los personajes a la selva parece que estemos en otra. Y al regresar a la ciudad, volvemos a notar un cambio radical, asemejándose a una epopeya barata de Charles Bronson, sin Bronson.
En definitiva, un desbarajuste que, aun con un par de momentos medio memorables, no resulta interesante a ningún nivel, máxime cuando hablamos de acción, con explosiones y tiros, terriblemente aburrida en el grueso de su hora y media larga.
En el reparto destacan Lauren Holly y Laurence Fishburne, que después se harían populares, James Remar, o Danny Quinn, hijo de Anthony Quinn, quien posteriormente se casaría con Lauren Holly y protagonizaría un sonado juicio por malos tratos en Hollywood del que se acabaría declarando culpable.
En cuanto a director, Paul Michael Glaser, tras este debut comenzaría su carrera y rodaría clásicos como “Perseguido”, “Una tribu en la cancha” o “Kazaam”… y luego otra vez a currar a la tele.
“La banda de la mano” es bastante mala y bobalicona, pero ahí queda.

lunes, 20 de noviembre de 2023

AMOR A TODO GAS

Primera película para lucimiento musical de Peret que, a su vez, es un remake de un viejo título de los años 50, “Amor sobre ruedas”, dirigido por Ramón Torrado. Para esta versión moderna protagonizado por el rey de la rumba, los productores José Antonio Cascales y Benito Perojo, contaron de nuevo con los servicios de Torrado a la dirección.
Se trata de un vodevil  típico de nuestro cine clásico, con Peret soltando a diestro y siniestro los éxitos más rutilantes de su emergente carrera en 1969, y subiendo y bajando escaleras, entrando y saliendo por puertas, mientras se desenmaraña la trama de enredo que, por supuesto, acabará bien.
Peret es un taxista de Madrid con un especial talento para la rumba. Un día entra en su taxi a una cantante de éxito que ha regresado a España tras una gira triunfal por Latinoamérica. Como esta quiere pasar inadvertida, finge ser la peluquera del hotel al que Peret la ha de llevar. Pero durante el trayecto se genera un feeling entre ambos, liándose la madeja cuando se enamoran, y ella tiene que hacer triquiñuelas para que Peret no descubra que se trata de la afamada cantante. A la par que todo este enredo, no se perderá ocasión para que nuestro protagonista se cante, guitarra en mano y acompañado de sus palmeros, alguna que otra cancioncilla.
A Peret se le presentó la oportunidad y no la dejó escapar, si bien puso todas las pegas del mundo porque no podía aprenderse el guión debido a un problema que sufría de convergencia visual y le impedía enfocar correctamente sus textos. Al respecto, hay quien dice que es que no sabía leer del todo bien. Como fuere, se adaptó el rodaje de tal manera que el cantante pudiera improvisar.
No está mal, una españolada de las de toda la vida, a estas alturas con un tono absolutamente demodé (con ese muestrario de patillazas que lucen los varones, los colores saturados de la fotografía, o esa chupa de cuero arcaica que, en algunos momentos, viste Peret en pantalla), entretenida y agradable, con el aliciente de contar en su reparto con el artista musical de moda entonces y un reparto de actores clásicos que, siempre, da gusto ver.
Así, como partenaire femenina tenemos a Nieves Navarro, y en papeles secundarios (agárrense) contamos con Fernando Sancho, Florinda Chico, José Sazatornil “Saza”, María Isbert, Xan Das Bolas, José María Tasso, Rafaela Aparicio y, entre otros, a un joven e irreconocible Pepe Sancho, que acometía uno de sus primeros roles casi en calidad de figurante.
Como era habitual en nuestro cine, y como buen vehículo para lucimiento del cantante, “Amor a todo gas” fue un éxito sin precedentes que llegó a congregar a casi dos millones de espectadores, siendo una película que, posteriormente, alcanzó altísimos índices de audiencia en televisión y generó una de las canciones más populares de Peret, concretamente la que da título, es decir, “Amor a todo gas”.
El equipo técnico cuenta asimismo con la presencia de José Ulloa, quien empezaba como asistente o, lo que es lo mismo, trayendo cafés al set.
En cuanto al director, Ramón Torrado, está considerado uno de los más grandes artesanos de nuestro cine quien, especializado en lo folclórico y popular. Puso su cámara al servicio de Manolo Escobar en unas cuantas ocasiones, así como dirigió los vehículos para René Muñoz “Fray Escoba” y “Cristo Negro”, amen de un puñado de clásicos de los años 40 y 50 hoy intocables.

domingo, 19 de noviembre de 2023

CRÉDITOS INICIALES DE "BEVERLY HILLS VAMP"

Claro, tanto hablar ayer de "Beverly Hills Vamp", al final me entraron ganas de revisarla. Y sí, sigo pensando que es muy graciosa y simpática. Una de las películas más soportables de su director (junto a "El poder de las armas", seguramente. Vale, y "Alien Dead", pero porque a esa le tengo mucho cariño). Entre lo más memorable, los alegres créditos de apertura ilustrados sonoramente por el siempre eficaz Chuck Cirino y diseñados resultonamente por Bret Mixon. Así pues, y considerando que nuestro humilde canal de YouTube llevaba tiempo sin actualizarse, recuperé la vieja costumbre de publicar créditos peculiares de películas igualmente peculiares (extraídos de costrosas cintas VHS). De este modo, mientras a algunos de ustedes les regalamos los ojos (y, tal vez, se animen a revisar -o ver por primera vez- "Beverly Hills Vamp") a otros les sacamos de quicio porque andaban buscando el film entero y se quedan con ganas de más. ¡¡(Risa Satánica) Que se jodan!!.

