lunes, 20 de septiembre de 2021

MENTIRAS Y GORDAS

Película de corte generacional cuya acción se sitúa en algún lugar de Alicante. Una suerte de historias entrecruzadas que nos muestra a una serie de jóvenes con cierto retraso mental que, follan entre ellos, esnifan cocaína, toman pastillas, bailan los ritmos de la discoteca desacompasadamente, y mueren de sobredosis. Además se tiran la película entera llamando gorda y menospreciando a la tía más buena de todo el cast. Incluso,  a ese personaje, le despiden de trabajo por gorda (cuando en verdad está para comérsela en comparación con los sacos de huesos anoréxicos que pululan por toda la película.)
Ha pasado ya el suficiente tiempo para poder hablar de esta película retrospectivamente, y si en su momento, 2009,  era tan solo una película malísima, 12 años después podemos verla como una película malísima con matices.
Podemos emparejarla con otra cinta del mismo corte de los años 90,  “Historias del Kronen”, controvertida en su momento,  pero que con los años se ha convertido en una estimable obra trash, con su guion estúpido, sus infra actuaciones hoy míticas y algunos momentos ridículos perennes en el imaginario colectivo. Una película, a día de hoy, casi naif. El gran problema (a celebrar) de aquella, es que es el resultado de la visión de un señor ya adulto, Montxo Armendariz, que retrata a una generación que no es la suya de la manera que él cree que es. Sin embargo, “Mentiras y gordas” sería la visión de dos bastiones de la modernidad, Albacete y Menkes, que en los 90 dieron títulos que retrataban a miembros de su generación en ambiente nocturno como “No me hables de los hombres que me pongo Atómica” o “Más que amor frenesí”. Pero claro, de aquellos títulos al que nos ocupa han pasado unos cuantos años y ahora les sucede lo mismo que le sucedía a Armendariz con el Kronen: Que ya son dos señores de cerca de cincuenta años retratando las vivencias nocturnas de chavales de 20 años.  Y no solo eso, sino que comparten la escritura del guion con Ángeles  González Sinde, ex ministra de cultura y abanderada del cine de “calidad”, que tampoco se entera de la misa la media.
El resultado es el siguiente: “Mentiras y gordas” parece EJECUTADA POR DEFICIENTES MENTALES. Eso sí, subvenciones para esta película a cascoporro, que no falten. Entonces, lo que este trío de profesionales del cine español pare es un despropósito de diálogos mongólicos e improbables, unos personajes que parece que se han escapado de un psiquiátrico, y unas sexualidades confusas, forzadas y sin razón de ser. Todo ellos en un escenario que a base de colores saturados, música tecno-pop que  no se llevaba en esa época, y con cierta intención de transportarnos a un ambiente lisérgico, parece que estemos viendo una cosa rara que podíamos rebautizar “Historias del Kronen meets Brazil” (la de Terry Gilliam) pero en malísimo.  Esta mierda no dista demasiado del “Hot Milk” de Bofill, solo que esa es mucho más honesta y divertida.
Al margen de esto, no creo que “Mentiras y gordas” sea una mierda consecuencia de la falta de talento —que obviamente, también—. A mí me da la impresión de que Albacete, Menkes y Sinde, tienen a la generación a la que retratan por estúpidos y, por ende, deciden hacer una película para que los estúpidos fuesen a verla. Así, con toda la mala leche. Y en ese sentido tampoco iban mal encaminados porque se convirtió en una de las películas más taquilleras de 2009…  Así que, algo sabrían que el resto de los mortales no sabíamos. En el lado contrario, la película fue masacrada por la crítica, una crítica compuesta de los Boyeros, Weinchrichter y demás plumillas, que, bueno, le van a la zaga a los cineastas.  
Vista hoy, no podemos evitar sentir vergüenza ajena al tiempo que nos descojonamos de los diálogos, se nos revuelven las tripas con los alardes técnicos, esos colores saturados, y  nos llevamos las manos a la cabeza con ciertas situaciones. El tiempo la hace parecer aún más marciana de lo que era, más mala de lo que era y, en consecuencia, también, y al igual que “Historias del Kronen” se ha convertido en pieza trash, que si aún no ha encontrado su hueco entre los degustadores de cine  malo, raro, misterioso y desperado, lo acabará encontrando. Yo la he visto por primera vez y, créanme, no daba crédito.
Al margen de eso, la peli muestra tetas y rabos a mansalva, los de un reparto compuesto por jóvenes procedentes de las más exitosas series de televisión del momento y que son las estrellas del cine de hoy en día: Tenemos a Marieta Orozco, Mario Casas, Hugo Silva, Ana Polvorosa, la internacional Ana de Armas o Yon González. El bombón que es vejado, vilipendiado e instado a adelgazar una y otra vez durante todas y cada una de sus apariciones en el metraje es la actriz Miriam Giovanelli. Si esta mujer es una gorda infecta, lo siento por actrices como, por ejemplo, Carmen Machi.
Tras el éxito de la película, se planeó hacer una serie basada en estos personajes pero, quizás por la presión de las críticas, eso nunca llegó a suceder.
Con todo, se llegaría a exportar a algún país bajo el título internacional, y menos malicioso que el castellano, “Sex, Party & Lies”.
Tan horrorosa que hay que tenerla en cuenta.

sábado, 18 de septiembre de 2021

REFUGIO MACABRO

Ya saben -o deberían- lo que pienso del cine de terror británico clásico. No, no me va mucho. Y tampoco me tira nada la labor de "Hammer Films". Únicamente la gente de "Amicus" se ganó mi simpatía. Tal vez por su tendencia al formato episódico -que me gusta-, tal vez porque sus pelis se desarrollaban en la época moderna de entonces (nunca he conectado mucho con el rollo victoriano) o tal vez porque tenían un puntito de "trashismo" que las hacía encantadoras. No sé. El caso es que ya he reseñado unas cuantas (como "Condenados de ultratumba", "La bóveda de los horrores" o "Cuentos de ultratumba")  y hoy una más se suma al petate, "Refugio Macabro" (subtitulada "La casa de los locos" según la edición).
Fechada el año 1972, y originalmente bautizada como "Asylum", cuenta la historia de un médico que llega a un manicomio para entrevistarse con su director e incorporarse a la plantilla. Una vez allí, se encuentra que el susodicho ya no ocupa su silla, lo hace otro loquero que le cuenta que aquel perdió la chaveta y ahora forma parte de la clientela. De esta guisa le propone un juego. Deberá visitar a cada uno de los enfermos, escuchar la batallita de todos ellos y, al final, descubrir quién es el director original de la institución.
Y con la excusa, nos cuelan tras historias. Primero, una sobre un marido que decide asesinar a su cornuda esposa. Esta, al haber hecho tejemanejes con el vudú, revivirá para vengarse... o mejor dicho, lo harán la suma de sus partes. Pal caso llama la atención que el asesino consiga descuartizar a su víctima sin derramar ni una sola gota de sangre. Ni salpicarse la camisa. Está simpática. Le sigue otra sobre un sastre al que encargan un traje muy raro que brilla en la oscuridad y tiene el poder de otorgar vida a objetos muertos... o personas muertas. Cuando el tipo que se lo encargó decida no pagar, se liará parda. Esta puede que, con sus carencias (le insisten al sastre que siga las reglas a rajatabla, este no cumple y, en apariencia, no hay consecuencias), sea la mejor. La más original al menos. Y llegamos a la tercera, la peor. La más aburrida. Va sobre una tipa recién salida del manicomio que se reencuentra con su peligrosa hermana, quien recurrirá a la violencia para librar a aquella de las garras de quienes la retienen. El final se supone sorpresa... aunque se ve venir a la legua (supongo que en 1972 se vería un poco menos).
Aquí terminarían las historias para centrarnos en la trama de base. Cuando el doctor llega hasta el último paciente, resulta que este se ha aficionado a construir robotitos con la cara de personas reales y la intención de transferir sus mentes al interior para convertirlos en una extensión de ellos mismos. Llegado el momento, el chalado hará lo propio con uno al que usará como máquina asesina. En este caso llama la atención el aspecto de los robotitos, entre lo encantador y lo patético. En realidad se limitaron a coger esos de juguete que muchos de nosotros -los de mi quinta- pudimos tener en la infancia, a cuerda con ruedecitas en los pies y que iban avanzando torpemente, compuestos de un torso en forma cuadrada, pintarlos de plata y añadirles una cabeza "realista" que intenta parecerse al actor que lo maneja. ¡Saleroso!.
Con eso y un bizcocho, llegamos al final de "Refugio Macabro" que, como buena película "Amicus", nos depara un desenlace sorpresa razonablemente efectivo aunque un poco risible.
Y resulta que hemos pasado poco menos de 90 minutos bastante amenos, a los que han contribuido, como es de menester, el look añejo/setentero del film, sus buenas maneras, ese lenguaje visual clásico, anticuado, pero agradecido para mis cansados ojos y un puñado de rostros reconocibles y entrañables por igual: Richard Todd, Peter Cushing, Britt Ekland, Charlotte Rampling, Herbert Lom, Patrick Magee o Robert Powell.
Escribe el prestigioso Robert "Psicosis" Bloch. Dirige el todoterreno Roy Ward Baker.
"Refugio Macabro" es la prueba contundente de que, en cine de terror, cualquier pasado fue mejor.

