viernes, 22 de junio de 2018

JUSTINO, UN ASESINO DE LA TERCERA EDAD


“Justino, un asesino de la tercera edad” cuenta la historia de un apuntillador que se jubila. Ante el estupor que le produce la vida contemplativa, y la falta de respeto que recibe de su propia famila, se dedica a asesinar gente para para pasar el rato, mientras sueña con irse de vacaciones a Benidorm. La gracia está en que, como se trata de un anciano, nadie puede imaginarse que el artífice de estos asesinatos, pueda ser Justino.
“La cuadrilla”, tandem de directores españoles formado por Santiago Aguilar y Luis Guridi, irrumpe en el cine español en un momento bastante propicio para hacerlo; en plenos años 90 y con el boom del cine gore y la  caspa a pleno apogeo.
Son tiempos en los que se impone un cine gamberro (e irritante) con nombres como Santiago Segura o Alex de la Iglesia capitaneando lo que es también un relevo generacional, tiempos en el que el cortometraje de género español, lejos de ser relegado al ostracismo, se programa incluso en televisión, y tiempos en los que una película pequeñita, de no más de 13 millones de pesetas y rodada en 16 mm y blanco y negro, sobre un anciano que asesina gente para pasar el rato, aspira a varios Goya, e incluso se lleva alguno.
Ergo, perteneciendo esta película a aquella época fatídica, en la que incluso un director tan oscuro y personal como Juanma Bajo Ulloa cambia de registro para hacer el cafre de mala manera con la exasperante “Airbag”, “Justino, un asesino de la tercera edad” no gozaba en absoluto de mis simpatías.
Sin embargo, quedando lejos aquellos tiempos infames y siendo sus directores los más auténticos de aquella hornada , despojándome de los prejuicios que en mí generan aquellos tiempos, me siento frente al televisor dispuesto a ver y juzgar objetivamente, una película que, sin embargo, lleva en mi videoteca una buena ristra de años. Y, a parte de que posiblemente el paso de los años haya beneficiado a la cinta, así como el buen aspecto que brindan los 16 mm. en blanco y negro (que a poco que ilumines con un foquito bien colocado, ya le da a todo aspecto expresionista), lo cierto es que esta película, pequeña, barata, es demasiado extraña para tratarse de un producto mainstream, y demasiado ostentosa si la calibramos como un producto amateur, que es de lo que tiene alma.
Al margen de esto, yo diría que es un poco una revisión de aquellas comedias negras  españolas de los años 50 tipo “El Pisito”, pasada por la turmix de las tendencias de mediados de los 90 (o sea, gamberrismo, sangre, asesinatos…), lo cual, en cierto modo, es siempre positivo pese a que a los directores les precediesen cortos como “La hija de Fu – Manchú 72”, que derrochaba enojoso postmodernismo, y que podía hacernos intuir erróneamente que  los tiros de este “Justino…” iban a ir por ahí. Pero no.
Y es que, al margen de ese look a lo Marco Ferreri (¿voluntario o consecuencia directa del 16 mm. en blanco y negro?), la posible gracia que tenga la película, la puesta en escena vanguardista y lo divertido de la historia que nos cuenta, a mitad de película, cuando “La cuadrilla” tratan de inculcar a la caótica escena en la que Justino asesina a su vecina cierto toquecito “slapstick”, se ve que “La Cuadrilla” no estaban todavía muy curtidos y el ritmo que hasta ese momento tenían tan bien medido, se va al carajo  en adelante. La escena final, con la carnicería en la residencia de ancianos, se ve solapada por el humor chabacano que traen los policías que irrumpen en la escena del crimen, quedando todo, no solo muy de andar por casa, sino tonto. Queda mal.
Pero, para cuando hemos llegado a ese punto, ya la película esta a punto de acabar, y lo cierto es que es una hora y media que pasa en un santiamén, y en la que, sin duda, nos hemos entretenido. Y lo que es mejor, nos hemos hasta reído. No está mal la cosa.
“Justino, un asesino de la tercera edad”, sería, a pesar de todas sus carencias económicas, la primera —y la mejor— de la trilogía de “La Cuadrilla” a la que tuvieron a bien llamar “España por la puerta de atrás”, y si bien “Justino…” tiene cierta gracia y montones de aciertos estéticos y narrativos (tantos como fallos), sus siguientes películas, “Matías, Juez de línea” y “Atilano, presidente”, películas que debido al revuelo que tuvo “Justino…” en el media español, gozaron de mayor presupuesto, son ya una cosa aburrida, lenta y carente de la personalidad que sí tiene esta.
Con Saturnino García, Carlos Lucas y Paco Maestre encabezando el reparto, tenemos pequeños papelitos para Juanjo Puigcorbé, Popocho Ayestarán, Félix Rotaeta o la mítica Marta Fernández Muro.
“La Cuadrilla”, tras su trilogía, no volvieron a hacer más cine, ni juntos, ni separados, a parte de un documental muy triste que Santiago Aguilar dedicó a  Carlos Lucas; “De reparto”. Eso sí, se han ganado la vida en el audiovisual después.

jueves, 21 de junio de 2018

UN GESTO ESTUPIDO E INUTIL


En 2015 se estrenó con gran éxito dentro del circuito de festivales “National Lampoon: Drunk Stoned Brilliant Dead”, documental en el que se nos relataba de manera impecable la historia de la revista satírica del mismo nombre: tal y como la conocemos actualmente, "National Lampoon" nació a comienzos de los 70 en el ámbito universitario, y más concretamente en Harvard, como una publicación de carácter semiamateur para pasar a convertirse progresivamente, y conforme avanzaba la década, en un verdadero emporio del humor que consiguió aglutinar revistas, libros, programas de radio, TV, discos e, incluso, películas: de hecho, shows televisivos como el longevo “Saturday Night Live” o films como “Desmadre a la americana” o la saga “Vacation” tuvieron su origen en esta cabecera de referencia creada en pleno mandato del republicano Richard Nixon por los universitarios Henry Beard y Doug Kenney.
Así, y operando al principio desde el más puro underground, Beard y Kenney no tuvieron reparo alguno a la hora de practicar un tipo de humor que, a la manera de “L'Écho des savanes” en Francia o “El Papus” en España, ponía en tela de juicio la realidad del país atacando de la manera más feroz, escatológica y obscena posible tanto a la cultura como a las instituciones más sacrosantas de los Estados Unidos, desde el estamento político hasta el educativo, pasando por los boy-scouts, el ejército o esos medios de comunicación que, por aquella misma época, trataban de manipular y edulcorar las noticias que llegaban desde Vietnam.
Respondiendo a la cada vez más creciente demanda de material audiovisual que exigen las nuevas plataformas de televisión de pago, este mismo año llegó a nuestras (pequeñas) pantallas “Un gesto estúpido e inútil”, film de ficción basado en el libro del 2006 del mismo nombre que, básicamente, vendría a abordar la misma historia del magnífico documental antes mencionado… aunque con una diferencia importante. De esta manera, y al contrario que aquel, el film protagonizado por el estomagante Will Forte se centraría más en contarnos la vida de Doug Kenney - no por casualidad el más excéntrico de los fundadores del "Lampoon" - y lo hace hasta el punto de que la influencia que la revista ejerció en la sociedad americana, así como todos los tabúes que logró derribar, son relegados aquí a un segundo plano en favor del morboso relato de los últimos y bastante decadentes años finales del creador de “El club de los chalados”.
De este modo, y haciendo gala de la falta de personalidad propia de las producciones de Netflix, asistimos a una versión resumida, deslavazada y sin chispa de “Drunk Stoned Brilliant Dead”, dentro de un formato biográfico que sigue con tiralíneas los más trillados recursos del subgénero, como pudieran ser la (demasiado) pulcra recreación de la época en la que transcurre la acción, el festival de pelucas, patillas y bigotes postizos inevitable en toda producción situada en la década de los 70, así como el concurso de una serie de actores que no conocen ni en su casa encarnando a celebridades, en este caso luminarias de la comedia como Belushi, Harold Ramis o Bill Murray. Junto a este montón de don nadies podremos encontrarnos asimismo con pequeños cameos de gente como Matt Lucas ("Little Britain"), Seth Green o Ed Helms (protagonista del reboot de "Vacation"), lo que vendría a confirmar el prestigio del goza Kenney aún a día de hoy entre los comediantes de nuevo cuño.
Por otra parte, resulta más que obvio el hecho de que los propios creadores de "Un gesto estúpido e inútil" son plenamente conscientes de la naturaleza convencional de este tipo de biopics, lo cual tampoco es óbice para que la película acabe siendo una más que añadir a la lista. No obstante es de agradecer el esfuerzo por parte de sus responsables a la hora de ofrecer un film original (o que, al menos, lo parezca) ya sea utilizando como narrador a un Doug Kenney anciano - cuando en realidad el verdadero murió a los 33 años - o recurriendo al propio formato de la revista para ilustrar determinados pasajes de la vida del malogrado cómico. Sin embargo, y como ya apuntábamos antes, este ánimo renovador, así como el hecho de que sus responsables estén al tanto de los limitaciones que el género impone, no les exime por desgracia de ofrecer un producto que roza la mediocridad la mayor parte del tiempo.
De esta manera, y antes que un film que se detenga en profundizar en como Kenney ayudó a expandir los límites del humor dentro del show business yanqui, nos encontramos ante la típica y tópica historia de self-made men, tan del gusto americano por otra parte. Así las cosas, y antes que atender a la vertiente creativa y rebelde de su recorrido vital, aquí se le otorga más importancia al hecho de que Kenney fuera alguien que se convirtió en multimillonario antes de cumplir los 30, dentro de una narración superficial en la que conceptos capitales como el derecho a la libertad de expresión, o los mecanismos por los que se rige la comedia, se ignoran para centrarse en su lugar en temas tan mundanos como la adicción a la cocaína de su protagonista o si éste le ponía los cuernos (... o no) a su mujer. Una pena. Sólo nos queda imaginar lo que un material de este calibre hubiera dado de sí en manos de alguien como Milos Forman, director que en películas como “El escándalo de Larry Flynt” o “Man on the Moon” fue perfectamente capaz de seguir el canon biográfico sin que ello implicara descuidar otras cuestiones más complejas.
Aún con todo, el balance final que arroja esta biografía sería mayormente positivo: al menos no aburre y además su cuestionamiento del propio concepto del biopic, aunque desaprovechado, resulta interesante, aunque, por otra parte, también sobrevuela durante todo el visionado la sensación de que si no fuera por el concurso de Netflix esta peli, directamente, no existiría; vamos, que tampoco hubiera pasado nada si no se hubiera rodado. Y es que, en el fondo, la peli es tan tonta e innecesaria como su propio título sugiere.
"Un gesto estúpido e inútil" es, en definitiva, una crónica a medio gas con puntuales chispazos de ingenio pero que en muy raras ocasiones logra estar a la altura de la historia que cuenta: eso sí, al menos te puede arreglar perfectamente una tarde, lo que no es poco.

