miércoles, 19 de enero de 2022

EL OTRO BAÚL DE TÍO VICENTE 6 (ESPECIAL NEW WAVE 2 / JIM JARMUSCH)

Si en la entrada anterior abordábamos al "pope" del cine "indie" norteamericano tal y como lo conocemos hoy, Amos Poe, esta va dedicada a su alumno más aventajado. Tanto que llegó a superarle, llevarse todas las atenciones y, hoy por hoy, ser considerado -muy discutiblemente- el paradigma de lo que entendemos por "cineasta independiente": Jim Jarmusch.
Cuando "Casablanca" publicó la entrevista, Febrero del 83, Jimmy había terminado la versión mediometraje de "Extraños en el paraíso", y andaba intentando ampliarla. Como bien sabemos, lo logró. Y de ahí al estrellato.
Ya he mencionado varias veces que siento cierta simpatía por Jarmusch, aunque no todo lo que hace me gusta. Es cierto que se ha mantenido fiel a sí mismo todos estos años. Habrá quien vea mérito en ello, y habrá quien lo considere acomodaticio y cobarde. No sabría decir.
En cualquier caso, ahí va la entrevista. Destacar cuando el filmmaker comenta que Estados Unidos nunca ha sufrido un ataque ni un bombardeo... ¡juas! no imaginaba lo que les iba a tocar tragar unas décadas después...
Para leer, tecla Ctrl + botón izquierdo del ratón y luego: ¡Graaaaacias ooootra veeeez tío Vicenteeee!



lunes, 17 de enero de 2022

MALA UVA

“Mala uva” sería un ejemplo de ese cine español  de presupuesto medio-bajo que se estiló durante la década de 00 y que pobló las carteleras de nuestras salas comerciales en  periodos no superiores a una semana. Si llegaban a una segunda semana de exhibición, era compartiendo pantalla con otra película que, con mucha más vida, ya estaba dando sus últimos coletazos. En definitiva, no acudía a verlas ni el Tato. Pero se facturaron unas cuantas de esta categoría. Categoría que, quizás, han tenido que pasar de 18 a 20 años para que, retrospectivamente, seamos conscientes de que existía (lo del presupuesto medio-bajo) y que, cuajadas de ayudas de diferentes entidades gubernamentales o no, si consultamos los datos de estas películas en la base del Ministerio de Cultura, nos escandalizaremos al ver que, ni tan siquiera, llegaban a cubrir sus presupuestos. Es más, la mayoría de las veces no se llegaba a recaudar ni la mitad de lo que habían costado  —y eso que obviamos en estas recaudaciones los pases fantasma que se programaban con el fin de llegar al mínimo de recaudación necesario para recibir más subvenciones, que ese sería otro tema—.
Al margen de estos tejemanejes, las películas, películas son, y en ningún caso estas pueden quedar exentas (o sí) de interés.
Así, llegamos a esta “Mala uva” del año 2004 cuya repercusión en su momento fue visto y no visto, así como a día de hoy es una película casi invisible.
Se trata de una suerte de comedia negra en la que un ex asesino a sueldo retirado se ve en una situación económica complicada; invirtió en viñedos que se han visto destrozados por culpa de un gusano que arrasa con las cosechas. Por otro lado, y en esta tesitura, es extorsionado por antiguos clientes que le requieren para un último trabajo: Tiene que vigilar a cierto individuo y, si se le ordenarse, matarlo. Si se niega, harán llegar a la policía un dossier con sus actividades pasadas como asesino a sueldo. No le queda más remedio entonces, que completar el trabajo. Durante su vigilancia, nuestro protagonista vivirá toda serie de estrafalarias situaciones, que van desde lidiar con vecinos de lo más desquiciados a enamorarse de una policía que, de alguna manera, le complicará el desempeño de su último trabajo.
Dirigida por Javier Domingo, que tras un par de cortos debutaba para la gran pantalla, y con un libreto escrito por él mismo al que el protagonista, el propio Sancho Gracia, le pega unos últimos retoques, “Mala uva” es una película muy extraña, primero porque es confusa e imperfecta, y segundo porque es lineal en su desarrollo. Y nunca pasa nada. Así que básicamente nos encontramos ante una película en la que Sancho Gracia se encuentra con gente, charla con ellos del tiempo y, eventualmente, apunta con un rifle a un individuo del edificio contiguo al que Sancho Gracia se encuentra. El desenlace, de lo más tonto, se resuelve con un gag estúpido, y aquí paz y después gloria.
Sin embargo, no puedo decir que sea una mala película, porque, ante la extrañeza de la historia que se nos cuenta y la serenidad con la que se ejecuta, uno la ve entera sin mayores estridencias.
Otro punto curioso es la elección de los actores. El casting de “Mala uva” está compuesto por actores veteranos (Sancho Gracia, Terele Pavez, Asunción Balaguer o Agata Lys) con otros más jóvenes (Aina Clotet, Carles Gilabert o Fernando Aguilar) con una característica en común en esta película: Quizás por la falta de experiencia del director Javier Domingo con los actores, estos en algunas escenas nos ofrecen interpretaciones estupendas (en el caso de Sancho Gracia, alguna antológica, como cuando maldice asomado a la ventana…) que se van combinando con otras bochornosas en las que, más que interpretar, los actores parece que estén leyendo (incluido aquí también Sancho Gracia). Pero esa irregularidad interpretativa contribuye al aire de extrañeza que desprende toda la película, así que, al menos como rareza, esto acaba beneficiándola. Caso aparte sería la aparición estelar de Gurruchaga, en su línea y siempre eficaz, o ese actor pelirrojo tan bueno y tan desaprovechado como es Enrique Martínez que, actoralmente, se prodiga como lo mejor de la película.  
Por lo demás, todo esto que les cuento, no acaba siendo en absoluto relevante como para que esta cinta trascienda como título de culto, raro, misterioso o desperado, sino como una del montón —con cierta gracia—, aséptica, discreta, de las muchas que se rodaron en aquellos años y que ya irán desfilando por aquí de vez en cuando. El interés de estas radica en que no se acuerda de ellas ni Dios. Pero yo, sí.

sábado, 15 de enero de 2022

CUCHILLOS EN LA OSCURIDAD

La vida está lleno de misterios. No existe una razón lógica para mi reciente ataque de "Lambertobavaitis" seguido de unas ganas irrefrenables por ver o revisar algunos títulos de su filmografía (como irán sufriendo las próximas semanas). Sobre todo aquellos inéditos y/o olvidados -por y para mí-. Cierto que el hijo de Mario Bava es un habitual de este blog. Hemos reseñado un puñado de sus creaciones: "Disturbios en el cementerio", "Cena con el vampiro", "El devorador del océano", "Demons", "Demons 2" o "Crímenes en portada", pero eso no significa que nos apasione. Ni siquiera que nos guste. No. Era (y, suponemos, es) bastante limitado. Pero ya saben lo pernicioso de la vil nostalgia. Uno no puede evitar sentir cariño por estos personajes que le acompañaron durante su crecimiento como aficionado al cine de género. Esa es la razón de que me enfrente de nuevo a "Cuchillos en la oscuridad", un seudo-giallo tardío de 1983 que, alquilado y visto en su época, únicamente logró hacerme caer rendido de sueño.
Cuenta la historia de un músico que se instala a vivir en una casita aislada del mundanal ruido porque necesita crear, concretamente la banda sonora de un film de terror. En eso que por el lugar ronda una misteriosa figura que va asesinando a todas las chicas que le visitan. Porque sí, aunque se supone que en esa casa se está muy tranquilo, lo cierto es que no para de entrar y salir peña, casi parece el "Mercadona" en fin de semana. Como es de ley, el músico se pondrá a investigar toda la movida.
Bien, lo divertido de consumir estas italianadas ochenteras está en, obviamente, el personal implicado. Nombres y rostros que has visto en otras de su misma condición. Así, localizamos en las letras al eterno guionista Dardano Sacchetti, acompañado por otra que tal, Elisa Briganti. La música, de gran importancia -por la trama y tal-, la firman otro par de eternos, Guido y Maurizio De Angelis. En tareas de asistente de dirección, un grande, Michele Soavi que, además, se marca un papel bastante potente. Ya saben que al hombre le iba eso de actuar. Sigo diciendo que algún día alguien debería dedicarle un libro, con extensa entrevista incluida. Este caballero es historia viva del -para mí- mejor cine de género italiano. Y ya que hablamos de actuar, también aquí hay agradables sorpresas, como el prota Andrea Occhipinti, que anduvo en sendas películas de Lucio Fulci, lo mismo que el niño rubio cabezón Giovanni Frezza. Sin olvidarnos de Fabiola Toledo.
Una vez visto y dicho esto (recuerden: la parte divertida), queda lo aburrido: Ver "Cuchillos en la oscuridad" (nacida "La casa con la scala nel buio"), una peliculita de inevitables tintes Darioargentianos (eso de que el prota sea un artista enfrentado a un misterio) pero únicamente en el concepto, porque estilísticamente es sosa, mortecina y perezosa. Y narrativamente, aburrida y sin sorpresas. Gran parte de las escenas consisten en largos paseos de sus protagonistas por la casa, con un nivel cero de suspense. Y los crímenes están dentro de lo común y corriente. Nada especialmente ingenioso o, al menos, truculento. No me extraña que me quedara sopa viéndola en su día... lo único llamativo es el final, por quien sale y cómo sale, pero para eso le dan al avance rápido y se ahorran la modorra previa.