viernes, 17 de septiembre de 2021

NACIDO AL ESTE DE LOS ANGELES

Un trabajador norteamericano de ascendencia mexicana, en una redada para detener inmigrantes ilegales, al encontrarse sin documentación es confundido con un ilegal y deportado a México porque, por mucho que explica que todo es un error y que él es americano, la policía de emigración no le cree. De este modo, este hombre se verá solo en México, sin un centavo y sin nadie a quién acudir, por lo que se las tendrá que ingeniar para cruzar la frontera o conseguir dinero para que alguien le ayude a cruzarla.
“Nacido al este de Los Angeles”, comedia muy querida para la comunidad hispana de USA, bien podría ser el canto de cisne de ese pequeño auge de comediantes  latinos de los años ochenta. Después de la película, cómicos que gozaban de éxito en la taquilla como Cheech & Chong o Paul Rodriguez, verían seriamente frenada su actividad cinematográfica, quedando relegados a los escenarios de stand up de los que salieron. Pero durante buena parte de la década, hicieron grandes películas recordadas hoy por todos.
Asimismo, 1987, año de producción de esta película, puso fin definitivo a la pareja cómica Cheech & Chong, porque, aunque ya se habían separado un par de años atrás, “Nacido al este de Los Ángeles”, que nace a partir de una canción homónima que cantaban Cheech & Chong en sus actuaciones y que parodia el “Born in the USA” de Bruce Springsteen, significó una patada en el culo para Thomas Chong por parte de su compañero Cheech Marin. Con el desgaste de la pareja, cuando los estudios se planteaban hacer una nueva película del dúo, al ver que ya se habían separado, decidieron que el lucimiento de la misma sería para Marin. Cheech Marin fue contratado como protagonista y director por el ejecutivo que solía negociar con la pareja, Frank Price, porque, de los dos cómicos, el gracioso era Marin. A este no se le cayeron los anillos a la hora de aceptar el proyecto dejando de lado a su compañero, y no solo eso, sino que además tuvo la indecencia de ofrecerle un pequeño cameo en su producción. Por supuesto, Chong se negó a aparecer en un papel insignificante, y en consecuencia la relación personal de ambos se rompió hasta que en 2009 volvieron a reunirse para un nuevo espectáculo, “Cheech & Chong’s Hey Watch This”, en el que lo que prevalecía era la nostalgia y el intentar revivir glorias pasadas.
A poco estuvo la película de no realizarse, porque se trataba de un proyecto de Frank Price —que fue quien sugirió que Thomas Chong se fuera a tomar por el culo—, entonces presidente de Universal, que casi lleva a la ruina al estudio al dar el visto bueno a “Howard, un nuevo héroe” que fue uno de los fracasos más estrepitosos de la historia del cine y, claro, le cogieron tirria. Tras el traspiés de “Howard, un nuevo héroe”, Universal obligo a Price a dimitir, y así lo hizo. Durante esta guerra en los despachos, “Nacido al este de Los Angeles” ya  era un proyecto aprobado, y como al fin y al cabo Cheech Marin era una personalidad rentable, continuaron con el mismo, eso sí, reduciendo considerablemente el presupuesto inicial y convirtiéndolo en un proyecto más modesto. No les salió mal la jugada porque la película de Cheech Marin se convirtió en un éxito.
En nuestro país, en el que paradójicamente Cheech & Chong tuvieron un gran tirón popular,  no es una de las películas más célebres de cualquiera de estos cómicos —por ejemplo, “Vendemos chocolate” lo es mucho más—, sin embargo, con todo lo tontorrona que es, con esa trama facilona y predecible, resulta una película entrañable y eficaz que al contrario que las que protagonizaron los dos cómicos juntos, que se han quedado rancias, anticuadas y desfasadas (aunque siguen teniendo un encanto especial), aguanta el tipo perfectamente, y eso es porque todo el peso es soportado por un Cheech Marin en plena forma. No solo improvisa líneas de texto, sino que dirige la película estupendamente y, estando como actor especialmente comedido en esta película, lo borda. Lo cierto es que se trata de una película dinámica, divertida y bien intencionada con la que es absolutamente imposible aburrirse.
Cheech Marin obtuvo, tras esta película, las más altas cotas de popularidad de su carrera, pero coincidió justo con el declive de la comedia hispana que, justo después,  había pasado de moda. No obstante, a Marin nunca le faltó el trabajo, pero ya no se sucedieron más películas míticas como esta. Tampoco volvería a dirigir, lo que es una lástima, porque habría sido un buen director de comedias.
No terminaré sin hacer alusión a ese maravilloso cartel, esa carátula que presidía las estanterías de los vídeo-clubs, con esa ilustración tan bonita y cómica que, no obstante, nunca me llevó a alquilarla; Yo “Nacido al este de Los Angeles” la vi por televisión, creo recordar que en la cadena autonómica. Y está muy bien, oiga.
Junto a Marin tenemos a un divertidísimo Daniel Stern y a un aún más divertido Paul Rodríguez, infravalorado actor y comediante latino que a mí me gusta mucho.

jueves, 16 de septiembre de 2021

¿TODAVÍA NO HAN VISTO "QUERIDO HIGO MIO"?

¿Todavía no han tenido oportunidad de ver "Querido Higo Mío", la comedia extravagante, absurda, casera hasta las trancas y con una notable dosis de erotismo barriobajero que ha traumatizado a una escueta pero entregada porción de la población mundial?

Pues ahora tienen una nueva oportunidad (¿tal vez la última antes de que lo retire?). ¿Cómo? descargándolo en el enlace correspondiente... justo debajo del muestrario de imágenes y del hermoso trailer.

Luego no digan que no les hemos avisado.

Ahí va:











DESCARGAR CORTO "QUERIDO HIGO MÍO"

Espero de corazón que lo disfruten (y si pueden sacar materia para una buena manola, pues mucho mejor).

Gracias por ello!

miércoles, 15 de septiembre de 2021

EL BAÚL DE TÍO VICENTE - 13

Desconozco qué es lo que me pasa con "Transylvania 6-5000", porque tenemos todos sus fotocromos + el hermoso póster, y ahora destacamos este recorte extraído de las páginas de "Shows", dedicado a promocionar el lanzamiento en vídeo -de la mano de José Frade- del debut en la dirección cinematográfica de Rudy De Luca, colaborador habitual de Mel Brooks. Pero lo cierto es que nunca me ha gustado. Me parece una comedia de lo más mediocre que comete el mayor error de todos: no hacerme reír. No sé, será que tal sensación se convirtió en un trauma, de ahí que insista tanto, como si esperara algún día encontrarle algo positivo.
En el caso del recorte, lo único que encuentro es una cagada enorme, otorgar a Joseph Bologna el rol de uno de los dos periodistas protagonistas, cuando en realidad ese papel recayó en manos del eterno Ed Begley Jr. (del otro se encargó Jeff Goldblum). Estos chicos de "Shows" no hacían bien sus deberes.
Griten todos al unísono: ¡Graaaaacias tío Vicenteeee!