sábado, 18 de noviembre de 2023

TERMINAL FORCE

Nick Tyree es un policía alcohólico de gatillo fácil. Y no un gatillo cualquiera, hablamos de toda una magnum 44, nada menos, el revólver más potente del mundo, capaz de vo.... bueno, ya se saben el resto. En cualquier caso, el hombre es suspendido por cargarse a un maleante que quería atracar una licorería. Justo entonces, un mafioso de lo más temible, Johnny Ventura, secuestra a la hija de un camionero dispuesto a testificar en su contra. Así las cosas, deciden devolverle la placa a Nick para que vaya al rescate. Él, muy a regañadientes, acepta.
"Terminal Force" vendría a ser uno de los títulos menores, y más prescindibles, en la "etapa dorada" (o la menos marrón) de la carrera de Fred Olen Ray. Ya, ya, suena a chiste usar las palabras "menores" y "prescindibles" en este contexto, pero sí, tiene sentido. Fue todo un precedente de aquello en lo que, superados los 90, devendría la filmografía completa de su director, productos sosos, aburridos, desalmados y sin chispa de vida, ni ninguna otra clase. No obstante, incluso así, "Terminal Force" es... mmmmh, usar la palabra "mejor" sería excesivo, lo dejaremos en más entrañable que todos aquellos. No por la sobadísima trama. Ni por la habitual ejecución directiva de Ray, tan inimaginativa y perezosa, a base de planos fijos de gente hablando y hablando sin parar. Es una cosa bárbara, en serio. Creo que en toda la película hay un 15% de acción. 20 si me apuran. Y el resto es verborrea desatada, incluso para contar las mayores chuminadas. U otras tan evidentes que no lo necesitaban. Pero son esos 35 milímetros maravillosos con los que fue rodada (en cinco días), esos actores -sobre todo secundarios- más acartonados que un pack de tetrabriks y, sobre todo, la interminable ristra de rostros simpáticos, mucho habitual del subproducto e, inevitable, un montonaco de los integrantes de la secta Olen Ray, lo que "salvan" la papeleta. Bueno, y sus escasos 83 minutos de duración, por supuesto.
Richard Harrison no necesita presentación en este blog pero, vamos, el papel le va que ni pintado. Troy Donahue aparece como segundo de cartel (de hecho, su rostro se come más de la mitad de la caratula del VHS patrio), aunque lo cierto es que su papel es tan insignificante como irrelevante. Siendo un jovenzuelo de lo más guapete tuvo un arranque prometedor, asomando en "Invitación a la vida" de Douglas Sirk. Sin embargo, y conociendo a Olen Ray, sus gustos y manías, apuesto a que lo fichó únicamente porque en 1958 actuó en "Monster in the campus", considerada uno de los momentos menos inspirados de Jack Arnold. En cualquier caso, poco a poco la carrera del joven Donahue se fue desinflando, lo que, inevitablemente, le llevó al abuso de toda suerte de sustancias, especialmente bebercio (anda que... entre él y Harrison, menudo plantel). James R. Sweeney era ya todo un veterano del subproducto, había aparecido en la "sex comedy" "Esta chica es mía" y, seguidamente, prestó sus servicios para gentuza como David DeCoteau, Richard Gabai o Rick Sloane (quien, by the way, se encarga de diseñar los feos títulos de crédito de "Terminal Force"). No mucho después, Sweeney repitió con Olen Ray en "Bad Girls from Mars". Y hablando de girls, mencionar al bombón que interpreta a la secuestrada, Angela Porcell, una actriz que, seguramente, iba para "scream queen" pero se cansó de enseñar ese par de tremendos melonazos que gastaba, retirándose cuando apenas había sumado seis títulos en su filmografía. Claro que, menudos son. Localizamos otra vez a Rick Sloane con "Academia antivicio", "Deadly Reactor" del infamemente famoso David Heavener, "Chance" con el ínclito Joseph Merhi metido de por medio y la que todo lo empezó, "Glitch!", "sex comedy" firmada Nico Mastorakis. Impresionante. Tanto como las ubres de la muchacha, que en "Terminal Force" Olen Ray filma con gratuitosa delectación. Es que incluso le dedica primeros planos sin venir a cuento. Puro "exploitation" para ojos perversos como los míos y los suyos, por supuesto. De ahí que decidiera sacar este hermoso par -nunca mejor expresado- de instantáneas....


Otro que merece ser mencionado es Cleve Hall. De hecho, daría para un artículo entero. En "Terminal Force" interpreta a un asesino demente con pinta de rockero gótico -ya que pertenecía de forma genuina al gremio- y la cara de Pablo Carbonell. Es un actor pésimo, pero resulta muy gracioso. Se le puede ver en "El amo del calabozo", "La gran aventura de Pee-Wee", "Sueños Tortuosos", "Roller Blade Warriors: Taken by Force" de Donald G. Jackson, alguna de DeCoteau y otras tantas de Olen Ray. Aunque, realmente, lo suyo eran los efectos especiales, iniciándose nada menos que en "Pesadillas de una mente enferma" para, luego, pasar a currar con "Empire" en un montón de sus subclásicos (entiendo que asistiendo a John Carl Buechler) y clásicos. Una de sus últimas aportaciones fue fabricar al bicho protagonista de "El ataque del tiburón de dos cabezas", dirigida por Chris Ray, el hijo de Fred Olen Ray quien, ya puestos, tiene cameo en la misma "Terminal Force" como repartidor de periódicos. ¿No es encantador?. Al parecer, en 2012 Hall protagonizó un "reality" para "Syfy Channel" dedicado a su labor en el campo del látex titulado "Monster Man", lo que le otorgó cierta fama. Según la secretaria, colaboró en la confección del libro "It Came from the 80s!". Habría molado entrevistarle a fondo, pero por desgracia murió hace dos años. ¡Ah! olvidaba un último dato que aclara y contextualiza muchísimo de lo comentado hasta ahora, Cleve era hermano de Kenneth J. Hall.
Cerrando ya el apartado dedicado a los intérpretes "no Rayanos", queda Vincent Barbi, el típico superviviente de la era dorada del "exploitation" que Olen Ray fichaba por puro fanatismo. En sus años mozos, Barbi curró en el "The Blob / La masa devoradora" original de 1958. Luego, se prestó a salir en un puñado de los subproductos vomitados por Ted V. Mikels, en la serie y la película del "Batman" de Adam West, en la hoy reputada "Dolemite" y... a partir de aquí ya comienza a tantear terreno Rayano, coincidiendo con James R. Sweeney en "Capone", dirigida por el habitual colega/socio de Fred, Steve Carver (quien aparece en los agradecimientos de "Terminal Force") o haciendo de víctima en "El día después del juicio final" para entrar a formar parte de la mafia Olen Ray. Justo antes de palmar, Barbi tiene papelito en una cosa rarísima de naturaleza "indie" titulada "Suture". La vi en el Festival de Sitges, y se suponía el gran nuevo descubrimiento del palo, rollo "Reservoir Dogs", "El Mariachi" o "Clerks" (al fin y al cabo, estábamos en 1993), pero no coló. Incluía cierto elemento absurdo en su trama que provocó el rechazo de crítica y público.
Y, ahora sí, nos metemos de cabeza en el puro Fredolenrayismo... o esta reseña no terminará nunca. Los habituales que le acompañaban a todas partes durante los 80 y 90. Comenzando por su ex-mujer, Dawn Wildsmith, siguiendo con el gran gran Jay Richardson poniendo fondo y forma al mafioso jefe, un personaje detestable que el actor hace simpático. La inevitable Michelle Bauer, mostrando sus operadas ubres, claro. Ralph Lucas, que en "Beverly Hills Vamp" hacía del criado de las vampiras, esas que se papeaban a los amigos "nerds" del protagonista, uno de los cuales, Tom Shell, también asoma en "Terminal Force", solo que cambiando totalmente de registro. Aquí es el baranda que casi -casi- se tira al personaje de Angela Porcell. Hoy día, Shell se ha reciclado a director de productos desangelados, pero dispone de una filmografía como actor que es... verla para creerla. No pueden faltar tampoco el bueno de Joseph Pilato (acreditado Josef Piato) o el subdirector de subcine Dan Golden.
Pasemos directos a detrás de las cámaras. El fuerte de Ernest D. Farino han sido siempre los efectos especiales (y no solo de subproductos, también algunas películas de primer orden) pero, inquieto él (de joven editaba un fanzine dedicado íntegramente a Ray Harryhausen), en ocasiones lo ha intentado con la dirección y, como es el caso, la escritura de guion. Concretamente tres veces. Sorprende que de una mente tan imaginativa salga algo tan soso como lo reseñado, pero, en fin, ya se sabe. Sus otras dos aportaciones han sido igualmente para Fred Olen Ray, "Wizard of the demon sword" y la ya muy mencionada -y genuinamente divertida- "Beverly Hills Vamp".
Produce (entre otras cosas) Grant Austin Waldman, otro de los creyentes en la causa Ray. Pones la filmografía de uno al lado de la del otro, y casi van a la par. Waldman también lo ha intentado como director de sus propias cacotas, destacando entre las pocas "Teenage Exorcist".
A la hora de ilustrar esta interminable reseña, he echado mano de la sosa caratula del VHS español, básicamente porque así es como la alquilé en su día (y mira que me jode el pegote de todocoleccion, pero no hay otra). Sin embargo, me ha sido imposible resistirme a sumarle la exageradísima y graciosa ilustración que corretea por ahí como cubierta de alguna edición extranjera. Más que nada porque es puro y duro "exploitation". Pilla los cuatro elementos atractivos, desmádralos, y añade alguna mentirijilla piadosa (ese Harrison hiper-musculado!!). Aaaaay (suspiro) los buenos viejos tiempos.