viernes, 14 de enero de 2022

LOCK

Extraña muestra del más rutilante eurotrash ochentero, facturado por Maxime Debest, ignoto director del cual esta película es su canto de cisne, y que, hasta entonces, su filmografía la componían películas pornográficas, soft o hard, muchas de ellas a mayor gloria de la jamona Brigitte Lahaie. Para esta ultima película de su carrera, Debest opta por una historia de fantasmas clásica y, pese a los escasos medios, los pocos recursos y la casi total ausencia de efectos especiales… ¡le sale bien!
Una niña de unos 10 años descubre a su padre haciendo el amor de forma fogosa y lasciva... con la criada. Es tanto el impacto que sufre ante esa imagen que, al salir de aquella habitación, tiene un accidente y acaba muriendo. En consecuencia, y debido al shock, la madre de la niña acaba en estado catatónico. Todo un drama.
Pasa el tiempo y el padre de la niña se ha liado con la criada, y ambos cuidan a su esposa catatónica, si bien la criada, quiere deshacerse de esta. No obstante, la esposa es poseedora de una gran  fortuna y la necesitan con vida para poder subsistir. La mujer catatónica escucha la voz de su hija fallecida que le advierte que estos dos son unos jetas, que ella no murió por accidente, sino que la mataron estos dos, y que el destino de ella va a ser similar. Mientras su padre y la criada discuten y hacen planes de futuro, un buen día, su hija se presentará ante ellos de forma corpórea… y se arma el cristo.
Se trata de una película ambientada en un solo escenario, un caserón, con poco más que cuatro actores en el reparto y que, básicamente, se compone de conversaciones entre el padre, con su bigotillo y su pelo rizado a lo Maradona, y la criada, meticona y malintencionada.
Pues a lo mejor me pilló con el día tonto, pero la película me funcionó, me enganchó y la vi con interés y, quizás consecuencia de la mala calidad de la copia, lo cierto es que en momentos de clímax, sentí algo de canguelo ante un par de escenas fantasmales con la niña como protagonista.
Además “Lock” tiene ese tono afrancesado, con esa fotografía entre lo cutre y lo deprimente que tan bien define el cine francés de "serie B" de aquella época, esos tonos de película de bajo presupuesto a la “Érase una vez el diablo”, y la sobriedad y seriedad suficiente para que, lejos de señalar sus carencias y que nos riamos de ellas —que también—, las pasemos por alto y disfrutemos de la historia.
En el reparto tenemos actores habituales del cine popular franchute tales como puedan ser Roger Van Hool o Danièle Denie (por buscar alguna equivalencia autóctona, estos serían actores del estilo de, por ejemplo, Emilio Gutierrez Caba y Verónica Forqué), que a pesar del trillón de películas en las que aparecieron en su francia natal, no localizo ahora mismo una de la que ustedes o yo podamos saber gran cosa. Y poco más que añadir. Que está bien, una buena película chunga de terror gótico y psicológico ¡Se la recomiendo!
La película tuvo muy poca distribución a nivel internacional. En algunos países europeos se estrenó bajo el título de “Shocker” y en nuestro país, marcando la diferencia tercermundista, como siempre, se estrenó en formato vídeo bajo su título original, pero eso sí, con una carátula en la que, aprovechando el mínimo parecido que tiene la niña protagonista con Shelley Duvall, se pone una imagen de esta en “El Resplandor”,  se le planta el título de la película en medio y zumbando. Y ya de paso si alguien la alquila pensando que se trata de la de Kubrick, pues bienvenido sea. Maravillosa chapuza.

jueves, 13 de enero de 2022

COMIENZA "LA NOCHE Z" EN CINETECA MADRID

A partir de mañana, Viernes 14 de Enero, comienzan los pases mensuales de la iniciativa de Cineteca/Matadero titulada “La noche Z”. Para tal menester la Cineteca ha querido contar con el catálogo y la presencia de Vial of Delicatessens, que colaboraremos con ellos estrechamente.  La idea es proyectar mensualmente títulos que casen de una manera u otra con el espíritu del sello —y por ende, de este sacrosanto blog—, así, por las pantallas de Cineteca irán desfilando, por lo que a nosotros respecta, distintas películas de serie B, Z y derivados, o cosas más raras y extrañas… todo dependerá un poco de la temática que ese mes proponga Cineteca.
De momento para empezar lo haremos con esta película de horror de serie B del año 1933, una de las primeras que se hicieron al margen del cine de estudios: “Sombras trágicas, ¿Vampiros?”, más conocida internacionalmente como “The Vampire Bat”.
El pase será mañana  las 21:00 horas y la película será introducida y presentada por un servidor de ustedes (o sea, Víctor Olid).
Las localidades cuestan 3,50€ y pueden comprar las suyas pinchando aquí.
Cineteca está situada en las instalaciones de Matadero Madrid, y se encuentra en la Plaza de Legazpi nº8, Metro Legazpi (Líneas 3 y 6), Madrid.
Les esperamos ¡y no duden en saludar!

Pueden seguir los eventos de "La noche Z" en Twitter (@LaNocheZ1) o en Istagram ( La_Noche_Z)

miércoles, 12 de enero de 2022

GALERÍA DE ESCANEOS BONITOS 4 ("EL TERROR LLAMA A SU PUERTA")

Imágenes extraídas de las fermosas páginas de "Mad Movies", "L´Ecran Fantastique" y otras revistas franchutes que me alegraron la adolescencia por ahí los años 80/90....




Nótese el efecto "botas" en los tobillos del marciano, un
detalle que siempre me hizo muchísima gracia.

Para saber más sobre este clásico de Fred Dekker, leer la reseñita o deleitarse con los fotocromos + la carátula del vhs.

lunes, 10 de enero de 2022

PROGRAMA DE MANO DE "A MI MANERA... DE HACER"

Entre unas carpetillas, ahora que estoy de mudanza, aparecieron papelotes varios sin la mayor relevancia que se fueron a la basura, pero entre ellos, apareció un documento con una gran importancia para mí. Se trata del programa de mano de la última obra que Andrés Pajares montó para teatro, allá en Febrero de 2007.
Yo le conocí aproximadamente un año antes y para cuando estrenó la obra ya éramos lo suficiente amigos como para que me invitase al estreno. Y allí estuve, disfrutando del show y planeando, los meses sucesivos, lo que sería nuestra colaboración conjunta en el corto “Mi mujer me pone los cuerno… o no” (que si tienen interés por echarle un ojo, podrán adquirirlo junto a un puñado de cortos de mi cosecha en http://vialofdelicatessens.blogspot.com).
Hoy todavía mantengo el contacto con él, nos vemos mínimo una vez al mes y la amistad continúa en plena forma. Pero con la invitación a este show unipersonal con el que Pajares celebraba sus 50 años dedicado al mundo del espectáculo (este año se cumplirán ya 65) se puede decir que comenzó todo y, como ha aparecido la octavilla, he querido escanearla y colgarla aquí, en esta estupenda galería de reseñas y recuerdos que es "Aquí Vale Todo".