lunes, 13 de septiembre de 2021

CHICANO

El boxeador Dum Dum Pacheco, olvidado del imaginario popular básicamente desde que dejó de boxear, está viviendo en estos momentos un revival por parte de gente que quizás se acerca a él en pleno siglo XXI  por una cuestión de extraño esnobismo, gracias a la publicación de una serie de libros de corte “cool” que, a parte de para satisfacer al lector —puesto que sin duda son todos ellos libros interesantes— , sirven para que sus autores peleen entre sí  en las redes sociales y ver cuál de sus libros es mejor o más genuino. Y a partir de ahí, el boca a boca natural en redes traduce este eco en una serie de fuegos de artificio que durarán a penas unos meses para que, luego, Dum Dum Pacheco, vuelva a ser el personaje oscuro y olvidado que era hace unos años.
La única verdad es que todos esos libros son complementarios, y supongo que si alguien siente verdadero interés por el apodado “El puño del tercio”,  deglutirá todas esas publicaciones sin importar quien tuvo la idea primero o cuál de los autores es mejor. Pero, por lo que a mí respecta, mi interés se vuelca inicialmente en la autobiografía de Dum Dum, “Mear Sangre”, no por quién lo haya editado, sino porque, sencillamente, porque es un libro que lleva 40 años escrito y el autor es el propio Dum Dum. Todo lo demás es una guerra de egos mal gestionados en redes sociales, que, sin duda, vista desde fuera es mucho más entretenida que la película de la que vengo a hablarles tras el inciso, del mismo modo que lo era ver "El gran circo de Televisión Española" después de la merienda.
No es que sienta un especial interés por Dum Dum Pacheco; Mi interés por él se reduce al par de películas en las que participó, motivo este por el que no me es una cara desconocida, pero, como boxeador, como personaje marginal que consiguió la suficiente popularidad como para que el mundo del cine se fijara en él —y al margen de sus celebradas colaboraciones con Mariano Ozores y Manuel Summers—, como estudioso de las cinematografías exóticas (y marginales, y de derribo, y raras, y misteriosas, y desperadas), Pacheco me puede llegar a causar el interés suficiente como para ponerme a leer alguno de los libros sobre su figura y ver alguna de las películas en las que intervino —de las que apenas se habla en ninguna parte en general—. Un interés similar al que me puede suscitare ver las películas porno de La Veneno, o ver “Un genio en apuros”. Porque es algo inusual y marciano. Así, me pongo la película en la que el boxeador estuvo más involucrado.
“Chicano”, dirigida por el inefable José Truchado gracias a la pequeña inyección que aportó el propio boxeador en calidad de productor, es un tardío chorizo western rodado con lo puesto mas cinco o seis actores (y actrices) como todo reparto, cuya incompetencia solo serán capaces de calibrar aquellos que hayan visto alguna película del director con anterioridad. Se trata de la nada más absoluta.  Y uno ya tiene las retinas desgastadas de ver basura; “Chicano”, tras su soso visionado, me ha dejado impávido. Tan solo es una película mal ambientada en el Oeste, mal rodada, mal montada, mal interpretada y mal contada. Una sucesión de escenas de gente hablando, a veces montando a caballo, a veces incluso peleando y usando una técnica que recuerda vagamente a las artes marciales. Carece de humor, voluntario e involuntario,  y no nos entretenemos ni un segundo de la hora y diez escasa que dura.  Tan solo comprendemos que pasa en el encuadre cuando, tras finalizar el visionado, consultamos la sinopsis en internet. Normal, entonces, que esta película sea tan ignota. Lo único bueno que se puede decir de ella, es que es una genuina película mala, de las que duelen.
La cosa va de un matrimonio que, al llegar a un pueblo, es víctima de unos bandoleros que, en un atraco al banco, asesinan a la mujer. Por supuesto, su marido, se tomará la justicia por su mano yendo a por los tres o cuatros bandoleros que han matado a su esposa, siendo un tal Anderson (Dum Dum) el más fiero y duro de pelar de todos ellos.
El morbo de la película radica, naturalmente, en ver a Dum Dum Pacheco actuando.
Es una lástima  la poca información  que hay acerca de esta película, porque me gustaría saber por qué el boxeador mira a un punto fijo cada vez que tiene que decir diálogos (¿Estará leyendo algún tipo de cartel?) o como de hábil era recitándolos, porque lo cierto es que, al igual que el resto del reparto, la voz de Pacheco está doblada por un actor  de doblaje profesional y no le escuchamos a él. Más allá de eso, la película no tiene nada.
A su lado, en pantalla, no se lo pierdan, tenemos nada menos que a otro icono del cine mierdoso nacional, el incombustible Max-B aka Max H. Boulois, protagonista de clásicos de la inmundicia como “Cazar al negro” u “Otelo, Comando negro” que, si bien su presencia es siempre un aval para disfrutar de una película, aquí está tan soso que nos da exactamente lo mismo. También tenemos a Guillermo Antón firmando aquí su intervención con el pseudónimo de ¡Williams Anthony!, supongo que en un afán de exportar la cinta internacionalmente y que no se viera tan claro que esto era un chorizo. A Guillermo le vimos también en “Los nuevos extraterrestres” donde firmaba como William Anton, en “Al Este del Oeste” con Fernando Esteso o en “Policía” junto a Emilio Aragón. Puede que “Chicano” sea la película donde este tenga más presencia. El resto del reparto, a bote pronto, carece de interés y, la verdad, poco más puedo decirles de una película que, si no existiera, tampoco pasaría nada. Ni tan siquiera se puede permitir el lujo de denominarse “joya del trash español”,  porque no llega.
Eso sí, Dum Dum Pacheco, está muy fuerte y lozano.
El film estuvo en salas cinematográficas, por supuesto, e incluso llegó a congregar a 36.000 espectadores. Una minucia para el año en que se estrenó, 1980, pero a día de hoy, esa cifra sería considerada casi un éxito.
Para antropólogos cinematográficos. Aunque desde aquí les recomiendo que, en lugar de ver la película, se lean cualquiera de esos libros que se centran en su figura; seguro que son infinitamente mejores.

sábado, 11 de septiembre de 2021

MARS ATTACKS!

Tal día como hoy, el cuerpo pide una ración de invasiones / ataques a tierras norteamericanas... pero al estilo AVT.
En 1996 "Warner Brothers" confió sendos milloncejos al entonces aún candente -aunque ya le quedaba poco- Tim Burton para llevar a la pantalla, con todos los lujos imaginables, una comedia de ciencia ficción inspirada en unos famosos cromos surgidos en la Norteamérica de los años 60 llamados "Mars Attacks!" y en los que, a través de ilustraciones excelentes (de manos no menos excelentes como las de Wally Wood, entre otros), se mostraban los estragos de una invasión de marcianos de aspecto terrorífico. Al disponer de un alto contenido violento y truculento, se detuvo su producción. Pero el mal ya estaba hecho. Los cromos de "Mars Attacks!" habían dejado huella y ya formaban parte de la cultura popular yanki. A mediados de los ochenta, nada menos que Alex Cox intentó levantar un proyecto cinematográfico basado en los mismos, pero no prosperó. Tuvieron que pasar unos diez años hasta que, finalmente, ocurrió. Como era de esperar, y aunque no se puede negar que la película reseñada tiene sus gotitas de mala leche, en realidad el tono es mucho más light que el de los cromos. Los mismos marcianos han perdido parte de su aspecto amenazante, los rasgos son menos cadavéricos y han disminuido la altura. Casi parece que, con la excusa, Burton y "Warner" quisieran sacarse de la manga unos nuevos "Gremlins".
La historia no tiene más truco: Los habitantes de Marte nos invaden. Viviremos la movida a través de los ojos y experiencias de una serie de personajes tan diversos como el atolondrado presidente de los USA (y el resto de su equipo), un chaval que vive con su familia disfuncional en una caravana (y que, por cierto, a lo largo de toda la peli luce una camiseta del grupo punk-gótico "Alien Sex Fiend", detalle este probablemente aportado por Burton), un ex-boxeador reciclado en atracción para un casino de Las Vegas, un empresario hotelero desquiciado o una madre y sus revoltosos retoños.
El humor que gasta, en general, es un rato tontaina. Hay gags que funcionan (como el ovni dirigiendo un obelisco para que caiga encima de un grupo de boy scouts) y otros que dan vergüenza ajena (el de las coristas de Tom Jones). Se mata a mucha peña. Se mata a animales. Y al final se vence a los marcianos usando la misma técnica que se usaba en la famosa y costrosa "El ataque de los tomates asesinos". ¿Plagio, guiño o imitación involuntaria?. A saber, pero apuesto una pierna a que Burton conoce perfectamente la peli de John De Bello.
Sin duda, uno de los aspectos más llamativos de "Mars Attacks!" es su generoso reparto. Hay de todo y para todos los gustos, aunque permitan que destaque aquellos que más me llaman la atención por diferentes motivos: Jack Nicholson haciendo el Jack Nicholson (y en doble papel), el añorado -en pantalla grande, que recientemente ha aparecido en la pequeña- Martin Short, el bueno de Michel J. Fox justo cuando su carrera comenzaba a declinar, Rod Steiger semi-rescatado tras años de telefilms y pelis baratuchas, Jim Brown y Pam Grier rememorando el espíritu del blaxploitation (un año después el asqueroso Tarantino ficharía a esta última para "Jackie Brown" y todo dios comenzaría a hablar de "recuperación", cuando la tetuda Grier llevaba años sin dejar de currar), un Jack Black casi irreconocible, Joe Don Baker en plan redneck y el cineasta Barbet Schroeder marcándose un cameo.
Vi "Mars Attacks!" cuando se estrenó en el cine Niza de Barcelona y no puedo decir que me gustara mucho. Una de las consecuencias más irritantes consistió en que el público, y los gacetilleros de mierda de siempre, la convirtieron en el reverso "cool" de la entonces aún reciente "Independence Day". Se decía que Burton hacía chota de aquella. Y puede que así sea. De hecho, todo el film gasta un tufo considerable a coña facturada por las mentes liberales de Hollywood, pintando a los patrioteros y/o militaristas como monos retrasados. En general todos los personajes son muy estereotipados y se ve a la legua su función, como el rollo de que los marginados y raritos son siempre los buenos y los que salvan la papeleta. Buf...
Vista hoy, sin tantas manías, puedo decir que los efectos especiales de CGI han envejecido bastante mal, cantan como una almeja, y que sigue siendo increíblemente tonta... pero entretenida cuando lo que busques sea un poquillo de saludable escapismo.