viernes, 17 de noviembre de 2023

DIMENTICARE PALERMO

“Dimenticare Palermo” es una película italiana de 1990 confeccionada para ser llevada a la pantalla por un director de prestigio como era Francesco Rosi, basada en la novela homónima de Edmonde Charles – Roux, con un libreto coescrito entre el propio Rosi y Gore Vidal, que cuenta con una banda sonora excepcional firmada por Ennio Morricone, y con un reparto internacional representado por los nombres de Philippe Noiret, Vittorio Gassman y Mimi Rogers.  Por eso no deja de chocar que un film como este, destinado a ganar premios, a obtener cierto estatus y a ser estrenado en medio mundo, esté protagonizado nada menos que por ¡James Belushi! ¿Qué hace Belushi en una película de estas?
Sin embargo, de “Dimenticare Palermo” no se sabe prácticamente nada. Se le ha dado poco bombo y no destaca nunca en las filmografías seleccionadas de Francesco Rosi. El motivo, lógicamente, es que, en co-producción con Francia, la productora se había gastado una suma escandalosa de dinero en rodarla. Se trataba de una película de alto postín y… no la vio absolutamente nadie. En España no se estrenó nunca y tan siquiera salio directa a vídeo. A día de hoy permanece inédita.
Podríamos pensar, a bote pronto, que meter a James Belushi en “Dimenticare Palermo” sería un error. Lo mismo que hacer un reboot de “El Padrino” encabezado por Adam Sandler y, quizás, ese sea el motivo del fracaso. Pero no. Resulta que lo mejor de la película es el propio Belushi, quien se está tomando su papel en serio —quizás consciente de la oportunidad que se le abría si esta producción europea funcionaba—, está comedido y en su sitio, nada forzado, en lo que podría haber sido uno de los mejores roles de su carrera... de no ser porque la historia misma no deja mucho espacio para su lucimiento actoral.
“Dimenticare Palermo” cuenta la historia de Carmine Bonavia, un candidato a alcalde de la ciudad de Nueva York de ascendencia italiana, que no parte como favorito en las elecciones. Con el fin de salir electo, y aprovechando que la ciudad está asediada por la droga, el hombre basa la campaña electoral en su legalización regulada. Durante el trajín, Bonavia se casa y fija como destino de su viaje de novios la madre patria, es decir, Palermo. Al llegar allí, será víctima de extorsión, engaños y amenazas por parte de la mafia, que tiene como único fin que el aspirante a alcalde retire su propuesta.
La película consiguió sendas nominaciones a la mejor fotografía y mejor escenografía en los premios Claqueta de oro que otorgaba la revista italiana “Ciak”, aunque no consiguió nada. Y eso que la fotografía es de primerísimo primer orden.
Sin embargo —y a eso achaco yo el fracaso y posterior silenciamiento de “Dimenticare Palermo”—, Francesco Rosi no capea bien con el material literario del que parte y hace una película absolutamente soporífera en la que, básicamente, tenemos a Jim Belushi y Mimi Rogers dándose paseitos y hablando de política por Nueva York durante la primera hora, para, en la segunda, trasladar la acción a Palermo y, allí, darse más paseitos mientras continúan hablando de política. A Belushi también le de algo de tiempo para irse a ver a Vittorio Gassman, una suerte de príncipe que vive confinado huyendo de la mafia, y hablar también de política con él, dos veces. Y finito.
No existe en el mundo película más sosa y aburrida que esta. Carece de suspense o de drama. Nada de lo que ocurre nos importa un pimiento y parece que a nuestros protagonistas tampoco. Con lo que el resultado es una hora cuarenta de actores americanos y europeos haciendo nada. Y ese es el verdadero motivo del fracaso. Lo insípida y plana que es.
No obstante, se trata de una de las películas de corte prestigiosos más singulares y fallidas de la historia, así que, aunque solo sea por eso, suma puntos como cinta rara misteriosa y desperada, y le dedicamos un visionado, y hacemos el esfuerzo de atender (e intentar entender) el italiano, a pelo y sin subtítulos, que es la única manera en la que se puede ver. Por suerte, el italiano se entiende bastante bien, aunque el verdadero problema no está en la barrera idiomática.
La recomiendo, aunque solo sea para que vean un gran ejemplo de tedio y desidia cinematográfica. Y un cúmulo de malas elecciones.

