lunes, 15 de abril de 2024

AMENAZA EN LA NOCHE

Cacao mental por parte de los gerifaltes de la compañía independiente "Royal American Pictures" quienes —dicen—se leyeron una novelucha de tres al cuarto sobre incesto, religión y homosexualismo y, entusiasmados, contrataron a un grupo de profesionales que pudieran llevarla a la pantalla con poco dinero y menos días.
Se trata de una insana historia sobre una mujer soltera que, tras haber cuidado a su sobrino desde la muerte por accidente de sus padres, desarrolla una obsesión hacia el crío. Cuando este es ya un mozalbete pre universitario y planea dejar el nido junto con su novia, la solterona decide retenerlo de la manera que sea. Acabará asesinando a un individuo ante los ojos del chaval, convenciéndole de que ha actuado en defensa propia ya que quería violarla. Y con el pifostio que se lía, gana tiempo para que el chaval no se pire. Todo se complica cuando el detective que lleva el caso del asesinato descubre que el supuesto violador era homosexual y, para más inri, pareja del entrenador del muchacho involucrado. El investigador cree, hablando en plata, que el crimen ha sido “cosa de maricones”. Y se lía la de dios es cristo.
Pasa una cosa muy curiosa con “Amenaza en la noche” y es que, aun con esos aires de telefilme muy barato (manda cojones como el diseño de producción es capaz de ambientar toda una comisaría en un cuartucho) y el aspecto rancio que se gasta en general toda la cinta, la historia que cuenta es tan descerebrada y las interpretaciones tan exageradas y geniales (tenemos ahí a una verdadera actriz de culto como es Susan Tyrrell, vista en “Forbidden Zone” o “Cry Baby” y al bueno de Bo Svenson, el inolvidable sheriff "Buford Pusser" en “Pisando Fuerte 2”, “Pisando fuerte 3” y la serie de televisión), que cuando la película termina, el espectador queda como aturdido, agotado. Y es que resultado es muy intenso, con mucha sangre y mucho rollo psico-social implícito, a saber; deseo incestuoso, simbología religiosa, homofobia, menopausia y asesinato. Tócate los cojones. En definitiva, me ha encantado por exagerada, por chalada.
No solo el desbarajuste está dentro de la historia, la producción le va a la zaga. Para empezar, el director contratado, Michael Miller, que venía de rodar con rapidez, poco dinero y buenos resultados “La celda de la violación”, y que se hacía acompañar de su director de fotografía habitual, nada menos que Jan de Bont (luego responsable directo de cosas como “Twister” o “Speed”), fue despedido tras unos días porque durante ese tiempo el tipo no se había ceñido al plan de rodaje e iba con retraso. Necesitaban un director más rápido. Por eso, en lugar de Miller y De Bont contrataron al que se da crédito en la película, William Asher, con unas cuantas “beach movies” de los sesenta a sus espaldas, pero, sobre todo, de dilatada carrera televisiva, habiendo dirigido capítulos de dos instituciones de la caja tonta americana como son “I Love Lucy” o “Embrujada”, y que se mete de lleno en el cine de carácter más "exploit" con “Amenaza en la noche”. Aunque la película sale firmada por él, lo cierto es que la secuencia de apertura fue rodada por el amigo Michael Miller.
Tras esta experiencia con el terror, Asher rodaría otra marcianada como “Esto no es Hollywood”, pero en general su medio fue la televisión.
“Amenaza en la noche” es una película pequeña cuya misión era recuperar lo poco invertido lo antes posible y que diera resultados. Por eso al principio se estrenó tan solo de manera regional en uno o dos cines, y bajo el título que en un principio también tenía la novela en la que se inspira; uno muy gracioso que encima rima y me gusta mucho: “Butcher, Baker, Nightmare Maker”. Se podría traducir algo así como “Carnicera, panadera, creadora de pesadillas”, supongo que en referencia a la protagonista, la tía Cheryll que es ama de casa y por lo tanto, carnicera, panadera y lo que se tercie (con utensilios de cocina que en momentos dados usará para asesinar).
Lo que sucede es que, cuando la película se estrena, resulta estar más potable de lo que en un principio podría parecer y, en consecuencia, empieza a generar demanda. Para más inri, la "Academia de Películas de Ciencia Ficción y Terror" la nomina al premio "Saturn" como lo mejor del género ese año, por lo que los distribuidores deciden tirar copia y estrenarla de manera nacional. “Butcher, Baker, Nightmare Maker” igual es un título no demasiado comercial o lo suficientemente llamativo como para que pueda ser tomada a chufla, por lo que se cambia a “Night Warning” y como tal comienza su carrera comercial. Resultó un pequeño éxito en cine, televisión por cable y vídeo. A nuestro país llega en este último formato, lanzada para el alquiler con una traducción más o menos literal del segundo título comercial, es decir, “Amenaza en la noche”. Y a tirar millas.
Por otro lado, como la película tiene a ciertos personajes homófobos que se pasan tres pueblos con los gays —sin ir más lejos, la tía Cherryll advierte a su sobrino que “todos los homosexuales son enfermos mentales”—, con la aparición del entrenador homosexual como personaje positivo que, más o menos, salva la papeleta, el colectivo LGTBI acogió el film como suyo, rindiéndole culto y organizando proyecciones. Bueno, efectivamente ese personaje es completamente normal y positivo, pero por lo que respecta al resto del universo de la película, los gays son poco más que depravados sexuales, y ese pensar tiene más peso que el personaje positivo. A saber cual era la genuina intención de los productores, los guionistas y William Asher. Pero todo esto hace a la película mucho más divertida.
En otro orden de cosas, tenemos en un papel secundario a Bill Paxton. Paxton siempre había sido un actor discretito, pero en estos primeros roles en los que solía interpretar a adolescentes un tanto garrulos, era directamente malo de pelotas. Como fuere, se presentó al casting aspirando al papel protagonista, pero le fue arrebatado por Jimmy McNichol, que no es que sea especialmente mejor, pero venía de tener cierta fama como actor infantil (era "Harry Baker" en “La casa de la pradera”). También cuentan que Susan Tyrell aceptó intervenir en esta producción chusquera y barata por motivos meramente alimenticios, pero que mientras la rodaba se daba perfecta cuenta de que estaba en una película de mierda. No se quejó, actuó lo mejor que pudo, cobró el cheque y a otra cosa mariposa, pero con esa sensación que le quedó, nunca se dignó a verla. No fue hasta 2008 que se animó y le gustó mucho. Una anécdota de lo más simpática. Como la que cuenta que la actriz que interpretaba a la novia del personaje de Jimmy McNichol, Julia Duffy, tenía 30 años de edad mientras su partenaire apenas había cumplido los 20.
“Amenaza en la noche” no es tan popular, como muchas de sus coetáneas, con todo el sentido del mundo. Es rara, histérica y ruidosa. Sin embargo, también es altamente divertida en su delirio. Si aún no ha tenido una reivindicación más o menos sonada, la acabará teniendo. No obstante, la película entera es Susan Tyrell y su desmesurada interpretación; sin ella no hay nada, y, si lo hubiera, no sería tan “bueno”. Yo al menos la he disfrutado mucho.

sábado, 13 de abril de 2024

CYST

Comentaba 
Víctor en la reseña de "Miracle Valley" el caso de Greg Sestero, quien alcanzó cierta popularidad gracias a su participación actoral en ese icono del cine chusco titulado "The Room" (un chiste demasiado largo que deja de ser gracioso tras 20 minutos). Si por un lado ello le otorgó la posibilidad de viajar por festivales de todo el fuckin´ world e incluso codearse con ciertas esferas de una vertiente más respetada del séptimo arte, por otro le condenó a no ser tomado en serio nunca jamás y, por tanto, limitar mayormente sus intervenciones como actor a ñordos estratosféricos, básicamente gestados en el gueto del fandom del horror y aledaños, el único sitio donde el "trash" se valora y "comprende", generalmente de manera errónea. Eso mismo le ocurrió a George Hardy, protagonista de otra de las más notorias mierdas sobrevaloradas por fanes e hipsters, "Troll 2" / "Monster Valley". Desde entonces, le fueron fichando para hacer más películas, dentro del mentado gueto, of course. Sin embargo, mientras que para Hardy todo esto de actuar es un hobby divertido, me temo que a Sestero le debe doler doblemente, ya que lo suyo se pretendía más solemne.
Sea como fuere, que hoy día una de estas pelis digitales con ínfulas de cine genuino, adscrita a las tendencias reinantes en subproductolandia (tiburones, payasos, zombies, amityvilles... whathever...) cuente con Sestero o Hardy en su reparto, es señal de que... tenemos problemas. Denota una obvia intención: "advertir" al espectador que sus responsables son conscientes de la condición "mierder" del mondongo y, así, cubrirse las espaldas. Cojones, ¡¡hemos fichado al de "The Room"... o al de "Troll 2"!! ¿qué más señales necesitas, pinfloi? Pues ahora imaginen ello multiplicado por deux. Una peli de esta naturaleza con ambos gentleman compartiendo plano. Encima, en tono de comedia de horror, bufa, excesiva y a base de premisa absurda.
Eso es "Cyst", cosucha del 2020 que, por lo general, evitaría como la peste. Pero al tenerla ahí, tan accesible, con el siempre chispeante doblaje panchito, me dije "Venga, la veré y, si la termino, le dedicaré una reseña encabronada en el blog". Un médico (George Hardy hipersobreactuado... aunque gracioso a ratos) se dedica a reventar quistes enormes provocando chorros de pus. Ha inventado una máquina capaz de extraerlos limpiamente y pretende patentarla. Recibe la visita de unos, er.... ¿patentadores? (Greg Sestero entre ellos) y las cosas se complican. En su empeño, Hardy provocará que un quiste mute a bestia antropomorfa -¡ugh!- y comience a matar. Será una enfermera la que ponga solución al entuerto.
Pues hasta la llegada del bicho, la cosa estaba... er... bien. Sorprendía la atípica ambientación sesentera (que no Sesestera.... ¡chas-pun!). Y, en fin, los tejemanejes entre Hardy y la enfermera, así como unos efectos prácticos a base de líquidos asquerosos salpicando rostros, tenían su coña. Pero en cuanto aparece el quiste mutoso, de aspecto voluntariamente ridículo, entramos de lleno en la rutina absoluta de los personajes humanos enfrentados en piña a criatura letal. Se conocen la fórmula. Con un poco más de humor, sí, puede, pero lo de siempre. Chapa de varios quilates. Si a ello añadimos la antipatía previa que uno -o, bueno, yo- siente ante las intenciones del director (Tyler Russell) fichando a esos dos (des)astros... pues la cosa como que termina dejando un regusto amargo, y no lo digo por los litros de pus, sino por el aburrimiento acumulado y la sensación de estar ante algo inútil e innecesario. Es más, ni tan siquiera creo que "Cyst" funcione en su entorno natural, aquel para el que ha sido concebida y/o diseñada, la "Con" repleta de mastuerzos adictos a la "Nocilla", expertos en repetir cual loritos los diálogos y chascarrillos de "Troll 2", ansiosos y desesperados por jalear la pieza "trash" de turno.
A"Cyst" de crudamente se lo digo (otro ¡chas-pun! Este incluso menos inspirado)
¿Que el póster mola? hombre, ¡faltaría!

