lunes, 30 de septiembre de 2019

TONIGHT FOR SURE

Uno de los primeros films de Francis Ford Coppola, un extraño y curioso nudie etapa pre-Roger Corman que le sirvió al afamado director para reciclar algunos de sus trabajos anteriores y, todo mezclado, estrenarlo en el circuito de cine para adultos.
Así, Coppola rueda unas pocas tetas y numeritos de burlesque, y luego se las apaña para encajar ese material filmado con un cortometraje suyo anterior titulado “The Peeper” que mezclará con parte de una película olvidada que tenía en propiedad titulada “The Wide Open Spaces”. El resultado es este “Tonight for sure”, un corta y pega que ríete tú de Jess Franco o de Tomas Tang, en el que un minero paleto llega a Sunset Strip montado en burro y  conoce a un señor de la alta sociedad. Ambos acuden a un club de alterne y al ver a las señoritas bailar y contonearse, darán rienda suelta a sus fantasías eróticas que suceden, entre otros escenarios, en el lejano Oeste. Y estas locas situaciones de las que el espectador es testigo, no son más que una excusa para colar unas cuantas escenas eróticas y el material reciclado.
Desde luego, se trata de una mierdecilla a duras penas soportable. Un producto muy de aquella época —los 60— destinado a autocines y salas de baja alcurnia cuya única razón de ser, es ganar unos cuantos dólares rápidos.
No hay mucho que destacar, la verdad…
El interés de esta película radica en quién es su director y en lo curioso que resulta ver como previamente a “El Padrino”, Coppola no era más que un artesanal director de géneros y categorías menores. Sin embargo, la película es infinitamente inferior a otras muestras del subgénero como puedan ser, por poner un par de ejemplos de corte popular, “The Adventures of LuckyPierre” de Herschell Gordon Lewis o “La vida sexual de Frankenstein” de Peter Perry Jr. mucho más originales y divertidas (dentro de lo poco divertido que es, por lo general, el nudie). “Tonight for sure” es, amén de una chorrada sin sentido, un rollete bastante exasperante.
También, esta película, supondría una atípica colaboración entre Coppola y algunos de sus compañeros de escuela, por ejemplo, Jack Hill (“Foxy Brown”) hizo las veces de director de fotografía, antes de convertirse en un productor y director de naturaleza eminentemente exploit y, Jerry Schafer, director de “Fist of steel”, se atribuye junto a Coppola un crédito como guionista de este engendro.
Por supuesto, de los tres amigos aspirantes a cineastas, al que mejor le ha ido, ha sido a Coppola como pueden suponer.
“Tonight for sure”, es lo que es, pero como solo dura una hora, se puede ver sin resoplar mucho siempre y cuando tengamos a mano nuestro teléfono móvil para revisar e mails o mirar facebook. Y es una peli de Coppola… que eso da morbo.

miércoles, 25 de septiembre de 2019

LOS FOTOCROMOS DE "EL FASCISTA, LA BEATA Y SU HIJA DESVIRGADA"

Si quieren saber más de la peli que hoy ilustra nuestros fotocromos, les dejo aquí mismo el enlace a la reseña que tan sabiamente escribió Don Víctor en su momento.









lunes, 23 de septiembre de 2019

DRÁCULA BARCELONA

Curioso documental de Carles Prats que reutiliza material ya filmado con anterioridad —material descartado de otro documental suyo, “Llámale Jess”— y material filmado ex profeso, para construir un raro documento en el que se nos contarán los tejemanejes y los pormenores de dos producciones que se filmaron en el mismo set y al mismo tiempo; “El Conde Drácula” de Jess Franco y “Vampyr Cuadecuc” de Pere Portabella. La primera, una adaptación más de la novela de Bram Stoker barata y descuidada y, la segunda, un film vanguardista que retrataba los entresijos de la primera, un producto totalmente artístico, curioso y atípico.
De la manera más formal posible, que es a base de entrevistas a propios y ajenos, Carles Prats nos muestra las interioridades de esas dos películas al igual que desglosa los puntos de conexión entre dos realizadores tan opuestos como Franco y Portabella, que además eran buenos amigos. Miembros del equipo de filmación de ambas películas, así como estudiosos del cine con veneración hacia ambos directores, dan sus impresiones, cuentan sus anécdotas y, en definitiva, nos explican como se realizaron esas dos películas. Así, tenemos declaraciones de, por ejemplo, Jack Taylor, Jordi Costa, Caglos Aguilag, Teresa Gimpera, Álex Zinéfilo, Esteve Rimbau o Jeannine Mestre, pero, lo verdaderamente bueno es que también podemos escuchar las versiones que dan sobre el asunto los propios Christopher Lee y Jess Franco, aunque ya no se encuentren entre nosotros, y Pere Portabella.
El resultado es una película amena, agradable y, sobre todo, interesante, que por otro lado, puede carecer de todo esto si el que se enfrente a “Drácula Barcelona”, se la traen floja los desvaríos pop de Franco o los experimentales de Portabella. Da la casualidad que por la parte que me toca, me interesan ambos.
Por otro lado, ya que Jess Franco ha muerto, algunos de los entrevistados no dudan en desmitificar  al director, no solo hablando “mal” de él, sino asegurando que nadie que le conociera personalmente, podría hablar bien de él.
Por lo demás, absolutamente funcional. Para completistas.

