viernes, 29 de diciembre de 2017

KING KUNG FU

“King Kung Fu” es una chorrada mayúscula sobre un gorila que hace Kung Fu, que con una producción casi amateur en la que fueron invertidos 300.000 dólares, fueron necesarios casi 12 años para completarla. Su rodaje se inició en 1974, pero esta película no vio la luz hasta 1987. Una serie Z genuina, con unos artífices que creían estar haciendo una comedia absolutamente comercial que les abriría un camino hacia Hollywood.
En China, un maestro de kung fu tiene un mono amaestrado que habla y practica las artes marciales, además de ser un fanático de los sombreros. Como señal de respeto y buenas intenciones para con los USA, este, decide enviar de regalo al mono. Cuando este llega a los USA, sus receptores, con el fin de darse publicidad, dejaran al mono suelto habiéndolo bautizado previamente con el sobrenombre de King Kung Fu. Con él suelto, la policía, capitaneada por un doble de John Wayne intentará capturarle, mientras que un grupo de señoras mayores se manifiesta en la ciudad reivindicando que los animales deberían ir vestidos.
Un Slapstick sin demasiada gracia más allá de que el gorila protagonista es un señor disfrazado. Un par de escenas de lucha con el mono a cámara lenta, o cuando este se ríe de sus adversarios a mandíbula batiente, serían los momentos más graciosos de un film, que de puro bochornoso, no llegaría a entrar ni tan siquiera en la categoría de “mala pero buena”.
No obstante, y no sin razón, “King Kung Fu” sería considerada por muchos aficionados la peor película de la historia. Esto sería una etiqueta más que le cuelgan a tantas  y tantas películas de serie Z a la que  no hay que darle mayor importancia, salvo por un pequeño detalle, que es el que me ha llevado a localizar, y posteriormente, visionar tan magna obra del despropósito: el productor de la misma, Bob Walterscheid, productor que jamás volvió a producir nada más, se cogía unas rabietas de aúpa cuando escuchaba decir que su película era la peor de la historia. Llegó incluso a agredir a un periodista que lo sugirió.
Lance D. Hayes, director y actor de la película, tampoco volvió a dirigir nunca más tras “King Kung Fu”, por lo que las carreras de todos los artífices del film, se quedaron en meras anécdotas.
Obviamente, y como pasa con cualquier película rara, “King Kung Fu” tiene un fandom específico que le rinde culto, si bien, este destaca también por ser francamente minoritario, cosa que tampoco es de extrañar, a juzgar por la sosedad de la película. Tiene tan poca cosa, que es normal que sean solo cuatro (literalmente) los que le rinden pleitesía.
Al final, lo mejor de la película es que es una absoluta rareza con tan poca vida, tan prescindible, que hay que ser muy cinéfilo y escarbar en los confines de la morralla fílmica para dar con ella. El saber que existe, es suficiente premio. El saber sus circunstancias, lo mejor de todo; porque el ponerse a verla no es más que un suplicio que cualquier persona cabal, debería ahorrarse. Es como mirar la carta de ajuste.
En cuanto a su carrera comercial y aunque hace relativamente que salió en DVD, ni las ventas de este han sido muy boyantes, ni genera a día de hoy mucho interés, porque lo cierto es que Walterscheid, 40 años después de su producción, no ha recuperado el dinero invertido en ella y mantiene la teoría, de que “King Kung Fu” podría haber sido un éxito si tan solo hubiera tenido a una estrella en el reparto. Yo creo que ni por esas.

miércoles, 27 de diciembre de 2017

LOS FOTOCROMOS DE "EDTV"

