sábado, 31 de octubre de 2020

THE LEGEND OF HALLOWEEN JACK

Esta noche se celebra Halloween (aquí, el día de todos los santos) y que mejor ocasión para ver un título actual relacionado con el tema, que, en mi ingenuidad, me he zampado tras el visionado del tráiler y decidir que la cosa no tenía mala pinta. Craso error. También es verdad que la película venía “avalada” por su director, Andrew Jones, director de la franquicia de “Robert the Doll” o “The Toymaker” que, dentro de la morralla videoclubera más insoportable, al menos esos títulos, me hacen cierta gracia.
“The Legend of Halloween Jack” parece ser una puesta al día de tercera categoría, no oficial, del telefilme “La oscura noche del espantapájaros”. Un asesino se dedica a asesinar jovencitos hasta que es arrestado. Es llevado a juicio y allí, el juez lo absuelve porque considera que la manera en la que se le ha detenido es ilegal, por lo que queda libre. Los padres de los chavales asesinados, enervados por la decisión del juez, se reúnen con el fin de capturar al individuo y hacer justicia popular, por lo que le meten la cabeza en un saco y se lo cargan a tiros. Un año después, en la víspera de Halloween, el asesino cobrará vida con la indumentaria (y el saco) con el que fue ajusticiado, y se tomará su revancha asesinado de esta guisa a todo dios (la mayor diferencia es que en "La oscura noche del espantapájaros" el asesinado era inocente, de ahí que el espectador se pusiera de su lado). Y ya está. Así contada, no parece tan chunga, pero verdaderamente conforme uno la está viendo y pasan los minutos, toda ella resulta irritante. En primer lugar, el sofisticado HD con el que está grabada la cosa esta. Esa nitidez que le da aspecto de gran película a cualquier bazofia, ya pone de mala hostia, pero es que además, “The Legend of Halloween Jack” tiene un etalonaje repugnante con una saturación masiva de los colores, imperando, por aquello de las calabazas de Halloween, el naranja. Esa estética tan digital, tan de hoy en día, lejos de favorecer a cualquier película, se la carga, máxime con una cosa como esta adscrita al terror. Tanto colorido lo único que hace es anular la atmósfera, sí es que esta mierda tenía algo de eso. Por otro lado, ya se sabe. La película se compone de largas escenas de diálogo eternas, irrelevantes, plomizas, un par de asesinatos en medio de la película y, al final, con la celebración de la fiesta de Halloween, viene la sangría propia de cualquier slasher, sólo que el mundo se está amariconando, y, aquí, los asesinatos son la mayoría fuera de plano, y los derramamientos no son más que gotitas de sangre rosita. El asesino pega una cuchillada y, en otro plano, alguien con una brochita salpica algo de pinturilla en el suelo. Pura bazofia actual.
Otra cosita; Durante los títulos de crédito y en algunos momentos que algún personaje está viendo la televisión, se nos muestran un buen montón de escenas de películas de terror clásicas cuyos derechos han prescrito. Esto no querría decir nada si no fuera porque vemos un buen rato cada escena insertada, por lo que, si las sumamos, fácil puede que entre todas den unos 10 minutos de metraje. Vamos, que están ahí puestas para rellenar, con dos buenos cojonazos. Por otro lado, y a pesar de la buena pinta inicial que podía parecer que tenía, uno es ya un poco consciente de lo que va a ver cuando le da al play, así que no me parece justo del todo, para la película, que yo me cebe tanto con ella. Parece que la hubiera visto solo para cagarme en ella y no es así, así que, buscándole algo positivo diré que, eso sí, el look del asesino, una especie de espantapájaros con un saco en la cabeza al que le han puesto una cara tan chistosa como inquietante, sí es un look que me gusta, de hecho, está de puta madre, y parece ideal para una película de Halloween. También diré que, infame como es la película, tan solo dura hora y veinte y se la ve uno. Se aburre, pero, se la ve del tirón. Así que, creo acertar cuando digo que, finalmente, “The Legend of Halloween Jack”, es en fondo lo que uno se espera de una película como esta.
Las puntuaciones de los usuarios en las bases de datos son tremendamente bajas pero no parecen hoy en día importar un carajo: datada en 2019, ya está estrenada su secuela, “The curse of Halloween Jack”, que seguramente no veré nunca. Al margen de las críticas, está claro que el fandom del terror es el más fiel. La película apareció en venta directa en Reino Unido, país del cual procede, y resultó ser el DVD más vendido la semana de su lanzamiento, por lo que, de alguna manera, la secuela se ha realizado porque esta ha salido rentable. Y así, hasta que la franquicia deje de serlo. En fin. ¡Feliz Halloween!