sábado, 8 de enero de 2022

PESADILLAS DE UNA MENTE ENFERMA

Dentro de muchos años, si sigo vivo y/o en mis cabales, miraré atrás en el tiempo y, mientras suelto alguna lagrimilla, recordaré cuando me dio el venazo de someter a un segundo y más justo escrutinio todas aquellas películas que, siendo teenager, me parecieron simple y llanamente decepcionantes. Incluso horribles. Y no hay una más adecuada para ilustrar la palabreja que "Pesadillas de una mente enferma".
Visualícenme recorriendo feliz los pasillos de alguno de mis viejos video-clubs, rodeado de estanterías repletas de polvorientas y jugosas cintas. Cuando mi amor por el terror andaba al cien por cien y vivía volcado en todo aquello que arrastrara nombres intocables como los de Romero, King, Craven, Cronenberg, Cunningham, Barker, Hooper y Savini. Estaba sediento de truculencia magnetoscópica. Así que una caratula como la de "Pesadillas de una mente enferma", con ese cráneo partido en dos por un certero hachazo, el anuncio de su prohibición en Inglaterra y sabiendo como sabía (gracias a mis "Fangoria" de importación) que Tom Savini "andaba metido" en ella, pues fue un auténtico subidón (luego ha habido más ediciones, como una titulada "Pesadilla mortal". Pero yo quería echar mano de esta que ven aquí -encontrada y cedida por mi amigo Enorm- porque es aquella que alquilé). Llego a casa, pongo la sucia cinta en el aparato y... en fin, lo que vi me pareció tan aburrido, sórdido, feo y cutre que, a partir del minuto cero, lo ODIÉ. Devolví la película a su sitio y, creo, nunca reincidí. Luego, con el tiempo, supe del escándalo que el film arrastraba en relación a Savini, según el cual toda su participación se limitó a dar algunos consejos, guiar al genuino equipo responsable de los efectos especiales (entre ellos el gran Ed French), pero que nunca metió tanta mano como para salir en el póster a modo de reclamo, cosa que le cabreó como una mona y contra la que luchó para ser retirado (hasta lograrlo). El director de "Pesadillas de una mente enferma" cuenta casi lo opuesto, of course. Savini cobró un pastizal y aceptó lo de que se le usara como atractivo comercial. A saber. Lo preocupante de semejante cristo es que esta es la ÚNICA historia interesante que acompaña a "Pesadillas de una mente enferma". Bueno, y lo de su incorporación a los famosos "Video Nasties" (de hecho, el distribuidor acabó en prisión por lanzarla sin que los defensores de la moral le dieran el visto bueno previamente. ¡¡A la cárcel por esto!!. Vaya tela). Cuando una peli acarrea como único elemento destacable ese par de marujismos, mal vamos. Y pal caso, con toda la razón.
"Pesadillas de una mente enferma" cuenta la historia de un desgraciado que mató a sus padres siendo infante y, obviamente, ha crecido algo tarado. Le pueden las ansias de aniquilar y sufre unas pesadillas horribles. En eso que su doctor, un auténtico inútil a tenor de lo que iremos viendo a medida que avanza la trama, le somete a una terapia experimental con pastillas y le deja salir. Obviamente, el chalado se escaqueará y comenzará a cepillarse a todo el que pille. Tras unos primeros crímenes a boleo, se centra en una familia un pelo disfuncional, destacando al crío del clan que es un auténtico cabrón adicto a hacer bromas muy pesadas. Esa fijación por parte del criminal tiene una razón de ser que, no por menos previsible, me niego a desvelar.
"Pesadillas de una mente enferma" la escribió y dirigió Romano Scavolini, un cineasta italiano que emigró en busca del sueño americano y terminó rodando una de terrores muy a su pesar (aunque ya dispusiera de otra previamente parida en su país de origen y, seguramente, abordada con idénticas reservas). Es algo que ya hemos visto antes. Cineasta europeo con ínfulas se ve obligado -por cuestiones alimenticias- a bajarse los pantalones abordando un género que, en general, detesta. También es cierto que eso, en el fondo, no es malo del todo. Muchos de los clásicos modernos del terror los han hecho peña que, simplemente, lo eligió en busca de cierta seguridad de cara a la taquilla. Basta con comparar las putas mierdas auto indulgentes repletas de guiños, homenajes y plagios que hacen hoy directores abiertamente declarados fans. Pero no siempre salía bien. Por cada Hooper, Romero o Raimi (que entran dentro del amplio club de los frustrados al que muchos pertenecemos, pero con resultados óptimos) hay cien Scavolinis. Y pasa lo que pasa, les sale un chuzo considerable porque no está abordado con el mínimo corazón.
Sobra decir que es la obra más famosa del cineasta. Básicamente la única que aún hoy le otorga ciertas atenciones (posteriormente dirigió "Dog Tags", película totalmente adscrita al Vietnam-exploitation y cuya reconocible caratula intentaba hacerla pasar por uno de los muchos seudo-Rambos entonces habituales en nuestros añorados estantes cinéfagos). De ahí que, como buen exploiter -por mucho que lo quiera disfrazar de "auteur" intelectual- Don Scavolini está intentando regresar al séptimo arte con una cosa sospechosamente titulada "Nightmare: The Wandering Soul". ¡Que le den!.
Por lo que a mi respecta, los defectos de "Pesadillas de una mente enferma" son legión. El principal de todos es el jodido aburrimiento. Nos encontramos ante un tostón de aúpa que solo se recupera cuando, obviamente, se produce algún crimen. Los trucajes no son la repanocha, pero cumplen unos mínimos. El resto es derivativo y gasta las mismas cagadas que muchas de estas producciones con frustradas aspiraciones dramáticas, destacando el rollo familiar a lo Cassavetes. Seguro que fueron las escenas con las que más disfrutó su director. Las que menos serían aquellas estrictamente terroríficas que, por obvio que resulte, a nosotros nos ponen palote y se reducen al tramo final. Curiosamente, mientras en todo lo previo el tono que domina es el hiper-realismo, al llegar al clímax entramos en el puro terreno slasher, con un asesino enmascarado incapaz de morir aunque se coma seis o siete disparos a bocajarro y un guiño final -literal- que arrasa con la llamada cuarta pared. Ambos elementos chorrean escasa verosimilitud, cosa que contrasta con el resto. Es en este contexto donde presenciamos la escena que, seguramente, le dio problemas al film en las Islas Británicas, con el asesino, siendo niño, cargándose a sus padres hacha mediante. Es brutal, sangrienta e intensa. Resumiendo: Rebobinen hasta los últimos veinte minutos.
También hay sitio para la comedia involuntaria. Poca, pero la hay. Un super-ordenador ridículo compuesto de chorromil pantallas completamente inútiles (según Scavolini, puestas a posteriori para simplificar las cosas de cara a la platea). Las escenas callejeras paridas en plan guerrilla con la peña mirando a cámara e incluso haciendo el paria para destacar (especialmente cuando el psycho recorre la famosa calle 42 con todos sus sex shops y cines grindhouse, repletos de carteles y títulos muy reconocibles). La cantosa cita a Antonioni en un diálogo, demostración palpable de las aspiraciones autorales del director. Y la reina de todas, con la que me partí de risa, aunque pal caso fue gracias al equipo de doblaje. Se la dejo en formato vídeo a modo de colofón, por aquello de alegrarles la jornada....


viernes, 7 de enero de 2022

HALF CASTE: EL HÍBRIDO

Película perteneciente a la segunda era dorada del vídeoclub (la de los primeros años de la década de 00, con el auge del DVD) y que, consecuencia del éxito y buen hacer de “El proyecto de la bruja de Blair”, pretendía darle una vuelta de tuerca a todo aquello, trasladando el concepto de “metraje encontrado” a la selva surafricana. Claro, que “Bruja de Blair” solo hay una y todos aquellos que intentaron continuar con ese legado en la era previa a “Paranormal Activity” acabaron escaldados. “Half-Caste: El Híbrido” es un pedazo de mierda mayúscula.
Como quieren ir directamente al grano, nada más comenzar se nos muestra un asesinato a cargo de un ente desconocido y después, una voz en off nos explica que, El Mestizo (en el título es El Híbrido, pero en el doblaje lo traducen como El Mestizo) mitad leopardo (¿o era gueopardo?), mitad hombre, es el equivalente africano al hombre lobo, pero que es mucho más peligroso porque, si te ataca, no solo te conviertes en uno de ellos, sino que además este tiene la ventaja de poder meterse dentro de tu cabeza y alimentarse de todos tus miedos e inseguridades. Pura paja para enseguida meternos en harina y ver como uno grupo de documentalistas se adentran en la selva surafricana con el fin de encontrar y documentar la figura del mestizo. Para ello, nos cuentan la película a través del formato found footage, pero muy mal entendido y ejecutado, porque aunque vemos la historia a través de las cámaras que usan los documentalistas, esta está narrada con un montaje convencional de cine, con sus cambios de plano y demás. Vamos, que se podían haber ahorrado el estilo.
En la parte horrorífica, por supuesto, la cosa no funciona ni a pilas e intuyendo el espectador el desastre que acontece, cuando por fin vemos al bicho en cuestión —poco más que un melenudo al que han pintado la cara de leopardo con témperas y maquillaje barato del chino—, su visión no provoca absolutamente ninguna emoción. Ni risas, ni vergüenza ajena, ni muchísimo menos terror. La cosa irá desarrollándose entre conversaciones vacías de los protagonistas, declaraciones a cámara de los mismos, ínteractuaciones con las tribus locales y estúpidas transiciones de cámara gratuitas. Con todo, la vi del tirón y sin alterarme lo más mínimo, lo cual no es bueno pero tampoco malo. Es un coñazo… pero con fuerza de voluntad se aguanta sin resoplar.
Decía un tal Bill Thompson en su reseña de la película para la web Pop Optic, que ser un fanático del terror era como habitar en dos mundos, uno maravilloso que lleva al espectador a un estado de euforia, y otro que resulta ser un lugar terrible donde se desarrollan las peores pesadillas para un cinéfilo, y que, “Half-Caste: El Híbrido” pertenecía a este segundo mundo. No puedo estar más de acuerdo con esa afirmación. ¡Pero que esos fans del terror no se miren tanto el ombligo! Que esto de los dos mundos se puede aplicar al cine en general y puede suceder en muchos géneros. Como fuera, es cierto que “Half-Caste: El Híbrido”, a la que muchos tildaron en su momento como una de las películas peor hechas de la historia (en tono despectivo, no celebrándolo como pasa con muchas otras), pertenece a un mundo en el que no pasa absolutamente nada si te ahorras su visionado. Al margen de eso, yo me alegro de haber visto tamaño engendro.
Por otro lado se trata de una película de autor, ya que está escrita, dirigida y perpetrada en general por un único hombre, el tal Sebastián Apodaca (que no Apocada), que nunca jamás realizó más películas a parte de esta, ni vuelve a estar acreditado en artefacto cinematográfico alguno posteriormente. No me extraña.