A finales de los años 90, pegó el pepinazo el estreno de Jim Carrey como actor cómico en "El show de Truman". Y en consecuencia de ese éxito, al año siguiente apareció un explotation que contaba prácticamente lo mismo. De una época en la que los exploits venían, asimismo, de la majors, no de exóticos países europeos o asiaticos.
La película era un rato mala, "EdTV".  He aquí sus fotocromos













lunes, 25 de diciembre de 2017

RED CHRISTMAS

Slasher” autraliano de corte navideño que tiene un ojo puesto en “Noche de paz, Noche de muerte”, si bien el director de la cinta, Craig Anderson, afirma sin ningún tipo de rubor que en realidad “Red Christmas” es una secuela no oficial del “Navidades negras” de Bob Clark, al tiempo que reconoce que esa película es una inspiración absoluta, además de ser su película navideña favorita.
Por otro lado es una película pro-abortista que se sirve de su propio descaro, al reconocerse como tal, para hacer un alegato. En el film, los pro-vida son poco más que fanáticos crueles capaces de hacerle la vida a una mujer que decide abortar.
Y a la vez, la película tiene la valentía de introducir en la trama a gente con síndrome de down; el chico bueno de la película lo tiene, pero el malvado asesino que destroza a sus víctimas a golpe de hacha —o de lo que se tercie— también lo tiene.
Cuenta la historia de una mujer que reúne a toda su familia en navidad. De pronto, irrumpe en su hogar un ser lleno de vendas, de habla atropellada, y vestido con capa y capucha. Creyendo que es un vagabundo lo deja pasar  a casa para darle algo de comer, y este le pide a la señora permiso para leer una carta. En ella acusa a esta mujer de haber tenido un aborto espontáneo hace 20 años. Resulta que, tuvo un primer hijo con síndrome de down. El segundo también lo tuvo, sin embargo esta aborta antes de que el niño nazca pues con un síndrome de down en la familia ya tiene bastante. La cosa está en que el feto logra sobrevivir convirtiéndose en una cosa viva sin piel y con síndrome de down, que va a aquella casa con el fin de reclamar el cariño de su famila. Como no lo recibe, y si en cambio hostilidad, los masacrará uno por uno.
La principal virtud de este “Slasher” a parte del rollo pro-abortista (que así es aunque en un principio pueda parecer que nos ofrece un mensaje contrario al aborto) radica en que, sin salirse ni un ápice del cliché, nos ofrece unos arquetipos muy diferentes a los que podamos ver en un “Slasher” estándar. El asesino se carga a su propia familia porque le abortaron por tener síndrome de down. A mí esto me parece una idea brutal. Por otro lado, y siendo muy deudora del cine de los años 70 sin caer en ningún momento en el irritante postmodernismo inherente a este tipo de películas, “Red Christmas” nos ofrece una gama de colores y luz de los más agradable, ocurriendo alguno de los asesinatos más brutales a plena luz del día, lo que le da un toquecito diferente al asunto.
Por otro lado, adolece de todo lo que suelen adolecer los “Slasher”; ritmo lento, rutina y exceso de diálogos para rellenar. Para acabar de joderlo, aunque los asesinatos son mas brutos que un arado, tan solo lo intuimos, ya que el director se cuida, no obstante, de ser lo menos gráfico posible a ese respecto.
Por otro lado, decir que es un producto para el total lucimiento de su protagonista (y participante en la producción) Dee Wallace, cuya presencia se antoja del todo entrañable. Interpreta, como no puede ser de otra manera, a la abnegada madre de familia que ha interpretado sierre, solo que esta vez  ha de lidiar con un asesino subnormal que, para más inri, es un cacho de carne que abortó 20 años atrás.
Simpática resulta su presencia en todo momento, además de resultar su papel de lo más sugestivo; una final girl de casi setenta años no se ve todos los días.
Si aguantamos un poco las partes aburridas de la cinta, que son unas cuantas, y apreciamos todo el colorido y la alegría que, paradójicamente, desprende en todo momento la película, la verdad es que podemos pasar un buen rato. Posee los suficientes elementos positivos como para que se justifique la hora y cuarto que pasaremos sentados ante el televisor. 
Se puede ver.
El director Craig Anderson, director y actor de comedia ganador de varios Emmy de la televisión australiana, debuta en el mundo del largo con esta película que, por otro lado, se ha llevado polémica y malas críticas a partes iguales.

lunes, 18 de diciembre de 2017

INTERIOR. LEATHER BAR.