viernes, 10 de septiembre de 2021

ONCE UPON... A GIRL

Don Jurwich, animador que durante gran parte de su trayectoria durante los 60 y los 70 trabajó en el departamento de animación de los estudios Hanna-Barbera diseñando escenarios y personajes de series tan queridas por el público como puedan ser “Los Picapiedra” o “El Escuadrón Diabólico”, abandona  su trabajo, laborioso y poco gratificante, para intentar dar forma a sus propias producciones. Jurwich acabó un poco hasta las narices de babosismo propio de las series de dibujos animados de corte familiar, así que con un presupuesto inmensamente reducido, decide hacer lo que será su primer largo de dibujos animados (con un par de segmentos en imagen real) y, como revulsivo a años de trabajar en un material blanco y aséptico, decide hacer la película de dibujos animados más cerda jamás rodada. Así, recluta a un buen puñado de animadores que, como él, acabaron un poco hartos del sistema de estudios, y con compañeros de Hanna – Barbera Productions, y gente que había sido despedida los estudios de Walt Disney, concibe lo que a día de hoy es un absoluto clásico de la animación para adultos, la archi-popular “Once Upon… a Girl”.
Desde luego, en el porno animado, en el que prima el sentido del humor y la exageración por encima del erotismo —prevalece el chiste de pollas en lugar de situaciones que estimulen la libido del  espectador— basándose generalmente en escenas de corte grotesco donde las pollas gigantes suelen ser las reinas de la función, no suele abundar la imaginación. Todos los porno-cartoons europeos suelen adaptar cuentos infantiles, por aquello del morbo que puede provocar en un momento dado el transformar algo inocente e infantil en todo lo contrario, y suelen ser animaciones baratas y de pésima calidad. “Once Upon… a Girl” es exactamente eso mismo, animación chusquera que adapta de manera muy marrana los cuentos clásicos infantiles y, en general, no destaca demasiado por encima de sus coetáneas europeas, salvo por el diseño de los personajes, que con el equipo cuidándose de no parecerse en demasía a los personajes de Disney o Hanna-Barbera, no pueden evitar dejar un poco de ese sello y, efectivamente, acaban pareciéndose, sobre todo, a los de Hanna-Barbera, como no podía ser de otra forma. Y ese sería el único dato destacable de un pornote animado en el que la imaginación brilla por su ausencia y que peca de excesivamente largo, aunque al final sí que contiene uno o dos gags a costa de corridas y pollas que puede hacernos esbozar alguna que otra sonrisilla.
La película nos muestra un hilo conductor en imagen real en el que, en un juzgado, están a punto de juzgar a mamá ganso —el actor Hal Smith travestido— por delitos de obscenidad, ya que va contando por ahí historias de contenido altamente erótico. Cuando le toca defenderse, ella alegará que es su obligación contar las historias de los cuentos infantiles como sucedieron en realidad y, así, se da pie a los segmentos de animación en los que se recrearan los cuentos de “Jack y las habichuelas” (con Jack follándose un árbol y corriéndose dentro de él  hasta hacerlo crecer…), “Cenicienta” (cuyas hermanastras tísicas y casi sidosas no tienen problema en follarse a todo lo que pillan) y “Caperucita Roja” (con una reproducción del cuento que absolutamente nada tiene que ver con este…), todo de manera muy desmadrada y abiertamente cómica, con garrulos que gozan mucho, pajas por encima del pantalón y mucha succión de pezones femeninos, que para cinco minutillos está bien, tiene su gracia, pero que a partir de la media hora, por repetición, y por lo malilla que es en general la película, cansa. Sin embargo, el tiempo le ha dado un estatus dentro del subgénero, sus imágenes han sido “sampleadas” una y otra vez en mixtapes audiovisuales o programas de televisión y, en definitiva, se trata de la película de animación pornográfica más popular de todos los tiempos.
Don Jurwich, después de este experimento, volvió a la animación convencional produciendo un sinfín de películas y series, y dirigiendo una película de absoluto culto, la T.V. Movie “G.I. Joe, La película”, a la que miles de seguidores tienen en un extraño pedestal a lo largo y ancho del mundo. No se por qué, pero así es.
Por otro lado, Jurwich sabía dirigir a un equipo de animación, pero no tenía ni pajolera idea de dirigir  a un equipo de acción real, por lo que para ese cometido se contó con los servicios del director Jack Conrad, cuya única referencia data de 1973 con la película “Country Blue”. Después de “Once Upon… a Girl”, no volvió a dirigir nada de nada.
Por supuesto, en el siglo XXI esta pequeña pieza de porno animación es reivindicada quizá de manera desmedida por los fans, y, en consecuencia,  Severin Films tuvo a bien engordar su catálogo de DVD con una versión íntegra de la cinta con secuencias de naturaleza pornográfica nunca vistas, que lanzaron al mercado sin obtener ningún tipo de clasificación para evitar la “X” y que de este modo solo pudieran vender su producto en sex shops y demás establecimientos de mal vivir.
Flojilla. Para echarle un vistazo tonto y después olvidarla para siempre.

miércoles, 8 de septiembre de 2021

EL BAÚL DE TÍO VICENTE - 12

Ahí va una breve muestra de algunos de los carteles curiosos, a toda página, que me he encontrando hurgando entre los ejemplares de la revista "Shows" (año 1988). Veámoslos....



En 1978, entre sus epopeyas ultra-violentas de caníbales, 
Ruggero Deodato dirigió este dramón
lacrimógeno de trasfondo deportivo, sobre un chaval de
mala vida que encuentra consuelo apuntándose a la natación
de competición, hasta que una enfermedad grave se lo joroba
todo y se ve obligado a combatirla.



Un cartel de este popular slasher de naturaleza trash no tiene nada
de especial. Es muy hermoso y está más visto que el tebeo. Pero así, en plan
lanzamiento novedoso, junto a un par de títulos más (de
idéntica naturaleza zetosa) y el logo de la eterna "Lightning Video",
pues es un espectáculo que mola mucho presenciar.



Cuando era jovencito, a raíz de asistir al estreno de
"La tienda de los horrores", me volví fanático total de la planta
"Audrey". Incluso me hice una con felpa, hilo, aguja y algodón. Poco después
algún empresario teatral decidió traer a mi ciudad la famosa versión
teatrera. Y a puntito estuve de ir a verla... pero es que a mi eso del escenario
no me tira mucho. No obstante, localizar este cartel, despertó los respectivos
recuerdos y, por ello, decidí incluirlo en el muestrario.
By the way, recientemente "La tienda de los horrores" regresó a nuestra
cartelera teatral... pero al hacerlo de la mano de esa repugnante criatura
llamada Ángel Llácer, la idea de acudir se tornó totalmente impensable.



Mel Smith y Griff Rhys Jones eran dos notorios humoristas británicos
que triunfaban en la tele de allí como "Smith & Jones". TV3, la caja tonta
catalana (ahora más tonta que nunca), compró la serie y la emitió acá. Yo la consumía
fielmente cada semana. Por esa razón, llamó poderosamente mi atención el día que vi
el, no menos llamativo, cartel de esta película-vehículo para lucimiento
de ambos cómicos (responsables del guion). Lo de que fuese una coña con
fondo de ciencia ficción lo hacía muy atractivo. El título tampoco tenía
desperdicio (lo mismo que el británico, "Morons from outer space", es decir, "Tontos del
espacio exterior"). Pero que el dire fuese el mismo que el del
"Flash Gordon" de 1980 era ya el acabose. Sin embargo, ni la vi entonces, ni
la he visto aún. Tengo esa cuenta pendiente (NOTA: Gracias
a esta entrada, Víctor me ha conseguido una copia. Así que, reseña en breve).
Con el tiempo, Mel Smith -ya fallecido- haría algo de carrera, saliendo como
secundario en otras pelis, incluso dirigiendo las suyas propias (como "Un tipo de
altura", con Jeff Goldblum y Emma Thompson). Jones continúa currando
a día de hoy, y eso siempre está bien.