viernes, 30 de octubre de 2020

EL HALLOWEEN DE HUBIE

Lo que me encanta de Adam Sandler es que, un año, hace una película dramática en la que el tío ejecuta un papel tremendo de aquellos que sirven para que le den premios y consigue poner a toda la crítica a sus pies, y, al año siguiente, hace una película de Adam Sandler para fans de Adam Sandler, dando lo que se espera de Adam Sandler (por lo general, roles en los que interpreta a un individuo con ligero retraso mental) y consigue poner en su contra a toda esa misma crítica que el año anterior le laureó.
Además, cuando la crítica se ceba con Adam Sandler, suele ser especialmente cruel —de hecho, creo que fue con “Desmadre de padre”, un crítico británico, incluso llegó a desearle la muerte—. Pero Sandler no da puntadas sin hilo y sabe perfectamente la reacción que va a generar con cada película que hace. ¿Afecta esto a su modus operandi? En absoluto. Tiene a crítica y a público en donde quiere tenerlos en cada momento. Y por el camino, aumenta los ceros se su cuenta bancaria. ¿Stanley Kubrick? Me río yo de Kubrick. Adam Sandler sí que tiene absoluto poder creativo sobre lo que hace. Quizás por eso es la niña bonita de Netflix que le tiene en nómina desde el día cero. Por otro lado, fue Adam Sandler uno de los primeros hombres de negocios de Hollywood que se dio cuenta de que el futuro del cine estaba en las plataformas digitales y no en las salas. Y en ese negocio anda, intuyo, que por mucho tiempo.
Dentro de esa tesitura, “El Halloween de Hubie” es su última película para Netflix y en menos de un mes de vida en la plataforma la crítica ya le ha dicho de todo a Sandler menos bonito —esta tiene especial mérito, pues no solo ha puesto en su contra a la crítica convencional, sino también al público generalista, aquel que no es fan de Adam Sandler y que ven el film porque está disponible en Netflix, jamás pagaría por ir a ver una película de Sandler al cine, pero no tiene reparo en ensañarse con ella cuando el poder verla sólo es cuestión de darle a un botón. Bueno, en cualquier caso, hablar, opinar,hasta ahora es gratis—. No es para menos porque, en una reivindicación de sus papeles más irritantes, el Hubie de esta película es el típico personaje bobalicón y retraído que tan bien se le da hacer a Sandler y que puede sacar de quicio a neófitos y haters del cómico, pero que hará las delicias de sus fans, entre los que me incluyo. “El Halloween de Hubie” da exactamente lo que se puede esperar de una película de Adam Sandler. Esperar algo distinto es una absoluta necedad. Y lo que hoy se le critíca, ya lo había dado en películas como "Zoham". Así que, cuanto más se le critica, mas Sandler es, y cuanta más facilidad tiene para ofender a esos obvios plumillas y blogeros, mucho mejor.
La película viene que ni al pelo para estas fechas (Mañana se celebra Halloween, festividad esta que afortunadamente, y exportada de los USA, cada vez se celebra más aquí y a mí me encanta) y por eso la reseño este finde (mañana viene otra), porque no se me ocurre mejor cinta que esta para visionar durante la noche de las brujas, que es, por otra parte, para lo que ha sido concebida esta “El Halloween de Hubie”.  Así, tenemos una comedia de lo más tontorrona e inofensiva a la que se le ha dado un toquecito chiquitín de terror, para disfrute de toda la familia. Una película para Halloween y ambientada en Halloween. Y es una maravilla ver todo lo que sucede en el pueblo en el que situamos la historia (nada menos que Salem), debidamente acondicionado con toda la parafernalia propia de esa festividad y, además, muy a la americana, con lo cual es un placer para los sentidos. Entre esqueletos, calabazas y Adam Sandler, va la cosa. Por ponerle alguna pega, hay que decir que, la trama, me ha parecido un tanto confusa, así como vaga, pero como al final no es más que una chorrada y se resuelve con facilidad, nos da un poco lo mismo. La trama, no es más que una excusa para que veamos a Sandler y a su equipo para arriba y para abajo en la noche de Halloween.
Hubie lleva toda su vida viviendo en Salem y toda su vida ha sido víctima del buying al que le ha sometido casi la totalidad del pueblo. Durante la festividad de Halloween, él se ofrece como voluntario para hacer las veces de monitor de los jóvenes, por lo que patrullará toda la noche por el pueblo para garantizar la seguridad de todos durante la fiesta. Sin embargo, la presencia en el pueblo de un extraño nuevo vecino, y las desapariciones misteriosas (y medio paranormales) de unos cuantos habitantes, llevarán a nuestro protagonista a contactar con la policía (que pasa de él) para que investigue… y poco más. Y ni falta que le hace.
En realidad es un film muy del montón de Adam Sandler, los tiene mejores y también peores, pero, su ambientación en Halloween con tanto monstruito, tanto adorno, tanta calabaza, lo convierten sin duda en uno de los más simpáticos y agradables. Vemos la película, nos echamos unas risas, nos vamos a dormir, y al despertar al día siguiente ya no nos acordamos de ella. Pues maravilloso.
Por ahí tenemos, haciendo gracietas, a Ben Stiller, Steve Buscemi, Rob Schneider, Kevin Hart, Maya Rudolph, Ray Liotta… El director, que en una película de Adam Sandler es lo de menos, es Steve Brill, que ya lo dirigió en “Mr. Deeds” o “Sandy Wexler” y cuya película más gorda fuera de la órbita Sandler sería “De perdidos al río”. Ahí, es nada.