sábado, 21 de septiembre de 2019

BUSCANDO JUSTICIA

La primera vez que tuve conocimiento de "Buscando Justicia" fue en la contraportada de un tebeo de importación. Nada más ver el chanante cartel, y la memorable frase ("Es policía. Es un trabajo sucio... Pero alguien tiene que sacar la basura"), me cagué patas abajo. El día que se estrenó corrí a deglutirla. Aún saboreaba los placeres que me otorgara en su momento "Señalado por la muerte". Sin embargo, esta vez no coló. De hecho, "Buscando Justicia" me aburrió muchísimo. ¿Por qué?, ¿cómo era posible?.
Ahora que la he revisado más canoso y experimentado, lo he entendido a la perfección: Steven Seagal se encontraba en la cresta de la ola, podía exigir. Imagino que a esas alturas querría que, de una vez por todas, se le reconociera como algo más que una máquina de repartir yoyas. Así que, aprovechando su poder, enfocó la nueva aventura cinematográfica como escaparate para mostrar sus "dotes interpretativas". De esta guisa, entre las contundentes y notables escenas de acción, hostias y tiroteos -cojonudas todas-, tenemos a un Seagal soltando soporíferos e incluso patéticos soliloquios pseudo sentimentales que no solo no aportan nada a la historia, es que de hecho se cargan la puñetera película.
De lo que Seagal no se preocupó tanto fue de buscarse una trama un poco menos trillada. Aquí, por enésima vez, el muchacho se venga. La nota "de color" la pone que esté ambientada en Brooklyn y que todo gire en torno a viejos camaradas que la vida ha llevado por caminos distintos: Unos son polis, los otros mafiosos. Mucho rollo italianini a lo Scorsese y muchos besos en las mejillas, pero de nada sirve cuando lo que cuentas es estructuralmente tan monótono y sin interés: Seagal va de aquí para allá buscando al malo porque se lo quiere cargar. Pregunta a este, pregunta al otro, y así va tirando. Sin más. William Forshyte da vida a este último y se hace odiar (sus escenas fueron reducidas cuando Seagal se percató de que podía hacerle sombra, así andaba el hombre con su ego y sus ganas de figurar). John Flynn, que años antes había "Encerrado" a Sylvester Stallone, se encarga de la dirección.
Destacan por méritos propios la escena del billar, probablemente el momento más exageradamente macarra de toda la carrera de Steven Seagal, y la mini subtrama del perrito.
Algo no debió de ir muy bien con "Buscando Justicia", porque el actor decidió retomar el rollo "hostias a tutiplen y pocas palabras" en sus siguientes pelis. Gracias a dios. Eso sí, el ego le siguió creciendo cual polla adolescente, no olvidemos su posterior -y comprensiblemente única- incursión en la dirección con "En tierra peligrosa", un producto que contaba con medios (y Michael Caine) y acabó convertido en un tochete mediocre y aburrido rebañado en panfeltismo ecológico y misticismo de chichinabo.

miércoles, 18 de septiembre de 2019

LOS FOTOCROMOS DE "A PUÑO LIMPIO"












lunes, 16 de septiembre de 2019

ADIOS, EMMANUELLE

Si hay que oficializar hasta lo purista la saga de “Emmanuelle”, esta “Adiós Emmanuelle” sería la ultima película oficial de lo que podríamos considerar una trilogía  con Sylvia Kristel a la cabeza (a partir de la cuarta película, “Emmanuel IV”, la Kristel aparece de manera testimonial, en pequeños cameos, nunca más como protagonista).
Para ese año de producción 1977, el personaje de Emmanuelle ya era un fenómeno del erotismo que encontró en las pequeñas salas de barrio de medio mundo y en el subproducto (las “Emanuelles negras” y derivados) su campo de acción, por lo que ante el erotismo rancio, violento y a la italiana de los apócrifos italoparlantes, la saga original no era más que un producto de escaso interés para el pajillero. Ante los objetivos aceitosos de esos productos, la sofisticación —y la superioridad moral— swinger del personaje creado teóricamente por Emmaniuelle Arsan, no era más que morralla soft para ancianos aburguesados que continuaban masturbándose ante la visión de una ya ajada y contrahecha Sylvia Kristel.
Pero al margen de su público natural, lo verdadero es que, no me tiembla la voz al aseverar que, probablemente, “Adiós Emmanuelle” se encuentre entre las dos o tres peores películas de la saga, incluidas las apócrifas. Está a la altura, incluso, de la de Jess Franco. Nada. Ni puta gracia. Celuloide desechable.
Y es que en esta ocasión, lo que cambia es el escenario dónde Emmanuelle se pasa por la piedra todo lo que se mueve; nos plantamos en las islas Seychelle y, venga, a follisquear.  Sin embargo, esas islas Seychelle salen muy mal paradas en la película, porque salvo por algunos planos de recurso exteriores, la integridad de la película sucede en interiores. Con lo cual tenemos un folletín tremendamente aburrido donde las parejas hablan y hablan y, de vez en cuando, echan algún polvete muy soft y recortado —dicen que existe una versión X de la cinta cuyos derechos pertenecieron al mítico exploiter Jerry Gross, quien en su momento exhibiera cintas tan célebres como “Me bebo tu sangre/ Perros rabiosos” o llevara el Mondo a salas americanas—. Un pestiño de los de padre y muy señor mío.
En esta ocasión, Emmanuelle, casada, suponemos, que por enésima vez, hace uso de su sexualidad acompañada por su marido en las Islas Seychelle. Económicamente bien posicionados, no dudan en montárselo con el servicio, o con otros matrimonios afines mientras se les llena la boca con discursos trasnochados (a día de hoy) sobre la libertad sexual. Lo malo es que un director de cine acude a la zona en busca de localizaciones para su próxima película, una película de folleteo y de temática, como no, swinger, del que Emmanuelle acabará encaprichándose y al que, lógicamente, se tirará sin atisbo de culpa. Por supuesto, el lío se montará cuando el marido, al cual se le ha llenado la boca con lo de la libertad cuando se ha puesto las botas con su mujer y la criada negra, le entran unos celos terribles al ver que el del cine se la trajina mejor que él,  por lo que Emmanuelle, querrá poner pies en polvorosa.
“Adiós Emmanuelle” debía ser rancia incluso para los estándares de 1977.
Nada, una película muerta cuya única razón de ser consiste en ser parte de una saga mítica. Más allá de eso, es una película muerta. Fílmica y eróticamente.
Dirige la película, poniendo, eso sí, mucho empeño en la fotografía que es muy bonita, el franchute Françoise Leterrier, conocido por ser el protagonista del clásico de Robert Bresson “Un condenado a muerte se ha escapado” y que posteriormente se granjeó una carrera como director en la que su película más popular, sin duda, es la que nos ocupa.
Como anécdota contar que en año 1980, dos individuos desaliñados con unos pocos dólares en el bolsillo, se paseaban por el mercado de films del festival de Cannes de 1980 buscando alguna película que distribuir en los Estados Unidos. Compraron “Adiós Emmanuelle” pasa su exhibición en las américas y la estrenaron en circuitos reducidos, pero supieron sacarle beneficio a la película con las ventas a las televisiones, que la programaban en pases de madrugada. Estos individuos eran Bob y Harvey Weinstein y su compañía, se llamaba Miramax. Ergo, la primera película que distribuiría la Miramax en su tortuosa existencia, fue esta “Adiós Emmanuelle” que, por supuesto, les reportaría unos buenos cuartos.