viernes, 12 de abril de 2024

ENTER THE CLONES OF BRUCE

David Gregory, señor que se ha especializado en  realizar estupendos documentales sobre los más variopintos fenómenos cinematográficos (suyos son “Lost Soul: El viaje maldito de Richard Stanley a la isla del dr. Moreau” o “Blood and flesh: The real life and ghastly death of Al Adamson”), ataca ahora (como si del dragón se tratase) con “Enter the clones of Bruce”, en lo que podíamos denominar el auténtico y definitivo documental sobre uno de los fenómenos exploit más interesantes en la historia de la cara dura cinematográfica. Ya saben ustedes: tan grande era la demanda de películas de Bruce Lee que, una vez este falleció, el público se negó a no seguir disfrutando de su cine, por lo que, para contentarlo, un montón de estudios cinematográficos comenzaron a rodar películas con clones, artistas marciales que, más o menos, se parecían al pequeño dragón, y durante un montón de años estuvieron vomitando producciones de muy mal gusto en las que se explotaba la presencia de Bruce Lee, o lo que es peor, su muerte. Eso sería el “brucexploitation” oficial, pero también existió otro por parte de los distribuidores de medio mundo, que compraban películas de kung-fu sin conexión alguna con Bruce Lee, pero se estrenaban como si fueran legítimas (los casos de Bronson Lee o Bruce Lo).
“Enter The Clones of Bruce”, con mogollón de imágenes de archivo, extractos de películas y entrevistas a las principales estrellas del fenómeno (es decir, Bruce Le, Bruce Li, Dragón Lee o Bruce Liang), así como a directores productores y actores secundarios de aquellas películas, profundiza en las cloacas del subgénero y nos explica todos los entresijos y artimañas con dinamismo y brío.
Además lo hace de una forma muy acertada, incluyendo un prólogo precréditos en el que se nos explica el modo de operar de Bruce Lee (el de verdad), hace hincapié en sus manías y megalomanía, para, después de los créditos, darle una patada porque en realidad no es el foco del interés del documental, y centrarse única y exclusivamente en todo ese universo de clones, imágenes del funeral del auténtico Bruce, jornadas de trabajo infrahumanas, sueldos bajos y todos los desastres que traían de serie las películas adscritas al “brucexploitation”.
Por otro lado es sorprendente que, si bien podemos tener localizadas en España sesenta o setenta títulos protagonizados por cualquiera de estos impersonators (más o menos, qué se yo), el documental avisa que están catalogadas más de doscientas y que nunca dejan de aparecer títulos, con lo que hacer un listado de todas y cada una de ellas —que además hay clones de Bruce en todo el mundo, no solo en Asia, aunque no estén oficializados— es una tarea ardua, por no decir imposible (aunque los franchutes, principal fandom del fenómeno, tienen gran parte del trabajo hecho).
Por otro lado, resulta súper interesante ver los distintos caminos que han tomado en la vida los distintos clones, e, indirectamente, como todos tienen algo en común: los nudillos destrozados.
También se incide en cual puede que fuera el primer título oficial del “brucexploitation” y la manera ilegal y despiadada de publicitarlo por parte de los distribuidores, así como vemos una buena colección de pósters y títulos raros (o perdidos) que han pululado a lo largo de los años dentro de esta corriente tan rara que sacaba beneficio (y, en ocasiones, mucho) de la imagen y muerte de un mito de la cultura pop. Fue durante mediados de los setenta y los ochenta, cuando estas películas estuvieron en auge, pero lo acojonante del asunto es que, todavía hoy, quizás de manera menos descarnada que entonces, se sigue explotando a Bruce Lee y siempre es sinónimo de generar pasta.
Como ya digo, un documental estupendo, entretenido a más no poder, revelador y curioso sobre la estratagema comercial más inhumana y carroñera de la historia del cine.

miércoles, 10 de abril de 2024

MINUTOS MUSICALES 25 : FITZ OF DEPRESSION

Ocasionalmente la mala suerte puede jugar en favor de una buena causa, algo que ejemplifica perfectamente la historia de "Fitz of Depression", banda a la que podríamos tildar de infravalorada. Sus sonidos, siempre acordes al punk rebañado en cierto hardcore, no resultaban excesivamente originales, pero tampoco demasiado trillados. Eran de esa ralea que, aunque se mantengan fieles a sendos parámetros compositivos, consiguen disponer de un "je ne sais quoi" que les otorga cierta sutil diferencia. Personalidad. Un poco como les ocurría a los primeros "The New Bomb Turks".
En cualquier caso, "Fitz of Depression" debuta en 1993 con un disco actualmente difícil de localizar. He podido escuchar algún tema -donde gastan una agresividad algo mayor de lo que harán posteriormente-, pero no lo suficiente como para ir soltando sentencias. Así pues, pasemos al siguiente.
Este marca su encuentro con la discográfica "indie" "K Records", en la que vale la pena detenerse.
Como bien sabemos, durante los noventa el punk volvió a alcanzar las cotas más altas del ranking musical y, por ello, pertenecer al colectivo dejó de percibirse como algo malo. Era "cool". Incluso podía asegurarte algunos dinerillos extra. De ahí que todo el mundo se identificara con la etiqueta, hasta el detestable Coque Malla afirmaría sin despeinarse que sus "Ronaldos" fueron punk. En fin.
Por ello, cuando en la prensa "alternativa" se hablaba de "K Records" calificándolos de punk, uno ya no se fiaba mucho, "¡Otra rémora subiéndose al carro!". No obstante, esta vez había algo distinto. Su catálogo se alejaba totalmente de la fórmula "Epitaph" o "Fat Wreck", con una amplia variedad de estilos y sonidos, predominando cierta actitud. Un gacetillero llegó a afirmar que, justamente, esas maneras quedaban más próximas al supuesto significado original del punk, previo a su "corrompimiento". Gran verdad.
Una vez saboreado el inevitable cd-sampler de "K Records", el grupo que más me gustó, e incluso motivó la adquisición de su respectivo LP, fueron los protagonistas de esta entrada, "Fitz of Depression" que, aún chorreando personalidad y estilo, disponían de un sonido más "vendible" cara al "punk medio". Al final... pues tira lo que tira, oiga.
Para "K Records" los "Fitz" grabaron dos LP´s. Ambos muy escuchables, enérgicos y disfrutosos. Tenemos "Let's Give It A Twist" del 94, de donde he rescatado el último de sus surcos, "Big Machine", una canción que, desde ya, puedo incluir en mi lista de favoritas, y no es para menos...

Y, dos años después, "Swing". En este caso, me he decantado por materia algo más intensa, "House or Home"...


Aunque nunca dejaron de sonar medianamente crudos y contundentes, lo cierto es que, de modo extremadamente sutil, "Fitz of Depression" iban ¿refinando, puliendo? su sonido. Madurándolo. Y tiene toda la pinta que, si la suerte les hubiese sonreído, podrían haber acabado siendo los nuevos reyes del "alternativismo", con mucho tirón entonces. Ahí va la prueba: "Warner" decidió ficharlos. Y ellos firmaron. Pero, entonces, vino el primero de los desastres, se separan justo antes de grabar nada para la multinacional. Por mi, bien. De este modo, quedaban como un grupo de culto que duró justo lo que tenía que durar, manteniendo fresca cierta actitud y librándose de las zarpas del corporativismo.
Así iban las cosas hasta que, en 2018, anuncian un inevitable "rejuntamiento". Pero la mala suerte vuelve para hacerles una nueva judiada... y esta de las tochas. Mikey Dees, cantante y guitarrista, muere de infarto.
Es óbice lamentar la tragedia... aunque, para bien o para mal, ello puso radical fin al plan de desempolvar los instrumentos. Así, la energía juvenil y pasión de los "Fitz of Depression" se conservaría impoluta, por los años de los años. Digo amén a eso.