miércoles, 5 de enero de 2022

EL OTRO BAÚL DE TÍO VICENTE 5 (ESPECIAL NEW WAVE 1 / AMOS POE)

En 1982 ocurrió algo sensacional, la "XXVII Semana Internacional del cine de Valladolid" dedicó un notorio ciclo al cine independiente llegado desde los USA. Por supuesto hablo de la época en la que esa clase de material seguía siendo ultra-minoritario, iba genuinamente por libre y se paría en 16 mm. Lejos, muy lejos, quedaba aún la etiqueta "indie", Miramax y todo lo terrible que conllevó. De la intrusión del mainstream en un tipo de películas supuestamente ajenas a la industria y netamente artesanales. En algunos casos incluso rozando lo amateur. Con motivo de ello, se editó un libro que profundizaba en el tema, "Cine independiente americano: Una introducción" (de Fernando Herrero y Jose Ignacio Fernández Bourgón), y que fue de vital importancia para mí. Especialmente porque, entre los muchos autores (y películas) repasados, destacaban con luz propia el gran George Kuchar y otro que, entonces, me tenía obsesionado: Amos Poe.
Que este me molara tanto se debía a su vinculación, más o menos directa, con el punk rock. El GENUINO. El de mediados de los 70 en Nueva York, cuando significaba crear con libertad, con actitud, sin importarte las normas, ni el público. Dejar de hablar y actuar. Lejos de la etiqueta y patochada ridícula en la que, con los años, se convertiría. El cine de Amos Poe creció, evolucionó y absorbió mucho de aquel primer punk. Y, a lo tonto, se convirtió en el genuino padre fundador de lo que hoy día entendemos por cine independiente yanki. Luego vino Jim Jarmusch, se inspiró muy mucho en Poe, y le ganó la partida, llevándose los laureles, condenando a la eterna oscuridad a aquel quien, no obstante, ha seguido a lo suyo, haciendo sus peliculitas y actuando cual rancio intelectual de insulsa existencia pedante.
Es cierto que el cine "new wave" peca mucho de "arty" para mi gusto. Puede resultar un rato pretencioso y su obsesión con la "Nouvelle Vague" francesa -y especialmente Godard- me irrita de cojones. PERO si lo situamos en su contexto, tiene todo el sentido. Tanto como para "perdonarle" esas milongas y seguir comedidamente fascinado por su existencia (más que por sus películas, sangrantemente aburridas).
Paralelamente al festival y el libro, la revista "Casablanca" se hizo eco de todo ello, dedicando sendos artículos al pifostio. Dado que he ido publicando entradas sobre el asunto cuando se ha prestado, como pueden comprobar aquí, aquí y aquí, era de menester recuperar lo más interesante de esas páginas, dividido en tres tandas por aquello de no dar mucho la paliza. Y comenzamos con el padre putativo de todo ello, Amos Poe, al que en Febrero del 1983 "Casablanca" dedicó una interesantísima entrevista.
Para leerla, tecla Ctrl + botón izquierdo del ratón.
Griten todos al unísono: ¡Graaaaacias ooootra veeeez tío Vicenteeee!



lunes, 3 de enero de 2022

KILLER OF SHEEP

Charles Burnett es uno de los directores favoritos de culturetas —de los de verdad— e historiadores de cine norteamericano, que suelen etiquetarlo como uno de los mejores directores de la historia. También resultaría el director de prestigio menos conocido de cuantos son elogiados por estos mundos de dios, además de ser el padre espiritual de los Spike Lees y John Singletons de turno e inventor involuntario del subgénero hood films —esas películas que transcurren en el gueto como “Los chicos del barrio” o “Infierno en Los Angeles”, por ejemplo—.
Proveniente de un hogar humilde de Watts, en Los Angeles y con la conciencia negra por bandera (un cineasta negro que sea activista de la causa negra es casi un cliché, pero es que no puede ser de otra manera), Burnett iba para electricista, pero el tema de los cables pelados y los enchufes no se le daba demasiado bien, siendo sin embargo un consumado escritor amateur. Convencido de darle salida a su vena más artística, decide ingresar en la UCLA (University of California, Los Angeles) no sin esfuerzo, licenciándose en bellas artes y dirección cinematográfica. Durante el tiempo que duró su curso,  formó parte del L.A. Rebellion o Black Independent Movement, movimiento formado en la UCLA que estaba integrado por cineastas negros que pretendían hacer un cine que supusiera una alternativa al cine clásico hollywoodiense (concebido casi en exclusiva para blancos) y al emergente blaxploitation, ya que el L.A. Rebellion consideraba este cine una exaltación de los estereotipos y, aunque no lo condenaba, el movimiento en el que militó Burnett apostaba por un cine más artístico facturado por negros.
A principios de los 70 Burnett comienza a rodar sus primeros cortometrajes de estudiante con los que se mete en el bolsillo a todo el profesorado y a los críticos y gacetilleros que con curiosidad se acercaban al cine del serio estudiante negro.
Es durante esos años que, como ejercicio de final de carrera, Burnett concibe la que hasta hoy es su película más reivindicada, una de las 500 mejores películas de todos los tiempos según la prensa, el primer hood film al que le podemos poner cara y ojos sin que el tirón comercial del hip-hop de los 90 influyera a la hora de situar la historia que nos cuenta, y una obra maestra infravalorada según los críticos.
Burnett  rodó la película durante los fines de semana de 1973 y 1974, parando su rodaje durante unos años porque a uno de sus protagonistas lo habían metido en la cárcel, y retomando el rodaje cuando este fue puesto en libertad. “Killer of Sheep” está rodada con un marcado estilo documental delimitado por el neorrealismo y el cinema verité. Rodada en 16 mm y en blanco y negro, la película más que un hilo argumental mostraría una serie de secuencias que exponen la vida cotidiana en un barrio obrero —el propio Watts donde se crió Burnett—, que tienen relación unas con otras y en las que veríamos el sencillo día a día de un trabajador de matadero, que desayuna con un vecino, o compra un motor de segunda mano que cargará en una camioneta, o montones de escenas de adolescentes jugando en la calle, a veces jugándose la vida saltando de bloque en bloque a través de la azotea, o en edificios ruinosos. Completan la amalgama, las escenas cotidianas de la vida en familia. Todo ello con un fuerte afán contemplativo que se explaya en escenas en las que no ocurre nada durante minutos. Es casi dejar una cámara fijada a la ventana y filmar el vecindario.
Lo realmente bueno es que Burnett no nos da el coñazo. Me explico; siendo como es un miembro del Black Independent Movement, no intenta alentarnos con su película, ni hacernos partícipes del posible racismo imperante en la sociedad norteamericana, ni tan siquiera nos da la tabarra con la violencia del gueto —luego cuando se convirtió en un director de renombre, sí que daría la tabarra con todos estos temas, como no—, Burnett simplemente muestra lo que hay ahí afuera como ya lo hiciera, de manera mucho menos honesta, Luis Buñuel con su “Las Hurdes”, con el aliciente de que no es un documental, sino que tenemos a unos actores representando un papel. A todo eso hay que añadirle que la cantidad de tiempos muertos que hay nos son amenizados con clásicos de la música negra, con temas de Earth, Wind & Fire, Louis Amstrong, o Dinah Washington. Temas que, debido a la naturaleza semi amateur de la película, por supuesto, son robados e incluidos en la cinta sin haber negociado previamente el pago de los royalties.
Es por esto que, pese a que inicialmente había un gran interés general por que la película se viese y distribuidores interesados en poner esta película en los cines, no pudo ser, así que “Killer Of Sheep” fue exhibiéndose de tapadillo en sótanos, museos y cineforums donde fue ganando prestigio y culto, pero nunca pudo tener una vida comercial convencional.
Sin embargo, en 2007, teniendo en cuenta el estatus de la película, se decidió poner fin a las irregularidades legales de la misma, así que se hizo una colecta capitaneada por un gran fan de “Killer of Sheep”, el director Steven Soderbergh, y se negoció el pago de derechos por las canciones que incluía la película. Del mismo modo, se hizo una restauración del negativo que además se infló a 35 mm para tener por fin, 30 años después de su concepción, su estreno en salas oficial. No fue muy sonado, una cosa minoritaria, pero al menos se realizó una estupenda y completa edición en DVD donde se incluirían, además, los cortometrajes y películas que Burnett realizó como estudiante de la UCLA. Hoy ese pack está cotizadísimo.
La verdad es que se trata de una película estupenda a la que, más por prejuicios que por otra cosa —ya que la película solo muestra lo que hay sin animo de denunciar o juzgar—, quitaría todas las escenas en las que vemos a los trabajadores en el matadero, porque me resultan desagradables, porque no me gusta a mi edad el género mondo (¿por qué esto no iba a serlo, cojones?), pero por lo demás, es una delicia ver como Burnett planta la cámara en sitios estratégicos, lo bien que dirige a los críos y amigotes de la UCLA que hacen las veces de actores para él, ver como pasa la vida a ritmo de los clásicos de la música negra y todas las imperfecciones de las que hace alarde; el operador golpea la cámara contra el mobiliario, esta está sujeta todo el tiempo a un perceptible y cutre traqueteo, encuadres totalmente movidos o actores que miran a cámara o incluso se ríen, como herencia del no tan lejano entonces underground sesentero, convierten esta película en una curiosa y rara pieza de cine-arte que, no me atrevería a decir que es una obra maestra, pero sí diré que está francamente bien.
Después de eso, Burnett fue subiendo peldaños en el mundo del cine y, aunque en cierto sentido se fue estandarizando, aportó a sus películas, ignotas, aún teniendo en algún momento la distribución de alguna major e incluso incorporando estrellas en sus repartos —Ice Cube aparecía en "La placa de hielo" ("The Glass Shield", 1994)—, un toque sin duda personal, entre lo soso y lo hipnótico, que lo posicionan como un director al menos interesante.
Ya si eso, otro día les hablo de alguna de sus películas más “mainstream”, dentro de lo poco mainstream que es de por sí Charles Burnett.