miércoles, 20 de junio de 2018

AVT PODCAST (95)

Para la ocasión, Aratz elige temática con esas películas que sufren un giro de guion (engañoso o no) que desmoronan el tipo de películas que creemos estar viendo. Así, centrándonos en esta premisa, Aratz ha visto "Mariposa negra", Víctor ha visto "La vida de David Gale" y Romerito ha visto "Identity".
Cerramos el programa con el visionado conjunto que se lo hemos dedicado a "Multiple".
Esto es... AVT PODCAST!!

martes, 19 de junio de 2018

FRANK

En cuanto tuve noticia de esta película, me entusiasmé ante lo que parecía el biopic oficial del extravagante cantante inglés Frank Sidebottom (nombre real Chris Sievey), un tipo con raíces en el punk y que sería lo que hoy los más ignorantes llaman "friki mediático". Un poco como "Rodolfo Chikilicuatre" pero con más estilo, actitud, engundia y una intención creativa real detrás. Frank Sidebottom solía cantar acompañado de un ukelele o un teclado, tirando de irritante voz nasal, desafinando y, lo más llamativo, ocultando su rostro tras una divertida falsa cabeza. Justamente esa cabeza ha sido replicada exactamente en "Frank", película británica/irlandesa que, aunque finalmente no narra la vida real del amigo Sidebottom, sí reconoce que ha sido su inspiración tal y como reza un texto en los créditos finales. Y así ha de ser, por supuesto.
Jon es un frustrado músico mediocre que sueña con la fama y un talento que no posee. Del modo más casual termina incrustado en las filas de un extravagante grupo, "The Soronprfbs", compuesto por un puñado de personajes de lo más excéntricos y chalados, siendo el jefe de todos ellos el enigmático Frank, que es el que lleva la falsa cabeza que no se quita jamás. Fascinado ante todo ello, Jon luchará no solo por integrarse, también por hacer famosos a los "Soronprfbs" y, de paso, usarlos como impulso para lograr su deseada popularidad. Pero claro, el personal y atípico universo de Frank y los suyos está inevitablemente reñido con el éxito y la aceptación masiva, lo que dará pié a un montón de problemas y situaciones tremebundas.
"Frank" es, en esencia, una comedia. Pero al ser británico-irlandesa, denota también un incuestionable tono amargo. Y dramático. Aunque en esencia el "mensaje" es muy trillado y generalmente algo hipócrita veniendo un cine más bien "convencional" -Mantén tus maneras incorruptibles y no las destruyas aspirando a la fama efímera-, en este caso se ve un poco más honesto y coherente. En un producto Hollywoodiense -cosa que no es "Frank"- sería mucho peor. Y es que, en el fondo, estamos ante la primera película que retrata de modo oficial, y desde dentro, un fenómeno que no por ocasionalmente insufrible resulta fascinante: La música "outsider" o, lo que es lo mismo, partituras creadas, tocadas y cantadas por individuos con genuinas taras mentales (la lista es larga: The Shaggs, Wesley Willis, Tiny Tim, Daniel Johnston, Jandek, Wild Man Fischer o Captain Beefheart, que sirve de inspiración para la parte de la película en la que la banda se encierra en una casa de campo con la finalidad de grabar un disco. Por lo visto algunas de las cosas que ahí suceden ocurrieron en la vida real durante una grabación del mentado Captain Beefheart).
El resultado final es una película entretenida, nada facilona, en la que se mete un palo a la fama que crean las redes sociales. Esa basada en el chascarrillo tontaina de aquellos que no ven más allá de su flequillo y solo se quedan en la superficie. Que "disfrutan" a través de la arrogancia, mirando desde encima del hombro, y que en cuatro días se cansarán y buscarán otro fenómeno al que despellejar agotadoramente para poder decir aquello de "Yo lo ví primero" y "Desde que le gustan a tanta gente, ya no molan". Y en eso no puedo estar más de acuerdo con la peli reseñada.
Complementan el show un reparto excelente (Domhnall Gleeson, Scoot McNairy, Maggie Gyllenhaal y un Michael Fassbender que no se quita la falsa cabeza hasta la parte final) y unas canciones en general bastante curiosas (entre ellas una versión relentizada de "I want to marry a lighthouse keeper" de Erika Eigen, tema que pasó a la inmortalidad cuando fue elegido por Stanley Kubrick para figurar en el soundtrack de "La naranja mecánica"), el cénit de las cuales es la estupendísima "I love you all" que pueden escuchar aquí para su mayor disfrute.
Recomendable película, sí señor.

lunes, 18 de junio de 2018

UN HOMBRE LOBO EN EL DORMITORIO DE MUJERES


Película italiana de relativo culto, más que por su condición de película de corte fantástico, por su procedencia precedida de un halo de oscurantismo/malditísmo que ha llevado a curiosos a buscarla y a hablar de ella en diversas publicaciones. Claro, que todo ese oscurantismo cae en saco roto en el momento en que esta pieza perdida se edita en DVD y ya no es tan jodido localizarla. En esta ocasión, “Un hombre lobo en un dormitorio de mujeres” se editó hará unos 10 años en España por Trash Collectors.
Huelga decir que una vez vista y saciada la curiosidad, uno entiende el por qué este tipo de películas, una vez estrenadas en su momento, caen en el olvido. Hay joyas oscuras por ahí perdidas, perfecto; pero otras son una mierdecilla sin alma, y eso es lo que le pasa al film que nos ocupa.
A una institución para chicas problemáticas, llega un nuevo profesor. Este tiene que aguantar los envites desagradables de este grupo de féminas, motivo por el cual se desconfía de él en el momento que  un licántropo hace acto de presencia en la zona, y se va papeando a las jovencitas. El grueso del argumento, en realidad, lo ocupa la investigación que surge a raíz de esos hechos.
Rodada íntegramente en los famosos estudios de Cinecittá, “Un hombre lobo en un dormitorio de mujeres”, “Licanthropus” en su versión original, o “Werewolfs in a girl´s dormitory” en la versión americana (la cual destrozaron metiéndole rock-n-roll en la banda sonora y alterando los diálogos en el doblaje), es una de esas producciones europeas que se vendían al mercado extranjero intentando hacerlas pasar por americanas.  Por eso, el director Paolo Heusch, tuvo que firmarla bajo el pseudónimo de Richard Benson.
Sin embargo, la película tiene muy poquito de americana; es más bien europea, pero tampoco parece italiana, dado que el argumento bien podría ser deudor de un “noir” de tres pesetas, mientras que el estilo de dirección es un calco del expresionismo aleman, seguramente más por un problema de iluminacion más que por una declaración de estilo. Y desde luego, la ambientación terrorífica brilla por su ausencia. Al hombre lobo lo vemos de pascuas a ramos, eso si, cuando se le ve el careto, mola mucho —un maquillaje muy discreto, pero efectivo— siendo este el único punto respetable de la película. Por lo demás, es de un insulso… la desidia se apodera de uno a mitad de visionado y se plantea si darle un rato al fase forward hasta que salga el lobo, o bien, quitarla directamente. Pero bueno, echarle un ojo no hace mal a nadie.
Paolo Heusch, director artesanal de la vieja escuela italiana, destacó más como ayudante de dirección de otras películas (puesto este por el que han pasado todos los directores italianos de los años dorados del cine popular), que como director de películas, pero en ninguno de los dos campos se ha prodigado demasiado. Rodó alguna película para lucimiento de Totó, en la que además no se le acredita, y poco más que trascienda.
Esta sería su película más importante, aunque sea solo por el culto que le profesan ciertos sectores del público especializado.