lunes, 13 de noviembre de 2023

RATBOY

“Ratboy” es el delirio de una mujer pre-menopausica que, tras dejarle la cabeza como un bombo a su poderoso, célebre y querido novio, se materializa en forma de película que no interesa a nadie y es boicoteada desde dentro —probablemente también por parte de este mismo novio— con el fin de, una vez montada, llegue al menor número de cines posibles.
Efectivamente, “Ratboy” es el debut en la dirección de Sondra Locke, pareja durante un buen puñado de años de Clint Eastwood, quien hace las veces de productor ejecutivo, aunque por algún extraño motivo —que nos imaginamos— no aparece acreditado en modo alguno.
Y es que, desconozco si por los problemas internos durante el mes de rodaje, la tiranía de la que la Locke como directora hacía gala (persiguiendo al actor Robert Townsed diciéndole que si era negro, se comportase ante las cámaras como un negro), o el hecho de que, justo durante la producción, a Eastwood le nombraron alcalde de Carmel y estaría más a eso que al capricho de su novia. Pero “Ratboy” es una de las películas más espantosas que he visto en lustros. Y así debió parecerle también a Warner Brothers que la distribuía y, lejos de potenciar las virtudes de la cinta para conseguirle un gran estreno comercial, prefirió silenciarla.
“Ratboy” tiene una historia insulsa y está fatalmente contada. Podríamos decir que no tiene final, que deambula entre géneros sin un objetivo claro y, sobre todo, es tan aburrida, pero tan, tan aburrida, que en los escasos cines donde se exhibió en Los Angeles y Nueva York el público abandonaba las salas en bandada.
Unos rednecks tienen un híbrido de niño y rata encerrado en un cobertizo. Con el fin de venderlo al mejor postor, avisan a una periodista para que vaya a verlo y le de cobertura en la presa. Esta se apunta a un bombardeo y, lejos de pedir un porcentaje por lo que los paletos saquen, les exige los derechos de explotación comercial del bicho, con el fin de convertir al desgraciado en un espectáculo viviente. En adelante, ella se hará cargo de la horrible bestia y la llevará para arriba y para abajo, viviendo situaciones surrealistas supuestamente cómicas, con personajes que aparecen y desaparecen de escena a antojo (incluida la propia Locke dando vida a la periodista) y sin que nada de esto tenga ningún sentido. “Ratboy” es claramente la obra de una persona que no ha realizado en su vida una película, y lo que es peor, tampoco tiene la más mínima idea de cómo hacerla.
Por supuesto, durante el breve periplo de la cinta, la Locke tuvo que andar negando que esta viera luz verde gracias a la involucración de Eastwood, alegando que ella quería otro estudio y otro productor ejecutivo para su ópera prima y que Clint no quería ni hablar del tema —quizás porque era consciente de que como no se metiera él por medio, ese proyecto no vería la vida ni en mil años. El amor…— y mangoneó todo lo que quiso y más, negando a la directora cambios de escenario o retoques de guion.
Por supuesto, la película se presentó en algún festival europeo (el Festival de Cine de Deaville, por ejemplo) donde de primeras los franchutes le comían el ojete a Clint por su nueva producción, pero, tras los primeros pases, callaron como putas ante lo que era un absoluto espanto. Las críticas fueron feroces con “Ratboy” y la taquilla se quedaba impávida ante las andanzas del niño rata, suponiendo así uno de los grandes fracasos de la Warner Brothers que, probablemente, la estrenó por hacerle un favor a Eastwood quien, a su vez, se lo estaba haciendo a su novia.
Como anécdota, resaltar el hecho de que en Turquía, en un periódico de gran tirada, se publicó en portada una foto del niño rata junto a Sandra Locke. No era un anuncio del rodaje ni nada de esto; se ve que un periodista turco, que andaba por el plató, pensó que el niño rata era real y publicó la noticia diciendo que ese extraño ser había aparecido en un bosque estadounidense, y que la mujer que lo acompaña (la Locke), era una trabajadora social que estaba ayudando al bicho a adaptarse al entorno humano. Es mejor esta anécdota que la película entera.
Los maquillajes, sin ser nada del otro mundo, lo firma un Rick Baker que, probablemente, estaba rebajando su caché como favor a Eastwood —y en consecuencia, se esmeró lo justo—, mientras que en el apartado actoral, además de los anteriormente citados Sondra Locke y Robert Townsed, tenemos a Larry Hankin, Sydney Lassick o el mítico Gerrit Graham.
Como les digo, “Ratboy” es lo peor de lo peor. Una película sin alma. Ni para unas risas. Nada.

sábado, 11 de noviembre de 2023

ÁNIMAS

En primero de BUP conocí a una chica bastante maja perdidamente enamorada de Scott Grimes, es decir, el adolescente pelirrojo prota de "Critters", film por entonces de actualidad. Gracias a mis queridas revistas francesas, sabía que el actor acababa de encabezar el reparto de otro vehículo para su lucimiento, "Night Life". En cuanto se lo comuniqué a mi compañera, saltó de alegría y comenzó a chorrear fluidos en espera del estreno. Sin embargo, el día que el film aterrizó en estas tierras de paletos ignorantes con el título de "Ánimas", y directamente formato vídeo, yo ya había abandonado mis estudios y no trataba con la chavala. Nunca pude avisarla, y desconozco si llegó a masturbarse viendo a su querido Scott luchando contra muertos vivientes, que de eso va "Ánimas", donde interpreta a un jovenzuelo tirando a perdedor que combina sus estudios con un curro en la funeraria de su tío. Vive en perpetuo mal rollo con los matones del insti y sus novias, haciéndose judiadas los unos a los otros diariamente (en un momento dado, una de las chavalas finge querer follárselo, por aquello de distraerle mientras los otros la lían, y el colega pica, sin sospechar nada, lo que da que pensar si no será un poco lerdo) El caso es que, un día, los matones la palman en un accidente, chocando contra un camión de productos químicos. Se los llevan a la funeraria y allí la intrusión de un rayo hará que revivan y retomen el conflicto con el prota, pero a lo bestia, matando por doquier.
Pues bien, hasta el alzamiento de los zombies (solo cuatro), la peli se dejaba ver más alegremente, casi como una comedia teenager. En cuanto entra el elemento terror, da inicio cierta rutina, cierta dependencia de fórmulas, que arruina un poco el conjunto y nos sumerge en un sopor demasiado familiar. Suerte de los escuetos pero llamativos momentos de truculencia, que los hay, y son altamente satisfactorios, especialmente al estar paridos a base de trucajes de la vieja escuela. Quizás lo peor sea ese "gag" final, absolutamente innecesario, fuera de lugar y patético. Con todo, la peli se deja ver tontamente. 
En el reparto de "Ánimas" localizamos dos rostros bien curiosos, por un lado John Astin, el "Gómez Addams" de la serie original de los 60, y por otro John De Bello encarnando brevemente a un policía. ¿Quién? ¿el director de "El ataque de los tomates asesinos"? errr... no... eso pensé en su momento, pero no. Se llaman exactamente igual, sí, aunque son dos seres humanos completamente distintos. No obstante diré que el De Bello de los tomates sí ha ejercido de actor ocasionalmente. Y, encima, haciendo de policía. Así procedió en la serie de culto "Sledge Hammer!" efectuando todo un striptease. Casiná.
Tras las cámaras de "Ánimas", Craig Reardon como el más reputado de los maquilladores (echen un ojo a su CV en Imdb y sorpréndanse), Keith Critchlow escribiendo el guion (suyo fue el argumento de base para aquella comedia ochentera altamente olvidada titulada "Voluntarios") y David Acomba, el director, que dispone de mucha mierda en su filmografía, destacando por méritos propios el infamemente famoso especial navideño televisivo de "Star Wars".
Epílogo: Un porrón de años después me reencontré con la amiga fan de Scott Grimes. Por entonces la abordé con intenciones libidinosas, pero en cuanto supe que tenía maromo oficial, entendí dos cosas, una, que no iba a poder rociar sus mejillas con mi esperma y, dos, que seguramente se había olvidado del jodido actor pelirrojo.... junto al resto de la humanidad. Sí, lo que con "Critters" -y secuela- parecía el lanzamiento de una nueva estrella juvenil, pronto quedó en nada. Grimes hizo algunas mierdas sin mayor importancia hasta que logró convertirse en la voz de "Steve Smith", el hijo de "Padre made in USA", la célebre serie de animación de Seth McFarlane. Que personaje y actor se parezcan un huevo no es casual, él y McFarlane eran ya colegas de antes. Dicho de otro modo, el animador y creador de "Padre de familia" salvó la carrera del zanahorio.