domingo, 2 de enero de 2022

TRAILER DE "JUSTICIA DE ACERO"

Y lo mejor, para el final. Chapamos este trío de trailers con "Justicia de acero", "Steel Justice" en su país de origen, uno de tantos seudo-Rambos surgidos a la sombra del éxito de aquella que, pal caso, contaba como garantía con un forzudo de segunda vinculado, justamente, con la película que generó la tendencia. Sí, amiguitos, Martin Kove (hoy recuperado gracias al éxito de la simpática "Cobra Kai" en su rol de entrenador villano), era uno de los malandrines en "Rambo, Acorralado Parte II", donde recibía una buena yoya cortesía de Stallone. Aquello fue suficiente currículum para que, dos años después, se enfundara las botas militares, agarrara una metralleta entre sus brillantes bíceps y la emprendiera a tiros con la mafia vietnamita.
Acompañaban a Kove en la tarea el siempre eficaz Ronny Cox, Bernie Casey, Soon-Tek Oh (que ya hiciera de tipo chungo con ojos rasgados en "Desaparecido en combate 2"), la ex-chica Playboy y actriz de cutrismos Shannon Tweed y Al Leong muriendo por enésima vez. Dirigió Robert Boris, que venía de tener cierto éxito con "Oxford Blues" pero nunca lo retomó (otra suya es "Movida en Wall Street").
Vi "Justicia de acero" en su día porque me flipaban los seudo-Rambos. Que no recuerde absolutamente nada de ella es mala señal. ¿Y ustedes?.
Tal vez esto que sigue les refresque esa memoria de pez que tienen....

  

sábado, 1 de enero de 2022

LOS LOCOS DEL PLANETA BLOB

En una pasada visita al baúl del amigo Vicente comenté que los padres putativos de "Los locos del planeta Blob" eran Mel Smith y Griff Rhys Jones, dos humoristas de la tele británica que, a mediados de los ochenta, se sumaron -versión doblada- a la programación de la televisión de Cataluña, razón por la que no me resultaban extraños. Ellos son los guionistas y semi-protagonistas de esta comedia de ciencia ficción que, aunque no tengo datos a mano, seguro que pasó inadvertida en su año de estreno -por las Españas-, nada menos que el sagrado 1985. De la dirección se encargó toda una leyenda, Mike Hodges, superviviente del entonces aún candente y caótico plató del "Flash Gordon" de Dino De Laurentiis. Sin ir más lejos -lo adelanto ya- en "Los locos del planeta Blob" hay unos científicos que se disfrazan de marciano verde por aquello de no asustar a los visitantes en un posible primer contacto. Uno de ellos aparece de refilón hablando por teléfono. Bien, a ese mismo también podemos verlo -otra vez de refilón- compartiendo celda con Flash Gordon en el planeta Arboria. Es decir, necesitaban un disfraz de alien y Mike Hodges decidió reciclar parte del atrezzo de su anti-clásico. Un dato que no aporta mucho, pero resulta altamente curioso.
"Los locos del planeta Blob" (con un título original mucho más gracioso, "Morons from outer space", "Tontos del espacio exterior") cuenta la historia de unos extraterrestres con desconcertante pinta humana -y dominguera- que caen en la tierra accidentalmente. 
Uno, el más listo, en los USA. Otros tres, bastante idiotas (de ahí el título original), en las Islas Británicas. Durante su proceso de adaptación en manos de políticos, científicos y el ejército, un periodista de la televisión, hasta entonces ninguneado por sus compañeros, decidirá liberarlos y convencer al resto de que hay que tratarlos como reyes. Y eso es lo que ocurre, cosa que les convertirá en unas super estrellas vanidosas y caprichosas (denle poder a un tonto y...). Mientras, al otro no le van tan bien las cosas (le toman por loco y acaba encerrado en un manicomio), pero hará lo posible para reencontrarse con los suyos.
Lo primero que sorprende de "Los locos del planeta Blob" es que, a nivel medios, no anda floja. Los efectos especiales están más que dignos, sobre todo las escenas que implican naves especiales (una de ellas muy parecida a la que vemos en "Encuentros en la tercera fase" que, junto a "Alguien voló sobre le nido del cuco", son los títulos parodiados más evidentes).
En cambio, el humor no alcanza cotas excesivamente altas. Es normalico, tirando a flojillo. Sí hay algunos gags divertidos, sendas ocurrencias que te dibujan una sonrisa (como ese monstruoso marciano rescatador que cambia de opinión cuando descubre que el rescatado no es hembra), pero nada desternillante. La mala leche británica asoma eventualmente, aunque en pequeñas dosis (tal vez, dado el coste de la producción, temían asustar a las plateas más jóvenes) y, al final, te queda una película digerible, más o menos amena, con sus altibajos, que se deja consumir sin más, pero no deslumbra.

viernes, 31 de diciembre de 2021

¿CÓMO VES?

Extraña película semidocumental mexicana que haría las delicias de los amantes del cine quinqui, la cual no añaden a sus listas de películas del género, simplemente, porque no la conocen.
Se trata de un film de marcado contenido social —y ya sabemos que cuando se trata del contenido social se está a un paso de rozar el sensacionalismo— que nos muestra, en una combinación de lo más marciana, como vive la gente de los barrios más pobres de México D.F. al mismo tiempo que intercala estas duras imágenes con otras de varios conciertos en directo de diferentes grupos de rock (y hasta punk) de la escena local de los 80. Supongo que esta combinación responde al gusto que puedan tener esas zonas marginadas por la música rock, váyanse ustedes a saber…
La cosa es rodar la miseria tal cual les va viniendo a los cineastas, así, vemos niños conviviendo con ratas, parejas teniendo sexo a la intemperie sin importar la reacción de los viandantes, o jóvenes delinquiendo ante las cámaras, entre otros dramas. Lo que sucede, es que todas esas imágenes rodadas a lo cinema verité se nos presentan manipuladas, es decir, que hay una dirección y una ficción; es gente marginal real, pero actúa ante la cámara en según que momentos, a petición del director que cuenta con un guion previo. Sin embargo, lo que vemos no llega a ninguna parte porque, aun ficcionadas, esas escenas no pretenden contar  ninguna historia. Simplemente es una colección de escenas que se nos presentan entre concierto y concierto con el fin exclusivo de retratar esa marginalidad.
No está mal. Un intento por hacer algo entre la denuncia y lo experimental que, por dinamismo, nos tragamos sin mayores aspavientos, y que incluso disfrutaremos gracias a la tosquedad de lo que intuyo que son 16 mm — o al menos, lo disfrutarán aquellos que aprecien este tipo de ornamentos—,  la estética pobretona y las canciones de los grupos filmados que, algunas, son muy graciosas.
Por otro lado,  creo que es una película tirando a chunga en la que en su México natal se la toma demasiado en serio. Se trata de un film que, rozando lo amateur, tiene mucho tirón entre los estudiantes de cine, y es una película a la que recurre el personal docente como ejemplo narrativo, o sea, que es una película que está bien considerada entre las instituciones mexicanas, a pesar de la pobreza de medios con la que es evidente que se rodó.
 Se ve que, aunque firmada por un director, Paul Leduc, se trata de un trabajo conjunto del denominado  CREA (Consejo Nacional de Recursos para la Atención de la Juventud )en cuya dirección participaron otros directores, causándose polémica al respecto cuando uno de ellos, Jorge Carrasco, pidió que su nombre fuera retirado de los créditos tras renegar de ella, según este, porque los trozos ficcionados en los que la gente que se retrata actúa, se alejaban notablemente del concepto documental que estaban rodando en un principio. Un lío.
Por lo demás, “¿Cómo ves?” es una película de culto entre la intelectualidad mexicana y, supongo, un documento de interés para los amantes del movimiento popularmente conocido allí como “Rock en Español”, porque las escenas de los conciertos que sirven para enlazar unas secuencias con otras, documentan una música y una época que será de interés general, amén de ver a la peña malviviendo y delinquiendo, que eso es siempre muy morboso.