sábado, 14 de septiembre de 2019

SEÑALADO POR LA MUERTE

Steven Seagal lleva 30 largos años interpretando al mismo personaje, algo que resulta incluso fascinante. Salvo casos muy muy concretos, y atípicos, siempre ha hecho de duro poli, agente, militar, guerrillero, loquesea y sin moverse del cine de acción/thriller. Creo que es un caso único en la historia del séptimo arte. Claro que hace ya tiempo que la filmografía del pétreo actor anda estancada de mierda en mierda. Mucha. Ahora se anuncia una absurda y tardía secuela de su film de debut, "Por encima de la ley", pero ya veremos si fructifica. De momento centrémonos en los años durante los que Seagal se encontraba en pleno despegue, ganándose a pulso un puesto de honor entre los "action heroes" de toda la vida. "Por encima de la ley" y "Difícil de matar" no acababan de convencer. Faltaba LA PELÍCULA de Steven Seagal, y a mi juicio llegó con "Señalado por la muerte".
Narrativamente no cuenta nada que no hayamos visto mil veces. Incluso en la época de su estreno: Un agente de la D.E.A, harto de ver que su lucha contra el crimen no sirve para nada, se retira. Vuelve a la tierra natal y se instala con su querida familia. Pero ¡ah amigo!, resulta que la zona está dominada por un clan de rastafaris malvados que osan vender drogas a los buenos chicos blancos norteamericanos de barrio residencial. Encima, su jefe es un psicópata de ojos verdes obsesionado con el vudú y la magia negra. No hace falta decir que, aunque a regañadientes, Seagal terminará enfrentado con todos ellos. Su familia sufrirá, lo que la liará más parda y será motivo suficiente para que nuestro héroe duro, y chulesco hasta lo desagradable, no deje ni una sola rasta derecha.
En su época fui a ver "Señalado por la muerte" entusiasmado. Era fan de Steven Seagal. Y me flipó. Me encantó. Básicamente por ser su película más truculenta -con fugaces pero contundentes destellos gore- y lidiar tímidamente con el terror, lo que le daba un rollo un poco distinto.
Steven Seagal es el único "action heroe" que logra hacerme empatizar con los villanos, porque las hostias que les mete DUELEN. Pero de verdad. Hacen auténtico daño. Son retorcidas y sádicas. Todavía me da escalofríos ese plano dedicado a demostrar, con todo detalle, cómo Seagal le rompe el brazo a uno de los rastafaris. Ay!. ¿Y qué me dicen de la manera en la que despacha al jefe de los malos? Creo que ningún pillastre del cine ha sufrido una muerte más burra, cito (spoilers!): Seagal usa sus pulgares para hundirle los ojos en primerísimo primer plano (agh!), luego lo levanta por el aire y lo lanza contra su rodilla, partiéndole la espina dorsal (uff!). Una vez el pobre individuo se ha convertido en un muñequito inerte, lo lanza por el hueco del ascensor para terminar ensartado en un puntiagudo hierro (toma!). ¿Quién da más?.
El reparto de "Señalado por la muerte" va cargadito de rostros reconocibles, Keith David, Joanna Pacula, la "scream queen" Danielle Harris, Kevin Dunn, Peter Jason, el inevitable Danny Trejo, la actriz porno Teri Weigel (que sale en pelotas, claro. Interpreta a la concubina de un mafioso, exactamente el mismo papel que hizo en "Depredador 2") y el entrañable casi figurante de color Jeffrey Anderson-Gunter. Los guionistas son los mismos de "Poltergeist". El director es un personaje no exento de interés, Dwight H. Little, que comenzó en los ochenta dirigiendo subproductos de acción y aventuras para pasar luego al terror con  "Halloween 4: El regreso de Michael Myers" (donde conoció a Danielle Harris) o el "Fantasma de la ópera" con Robert Englund. Luego de "Señalado por la muerte" dirigió a Brandon Lee en "Rapid Fire". Le siguieron "Liberad a Willy 2" y "Murder at 1600 (Asesinato en la Casa Blanca)", un vehículo de lucimiento para Wesley Snipes que fracasó, lo que acabó condenando a Dwight H. Little a currar en televisión.
"Señalado por la muerte" es de 1990, pero podemos decir que, a su manera, todavía conserva parte del espíritu del buen cine de acción de la década previa, aquel que ya no se hace, lo que contribuye a que, sin ser un peliculón en lo suyo, entretenga un buen rato.