viernes, 10 de noviembre de 2023

LA COREA

A “La Corea” podríamos emparentarla directamente con “Madrid, Costa Fleming” de José María Forqué —siendo esta su reverso oscuro—, en el sentido de que ambas películas giran en torno a la relación que tenían los madrileños de los años setenta con los americanos sitos en la base militar de Torrejón de Ardoz, estando tratada la de Forqué desde la sátira mordaz y en tono de comedia desenfadada y, esta, de Pedro Olea, desde el realismo más sucio y el drama descarnado. Tampoco está exenta de cierto sensacionalismo que la asemeja al cine de Eloy de La Iglesia de la época, siendo un precedente directo (sin tener mucho que ver con el subgénero, y salvando ciertas distancias) del cine quinqui que estaría por venir. También, y al igual que De La Iglesia, Pedro Olea trató el tema de la homosexualidad en su cine desde un prisma más sutil que el director guipuzcoano y, en “La Corea” aborda el lúmpen madrileño centrando su historia en el mundo de la prostitución masculina.
Perteneciente, junto a “Tormento” y “Pim, pam, pum… ¡Fuego!” a lo que el director dio en llamar “trilogía de Madrid”, “La Corea” cuenta la historia de un joven de provincias, Toni, que llega a Madrid con la intención de encontrar trabajo y, junto a su amigo Paco, comienza a currar para Charo, también conocida bajo el alias de La Corea, como gigoló para señoras mayores bajo la protección de esta, que acabará enamorada del chaval hasta las trancas. Por otro lado, Paco introduce a Toni en el mundo del chapeo llevándole a la base americana de Torrejón, donde algunos soldados americanos homosexuales requieren los servicios de jóvenes efebos. La tragedia se desencadenará en el momento que Sebas, viejo chapero y protegido de La Corea que ahora trabaja por su cuenta, considera que Toni le ha usurpado el puesto.
“La Corea”, producida por José Frade, es una de tantas películas de su catálogo que permaneció inédita tras su paso por las salas comerciales, donde congregó a poco menos de medio millón de espectadores, y recientemente ha sido recuperada por Radio Televisión Española que la emitió por primera vez en su parrilla. Se trata de una película que tímidamente asoma la cabeza en los albores de la transición y  muestra con valentía un mundo bastante sórdido que, por supuesto, existía en la época. Todo ello contado con destreza y a su ritmo por Pedro Olea, quien, además, hace un retrato estupendo del Madrid de aquellos días.
En el reparto contamos con Queta Claver como Madame del prostíbulo para los americanos, Angel Pardo, que debutaba como protagonista en esta cinta y luego aparecería en los films de Eloy de La Iglesia “Los placeres ocultos, “El diputado” y “Navajeros”, viéndose desplazado en este tipo de protagónicos de su especialidad (chavales medio quinquis y chaperos), cuando se cruzó Jose Luis Manzano en la vida del director de “El Pico” otorgándole los papeles principales de las películas que dirigiría en adelante. También tenemos a Gonzalo Castro, más conocido en su faceta posterior como cantante pop bajo el nombre artístico de Gonzalo, y que si bien comenzó su carrera como actor en esta película, también aparecería en otras como “Dos y dos, cinco” o encarnaría al mítico Bruno de la serie “Verano azul”. Completan el cast Cristina Galvó y Encarna Paso.
A ver lo que tardan los de siempre en meterla dentro del saco del cine quinqui… porque, además de chaperos, esta película tiene macarras, navajas, billares…

lunes, 6 de noviembre de 2023

GOODBYE 20TH CENTURY

Recientemente rescatada para el formato domestico por la gente de Vinegar Sydrome, “Zbogum na dvaesettiot vek!”, de título internacional “Good Bye 20th Century”, es una película extraña y desasosegante a la que en Estados Unidos se le rinde un extraño culto, yo creo que, más que por lo que nos pueda ofrecer , por el hecho de su exótica procedencia, ya que es de nacionalidad macedonia. Y no son muchas las películas macedonias que osan asaltar el mundo americano. “Good Bye 20th Century” irrumpió a finales de los 90 en los USA como un elefante en una cacharrería, siendo elegida por su país como representante para la nominación al Oscar a la mejor película de habla no inglesa, el mismo año que España presentó aquél bodrio titulado “Secretos del corazón”. Ninguna de las dos lograron optar a la ansiada nominación, pero la de Macedonia sí tuvo presencia en unos cuantos festivales de cine fantástico donde adquirió un puñado de fans finos. La española ni eso.
Sin embargo, “Good Bye 20th Century” no es una buena película. Adolece de lo mismo que adolecía el cine fantástico español de los 90, nuevo, falto de experiencia. En ese sentido el film de los directores Mitrevski y Popovski es muy similar en forma y fondo a las primeras películas de Alex de La Iglesia, y hasta podríamos decir que guarda cierta deuda estética con “Acción Mutante” y “El día de La Bestia” de las que sería una pequeña mezcla. Cualquiera sospecharía que los directores macedonios eran grandes admiradores del trabajo del vasco, aunque lo más probable es que todo sea fruto de la caprichosa casualidad.
Como fuere, se trata de una película lenta y agobiante, violenta porque sí y extravagante, que con muy pocos diálogos nos muestra tres historias, bastante dispersas, ambientadas en distintas épocas. Así, la primera se sitúa en un futuro apocalíptico en el que la peña va vestida como en “Mad Max” y que gira en torno a guerras de clanes, en un argumento un poco difícil de descifrar, entre escenas raras de sexo en bañeras y tiparracos disfrazados caminando por el desierto. La segunda, imitando los ademanes del cine mudo, nos muestra la boda entre un hombre y una mujer que resultan ser hermanos. Cuando se descubre el incesto, se lía allí la de dios. La tercera se ambienta en la Navidad de 1999, con un Papá Noel que deambula por las calles hasta que llega a un velatorio. Una vez allí, se lía la de dios es cristo, otra vez, a base de metralleta. Todo ello servido con una cadencia muy rara. Las formas de contar las películas de los macedonios, poco o nada tiene que ver con las americanas o europeas, y quizás por eso,  o porque resulto un espectador plano y básico, me aburrí hasta la extenuación con el visionado.
Ya digo, esto es como una mala película de género española de los 90, como las que ya he citado más arriba o como “Atolladero” de Óscar Aibar, “La Lengua asesina” de Alberto Sciamma, o como toda esa morralla detestable de aquella época.
Pero se facturó en la jodida Macedonia… así que había que verla.
En cuanto a los directores, bueno, siguieron rodando. No demasiado, pero siguieron y, sobre todo, Darko Mitrevski hizo carrera rodando vídeos de corte erótico sobre go-go’s y stripers, mientras que el otro, Aleksandar Popovski, firmó una única película más. Al menos, prueben a pronunciar sus nombres: ¡Música para nuestros oídos y refrescante frutita para nuestras bocas!.