...¡AH! y FELIZ AÑO NUEVO!  

miércoles, 29 de diciembre de 2021

GALERÍA DE ESCANEOS BONITOS 3 ("MASACRE EN TEXAS 2")

Imágenes extraídas de las fermosas páginas de "Mad Movies", "L´Ecran Fantastique" y otras revistas franchutes que me alegraron la adolescencia por ahí los años 80/90....



Tom Savini at work.


Para saber más de "Masacre en Texas 2", echar un ojo a la respectiva reseña.

lunes, 27 de diciembre de 2021

PRÓXIMAMENTE ÚLTIMOS DÍAS

Como amante del cine que soy, mis gustos y aficiones al respecto van más allá de mero visionado de películas o leer sobre las mismas. Una cosa que me fascina desde que tengo uso de razón y que va unida intrínsecamente al visionado de películas, es el lugar donde se exhiben. Soy un enamorado de los recintos, de los cines. Me he llegado a leer libros de arquitectura solo porque en ellos explicaban como estaban construidos algunos cines de la capital emblemáticos para mí. O al menos me leía las partes concernientes a los cines.
A lo que voy es que el cine en sí mismo,  el recinto, es algo que me apasiona y, por supuesto, cuando hacen documentales que giran en torno a lo que es un cine o a la exhibición cinematográfica, corro a verlos, también por la parte que me toca puesto que durante más de media vida fui trabajador de cines en calidad de operador de cabina, pero llegando a vender palomitas, hacer de taquillero o acomodador si era preciso, porque aquello, cuando ya llevas muchos años trabajando en un mismo lugar, toma cariz de negocio familiar.
Entonces, “Próximamente últimos días” tenía un gran interés para mí, máxime cuando indirectamente me veo vinculado con lo que nos cuenta, puesto que el cine del que se habla, pertenece a la cadena de exhibición para la que yo trabajé durante casi 20 años, los míticos Cines Renoir.
En la línea de otro maravilloso documental sobre cines, “Paradiso”, “Próximamente últimos días”, quizás no tan brillante como aquél,  parte de una estructura narrativa  de ficción y esquiva los clichés del documental convencional para contarnos la siguiente historia.
En 2012, los cines Renoir Palma, en Palma de Mallorca, aquejados por una crisis galopante que llevaría a esa empresa a cerrar varios de sus recintos (incluido el “Roxy B” de Madrid donde trabajé y fui feliz), un grupo de espectadores, alertados porque con el cierre de los Renoir la ciudad de Palma se quedaría sin el único cine que ofrecía versión original con subtítulos y cine de autor, decide formar una cooperativa con la idea de asociarse y, mediante donaciones y cuotas de socio, tratar de salvar el cine de su cierre absoluto. Una idea romántica que saltó a la prensa nacional y que, a priori, por la novedad pareció funcionar. Sin embargo, el documental va a las entrañas para mostrarnos todo el proceso de cómo fue aquello. Obviamente, un cine conlleva una serie de gastos que sin una afluencia de público mínimamente aceptable son difíciles de sufragar. A eso hay que añadirle que los cines ya estaban muy viejos y necesitaban de un caro mantenimiento constante. “Próximamente últimos días” se centra en todo eso, mostrándonos el infierno que supone en realidad tirar para adelante con un cine de asociación que no da beneficios, cuando las deudas te asolan y cuando se va perdiendo a unos socios que se apuntan al proyecto por moda, pero que más adelante, cuando la cosa se va torciendo, dejan la membresía no sin antes poner una y mil pegas porque las cosas no salen como está previsto.  La película también nos hace partícipes del sufrimiento y desilusión de los trabajadores del cine, que muchos de ellos empezaron el proyecto con ilusión y ganas, y en un determinado momento deciden acabar con esto de una vez por todas. También se nos muestra la particular fauna de espectadores (o no) que pululan por los alrededores y, en definitiva, mantiene el interés del espectador durante la escasa hora y cuarto de metraje.
La sensación que provoca el visionado es de agobio porque, aunque tiran para adelante durante años todo apunta a que no van a conseguir mantener abierto el cine mucho más tiempo, y el documental queda inconcluso, muy sabiamente, porque durante el transcurso de los años que nos muestra la película, se llega a la pandemia en un momento en el que los responsables se las ingenian para buscar financiación.
Con ese no-desenlace, uno se imagina que el proyecto de esta cooperativa, que rebautizó los viejos cines Renoir con el nombre de CineCiutat, con el coranavirus se verá afectado de pleno como ha ocurrido con un montón de negocios o establecimientos cara al público, sin embargo consultando Internet veo que esta gente le echa cojones y ganas al asunto. Los CineCiutat de Palma de Mallorca continúan operativos tras la pandemia, aunque también es verdad que he visto que, para sobre vivir, necesitan hacer otro tipo de actividades, además de la exhibición de películas, para continuar abiertos. Y yo me he llevado una alegría.
Recomendable y, como documental, curiosa propuesta, que nos ofrece una historia cuanto menos distinta y en torno a una gente que aunque tras verlos en su salsa en el documental he de reconocer que ni tan siquiera me han caído bien, al menos aman el cine lo suficiente como para meterse en un fregado como este. Yo también me metería… pero me temo que yo no tuve la suerte de contar con un puñado de espectadores entusiastas que se quedaran con el cine.
Dirige, con mucha mano,  el documentalista  sueco-español Miguel Eeck.

domingo, 26 de diciembre de 2021

TRAILER DE "MISIÓN: ALTO RIESGO"

Y seguimos en nuestro afán de airear los trailers de las películas menos interesantes del vídeo-club. Lo único destacable de "Misión: Alto Riesgo" es que se trata de un film de acción producido el año 1987 bajo el título original de "Catch the heat" (o "Feel the heat", según la fuente), dirigido por Joel Silberg (a quien debemos films como el clásico "Breakin'" o "Lambada, fuego en el cuerpo"), guionizado por el veterano, reputado y Oscarizado Stirling Silliphant (recurran a Imdb para saber más) y con el mítico Brian Thompson, John Hancock y Rod Steiger + peluquín como rostros reconocibles del reparto.
Véanlo y no sientan absolutamente nada...

  

sábado, 25 de diciembre de 2021

SORTILEGIOS

Hace ya muchos años que "Sortilegios" ("Bloodbeat" en v.o., aunque, según el doblaje de la copia que poseo, el título sería "Ritmo Sangriento") se instaló en mi vida. Y, desde aquel momento, siempre he tenido malas palabras para ella, considerándola una de las peores películas deglutidas por estos cansados ojos. Le dediqué una reseña en formato cómic tonto para un fanzine. Incluso la he llegado a mentar por acá, aunque nunca en profundidad. Tenía demasiado asumido que era una fulaña como para tomármela en serio y jamás me senté a verla con todos los sentidos puestos en "on". Hasta ayer, que tras localizar el ripeo de mi VHS, dije "Venga, ya va siendo hora". Y le di al "Play" dispuesto a empezar de cero.
Una familia se reúne en lo más profundo de la américa rural para celebrar la Navidad (motivo por el que esta reseña sale publicada tal día como hoy, así que ¡felices fiestas!). El hijo trae novia nueva que, desde el principio, no acaba de conectar del todo bien con una madre hippie dotada de ciertos poderes sensoriales. Todo ello coincide con la aparición de un misterioso samurai (??) dispuesto a trocear a los habitantes del lugar, cebándose con nuestra familia protagonista, que tendrá que defenderse mediante artillería mental.
Uno de los elementos más llamativos de "Sortilegios" es su director, Fabrice-Ange Zaphiratos. Primero por ese extraño nombre que gasta y, segundo, por su historia. Fabrice nació en Francia del semen de un genuino cineasta, Henri Zaphiratos. A principios de los ochenta, y con veinte años, se piró a los Estados Unidos, se coló por una chavala con posibles y decidieron hacer una película. Hasta el culo de porros -y esto no es un chiste mío-, escribieron el guion de la aquí comentada. Con ayuda del progenitor de Fabrice-Ange, se agenciaron nada menos que una cámara de 35mm y ¡ala! a rodar. Obviamente el chaval no tenía ni puta idea de cómo se hacían las cosas, así que fue tirando sobre la marcha, viéndose obligado él mismo a interpretar al samurai asesino y, de paso, lanzándose por una ventana en plan "stunt" improvisado. Eso es devoción.
Resumiendo, "Sortilegios" era el capricho de dos pijillos despendolados. Encima, uno de ellos hasta el tuétano de pretensiones artísticas (nacionalidad obliga). Sí niños, Fabrice-Ange Zaphiratos quería dárselas de "auteur". Seguramente habría preferido parir un mega drama o algo así, pero se vería obligado a decantarse por una de terrores porque, de lo contrario, ningún distribuidor hubiese querido moverla. Así, añadió al pifostio unas gotas de slasher, algo de sangre y tetas. Pero, en lo que respecta al resto, iba a delirar a placer. Libremente. Y por eso "Sortilegios" es tan peculiar. Tan extraña. Combina esas dos características, la del cine de género de espíritu "trash" y el rollito artístico y semi-dramático con todas las trifulcas familiares sobreactuadas, algo así como la mutación imposible surgida de combinar los ADN de Joseph Zito y John Cassavetes. A lo que queda no le sobra la lógica, especialmente cuando se trata de otorgar un sentido y una naturaleza a ese samuari loco.
El elemento risible es considerable, destacando en tal apartado el ignoto reparto, sus exageradas maneras y, sobre todo, la generosa galería de muecas (la verdad es que todas las actrices tienen caretos un tanto raros) y, por supuesto, los efectos visuales, a base de sobreimpresión de luces de colores algo torpes y "kame hames has" de andar por casa muy muy graciosos.
¿Significa eso que, tras este visionado atento, sigues considerando "Sortilegios" una basura? Pues ahí está la guasa, la respuesta es NO. Me entretuvo comedidamente. Cuando terminó (82 agradecidos minutos después) me costaba creer la sensación razonablemente positiva que había dejado en mi. Incluso esputé un "¿Ya está?". ¡¡Se hizo corta la hijaputa!!. Esto me recuerda a aquella ocasión en la que, tras años asegurando que el salmón crudo no me decía nada, un día, así a lo tonto, lo probé y desde entonces es un manjar que me flipa mucho. Mi pareja todavía me recrimina por ello (más que nada porque ahora ya no se lo puede zampar todo ella sola). Lo mismo ha pasado con la película de Fabrice-Ange Zaphiratos. Hasta que no me he sentado a deglutirla en condiciones, no he aprendido a apreciarla. O a apreciar el hecho de que sea tan perro verde y que, en fin, al menos resulte más original que muchas de las que se hacían en su época adscritas al género de mis amores.
La música, toda electrónica, es estupenda. Obviamente la firma el colega Zaphiratos que, tampoco sorprende, nunca rodó nada más. Esta es su única película como director. Y, sin embargo, aún hoy vive convencido que es una estupenda obra de arte. Hombre, tanto tampoco. Pero ya saben como somos / son los europeans, siempre andan demasiado ocupados intentando ser artistas (en este caso no añado el "andamos", ni por el forro).