viernes, 13 de septiembre de 2019

TAMAÑO NATURAL

“Tamaño natural” es la película que salvó a Luis García Berlanga del ostracismo tras el descalabro artístico y económico de sus dos anteriores películas, “La Boutique” y “¡Vivan los novios!”. Llevaba cuatro años sin rodar, y se presentó el productor Christian Ferry dándole la oportunidad de hacer una película para explotar en el mercado internacional y, en concreto, en el mercado europeo, por lo que proporcionó a Berlanga, que estaba acostumbrado a trabajar en condiciones más precarias, todo un despliegue de medios para que rodase una película que, en su condición de película francesa,  tuviera la mayor libertad posible. Así, y con la ayuda del imprescindible Rafael Azcona al guion, Berlanga concibe la que por un lado es su película más extraña, fascinante, siniestra e inquietante, y por otro, la menos berlanguiana. Incluso, y quizás solo sea por el europeismo que destila toda ella, diría que parece una película de Marco Ferreri. Digamos que se salta la estructura habitual de planos secuencia y muchos actores en cuadro hablando a la vez hasta la recta final de la película y, paradójicamente, esta funciona a las mil perfecciones como el drama bizarro y loco que es, justo hasta que llegan las pinceladas cómico-esperpénticas a la Berlanga en su último tramo. Vamos que es mejor cuanto menos berlangiana es. Con todo, se trata de una película rara, misteriosa y desperada, que califico como una de las mejores de su filmografía —el propio Berlanga así lo creía también— incluso por encima de alguno de sus clásicos incontestables.
Cuenta la historia de un dentista de destacada posición social que hastiado de una vida sexual junto a su mujer, que incluso le consiente que tenga ciertas aventurillas, se compra una muñeca hinchable. Con el uso de esta y, al comprobar que no habla, no se queja y no molesta, acaba enamorándose de ella. No solo este queda encoñado de la muñecaja, sino que su familia acaba aceptando a la muñeca como a su novia. Pero, a posteriori, del uso, acaba cogiendo manía a esta, lo que acarreará funestas consecuencias para ella.
Rara y surrealista, tiene la capacidad de incomodar al espectador, de producirle desasosiego y al mismo tiempo fascinarle ya que, no solo nunca llegamos a aprobar esa relación, sino que la condenamos y se nos antoja antipática, el dentista nos resulta aún más antipático y casi sentimos lástima de la esposa de este, pero queremos seguir sabiendo que pasa con la muñeca y deseando que continúe la irracionalidad del dentista; se casa con ella, pero al igual que algunas de sus amistades, queremos verles tener hijos, y en última instancia, porque, como el personaje, el espectador también coge manía a la muñeca, queremos que por fin la mate y se deshaga de ella.
En definitiva, una extraña película de lo más interesante.
En el momento de su estreno la película pasó sin pena ni gloria en España, y quizás para estar Franco aún vivo, no se trataba de una película muy oportuna. En Europa si funcionó bien. Aquí, 452.000 espectadores la situaban en la taquilla como una película del montón. Se quejaba Berlanga en sus memorias contadas a Jess Franco, que pudiera ser que la película no funcionara todo lo bien que debía, a nivel crítico,  porque a Luis Buñuel le pareció una porquería. La tachó de pornográfica y, en consecuencia, con la opinión de Buñuel muy presente, los estudiantes de cine y los críticos la hicieron de menos. Berlanga se preguntaba que como podía ser posible que Buñuel viera la película de aquella manera, cuando probablemente era la película más buñuelesca que Berlanga había hecho. Y yo digo que quizás por eso mismo le cogió manía.
Después de “Tamaño Natural”, Berlanga retomaría su estructura habitual en “La Escopeta Nacional”, y la elevaría a otra categoría dejando bien marcado, en lo sucesivo, el estilo Berlanga. Pero para mí, esta “rara avis”, es lo mejor de su estupenda filmografía.
En el reparto, enorme, Michel Piccolí, —quizás sea su presencia la que hace parecer a esta película como si fuera una de Ferreri—, Valentine Tessier, Queta Claver, Manuel Alexandre, Julieta Serrano, Luis Ciges, Amparo Soler Leal (luciendo unas estupendas tetas, quien lo diría, de una mujer de su edad…) Rada Rasimov…

miércoles, 11 de septiembre de 2019

MIS FOTOGRUMOS FAVORITOS 2 - "CREEPSHOW" (o "CREPSHWOW")