lunes, 8 de abril de 2024

EMMANUELLE'S SUPERNATURAL SEXUAL ACTIVITY

Me declaro fan de la franquicia “Emmanuelle” y de todas sus variantes y explotaciones. Los italianos lograron cambiar la raza de esta diva del erotismo de origen franchute y hacerla viajar por el mundo hasta llegar incluso a ser poseída —sexualmente— por caníbales en “Emanuelle y los últimos caníbales”. Es cosmopolita y se ha acostado con toda suerte de hombres y mujeres en las más exóticas situaciones. Incluso Jess Franco la puso a presidir orgías (pese a que en su película el personaje aparecía solamente en el título) en “Las orgías inconfesables de Emmanuelle” del mismo modo que Ignacio F. Iquino le buscó una amiguita casi tan atrevida como ella en “Emmanuelle y Carol”, por no hablar de que los chinos la metieron dentro de un desbarajuste en el que aparecían Clint Eastwood, Bruce Lee, James Bond o Popeye en “El Dragón Ataca
Pero lo más importante de Emmanuelle, es como creó tendencia en el erotismo hasta tal punto de convertirse en una marca. De hecho, una marca que lleva 50 años activa.
Curiosamente, el personaje-marca, pasó de ser una cosa sofisticada para pajilleros de alto copete (el primer “Emmanuelle” es un alarde estético y erótico. Un film para que se hicieran pajas los ricos y las gentes de buen gusto), a ser lo más chabacano, tosco y cutre del mundo. A partir de los dosmiles la marca empieza a operar en las programaciones nocturnas de la televisión por cable, perdiendo, en cualquier caso, el toque de calidad y sofisticación, convirtiéndose el producto en una majadería con toques autoparódicos (o directamente paródicos) adscrito al peor subgénero que hay en el mundo, que es el soft del nuevo milenio.
Tras la saga principal de películas, y los innumerables exploits (que podemos distinguir por la variación de consonantes en el nombre de Emmanuelle), la franquicia original comenzó a ser explotada en televisión o directa a vídeo, en series de TV Movies de baja estofa que, con actrices porno de tercera, iban reduciendo la calidad de producción en cosas como “Emmanuelle in Space”, “Emmanuelle 2000” y, ya en manos de los americanos, la serie en la que se encuentra la película que nos ocupa, que es “Emmanuelle Trougth Time” (“Emmanuelle a través del tiempo” ) de 2011. Una serie de películas soft grabadas en videaco de la época para su explotación directa a vídeo, que con dirección del infame Rolfe Kanefsky (que comenzó metido en el terror salchichero con cosas como “El libro del mal” o “Nightmare man” para terminar en el porno soft más inicuo). Nos muestra a Emmanuelle, esta vez interpretada por Allie Haze, viajando a través del tiempo en una nave espacial desde la que vivirá las aventuras eróticas más desangeladas que se puedan imaginar. Básicamente esta serie de telefilmes se reducen a argumentos endebles para filmar en espantosos cromas a actores y actrices porno fingiendo follar ante la cámara, para aburrimiento y escarnio de los espectadores, dando igual si estos buscan pajearse o si estos, como es mi caso, son seguidores del fenómeno Emmanuelle (que para pajearme buscaría cosas más duras que esto, aunque nada me pone más cachondo que el primer “Emmanuelle”). Como fuera, fue sonado el momento en el que en el festival de Cannes de 2011 se anunció que Alli Haze, actriz porno medio principiante, iba a ser la nueva Emmanuelle. Claro, en círculos eruditos, más allá del interés antropológico que pueda suscitar la película inicial, poco puede aportar una vuelta del personaje en telefilms directos a vídeo, pero lo desconcertante es que los productores tuvieran la poca vergüenza de promocionar esto en Cannes, teniendo en cuenta que el resultado de estas películas es más pobre que el de cualquier porno de hace unos años.
Con todo, me hizo gracia que una de esas películas, la que nos ocupa, “Emmanuelle’s Supernatural Sexual Activity”, mezclara el mito de Emmanuelle con la maneras del found footage en plena eclosión en el año del rodaje de este subproducto, 2011. Por supuesto, parodiaba la franquicia de “Paranormal Activity”. Y es lo de siempre… una vez tenemos el concepto, la película importa un carajo, por lo que nos cuenta como en la nave donde Emmanuelle viaja por el tiempo, se han colado una serie de espíritus cachondos, que mantienen sexo con toda la tripulación; así Emmanuelle y el resto, se convierten en pícaros fantasmas. Lo curioso del invento es que se insinúa que el fantasma del primer “Paranormal Activity”, en realidad eran Emmanuelle y dos amigos intentando tener sexo con los protagonistas, y que los portazos y quitadas de sábana que tantos escalofríos nos provocaban no eran más que los fantasmas de Emmanuel y sus amigos folleteando, entrando y saliendo de la habitación en su afán swinger de tener sexo hasta con los vivos, a los que también vemos follando, como no.
Por supuesto, salvo por un par de planos que nos trasladan al universo “Paranormal Activity”, no se hace uso de las maneras del found footage, que se queda en mera anécdota y sirve como excusa para tener un endeble argumento bajo el que ambientar los polvos toscos, falsos, anti libido que han de pegar delante del croma los protagonistas de la cinta. Algo de lo más frío y desalentador. No se dejen engañar por la posible gracia del crossover, “Emmanuelle’s Supernatural Sexual Activity” no tiene ningún interés, ninguna gracia y además es un insulto para la franquicia, el personaje y lo que hizo con él Just Jaeckin. Entonces, ver al mito reducido a esto, lo más bajo de lo más bajo, da mucha pena y es totalmente desesperanzador en lo que a cine eminentemente erótico se refiere.
Para que se hagan cargo de que esto es más un capricho de la gentuza del porno que una continuidad del clásico, se le da un papel, además cómico, a Ron Jeremy que está por ahí en la nave espacial tomando contacto con un fantasma.
Asimismo, la nave en la que transcurre todo, está decorada con posters de las anteriores películas de Emmanuelle de a partir del 2000 y con el mítico sillón de mimbre sobre el que se recostaba Silvya Kristel en los 70, y que decoró los salones de toda una generación de matrimonios poco conservadores.
Como les digo, una auténtica mierda lo que hicieron en los últimos años con Emmanuelle. Ahora para 2024 se ha anunciado un reboot cinematográfico de la primera película. Veremos en qué acaba aquello.

domingo, 7 de abril de 2024

SUICIDIO COMERCIAL



sábado, 6 de abril de 2024

CRIMEWAVE (OLA DE CRÍMENES... OLA DE RISAS!!) + UNA REFLEXIÓN

Siempre me ha parecido jodidamente curioso que, siendo un fan de la comedia como es Sam Raimi (la inmensa mayoría de sus cortos adolescentes encajaban en esos parámetros), nunca ha logrado rodar una en condiciones. De hecho, cada vez que lo ha intentado, se ha metido un buen batacazo. Tal vez por eso, cuando se alejó del terror, que como sabéis es el género en el que quedó encasillado, prefirió optar por el western o el drama antes que la comedia.
Obviamente, estoy hablando de "Ola de crímenes... ola de risas!!" ("Crimewave" en v.o.), pero semejante mala suerte no le ha acompañado únicamente cuando se ha sentado en la silla del director. Con "The Nutt House" (alocada comedia del año 92 con Traci Lords en el reparto) le pasó tres cuartos de lo mismo, solo que en esa ocasión se limitaba a las funciones de guionista, junto a sus colegas Robert Tapert, Bruce Campbell, Ivan Raimi y Scott "Intruso en la noche" Spiegel, que se encargaba de dirigir. Serios problemas con el productor, empujaron a la sustitución de Spiegel y a que Raimi y cía se parapetaran tras un seudónimo al comprobar que el resultado final les avergonzaba. O la enigmática "Motor Baby" ("Easy Wheels" en v.o.), con el director de "Darkman" produciendo una comedia que apenas tuvo distribución (y acá se lanzó únicamente en vídeo y como supuesto exploit de  "Arizona Baby").
Sam Raimi reniega de "Ola de crímenes... ola de risas!!", su segundo largometraje tras la maravillosa "Posesión Infernal". Dice que los productores se la cambiaron, que a nadie le gusta y no la considera suya, a pesar de contar con los prestigiosos hermanos Coen como co-guionistas (quienes se marcan un cameo disfrazados de periodistas). Era su primer rodaje realmente profesional, y por lo visto fue una pesadilla para él y sus amigos / colaboradores. Muerto de curiosidad, releí el respectivo capítulo en las memorias de Bruce Campbell, donde lo cuenta todo, pero no me aportó prácticamente nada. La clásica historia del estudio presionando al joven equipo de inexpertos, con un director subido a la parra tomándose más tiempo del deseado para sus complicados planos y, por tanto, doblando el presupuesto original. Finalmente, el estudio montó la película y, a tenor de lo consumido, tal vez no fue tan mala idea, porque a mí me gusta. ¿Cómo hubiese sido la versión de  Raimi? ¿Necesariamente mejor?.
Tuve la fortuna de verla en el cine, siendo chaval y acompañado por mi padre. Entonces ya andaba yo enamorado de "Posesión Infernal" y, en cuanto vi el -minúsculo- cartel en la prensa diaria, reconocí el nombre de Sam Raimi. Aquí se estrenó un poco de tapadillo, sin hacer mucho ruido. Y pasó por una sala de mi barrio ya extinta. La percepción que me dejó fue la de una comedia extraña y extravagante, cruel incluso, con momentos muy delirantes de esos que no se olvidan nunca. En una palabra: Rara, y muy coherente respecto al film precedente de su director (por lo visto fue algo que no gustó a los productores, quienes le acusaron de haber hecho otro "Evil Dead"). Y es que, claro, en aquellos entonces todo resultaba nuevo y excitante, Sam Raimi era un "secreto" al que solo podíamos acceder unos pocos y... en fin, que molaba, y molaba encontrarse de nuevo a Bruce Campbell, recién salido de su noche demoníaca (¡conservando el flequillo!), quien tendría que haber sido protagonista, pero quedó relegado a secundario por imposición de los que tenían el dinero.
Si lo miras detenidamente, verás que "Ola de crímenes..." era un producto genuinamente original en su época. No había nada como ella, una de risas demasiado normal para ser un "spoof", demasiado "spoof" para ser convencional. En tierra de nadie. Gira en torno a un empresario que quiere deshacerse de su socio, este se entera y contrata a dos asesinos profesionales para que se lo carguen. Ni que decir que todo irá mal y por medio acabará liado el prota, un panoli enamorado de una chica imposible a la que los asesinos secuestrarán.
"Ola de crímenes... ola de risas!!" es tremendamente tontuna. Lo pretende y está orgullosa de ello. Tiene un aire a "slapstick", a vieja escuela, solo que bañado en una pátina de modernidad y el inconmensurable ingenio visual de un Raimi enamorado de la cámara. Las secuencias para el recuerdo son muchas, pero casi todas tienen como eje central a los asesinos, muy conseguidos en aspecto y personalidad (ahí conocí yo a Brion James, cuyo parecido a una rata es explotado a conciencia). El acoso que uno de ellos (tremendo Paul Smith, al que también has visto en "Mil gritos tiene la noche") somete a la mujer de uno de los empresarios (Louise Lasser), el tenedor clavado en su nariz, la alfombra arrancada de cuajo cual maremoto y la famosa secuencia de las puertas de colores que caen en efecto dominó. El tipo que se lanza desde una ventana y se estrella... sin morir (¿gracias a la espuma que lleva en la cara?), el concurso de baile que termina en la cocina con los platos sucios, un tremendo Bruce Campbell dando forma a una sugerente silueta femenina con el humo de su cigarrillo y etc, etc... una lista interminable de momentos totalmente brillantes (aunque sea a nivel únicamente visual) en los que el director comenzaba a experimentar, y mucho, con la estética, los colores (muchos rojos y azules) y el ritmo del "cartoon", algo del todo asentado en su siguiente película ("Evil Dead 2", por supuesto).
Vale, recientemente la sometí a un revisionado y pude comprobar que, tal vez, al final le pesa un poco el culo. Se alarga en exceso. Y, justo, sobre eso quería yo vomitar la siguiente reflexión...