Griten todos al unísono: ¡Graaaaacias tío Vicenteeee!

lunes, 6 de septiembre de 2021

UNA FAMILIA DE LOCOS

Una joven abrumado por las excentricidades de su familia, acude a una especie de coach motivacional llamado “El Maestro” que le convence de que él no es el protagonista de su vida, si no tan solo un extra. Le plantea que filme el día a día de su familia en películas caseras, que se plantee su existencia como si fuera parte de una película y, de este modo, retomará las riendas de su vida y dejará de ser un secundario para convertirse así en el protagonista. De este modo, el muchacho tomará su tomavistas y comenzará a filmar los desmadres de la gente con la que le ha tocado convivir: Un padre adultero que persigue a todas las chicas, una madre histérica y despechada, y un hermano al que siempre se le ha tratado mejor que a él.
Firmada por Brian de Palma, y al margen de que a este no se le da demasiado ben la comedia (“Dos tipos geniales" era horrorosa), “Una familia de locos” no es una película al uso, ni tampoco es exactamente una película de Brian de Palma.
El director, que había estudiado cine en el Sarah Lawrence College, pese a estar ya metido de lleno en el mainstream y con éxitos a sus espaldas, entre “La Furia” y “Vestida para matar”, ejerce como profesor de cine en las aulas de la misma escuela en la que él se formó, y decide, en lugar de dar insustanciales clases con las que poco podrían aprender sus alumnos, orquestar lo que sería el proceso habitual para hacer una película. En lugar de enseñarles cómo se hacen películas, les ofrece la oportunidad de, directamente, hacerla, siguiendo todos los procesos habituales a la hora de afrontar una producción. Esto va desde buscar la financiación hasta exhibir en salas, con lo que los alumnos salieron de esa escuela habiendo aprendido algo mucho más práctico que si tan solo recibieran clase. Así,  “Una familia de locos” es, en realidad, una película producida, rodada, montada y distribuida por alumnos del curso que De Palma impartía en el Sarah Lawrence College.
La dirección corre a cargo de muchos alumnos, aunque De Palma llevaba la batuta y, quizás por eso, la película aparece firmada con su nombre. De todas formas no es raro que las películas de escuela las acabe firmando el propio profesor.
Desde luego, Brian de Palma hizo bien su trabajo, pues no fueron pocos los alumnos participantes en esa producción que acabarían dedicándose al cine. Por ejemplo, tenemos a Mark Rosman, que debutaría un par de años después de acabar este ejercicio, con la película “Siete mujeres atrapadas” que es un clásico de "serie B" y por la que se convertiría en un director de culto. También participó en “Una familia de locos”, Charlie Loventhal, que levantaría su primera producción al año siguiente con la sex comedy “The First Time” para unos cuantos años después marcarse la simpatiquísima (y ninguneada) “Mi diabólico amante”. De aquella experiencia salieron más directores, pero estos serían los más reseñables.
Por otro lado, esta producción prácticamente amateur (aunque entre unas cosas y otras su producción se fue inflando hasta pasar del medio millón de presupuesto) se pega la machada de contar en su haber incluso con estrellas, ya que uno de los protagonistas, el que interpreta al gurú “El Maestro”, sería nada más y nada menos que Kirk Douglas  que aunque no veía muy claro si aparecer ahí o no, fue convencido por De Palma, al que le unía una gran amistad, y no solo no cobraría ni un duro por su intervención, sino que, además, se convertiría en uno de los principales inversores de la cinta. Por otro lado tenemos a Nancy Allen, que tampoco vería un duro, pero que se vio en la obligación moral de intervenir en la película, ya que por aquel entonces la actriz estaba saliendo con Brian de Palma, por eso aparece en la película como una de las protagonistas principales. Vincent Gardenia sería uno de los actores que vería un dinerillo simbólico del mismo modo que lo vería el principal protagonista, Keith Gordon, que años después sería un habitual de las películas adolescentes de los 80, destacando en su filmo títulos como “Christine” de Carpenter, “Regreso a la escuela” o “Loca academia de combate” y que aparecería en el siguiente film de De Palma, “Vestida para matar”. También tenemos a Gerrit Graham, habitual de De Palma en aquella época,  al que tendrán ustedes fichado en películas como “Terrorvision” o “Kill Bots: Robots asesinos”.
Por supuesto, no sin cierto esfuerzo, estos estudiantes lograron distribuir su película, por lo que se exhibió en salas. Eso sí, sin importarle un carajo a nadie su existencia por mucho Brian de Palma que se acreditara como director. No recaudaron ni uno por ciento de lo que se gastaron en hacerla.
Todo esto que les cuento es la mar de interesante, pero, ¿Cómo es la película? Pues una puta mierda pinchada en un palo, naturalmente.  Al margen de que se la ve relativamente pobretona (no más que cualquier producción de la Crown International de la época) y tosca, esto es una comedia desfasada en el tiempo (parece una sitcom de los años 50) en la que un puñado de personajes corretean para arriba y para abajo, en un caos argumental de difícil seguimiento. Aburrida y tediosa como ella sola. No obstante, ver a Kirk Douglas haciendo el cafre en una producción de factura tan pequeña —y tomándose la película y a sí mismo más en broma que en serio— es lo suficientemente curioso como para que le dediquemos un visionado. Por lo demás, caca.
Para incluir en el pack junto a “Greetings”, “The Wedding Party” y las películas primerizas de naturaleza amateur de su director.
A nuestro país llegó en VHS y DVD, presentada con unas carátulas que provocan, en primer lugar rechazo, cachondeo en segundo, como pueden ver.

sábado, 4 de septiembre de 2021

ARTIK

Desde luego, sentarse en la butaca convencido de que vas a ver un mierdote, ayuda a que luego las cosas se salden más positivamente. Así fue -en mi caso- con "Artik". Descubrir al inicio que venía apadrinada por la marca "Dread" no presagiaba nada bueno. Primero porque recientemente había consumido otros títulos bastante olvidables de su catálogo. Segundo porque he llegado a la conclusión que no hay veneno más mortal para el terror que aquellos dedicados de forma única y exclusiva a producirlo y/o distribuirlo. De fans para fans. Haciendo gala así de una estrechez de miras, y una dependencia de las fórmulas, que deteriora el producto final. O al menos, en la mayoría de los casos porque, siendo un poco benevolentes, es algo que no acaba de pasarle a "Artik".
Narra la historia de un psicópata y su señora que viven en una granja y disponen de un puñado de críos que usan cual esclavos. Uno de ellos, con algo así como trato de favor, sale al exterior a jugar y matar insectos. Un día conoce a un tipo que le come la cabeza con monsergas sobre ser libre, que no te controlen, hacer lo que te plazca, etc. El chaval queda maravillado y surge una relación de amistad entre ambos. Cuando, por los designios del destino, el tipo acabe en las zarpas del psycho-killer, el crío tendrá que debatirse entre seguir siendo fiel a este último o salvar la vida a su nuevo coleguita.
A medida que me hago vieja, cada vez me cuesta más tolerar el horror ultra-realista a base de psicópatas mutilando gente (como me pasó recientemente viendo "Wolf Creek 2". La escena en la que el asesino decapita de forma despiadada a un simpático chavalillo -frente a los horrorizados ojos de su novia- me ofendió tanto que apagué el televisor y me puse hecho un basilisco. Ni yo me lo creía... pero así fue) y, también, ciertas maneras del ya olvidado mal llamado "torture porn", sobre todo cuando se facturan buscando la complacencia del aficionado medio, material este presente en "Artik". Pero si se hace bien, y con gusto dentro del mal gusto, soy capaz de consumirlo e incluso apreciarlo. Como es el caso. Me sorprendió la buena factura de la película, lo interesante de sus personajes (especialmente ese asesino con pinta de troglodita al que le flipan los tebeos de superhéroes) y lo conciso de la trama, que va a piñón, no se pierde en tonterías inservibles ni se complica las cosas al llegar al clímax final. Que este no se haga esperar mucho, gracias a los escasos 78 minutos que dura la peli (aleluya!), también ayuda.
Otro aspecto que me sorprendió es que el personaje protagonista pertenezca al llamado Straight Edge, esa vertiente del hardcore-punk basada en el respeto al cuerpo a base de evitar la ingesta de alcohol, drogas o incluso carne. Y digo que me sorprende porque hace poco vi otra peli, también de terror, y también de naturaleza fans-para-fans (de hecho, viene apadrinada por la revista "Fangoria"), con un Straight Edge de protagonista... aunque más en tono de guasa (hablo de "Porno", con un arranque simpático pero un desarrollo plomizo que se lo carga todo). Tal vez se estén poniendo de moda en estos tiempos tan políticamente correctos que vivimos. El caso es que su presencia en "Artik" supone la incursión en la banda sonora de sendas canciones hardcore-punk cortesía de "Black Flag" (que no era un grupo Straight Edge... pero pal caso, no importa mucho) y Jay Reatard.
Escribe y dirige un tipo llamado Tom Botchii Skowronski en el que es su primer largometraje.
Recomendable... aunque sin hacer aspavientos.