Ya saben que amo, adoro y venero a "Creepshow", el clásico de George A. Romero a puntito de renacer de la mano de una nueva serie comandada por Greg Nicotero y que, aunque dudo que esté a la altura, por lo menos parece que le han puesto mucho cariño. Y eso ya es algo.
He hablado de "Creepshow" mil veces, he mostrado mi colección de cosas, los fotocromos... En fin. Todo. Así pues, hoy, en este viaje retro hasta los tiempos en los que "Fotogramas" era una revista que molaba, y cuya cantidad de publicidad estaba dentro de lo razonable (lo mismo que el lameculismo hacia mucho del producto nasioná), recuperamos un pequeño y completito artículo firmado por el ilustrado especialista Javier Coma (incluido error ortográfico en el título del film, que pasa a ser ¡¡¡¡"Crepshwow"!!!!), y un par de anuncios del lanzamiento en vídeo de tan insigne película.
Desconozco si para entonces ya la había visto, o estaba apuntísimo de hacerlo (en esa misma edición de Polygram que aún conservo y que mis amados y generosos padres me regalaron por Navidad), pero no cabe duda de que material como este me hacía vibrar. Aprovecho para reivindicar el poco difundido dibujo que ilustraba las imágenes dos y tres, incluso a pesar de la torpeza con la que se había diseñado el título. Me encantaba de crío y me sigue encantando ahora. De hecho, acabó formando parte de la decoración de mis carpetas escolares.
Disfruten.




lunes, 9 de septiembre de 2019

CRUMB

Ya había visto tiempo atrás este documental que quizás me dejó frío en su momento, pero que llega en plena vorágine crumbiana para mí. Porque a Robert Crumb, cualquiera que  ha leído un tebeo en su vida, le conoce de sobras, sabe que es uno de los padres del cómic underground y, probablemente, el historietista más importante de la historia del tebeo. ¿Pero le había leído? De manera superficial si acaso, por encima, y sin prestarle demasiada atención. Digamos que soy un absoluto neófito en Robert Crumb. Pero estos días en los que, para ir variando, combino mis tiempos de lectura entre libros y tebeos y, al ser testigo de la más absoluta veneración que tienen mis amistades del mundo del cómic hacia el amigo Crumb, decido que es un buen momento para comenzar a leerlo y me empapo (e inicio) con el recientemente editado “Sexo Majara”, algunos tomos de “Mr Natural” y el aclamado “Mis problemas con las mujeres” dentro de esa colección de obras completas que entre los 80 y 90 se editó en España. Y digamos que, a título personal, lo encuentro un autor un tanto irregular. Pero siempre dentro de que está claro que es el mejor de su calaña, no me malinterpreten. A lo que voy es que lo que hace bueno, es una jodida obra maestra (sin ir más lejos, el mentado “Mis problemas con las mujeres” o todas esas historietas en torno al blues y el jazz de los años 30 y 40), pero lo que hace menos bueno, me deja frío (gran parte de los de “Mr Natural”) o incluso muy frío. Pero lo bueno es tan, tan, tan bueno, que hace que lo que no lo es tanto no sean más que minucias. Si hacemos, según mi criterio, una media de lo que he podido leer de Crumb, mi sentencia es que es lo mejor de lo mejor.
Dicho esto también añadiré, que me crispa enormemente que Crumb en sí mismo, es un producto concebido para un tipo de lector concreto, que es el típico hombre tímido y retraído, que no encaja en la sociedad y para el que el sexo es un misterio. Incluso, en el documental del que ahora les hablaré, “Crumb”, el propio Robert cuenta que es consciente del tipo de lectores que tiene; estos de los que les hablo. Y entonces leen a Crumb única y exclusivamente porque se sienten identificados con el autor. Y es que Crumb era eso, un virgen retraído y marginal que sublimaba sus carencias de todo tipo con el cómic… pero su lector, el que se siente identificado con él, no cae en la cuenta de que fue así hasta que se hizo famoso, rompió a follar y nos los contó a través de las viñetas. Entonces cambió todo para él y, por eso, sus lectores retraidos pueden leerle, pero él ya no es como ellos. Si no hubiera espabilado en la era hippie y no se hubiera hecho famoso, probablemente esta gente no tendría un líder espiritual con el que sentirse identificados. Entonces, a Robert Crumb, el follar le genera una creatividad absoluta, versátil, ingeniosa y genuina y, asimismo, es follar lo que le hace desarrollar esa misoginia que tanto les gusta a sus lectores tipo y que a mí, por supuesto, me maravilla. Y es ese cambio de vida  sexual el que convierte a Robert Crumb en la leyenda que es hoy. No quiero decir que lo anterior no fuera bueno, pero es mejor lo que hizo a partir de meter la picha en adobo.
Me crispa también ese otro lector de Crumb, el esnob de turno que lee a Crumb porque es lo que toca, que quizás no le comprende y justifica de alguna manera sus arrebatos misóginos y hasta racistas, cuando en realidad no hay nada que justificar. El propio Robert Crumb en ningún momento ha tratado de justificarse por lo que hace. Entonces, me crispa sobre manera ese tipo de lector que visita las galerías de arte y cuando hay que leer algún cómic lee a Crumb porque es lo artística y socialmente —en sus círculos— aceptable.