Resulta chocante ver el salto de "Posesión Infernal" a "Ola de crímenes..." y maravillarse asumiendo que Raimi seguía siendo un veinteañero cuando la facturó, porque es un film cargado hasta las trancas de escenas complicadísimas de ejecutar, rodar y planificar, con explosiones, persecuciones, coches volando por los aires, intrincadas "set-pieces" humorísticas (muy Coen, las desarrollarían igual luego en "Arizona Baby" o "El gran salto". Por cierto, ambas incorporan en sus tramas el nombre "Hudsucker", bien presente en "Ola de crímenes...". Un chiste recurrente), hasta números de baile.... es la leche, ¿cómo el chaval que a finales de los setenta se puso a rodar esa pequeña peliculita casera de terror, con sus colegas, una cámara de 16 mm prestada, cuatro dólares y una vieja cabaña, pudo pasar en cuestión de tres años a algo como "Ola de crímenes..." (sin contar aquí el corto superochero que hizo justo en medio, por aquello de desquitarse, "The Sappy Sap" -con protagonismo de Scott Spiegel-)? ¿de dónde sacó la capacidad para arramblar con todo aquello, tirarlo palante y estrenarlo? ¿tal vez, justamente, de ahí la polémica, que Raimi aún estaba demasiado verde para un producto de semejante envergadura, obligando a los mecenas a intervenir?.
Si algo denotan "Ola de crímenes...", y "Terroríficamente muertos", y "Darkman", y "El ejército de las tinieblas" y todo lo que vino después, es que Sam Raimi era ambicioso y apuntaba alto (¡sambicioso!). Con una visión enorme de las cosas. Hay que estar muy seguro de uno mismo para eso. Como a muchos de los de su quinta, y tantos otros que vinieron después (¡hola James Wan!) le pierde el exceso por el exceso, un mal muy de Hollywood. ¿Por qué todas las películas de género hechas allí han de cargar tanto las tintas en el desenlace? a mi gusto, lo estropean un poco bastante. Ahora con el CGI se ha desmadrado, alcanzándose cotas de delirio pornográfico aturdidoras, especialmente gracias al imparable bombardeo de emociones extremas y manipulantes que nos sacuden sin descanso hasta, casi, la náusea. Justamente, el final de "Terroríficamente muertos" nunca me ha gustado. Es aturdidor. Todo el rollo del monstruo cabezón, las ramas destruyendo la cabaña a golpes, las continuas luces estroboscópicas, el torbellino, la fanfarria de un desatado Joe Lo Duca a la batuta... ¿por qué? Sin embargo, el caso de la primera, la original, es un pelo distinto.
El joven Raimi aplicó su visión grandilocuente al desenlace. Y sí, es lo que contribuyó a separarla del montonazo de basuras zetoides operativas entonces dentro del cine de terror independiente, obteniendo unos resultados demenciales, delirantes, con toda esa orgía de stop-motion, plastilina y yogur verde absolutamente maravillosa. En su época se veía cutre, y se sigue viendo cutre, pero molaba muchísimo, por lo excesivo y el encanto de las técnicas empleadas. Ahí las limitaciones propias de la época -y el presupuesto- jugaron en su favor, obligando a cierta contención y, casi accidentalmente, logrando un equilibrio muy beneficioso para ese "grand finale" y la película resultante.
Al contar el director con más medios en "Ola de crímenes... ola de risas!!", perdió el pedal y pasó lo que pasó. Un desenlace agotador. Es estupendo que una película vaya a toda hostia, evitando desesperadamente aburrir a su audiencia (y ya sabemos lo extremadamente condicionado a la misma que está Raimi), pero, ocasionalmente, puede darse el caso inverso. Amuermar por abuso de ritmo desbocado. Creo que es bueno detenerse unos minutos, dejar respirar al público y, luego, ¡pam! apretar el acelerador otra vez. El jovenzulo Sam no lo sabía aún y, en fin... lo dicho.
Con todo, tampoco comprendo la mala fama que gasta el largometraje. No es redondo, pero sí muy simpático y generoso en momentos irrepetibles. Así pues, si no lo has visto y echas de menos al buen Sam Raimi, ni lo dudes.

viernes, 5 de abril de 2024

EL VIDEO CLUB DE KIM

Yong-Man Kim, director de la película independiente “One-Third” —título ilocalizable y que no es precisamente por lo que es conocido el individuo en cuestión—, es un inmigrante coreano que en los años 70 se traslada a Nueva York donde pone un negocio de lavandería. Con el boom del vídeo a primeros de los 80,  aprovecha la coyuntura para incorporar a su establecimiento una pequeña estantería con películas de VHS de alquiler. Lo de las cintas va prosperando hasta que, vista la gran demanda, se ve obligado a desmantelar la lavandería para montar un videoclub: el mítico Kim’s Video de Nueva York. El negocio va tan bien que se expande, y llega a abrir siete sucursales en toda la ciudad, aunque su primera tienda, la más emblemática, es la que se convirtió en un lugar de peregrinaje para todos los cinéfilos neoyorkinos (dicen que los hermanos Coen debían 600 dólares en concepto de retrasos) que poseía más de 55.000 títulos entre los que se encontraba una nutrida sección de cine underground, donde los usuarios podían encontrar títulos de entes tan importantes del movimiento como podían ser Nick Zedd o nuestro querido George Kuchar, además de un amplio catálogo de cine raro, todos los subgéneros y sin descuidar en absoluto los últimos estrenos comerciales. Un autentico paraíso. También el dueño del establecimiento se vanagloriaba de tener las películas más extrañas de cualquier país del mundo. Y así era, con la particularidad de que el archivo que ponía a disposición de los usuarios no era muy legal que digamos. Yong-Man Kim se dedicaba a piratear cintas que encargaba a las embajadas o enviaba a sus empleados a festivales internacionales con el fin de que se trajeran nandanga. Copiaba las cintas y las ponía en alquiler en su videoclub. Por ese motivo el FBI les estaba retirando siempre material que el individuo, al día siguiente, reponía sin ningún problema. Y es que, aunque esa es una actividad tirando a gangsteril, el lema de Kim consistía en que “la propiedad intelectual era importante, pero más aún el conocimiento cinematográfico”.
Como fuere, el establecimiento sobrevivió a las acusaciones de piratería y a las distintas crisis, hasta que entrada la era digital dejó de ser rentable y fue cerrando todas sus sedes hasta no quedar ni una. Viéndose en la tesitura de tener que donar los 55.000 títulos en VHS y DVD que tenía en propiedad.
Por otro lado, un viejo socio del videoclub de Kim ahora cineasta, David Redmon, comienza con la filmación de un documental (este que nos ocupa) sobre qué le pasó al Kim’s Video. El chaval tenía este lugar en alto estima, lo consideraba el responsable de su recalcitrante cinefilia y quería investigar qué había pasado con todas esas cintas. Lo que sucedió es que Kim, ante más de 40 entidades gubernamentales que habían solicitado adquirir las películas, había decidido donarlo al pueblo de Selami en Sicilia, Italia, solicitantes de la donación y dispuestos a seguir a rajatabla los únicos requisitos que se pedían para hacerse cargo de la colección: tener un espacio donde mantener e incrementar ese legado, poner las películas a disposición de los usuarios y, en definitiva, cuidar de tan maravilloso regalo. Las autoridades de Selami se encargaron de archivar todo aquello en un recinto destinado a tal efecto. Además, cualquier socio de Nueva York podía tener una habitación en la localidad para poder visitar el archivo cuando deseara. Redmon, obsesionado con ese videoclub y teniendo esas directrices presentes, viaja a Sicilia con la idea de continuar con su documental, y cuando llega allí, todo son pegas por parte de las autoridades de Selami a la hora de acercarse al archivo. Este se encuentra cerrado y el trato con las gentes del pueblo es bastante hostil. Muy cabezón el tipo, decide acercarse al local donde están todas esas películas por su cuenta, y logra colarse dentro ya que la puerta está abierta (porque está rota), y allí es testigo de que el pueblo de Selami no solo no ha cumplido con sus promesas de preservación y archivo (de hecho tienen la nave cerrada al público) si no que, además, todas esas películas están abandonadas y con gran parte de ellas echadas a perder por el mal clima, la humedad y el precario almacenamiento. Descubre además que la  decisión de poner a buen recaudo la colección de Kim, no es más que una estratagema por parte del gobierno siciliano, corrupto y vinculado con la Mafia, para blanquear dinero y hacer publicidad del pueblo y de sus dirigentes de cara al exterior. En realidad las películas le daban igual al pueblo de Selani y las tenían ahí dejadas de la mano de dios, pudriéndose. Todo esto le parece fatal tanto a David Redmon como a Yong- Man Kim, que viaja asimismo a Selami a mostrar su disconformidad. Y en consecuencia se urde un plan para traer el videoclub de vuelta a Nueva York.
Esta fascinante historia, contada a través de las grabaciones de Redmon y la codirectora  Ashley Sabin así como cintas caseras pertenecientes a Yong Man Kim, viene ilustrada con una serie de escenas de distintas películas que, sin orden ni concierto, son paralelas a la rocambolesca experiencia que les ha tocado vivir, cuando tan solo querían hacer un documental sobre el paradero de su videoclub favorito.
Un documental con visos de thriller, y como tal, te tiene pendiente de que ocurrirá en todo momento. Luego nos damos cuenta de que no es más que una trama de blanqueo tan habitual como cualquier corruptela española al estilo de los papeles de Panamá (en la que estaba inmiscuido el mismísimo Almodóvar). Que el gobierno robe está a la orden del día en países como España, Italia etcétera, pero estos individuos americanos se toman muy a pecho lo que se está haciendo con una colección de vídeos —tampoco muy valiosa, porque, al margen de las cintas underground y/o difíciles de encontrar, el resto son ediciones sencillas en DVD y VHS de títulos híper trillados— que supone, además de un viejo negocio para su dueño, lo que queda de una zona de Nueva York transformada por la gentrificación como es el centro de Manhattan, Deuce, Upper East Side y demás zonas donde convivía cultura y delincuencia sin mayores aspavientos, y estaban sitos algunos de los videoclubs del Señor Kim.
Muy bueno el documental, y emocionante; te mantiene pegado a la butaca la hora y media larga que se gasta. Definitivamente, una agradable sorpresa, aunque también es cierto que resultan algo irritantes ciertas ínfulas que se gasta el amigo Redmon en la narración en off.
Más cercano al culturetísmo gafapastil (el de verdad, no el de los hipsters) que al posmodernismo propio de la reivindicación de lo retro, el documental fue carne de festival, sembrando pasiones en Tribeca, Sundance, Fantastic Fest y, por supuesto, Sitges.