viernes, 3 de septiembre de 2021

LOS FOTOCROMOS (Y LA CARATULA VHS) DE "HORROR STORY"

Todavía no se han acabado los fotocromos... o al menos, vamos consiguiendo alguno que otro de vez en cuando.
En esta ocasión, y gracias al lector Fabio Méndez que ha tenido la bondad de escanearlos y enviarnoslos para el disfrute de todos ustedes, les dejo con los de una de las películas más infames de Los Hermanos Calatrava, "Horror Story", que aunque se nos vende como de terror cómico, en realidad se trata de una parodia del cine de espías en la que, en un momento dado, se introduce a los protagonistas en un viejo castillo en el que suceden un par de hechos paranormales. Lo cierto es que todo elemento horrorífico que pueda contener la película se queda en una vulgar anécdota.
Dirigida por Manuel Esteba, la película es más mala que Joselito, y lo cierto es que el único interés de la misma consiste en poder ver a los inefables hermanos Calatrava haciendo de las suyas.
Cuenta Manolo Calatrava en sus memorias "Yo... y mi hermano", que Esteba no les pagó ni un duro de lo estipulado en esta película. Aunque luego volvieron a caer en el anzuelo participando con él en algunas películas más... y a la hora de cobrar, su empresa siempre se declaraba en bancarrota.
Como sea, aquí les dejo los estupendos fotocromos, sin duda, mucho más vistosos que las churretosas copias existentes de la película, ripeadas del costroso VHS (del que, abajo, les dejamos la caratula completa) o de sus pases en televisión.












miércoles, 1 de septiembre de 2021

"DIABOLIK" VERSUS JETAS

A finales de los ochenta, el famoso tebeo italiano "Diabolik", según las artes de las hermanas Giussani, aterrizó en las Españas de la mano de la editorial "GTS". Que fonéticamente suene levemente parecido a JETAS no es casual ni inadecuado, sobre todo si echan un vistazo al material que sigue a estas letras. Comenzando por esa portada increíblemente cutre, con un "Diabolik" que parece obra de un niño con cierto retraso mental....



Dentro, la cosa mejoraba porque se reproducían los dibujos originales, claro... pero tampoco es que en ese apartado los de "GTS" pusiesen mucho cuidado. Básicamente cogían el fumetto, que según recuerdo era tamaño de bolsillo (llegué a pillarme uno en el viaje a Italia que hice con el colegio), y lo adaptaban al de esta edición, tamaño A4, por así decirlo. Y eso suponía dos cosas, o ampliar las viñetas a lo bestia, o pillar las de dos páginas pequeñas y pegarlas en una grande, lo que ocasionaba que quedaran feos huecos entre ellas. ¿Qué hacer? Pues recortar el culo sobrante de una viñeta y situarlo en el bujero de al lado o pintarrajearlo de negro.
Tienen ejemplos de todo ello a continuación....




El caso es que todo esto me pilló en una época en la que, inevitablemente, estaba obsesionado con "Diabolik", de ahí que pagara las 225 pesetas que costaba semejante tomadura de pelo. Encima, no me gustó lo que leí, por lo que acabé perdiendo interés en el personaje.
A los de "GTS" no les bastaba con mutilar la obra de las hermanas Giussani. Su sed de destrucción abarcaba más personajes y tebeos ajenos (según he leído, todos pertenecientes a la editorial fetuccini Astorina, S.R.L.), como pueden ver en el muestrario que sigue:



Justamente, al leerlo caí en la cuenta de que, a pesar de la magra experiencia con este "Diabolik" de chichinabo, llegué a comprar un número de "Gritos y Susurros", supongo que atraído por mi pasión hacia el género y por la horrible pero extrañamente atractiva portada...


Que a día de hoy aún conserve el tebeo de "Diabolik" pero no el de "Gritos y Susurros" querrá decir algo. Supongo que no me gustó ni pizca, porque mi cerebro ha borrado por completo cualquier posible recuerdo. Gracias a dios.
Pues sí, amigos, aquellos eran tiempos de mucha JETA.... JETA que ya conocíamos sobradamente en el mundo de la edición videográfica y que aquí, hoy, hemos extendido a su versión comiquera.

lunes, 30 de agosto de 2021

JOHN G. AVILDSEN: EL GRAN DESCONOCIDO

Derek Wayne Johnson, director de “Stallone: Frank, that is”, es un absoluto fanático de “Rocky” y “Karate Kid” y por ende del director de las mismas, John G. Avildsen, al que considera asimismo una especie de mentor. De este modo, Johnson, basándose en el libro sobre el director “The Films of Jonh G. Avildsen: Rocky, The Karate Kid, and other underdogs”  de Larry Powell y Tom Garret, se lía a grabar entrevistas para crear este documento que sirve de complemento visual al libro de Powell y Garret y de homenaje casi póstumo, ya que el director de “Rocky” falleció poco después de que el documental viese la luz.
Se trata de una divertida propuesta a base de entrevistas, material de archivo y filmaciones superocheras del propio director, que al mismo tiempo que nos hace participes de convenciones y homenajes en los que se proyectan las principales películas de Avildsen. Súmenle a eso la ristra de anécdotas de rodaje que se cuentan en el documental, muchos datos biográficos, y obtenemos un trabajo que nos deja la mar de satisfechos. Sin embargo, me llama poderosamente la atención el hecho de que este documental nace como una reivindicación del director desde una perspectiva desconocida para mí, porque, no es que nos muestre a un clásico del Hollywood moderno, sino que nos presenta a un director ninguneado y olvidado, prácticamente como si se tratara de un outsaider que nunca recibió el crédito que se merecía. Esto me choca porque no hace falta ser un erudito para encontrar en la figura de Avildsen a un director esencial del cine de estudios en los setenta y ochenta, cualquiera que sea mínimamente aficionado el cine sabe situar en seguida al director y asociarlo a una posición privilegiada.  Para dejarnos claro que eso no es así, lo primero que hace el documental es mostrarnos al público llano que no tiene ni pajolera idea del director cuando se pregunta por él. Aunque lo cierto es que los entrevistados son unos infraseres que lo más probable es que tampoco sepan dónde tienen la mano izquierda. Lo que sí que queda claro con estas entrevistas es que, aunque la gente no sabe quien es Avildsen, todo el mundo aprecia y sabe cuáles son sus películas, al menos “Rocky” y “Karate Kid” y, centrándose en esas dos, el documental da cuenta de la vida y obra del director.
Podrían haberlas omitido y centrarse en el resto, que las tiene muy buenas, buenas, regulares y horrorosas, sin embargo son pocos los minutos que se le concede a cintas como “Escuela de rebeldes”, “Mis locos vecinos” o “La fuerza de uno”, para basar el grueso de la película en las sagas anteriormente citadas nombrando al resto de pasada, por lo que el discurso del documental queda en entredicho. Sus inicios en el cine de derribo con películas como “Desmadre en la escuela” o “Turn on to love”, desaparecen del documental como si prácticamente no hubieran existido y dándonos a entender que el inicio de su carrera comienza con “Joe, ciudadano americano”.  Con lo interesante que hubiera sido saber algo a cerca de estas producciones tan ignotas.
Con todo, el material biográfico que se nos muestra, así como la documentación sobre “Rocky” y “Karate Kid” es tan abundante y amena,  que pasamos un rato estupendo, además de ver lo patético que puede llegar a ser un director de cine no reconocido por la masa: Avildsen entra en los restaurantes y, si no le reconoce el camarero, le pregunta a este que si sabe a que se refiere eso de “dar cera, pulir cera”. Cuando el camarero le responde que eso pertenece a la película “Karate Kid”, Avildsen aclara: “pues yo la dirigí” para ganarse las atenciones del camarero. Esto lo cuenta el propio Alvidsen en primera persona en el documental, y contradice, también, el discurso que tiene toda la película que viene a decirnos que, si en realidad no triunfó, fue porque era un director humilde y sencillo carente de ego. Mis cojones.
En definitiva, muy majo el documental, muy entretenido.