En definitiva, me crispan los lectores medios de Robert Crumb, a los que seguramente les crisparé yo, que le he descubierto, como quién dice, en pleno 2019.
Y metido de lleno en sus lecturas, fascinado y entusiasmado con este descubrimiento, decido revisar el documental “Crumb” de otro viejo conocido del underground  como  es Terry Zwigoff, amigo personal de Robert Crumb y del que, dicen, que consiguió que este aceptara hacer esta película porque estuvo amenazándole constantemente con volarse la tapa de los sesos en su presencia si no aceptaba ser filmado.
“Crumb” es, asimismo, más que un documental, una película fascinante que para ser disfrutada en su esplendor, es necesario conocer un poco el trabajo del personaje al cual retrata. Cuando la vi por primera vez años atrás, quizás su sordidez me llamaba la atención, pero no era consciente de lo que Zwigoff nos estaba ofreciendo. “Crumb” es un retrato absolutamente desgarrador sobre una familia disfuncional cuyas consecuencias no son otras que las enfermedades mentales. Y como tal, nos muestra también parte del trabajo y trayectoria del miembro de esa familia menos enfermo —es decir, Robert Crumb— al que salvó del ostracismo social su talento y la fama. Entonces los que esperaran un documental al uso, lo llevan claro.
Así, un equipo de filmación capitaneado por Zwigoff sigue a nuestro protagonista entre viñetas, explicaciones de historietas controvertidas, la asistencia de Robert Crumb a sesiones de fotos o exposiciones de su obra, se explica su relación con la también historietista Aline Kominsky, pero lo que en realidad se nos cuenta es la historia de un padre de familia totalitarista y maltratador, cuyos abusos propiciaron que sus tres talentosos hijos (las dos hermanas de Crumb no quisieron aparecer en la película) acabaran, literalmente, chalados. Ver sudando como un pollo a Charles, el hermano mayor de Robert, viviendo en casa con su madre entre libros antiguos que relee compulsivamente  y luchando contra sus tendencias suicidas a base de medicación, es acongojante. También lo es ver el estado en el que se encuentra el hermano menor, Maxon, que se dedica a molestar a las mujeres en la vía pública y  sentarse en una cama de pinchos a cambio de limosna. Y le echan los dos un sentido del humor a tan deplorable estado de salud que deja al espectador anonadado. Perplejos nos quedamos, también, al ver algunas de las obras de estos dos señores, y comprobamos que de casta le viene al galgo y le da a uno por pensar que hubiera sido  de estos señores de no haber sido alcanzados por la enfermedad. Como fuere, ya sean las pinturas de Maxon o esos cómics que hacía Charles Crumb, cuya enfermedad los fue tornando a una cosa extrañísima llena de rayas  (tebeos estos que al final derivarían al exceso de texto y de ahí, a la hipergrafía), son obras estupendas y llenas de talento. Por supuesto, Charles se suicidó a poco de rodar sus escenas, en 1992, y Maxon, sigue estando como unas maracas.
Por otro lado, Zwigoff nos ofrece una forma de filmar cruda y feista con la que se limita a seguir por aquí y por allá a nuestro amigo Crumb, sin florituras y con la garantía que ofrece el ser un amigo íntimo quién realiza este retrato, y ante un par de declaraciones de los críticos de turno, las feministas de rigor y un par de formalismos mínimos y acertados que inserta en el metraje, el mérito de la cinta consiste en una buena manipulación del material filmado y  una buena selección de lo que se incluye en el corte final. Así, este trabajo magistral, le valió a Zwigoff todo tipo de reconocimientos —son varios los críticos que citan “Crumb” como una de las mejores películas de la historia—, premios, proyecciones… aunque por motivos que a todo el mundo se le escapan, no consiguió tan siquiera ser seleccionada en los Oscars de Hollywood en la categoría documental. Y es que ni le hace falta, ni deja de ser un producto marginal que no entra dentro de los parámetros de lo que Hollywood quiere (de hecho, los académicos que la visionaron dejaron de ver la cinta a los 20 minutos del inicio).
Y yo quiero darle un especial valor a esta película porque creo que con un personaje interesante al que filmar, las cosas salen solas y, Robert Crumb, es una perita en dulce; Sin embargo, por un lado creo que Crumb no es precisamente fácil y, por otro, considero que Crumb es un artista único e irrepetible, lleno de manías, neuras y toda clase de delirios provenientes del ego propio, pero aquí, lo que verdaderamente pasa, es que Robert Crumb es lo de menos; lo verdaderamente genial es la película de Terry Zwigoff. Crumb solamente facilita la labor a un cineasta tan genial como distinto, no es más que un vehículo.
Por supuesto, la carrera posterior de Zwigoff, fue para abajo y tras un par de adaptaciones de cómics como “Ghost World” o “El arte de estrangular” o esa gran comedia que era “Bad Santa”, la verdad es que no ha hecho nada más después. Por lo que fue un aspirante a director interesante cuya carrera fue efímera. Pero solo por poder ver “Crumb”, ya merece la pena que este hombre se metiera a cineasta. Incluso ha propiciado que quiera seguir leyendo a Crumb. Y eso que el retrato que presenta, no es el de una persona que caiga especialmente bien. Es más, yo le daría dos hostias.