sábado, 16 de junio de 2018

LOS ARISTÓCRATAS (20)


Con la idea de vender algunos libros, Ángel Codón y yo montamos una gran fiesta de comedia por todo lo alto, por lo cual hicimos un gran show de variedades en directo en la sala Superlativo de Madrid.
Nos presentó Paco Fox y conducimos un show en el que colaboraron los cómicos Álvaro Velasco, Vera Montessori y Denny Horror. Hubo concurso de chistes, proyección de cortos de la casa y música, quedando un show de lo más dinámico del que salí muy contento. Y el audio del espectáculo es lo que conforma "Los Aristócratas" de este mes. Sin más, ahí se lo dejo.

viernes, 15 de junio de 2018

SOLDADITO ESPAÑOL


Luis es un adolescente perteneciente a una familia de militares de gran tradición, al que le van a llamar pronto a filas para que cumpla con su servicio militar. Sin embargo, este no comulga con las ideas de su familia y no quiere ir a la mili, por lo que se genera un conflicto familiar. Pese a sus miles de intentos para librarse de la mili, que conformarían el grueso del argumento, finalmente, no le queda más remedio que incorporarse a filas.
“Soldadito Español” es un film muy de los ochenta y, perteneciente a ese limbo de finales de aquella década en el que nuestras producciones deambulan entre el cine popular y el cine de crítica social, mezclando géneros y conceptos en una época de transición cinematográfica que duraría hasta los primeros noventa. Y en esa década  nuestra industria se nutriría, prácticamente, de productos de temática social, apartando a un lado los frívolos géneros populares.
Los últimos años ochenta, además, fueron los años del “No a la mili”, que se verían reflejados en la cultura popular española, ya fuera con pintadas en las paredes, ya sea con muestras dentro de la cultura popular española. En el recién nacido rap español, estaba el grupo Código Mortal, cuyo único track de éxito fue “El rap de la mili”, mientras que en el cine teníamos este “Soldadito Español”. Si eras joven y rebelde a finales de los ochenta, estarías absolutamente en contra de la mili. Todo muy de la época, y teniendo en cuenta que el servicio militar ya no es obligatorio en España, la cosa es un tanto reciente como para que se quede trasnochada ante el espectador que si vivió aquellos años de mili, pero para un “milenial”, si que puede resultar un film, por lo menos, exótico.
Sin embargo, la película hace alarde de un entretenimiento sin precedentes, un melodrama estupendamente llevado sin traspiés en su desarrollo que te deja la mar de contento una vez ha finalizado su visionado, al margen del mensaje que nos quiera colar el film.
Por otro lado, siendo la película un ataque directo contra el estado español de los 80, sorprende la valentía de la cinta al retratar lo que retrata, y con la frialdad de su final, hace intuir al espectador, que si a día de hoy aún existiera el servicio militar obligatorio, una película como esta no podría ser estrenada. Lamentablemente, en los días que corren, no tenemos la libertad que sin embargo si había cuando el país recién salía de la transición democrática.
Muy buena película, muy contundente.
En aquél 1988, todavía hacía mella en el imaginario popular el cine de Eloy de la Iglesia con José Luis Manzano a la cabeza, por lo que muchas películas buscaban interpretes que se le parecieran lo máximo posible. Supongo, que al estar Manzano enganchado a la heroína cosa mala, en lugar de ofrecerle los papeles a él era más cómodo para todos buscar jóvenes que se le parecieran y  que no tuvieran que darle a la chuta cada tres horas durante el rodaje. Pasó en “27 horas” con  Martxelo Rubio y pasa en “Soldadito Español” con Francisco Bas, espantoso actor por otro lado, que jamás volvió a aparecer en película alguna.
Junto a él, Maribel Verdú, María Garrafón, Luis Escobar o Juan Luis Galiardo.
Dirige la cinta, con oficio, Antonio Giménez Rico que venía de cosechar un éxito de la era  de la “Ley Miró”, con “El disputado voto del señor Cayo”.

jueves, 14 de junio de 2018

YENDO HACIA TI

Poco antes de que las terceras partes de "Viernes 13" y "Tiburón" pusieran temporalmente en el mapa el formato del 3-D (hasta el punto de que en algunos países se llegaría a reestrenar la clásica "Los crímenes del museo de cera", también para aprovechar la segunda juventud que por aquella época vivía la carrera de Bronson gracias a sus films para la Cannon), antes de todo esto, decíamos, existió una propuesta pionera en lo que a las tres dimensiones se refiere que, además, llegaría de la mano de los autores más insospechados: en concreto de dos individuos que a lo largo de sus irregulares trayectorias habían intentado suplir su obvia falta de talento con una osadía sin límites y de carácter prácticamente kamikaze; es decir los intérpretes/ guionistas/ productores Gene Quintano y Tony Anthony.
Centrándonos en este último, Anthony (que en realidad atiende al mucho más racial apelativo de Roger Petito) decidió emigrar a Italia a mediados de los 60 con el objetivo de estelarizar su propio spaguetti western y, quizás, emular así la suerte que había corrido su compatriota Clint Eastwood al protagonizar "La trilogía del dólar". A pesar de ser un actor de lo más negado, y de carecer del más mínimo carisma, Anthony tiene la fortuna de escribir, producir y protagonizar su propia trilogía del oeste (la del "Straniero" compuesta por "Un dólar entre los dientes", "Un uomo, un cavallo, una pistola" y "Lo straniero di silenzio"), terceto de películas éste que, si bien no logra convertirle en una estrella, sí que cosecharía en cambio el éxito suficiente como para que su protagonista tuviera la ocasión de llevar el género un paso más allá con la heterodoxa "El justiciero ciego", film que, por cierto, comparte más de un punto en común con este "Yendo hacia ti": y es que, además de estar localizados en nuestro país y de ser dirigidos por Ferdinando Baldi ("Carambola"), ambos títulos coinciden a la hora de desestimar los duelos al sol y los tiroteos consustanciales al subgénero en favor de un muy particular concepto del western mediterráneo (entre gótico y espectacular, infantil y aventurero) el cual incluiría peleas cuerpo a cuerpo, espectaculares explosiones y torturas más dignas de un serial de Fu Manchú que de un film de Sergio Leone.
Anthony & Baldi continuarían expandiendo esta misma línea excéntrica con su siguiente colaboración, la aún más insólita "Get Mean", película que en plena decadencia del género proponía un revulsivo en forma de anacrónico cóctel: un spaguetti tan delirante como imposible situado en la España medieval que mezclaba moros, cowboys, vikingas lesbianas, bandoleros a lo Curro Jiménez, jorobados, villanos homosexuales e, incluso, a un hombre lobo, rematado todo ello además con música country al más puro estilo hillbilly. Como era de prever tal disparate no logra igualar los resultados en taquilla de los esfuerzos previos de sus responsables, hasta el punto de que en nuestro país "Get Mean" no llegaría a conocer estreno comercial en salas de cine.
Pero, como suele decirse, las desgracias nunca vienen solas: tras este fracaso Anthony entra en contacto con Gene Quintano, actor y aspirante a escritor - además de gran aficionado al western - cuyas únicas credenciales hasta el momento habían sido el haber trabajado en cafés teatro y en cortos educativos para televisiones regionales de quinta fila. A Quintano y a Anthony se les ocurre que estaría bien rodar un western en 3-D, precisamente para intentar combatir la pujanza del relativamente novedoso invento del video doméstico.
De esta manera, y sin tener ni idea del tema, se trasladan junto a Baldi a Almería para realizar una serie de pruebas con cámaras que alquilan en nuestro país y a las que ajustan una lente proveniente de los Estados Unidos, un prototipo sin patentar llamado Optimax III. Sin embargo, las pruebas resultan ser desde el principio un absoluto desastre: en consecuencia nuestro trío de la muerte (Anthony, Baldi y Quintano) se ve obligado tras más de un mes de trabajo a despedir al director de fotografía italiano para contratar en su lugar a Fernando Arribas, uno de nuestros profesionales más dúctiles, especializado además en fotografiar producciones internacionales - o coproducciones rodadas en nuestro país - como pudieran ser "Virus", "Diez negritos" o "Escarabajos asesinos". Según declaraba  Arribas en el libro "Almería, plató de cine", "Cuando Anthony y Baldi conectaron conmigo estaban bastante desanimados ya que al ponerse las gafas polarizadas para ver la proyección solo se veían imágenes borrosas y desenfocadas. El objetivo era un prototipo, no estaba fabricado industrialmente, sino que era puramente artesanal y se patentaría a partir del resultado de la película […] Gracias a un par de ideas mías, que lograron corregir los problemas de la convergencia en cada plano, las pruebas empezaron a mejorar hasta conseguir resultados sorprendentes. Con los buenos resultados empezó a llegar el dinero de los Estados Unidos y la producción se puso en marcha.”
Lo peor de "Yendo hacia ti" es que, una vez resueltos estos problemas con la lente, sus responsables se olvidaron por completo de idear una historia que sirviera de base a tanta tecnología, siendo así el guión resultante una versión sintetizada de sus anteriores libretos, ya de por sí bastante simples. Así, la película nos cuenta la historia de H. H. Hart (encarnado por un Tony Anthony con su habitual cara de estreñimiento), un forajido que es atacado el día de su boda por los hermanos Thompson (interpretados por Gene Quintano y nuestro Ricardo Palacios), los cuales le dejan malherido para, a continuación, secuestrar a su esposa (una jovencita Victoria Abril) con la intención de venderla posteriormente en algún burdel mexicano. El resto de la película se centraría en el intento del personaje de Hart por liberar a su mujer de las garras de esta familia de puteros y violadores. Y esta sería toda la premisa: en realidad la película no tiene más.
De este modo, y con el fin de explotar al máximo el gimmick de las tres dimensiones, "Yendo hacia ti" se compone básicamente de una sucesión de escenas aleatorias metidas con calzador dentro de la trama con el propósito de, en teoría, sacarle el máximo partido posible al invento. Así las cosas, en pro de una pretendida espectacularidad y venga o no a cuento, a lo largo de la película serán arrojados todo tipo de objetos a cámara, desde flechas a murciélagos de goma, pasando por balas, dardos, hachas, machetes, cucharones, ratas e, incluso y por si no fuera suficiente, los propios especialistas; además, nos encontraremos con una secuencia de 5 minutos en la que los villanos de la función no pararán también de tirar cosas hacia el objetivo como, por ejemplo y entre otras cosas, un Yo-yo (¿?) o una monda de manzana (¿¡!?)
La película de Baldi se acerca así, suponemos que sin pretenderlo, más a una parodia del superficial uso que en la década de los 50 se le daba al 3-D antes que a un intento serio por renovar y resucitar el ya agotado filón del cine del oeste. Por desgracia, y aunque méritos no le falten, "Yendo hacia ti" se ve ralentizada y limitada en cuanto a ritmo por culpa del formato en el que está rodada, resultando así demasiado coñazo como para merecer ser incluida siquiera en la categoría de "buenas/malas películas": y es que si como curiosidad o como experimento cinematográfico puede tener un pase, como película termina siendo un verdadero suplicio. Y por si "Yendo hacia ti" no fuera ya suficientemente insoportable tal y como es, Anthony optó hace un par de años por ofrecernos con motivo de su salida en Blu-ray un nuevo montaje en el que se alteraba el color de algunas escenas, o se dejaban secuencias completas en blanco y negro para después insertar a los actores en color: tal y como hizo Robert Rodríguez en "Sin City", para entendernos.
A pesar de que en España apenas congregó a 50.000 espectadores Anthony y Quintano declararían en su momento que la película recuperó de largo la inversión incluso antes de estrenarse gracias al dinero que, en la preventa, habían adelantado los distribuidores, volviendo de este modo a reincidir el mismo equipo tiempo después en "El tesoro de las cuatro coronas", película nuevamente filmada en 3-D pero esta vez en colaboración con la Cannon.
En cuanto a "Yendo hacia ti", y aunque sea rara como ella sola, también es uno de los westerns más inconexos que puedes echarte a la cara además de, en términos generales, una de las películas más soporíferas: y es que no hay nada peor que un film efectista que no produce absolutamente ningún efecto... salvo aburrimiento. Eso sí, si tienes mucha curiosidad por verle las tetillas a Victoria Abril (que aquí también las enseña... para variar) supongo que siempre podrás echarle un ojo.