domingo, 5 de noviembre de 2023

UNA RESURRECCIÓN Y UN PARECIDO RAZONABLE

El pasado 21 de Octubre tuve un despertar de lo más hilarante. Tomando mi preciado café con leche y dando un repaso a páginas webs, blogs y demás, me topo de morros con la siguiente noticia: "Wes Craven se dispone a rodar la última entrega de "Pesadilla en Elm Street"". ¡¿Cómo, qué, perdona?!... pero, el director de "Las colinas tienen ojos" no anda bajo tierra desde hace años.... ¿y esa peli no se hizo ya en su momento?... comprobé bien la fecha a ver si es que el respectivo blog llevaba treinta años sin actualizarse (chas-pun!). No, no, se suponía una buenanueva de rabiosa actualidad. Por supuesto, los responsables (¿unos robots de esos enchufados a la corriente que se pasan el día sentados frente al portátil actualizando desalmadamente?) se limitaron a mangar un artículo ajeno, de una web yanki, para reciclarlo de modo totalmente descontextualizado y sin sentido. ¿Efecto "clickbait"?... ¿de verdad alguien cree que esto puede generar muchos "clicks"? Eso no sé, pero risas, unas cuantas. Y un poquillo de vergüenza ajena también.

Para lo siguiente no tengo mucho que decir. Es una chuminada a la que no he podido resistirme, y pido disculpas por ello... (si no conocen a qué films pertenecen las imágenes, tampoco deberían conocer este blog)

sábado, 4 de noviembre de 2023

KILLING BIRDS (LOS PÁJAROS ASESINOS)

Ya cuando el "fetuccini horror" ochentero entraba en serio declive -es decir, 1988- van Flora Films y Filmirage (la factoría comandada por Aristide Massaccesi), dos titanes del exploitation con sabor a pasta -de la que se ingiere- y se rejuntan para parir a pachas "Killing Birds", estrenada en vídeo en las Españas con, básicamente, el mismo título y una frase promocional graciosamente engañosa, tal y como se estilaba entonces, "Vuelven los pájaros asesinos"... ¿vuelven, de dónde? Obviamente la distribuidora lanzaba ahí una referencia a ya saben qué clásico, por aquello de ver si alguien picaba. Curiosamente, en otros países se estrenó absurdamente como la quinta parte de la seudo-saga "Zombi", compuesta por dos primeras dosis genuinas (cortesía de Fulci + algún desaprensivo), seguida de una cuarta de mentirijillas según el inútil de Claudio Fragasso y coronada por hasta cuatro films, totalmente ajenos, que algunos yankis sin escrúpulos decidieron retitular. Concretamente, "Zombi VIII" la firma
 Dustin Ferguson... eso lo aclara todo. Sí, en "Killing Birds" hay zombies... aunque su origen es más sobrenatural que, hummm, accidental. Lo cierto es que la trama es un poco caótica y, si la pillas, es por los pelos.
Cual asesino de Rosemary, un militar llega al hogar, tras ejercer heróicamente en el campo de batalla, y se encuentra a su mujer fornicando con otro. Saca el cuchillo y los degüella. Justo después, se topa con una familia al completo, pues también me los cargo, aunque no al bebé. Ese me lo quedo. Y, de pronto, uno de los pajarracos de caza propiedad del militar sale de su jaula, le ataca y le saca un ojo. ¡Ea! El animal estaría ofendido ante semejante escabechina, no sé.
Pasan unos años y un grupo de estudiantes universitarios acuden a la zona del crimen en busca de un plumífero la mar de raro. Allí habita un sospechoso ornitólogo ciego. Y justo al lado está la casa donde ocurrió el crimen. ¿Qué hacen los chavales? Pues meterse en ella, provocando que los fantasmas torturados de las víctimas despierten, dispuestos a matarlos a todos. Así, por las buenas.
Claudio Lattanzi, que hasta entonces había currado como machaca o asistente en cosas bien conocidas como "Aquarius", "Ghost House" o "El engendro del diablo", debutaba aquí en los roles de director y co-guionista. No debió hacerlo muy bien, porque el mismo Sr.Massaccesi terminó a los mandos del film. En este caso, ambos mutaron en un solo seudónimo ridículo, el de Claude Milliken. Lattanzi no volvería a dirigir nada con cara y ojos hasta 2018 y, curiosamente, fue un documental que me encantaría ver, "Aquarius Visionarius, Il cinema di Michele Soavi". No deja de ser gracioso que, en su día, Soavi dedicara algo parecido a Argento ("Dario Argento's World of Horror", donde Lattanzi ejerció de asistente) y fuese Massaccesi quien le diera su primera oportunidad de dirigir, por lo que, podríamos decir, se siguió la tradición (ahora le tocaría a un aspirante centrar su docu en Claudio Lattanzi, pero dudo que ocurra mientras lo último que facturara 
aquel -hace tres años- sea una cosa con muy mala pinta titulada "Crucified")
En el reparto de "Killing Birds" destacan el cuadriculado rostro de un acabadísimo Robert Vaughn, caracterizado con un maquillaje horrible, y la pizpireta Lara Wendel, aquella que se despelotó siendo una pre-púber en "Maladolescenza" y luego se prestaría a salir en cosas como "Tenebre", "Morirás a medianoche" o la mentada "Ghost House". A Leslie Cumming también podemos verla en otro subproducto de parecido calibre, "Witchcraft / Encuentro con la maldad" (o la cuarta parte de la saga "La Casa")
En cuanto a la película en sí misma, pues hombre, ya saben, no esperen nada. Ni siquiera "pájaros asesinos", porque no los hay. Como mucho, uno extrayendo un ojo -lo que no da para un buen título-
Una vez superado el aparentemente "diferente" arranque del film, luego la cosa se torna ultra-rutinaria, con los chavales siendo cazados por zombies a base de largos paseos y escenas de suspense sin suspense. Los efectos especiales son de lo más mediocres. Y el gore menos gráfico de lo habitual. Todo concluye de forma precipitada y altamente tontaina. Mala sí, pero con el filtro de la nostalgia, y poniéndole cierto cariño, se puede ver... sin dejar de visitar sus redes sociales o páginas web favoritas en el intervalo.
¡Ah! me dice la secre que la casa donde se comete el crimen también salía en "El más allá" de Fulci. ¿Pues bien, no?