Me hace gracia la carrera que lleva James Franco, primera estrella Hollywoodiense, que no hace ascos a un drama desgarrador, como tampoco a protagonizar —y guionizar— la comedia más gamberra que se le ponga a tiro, siendo incluso nominado al Oscar por papeles como el que interpretó en “127 horas”.
Todo esto no es óbice para que en su tiempo libre, dirija películas que van desde el cine casero más extraño, al arte y ensayo más pedante, pasando por la vanguardia más feroz, en films que muchas veces solo se estrenan en festivales, si es que llegan a hacerlo. De esta vertiente en Internet ya se habla de que una de sus últimas películas “The Disaster Artist”, inspirada en el libro del mismo título de Greg Sestero del mismo nombre, que narra los avatares del rodaje de “The Room”, y que muchos dicen que es cercana a la obra maestra. Habrá que verlo eso.
El caso es que James Franco es un hombre de cine (de TODO el cine) y solo por eso me cae bien, y siempre que puedo, o me entero de su existencia, suelo ver las películas de corte independiente que suele realizar, aunque a sabiendas de que la mayoría de las veces me voy a encontrar con un mojón encorsetado. No es el caso de “Interior. Leather Bar”.
Esta pieza absolutamente vanguardista que deambula entre el documental y el vídeo diario, sin llegar a ser una cosa del otro mundo, si que resulta de lo más interesante.
El planteamiento es el siguiente: Como a la película “A La Caza”, se le cercenaron 40 minutos de metraje para que pasara censura —metraje este que se perdió después— y no le encalomaran una X, Franco y el co-director Travis Mathews, deciden recrear (imaginar más bien) esos 40 minutos que faltan a la película teniendo en cuenta que en ellos solo había escenas de sexo explícito homosexual en los que se sugería que el personaje de Al Pacino, participaba en esas prácticas sexuales. Bien, pues “Interior. Leather Bar”, no es el resultado de esa recreación, si no una película que nos muestra el proceso de creación de esa recreación (¿me entienden?), sin duda mucho más interesante.
En él, vemos como Franco y Mathews planean el film, y sobretodo, vemos cómo un amigo actor de Franco, el contratado para hacer el rol de Al Pacino, se plantea si seguir adelante con aquello cuando ve que donde tiene que participar es un festival explícito de pornografía gay, que es en lo que se convierte el set de este experimento, al dejarse llevar los actores con el tema sexual como les indica Franco. Ante esos maricas chupandose las pollas, tragando semen y acariciándose los huevos, el actor no se siente cómodo y se cuestiona si su aparición en este film no truncará su carrera,  por lo que comienza el conflicto ante un James Franco sin miedo a las represalias con tal de llevar a cabo su discurso. “Por el amor de Dios, que vas a rodar una película para Disney”,  le dice el actor a James Franco en un momento de la cinta, para advertirle de que se le está pirando la pinza y que eso puede repercutir en su estatus de estrella mainstream.
Como solo dura una hora, y el tema —y sobretodo, el resultado del corte final, casi un making off— la película se deja ver estupendamente, a pesar de las muchas mamadas masculinas que en ella se suceden, con el reparo que nos da eso a los heterosexuales reprimidos.
No es más que un caprichito de millonario excéntrico que es lo que es James Franco, pero está muy bien que sus caprichos sean de corte creativo, y, por supuesto, sensacionalistas.