miércoles, 3 de abril de 2024

MINUTOS MUSICALES 24: ANTI-CRASS, 2ª PARTE / SPECIAL DUTIES

Han sido miles las ocasiones en las que he hablado con dolor de la triste evolución que sufrió el punk desde sus inicios, por ahí mediados de los setenta, hasta nuestros días. Deteniéndome con honores en la década de los ochenta y, muy especialmente, Inglaterra. Dicho de otro modo, cuando la libertad creativa, ideológica y humana inherente al punk primigenio mutó a moda y fue adoptada por los medios amarillistas, centrados en exagerar su lado provocador a la búsqueda de titulares llamativos y ventas, e influyendo en el público joven e impresionable quien, ansioso de encontrar esa "diferencia" que uno busca a tales mongólicas edades, lo adoptó y auto aplicó cual evangelio. Y, ahí, el punk prostituyó todo aquello que significó en su momento para mutar a submovimiento dogmático, uno donde se exigían sonidos específicos, estéticas específicas, actitudes e ideas específicas, todo rebañado en una estultez + facilón efecto "shock" absolutamente deplorables. Y, salvo casos muy concretos y minoritarios, así ha sido la cosa desde entonces.
Bien. Pues si hay un grupo que lo ejemplifica de manera magistral, rozando la parodia involuntaria, ese es... no, "Exploited" no -aunque se aproximan-, hablo de "Special Duties", cuyo primer disco respondía al nada sutil nombre de "77 in 82". Cuando oportunamente reaparecieron en los noventa motivados por un reinterés mediático en el punk -de la mano del "boom" "Green Day"-, además de grasa, traían un disco nuevo bajo el brazo. ¿Y cómo se llamaba? "77 in 97". Con eso, está dicho todo.
En realidad no, digamos un poco más.
Semejante obsesión con las maneras del 77 quedaba algo descuadrada cuando, escuchándolos, descubrías que los "Duties" sonaban exactamente igual a muchas de las bandas de su periodo (el llamado UK Punk 82, la versión "cartoon" de lo ocurrido cinco años antes), sin conexión alguna con, no sé, "Buzzcocks", "Chelsea" o "Slaughter and the dogs". Carecían de ideas propias, originales o, cuanto menos, frescas en sus letras, composiciones, portadas, títulos y absolutamente todo lo que les definía. Eran un mazacote. Un ladrillo. Imaginación, estilo y personalidad cero.
Eso no significa que no pudieras consumirlos con la misma actitud que se consume la comida basura, por supuesto. En especial su "hit" -por así llamarlo-, "Violent Society" (ya les dije, imaginación al poder), que suena de este tan previsible pero gozoso modo...

Resulta irónico que, cuanto más apestufaba el cadáver, más se mosqueaban aquellos integrantes -culpables de su fenecimiento, sin duda- al leer o escuchar aquello de "Punk is Dead". Y, justo, ese era el chinchante título de uno de los primeros temas de "Crass", que sentó como una patada en el orto a "los otros". Así pues, tocaba rajar del combo anarquista, valiéndose de un insulto tan poco creativo como los repertorios musicales de los insultadores: viejos hippies. Actuando de tal modo, otorgaban a "Crass" la medalla a lo más punk de su década, ofendiendo a los que se pretendían "ofendedores" y defendían + practicaban una idea del punk tradicional, conservadora, complaciente y dogmática.
Los "Special Duties" se curraron el contraataque más llamativo: una canción que comenzaba sonando estilo "Crass", coronando un EP cuya portada jugaba a "imitar" sus mismas estéticas. Dicho aparente ingenio se iba a tomar viento cuando decidían bautizar la tonadilla como "Bullshit Crass" y adornarla a base de lírica igualmente elemental, chabacana y tosca...


La guasa fue tan lejos, que el propio voceras se hacía llamar Steve Arrogant, en una directa y nada sutil puya a Steve Ignorant.
¿Hubo consecuencias? Pues sí. Los "Dead Kennedys" se negaron a compartir escenario con "Special Duties" por ello. Su distribuidora les dio la espalda y sus siguientes trabajos tuvieron unas ventas tan paupérrimas como para que, finalmente, el grupo decidiera separarse.
Ya en los noventa, y dispuestos a retomar los instrumentos con la desgana propia de aquellos señores de mediana edad movidos únicamente por cierto reconocimiento tardío (no hay más que ver vídeos del periodo), los "Duties" osan afirmar, sin vergüenza alguna, que ellos han trascendido mientras hoy día nadie se acuerda ya de "Crass". ¿En serio? Hay que tener cojones y ser.... ¿punk? no, más bien un poco mameluco.

lunes, 1 de abril de 2024

COOLEY HIGH

"Cooley High" no es un film para nada conocido en España, pero toda una institución en Estados Unidos (¿y qué no lo es allí?). Renombrada de manera popular como el "American Graffiti negro", sería asimismo un precedente para los más influyentes "hood films" de los noventa, siendo, y con permiso de las películas de Charles Burnett, una de las primeras que se centran en la vida de los barrios negros. "Cooley High" lo hace desde la comedia intentando evitar el victimismo, pero con inevitables gotitas de drama intrínsecas del subgénero. Sin embargo, es de carácter terriblemente localista y resulta comprensible que nunca se haya estrenado en España.
La comparación con "American Graffiti" es inevitable si consideramos que el soundtrack tiene mucha prominencia, sonando cada dos por tres temazos de la Motown, adscribiéndose así a esa corriente llamada "Soul Cinema".
El argumento es sencillo; la historia sigue a un grupo de estudiantes negros del instituto Cooley, una escuela para gente de los suburbios de Chicago que, además de asistir a clase, salen por ahí, juegan a dados, hacen el gamberro y flirtean con las chicas. Todo en un tono muy desenfadado hasta que los acontecimientos se tuercen y el guion da un giro hacia el drama más descarnado.
Pese al prestigio que la película tiene en USA, "Cooley High" no termina de convencerme. Los gags no funcionan y es demasiado lineal, por lo que al final lo que tenemos ahí es una sucesión de secuencias hilvanadas sin demasiada coherencia, hasta que se lía la cosa —volviéndose pelín más interesante— en su desenlace. Bajo mi juicio es flojita, incluso tirando a aburrida, pero comprendo a la perfección la importancia que tiene, su papel en la historia de los "hood films" y que sea un referente, sobre todo para todas esas películas de los 90 que con el desembarco mundial de la cultura hip-hop y, en consecuencia, sí llegaron a nuestros cines.
Como fuere, tratándose de un film de poco más de 750.000 dólares, resultó un tremendo éxito recaudando 13 millones, motivo por el cual la cadena de televisión ABC planeó convertirlo en serie. Se llegó incluso a rodar un episodio piloto. No obstante, los ejecutivos no quedaron nada contentos, remodelando por completo el concepto hasta convertirlo en algo totalmente distinto titulado "What's Happening", ampliamente bendecido por el beneplácito de una generosa audiencia.
“Cooley High” recientemente ha sido seleccionada para su preservación en el "Registro Nacional de Cine" de los Estados Unidos tras muchos años como candidata y, en definitiva, se trata de un clásico americano del que poco se ha escuchado hablar por estos lares, quizás por tratarse de una setentera de negros mucho más amable y ufana que otros títulos de la misma índole adscritos al "blaxploitation".
Por supuesto, Michael Schultz, director, es un viejo conocido de este blog. Con una carrera irregular hasta la ofensa, no obstante, ha dejado títulos que por aquí nos caen simpáticos como "Krush Groove", "Tres gordos y un millonario", "El último Dragón" o "Tarzán en Manhattan", del mismo modo que dirigió una secuela para televisión de "Un loco anda suelto" en la que sustituía a Steve Martin por el estupendo Mark Blankfield —visto en "Jeckyll & Hyde: hasta que la risa nos separe"—, en "The Jerk, Too" que no he tenido el placer o la desgracia de ver.
"Cooley High", más allá de su estética fardona o su relevancia, la verdad es que me ha gustado tirando a poco, pero siempre es interesante ver este tipo de películas pioneras de un determinado subgénero.