sábado, 7 de septiembre de 2019

UNITED TRASH

Nada dura eternamente. Llevaba vistas ya cuatro películas del demencial -pero respetado intelectualmente- germano Christoph Schlingensief y todas me habían gustado, dato este especialmente inusual si consideramos la naturaleza + o - "arty" de dichas obras. ¿Sería el creador perfecto?. Pues no, ahora ya puedo confirmar que no. Entusiasmado, me senté a ver una de sus primeras películas, "Menu Total", y lo que encontré fue... ¿cómo decirlo?... ¡¡un rollo!!. Y no es que estuviese huérfano de las señas de identidad habituales y que molan de Schlingensief, es decir: el humor cafre, el surrealismo, el mal gusto, la escatología, los excesos, etc. Todo eso lo tenemos. Y la locura, y las estridencias y los berridos. Entonces ¿qué falla? Pues seguramente que "Menu Total" es una peli radicalmente anarrativa. Sin el más mínimo sentido, ni la más mínima lógica. Y uno piensa que eso no tiene por qué traducirse en una mala peli. Ya me va un poco de locura y sin sentido... pero TANTO, igual no. Tal vez por eso no me gustó nada de nada. Y eché de menos un elemento habitual en el cine de Schlingensief. Uno humano: Udo Kier y sus desmadres interpretativos. Justamente, cuenta la leyenda que Kier se lo pasó tan bien viendo "Menu Total" que se ofreció al director para que contara con él, formando en ese momento una unión inseparable que daría varios frutos. Desafortunadamente, y por mucho que admiro a Udo Kier, es evidente que no compartimos gustos.
Quería quitarme el mal sabor, tocaba ir a por algo seguro: Una de las pelis más "recientes" en el tiempo (1996) de Christoph Schlingensief, aquellas situadas en la etapa que practicaba unas formas un pelín más narrativas y cómicas. Además, con protagonismo de Udo Kier. A priori "United Trash" era perfecta, porque está considerada su obra más cerda, burra y más, eso, trash. De hecho, en la época muchos de sus fieles no quedaron nada contentos con ella, dolidos porque el germano había hecho una cosa más abiertamente humorística y, sobre todo, entretenida. ¿Recuperaría mi fe en él o seguiría la mala racha?.
Visionar "United Trash" es como recibir un puñetazo en todo el jeto. O un escupitajo. A ver si consigo explicar de qué va: Un enviado de las Naciones Unidas a África ve como su mujer da a luz a un niño. Desde luego es algo muy raro, porque él nunca la ha penetrado, entre otras cosas por su condición gay y que se acuesta con un tipo de aspecto muy desagradable al que le gusta untarse de caca. El caso es que el niño rápidamente es coronado como el nuevo mesías por una especie de secta religiosa que controla un babeante individuo sin dientes. Todo sería idílico si no fuese porque la madre está en constante pelea con su marido y el amante quien, para mayor escarnio, abusa del niño bañándolo en mierda. En un momento dado el chaval se mete una canica por la nariz y queda atascada. A la madre no se le ocurre otra cosa que intentar quitársela usando una enorme aguja. Accidentalmente se la clava, atravesándole la cabeza, y es llevado a urgencias, donde un médico con el aspecto de Hitler le salva. Pero el crío queda gravemente afectado y se convierte en un enano cuya amplia frente viene adornada por una especie de vagina abierta que supura semen. ¿O es pus?. Y no solo eso, encima ha adquirido poderes, por lo que un dictador africano quiere meterlo dentro de un misil y lanzarlo contra la Casa Blanca. Cosa que hará.
¿Cómo se os ha quedado el cuerpo? Pues esto es una película de verdad y no solo narra una historia tan demencial y salvaje, es que encima está contada a la manera de Christoph Schlingensief: ritmo endiablado, gritos y más gritos, caras desencajadas, muecas grotescas... puro caos desenfrenado, rebañado en el humor más demente que un ser humano pueda concebir. Sin olvidar la innumerable ristra de cerdadas, líquidos insalubres, sudores y todo aquello que se os ocurra. 
Udo Kier está inmenso, cómo no. Al parecer el hombre daba por olvidada la película y se sorprendió el día que un fan le habló de ella. Ningún distribuidor la quería (aunque se dice que Roger Corman la vio y se interesó por ella, sin llegar a ningún acuerdo con sus responsables) y por poco no pone fin a la carrera de todos los implicados. En esta ocasión el actor viene perfectamente acompañado de Kitten Natividad, la ex-musa de Russ Meyer, gorda como una foca, con sus dos inmensas tetorras en continuo trote, pero que se mete mucho y muy bien en su rol y acaba brillando con luz propia (por lo visto el papel fue ofrecido por Kier a Barbara Steele, pero lo rechazó tajantemente tras leer el guion).
A modo anecdótico, merece la pena comentar que durante el rodaje el equipo fue arrestado por la policía cuando una guionista local, molesta porque había sido despedida, les acusó de estar rodando una peli pornográfica y racista. Cuando se estrenó, los críticos corrieron a buscar comparaciones con Monty Python y el inevitable, vendido y ladrón de John Waters. Sin embargo, Christoph Schlingensief citó otras tan curiosas como Herschell Gordon Lewis, el underground Jack Smith y... ¡"Agárralo como puedas"!. De hecho, explicaba en una entrevista que en ese momento se encontraba intentando levantar un proyecto literalmente adscrito de un modo mucho más puro a la etiqueta de "spoof movie". Por desgracia, no se llegó a materializar.
Además de todo lo expuesto, hay cosillas de esas muy de su director que adoro. Por ejemplo, eventualmente en lugar de un rótulo en la pantalla para indicarnos que han pasado días u horas, aparecen un par de extras regionales sujetando un tosco cartel escrito a mano. Cuando quieren situarnos en la Casa Blanca, Schlingensief convierte un edificio más o menos elegante situado en Zimbabwe, uno de los lugares donde se rodó la peli, le mete una bandera yanqui, viste a un tipo con gabardina para que tenga pinta de guardaespaldas y, hale!, ya tenemos Casa Blanca. Lo mismo se aplica en el caso de una supuesta Venecia, con un gondolero africano subido a una barca situada en medio de un prado desértico. Me flipa.
El propio Christoph Schlingensief se marca un cameo durante los créditos del inicio. Encuadra a un grupo de autóctonos pasando hambre justo al lado de una mesa repleta de blancos devorando manjares variados, deja la cámara sola -ya que es él quien la maneja- y corre a sentarse en la mesa, sin parar de sonreír y mirando al objetivo. Brillante.
¿El resultado? Inclasificable. Y tómense la palabra de manera tajante. Es la comedia más comedia que le he visto a su director y es entretenida, ni que sea por el continuo bombardeo de ideas descabelladas, berridos desalmados y giros inesperados. Pero todavía ahora me cuesta mucho sacar una conclusión. Trato de entender qué demonios es lo que vi. Y no todas las películas consiguen algo así.