viernes, 15 de diciembre de 2017

THE TOYMAKER

Hace ya un par de años que les hablé de “Robert the doll”, una serie B británica que explotaba el concepto de muñeco malvado que nos ofrecía en aquellos momentos la formula mainstream de “Anabelle”.
Al año siguiente, y aprovechando el tironcillo tan cacareado entre el fandom especializado del lanzamiento de la séptima película de Chucky con “The curse of Chucky”, los responsables del engendro se adelantan en el tiempo y lanzan la secuela de “Robert the Doll”, “The curse of Chucky”, que todavía no he tenido la desgracia de ver.
Y en este 2017, se lanza una nueva secuela de las andanzas del muñeco Robert titulada originariamente “The Toymaker”, más conocida en los USA con el título de “Robert and The Toymaker”.
“The Toymaker” es una película que se ha ganado mis simpatías por lo loco de su propuesta —aunque luego el resultado de esta no funcione al 100%— y es que plagia y combina, sin ningún tipo de vergüenza, elementos de películas tan dispares que uno se pregunta si de verdad estos tipos son estúpidos, o si se creen que el espectador es subnormal profundo.
Y es que ¿Se acuerdan ustedes de los 15 minutos iniciales de “Malditos Bastardos” de  Tarantino en los que unos granjeros esconden a un fugitivo del régimen nazi, y estos son interrogados por un oficial que acaba descubriéndolos y matándolos, a la vez que la hija de estos logra huir campo a través? Pues esa escena, tal cual, está rehecha en este “The Toy Maker”. Cambian algunos diálogos, la ambientación está resuelta como el culo, pero es la misma escena se mire por dónde se mire. Así arranca la película, como “Malditos Bastardos”. Por otro lado, la chica huye, pero le alcanza una bala, por lo que con mucha dificultad llega hasta el hogar de un fabricante de juguetes, y  le da al anciano un libro que andan buscando los nazis. El contenido de este libro sirve para que este juguetero pueda dar vida a sus muñecos, por lo que da la vida al mentado Robert. Como en “Puppet Master”. Que curioso. Resulta que a la vez se ha lanzado la última película de la Full Moon, nada menos que “Puppet Master XI: Axis Termination”, la tercera entrega de la “Axi’s Trilogy”, la trilogía ambientada en la alemania nazi con las marionetitas siendo las heroínas de la función. Qué casualidad. Para más inri la frase promocional de “The Toymaker” reza “Theres a new Puppet Master in town” (Hay un nuevo Puppet Master en la ciudad), por lo que no esconden en ningún momento sus referencias.
Y para que no nos olvidemos del origen de esta franquicia exploit, este juguetero también da vida a un muñequito con forma de payaso (que los payasos están de moda tras la nueva adaptación de “It”), y a una muñeca pepona que se llama… ¡Isabelle! Con lo cual tenemos una película que explota intencionadamente películas como “Anabelle”. “Pupper Master”, “It” y “Malditos Bastardos”. Y la película es consciente de que lo bueno que tiene es ser precisamente esa amalgama estúpida de referencias plagiadas; ser una “Asylada” para un público tonto que disfruta de estas imposibles mezclas.
Por otro lado sabe que su condición de serie B es lo que le va a hacer vender DVDs, por eso, el personaje del juguetero, es un anciano interpretado por un actor joven. Quizás con miras a hacer precuelas en las que este personaje aparezca de joven (¡como André Toulong en Puppet Master!) se usa un máquillaje y unas prótesis dignas de una peli amateur, solucionados a base de una calva de mierda y algodón para hacer el pelo blanco del anciano. Un cantazo. Pero la peli es de serie B, y con la nueva tecnología a disposición de cualquiera hoy en día, resulta que esta tiene una fotografía excelente y digna de una producción mainstream. Quizás la única forma de hacerla parecer de serie B es forzando el maquillaje para que este parezca más cutre de lo podría llegar a ser. Porque tengan en cuenta que es una peli muy, muy barata en la que, prácticamente, los protagonistas de dedican a hablar todo el tiempo. Corre el riesgo de parecer una película indie al uso. ¿Cómo lo solucionamos? Con un maquillaje de mierda. Asi no cabe duda.
Y aunque al final es aburrida, me resulta curiosa, simpática, y he de reconocer que los momentos que mejor funcionan son lo que se está copiando de Tarantino. Mucho mejor que “Robert the Doll”.
Los responsables de esta cinta y de otras de similar índole como “Kill Kane” (Plagio de “Kill Bill” ) “The Amityville Asylum” o  “Poltegeist Activity” —manda cojones— son la gente de North Bank Entertainment, productora capitaneada por el director Andrew Jones, director al que le ha ido muy bien en el mercado del vídeo produciendo y realizando este tipo de películas y al que ya muchos señalan como el sucesor de Charles Band.
Jones, es un tipo vivaracho, fan de la Full Moon que no duda en reconocer una obsesión enfermiza por la saga “Puppet Master” con la que se ha criado. Quiso con esta tercera película del muñeco Robert, hacer su propia “Venganza de los muñecos”. ¿No les resulta entrañable? A mí si. Y esas declaraciones son los que me hacen contradecirme un poco con lo dicho al respecto más arriba sobre la autoconsciencia de esta película. Un tipo que se declara fan de “Puppet Master” y de Charles Band, no deja de ser un ingenuo. ¿O tal vez un oportunista? Ya veremos.