sábado, 30 de marzo de 2024

LOS SUPERVIVIENTES DE LOS ANDES

Inevitablemente, el lanzamiento de la cacareada "La sociedad de la nieve" (muy decente aunque un pelín larga) ha vuelto a poner de actualidad la tragedia real que retrata, aquello del accidente aéreo y cómo los supervivientes se vieron obligados a devorar la carne de sus compañeros fallecidos. Nada más estrenarse, muchos corrieron a puntualizar que ya se había rodado otro film previo sobre idénticos hechos, "¡Viven!", la versión Hollywood dirigida por el mismo Frank Marshall formado a la sombra de Steven Spielberg, cambiando el tono desenfadado de su largo de debut, "Aracnofobia", por uno más serio y dramático, tal vez a la búsqueda de premios y reconocimientos. La cosa debió funcionar más bien "flojuchamente", porque Marshall retomó las maneras más alegres y "tontunas" en su siguiente y muy recomendable "Congo".
Sin embargo, lo que muchos gacetilleros habían olvidado. O querían olvidar. Es que hubo una previa a las dos mencionadas, inspirada también en ese mismo asunto, "Los supervivientes de los Andes" (con un artículo de quita y pon según quien edite). La razón de que, mayormente, fuese ignominiosamente despechada puede deberse a diversos factores: La más sencilla es la ignorancia. Ya sabemos cómo anda hoy el patio. Pero podría haberlas de otro orden. "Los supervivientes de los Andes" es un producto oportunista hasta el tuétano. De abierta y desacomplejada mentalidad "exploitativa". Se rodó solo cuatro años después del movidón. A toda prisa y con el presupuesto justo. Priorizando el elemento más sensacionalista y chocante a modo de reclamo: el canibalismo. De los tres films, es el único donde vemos cómo se corta pacientemente la carne de un cadáver. Y no está para nada mal ejecutado. Semejante desvergüenza se debe, obvio, a su procedencia Mexicana (conocemos sobradamente de qué manera las gastaban -y gastan- allí cuando se trata de sacar cuartos a través del sucio morbo) y su director, el inmortal René Cardona, forjado en las trincheras del más descarnado cine populachero. Produciendo y co-guionizando, su temible hijo, René Cardona Jr, quien ganaba a papá en actitud desalmada y mentalidad truculenta. Seguramente en sus manos -como director- el resultado habría sido mucho más sanguinolento. ¿Y cutre?.
Lo cierto es que "Los supervivientes de los Andes" no está tan tan mal. La escena del avión hostiándose queda lejos de ofender. Sí, las maquetas cantan un poco, pero no excesivamente. Es mucho más chusquero el decorado donde se desarrollan los culebrones del clan superviviente. Se nota un huevo el cartón piedra. Y el poliexpán fingiendo ser copos de nieve. Pero bueno, lo dejamos pasar porque, así de primeras, el ritmo es más acelerado que en la reciente versión. Y, además, el affaire propiamente dicho se intercala con escenas de las autoridades organizando el rescate, por lo que todo se torna un pelo más ameno. Es quizás al final donde comienzan a pesar los fotogramas y la impaciencia por ver llegar el "Fin" se torna inevitable. Suerte que el pifostio solo dura 85 minutos.
En el reparto un auténtico "mostro" en estas cosas del "exploit" mexicano, Hugo Stiglitz.
La imagen expuesta pertenece a una de las varias ediciones que tuvo en su día para el mercado del alquiler. Probablemente, pirata. De ahí que la muchacha horrorizada sea la bella Jenny Agutter, en un plano extraído de "El superviviente", película australiana del 81. Suponemos elegida por los distribuidores porque también va de aviones que se estrellan y personas que sobreviven (bueno, solo una). Lo mismo podríamos decir de la imagen trasera -debajo-, donde un par de tipos devoran entrañas cual zombies desbocados (me viene a la mente sendo film en el que unos hombres desesperados cazan a un oso polar, zampándose a lo bruto sus tripas a pesar de ser advertidos sobre lo escasamente saludable de tal práctica. Pero he olvidado el título. Sorry) Que los copos de nieve vengan pintarrajeados de mala manera (tal vez con "Tipp-ex"), pone la guinda a una sucia práctica amada por estos parajes. Obviamente, en la realidad -y los tres títulos resultantes- el "momento antropófago" no fue TAN espectacular.
Como relleno a una velada tonta, "Los supervivientes de los Andes" se deja ver. Y me parece la mar de feo que sea excluida de la lista de versiones fílmicas inspiradas en los dramáticos hechos, especialmente si ello se debe a cuestiones morales. Puede ser más o menos criticable... pero, a su vez, genuinamente interesante desde un punto de vista histórico, o sociológico, o antropológico. El que exista única y totalmente motivada por fines crematísticos, sin la mínima consideración respecto a los afectados. 
Alguien podría tildar de políticamente incorrecto que, siendo de donde es, se la ningunee mientras, por otro lado, aquellas paridas (o co-paridas) mediante montante yanki son aplaudidas y respetadas. Pero no seré yo el que proceda. Ya existen demasiados papanatas con aspiraciones redentoras ahí fuera.

viernes, 29 de marzo de 2024

MOLINA'S FEROZZ

Es paradójico que un país como Cuba, donde está sita la "Escuela Internacional de Cine y Televisión" y donde hay cierta tradición en la formación de cineastas, sea por otra parte uno de los países donde hacer cine es más complicado. Bueno, todo es complicado en Cuba. Y los pocos que lo consiguen se decantan siempre por el tema social. Sin embargo, el fantástico, sin duda el género con más adeptos en el mundo, llega a cualquier rincón del planeta y, por supuesto, en Cuba también hay aficionados que cuando tienen oportunidad de filmar, tiran por esos derroteros con todas las dificultades que ello acarrea.  Jorge Molina, el director de esta "Ferozz" se ubica dentro del "fantastique" cubano con todas las de la ley.
Molina se considera un tipo sencillo, no un intelectual. Al margen, es un cinéfilo empedernido que tras una serie de carambolas en lo que a la producción se refiere, y con la ayuda de unos cuantos aficionados españoles, logra financiar esta revisión —muy sui generis—del cuento de Caperucita Roja, ambientando la acción en la campiña cubana y decidiendo, influenciado por Valerian Borowczyk y su película "La bestia", pasarse a esa corriente del "cine escándalo" tan propia de los años 70 y que se estiló levemente en la década en la que se rodó "Ferozz" (los años 10 del nuevo milenio). Así que, si les digo que piensen de manera picantona en Caperucita y el lobo, se van a quedar cortos, máxime cuando aquí la más pervertida del cuento es la abuelita. Entonces tenemos la libre adaptación del clásico de Perrault con deficientes mentales fruto del incesto, una familia que es para darle de comer aparte, zoofilia y toda suerte de florituras —muy vistosas— de por medio. Nuestros ojos europeos ya están acostumbrados a eso y más, pero imagínense una película de semejante naturaleza en un país como Cuba (pese a que el propio Molina dice inspirarse en lo que sucede en algunas regiones cubanas, donde el incesto y el bestialismo están a la orden del día).
"Ferozz" nace como un cortometraje, pero se convierte en largometraje en el momento que el director recibe 10.000 dólares de financiación. Molina decía que, quizás, no es mucho dinero, pero que él con esa cantidad se rodaba "Lawrence de Arabia". Así se las apañó para que un guion de 20 páginas, llegara a una duración de algo más de una hora. El resultado, estéticamente, y teniendo en cuenta su procedencia, es harto interesante. A mí personalmente me llama más por su procedencia exótica, por su ambientación purulenta y enrarecida, que por la serie de perversiones que filma, aquellas por las que es popular —dentro del culto que se le procesa, lógicamente— y, en cierto modo, su razón de ser.
Probablemente debido a la historia que arrastra su país, esa transgresión a la que Jorge Molina parece agarrarse, resulta ingenua e inocente ante nuestros ojos, aunque tampoco permanezcamos impasibles. Sin embargo, estrenar "Ferozz" en Cuba es harina de otro costal; el público reaccionó rompiendo los cristales del cine, escupiendo al director en la cara y llamándole enfermo, mientras que otro sector le otorgó tratamiento de genio.
La película es extraña, excesiva a todas luces, pero entretenida y curiosa. Destacando todo ello por encima de la célebre secuencia de la protagonista con un perrito. Ya se pueden imaginar.
Jorge Molina es un cortometrajista consumado. Si observamos su filmografía (donde predominan estos) localizaremos algún atisbo de megalomanía en el sentido que, de un tiempo a esta parte, gusta de titular sus trabajos con su nombre por delante, como si fuera, por ejemplo, John Carpenter, así que en realidad esta película sería "Molina's Ferozz", pero también tiene "Molina's Borealis" o "Molina's Rebecca"....
Curioso este Molina.

miércoles, 27 de marzo de 2024

MINUTOS MUSICALES 23: ANTI-CRASS, 1ª PARTE / ARTLESS

Habrán notado, a lo largo y ancho de todas las respectivas entradas de minutos musicales,  que la formación anarco-punk "Crass" dispone de cierto peso entre mis apetencias punkistas. Bien. Sí, pero no. Steve Ignorant, Penny Rimbaud, Gee Vaucher, Phil Free, Eve Libertine, Joy De Vivre, Mick Duffield, John Loder y los demás fueron de vital importancia en cierto momento de mi existir. Aunque, entre lo radical de su perorata panfletaria (me hacían sentir culpable cada vez que disfrutaba de una "McBurger", jaleaba a "Paul Kersey" o miraba con exclusivos intereses carnales a las féminas de mi entorno) y lo "poco accesible" de sus maneras compositivas, acabé algo harto de ellos. Volcándome mucho más feliz en un punk rock despreocupado, cafre y tan aficionado como yo al lado más "ignominioso" de la cultura popular. Rara es la ocasión en la que, a día de hoy, los escucho.
Aún así, les seguí / sigo respetando. Incluso estimando. Después de todo, siempre admiré y defenderé su concepción del punk. Lo más genuino ocurrido durante los ochenta. No solo en lo político, también lo creativo y... hum, "operativo". Su dedicación al D.I.Y. y la auto gestión pura eran reverenciables. A los "Crass" o los amabas con locura, o los odiabas. Y de estos últimos los hubo, a porrillo. También se lo buscaban, chinchando sin descanso al personal. Sobre todo aquel situado en el espectro más comercialucho, teatrero y complaciente del punk. La mayoría callaban. Otros hacían lo imposible por llevarse bien (como "The Business", reyes del "Oi!", quienes incluso les dedicaron una voluntariosa versión). Los había que devolvían la pelota desde la prensa escrita (como Wattie de "Exploited"). Y, por supuesto, también están aquellos que contraatacaron usando las mismas armas: instrumentos musicales.
Los ejemplos más sonados (o los únicos que yo conozco) son dos, cuyo grado de mala uva e inteligencia varía según la banda. Mi plan original consistía en rejuntar ambos aquí, pero el rollo ha dado pa tanto que he preferido partirlo.
Ahí va la primera dosis: "Artless".