martes, 12 de junio de 2018

FIESTA-PRESENTACIÓN DE LOS LIBROS "SCREWBALLS, 101 COMEDIAS SEXUALES" Y "GRÁVIDO Y MORTAL".


GRAN PRESENTACIÓN-SHOW DE LOS LIBROS "GRÁVIDO Y MORTAL" Y "SCREWBALLS, 101 COMEDIAS SEXUALES" EL JUEVES 14 DE JUNIO A LAS 21:00 H. EN SUPERLATIVO BAR (C/ Antonio Palomino 1, cerca de los metros de Arguelles, Quevedo o Moncloa, en Madrid).
No se trata de una presentación al uso, además de hablaros de nuestros libros y habilitar un stand para su venta (con precios especiales), Ángel Codón Ramos y Víctor Olid presentarán y conduciran un show de variedades cómicas a la vieja usanza, con stand up, improvisación, sorteos y concursos, proyección de cortos... ¡Habrá cómicos invitados!!
¡¡Además, queremos la participación de los asistentes!! si cantas, bailas o cuentas chistes (o stand up) prepárate 5 minutillos de tu material ya que se abrirá el micro para que demuestres tus dotes escénicas!!
¡¡Todo ello gratis y por cortesía de Superlativo Bar!!!
Además, se grabará el audio que formará parte del podcast del presente mes de "Los Aristócratas".

Para comprar cualquiera de los dos libros:
http://vialofdelicatessens.blogspot.com