miércoles, 13 de diciembre de 2017

LOS FOTOCROMOS DE "AL FILO DE LA MEDIANOCHE"

Aquí les dejo con los fotocromos pertenecientes a una de las mejores pelis que Charles Bronson hizo para la Cannon. Un remedo de "A la caza" en la que Golan, Blobus y J. Lee Thompson tuvieron muy presente el impacto visual del "Slasher" que triunfaba aquellos años, en una formula que se repetiría con Chuck Norris y "El héroe y el terror". Disfruten de las imágenes y de la reseña que en su día dedicó Naxo a la película. Para ello, pinchen aquí.













lunes, 11 de diciembre de 2017

CASA DE CITAS (CARA AL SOL QUE MÁS CALIENTA)

Con esta película Jesús Yagüe casi tiene problemas con el título; en un principio se iba a titular “Cara al sol que más calienta” en referencia a los tejemanejes que se traen consigo los más poderosos y los empresarios. Pero dado el año en que se filmó la película 1978, con la muerte de Franco aún fresca, la película pasó a titularse “Casa de citas” en referencia que la película, lo que venía a decir es que España es una casa de putas. Al final, con todas las burocracias y tocadas de cojones resultas, la película se estrenó con la conjunción de ambos títulos por lo que se quedó como “Cara al sol que más calienta (casa de citas)". Una co-producción Hispano-Mexicana, en la que Yagüe pudo meter mano al guion.
Sin embargo, y aunque la comedia de Jesús Yagüe siempre ha sido austera, en este film, salvo gags muy remarcados para lucimiento de un correcto José Luis López Vázquez, se prodiga como el menos divertido de cuantos hizo, si bien, técnicamente puede superar al otros que realizó de calado más popular. Como fuere, a rasgos generales, siempre sería una película que se deja ver.
Un individuo que lleva 15 años en su empresa, de repente, llama la atención  de sus jefes por el motivo se que durante todo ese tiempo este individuo ni se ha quejado, ni ha recurrido a los sindicatos. Solamente se ha dedicado a trabajar en silencio y en total sumisión. Por lo que, muy a su pesar, es utilizado por sus jefes como comprador que usurpe la identidad de sus testaferros, así como para que firme los contratos de negocios muy turbios que se traen consigo los empresarios. Las consecuencias de todo esto serán funestas.
Con las miras más puestas en la denuncia que en hacer reír, la película es pura declaración de intenciones por lo que tras su estreno, con cierto éxito congregando a casi 800.000 espectadores, apenas trascendió en su posterior comercialización  en formato domestico.
En el reparto, José Luis López Vázquez, José Lifante, Eva León, junto la aportación Mexicana de la producción con los actores Mauricio Gardés , popular galán cómico Mexicano, e Isela Vegas, actriz internacional vista en “Quiero la cabeza de Alfredo García” y a la que posteriormente dirigiría Eloy de la Iglesia dándose el filete con Manzano en “Navajeros”.