sábado, 28 de agosto de 2021

A DARK FOE

Nos reencontramos con una vieja costumbre algo olvidada/perdida: Descargarse una peli de la que no tengo dato alguno, totalmente ignorante, pero atraído por lo que siempre debería ser el principal reclamo, su trama. En este caso, les hablo de "A Dark Foe", la historia de un policía que persigue a un terrible asesino aficionado a arrancar la piel de sus víctimas (todas rubias y que cuesta mucho distinguir unas de las otras). Encima, resulta que el tipo comenzó sus fechorías matando a la madre y secuestrando a la hermana del prota -ante sus ojos- cuando era un infante. Aquella traumática experiencia se saldó con que, a día de hoy, el hombre sufra nictofobia (fobia a la oscuridad), lo que hará que le echen del FBI (¿o era la CIA?) y tenga que ir por libre para cazar al psycho-killer.
¿Interesante, verdad? Así, de esta guisa, me la puse a ver. Pero no pasó mucho tiempo hasta que comenzaron a chirriarme ciertas cosas. De primeras, ese galán protagonista feo como el demonio (teniendo ello en cuenta, el título podría mutarse tranquila y consecuentemente a "A Dark Feo"), luciendo barbas + greñas que parecen postizas (si es que no lo son) y bastante limitado en sus funciones (algo que la versión original con subs hace más evidente). Además, todo gasta un look como muy de goma, de telefilm de estos alemanes que echan el domingo por la tarde, cargado de diálogos poco naturales. Me dije, "no sé, creo que la he cagado". Pero entonces, cuando más al borde del abismo me encontraba, comenzaron a dejarse ver las primeras bizarradas: un sórdido club sadomaso regentado por gente malvada.... la sangrienta escena en la que el asesino arranca el cuero cabelludo a una de sus víctimas... la hermana de aquel, una mujer enorme -por gorda- repleta de cicatrices, algo retrasada y encerrada en una habitación. ¿Podía respirar ya tranquilo? Pues no, porque todo ello seguía combinándose con material propio del culebrón más rancio, donde el feo prota se lía con la mujer de un millonario al que nunca vemos. Rebañado todo en unas dosis de ñoñismo casi espiritual algo perturbadoras. En fin, todo como muy extraño, mal equilibrado y torpe... pero no demasiado. Una película más rara que escuchar un comentario inteligente de Fernando Trueba. Por un momento comencé a plantearme si tal vez sería una de esas mierdas "cult" al estilo de Neil Breen. Corrí a mis habituales fuentes de información interneteras y pude confirmarlo, algunos la calificaban de comedia involuntaria, aunque eso no llegué a notarlo, estaba demasiado confundido.
Una vez aparecen los título de crédito, comienzas a entender un poco el desaguisado. Oscar Cárdenas es el protagonista masculino, y además, el co-guionista y co-productor. También el papá de la directora, Maria Gabriela Cárdenas, nacida en Venezuela.
Los paradójico es que en el reparto encontramos dos rostros reconocibles, los de Graham Greene y, sobre todo, la morbosa Selma Blair. La novia de "Hellboy". Verla a los primeros 10 minutos me tranquilizó. Ahora, terminada y digerida "A Dark Foe", me digo aquello de "Pobre Selma, muy mal le deben ir las cosas para acabar en esta peli".
Sin embargo, me la vi entera, no me aburrí en exceso y esta mañana, con ella aún rebotando en la cabeza, he sentido la necesidad de teclear estas letras. Algo tendrá, digo yo. Pero no me pregunten qué. Sea lo que sea, desde luego tampoco explica ni justifica la increíble y muuuuuuy sospechosa cantidad de comentarios mega-positivos que luce en su ficha de Imdb.

viernes, 27 de agosto de 2021

FIEBRE DE AMOR

Apenas ha pasado un año desde la anterior película de Luis Miguel, pero este, que en “Ya nunca más” era un niño imberbe de voz aflautada,  en “Fiebre de Amor” pega un gran estirón y ya tenemos a un adolescente con las hormonas a flor de piel. Es por eso que para esta segunda película se le busca un interés romántico, la también cantante Lucerito, para concebir uno de los éxitos más sonados de la historia de México. A su vez, se lanza una banda sonora con las canciones que ambos cantan en la película, y ya tienen un negocio entre manos cuyos beneficios son casi imposibles calibrar a día de hoy.
La dirección de esta segunda película de Luismi, corre a cargo de René Cardona hijo, por lo que el resultado, que cumple de sobras con su cometido, es más marciano aún si cabe que el de “Ya nunca más”.
Lucerito es una fan acérrima de Luis Miguel, que fantasea con conocerlo o incluso casarse con él, cosas estas que vemos a través de las ensoñaciones de la niña, en escenas que sugieren un soterrado erotismo, con Lucerito, con apenas 12 o 13 años, posando en bikini para un lascivo Luis Miguel que la mira con deseo, o siendo provocado sexualmente por la chica, en la onírica noche de bodas de sus delirios. Cosas de los ochenta. El caso es que la muchacha se entera de que Luis Miguel va a dar un concierto en su ciudad, Acapulco, por lo que asiste al mismo. Después, esta sigue a Luis Miguel y su staff hasta su casa, y allí, buscándole por las habitaciones, se topa con unos individuos ¡que están degollando al personal de servicio! Huyendo de estos, entra en la habitación en la que descansa Luis Miguel y, juntos, escapan de los psycho killers, generándose una persecución por carretera en las calles de Acapulco. Por supuesto, Luis Miguel, que contará con unos escasos 13 o 14 años conducirá su vehículo con violencia. Todo saldrá bien para los chavales.
Claro que la primera hora y diez de la película, es un encadenado de clips musicales en los que Luis Miguel hace alarde de sus cualidades vocales en diferentes y exóticos escenarios, con pequeñas transiciones en las que los diálogos nos dejan saber que hay una trama. Tras una hora de cancioncitas (algunas muy buenas, y es que no me desagrada la música del Luis Miguel) y ya presentados los personajes, comienza la sangría en casa del cantante y… pum, se acabó.
Loca, desmadrada, estúpida  y paradójicamente entretenida, la película entera no es más que una excusa para mostrar las canciones de la banda sonora que van a vender, y el argumento es lo de menos, por eso la historia pasa en un santiamén. Lo que no entiendo es qué cable se le cruzó a Cardona cuando escribía el guion, porque la idea de los asesinos en casa de Luis Miguel es de lo más retorcida, máxime cuando vemos algún asesinato muy gráfico en una secuencia de apenas unos minutos; Lucerito abre un armario y de él sale un trabajador de Luismi con el cuello rebanado y sangrando como un cochino.
“Fiebre de amor” es al cine mexicano lo que al español fue “Sufre Mamón”, sólo que Manuel Summers tenía más interés por el material que se disponía  rodar que Cardona que, básicamente, hizo lo que le salió de los cojones, rodando deprisa y corriendo para generar la pasta lo antes posible.
Desde luego, es una verdadera curiosidad. Y, sin duda, funcionaría en una reunión entre amigotes, con unos productos matutano y una botellica de Licor 43.

miércoles, 25 de agosto de 2021

EL BAÚL DE TÍO VICENTE - 11

Vaya, vaya, vaya. Steven Spielberg y Sebastián D´Arbó compartiendo, casi casi, columna, gorra, barba, gafas de sol y pose (ahí al ladito de la cámara, aunque la de Steven es más lustrosa). Estas cosas solo ocurrían en las páginas de la revista "Shows" (y en los ochenta, baby). Dos monstruos del cine, aunque por razones casi opuestas, juntos.
Spielberg asegura que cuando sea adulto, hará cine para adultos... algo que, efectivamente, acabó cumpliendo. Y luego habla de un proyecto en marcha donde se combinaba ciencia ficción y romanticismo que, sin embargo, nunca llegó a materializarse.
Por su lado, D´Arbó lloriquea. Y lloriquea mucho. Se queja de que el cine fantástico no está bien visto en España y que, por eso, no se come un colín. Cuanta razón tenía y cuanto, por desgracia, han cambiado las cosas, ¿verdad?. Luego pone a caldo a la administración del cine porque no le toman en serio. Y bien que hace, todos sabemos lo hijosputa que eran, siempre despreciando y mirando por encima del hombro a los artesanos que, desde la modestia, osaban hacer pelis de género en España. Finalmente, Sebas nos garantiza que ha terminado con el terror sobrenatural y va a dedicarse a cosas un poco distintas, más terrenales, como el thriller "Cena de asesinos". Sin duda lo consiguió... aunque de un modo algo más radical, ya que no solo puso fin a sus pelis de espíritus y posesiones, también a su carrera como cineasta.
Griten todos al unísono: ¡Graaaaacias tío Vicenteeee!