lunes, 11 de junio de 2018

LOS RESUCITADOS


Desde luego, cuando  supe que una película como “Los Resucitados” iba a salir a la luz, no pude hacer otra cosa que arder en deseos de verla.
Se trata de una película en la que estuvo involucrado Paul Naschy en 1995, que figura como incompleta en sus filmografías y que por ese motivo, y porque por lo visto desapareció el material  filmado, quedó  catalogada como película maldita. Vamos, que parecía que nunca se iba a poder ver.
Ahora, 22 años después de su rodaje aparece el material, y el director, un extraño individuo proveniente del fandom del cine de terror de los 90 llamado Arturo de Bobadilla, encuentra gran parte de lo grabado, lo monta, lo dobla, y lanza la película en DVD.
Claro, que no se por qué extraño motivo yo pensaba que se trataba de una película baratita pero con un acabado estándar. Muy ingenuo soy yo…
Cuando por fin sale en DVD no tardo nada en agenciarme una copia y al verla… ¿Cómo decirlo? “Los Resucitados” ha superado con creces todas mis expectativas. Yo pensaba que sería malísima. Sin embargo esta película supera con creces los conceptos “bueno” o “malo” en su grado máximo. Resulta de tal incompetencia que una vez terminada no me explico como los implicados no han decidido esconderla para siempre o destruirla que es lo que hubiera hecho una persona cuerda y cabal. Por suerte, orgullosos de ello, su director, su equipo técnico y sus actores (hasta Santiago Segura se ha prestado a doblar sus intervenciones) la estrenan con honores, la sacan en DVD en una cuidada edición y se dan golpes en el pecho sacando al mercado lo que se considera una película maldita.  Hay algo incluso de patético en todo ello.
Ustedes se preguntarán ¿Y esto significa que no te ha gustado? Al contrario, ha sucedido todo lo contrario, me he enamorado de esta jodida película. Me encanta, me fascina. Es digna de estudio y digna de convertirse en una obra de culto.
Pero me gusta, me encanta de hecho, no porque sea una buena película —¿De verdad lo creen los artífices? Supongo que no, que serán conscientes de lo que tenían entre manos— si no porque rebasa con creces los límites de la basura, porque su cutrez e inutilidad me sorprenden como no puede hacerlo una película perfectamente elaborada, como  asimismo me sorprendieron genuinos films chungos tales como “The Room”, “Magic London” o “Condenado en la pequeña Roma” (que dan mil vueltas a esto), porque entre tanto esfuerzo y dedicación que ha puesto el equipo, primero en rodarla en su momento, en montarla y sonorizarla ahora, han demostrado tener una falta total de talento y un ego que, ni por lo más remoto, les ha permitido dejar esta película en el maldito ordenador que la montó. Tuvieron que estrenarla y sacarla a la venta. Y sin ningún tipo de vergüenza. Eso, convierte a “Los Resucitados” en una película única.
Por otro lado, las circunstancias en que se concibe la película, hacen que me guste aún más.
Porque el tal Bobadilla, en 1995 consigue convencer a un grupo de profesionales como son Paul Naschy —la película entera es un homenaje/comida de polla a su cine—, el anteriormente mentado Segura, LucianoBerriatúa, su hijo Zoe o Manuel Tallafé, entre otros, de embarcarse en el rodaje de un video casero ambientado en el medievo, basado en leyendas de Gustavo Adolfo Bequer, y hacerlo con una lata de sardinas como todo presupuesto. Mucha Labia y mucho arrojo debía tener el tal Bobadilla, porque que iba a salir un churro se vería venir antes del rodaje viendo los disfraces que usan los actores y sabiendo que la grabación sería a caballo entre Madrid, Toledo y la casa de la madre del director.  Vamos, yo todavía estoy flipando… Pero se hizo.
Por otro lado,  me encanta el despropósito, el lío de formatos en que está rodada. Unas escenas en Super VHS, otras en ¿Mini-DV?, otras en Super 8… saltando de cine a vídeo sin orden ni concierto ¿por qué? ¿Cuestión estilística? ¿Cine experimental?, no. Me temo que es que el director, sencillamente no se aclara.
Luego, de golpe y porrazo, desaparece el metraje como por arte de magia en 1995. Eso dice en un texto al comienzo de la película. También dice que 20 años después, vuelve a aparecer ese metraje —o parte de él, supongo—, también como por arte de magia, y deciden montarlo y doblarlo, una tarea para la que tardan dos años. Pero claro, la película se rodó sin guion, improvisando sobre la marcha. Bobadilla daba las indicaciones a los actores en el momento y estos hacían lo que este les indicaba, con la mala suerte de que cuando este material aparece, lo hace mudo, sin sonido, y de ahí lo del doblaje. Así que se monta sin sonido, y se le procura dar coherencia en el  posterior doblaje para lo que tuvieron que escribir un guion a partir de ese material insonoro previamente montado, y ahí darle coherencia. ¿Y se consigue la coherencia? Para nada. Las frases, encajadas en el doblaje más mal que bien, parecen escritas por un esquizofrénico, es lo peor de la película sin duda, unos diálogos absolutamente demenciales que  por más que intentan explicar lo que ocurre ahí no lo consigue de ninguna manera. Son frases ahí soltadas, como escupidas por una máquina de gotelé. Y es que el guionista puede que no tenga ninguna pericia como guionista que es lo más probable, pero a parte de eso, es UNA LOCURA ponerse a escribir un guion viendo unas imágenes en las que no sabes que cojones está pasando o están diciendo. Y el espectador ve la película, y lo único que detecta es un video casero en el que unos señores disfrazados van para arriba y para abajo, se baten en duelo con espada y dicen frases molonas sueltas. Porque para hacer justicia a la sinopsis oficial hay que echarle dos huevos gordos. Lo que pone ahí, pasará en la cabeza de bobadilla, porque lo que es en la peli...
Sin embargo, aún con lo incomprensible de la trama, la película está montada a un ritmo endiablado, va a mil por hora, y aunque no sabemos lo que pasa, esto pasa a toda hostia, con lo que es imposible aburrirse. No nos aburriríamos ni aunque fuese lenta, de hecho. Porque, es que da igual todo.
Y da igual, porque esta es una película hecha por el fandom y para el fandom, más concretamente de los fans de Paul Naschy para los fans de Paul Naschy. Y a todos ellos esto les va a parecer una recuperación maravillosa y querrán ver gigantes dónde solo hay molinos. Y ojito con decir que no son gigantes ¡Que se te comerán! Entonces, esta película dentro de ese fandom tiene todo el sentido del mundo, imagínense, una película inédita de Paul Naschy (Woooooaaaaouh!!!) rescatada de las latas (de las cintas de vídeo en este caso). Ya están tardando en salir pomposas y vacías reseñas ensalzando sus virtudes, restándole importancia a los defectos y, en todo caso, achacando estos a la falta de presupuesto y nunca a la de talento, que por otro lado es la que impera.
Entonces, fuera de ese circulo endogámico, la película tan solo parecerá una broma. Ningún espectador estándar aguantará más de dos minutos.
Para el cinéfilo inquieto sin embargo (o sea, para mí) esto es maná del cielo. Y me hacía falta ver una cosa como esta para que tenga un lugar de honor en mi videoteca, junto al resto de película únicas que tanto me fascinan, esas películas subnormales entre las que “Los Resucitados”, no es que  sea una más, es que es la jodida reina.
Me encanta.

viernes, 8 de junio de 2018

HISTORIAS DEL KRONEN


En los albores de los 90, en los USA se hablaba de un cambio generacional, o no se que zarandajas, metiendo en un mismo saco a un determinado tipo de jóvenes al que bautizaron como “Generation X”.
A la culturilla española —madrileña más bien— de aquellos años le hizo gracia el término, por lo que no tardaría en dedicarle en gacetas, suplementos dominicales y revistas de tendencias, extensos artículos sobre la “Generation X” y el desencanto que provocaba pertenecer a esa generación desarraigada y en tierra de nadie, bla,bla,ba.
Como en España tampoco se puede decir que la culturilla tenga muchas ideas propias, sí en los 80 copiaron el concepto de la gala de los Oscar haciendo un plagio de la misma en lo que llamaron premios Goya —y encima esa misma culturilla, se tiró ventitantos años despreciando, a posteriori, los Oscar y todo lo americano, manda cojones—, en los 90, como niño con rabieta que anhela el soldadito del otro niño, la culturilla también quiso tener su propia “Generación X”.
Casualmente, un niñato pijo que se dedicaba a salir de copas por ahí y ponerse hasta el culo de todo, José Ángel Mañas, escribe una novela titulada “Historias del Kronen” en la que, inspirándose levemente en sus vivencias, un grupo de jóvenes de entre 20 y 25 años, salen por ahí de fiesta, se ponen hasta el culo de todo y follan. Vamos, una novela que podría escribir cualquiera con unas nociones mínimas de literatura. Pero como la novela habla de drogarse, de follar y de ese tipo de excesos, resulta entretenida.
Entonces, una cosa así viene de perlas para que toda esa culturilla tenga, por fin,  al máximo representante de nuestra patria “Generación X”, y en consecuencia, la novela es promocionada a bombo y platillo, y Mañas comparado con Brett Easton Ellis, e incluso con Hemingway. Ya teníamos a un escritor joven y outsider con el que reivindicar nuestro derecho a tener las mismas etiquetas generacionales que los americanos. Y la flauta sonó para Mañas que desde entonces no ha parado de escribir, si bien es cierto que en los últimos años ha tenido que volver a revisitar el universo “Kronen” para que se le haga algo de caso.
Poco después, como era de prever, se rueda una adaptación al cine. Entonces, qué mejor para que se nos cuente la historia de unos veiteañeros desfasados, que un viejo trasnochado meta sus manos en todo este asunto. Así, Elias Querejeta produce una película en la que Montxo Armendáriz dirige, además de co-escribir el guion junto a José Ángel Mañas.
Entonces tenemos una película con unos jóvenes que no se sabe muy bien a que extracto social pertenecen, porque por un lado parecen pijazos niños de papá, pero asisten a conciertos punk que muy poco (o nada) tienen que ver con su aspecto o maneras, que se divierten bebiendo, esnifando, viendo cine gore —como no…— y follando todo lo que se mueve, mientras se cuestionan sus identidades sexuales constantemente, y un final en el que se recurre a una primigenia estética “Found Footage” (antes del “Found Footage”). Todo esto, con unos diálogos surgidos de la mente de un viejo que imagina como hablan los jóvenes en los 90 y mete expresiones de treinta años atrás, cuando él era joven y usaba jerga. Cosa que no se explica, estando el autor de la novela escribiendo el guion ahí con él (¿o es que, quizás, si hablaban así los jóvenes en los 90?).
Y pasa como con la novela, que como es de drogas y de follar, la película resulta harto entretenida.
En su momento se estrenó, se marcó sus buenos 700. 000 espectadores (aunque se rumorea por ahí que ni por esas recuperaron los 450 millones de pesetas del presupuesto gastado) e incluso tuvo su buen tirón mediático. Ya se consolidaba la tan deseada “Generación X” española. Pero como eso resultó ser una moda, la película se evaporó con ella quedando relegada posteriormente a pases televisivos, si bien, sigue siendo recordada por los jóvenes que la vieron en su momento, pero como una peli entretenida, sin más, no como el símbolo generacional que pretendía ser.
La gracia está en que la película es una puta mierda y casi 25 años después, la manera en la que ha envejecido, los diálogos y las interpretaciones, llevan a uno a hacerse la pregunta de cómo percibiría la cinta en la época del estreno, porque no tiene ningún desperdicio. Por lo que a mí respecta, “Historias del Kronen”, hoy por hoy, es una obra cumbre del “Trash” español. Te descojonas vivo, comedia involuntaria de primer calibre, a la altura de “The Room” por lo menos. O peor.
Tiene primeros papeles para actores que debutaban y que, al menos, si perteneces a una generación; la de la hornada de actores jóvenes de los 90. El enchufado de Juan Diego Botto. Enchufado, no, enchufadísimo, porque si no fuera hijo de quién es ¿A santo de qué un actor tan HORRIBLE iba a hacer carrera en el cine? Claro, luego con los años, a fuerza de hacer muchas películas ha aprendido a actuar algo, pero aquí…. Madre de mi vida ¡verlo para creerlo! Cuando suelta por su boca torcida la frase “La amistad es para débiles, los fuertes no necesitamos amigos”, en un momento en el que el personaje está borracho y puesto de coca, es el bochorno, la vergüenza ajena, el despiporre. ¿Qué opinará Botto de su interpretación en esta película? También decir, que el parecido de Botto con Sylvester Stallone  de joven en esta película, es alarmante.
También están, risibles completamente, Jordi Mollá, Aitor Merino y Armando del Río. ¡Qué panda tan graciosa!
Así pues, recomiendo su visionado, pero como aquél que se va poner una película de serie Z con amigos para echarse unas risas. “Historias del Kronen” no decepciona, así como se trata una obra cumbre del elitismo, estupidez, ignorancia, arrogancia y subnormalismo, de lo que vengo denominando desde el principio de la reseña, “culturilla” española de principios de los 90.
Ah, y Montxo Armendáriz, que mal dirige.