viernes, 8 de diciembre de 2017

SCUMBAG HUSTLER

Uno de los personajes más interesantes del underground americano contemporáneo —más interesante como concepto que como artista, como debe ser— tiene un carácter “Exploit”, tiene su residencia sita en Brooklyn, New York y factura películas eminentemente amateur que luego un sello especializado en este tipo de productos lanza a la venta en DVD. Y tiene su público. Su nombre es Sean Weathers.
Su forma de grabar es sencilla: da al rec de su videocámara —que suele usar, muchas veces, alguna que otorga a sus películas una calidad de imagen de lo más ponzoñosa— y graba y graba, dejando que la película vaya saliendo prácticamente sola. Como la mayoría de sus películas las protagoniza él mismo, desde que empezó a grabar en los 90 se hace acompañar de un tal Aswad Issa que es quién lleva la cámara en sus producciones, mientras este da rienda suelta a sus locuras. A veces, este Issa, también co-dirige.
Cultiva el “cine de guerrilla” en todo su esplendor, puesto que tiene el morro suficiente como para meterse junto a Issa en un centro comercial e improvisar allí mismo, delante de la gente, una escena en la que se inyecta heroína, para después salir de allí como si tal cosa con una escena completa. Luego lo monta todo de una manera bastante torpe en el ordenador de su casa, y a veces compone la música que servirá de banda sonora en un sintetizador, a veces la roba, y la mayoría de las veces, utiliza música libre de derechos decantándose por la música clásica.
Le pasa factura a todos los géneros, comedia, terror, drama, acción… y su estilo se caracteriza por ser escandalosamente violento, pasarse de sensacionalista y darle tal importancia al erotismo, que muchas veces lo confunde con el porno. De hecho, tiene a su disposición un ejército de zorrillas barriobajeras que no dudan en someterse a sus instrucciones de director, instrucciones estas que Weathers aprovechará en su propio beneficio: El porno que vemos en sus películas no es explícito, nunca vemos penetraciones o felaciones, pero haberlas, haylas. Se ve claramente que Weathers se folla a las actrices de verdad en esas escenas.
Weathers no va a convenciones de cine raro ni a festivales de ningún tipo, no porque no quiera, sino porque, en su torpeza, no sabe como hacer para estar allí, por un lado, y por otro porque no le invitan. Toda su experiencia con público se limita al pase de su película más bruta y conocida (“They all Must Die”, una peli rodada en vídeo cutre sobre violaciones en la que se ve que se pasa tres pueblos…) en un televisor de un bar cochambroso de Manhattan, del que casi sale apaleado porque el público, compuesto de blancos y de negros, se enfrentó entre sí; mientras que los blancos se ofendían por la violencia y las escenas de violación que mostraba su película, los negros aplaudían estas con efusividad. A Weathers le pilló en medio del pifostio.
Sin embargo, no se dejen fascinar del todo por esto que les cuento; Weathers es un individuo odiable. Por un lado, es un director trillado y  obvio que en su estupidez afirma que sus influencias van de Orson Welles a Tarkovski o Kubrick (cuando sus películas tienen una mentalidad del todo “Expolit”), y por otro, es el clásico cachitas vanidoso y cholillo al que no le pega nada hacer cine amateur chungo y feista. Si visitan su instagram, comprobarán que está más preocupado en hacerse selfies mostrando sus trabajados abdominales que en cualquier otra cosa. No obstante, resulta entrañable su ingenuidad; como un Tommy Wiseau cualquiera, el cree estar haciendo un cine de la hostia, aunque también es consciente de que se mueve en terrenos marginales, terrenos dónde se siente a gusto porque tiene un público. Vamos, que hay intencionalidad de ser, y permanecer underground.