Hablar de "Artless" significa hacerlo de Mykel Board, un personaje de esos irrepetibles que llevan pululando por el underground y la contra-cultura desde tiempos inmemoriales. Y al que le mola más provocar que a un tonto una piruleta. Ya en los primeros fanzines ochenteros de un John Holmstrom post-"Punk Magazine" (especialmente la simpatiquísima "Stop! Magazine") encontrábamos anuncios del colega, promocionando su banda paródica arty-punk "Art" (compuesta por él al micro y un metrónomo como único instrumento) a base de imágenes abiertamente pornográficas. Luego, añadió un "less" a la palabra, dando vida así a un grupo que dejó cierta huella en la respectiva década.
Board era, como digo, un tocacojones nato. De ideología libertaria, bla, bla (es decir, tirando más a políticamente correcta), se planteó qué pasaría si una panda de republicanos, conservadores y derechosos se animaran a dar forma a su propia formación punk rockera. Y a la hora de componer, hiciesen como todos, defender sus causas políticas... solo que estas eran más del gusto de, digamos, un Reagan. O un Trump. Así, el resultado se convertía en veneno de cara a las audiencias punk más elementales y cuadriculadas, incapaces de pensar por cuenta propia y, más importante aún, pillar el sarcasmo de todo ello. El humor.
Y es por eso que, durante las actuaciones de "Artless", había broncas. Tanto como para que el guitarra luciera una camiseta con "Yo no escribo las letras de las canciones" estampado. Y el mismo Board terminara en más de una ocasión dentro del container sito al lado de la sala de conciertos. Aún así, el hombre estuvo un largo tiempo dedicado a su combo. Llegó a editar un LP compartido con -como no- G.G.Allin, de cuya portada -la de "Artless"- se encargó su viejo colega Holmstrom.


Bien, entre toda la ralea de temas paridos por Mykel Board y los suyos -honestamente, nada del otro jueves- destaca uno titulado "Crassdriver". Lo hilarante aquí es que la primera vez que lo escuché fue gracias a un CD-R pirata editado y vendido por una famosa tienda barcelonesa de desacomplejada ideología anarquista. Es más, ilustraban la cubierta con el -así de primeras- famoso logotipo de "Crass" y, dentro, encontrabas tanto canciones de "Artless" en su inglés nativo como otras en... ¿alemán? Bien, tenía truco. Resulta que en las germanias existía otro grupo de idéntico nombre, e ideología mucho más afín a los de la tienda. O a lo que se esperaría de un supuesto grupo punk underground. Dicho de otro modo, los responsables en ningún momento prestaron atención, ni entendieron la jugada. De lo contrario, se habrían dado cuenta que, A, eran dos combos distintos, B, el yanki gastaba una naturaleza ideológicamente opuesta a ellos, C, en concreto el tema que daba nombre al mismo CD-R, "Crassdriver", era un PALO ENORME a la famosa e intocable formación anarquista y D, el mentado logo de "Crass" en la portada hacía gala de una pequeña peculiaridad. Justo en la parte intermedia, veías un destornillador. Si traducimos la palabreja al inglés, obtenemos "screwdriver". Y, yes!, tal vez sepan que "Skrewdriver" es el nombre de la más famosa e infame banda nazi de la historia de la música. Pero cuando digo nazi, lo digo a conciencia. Sin florituras. Está claro que los del local... es decir, la tienda, no hicieron los deberes (e ignorantes hay en todos los bandos)

Así pues, en su canción, "Artless" emparentan a los nazis "Skrewdriver" con los anarquistas "Crass". De ahí la mezcla, "Crassdriver". Preguntando en un contagioso estribillo aquello de "¿no sabes que es lo mismo?", a tenor de que ambas comparten un logo, un uniforme y unas ideas cuadriculadas y dogmáticas que pobre de ti rechaces (son legendarias las historietas de los "Crass" imponiendo ciertas decisiones musicales y estéticas a las bandas que apadrinaban). Terminan la tonadilla afirmando burlonamente que los anarquistas han "dado mal nombre al punk".
Bien. Los más devotos de "Crass" se estarán tirando de los pelos. Sin embargo, y aunque hasta cierto punto Board y sus "Artless" no van escasos de razón (siempre he dicho que los "ismos" se tocan, y lo sigo pensando), es verdad que había algo de guasa en ello. No olviden que el cantante estaba más próximo a Steve Ignorant y cía en actitudes e ideas que a los supuestos republicanos con instrumentos que eran, y ya no digamos Ian Stuart, líder de los temibles "Skrewdriver". Tampoco afirmo que soltara trolas, simplemente -opino- lo exageraba, sin genuina malicia. Todo lo contrario que el caso que verán y oirán en la próxima entrada. De momento, cierro el tochete con, obviamente, "Crassdriver" de los "Artless".

Y si se lo preguntan, aunque la carrera del combo llegó a su final por ahí los noventa -con alguna puntual resurrección pillada con pinzas-, Mykel Board siguió dándole a la provocación, esta vez por escrito. Se convirtió en un polémico columnista en la insigne "Maximum Rocknroll". Publicó algunos libros (uno con portada de, nuevamente, John Holmstrom). Viajó mucho (era declarado fan de la cultura Japonesa aunque, decía, no podía sufrir su devoción por el trabajo). Y, ahí sigue, pululando en redes sociales y escribiendo en sus blogs, sin descanso. Un aplauso para el caballero.

lunes, 25 de marzo de 2024

TEO, EL PELIRROJO

“Teo, el pelirrojo” es una ignota película del no menos ignoto director burgalés Paco Lucio. Compitió en el festival de Berlín, pero, más allá de eso, apenas tuvo vida comercial tras su discreto estreno en cines, donde la vieron poco menos de 60.000 personas. No consiguió el apoyo de las televisiones y no se emitió hasta muchos años después, ya en los 90, del mismo modo que nunca tuvo una edición oficial en vídeo.
Sin embargo, sí obtuvo apoyo de la Junta de Castilla y León y fue financiada por el Ministerio de Cultura solo en parte, cosa rara considerando que, por forma y fondo (película de tono serio y culto, ambientada en la época del desarrollismo y con un reparto de renombre), a priori, cumplía con todo lo que exigía la ley Miró a una producción.
Vista hoy puedo comprender el ninguneo esnob, porque, pese a que se trata de una película muy para ese público de los ochenta, la tosquedad y poca pericia con la que está rodada debió tirar para atrás a todos aquellos entes bienpensantes que podían decidir sobre su futuro.
La cosa va de un juez que, junto con su esposa e hijo pequeño, se va al pueblo del que es originario porque le han avisado de que el abuelo va a morir. Una vez allí, el hijo del juez, además de contactar con otros críos, se hace amigo de un cateto, Teo el pelirrojo, aspirante a policía local que es rechazado por los dirigentes por mala bestia, lanzar proclamas comunistas en la tasca y tener un pasado turbio. Pero el chaval y el bruto se llevan estupendamente y tienen conversaciones de lo más enriquecedoras. Todo se tuerce cuando el pedazo de animal saca un día la escopeta y se carga a todas aquellas personas relevantes que le han negado el pan y la sal como policía.
Por supuesto, como el chaval ha hablado de muchas cosas con el asesino, será sometido a un tercer grado por parte de su padre el juez y las autoridades del pueblo.
Como pueden ver, un argumento muy viable para lo que se estilaría en el cine español a finales de los ochenta. Sin embargo, y al margen del politiqueo que pudiera haber silenciado (o no) esta película, “Teo, el pelirrojo” es aburrida como una mala cosa, amén de tener una estructura extraña, de tres o cuatro actos, incapaz de llevar una línea narrativa coherente; los hay largos en exceso y otros —como cuando Teo el pelirrojo  se lía a tiros— suceden en un santiamén. En definitiva, y hablando en plata, se trata de una película cultureta, sí, pero bastante mala.
El reparto esta formado por actores de la talla de Álvaro de Luna “El Algarrobo”, incapaz de desencasillarse de los papeles de garrulo tras su paso por “Curro Jiménez”, Ovidi Montllor, con la parsimonia que le caracteriza, y María Luisa San José, que sobrevivió al destape para, en esta época, especializarse en dramas rurales tras “Réquiem por un campesino español”. Asimismo, tenemos a todos los hijos de Cristina Rota aquí enchufados, en una producción leonesa, siendo Juan Diego Botto el niño protagonista —y que actúa con un gracejo y una frescura que ya no tendría en “Historias del Kronen” (ahí tendría gracejo, pero en otro sentido)— y sus hermanas Nur Al Levi y María Botto, que serían dos de las niñas que pululan por el largometraje (y que, aunque recientemente visionado, ahora mismo no sitúo).
Por su lado, el director Paco Lucio, que se ganó mejor la vida como asistente, encargándose de la segunda unidad de films del mismo palo que este, como por ejemplo “El espíritu de la colmena” o “El Sur” (ambas de Víctor Erice, al que Lucio considera su maestro), tuvo oportunidad de dirigir dos películas más durante toda su carrera, ambas en los 90 y de mínima repercusión, “El aliento del diablo” y “La sombra de Caín”.

sábado, 23 de marzo de 2024

FRONTIÈRE(S)