miércoles, 28 de octubre de 2020

LOS FOTOCROMOS DE "TERROR CIEGO"

Para seleccionar los fotocromos de esta semana tan Halloweenesca, no podíamos decantarnos por nada que no fuese de terror, especialmente si en el título de la interfecta localizamos la palabreja. "Terror Ciego" narra las trifulcas de una invidente Mia Farrow acosada despiadadamente por un asesino que se va cargando a todo ser humano que la rodea. La vi hace muchos años, en la tele creo, y no es que me encantara, pero sí me impactó mucho la motivación homicida del psycho-killer: Sus futuras víctimas cometen el craso y accidental error de manchar de barro sus hermosas botas de piel. Que algo así desencadene toda una matanza da yuyu.








lunes, 26 de octubre de 2020

LAS PESADILLAS DE FREDDY

El próximo día 31 es Halloween, festividad a la que no tenemos ninguna manía en "Aquí Vale Todo" (y que pensamos puede convivir perfectamente con la propia). Por ello, esta semanita se la vamos a dedicar estrictamente al género del terror y aledaños, comenzando hoy Lunes con todo un clásico... aunque en vertiente "povera".
Siempre me ha escamado que se incluya la saga de "Pesadilla en Elm Street" en la etiqueta de "slasher" junto a "Viernes 13" o "Scream". Para nada creo yo que encaje, por su generoso elemento sobrenatural y, sobre todo, su asesino, un personaje excesivo y charlatán carente de toda áurea inquietante. Sin embargo, sí hubo una ocasión en la que Freddy Krueger estuvo cerca de considerarse "slasher" y fue en el primer capítulo de la serie de televisión "Las pesadillas de Freddy", lógicamente esputada a partir de su gran éxito.