 En contrariedad a sus influencias, Sean Weathers es un aficionado al cine “Exploitation”, al terror y a la serie B, que desarrolló su cinefilia a la vez que cometía delitos de toda índole al estar mezclado, en su adolescencia, con pandillas callejeras. Si en estas tropelías mató o no a otras personas es un detalle que el director omite en las entrevistas, pero asegura que la violencia y la muerte estuvieron muy presentes en su día a día como pandillero, y que sin duda, esos días fueron una inspiración para lo que plasma hoy en sus películas.
Lo curioso es que el cine le sacó del crimen y las pandillas. En uno de sus muchos asaltos, un buen día robó una videocámara domestica y comenzó a grabar las andanzas de sus amigos pandilleros. Se volvió adicto a la videocámara. A medida que experimentaba con ella, le fue interesando más el hecho de hacer sus propias películas que el de ir por ahí haciendo el mal, por lo que abandonó las bandas y se puso a grabar como loco toda suerte de cortos, hasta que en 1996, con tan solo 16 años, graba su primer largo “House of the Dammed” un pequeño “éxito” dentro de los circuitos especializados (y marginales). Y así hasta hoy.
Mi primer contacto con su obra es con la reciente “Scumbag Hustler” de 2014 y yo creo que es la película ideal para iniciarse con Withers ya que es una excelente carta de presentación.
Con estructura de película porno, “Scumbag Hustler”, en clave de comedia,  nos cuenta la historia de Solomon Crow, un politoxicómano de las calles de Brooklyn que lo único que hace es tratar de conseguir dinero para poder comprar su dosis diaria de crack, heroína o cualquier droga que se pone a tiro. Mientras que su cuñado trata de llevarle por el buen camino, este lo único que hará es conseguir dinero de la manera que sea y drogarse… además follarse a toda hembra que se encuentra por el camino.
Entonces, lo dicho, como una película porno. Una escena del negrata buscando pasta y drogándose da paso a una de folleteo, para volver a ponerse a buscar pasta, y así todo el rato. No hay planteamiento, nudo y desenlace. Por no tener, no tiene ni un final cerrado. Solo una escena tras de otra.
Pero todo este rollo tiene, a grandes rasgos, su gracia. El hecho de ser un vídeo tan crudo, un montaje tan tosco y estar casi toda la película resuelta a base planos secuencia, amén del morro que le hecha Weathers en sus escenas más de guerrilla, y el amateurismo que desprende la película entera, sumado a la inutilidad como creador de Weathers (eso sí, posee grandes habilidades como follador) ya me ganaron nada más ver la película. Y es que en el fondo está hasta entretenida según se mire.
Lo bueno es que hay una intencionalidad de hacer una comedia, y esta se resuelve a base de “slapstick” cuando el protagonista se va a drogar, básicamente, poniendo Weathers (que protagoniza la peli) caras de ansia, o con gags en los diálogos (muchas veces inapreciables para mí por la barrera que supone el idioma) de lo más tontos. En cualquier caso, ninguna de las formas de comedia ofrecidas por Weathers funciona, por lo que la comedia se torna involuntaria, y tiene más gracia de la que inicialmente el director pretende. La película acaba funcionando  a base de accidentes.
Por lo demás, el visionado de esta película se queda en mera anécdota; una vez ha terminado se acabó también la broma, pero por lo que sea, Sean Weathers ha despertado mi curiosidad y, sí, voy a ver alguna más de sus películas.
Obviamente, el fandom más mainstream (e incluso el especializado), que se abstenga de verla… esto es solo para los más curiosos e inquietos arqueólogos cinematográficos. Sean Weathers y “Scumbag Hustler” no se encuentra en la catacumbas del cine, pero sí en las cloacas ¡Y eso que se venden sus DVDs en los USA como churros!
Tampoco sean ustedes obvios ni asocien esta película al Hip-Hop por que esté realizada por negros; Sean Weathers odia el rap, sin embargo, fue amigo de Notorious B.I.G ya que eran del mismo barrio. Cuando este se hizo famoso y popular, Weathers le tentó para que apareciese en una de sus películas. Weathers dice que al final no acabó apareciendo en ella, porque su gente (su equipo, sus managers, la gente que rodeaba al rapero) no le dejó hacerlo. Pero estaba dispuesto a hacerlo.