viernes, 24 de diciembre de 2021

BAPHOMET

Con el género de terror hay que andar con mil ojos, porque, consciente como son sus artífices de las tragaderas que tiene el aficionado, facturan auténticos bodrios infernales —nunca mejor dicho— que se convierten en auténticas torturas para el espectador, máxime, cuando estas películas suelen ser producciones de muy bajo presupuesto camufladas gracias a las nuevas tecnologías que nos ofrecen una fotografía muy buena intrínseca al formato HD. En ese sentido, como espectador no me engañan, el 90% de las veces se exactamente lo que voy a ver cuando elijo una película, pero, si insisto con estas pequeñas producciones es porque a veces suele uno encontrarse con algo medio potable, o mínimamente curioso, e incluso ocasionalmente se topa uno con algo que verdaderamente merece la pena. Como sea, por buenas o por malas, siempre estas producciones de terror a priori son de interés para mí.
En la otra mano nos encontramos con la nada más absoluta, la muestra de incompetencia más feroz que deja a uno impávido y, cuando acaba el visionado de una de estas películas, no sabe si ha visto una película o no ha visto nada. “Baphomet”, es una de esas.
Una familia se reúne en un rancho para  celebrar que pronto habrá un nuevo miembro en la familia —la hija del matrimonio de patriarcas está embarazada— cuando un extraño individuo se presenta allí con el afán de comprar el rancho. El dueño del mismo rehúsa la oferta millonaria que este tipo le hace. Resulta que este individuo es el líder de una secta satánica y, cabreado porque no se le ha querido vender el terreno, lanzará una maldición sobre esa familia que les hará  la vida imposible. Comenzarán de esta forma a ser testigos de fenómenos inexplicables. Hartos de esto, la familia decidirá pedir ayuda a una bruja benigna que pulula por ahí. Todo se irá complicando, por supuesto, hasta que finalmente se le inflan los cojones al demonio negro.
Madre de mi vida que cosa más sosa y desgarbada. Es tan insípida que ni siquiera puede permitirse el lujo de aburrir al espectador. Y lo de decir que, gracias al cielo, tan solo dura una hora y poco, se ha convertido ya en un cliché.
Se trata de una película, no obstante, que consciente de sus carencias no pretende abarcar más de lo que puede, por lo que nos ofrece una ristra de rituales y misas negras, sacrificios humanos y ¡ataques de tiburones! que son resultones al ojo humano,  pero porque no se hacen demasiados aspavientos a la hora de mostrárnoslos. Entre eso y la iluminación, bastante correcta, ambientan el asunto como buenamente pueden, sin resultados en ningún caso satisfactorios. Y, al fin, tenemos un estupendo demonio negro (el del póster), pero este no hace acto de presencia más que durante un par de minutos en la recta final de la película. Y a esas alturas nos da lo mismo.
Esto es un saco de patatas, sin tierra y lavadas, pero patatas al fin y al cabo.
Claro que la temática satánica y el hecho de que uno de los protagonistas es Dani Filth, miembro de la banda "Cradle of Filth", hará las delicias de los miles de pajeros gordos, vírgenes y metaleros que rendirán pleitesía a esta película solo por ser una película con esa naturaleza.
Dirige Matthan Harris, actor televisivo de tercera de profesión, que en calidad de director se ha cascado algún que otro cortometraje y que debuta con esta película cuya vida comercial se reduce al mercado del DVD y las plataformas digitales más desacomplejadas.
Nada. Película fallecida desde el momento en que se ideó.

... ¡Ah! y Feliz Navidad.

miércoles, 22 de diciembre de 2021

EL OTRO BAÚL DE TÍO VICENTE 4 - ESPECIAL "E.T." O SPIELBERG VERSUS CANNES

Hoy venimos con algo muy especial y muy Navideño, de cuando la maravillosa "E.T. El Extraterrestre" hizo tambalear los cimientos del séptimo arte, por ahí 1982. Primero durante su presentación en un festival tan peliagudo para Steven Spielberg como el de Cannes. En los tiempos que el hombre era despreciado continuamente y acusado de super-comercial y facilón, meterse de cabeza en un evento como aquel, rodeado de críticos sesudos y gilipuertas, era una auténtica aventura más llena de riesgos que ni Indiana. Sin embargo, digan lo que digan, se saldó con éxito. Leí por ahí que todos los gacetilleros, hasta el más rancio, lloraban como magdalenas con la película. Y luego, pues la rueda de prensa que reproducen las páginas de la revista "Casablanca" (número de Septiembre del 82). Lo cierto es que pensaba que las preguntas iban a ser más capciosas, pero solo hay UNA y Spielberg sabe torearla con gracejo y educación. Del resto merece la pena destacar la cita a "El retorno del Jedi", de cuando se encontraba en pleno rodaje y titulaba "La venganza del Jedi". La gran reflexión que el cineasta hace sobre la competitividad festivalera de su gremio. Y las dos cagaditas del redactor del artículo, por un lado el nombre de "Industrial Light & Magic" mal escrito y, por otro, el momento en el que, hablando Spielberg de sus próximos proyectos (entre ellos la segunda aventura de Indy), comenta "En los límites de la realidad". Si miramos el apéndice numérico que lo acompaña, se asegura que el famoso accidente ocurrió durante el rodaje del capítulo del mismo Spielberg, cosa errónea porque, como sabemos, fue durante aquel que firmara John Landis (lo arreglarían en Noviembre del 83, como demuestra el recorte final, donde se anuncia el rodaje de "Entre pillos anda el juego / Trading Places" cuando aún se titulaba "Black and White").
Cierran el show la reseña de la estupenda y emocional banda sonora de John Williams y la crítica oficial del film por parte de Miguel Marías (publicadas en el ejemplar de Enero del 83) que, a pesar de intentar por todos los medios quitarle méritos a ella y su director, se nota que la disfrutó como un enano. Pero ya saben, intelectualismo obliga...
Para leer, tecla Ctrl + botón izquierdo del ratón... y luego, griten todos al unísono: ¡Graaaaacias ooootra veeeez tío Vicenteeee!