miércoles, 6 de junio de 2018

LOS (DOS) FOTOCROMOS DE "DEMENCIA"

"Demencia" está considerada la mejor película del italiano Aristide Massaccesi, que para la ocasión firmaba con su pseudónimo más popular, Joe D´Amato. Se trata de una historia sórdida y enfermiza protagonizada por un chaval que se flipa con la necrofilia. Han pasado ya muchos años desde que la vi, pero recuerdo que me pareció increíblemente chapas y que la truculencia era generosa, desagradable y realista, cosa esta que dió leves dolores de cabestro al amigo Aristide. Recibió acusaciones de haber usado cadáveres reales para las escenas de autopsias, y él siempre alegó que era piel de cerdo previamente afeitada.
Únicamente dispongo de dos fotocromos que son los que les dejo aquí para mayor alegría de sus enfermos ojos.




lunes, 4 de junio de 2018

TEROR EN EL ÁTICO


Conocida originalmente como “Horror in the Attic”, pero también con el título de “The Attic Expeditions”, “Terror en el ático” llega a nuestro país directamente a DVD en aquellos años locos del videoclub de primeros de este siglo, en los que llegaban  a las estanterías toda suerte de títulos de serie B, en una época que no volverá a repetirse y que el fandom parece que se resiste a reivindicar. Tal vez sea porque aquellos títulos tienen poco de memorable.
Como fuere, “Terror en el ático”, parida por Jeremy Kasten, que forjado como ayudante de producción de un sinfín de películas costrosas de bajo presupuesto, se hizo popular durante una temporadilla por realizar el remake de “The Wizard of Gore”, el clásico de Herschell Gordon Lewis que con el mismo entusiasmo que se habló de él en la prensa extranjera en su momento, se le dio de lado una vez este fue editado en DVD. Y Kasten pasó a ser, de nuevo, un directorcillo de serie B sin mayores méritos.
Pero antes de esto, Kasten, realiza este Terror en el ático que le costó casi 10 años de su vida desde el momento de su concepción hasta que finalmente vio la luz en las pantallas.
El guion de “Terror en el ático” se escribió en 1991 como encargo, ya que en realidad se trataba de un guion perpetrado para convertirse en la cuarta película de la franquicia “Witchcraft” —saga esta que cuenta hasta hoy con la friolera de ¡¡16 películas!!— cuyos films no guardan demasiada relación entre sí. Sin embargo Jeremy Kasten consideró que el argumento de esta película era estupendo, una gran premisa como para desperdiciar el material escrito en una entrega más de la costrosa serie de películas, por lo que Kasten se reunió con los productores para ver si podía realizar esta película independientemente de la saga a la que en un principio pertenecía este guion. La respuesta fue positiva.
Sin embargo no fue hasta 2001 que  Daniel Gold y Dan Griffiths, los productores de la película, consiguieron el millón de dólares que necesitaban para financiar el “ambicioso” proyecto que tenían entre manos, por lo que el guion, desde los 90 hasta que se llevó a cabo, dio más vueltas que una noria y poco quedaba ya de lo que este era cuando este iba a ser “Witchcraft 4”. Entre tanto, Kasten fue trabajando en otras cosas.
Una vez comenzada la producción todo se reducía a economizar gastos, por lo que, ambientada en un psiquiátrico, los productores encontraron un hospital abandonado donde se rodarían todas las escenas ambientadas allí, mientras que para el gran caserón donde transcurre el resto de la película localizaron una enorme mansión casi en ruinas cuyos propietarios les dejaron utilizar para el rodaje de la película a cambio de que les pagaran las obras de remodelación de la misma. Así lo hicieron, y además de servirle al equipo para rodar la película, sirvió para que el protagonista, Andras Jones (al que ya vimos en “Pesadilla en Elm Street IV”), viviera allí durante el rodaje.
Y sin más. La película es tan pequeña que una vez rodada se movió por los festivales y canales de distribución habituales de este tipo de productos y a estas alturas ya no la recuerda absolutamente nadie.
Su único aliciente es un reparto encabezado por Jeffrey Combs, interpretando por enésima vez a un medico chiflado en un film que parece diseñado para su lucimiento. Y es que Jeremy Kasten es un absoluto fan de género y quería nombres más o menos míticos en su cinta. Por ello, acompañan a Combs en el reparto, nombres como los de Alice Cooper, Seth Green o Ted Raimi, nombres estos por los que la cinta cobra cierto interés.
Y una vez saciada la necesidad del aficionado de ver en pantalla a estos actores, en cierto modo, icónicos de un estilo concreto, se acabó lo bueno, porque no existe película más cochambrosa y aburrida que “Terror en el ático”.  En ese sentido, destaca la poca habilidad que tiene Kasten de contar una historia, porque cuesta horrores enterarse de que está pasando en la película. Vemos a Combs, intuimos que la cosa va hospitales psiquiátricos, que hay coqueteos con la brujería… pero más allá de eso, no entendemos mucho más. Mala como el mismo diablo.
Una curiosidad como otra cualquiera…

viernes, 1 de junio de 2018

SNAKE OUTTA COMPTON


La decadencia absoluta del “spoof” americano llega de la mano de esta tontería supina que es “Snake Outta Compton”.  Puesta a la venta en el American Film Market, el único país que se ha dignado en estrenarla en cine ha sido Alemania. Asimismo, está claro que se trata de un producto carne de plataformas digitales.
“Snake Outta Compton” es ya el rizar el rizo del oportunismo y la tontuna cinematográfica, el ir de guay por ir de guay mezclando todos los conceptos de moda dentro de la actual  serie Z. Por un lado, tenemos el “Spoof” que de manera natural se mofa de los, muy en boga, biopics de raperos legendarios como puedan ser la obvia “Straight Outta Compton”, “Notorious” o “All Eyes On Me”, pero también otros éxitos negratas como “Dope” o “Training Day”, mezclado con las películas de bichos made in “The Asylum” como por ejemplo la saga de “Sharknado”. Se trata de buscar lo más improbable, lo más rebuscado. Así funciona hoy por hoy la serie Z, rigiéndose por unos cánones absolutamente impostados.
La cosa va de un grupo de rappers que están esperando su oportunidad para firmar un contrato mientras que tienen problemas con los matones del barrio. Por otro lado, una serpiente embarazada se cae de un avión, despanzurrándose en pleno Compton, uno de los ghettos más peligrosos del mundo. Un negrillo que pasa por ahí, un sosias de Steve Urkel, coge uno de los huevos que alberga en su interior esa serpiente y se la lleva a casa. Allí, la altera genéticamente hasta convertirla en una serpiente gigante.
Los raperos se las tendrán que ingeniar para eliminarla a base de cantarle sus raps, puesto que el ejército y la policía no ha sido capaz de hacerlo.
Una chorrada como un templo.
La gracia puede radicar únicamente en el juego de palabras del título, ya que tomando como referencia el del biopic de NWA, “Straigth Outta Compton”, traducido, “Directos desde Compton”, al cambiar la palabra “Streight” por “Snake”, la cosa queda “Snake Outta Compton”, lo que vendría a significar “Serpiente, fuera de Compton”. Vamos, que la ordenan que se marche…
Al margen de eso y de su mera existencia, lo peor del “Spoof”, los peores gags, la más vergonzante poca gracia, se encuentra entre el metraje de “Snake Outta Compton”. Sí, es una cosa tan demencial que por algún lado, en algún momento, te tienes que reír, pero la mayoría del tiempo pasas vergüenza ajena. No obstante, que combatan a la serpiente gigantea través de rapearle que se marche, no deja de parecerme relativamente gracioso, mientras que la parodia a “Training Day” me parece poco menos que una puta mierda.
No sirve ni para saciar la curiosidad, pese a algún momento más lúcido y unos resultones F/X cuando estos no son infográficos.
Esta maldición está perpetrada por auténticos desconocidos. El director Hank Branxtan, no obstante, es una figura legendaria de las “Fan Movies”, ya que es el responsable de mierdecillas caseras rimbombantes como la famosa “Freddy Vs. Ghostbusters”  o “Returnd of the Ghostbusters” ambas desde su productora Branxtanfilm, que da el salto al cine profesional (que no mainstream) en 2014 con “Chemical Peel” de Lionsgate, que no es más que un remedo del “Cabin Fever” de Eli Roth, y ahora, le da al “Spoof” de cuarta categoría con esta mierdecilla que va moviendo por los mercados de cine.
En cuanto a los actores, nombres tan ridículos como la propia película, componen el cast; Ricky Flowers, Maurice Motown, Donte Essien…