miércoles, 6 de diciembre de 2017

LOS FOTOCROMOS DE "COCOON"

Una de las películas consecuencia del estilo Spielberg de los 80, que pese al tirón que tuvo en su momento a quedado bastante olvidada en lo que a nostalgias y modernidades varias se refiere. La revisaremos. Hasta entonces, ahí quedan sus fotocromos.















lunes, 4 de diciembre de 2017

TODO ES DE COLOR

La ultima película de Gonzalo García Pelayo, de naturaleza claramente localista y outsider, resulta ser a todas luces algo más que un soplo de aire fresco en lo que al cine español se refiere, precisamente por existir a sus márgenes, por rechazar, y descomponer los cánones del cine español al uso.
Por otra parte, García Pelayo es un director lo suficientemente personal como para ser siempre tenido en cuenta. También es imperfecto. En una misma película, puede mostrarnos la más absoluta belleza, con la misma facilidad con la que descuida uno o dos planos de la manera más chabacana. Un cineasta, absolutamente único.
“Todo es de color” es una película emotiva y preciosista para la que ha contado con algo más de dinero para la producción que otros títulos más underground que viene realizando desde su vuelta al cine, pero no por ello menos interesante que estos.
Además es una película rara. Se trata de un homenaje al grupo Triana, precursores del rock progresivo Andaluz, del que García Pelayo sabe una o dos cositas. Y bajo la premisa de un grupo de seguidores de la formación que hacen un viaje en moto hasta un camping dónde se va a hacer un concierto tributo a Triana, García Pelayo  crea, improvisa —y deja improvisar— experimenta, y disfruta como un enano dando forma a una película que cautiva a poco que el espectador tenga algo de sensibilidad y gusto por las cinematografías marginales.
Por supuesto, es una película minoritaria de un presupuesto algo más holgado de lo que está acostumbrado Pelayo gracias a las ayudas de Canal Sur, pero tampoco es un presupuesto con el que un director estándar te haga una película para su exhibición común en salas. Sin embargo, ni falta que le hace a García Pelayo un duro más, y teniendo a su disposición la más moderna tecnología, esto es, cámaras de HD buenas, Go Pro de máxima calidad, y drones que eleven esas mini cámaras a varios metros por encima de nuestras cabezas, hace un uso de todo ello estupendo y aprovecha al 100% toda esa tecnología, quedando una película de lo más bonita gracias a que abusa de su uso. Nunca el abuso fue tan fructífero.
Entonces, compuesta de planos bonitos y elegantes, la película es un amasijo de todos los elementos que convierten el cine de Pelayo en lo que esperamos de él como director, y “Todo es de color”, aparte de ser un homenaje a Triana, es una película pseudo-documental, neo-realista, un ejercicio de improvisación, una película vanguardista y una comedia “a la Pelayo” con un humor muy deudor de “Corridas de alegría” del propio Gonzalo.
Por supuesto, la película es, indefectiblemente, un musical. La música de Triana va sonando toda la película, ya sea para acompañar a las imágenes, ya sea como profundo tributo. A base de fans de la formación, amigos y vecinos, Pelayo consigue escenas sorprendentes; pone a un nutrido grupo de seguidores a tararear al unísono, una de las canciones de las muchas que suenan en la película.
Quizás la bohemia de la película en si misma, algunos diálogos pretendidamente profundos, pueden hacernos chirriar, sin embargo, estos mismos forman parte de la idiosincrasia del director y aquellos que le rodean, por lo tanto, son absolutamente de recibo.
“Todo es de color”, desde luego, no es una película para un público estándar, pero para el cinéfilo inquieto, entre los cuales me incluyo, es poco menos que una delicia.
Muy interesante Gonzalo García Pelayo en todo lo que hace, ya sea cine, ya sea ganar dinero en los juegos de azar.
En la parte actoral, la actriz Natalia Rodríguez, Alfonso Sánchez, visto en “8 Apellidos vascos” y un elenco compuesto por actores desconocidos para el gran público, aunque el  verdadero protagonista es quien fuera manager de Triana, el propio hermano del director, Javier García Pelayo. También tenemos pequeños papeles para Jorge Cadaval (de Los Morancos) y su marido el actor Ken Appledorn. Este peculiar matrimonio pone la nota humorística a la película, y curiosamente, Jorge Cadaval, repite el rol que suele en toda película que no sea para lucimiento de Los Morancos; hace de americano hablando español; hoy es una estrella, pero hizo el mismo papel cuando era un completo desconocido en “Madre in Japan”, curiosamente.
La película tuvo su estreno en salas de manera reducida en Andalucía, siendo el pase de estreno en Sevilla una autentica fiesta para los fans de Triana que se acercaron a verla. Cuenta el director, que fue una maravilla ver a toda esa gente reunida en una sala de cine cantando juntos las canciones que aparecían en pantalla de la mítica banda.
Muy interesante.
"Todo es de color" aparece a la venta en DVD el próximo 20 de Diciembre de 2017 a través de nuestro sello Vial of Delicatessens.