Al narrar el origen del personaje, antes de su paso a sueñilandia, tenemos un Freddy con toda la carne pegada a los huesos y que mata en el mundo físico, agazapándose en la oscuridad para atacar. A mi, toda esta parte, me encaja perfectamente en los parámetros del cine de acuchillamientos. Pero claro, luego vienen los padres de las víctimas que, enfadados al ver al de las garras librarse de la silla eléctrica, corren hasta su guarida y le prenden fuego. Entonces sí, de ahí pasamos a terreno conocido (externo ya al del "slasher" puro). Los sueños, las visiones surrealistas y un Freddy bocazas e irritante que se toma la revancha.
De este modo, lo que queda es una especie de versión condensada y extremadamente sosa de una típica peli de "Pesadilla en Elm Street". Los elementos truculentos brillan por su ausencia, siendo una época en la que aún no se permitía mostrar sexo y violencia en la caja tonta.
Dirige Tobe Hooper ¿Se imaginan lo que, en otras circunstancias, habría significado que el responsable de "La matanza de Texas" firmara un capítulo de la serie de Freddy Krueger? ¿Sensacional, verdad?. Pues no. El hombre se aburre tanto con la materia, que nos contagia. Y lo que son 45 minutos de duración parecen alcanzar dos horas interminables. Una pena. Y un mal arranque para una serie que, en un principio, pretendía comerme entera e ir comentando capítulo a capítulo. Pero, ciertamente, resultó una experiencia tortuosa. Terrible. No es que fuese mala, más bien lo siguiente. Es horrorosa y todos los episodios, durando esos 45 minutos, se hacen eternos. Tanto aquellos que incluyen a Freddy en la trama (y que se aferran exactamente a la misma premisa: Personaje -normalmente adolescente- sufre las torturas "light" por parte del de las garras a base de surrealismo, situaciones extrañas, ridículas y terriblemente cansinas) como los que únicamente le otorgan el cargo de "host" (igualmente insufribles).
Es cierto que eventualmente encontramos rostros curiosos (Lar "Viernes 13 - 7" Park-Lincoln, Lori Petty, Jill Whitlow, Diane Franklin, George Lazenby, Bill Moseley, Jeffrey Combs, William Butler, Dick Miller, Charles Cyphers, Tracey Walter, Wings Hauser, Sandahl Bergman, John DiSanti y Brad Pitt!!) o firmas igualmente curiosas (Tom "Viernes 13 - 6ª parte" McLoughlin, Mick Garris, Ken Wiederhorn, Tom DeSimone, John Lafia, Dwight H. Little, William Malone), pero no sirve absolutamente de nada. Supongo que las prisas por realizar el producto y agenciarse unos cuantos milloncejos más les pasaron factura a los de "New Line". Por eso he decidido olvidar mi intención inicial de reseñar todos los capítulos limitándome, en plan testimonial, al primero (básicamente porque trata el origen de Freddy).
Mal, mu mal, totalmente desaprovechada.

sábado, 24 de octubre de 2020

COME TO DADDY (VEN CON PAPÁ)

Norval es un pijillo que viste de forma extravagante y se considera artista -aunque su función sea la de DJ-. Ha recibido una carta de su padre, el mismo que le abandonó cuando tenía cinco años. Le pide por favor que vaya a verle. Así que pilla un autobús y se marcha hasta una aislada casita junto a la costa, donde le recibe un hombre con pinta de haber vivido mucha vida. A medida que pasan las horas, Norval nota como su progenitor se comporta de manera un tanto peculiar. Es rudo con él, le pone a prueba constantemente y parece que se siente molesto con su presencia. Cansado de la situación, una mañana discuten. El padre agarra un cuchillo para clavárselo al hijo cuando, de pronto, el corazón le falla y muere. En la funeraria no hay sitio, así que el cadáver deberá esperar en casa. Si esto ya de por sí puede resultar acongojante, los escandalosos ruidos metálicos que comienzan a sonar por las noches no ayudan demasiado. Poco sabe Norval -y nosotros- los muchos secretos que le quedan por descubrir y que, a la larga, se verá obligado a sacar al asesino que todos llevamos dentro.
Curiosísima película de la que no esperaba nada de nada y terminó atrapándome, al menos durante una primera media hora genuinamente imprevisible e inquietante. Reconozco incluso que en algunos momentos tuve escalofríos. Pero poco a poco, a medida que la caja de sorpresas se van abriendo y vamos sabiendo más y más, el efecto inquietud se diluye e, inevitablemente, deja de funcionar tan bien como lo había hecho hasta el momento. La buena noticia es que nunca da la espalda del todo al factor entretenimiento. Y tampoco cae en lo previsible.
Aportan su talento, que no es poco, Elijah Wood, Stephen McHattie y Martin Donovan en los roles principales. Al director, Ant Timpson, no lo conocía de nada, en parte porque este es su primer largo como tal, aunque en funciones de productor dispone de una lista extensa donde localizamos bastante terror moderno, especialmente de tipo episódico. 
No es tan estupenda como prometía, pero sigue siendo recomendable.