lunes, 20 de diciembre de 2021

MADRID, COSTA FLEMING

Forma parte de la historia de Madrid, el célebre barrio conocido popularmente como Corea —el nombre se lo pusieron los vecinos, el barrio en realidad no se llamaba así— y la calle que atravesaba las zonas de La Castellana y el Santiago Bernabeu. Esa calle, la del Doctor Fleming, fue la seleccionada para edificar una serie de apartamentos que se le venderían a los soldados americanos que operaban en la base militar de Torrejón de Ardoz. A los soldados americanos allí instalados les quemaba el dinero yankee en las manos, por lo que pronto la calle se convertiría en zona lúdica donde se construyeron toda suerte de discotecas, bares de alterne y pisitos que servían para que, una vez los soldados se ligasen a una churri en los bares, se subieran a esos pisos para realizar la transacción comercial con la señorita de turno. Hablando en plata, la calle Doctor Fleming se convirtió en un putiferio.
Pronto, la bohemia madrileña fijaría su sede allí, y en los años 60 no había zona más golfa en todo Madrid que la calle Doctor Fleming.
El régimen de Franco, por supuesto, no comulgaba con semejante zona de puterío e intentó cerrar todos los bares y locales de la zona con el fin de convertir aquello en un barrio decente, pero por miedo a que esa situación se extendiera a otras zonas de Madrid y que el libertinaje campara a sus anchas, Franco, decidió hacer la vista gorda siempre que lo que ocurriera en la calle Doctor Fleming no saliera de la calle Doctor Fleming. Y esto duró prácticamente hasta bien entrada la democracia.
En consecuencia, el periodista Raúl del Pozo, bautizó al barrio para la prensa bajo el sobrenombre de Costa Fleming, y así se le conoce hasta nuestros días, sólo que los tiempos han cambiado mucho y ahora la zona ya no es un lupanar sino un lugar de encuentro para las clases pudientes madrileñas, que visitan los mejores restaurantes y las mejores coctelerías. El tiempo convirtió un barrio marginal en zona pija para turistas y foraneos.
Sin embargo, el ambiente de la zona fue muy sonado en la época, por eso, el escritor Ángel Palomino ambientó una de sus novelas en ese barrio y la tituló “Madrid, Costa Fleming”. Más que por la calidad del libro, por lo morboso de la propuesta, era cuestión de tiempo que el cine quisiera adaptar este material y en 1976 José María Forqué adquirió los derechos de la novela para su versión cinematográfica, que él mismo produciría y dirigiría.
La película, comedia con ramalazos dramáticos y bastante mala baba, no cuenta en realidad nada de esto que les acabo de explicar, sino que centra su trama en la especulación inmobiliaria de la zona, y la sobreexplotación de esas viviendas para ser  utilizadas como prostíbulos. De las fiestas de los famosos, las orgías y las peleas de las que tanto se habló durante años, nada de nada. Y, por supuesto, no aparece en la película ni un solo soldado americano.
Según esta premisa, “Madrid, Costa Fleming” es una suerte de historias entrecruzadas ambientadas en este barrio, que van desde la de una joven estudiante de económicas que se gana la vida como agente inmobiliario, que tiene que luchar contra el machismo y el ninguneo de sus jefes, los especuladores inmobiliarios, mientras que por otro lado tenemos a los vecinos “decentes” de uno de los inmuebles donde sucede la acción, que se oponen a que los pisos del edificio hayan sido adquiridos con el fin de convertirse en prostíbulos. Por otro lado, tenemos las vicisitudes de las prostitutas que  trabajan allí, y los chanchullos de los constructores con los arquitectos, la mano de obra, etcétera.
“Madrid, Costa Fleming”, que por cuestiones históricas se ve obligada a adscribirse a la corriente del destape, aunque este sería un elemento secundario, resulta una película condenadamente entretenida, pero no tan desmadrada como a priori se nos propone, que según va avanzando va perdiendo algo de fuelle y va dejando cabos sueltos. Son tantas las historias paralelas que nos van mostrando, que antes de los títulos de crédito olvidan cerrar un buen número de tramas. Aun así, resulta una película estimable, en parte, porque no es la típica comedita española de los años 70 (esta tiene algo más de enjundia), en parte, por un elenco de actores en estado de gracia que da gusto verlos.
Una jovencísima Verónica Forqué, hija del director, protagoniza la película dando vida a la estudiante de económicas con apenas 20 años de edad y lo cierto es que está muy bien, muy comedida en su actuación con respecto a lo que haría en sus años de bonanza en los 80 y 90. La secundan un estupendo Agustín González, que haciendo el papel de jefe cabrón no hay ninguno como él, un descacharrante Juanjo Menéndez, que hace chanchullos con medicamentos y les hace el toco mocho a las prostitutas con las píldoras anti-baby, o Paco Cecilio en un papel, más tirando a dramático que a cómico, entre un montón de secundarios absolutamente geniales.
Por supuesto, la película fue un éxito de taquilla congregando a casi un millón de espectadores, sin embargo, por algún motivo que desconozco, es una de las más olvidadas de la época. Yo la recomiendo.

domingo, 19 de diciembre de 2021

TRAILER DE "DEL AMOR Y DEL DESEO"

Pues sí, gracias a la generosidad de nuestro amigo Enorm, recuperamos brevemente los "Domingos de trailer". Y lo hacemos con tres lanzamientos de "CB Films" fechados en 1987. El primero de ellos es un dramón romántico de origen Australiano con protagonismo de Rachel Ward, Bryan Brown y Sam Neill dirigido por Ken Cameron quien, a partir de entonces (y probablemente gracias a que el film sería un fracaso, él mismo lo describe como "fallido"), acabó de por vida con sus huesos en la tele.
Normalmente habría dejado este trailer para el final, siendo el menos interesante de los tres (como irán viendo), sin embargo que lo sitúe a la cabeza tiene una curiosa explicación: La música que suena de fondo a partir del segundo 00,27.
Se trata de una poco adecuada pieza medio electrónica supervisada y ¿compuesta? por los señores Tom Milano y Don Great nacida como música de stock. Es decir, temas producidos ahí a mogollón, en plan salchichas, para que cualquiera que los necesitara pudiera disponer de ellos a un precio razonable. Normalmente estos solían ser cineastas sin capital suficiente para pagar ya no una orquesta, directamente a un tío con un teclado (o sin intención de gastarlo, los muy rácanos). ¿Y qué clase de señores hacen eso? Pues Charles Band -entre otros-, quien escudado tras su famoso sello de cine rastrero "Beyond Infinity Films", contó con esa misma música para dos títulos del catálogo tan populares como "Dreamaniac" de David DeCoteau y, sobre todo, "Cazador de mutantes" de Tim Kincaid. ¡Casi ná!. A modo de muestra les dejo después del trailer un mini vídeo con dichas notas reproducidas, por aquello de comparar.
Dudo mucho que dicha música suene en la película "Del amor y del deseo", pero supongo que no dispondrían del soundtrack real (firmado Cameron Allan) para confeccionar el avance y decidieron recurrir al mentado stock, dando como resultado una marcianada de alto voltaje.
Fascinante.

sábado, 18 de diciembre de 2021

GRAN BOLA DE FUEGO

A finales de los 80, las carreras de muchos de los rockeros clásicos andaban algo maltrechas, entre ellos Jerry Lee Lewis que, gracias a esta película, vio como volvía a primera plana y su música rejuvenecía. Yo mismo pillé el disco de la banda sonora y no paraba de escucharlo. El hombre comenzó a girar de nuevo y, más curioso aún, se vino hasta nuestra tierra de estafadores y mangantes para asomar el tupé en uno de esos programas de variedades que emitían el Sábado por la noche. Fue un poco lamentable, pero ahí estaba, dándole a las teclas. Y ahí sigue. Confieso que lo creía muerto, pero el tío, a sus 85 tacos, no solo continúa tocando y grabando discos, incluso hace vídeos para YouTube. Es el último de los suyos.
Sin embargo, paradójicamente, por mucho que "Gran bola de fuego", el biopic que narra una parte importante de su vida artística y personal, benefició a Jerry Lee, en realidad él lo detestaba. Y detestaba el libro en el que se basaba, escrito por su ex mujer. El director, Jim McBride, se defendía alegando que aquello no era un documental y reconocía ciertas libertades. Digamos que la historia real era solo una excusa para contar otra cosa. Y es algo que se nota y traspasa, ya no solo por las exageradas y algo irreales interpretaciones de sus protagonistas (especialmente Dennis Quaid, que está bastante insoportable), también por el modo teatral de abordar sendas escenas. Pero me parece bien que los biopics añadan unas goticas de fantasía, sino pueden resultar demasiado plomizos (otro ejemplo, "Ed Wood". Todos sabemos que mucho de lo que muestra es mentira, que embellece la realidad, pero... ¡nos encanta!).
Pues eso, "Gran bola de fuego" narra el ascenso a la gloria del pianista rockanrolero Jerry Lee Lewis, que se enamoró de su prima cuando solo tenía 13 años (pervertidillo!), se casó con ella y, en fin, el escándalo resultante hirió seriamente su carrera y le llevó a empinar el codo más de lo sanamente recomendable... aunque creo que en eso la peli se contiene bastante, seguro que la cosa fue mucho peor.
No obstante, está entretenida. Me la suda lo fiel o no que es a los hechos. A mi me hizo pasar un buen rato. Nada más que decir.
Incluye papelitos para personalidades "cult" como las de Mojo Nixon (músico country de tirón punkista), Tav Falco (rockero cavernoso) y Joe Bob Briggs (presentador televisivo especializado en cine de horror y trash). Si hay más, ya se me escapan.
Destacar por curiosa la carrera de su director, Jim McBride. Comenzó estrictamente en el llamado cine underground con "David Holzman's Diary". Luego se ganó el odio de los cinéfilos más recalcitrantes remakeando "a la americana" un clásico de Jean-Luc Godard. Alcanzó el mainstream con "Querido detective" y la peli reseñada. Y luego, cuando la cosa comenzaba a desinflarse, tuvo tiempo de venir a Barcelona para dirigir "La tabla de Flandes", según una novela de Arturo Pérez-Reverte, donde una aún monina Kate Beckinsale lo enseñaba todo. En el año 2000 volvió a encargarse del biopic de otro músico, en este caso Meat Loaf, pero su origen telefílmico desproveyó al resultado final de nada medianamente sórdido o meramente interesante.