viernes, 3 de noviembre de 2023

LA FIESTA

Hace exactamente 20 años, en 2003, en pleno boom de las películas orientadas a adolescentes de principios de siglo (con cosas como “Gente Pez”, “Slam” y similares), los medios de comunicación dieron por saco noche y día anunciando el inminente estreno de una película cuyo máximo aval de cara a la promoción, era que se trataba de “la más barata del cine español”. No era cierto. Sin ir más lejos, un año antes se lanzaba directa a DVD -cortesía de "Manga Films"- una película de esta casa, “Fernando Project” de Naxo. Pero, claro, siendo llevada a cabo de manera totalmente amateur, abrazando dicho amateurismo como ejercicio de estilo, además de declaración de principios, resultó demasiado dura para tener cualquier tipo de repercusión en este país, y que se la considere siquiera película, así que no contó como tal.
Y sí, “La fiesta” fue barata de producir, 5.500 euros ahorrados por sus directores, pero “Fernando Project” había costado solo 50 euros. Ambas fueron grabadas en vídeo Mini-DV. Ergo, “La fiesta” no era verdaderamente la película más barata del cine español —de hecho, puede que ni siquiera “Fernando Project” lo sea—. Además, “La fiesta”, tras ser rechazada impunemente por un sinfín de distribuidoras, fue presentada en el festival de Cine Inédito de Madrid, donde la vieron gerifaltes de "Buena Vista Internacional" que percibieron un filón ante la buena respuesta del público, y le echaron a la película 150.000 euros más con el fin de rodar alguna escena adicional, remontarla e inflar el master a 35 mm, o sea, que ya no son 5.500 euros lo que costó, son casi 160.000.
Se trata de una sex comedy mal entendida, ejecutada, como es usual, por gente que conoce el género de puntillas, Manuel Sanabria y Carlos Villaverde, que aseguran tener entre sus influencias a la hora de desarrollar “La fiesta” películas como “Porky’s” o “Desmadre a la americana”. Para no quedar de garrulos con esas referencias, añaden una con algo más de prestigio: “Clerks”. El resultado de estas referencias da, sin embargo, una mezcla de las teleseries “Al salir de clase” y “Aquí no hay quien viva”.  Y no lo digo por el matiz televisivo que tiene la película por culpa del vídeo barato en que está grabada, lo digo por el tono y el humor, y la relación tan extraña que tienen entre sí los personajes que, pretendiendo ser arquetípicos, al final rozan la parodia. Y no se vislumbra ni una sombra de “Desmadre a la americana”, mucho menos de “Porky’s” y tampoco de “Clerks”.
Vista en su momento, podía parecer un producto similar a tantos otros que se facturaban en celuloide en la época y el estar parida con cinta magnética suponía un aliciente. No distaba especialmente. Hoy resulta tan solo una mala comedia con diálogos e interpretaciones bochornosas.
Dos chicos y una chica comparten piso y reciben la visita del novio de la muchacha, un joven con tendencias ultraderechistas que desentona un poco en ese ambiente más o menos alternativo. Ese fin de semana decidirán hacer una fiesta y, para ello, llamarán a algunos amigos y a la cajera del supermercado. Por supuesto, se celebrará la fiesta y la cosa se irá de madre, dando pie a un buen puñado de situaciones surrealistas y enredos que desenmarañar.
El principal problema de la película es que tiene intención de industria, se concibe como un producto comercial y convencional, y de nada sirve el uso del vídeo Min-DV cuando la manera de grabar es idéntica a la de una producción estándar.
Pero a Sanabria y Villaverde les salió bien la jugada y, gracias a una agresiva campaña promocional —que explotaba hasta la saciedad un gag presente en el film entorno a un preservativo— en la que la mayor baza era anunciar a bombo y platillo el bajo coste de la producción, se consiguió un éxito de taquilla, obteniendo, al final de su periplo, la nada desdeñable cifra de 1,209.000 euros provenientes de casi 300.000 espectadores. Negocio redondo.
Por otro lado, a su elenco actoral luego le fue bien, ya que la mayoría acabó estableciéndose en la industria, algunos de ellos como interpretes de primera fila. Es el caso de Alexandra Jiménez, que hoy la tenemos hasta en la sopa o, con carreras más discretas, Norma Ruiz (“La herencia Valdemar”), Canco Rodríguez (El Baraja de la serie “Aida”) o César Camino, que salía haciendo de Pinocho en la película aquella de "Los Lunnis".
A sus directores tampoco les fue mal visto lo visto y después de esta dirigieron una película que es un absoluto placer culpable para mí, “Sinfín”, vehículo para lucimiento de Dani Martín, el de "El canto del loco", en el que formaba un grupo de rock de lo más marciano secundado por El Sevilla, Nancho Novo y Armando del Río. Esta era un exceso ultra-divertido. De ahí, Sanabria, directito a la televisión a dirigir series a cascoporro, mientras que Villaverde dirigió un corto posteriormente… y si te he visto no me acuerdo.
No obstante, ha sido interesante revisar esta película, porque pese a que en su momento tuvo su bombo y cierta repercusión, a día de hoy está completamente olvidada y, en consecuencia, resulta ser uno más de tantos horribles títulos que se parieron entre los años 2000 y 2010, probablemente la década en que peor cine español se ha realizado.

miércoles, 1 de noviembre de 2023

MINUTOS MUSICALES 16: MELODÍA VITAMÍNICA

No se vayan a creer que me paso las 24 horas del día consumiendo punk rock. Sería terriblemente aburrido. Tampoco que mi dieta cinéfaga se limite a terror o películas chusqueras. Imagínense el nivel de desesperación (sobre todo teniendo en cuenta cómo anda el género últimamente). Mis apetencias son más variadas. Incluso podrían considerarse incoherentes. Contradictorias. No obstante, sí es un hecho que, a la hora de sentarse ante el ordenador para darle a las teclas, el punk en lo musical, y el terror (+ el trash) en lo cinematográfico, son mucho más divertidos, estimulantes, amenos y permiten una buena dosis de cachondeo. Incluso sano desprecio. De ahí la preferencia por ambos temas. Y ya que hablamos de punk rock...