viernes, 23 de octubre de 2020

LOS PORRETAS

El director Carlos Suárez parecía dispuesto a adaptar para el cine toda suerte de personajes ajenos al medio; Primero lo hizo con “Makinavaja, el último Chorizo” y “Semos Peligrosos (usease Makinavaja dos)”, con los tan queridos personajes creados por Ivá y provenientes del cómic — y con los que consiguió un gran éxito de taquilla, sobre todo, con la primera de las películas— y, después, con la película que nos ocupa, esta “Los Porretas”, adaptando un serial radiofónico en un film que supuso, por un lado, el testamento de Carlos Suárez que no volvería a dirigir, para luego continuar con su labor habitual de director de fotografía y, por otro, un fracaso de taquilla estrepitoso, mayor incluso que el de su anterior película, “Adiós Tiburón” concebida inicialmente para que fuera un gran éxito. Dos fracasos en un año, a lo mejor son una excusa perfecta para que Suárez decidiera plegar la silla de director.
“Los Porretas”, como ya he dicho, adapta las aventuras de la familia Porretas, familia esta que alcanzó la fama desde el dial de Cadena Ser con el serial titulado “La Saga de los Porretas”, a base de capítulos diarios de diez minutos de duración, durante un periodo de tiempo comprendido entre los años 1976 y 1988. El motivo de su éxito, a pesar de que en plena transición ya empezaba a estar desfasado el serial radiofónico, radica en que tras muchos años de seriales dramáticos al estilo de “Ama Rosa” —que también conoce su adaptación cinematográfica de la mano de León Klimovsky—, “La Saga de los Porretas”, creado por Eduardo Vázquez —que ya triunfó en la radio con la radio novela, “Matilde, Perico y Periquín”— y José Fernando Dicenta, quien además se encargó de dirigirlo, apostaba por un tipo de comedia blanca y costumbrista con la que, sin duda, el oyente podía sentirse identificado. En ella, los absolutos protagonistas eran el abuelo Segismundo, su nuera Candelaria, que siempre estaban en pie de guerra por problemas económicos y domésticos, y los amigos del abuelo, Matías y Pernales, que se pasaban el día en el casino del jubilado. Muy bien para los años 70. Pero claro en la segunda mitad de los años noventa, década infausta en la que se rodó esta ranciedad, ¿Quién se acordaba de “La saga de los Porretas”? yo creo que ni tan siquiera los más viejos del lugar.
Carente de todo sentido y lógica, Carlos Suárez comienza con el proyecto que, inicialmente, iba a ser televisivo y en formato serie —medio este en el que yo creo que sí que hubiera funcionado—y, sin conseguir llevarlo a cabo, tras mucho tejemaneje, finalmente se fragua en película con un reparto de verdadero lujo; Alfredo Landa como el abuelo Segismundo, Manuel Alexandre y Lázaro Escarceller como Pernales y Matías respectivamente, y, con su limitado talento interpretativo, Mirian Díaz-Aroca haría lo que pudiera con el personaje de Candelaria, la nuera. Así, tomando como base los muchos capítulos existentes del serial, y adaptándolo todo a los tiempos que corrían, los noventa, Suárez construye una película en su línea, en la que un ligero hilo argumental casi inexistente nos sirve como excusa para dar paso a lo que realmente interesa que es la retahíla de gags protagonizados por los personajes, como ya hiciera con “Makinavaja, el ultimo chorizo” y su secuela.
Por lo tanto, Segismundo Porretas, tras enviudar, se traslada a casa de su hijo, su nuera y los retoños del matrimonio, donde las estrecheces económicas están a la orden del día. Candelaria, la nuera, intenta hacerle ver a Segismundo, que ya que le están dando cobijo y manutención este debería colaborar económicamente en los gastos familiares con la mitad de su pensión, cosa que el abuelo, intentará evitar durante todo el metraje. La cosa se complica cuando Segismundo, en compañía de sus inseparables Pernales y Matías, harán todo tipo de gamberradas como, por ejemplo, mendigar en la calle, lo que provocará no pocos quebraderos de cabeza a Candelaria, y las —supuestas— situaciones cómicas e hilarantes.
Desde luego, se trata de una comedia absolutamente fallida, donde la dirección de actores es penosa (Landa, soberbio casi siempre, actúa en esta como con desgana, como si, para él, estuviera interviniendo en una mierda), donde la planificación es desastrosa, el montaje torpe y carente de todo ritmo. Una comedia tan alocada como esta acaba convirtiéndose en un aburrimiento interminable, a pesar de su más que ajustada duración. Un fracaso en el más amplio sentido de la palabra, hablando en términos artísticos y monetarios. Pasó inadvertida en las salas, luego, tuvo una edición para alquiler en vídeo y algún pase televisivo. Y después, ya nadie se acuerda de la película, ni los programadores televisivos, que no la programan nunca, ni el sector del vídeo doméstico, no habiendo conocido la cinta distribución en venta directa ni en VHS, ni en DVD. No obstante, había que dejar constancia escrita de la película en nuestro blog, ya que es una adaptación de un serial radiofónico de éxito y, por ende, una españolada de última hornada con signos más que característicos. Si me apuran, podríamos, incluso, adscribirla al “Landismo”.