viernes, 6 de septiembre de 2019

LA CHICA DEL TATUAJE ENCIMA DEL CULO

Amy Schumer me gusta. Me gusta mucho. Tanto físicamente como artísticamente. Se trata de una comediante graciosa, una metralleta de chistes de coños y de pollas que entran en estos coños, chistes de gordas y a costa de las inseguridades propias. Sus shows en directo son un aval que garantizará las risas, puede que incluso las erecciones —dependiendo de lo salido que ande el espectador— y dejará con un buen sabor de boca. Sus películas, concebidas para su  exclusivo lucimiento, puede que sean comedias mas o menos mediocres, pero la Schumer tiene un muchísimo carisma, casi tanto como Kristen Wiig. Son las únicas actrices que consiguen llevarme al cine solo porque ellas están en una película. Así que, sí, se podía decir que yo soy un buen fan de Amy Schumer. Entonces, el paso natural tras saber que se había editado en España su libro “La chica con del tatuaje encima del culo”, era comprarlo y consumirlo.
Como buena Reina Midas de la comedia que es, Amy Schumer ha vendido en los Estados Unidos una cantidad enorme de ejemplares y, en consecuencia,  llega la traducción al castellano a cualquier librería de nuestro país, independientemente del tirón más bien escaso que tiene en España —para el gran público— esta actriz cómica.
Se trata de una recopilación en tono humorístico de experiencias vividas por nuestra protagonista, al que ha añadido entradas de sus diarios adolescentes a los que adereza con comentarios actuales en los que se da o se quita la razón a sí misma, o nos cuenta los polvos que ha echado, o como consiguió ascender en el mundo del stand up, etcétera, etcétera. Dice ella, nada más empezar este libro, que no se trata de una biografía  y que esa ya la escribirá cuando sea vieja… Pues que quieren que les diga, si esto no es una biografía, no se lo que es.
El libro se lee tranquilamente porque hay muchos pasajes sexuales y eso entra livianamente, pero en realidad, no me ha gustado mucho. Más bien, no me ha gustado nada. Amy Schumer escribe como una niña pequeña y hace cosas tan infantiloides como elaborar listados de cosas que le gustan en un chico o cosas que le ponen enferma. Todo ello con un aire juvenil y desenfadado que recuerda al Nuevo Vale o a la Súper Pop, y no a un libro escrito por una de las cómicas más importantes del planeta.  Es como un mal libro de Youtubers. Por otro lado y en constante contradicción en el prólogo, también anuncia que no será uno de esos libros de autoayuda escrito por famosos, pero hay exactamente un par de capítulos y uno o dos pasajes que son precisamente eso.
Por otro lado y, a su favor, decir que de vez en cuando está acertada con un par de chistes y con algunos capítulos contados con especial gracia y dinamismo, pero a rasgos generales, es un libro muy malo. Y es una pena.
Con todo, en un par de tardes te lo lees, lo guardas en tu estantería y a otra cosa, mariposa. Tampoco se convierte en un libro que uno pueda odiar.
Edita en España Editorial Contra.

miércoles, 4 de septiembre de 2019

LOS FOTOCROMOS DE "MATAD AL BUITRE"
















lunes, 2 de septiembre de 2019

UNA PELÍCULA DE GENTE QUE MIRA PELÍCULAS

Curioso experimento por parte de los directores argentinos Fernando Arditi y Javier Pistani, a los que se les ocurre hacer una película a partir de las opiniones de los socios de un videoclub sito en algún lugar de Buenos Aires. Es gente común y corriente de la calle y cada uno de ellos va contando a cámara sus preferencias personales. Así tenemos desde el típico esnob que dice que ve cine para  sacar algún mensaje positivo, hasta el fanático del cine de Bergman, pasando por un fan de Stallone que incluso lo cataloga de actorazo.
En ocasiones combinan a estos individuos conversando entre sí y discutiendo (el tipo que quiere que el cine remueva conciencias y el fan de Stallone, por ejemplo) y otras veces recrean una escena de sus películas favoritas interpretadas por estos mismos personajes. Finalmente, los directores reúnen a los protagonistas de esta aventura en un improvisado cine de verano y les proyectan el material filmado con el fin de filmar sus reacciones e incluirlas en el documental definitivo.
Un documental pequeñito, con pretensiones claramente artísticas, pero no por ello tan pedante como podía llegar a ser —y más teniendo en cuenta su proveniencia argenta— en el que su mayor handicap es que, la gente común y corriente a la que filman, gente que está en ese videoclub pero que podía estar en cualquier parte de nuestro día a día, delante de una cámara, casi se comportan como enfermos escapados de un psiquiátrico (incluso, diría que alguno de ellos puede que sea deficiente mental diagnosticado) en cuanto a sus opiniones, comportamientos o poses. Porque son gente normal… y ojito con la gente normal. Lo mismo te cuentan lo cansados que están de que las películas mainstream (O Popcorn como las llaman ellos) sean clichés que siempre acaban bien, que te cuentan que su película favorita es “El Muro” de Alan Parker, película esta con la que, apuntan, nunca se han podido hacer una paja. Verídico como la vida misma.
Por supuesto, en poco más de hora y cinco, difícilmente se aburre uno y lo cierto es que estamos ante una película distinta, curiosa, barata e ingeniosa, amén de ser una buena forma de rodar un documental cuando no tienes mucho dinero ni más material que documentar que lo que pasa en tu barrio. Está simpática.
En consecuencia, se tiró dos o tres años ganando premios en todos los festivales de cine a los que se presentaba. Y es que, en cierto modo, también es una película concebida para eso mismo.