A mediados de los dosmiles, se produce en Francia una pequeña explosión de películas horroríficas interesadas en recuperar las maneras más duras, sucias y explícitas del género, vertiente yanki, acaecida durante los años 70. Estaban "Alta Tensión" (el plagio de la novela "Itensity" de Dean Koontz perpetrada por Alexandre Aja), "À l'intérieur" (seguramente la mejor del todas) y la que repasaré a continuación, "Frontière(s)". Repetían en la producción -tras la "alta imitación" de Aja- Luc Besson y su "EuropaCorp", esta vez mucho más seguros de donde se metían. Así pues, hasta cierto punto, se podría decir que "Frontière(s)" fue la aportación "mainstream" del pack. Y es curioso porque, a su vez, es la menos imaginativa y más de manual. Estamos ante la enésima variación de "La matanza de Texas", oooootra vez. Fotocopiar el clásico de Tobe Hooper ya era por entonces algo más propio de zineastas costrosos y amateuristas que de todo unos profesionales de la industria, como es el caso. E, igual que ocurre en las producciones de baja alcurnia, también aquí se tira de mucha sangre y más truculencia explícita cuando, no lo olvidemos, esta escaseaba en el film de Hooper, sustituida por una atmósfera sórdida y poco higiénica, cosa que solo se consigue cuando hay talento. Tirar de explosiones de hemoglobina y empacho de látex es lo opuesto / fácil.
"Frontière(s)" se centra en un grupo de chavales, semi delincuentes, que, huyendo de los alborotos urbanos ocurridos en París por aquellos entonces (lo recordarán, con quema de coches a tutiplén y demás mandanga destructiva), recalan en una casa de campo habitada por un clan de tarados cuyo cabecilla resulta ser un viejo nazi. Tenemos incluso al gorderas medio lerdo,  ataviado con un delantal salpicado de sangre, dedicado a trocear cadáveres. Así que, sin sorpresas. Los chavales serán perseguidos, cazados, mutilados (el momento más "ouch!" consiste en unas enormes tenazas cortando un tendón de Aquiles) hasta que la "final girl" de rigor (pal caso la "dernière fille"), teñida de rojo rojísimo, acabe con la troupe al completo en un clímax ultra-violento + intenso durante el que me costó mantener los ojos abiertos. Y no por miedo, sino por sueño.
"Frontière(s)" nunca llegó a estrenarse de modo oficial en nuestro sucio país, limitando su recorrido a festivales. Bueno, por una vez obramos sabiamente.
En los créditos finales se incluye un listado con todos los que ejercieron de figurante durante el rodaje. Como eventual integrante de colectivo que soy, lo encontré sorprendente y admirable. ¡Estas cosas solo pasan en la frans! A ver si aprendemos, españññña.
Debutaba en el largo comercial Xavier Gens, quien luego dirigiría "Hitman" y unas cuantas cosas más igual de desalmadas y olvidables.

viernes, 22 de marzo de 2024

BACK FROM THE DEAD

Estrenada en programa doble junto con "The Unknown Terror", "Back From The Dead", basada en una novela titulada "The Other One" (El otro!!) de  Catherine Turney, quien también firma el guion, es una pequeña película de "serie B" medio gótica, medio de terror psicológico cuya principal característica es que, tras su estreno, tuvo una distribución verdaderamente restringida y es raro encontrar copias en VHS o DVD de la misma. Tras los cines, su carrera, durante lustros, se limitó a esporádicos pases de televisión.
La cosa va de una mujer embarazada, su hermana y su marido, que andan de vacaciones en la playa. Todo parece idílico hasta que ella empieza a encontrarse mal y aborta repentinamente. Pronto comenzará a comportarse de forma extraña y descubriremos que lo que ha sucedido, es que está poseída por el espíritu de la ex mujer de su marido, ya fallecida. A partir de entonces, todo se saldrá de madre con un culto satánico de por medio.
En realidad, más allá de tratarse de una pieza ignota de cine de terror cincuentero, y que en cierto modo se anticipa a "Otra vuelta de tuerca" o " Los otros" o todo ese tipo de películas, "Back From The Dead" no es más que un folletín dramático antes que terrorífico, solucionado a base de conversaciones y actuaciones de corte teatral, con muchas escenas de cama (me refiero a que algún personaje interviene acostado, no que haya folleteo). La gracia de todo este asunto está en que se trata de una producción de "Regal Pictures", compañiá de Robert L. Lipper, antiguo empresario de salas de cine y conocido moroso de la "serie B" hollywoodiense, que se cascaba 20 producciones al año rodando en tan solo siete días y con presupuestos menores de 100.000 dólares —aunque "Back From The Dead" costó algo más—. Como tenía conexión con "Twentieth Century Fox" que distribuía sus películas, cuando Lipper comenzó a comprar lentes en scope para sus producciones, el estudio le prohibió que usara el logo de "Cinemascope" porque quería que este solo apareciese en sus propios productos de primera fila, por lo que Lipper, con dos cojones, a los suyos filmadas en dicho formato les colocó un logo propio personalizado: "Regalscope".
"Back from the dead" es antigua, en absoluto risible (aunque si bastante mala) y contiene poco más reseñable.
Su director, Charles Marquis Warren, no se prodigó mucho más en el séptimo arte, pero sí se convirtió en un artesano de televisión de extensa carrera.

miércoles, 20 de marzo de 2024

"CREEPSHOW", A DOS GRADOS DE SEPARACIÓN

Desde los albores de este blog, escribir maravillas con respecto a "Creepshow" ha sido una obsesiva constante. Hasta hartar. Bien, lo que igual desconocen es que el clásico de George A. Romero guarda una serie de conexiones muy particulares con otros asuntos de índole igualmente apasionante, al menos para el que suscribe.
Tan apasionantes como mi otra película favorita (y que cae un puesto por delante de "Creepshow"), "Posesión Infernal". Ambas vienen emparentadas por un mismo nombre, el del agente Irvin Shapiro y, más gracioso aún, un pedazo de tema musical "vintage" de naturaleza "stock". Concretamente "Jazz Traditional - Charleston" de Erik Markman. Se puede oír al final de los créditos de "Posesión Infernal" y en una escena de la de George A. Romero. Mientras en esta tiene toda la lógica del mundo, sonando en una jukebox junto a otras partituras del mismo periodo, en la previa... ¿por qué? Lo tenemos tan asumido que no vemos extrañeza en ello, ¿decantarse por un tema tan alegre y dicharachero al final de un film de horror tan intenso y más después de ver morir a su héroe? Bien, según se dice por ahí, consciente Sam Raimi de lo crudo, sangriento y oscuro del film, quiso compensarlo finalizando con semejante pieza. Tiene sentido. Sonaba tal que asín...

Habrá quien diga "También las dos películas comparten año de producción". Vale, pero eso creo que es más circunstancial, teniendo en cuenta que “Posesión…” tardó varios en completarse. Todo ello -y la presencia de Shapiro, supongo- permitió que ambas joyas acudiesen al festival de Cannes de aquel año mano con mano, dejando para la posteridad imágenes tan legendarias como las respectivas pancartas promocionales, una al lado de la otra, o la instantánea histórica de Sam y George juntos en el balcón de un hotel de la población franchute. Irrepetible.


Pero no acaba aquí la cosa.
¿Cómo se quedan si les digo que existe otro hilo conector entre "Creepshow" y.... mi héroe, George Kuchar? ¿Y qué tiene ello de extraño? Hombre, lo del clásico de Sam Raimi dispone de cierta lógica por año de producción, género y naturaleza... pero Kuchar pertenece a otro universo, otro nivel -uno más subterráneo-, y por ello la movida se torna exótica y marciana. Eso sí, para nada es una cuestión directa, que los dos Georges se conocieran y fuesen de cañas. En realidad, se debe a una tercera persona, Peggy Ahwesh.
En los ochenta Peggy era una punkilla que, además de ir a conciertos, pillaba una cámara de súper 8 y confeccionaba cortos con los colegas. Algunos de orden seudofeminista (al menos procedía en una época que eran poco comunes, ahora es feminista hasta el anuncio de cocacola). Un día, organiza una serie de proyecciones y, puesto que su hábitat natural resulta ser Pittsburgh, invita al cineasta más relevante del lugar, Don Romero. Se hacen amigos y, para cuando este arranca con "Creepshow", enchufa a la muchacha en funciones de asistente de algunos actores, entre ellos Ed Harris, quien se unió a ella, y su pandi, para terminar bailando pogo en algún concierto punk. Mítico. Ya puestos, fue la niñera de Joe King (hijo de Stephen, el niño del vudú/lector del tebeo y actual reputado escritor de terrores por... ¿cuenta propia?) y ayudó a ensuciar de verde el decorado de "La solitaria muerte de Jordy Verrill". ¡¡Vaya suertuda!!. Si se fijan bien en los títulos de crédito finales, la localizarán con la versión "seria" de su nombre, Margaret. 
Conclusa esta etapa (de la que aprendió tanto como para reconocer la gran influencia que tuvo en su cine el director de "La noche de los muertos vivientes", junto a otros ilustres: Dario Argento, Mario Bava y Lucio Fulci), Peggy, más en consonancia con su naturaleza “underground”, termina metida en los caóticos y alocados rodajes que el gran George Kuchar se marca como profesor en el "San Francisco Art Institute". 
Concretamente, sale caracterizada con un atuendo extravagante -algo muy propio de las Kucharadas- y haciendo el ridículo -algo muy propio de las Kucharadas- en una de las epopeyas más demenciales, extrañas y escatológicas del Maestro, "Evangelust", un palo desalmado a los tele predicadores que Kuchar grabó vídeo mediante a finales de los ochenta a base de caca y vómitos. Ahí va imagen del histórico encuentro...

Paralelamente, Peggy Ahwesh también se dejó ver en algunos video-diarios de Kuchar (concretamente: "Rainy Season", "Return to the House of Pain", "Fill Thy Crack with Whiteness" y "Munchies of Melody Manor"), pero esa es otra historia. En cuanto a su propia carrera, pues siguió pariendo cortos raros, dio el salto a los 16mm, luego al vídeo y finalmente las imágenes generadas por ordenador. Se hizo profa de bellas artes y hoy rula por Vimeo publicado las cosicas que inmortaliza mediante celular. Nada, todo muy aburrido y pretencioso... lo realmente interesante acá era contar su apasionante vínculo directo con sendas apasionantes movidas.
La próxima vez que entren en este blog y se encuentren con la enésima entrada dedicada al clásico de Romero (o al de Raimi), conténganse las ganas de destruir el ordenador. Como ven, hay motivos de sobras para amar a la(s) jodida(s).