lunes, 23 de agosto de 2021

YA NUNCA MÁS

Como siempre digo, las cinematografías latina y española van de la mano en cuanto a tendencias. Por eso si en la primera mitad de los 80 en España se daba pábulo a las películas vehículo para nuestros artistas infantiles y juveniles, en México lindo, la cosa no podía ser distinta de ninguna manera. Y, por supuesto, la mayor estrella infantil en aquellos momentos (y a día de hoy, puede que sea la mayor estrella de toda latinoamerica) era Luis Miguel, que debutó para la gran pantalla con esta espeluznante película, drama sensacionalista y barato que se torna comedia involuntariamente gracias a la sobreactuación que ofrece un repelente y jovencito Luis Miguel.
La cosa va de un chaval muy aplicado en el deporte y con nociones musicales, pero al que no le va muy bien en los estudios, por lo que se tira media película discutiendo con su padre porque este le exige notables. Entre trifulca y trifulca, Luis Miguel se marca algún numerito musical. Lo bueno comienza a mitad de película, cuando Luis Miguel tiene un accidente de moto en el que una pierna se le queda hecha puré. El tema es que esa pierna no evoluciona favorablemente y, entonces, a los médicos no les queda más remedio que amputársela, por lo que Luis Miguel entrará en una profunda depresión que se traduce en maldiciones y alaridos. Entonces, la historia es muy dramática y triste, pero ver a Luis Miguel sin pierna, desgañitándose y cayéndose al suelo, indudablemente resulta cómico… vamos, que se muere uno de risa. Porque si, niño repipi aparte, en toda la parte inicial en la que interpreta un chaval normal y corriente, actoralmente, Luis Miguel se defiende, cuando se queda sin pierna lo gestiona mal y sobreactúa que da verdadero gusto.
Al final se trata de una historia de superación personal que viene a decirnos que las adversidades se pueden sortear con esfuerzo y tesón.
Incido en  la escena en la que, tras ser operado, Luis Miguel descubre que le falta una pierna. Ahí, empieza a arrancarse las vendas, a agarrarse la pierna violentamente y ponerlo todo perdido de sangre… y claro, resulta muy gore para una película inicialmente infantil.
En realidad, como supondrán es un tostón de padre y muy señor mío, que se soporta porque, en el momento que le amputan la pierna al muchacho, todo se vuelve paradójicamente divertido.
Por supuesto, la película fue un éxito en México y a día de hoy es un film de culto entre cinéfilos inquietos y los fans del astro mexicano, pero cuando a Luis Miguel se le pregunta por la película en cuestión suele renegar de su actuación diciendo que no le gustó mucho como lo hizo. La banda sonora, con canciones interpretadas por el propio artista y escritas por su puñetero padre, Luisito Rey, se convirtió del mismo modo en uno de los discos más vendidos de la época.
El guion del film corre a cargo nada menos que de Tulio Demicheli, mientras que en la silla de director se sentó Abel Salazar, que cuando no actuaba en clásicos del fantástico mexicano como pueda ser  “El Barón del terror”, se dedicaba a dirigir folletines lacrimógenos como el que nos ocupa.
Después Luis Miguel protagonizaría otra película más, esta vez a las órdenes, nada menos, que de Don René Cardona. Pero eso se lo cuento otro día porque, caer, caerá.
Al margen de estas películas, déjenme recomendarles la serie biopic sobre Luis Miguel, que es estupenda, y en la cual verán los entresijos de estas producciones sobre las que les estoy hablando.

sábado, 21 de agosto de 2021

S.O.S. EL MUNDO EN PELIGRO

Como se suele decir, he gastado ríos de tinta proclamando a los cuatro vientos lo mucho que "Posesión Infernal" y "Creepshow" hicieron por mi cinefagia, especialmente aquella enfocada al terror y fantástico. Pero no son las únicas. De hecho, hay un par bastante más antiguas que, de alguna manera, las precedieron y me marcaron lo suficiente como para querer más. De una de ellas, "Matar o no matar", hablé profusamente en un número de mi querido y diminuto fanzine. De la otra casi me había olvidado hasta que la rescaté hace unos días en la televisión, "S.O.S. El mundo en peligro". Sí, Terence Fisher, Peter Cushing, terror británico de los sesenta, bla, bla... todo como muy estupendo. Pero debo aclarar que, en general, esa clase de material no suele interesarme. No me hace demasiado tilín la "Hammer". Puede que sienta más simpatía por "Amicus", pero el fanatismo, en este caso, queda lejos de mi jurisdicción. Por eso, el afecto que despliego hacia la peli reseñada es una agradable anomalía, resultado de la anécdota del cómo la consumí en su día, sentado en el sillón junto al resto de la familia, cubriéndome los ojos con alguna revista y escuchando horrorizado los sonidos esputados desde la caja tonta. Recuerdo perfectamente a mi querida madre intentando sacar hierro al asunto a base de bromear con el aspecto de los monstruos que pueblan la película, pero no funcionaba. Lo pasé bastante mal, sobre todo oyendo los graznidos de las mismas y a mis hermanos comentar la amputación de mano hacha mediante que sufre Cushing (una escena bastante truculenta si tenemos en cuanta la época y tal. Llama la atención lo "bien" que se lo toma el personaje. Birtish hasta la médula).
En una pequeña isla comienzan a aparecer grotescos cadáveres a los que algo les ha absorbido los huesos, convirtiéndolos en huecas masas gelatinosas deformes. Unos científicos acuden a investigar y descubren la existencia de unas criaturas surgidas de un experimento fallido. Tienen caparazón de tortuga y cabeza de serpiente/anguila. Además, son capaces de dividirse, por lo que como no se den prisa, pronto la isla quedará infestada.
Aparcando todo sentimentalismo nostálgico, "S.O.S. El mundo en peligro" (farragoso título hispánico de "Island of Terror") es una peli muy del montón. Terence Fisher pone el automático y tira millas, sin pararse mucho a pensar. Todo en ella es de manual, convencional. Tal vez lo único destacable sean los bichos y las consecuencias de sus ataques. Pero al menos puedo evitar recurrir a aquello de "Mejor quedarme con el buen recuerdo y no volver a verla". Sirve pa pasar el rato tontainamente. Y eso ya es mucho.

viernes, 20 de agosto de 2021

GEOMETRÍA

Muy poco se sabe de los cortometrajes primigenios de Guillermo del Toro, la mayoría permanecen inéditos y todo parece apuntar a que son tan mierdosillos que el propio director prefiere no editarlos. Con todo, cuando Criterion Collection ha editado en Blu Ray su ópera prima “Cronos”, como material extra se incluyen algunos de esos cortos, uno de ellos, este “Geometría”, del cual el director renegaba alegando que, en su momento, no pudo montarlo como él hubiera deseado. Así que para la ocasión, el director entrega una nueva versión más corta que la original.
“Geometría” es una chorradica, poco menos que un chiste de cinco minutillos en el que Guillermo del Toro homenajea los clásicos del horror italiano de la manera más tontorrona y posmoderna que se puede imaginar; doblando él mismo los diálogos en italiano para líneas de diálogo inicialmente recitadas en español. A eso hay que sumarle todas las obviedades de un cortometraje fantástico de finales de los 80, con esa iluminación chillona y esos monstruos de gomaespuma a la italiana, y ya tenemos como resultado este corto, que por momentos parece deudor de la escena española del corto de la época —“Geometría” tiene un sospechoso parecido formal a otro corto de entonces, “Mama “del inefable (e indeseable) Pablo Berger, aunque el de este fue concebido un año antes, por lo que le va a la zaga…—. No en balde, Del Toro se codea con quienes se codea…
La cosa va de un niño que está en casa con su madre y es reprendido porque ha suspendido geometría. De esta forma, el chaval invoca a un demonio con un conjuro. Durante la ceremonia, deberá dibujar un pentágono con su sangre para que le sirva de protección. Cuando el demonio llega,  este le concederá dos deseos, así que el muchacho le pide no volver a suspender geometría y que devuelva a la vida a su padre que hace unos meses que falleció. El demonio regresa a la vida a su padre, pero claro, ahora es un zombi que se come a su madre. El crío cree estar a salvo dentro del pentágono que ha dibujado, pero es tan zoquete que en realidad ha dibujado un hexágono, cosa esta que no le sirve para nada en esa situación… por lo que imagínense el resto.
La cosa son 5 minutitos que pasan en un suspiro y no deberían molestar, pero son 5 minutos tan recargados visualmente y tan irritantes —ya saben, humor canallita y referencias con calzador, amen del odioso doblaje italiano mal hecho a posta que toca los cojones especialmente—, que al acabarse, le deja a uno de mala hostia. Al margen, es una chorrada sin especial gracia, y un cortometraje con el que te quedas impertérrito tras el visionado.
Con todo, no soy especialmente seguidor de Del Toro, esto no ayuda a que cambie mi opinión del mismo y, por lo pronto, lo único que tiene el mexicano que verdaderamente me gusta sería su última película hasta la fecha, “La forma del agua”.