miércoles, 21 de octubre de 2020

LOS FOTOCROMOS (Y EL POSTER) DE "WAKA-WAKA"

Los de mi quinta recordarán que, antaño, las paradas de autobús estaban únicamente formadas por un solo poste que incluía en la parte superior los números de los buses y el cartel de algún estreno de la temporada. Cerca de mi casa, camino del colegio donde cumplía con las obligaciones estudiantiles propias de un adolescente, estaba la del bus número 56. Aquella mañana de 1987, al pasar junto al mentado poste, quedé prendado por el respectivo anuncio de "Waka-Waka". Lo primero que cruzó mi mente fue un "¿Qué demonios es esto?". Luego, leyendo supongo que el "Fotogrumos", descubrí que se trataba de una producción española, una -para mayor sorpresa- comedia de aventuras con pinta de apuntarse un poco tardíamente a ciertas tendencias Indianajonescas. No era, ni mucho menos, una elección típica del cine que se hacía aquí entonces. Y pagó por ello. Vamos, que fue un batacazo notorio a pesar de sus buenas intenciones. No solo no fui a verla, tampoco lo hice luego en vídeo (no recuerdo que se lanzara en ese formato, aunque con Lauren produciendo y distribuyendo, sería lo suyo. Sin embargo, en las respectivas páginas de coleccionismo localizo póster y fotocromos, pero ninguna cinta VHS o Beta) ni nunca jamás, en parte porque resulta altamente difícil dar con ella.
En cualquier caso, "Waka-Waka" asesinó la carrera de su director, Joaquín Densalat (que para la ocasión internacionaliza su nombre a Kim, cuando el diminutivo propio de Joaquín sería Quim), un señor cuyos pasos previos en esto del cine van de la mano de José Antonio de la Loma.
Por todo el misterio expuesto, fue especialmente llamativo el día que tuvimos acceso a un juego ¿completo? de los fotocromos de "Waka-Waka" y su póster, que aquí les dejamos para que disfruten.