PRIVATE FUNCTION
Soy de esa calaña que, a la hora de meterse música vía intravenosa, únicamente acudo al pasado. Mayormente. Sobre todo en cuestiones de géneros específicos... como, sí, el punk. Prácticamente jamás escucho bandas actuales. Ni tengo idea de su mera existencia. Salvo que, accidentalmente, una de ellas llegue a mis peludos oídos y me sorprenda. Y así ocurrió recientemente con un combo australiano llamado "Private Function". No solo escuché una canción suya que me gustó, es que, directamente se ha ganado un puesto entre mis favoritas. Raro, raro, raro.
La interfecta se titula "Don't Wanna Go Out On The Weekend", pertenece al lp extrañamente títulado "370HSSV 0773H", y la podrán escuchar a continuación. Respecto al resto de la discografía de "Private Function", pues no está mal. Se deja oír. Entretiene. Sin embargo, ninguna de sus restantes canciones está a la altura pegajosa y gozosa de lo que sigue...


THE BOYS
Bien, superada la marcianada de recurrir a un tema reciente, vayamos a lo habitual, hurgar en el pasado... y de qué manera. Damos un salto atrás en el tiempo hasta el Londres del 77, es decir, en plena macro-eclosión del punk como moda, como tendencia capaz de llenar los bolsillos de empresarios sin escrúpulos. Y, hurgando, rescatamos a uno de los muchos grupos surgidos justo con su despuntar, "The Boys". Estos pertenecen, claramente y con honores, a la llamada segunda división. No lo petaron como "Sex Pistols" o "Damned", pero sí dejaron cierta huella. Sobre todo durante el periodo. Su especialidad era una cosa más melódica que el resto de sus coetáneos. Digamos que estaban más cerca del "power pop" que del punk propiamente dicho. Y tienen algunos temas bien majos, aunque la mayoría resultan algo pastelosos. Sonando como artificiales, a laboratorio. Graciosamente, sí fueron rompedores en una cosa: reivindicar su adoración por los "Beatles", entonces considerados el gran enemigo del punkismo (junto a "Rolling Stones"). Es decir, en ese sentido los "Boys" fueron de lo más punk, yendo a la contra de su propio gremio. Tal admiración dio como resultado una de mis canciones favoritas del rollo 77 o, directamente, una de las mejores versiones punk jamás grabadas, justamente se trata de "I Call Your Name", composición Lennon-McCartney llevada al terreno del imperdible, acelerada hasta el delirio, pero sin perder su esencia poppy... y suena así de irresistible...


WHITE FLAG
Seguimos nadando en el pasado, pero ahora centrados en plenos años ochenta. Terreno yanki. Escena punk/hardcore de Los Angeles. Entran en el plano "White Flag", un combo de chavales con ganas de cachondeo. Ya su nombre es una coña a costa de los muy respetados "Black Flag". Gustan de salir al escenario vestidos con atuendos heavy-metal-moñarra. Y, ocasionalmente, provocan a su público mostrándose a favor de causas consideradas anti-punkas. Mi tipo de peña. Sus primeros arranques fueron todo lo acelerados, gritones y ruidistas que cabría esperar. Pero, poco a poco, comenzaron a desarrollar una vena más melódica. Más "power pop". Cosa que les relaciona en parte con el mentado caso de "The Boys", hasta el punto de versionear también a los "Beatles". Con los años romperían filas, pero volverían a rejuntarse animados por uno de sus mayores fanes, Ken "The Posies" Stringfellow. Para entonces sonaban totalmente a pop vitamínico, incluso ocasionalmente un pelo AOR, y así llegaron hasta Barcelona, donde pude verlos en un concierto majete (sala "Magic") pero que tampoco me cambió la vida. Tiempo después palmó su carismático frontman Pat Fear (caracterizado por un notable mostacho setentero), aunque la banda siguió.
A la hora de rescatar alguno de sus temas, la verdad es que hay unos cuantos entre los que elegir. Pero, dadas las circunstancias, procuro siempre decantarme por los más escuetos y enérgicos, así que aparcaré los otros (como "Everything means nothing" o "Face Down") quedándome con "Instant Breakfast" que, creo, combina muy bien las dos etapas más remarcables de la carrera de los bandera blanca, un mucho de energía y un algo -ni que sea sutilmente- de melodía.


THE CARPETTES
El plan inicial consistía en finiquitar este repaso con una banda opuesta a las maneras de las tres comentadas hasta ahora. Es decir, una con preferencia por el ruidismo extremo y la velocidad desbocada. No a la manera de "White Flag", sino mucho más agresivamente. Sin embargo, y por lo visto hasta el momento, opino que es más lógico seguir tirando de energía con ribetes melódicos. Y nadie encaja mejor en ese término de "The Carpettes".
Si "The Boys" eran la "serie B" del punk británico de los setenta, "The Carpettes" vendrían a ser la "serie C". No tanto por calidad como por categoría. El típico ejemplo de combo señalado por el infortunio. Por mucho que lo intentaron, jamás lograron destacar. Ni hacerse un nombre. Y, para cuando ocurrió, era ya tarde y en un lugar tan lejano como Japón. "The Carpettes" lo intentaron sonando primero a punk rock cafre, sin éxito. Luego vino su "etapa de oro", amoldándose a una cosilla más aceptable, o "new wave", posando en plan niños buenos/guapos en las fotos y lanzando dos lp´s que, en mayor o menor medida, han acabado resultando su legado más preciado por el personal, "Fight Amongst Yourselves" y "Frustration Paradise", sin duda gracias a que fue el respetable sello "Beggars Banquet" quien los sacó a la luz. Merece destacarse el tema "Youth Rebellion", perteneciente al primero de ellos.
Enterrados los "Carpettes" -temporalmente-, y en pleno "boom" del segundo (o tercer) punk, aquel a base de crestas, gritos y tachuelas, el frontman intenta poner en marcha una banda afín a los sonidos de "GBH" o "Discharge". Y acude a la discográfica especializada del momento a mostrarle la respectiva maqueta. Sin embargo, reciben un feo rechazo y.... bueno, el resto ya se lo he contado. Hoy día los "Carpettes" siguen recorriendo escenarios segundones o nostálgicos, recordando sus modestos clásicos. Ya se conocen el percal, les sobra grasa y les chorrea desencanto, pero, en fin, mejor eso que nada.
De todo su legado, inevitablemente me he decantado por uno de los temas de su etapa más primigenia, por potente y extremadamente gustoso, "Small Wonder"....