jueves, 31 de mayo de 2018

S IS FOR STANLEY

Sé lo que estáis pensando: "¡¿un nuevo documental sobre Kubrick?!, ¿acaso hay a estas alturas algo más que añadir o decir sobre la figura del director de "Barry Lyndon"? Pues yo os respondería, sí y no... aunque ahora mismo os lo cuento con más detalle.
Este documental de nacionalidad mayoritariamente italiana está basado en "Stanley e me", un libro que el historiador y crítico cinematográfico Filippo Ulivieri escribió en 2012 y en el que a su vez se inspiraría el director Alex Infascelli a la hora de contar el insólito caso de Emilio D'Allessandro, un nombre que por otra parte jamás ha aparecido - ni creo que aparezca ya - en ningún libro de cine; de hecho, dudo que su persona se haya llegado a citar siquiera en alguna de las incontables biografías dedicadas al director americano, por mucho que D'Allessandro colaborase estrechamente con Kubrick en el arco temporal que va desde el rodaje de "La naranja mecánica" hasta el de "Eyes Wide Shut": es decir, cinco películas y casi treinta añitos, nada menos. Procedente de la pequeña localidad de Cassino, situada en el centro de Italia, Emilio emigra a Londres a comienzos de los 60 sin tener ni idea de inglés y, tras pasarse la mayor parte de la década desempeñando toda suerte de oficios relacionados con el mundo del motor (mecánico, corredor de Fórmula 1, taxista...), al italiano le llega la oportunidad de su vida cuando, en una de las peores nevadas que se recuerdan en Londres, recibe el encargo de transportar un peculiar objeto al otro lado de la ciudad: en concreto, a una gran mansión donde estaba teniendo lugar la filmación de un largometraje. La pieza deseada era nada más y nada menos que la escultura fálica con la que Alex Delarge se carga a una de sus víctimas, y la película - como no podía ser de otra forma - era "La naranja mecánica".
A pesar de no haber trabajado con anterioridad en el negocio cinematográfico, y de ser prácticamente analfabeto en todo a lo que a películas se refiere, Kubrick queda impresionado por la osadía, eficacia y rapidez de la que hace gala el italiano, por lo que inmediatamente decide contratarlo en calidad de chófer personal, ocupación que con el tiempo , y conforme Emilio se va ganando su confianza, irá extendiéndose a prácticamente todos los ámbitos de la vida del director, tanto en el personal como en el profesional, y ya fuera en los rodajes de sus pelis como - sobre todo - durante los largos intervalos de tiempo en los que no filmaba.
De esta manera, y tras más de cuatro décadas de absoluto secretismo, Emilio nos hace aquí partícipes de lo que se cocía en la trastienda de la gestación de títulos tan populares como "El resplandor" o "La chaqueta metálica", y lo hace a través del relato de una serie de anécdotas en apariencia intrascendentes pero que tienen el valor de delimitar los aspectos más mundanos de la personalidad de Kubrick: de hecho, y en esencia, "S is for Stanley" no nos descubre en realidad nada que no sospecháramos o supiéramos ya del carácter del director, aunque sí que completa aquellos matices cotidianos que en el pasado otros documentales más ambiciosos que éste, y también peores, optaron por pasar por alto. Así las cosas, el proyecto de Infascelli ahonda en lo ya sabido al mismo tiempo que intenta descubrirnos la faceta más humana y vulnerable del director, mostrándonos así a un Kubrick que trata a sus empleados de una manera tan tiránica como sobreprotectora, a una persona perfeccionista que se toma con la misma seriedad y meticulosidad tanto el rodaje de una superproducción como la elección de la comida idónea con la que alimentar a sus numerosos gatos. Y aunque asimismo se aborda la relación de dependencia que se establece entre los dos absolutos, y casi únicos, protagonistas de la cinta (es decir, Stanley y Emilio), también se decide pasar de puntillas por los aspectos más cuestionables de su colaboración en común, pintando de este modo con una capa de amistad y lealtad una relación que, en el fondo, se intuye bastante enfermiza: de hecho, el vínculo de dependencia que existía entre ambos hombres alcanzó tales extremos que Kubrick llegó a contar con línea telefónica propia en casa de Emilio e, incluso, llegaría a prohibirle que siguiera corriendo en los circuitos por miedo a perder en un accidente a uno de sus más valiosos colaboradores.
En el aspecto formal "S is for Stanley" no podría estar hecha de una manera más simple, optando así por no recurrir en ningún momento ni a excesos infográficos y/o de montaje ni tampoco a ningún narrador célebre con el fin de llamar la atención sobre el proyecto: el propio Emilio cuenta su historia de una manera tan elocuente que nada de lo anterior es realmente necesario; en este sentido, ni siquiera se llegan a utilizar demasiadas imágenes de los films de Kubrick a modo de refuerzo visual, ilustrando en su lugar el relato con las fotografías que D'Allessandro ha ido conservando a lo largo de los años o con las notas y cartas que el propio director le escribía, documentos que, por otra parte, el italiano tenía orden expresa de destruir una vez leídos: afortunadamente, y por una vez, Emilio no atendió a la petición de Kubrick. En definitiva, y gracias casi en exclusiva a su entrañable protagonista, el documental de Infascelli es un film que desborda emoción, una película cálida, sencilla y cercana, encontrándose así curiosamente justo en el extremo opuesto de la pedantería y frialdad acostumbradas en la obra del responsable de "2001": de esta manera, y si otros documentales como "Room 237" o "Stanley Kubrick's Boxes" se afanaban con especial ahínco a la hora de intentar revelar al genio detrás del director, éste en cambio se ocupa en descubrir al ser humano que - por lo visto y sorprendentemente - también había.
Finalmente, y para ponerle la guinda al pastel, en "S is for Stanley" ni siquiera faltan los cotilleos a costa de algunas estrellas de Hollywood, como por ejemplo el hecho de que durante el rodaje de "El resplandor" Nicholson fuera todo el tiempo más pedo que Antoñete o que intentara follarse a todo lo que llevara falda. Una delicia, vamos: 100% recomendable.


miércoles, 30 de mayo de 2018

LOS FOTOCROMOS DE "SIMBAD, EL REY DE LOS MARES"

No contento con haber prestado cara y tetas en dos ocasiones dando vida al legendario "Hércules", Lou Ferrigno se alía de nuevo con la "Cannon" y un exploiter italiano, Enzo G. Castellari, para convertirse en "Simbad, el rey de los mares". Sin embargo nunca llegué a consumirla, ni siquiera di con ella para incluirla en la programación de un evento peliculista. A día de hoy sigue siendo una incógnita para mí... y tampoco es que me muera de ganas de que deje de serlo, la verdad. Lo que sí tengo son algunos fotocromos que les cedo acá. Como nota curiosa, mencionar que en el reparto localizamos a Teagan, señor/a de robusto aspecto que interpretó a la "Alienator" según la insufrible película de San Fred Olen Ray.