lunes, 19 de octubre de 2020

HOW TO GET... REVENGE

Otra de esas extrañas cintas de vídeo con una estrella protagonista en su reparto, que poblaban las estanterías del videoclub yankee en los 80. Esta vez estamos ante un producto extrañísimo que se adscribe a sí mismo a algo que han llamado “vídeo guía educacional”. Claro que lo de educacional se lo han sacado de la manga porque lo que propone “How to get... Revenge”, es servirnos de guía para que aprendamos una serie de venganzas contra las personas que te hayan podido hacer alguna putada. Vamos, que enseña al espectador cómo devolverlas.
Este vídeo, una chorrada estúpida y de aspecto tercermundista, no tendría ningún aliciente de no ser porque se toma a sí mismo en serio. Como si de un programa de esos de crímenes que dan a las tantas se tratara, “How to get Revenge!” muestra una serie de escenificaciones de putaditas para hacer y venganzas varias, que van desde meter mierda de perro en una bolsa de papel y prenderla fuego para que, el que intente apagarlo pise esa mierda, hasta meter papel higiénico en el monedero de una máquina de refrescos para que retenga el cambio y así, hacerse con las monedas. Nos muestra cómo podemos vengarnos de los que nos han hecho buying y, para ello, nos presentan a un palurdo de la américa profunda, con gafas, más feo que la leche, en una recreación en la que una pareja de jocks se burlan de él violentamente. También nos enseña a cómo putear en la autopista a alguien que nos ha adelantado.
Las escenificaciones mal, pero la anfitriona del vídeo, una Linda Blair —que aparece guapa como pocas veces la he visto— vestida de forma conservadora, e introduciendo el vídeo mientras lee la Biblia diciéndole al espectador que la venganza es natural porque en el antiguo testamento hay mucha, es aún peor. De hecho da mucha pena ver a la Blair yendo en plan pacato, con una camisa hasta el cuello, y moño, haciendo el ridículo de esta manera ¿Es que no le salían películas para hacer en el año 89? Más vergonzante resulta verla interactuar con una pantalla de croma que nos va presentando a supuestos policías e investigadores privados, que dicen ser expertos en venganzas, y que nos cuentan casos concretos de los que han sido testigos: Mandarle porno gay a alguien, arruinarle con un par de operaciones bancarias, cargarle el muerto de un robo, o el clásico enviarle a alguien una mierda por correo, hacen el resto. Pura patraña puesta en escena a base de palique, que aunque a priori pueda parecer una parodia, en realidad es un vídeo que va muy en serio. Y como tal, da gusto verlo.
El vídeo es muy popular entre los cazadores de rarezas y entre peña anodina que se indigna con el hecho de que sea un vídeo que reivindica las venganzas (y mira que estas que nos muestra son tontas), y que no caen en que lo maravilloso de todo este asunto, es precisamente eso. Es tan marciano, tan tonto, tan innecesario, que parece mentira que esto exista, pero existe y, además, está colgado en Youtube. Si gustan…
El productor es Marc Lemkin que hizo algo de pasta en la época produciendo este tipo de productos, así como dirigió el, algo más popular, “Swayze Dancing”, que incluso llegó a distribuirse en nuestro país. “How to get... Revenge”, no pasó por España ni de pasada. Dirige Bob Logan, que luego repetiría con Linda Blair dirigiéndola en la película “Reposeída” y que se marcó la más oscura —y mala— secuela de Los Albóndigas con “Albóndigas 4 ¡Al rescate!”.

sábado, 17 de octubre de 2020

BOSQUE TENEBROSO 2

Cuando, hace cuatro años, escribí la reseña de la película noruega de terror "Bosque Tenebroso 1", también conocida como "Dark Woods" o, sobre todo, "Villmark", noté ciertos puntos en común con la estupenda "Session 9". Por ello, me sorprendió gratamente poder reafirmar mis sospechas al descubrir que disponía de una segunda parte en la que su conexión con la película de Brad Anderson pasaba de sutil a descarada, repitiendo en esencia la misma trama de base. Entonces me quedé con las ganas de verla, porque no había llegado a estos lares, ni existía una versión mal subtitulada por las redes. Inesperadamente, hace unos días di con ella en "Amazon Prime", perfectamente doblada al castellano.
Como decía, la deuda de "Bosque Tenebroso 2" con "Session 9" es tan cantona que hay quien podría gritar "plagio!" y se quedaría tan ancho: Un grupo de currelas acuden a hacer limpieza en un siniestro manicomio abandonado que va a ser derribado. Una vez allí, descubrirán oscuros secretos ocultos entre las paredes del viejo edificio y, poco a poco, una presencia extraña, o dos (o tres!) irá acabando con la vida de todos y cada uno de ellos. El movidón tiene que ver con ciertos y absurdos experimentos perpetrados por el hijo de un nazi.
"Bosque Tenebroso 1" puede que no fuese gran cosa. Era una peli sencillita y más bien aburrida, pero chorreaba estilo. En el caso de esta segunda entrega, el director, Pål Øie, cuenta con evidentes más medios, y aunque hace poco defendía que no por ello una secuela debe ser necesariamente peor que su film precedente (aquí), en este caso sí se cumple tal teoría. "Bosque Tenebroso 2" es más convencional y muy muy coñazo. No te enteras de mucho, la verdad, y los personajes te importan un pimiento, ergo no te metes en la peli ni a hostias. Creo que hay algunas citas a la primera parte, pero se me escaparon. Imaginen cuán de grueso era el lío, que incluso en medio del sopor llegué a preguntarme si aquello no sería una precuela. Terrible.
Si este culebrón hubiese ocurrido hace treinta años, algún distribuidor listo habría estrenado el film reseñado con el título de "Session 9 2" o "Session 10" o... ponga aquí su mejor ocurrencia. El más insultante y acertado modo de definirla sería decir que de no atinar Brad Anderson con su película, el resultado se habría parecido mucho a "Villmark 2".