lunes, 28 de mayo de 2018

LA PATRULLA DE LOS INMORALES


Robert Aldrich, director de prestigo y responsable de incontestables clásicos como puedan ser “Doce del patíbulo” o “Veracruz” en la recta final de su carrera (murió en 1983 por una insuficiencia renal) se desmelenó  sin importarle las consecuencias. “La patrulla de los inmorales” es la película más nihilista y salvaje que he visto jamás.
Obviamente, sabía de la existencia del film de marras desde que era niño, por eso me cuesta tanto creerme como no he podido descubrirla hasta el presente 2018. Quizás porque se trata de una cinta maldita y olvidada, una película que, tras su estreno, todas las entidades biempensantes en torno a ella se han cuidado de darle una visibilidad posteriormente. La película fue un fracaso absoluto, la crítica se cebó con ella y después tan solo apareció en alquiler en su época sin que haya habido ninguna reedición después. De hecho, en DVD sigue inédita salvo porque en los USA algunos fans se han hecho con masters lo suficientemente buenos como para vender la película bajo demanda en DVD-R casero, como suele pasar con todos estos films malditos tipo “The gong show movie”.
En España, la película se estrenó en salas en 1979 (en los USA lo hizo en el 77) con una taquilla aceptable de casi 700.000 esperadores y luego apareció en vídeo de alquiler unos años después, a la vez que “Locaacademia de policía” convirtiéndose injustamente en un título más, entre italianos y apócrifos, a engrosar las listas de las películas a rebufo de la de Hugh Wilson. Gracias a eso, y a algún pase televisivo, podemos encontrar la película en redes P2P sin mayor problema.
Por otro lado, a más de 42 años de su concepción, de repente aparece en el catálogo de la plataforma digital Netflix, en los USA, durante un corto periodo de tiempo. Rápidamente, es retirada del catálogo sin dar la plataforma más explicaciones ¿Qué ocurre con esta película qué nadie quiere darle visibilidad? Los bloggeros usa llevan tiempo investigando el por qué se oculta estas película sin llegar a conclusiones claras (aunque ahora está a la venta y alquiler en Amazon video).
Yo creo que es más sencillo que todo eso. Es una película libre y antiacadémica, eso es ya más que suficiente para que sea una película menospreciada, pero si a eso le añadimos que sus protagonistas son sexistas, misóginos, racistas, asesinos y completamente lelos, pero que además, la película no se posiciona ni critica estas actitudes, sino que tan solo nos las muestra siendo además, esta caterva de salvajes, los héroes de la función, yo creo que son motivos más que suficientes para que los poseedores de los derechos la oculten y la entierren en el fango hasta hacerla desaparecer, máxime con la ola de corrección política que nos asola en la actualidad. Para más inri, mostrado todo desde una perspectiva cómica.
“La patrulla de los inmorales” prescinde de un argumento al uso para mostrarnos, tan solo, una serie de escenas, una tras otra, en las que vemos a un grupo de policías comportándose como auténticos garrulos. Una escena detrás de otra abriendo tramas que nunca llegan a  concluir, eso sí, sin cortarse en las actitudes inmorales —muy bien traído el título castellano— ni en lo explícito de la violencia y el sexo que se nos pueda mostrar. En la recta final, un cuarto de hora antes de que acabe, si que hay una trama en la que uno de los policías, traumatizado por la guerra de Vietnam, entra en una situación de pánico y mata, por accidente, a un homosexual que está en el parque donde este grupo de policías suele emborracharse tras acabar su jornada. Sus compañeros, le tapan. El jefe de estos, extorsiona a uno de los policías, uno que se va a jubilar, para que le de los nombres de los compañeros que había allí la noche del suceso, cosa a la que el interfecto se niega a hacer. Cuando le amenaza con retirarle la pensión, da nombres. No diré que ocurre al final, pero sí diré que el cuerpo entero de policía aparece retratado como corrupto, todos se salen con la suya, y aún así, el final es feliz y esperanzador para todos…. Menos para el marica asesinado. Para más inri, la película acaba con una feliz carcajada por parte de todos y cada uno de los miembros de esta patrulla de inmorales. No olvidemos que se trata de una comedia.
Yo creo que, aunque en ningún momento se juzga a los policías que forman esta inmoral patrulla,  esta película es en realidad una feroz y provocativa denuncia de los cuerpos policiales, que resulta que —mira tú por dónde— actúan así en todo el mundo, o incluso peor (huelga decir, que no me gusta la policía tampoco). Creo que Aldrich fue muy valiente haciendo lo que se le pasó por los cojones, volviendose lo que trataba de contar en su contra, al interpretar los espectadores que estaba haciendo una apología de lo que en verdad estaba criticando. Les diré por qué.
Resulta que “La patrulla de los inmorales” es la adaptación cinematografica de un best seller, la novela “The Choirboys” escrita por Joseph Wambaugh quién a su vez había firmado el guion de la película. Wambaugh había sido un policía que en sus ratos libres escribía novelas sobre sus vivencias y que abandonó el cuerpo para dedicarse a la escritura en cuanto esto le fue bien. Cuando vio la adaptación de su novela, removió Roma con Santiago para desvincularse de la misma. Denunció a la producción y consiguió que se retirase su nombre de la película, alegando que en su novela todos los actos reprobables de los que hacían gala los policías eran consecuencia de la tensión y hostilidad a la que debían enfrentarse cada día y que en la película se les pinta como poco menos que retrasados mentales sin moral alguna. Amén de que Aldrich había filmado un final que nada tenía que ver con el de la novela. Ganó el litigio y retiraron su nombre de los créditos.
Al respecto, Robert Aldrich dijo que la novela de Wambaugh era una  novela vulgar, y que en consecuencia, él había rodado una oda a la vulgaridad.
O sea, que en cierto modo, lo que era amoral era la novela de Wambaugh y no la película de Aldrich. Lo que si se le puede achacar a Aldrich es la poca pericia que tuvo para  mostrarnos la película como una crítica pareciendo que es todo lo contrario. Claro que Robert Aldrich ya había dado señales de sexismo y racismo con anterioridad. Así que a saber las intenciones con las que está hecha en verdad la película. Lo que si que es cierto, es que es una autentica joya, una comedia como solo se podría haber rodado en los setenta, un catálogo de atrocidades y, como muy bien dijo Aldrich, una oda a la vulgaridad.
Todo eso sumado al desorden narrativo, lo deslavazado de todo lo que cuenta, y la crueldad general de la película, le valieron  las peores críticas que haya podido tener una película, que fue tachada de sensacionalista y barata. A mí me ha parecido una comedia que borda la obra maestra.
Al margen de todo esto, la película es condenadamente entretenida, y es tan fiera, pero tan fiera, tan fiera, tan fiera, que la comedia, los gags, no llegan a funcionar por lo mucho que se pasa de la raya con estos. Una maravilla.
Además está llena de caras conocidas como las de  James Woods, Louis Gosset Jr., Charles Durning o Burt Young.
Estupenda.
En su momento colgué en su correspondiente sección, los pertinentes fotocromos.

domingo, 27 de mayo de 2018

LOS EXTRAÑOS: CACERÍA NOCTURNA

Ahora que el bueno de Johannes Roberts ha logrado su preciado sueño de integrarse en el mainstream dirigiendo películas que, aunque no sean super-producciones, ya llevan el logo de "Universal" al principio de todo y gastan un acabado formal mucho más que correcto, se encuentra ante una situación que no por manida y previsible es menos cierta: Lo que hace actualmente carece de cualquier sello de identidad. Sus primeras mierdecillas, de las que hablamos gustosamente en este blog cuando tocaba, eran eso, chungueces, pero al menos disponían de una manera de hacer distinta y reconocible. Además de que el amigo Roberts podía darse el gusto de poner su nombre por encima del título. Desde que rueda un cine más convencional no solo no le permiten esto último, tampoco hay diferencia alguna con respecto al 90% de productos comerciales que se estrenan. El tema del nombre vendría a ser la metáfora adecuada para la situación que les estoy narrando. Ya no son películas de Johannes Roberts, son películas. Punto. Y aunque a la larga resultan ser mucho más soportables y consumibles que "Hellbreeder" o "When Evil Calls", cuando terminan te dejan igual. No te cabrean, no te desesperan. ¿Eso es mejor o peor?. Saquen sus conclusiones, amiguitos.
"Los extraños: Cacería Nocturna" o "The Strangers: Prey at Night" es la secuela tardía de aquella cosita que se estrenó hace unos diez años con Liv Tyler y que, más o menos, logró llamar la atención. Fui a verla al cine y me aburrí bastante, tal y como escribí en la respectiva reseña. No he vuelto a consumirla desde entonces. La secuela me animé a verla simplemente por su director y por mero completismo.
La original era una historia de "home invasion" basada libremente en hechos reales. En esta lo del "home invasion" queda reducido a la secuencia pre-créditos, para luego convertirse en un semi-"slasher". La pareja de ancianos asesinada antes del título recibe la visita de los hijos y los nietos. Estos están formados por sendos personajes estereotipados, entre ellos la típica adolescente siempre de mala hostia y vestida de neo-grunge y el chaval deportista. Ambos dan muchos problemas a sus pobres padres, que no pueden follar cuando quieren. Ciertamente, tanto "The Strangers: Prey at Night" como la reciente "Un lugar tranquilo" parecen auténticos alegatos anti-hijos. Sus protas serían más felices y sufrirían menos si en su momento hubiesen evitado echar la semilla donde no debían. En fin.
El caso es que la peli que nos ocupa se desarrolla de manera muy formal y tranquila. Sin estridencias demasiado llamativas. No es especialmente aburrida, aunque tampoco especialmente divertida. La familia normal es acosada continuamente por la familia de dementes. Unos matan, otros mueren. Lo clásico. Hay algún susto, alguna escena mejor que otra (mola especialmente el enfrentamiento en la piscina) y, lo digo (cuidao que ahí espoileo), a diferencia de la primera, en esta los villanos también la palman, lo que da mucho gustito. Ciertamente es donde más se denota el rollo "slasher" con el padre encapuchado
en plan "Jason Voorhees" y que no fenece ni a la de tres. Dado el tono realista de la propuesta, canta más que una almeja, pero bueno, se perdona.
Toda la peli tiene un regusto "Halloweenesco" que incluso afecta a la tipografía de los créditos. El tema musical principal roba sin compasión el de "La Niebla". Y ya que estamos, la huída de la "final girl" es idéntica a la de "La matanza de Texas".
En el reparto destaca la dulce y carnal Christina Hendricks.
Del montón. Pasable.