viernes, 16 de octubre de 2020

EL REY DE LA COMEDIA

La que probablemente sea una de las mejores películas en torno a la comedia stand up, “El Rey de la comedia”, resulta, sin embargo, una de las más minusvaloradas del siglo pasado. Amparándose en que, igual en aquellos años una película sobre un desequilibrado humorista no era muy del interés del público, esta resultó un fracaso de taquilla de soberanas proporciones. Asimismo, en nuestro país, la vieron poco más de 141.000 espectadores, que es una cifra poco menos que discreta. No obstante, y sin ser una comedia al uso —poco momentos para la risa, aunque los suficientes para considerarla una comedia— “El Rey de la comedia” sí que resulta una de las películas más inteligentes de su generación, así como trata un tema que puede traer más de un quebradero de cabeza a las celebridades; el acoso al que estas están sometidas por los fans y cazadores de autógrafos, máxime, cuando estos hacen gala de algún desequilibrio psíquico.
La premisa es estupenda; Rupert Pupkin, magistralmente interpretado por Robert de Niro, es un aficionado a la comedia de micro que profesa una gran admiración por todo un maestro del medio como es Jerry Langford, un sosias de Jerry Lewis, quien además lo interpreta. Pupkin, que no ha actuado nunca para el público, se considera un cómico bueno, lo suficiente como para debutar ante millones de espectadores en el programa televisivo de variedades que presenta Langford. A la salida de uno de esos programas, en un incidente, Pupkin conoce a Langford y le explicará su situación como cómico. Langford replica que no se puede empezar la casa por el tejado y le sugiere que le llame a su oficina más adelante, y verá que puede hacer por él. Pupkin ya se flipa de mala manera y comienza a alardear ante su gente de una supuesta amistad que le une a la celebridad. Cuando le llama, este no recibe respuesta alguna, por lo que comenzará a acosarle. Como ese acoso no sirve de nada, decide secuestrarle, pidiendo como rescate el debutar en su programa, cosa esta que hará con inesperado desenlace.
Verdaderamente una de las grandes películas de Scorsese y, sin embargo, ninguneada hasta que con el paso de los años los estudiosos del cine le han otorgado el reconocimiento que se merecía con honores. De hecho, al estar la película “Joker” ligeramente inspirada en esta, ahora se la tiene como un pequeño clásico de los 80, pero hasta que esto sucedió, “El Rey de la comedia” fue considerada siempre como una películita del montón. El guion, firmado por Paul D, Zimmerman, ya existía en la década de los 70. De hecho, De Niro lo había leído y se había encaprichado de él hasta tal punto que le compró los derechos del mismo, por lo que cuando ese guión ya se convirtió en proyecto, le fue ofrecido a Michael Cimino quien saboreaba los laureles del éxito tras haber rodado “El Cazador”. Sin embargo, en un alarde de megalomanía, antes de que “El Rey de la comedia” se convirtiese en proyecto, este rechazó dirigir la película para irse a arruinar a la United Artist con el fiasco “La puerta del cielo”; prefirió dirigir el mayor desastre financiero de la historia del cine. Y unos años antes de morir, se cambió de sexo para pasar a ser Cindy en lugar de Michael… pero eso sería otro asunto. Entre tanto, Martin Scorsese, en idéntica situación que Cimino tras haber rodado “Toro Salvaje”, preparaba su proyecto maldito que luego se materializaría, casi rozando la década de los 90, en “La ultima tentación de Cristo”, y pretendía que Robert de Niro interpretara a Jesucristo. A este no le pareció muy atractiva la idea ya que tenía pensado, tras “Toro Salvaje”, cambiar un poco de registro. Estaba deseando interpretar una comedia. De Niro, le sugirió a Scorsese el guion de “El Rey de la Comedia”, y el director, mientras ponía en pie la película sobre Jesucristo, rechazó el hacerla alegando que no sentía ninguna conexión con el personaje. Tras la insistencia de De Niro y una segunda lectura, cambió de opinión. Decidió rodarla; el guion era francamente bueno. Además, se avecinaba una huelga de escritores cinematográficos que paralizaría el rodaje de su superproducción, así que, considerando tanto Scorsese como De Niro que la película se podía rodar de manera rápida y sin salir de Nueva York, lugar donde la huelga no afectaría demasiado —el meollo estaba en Hollywood—, se pusieron a rodarla antes de que les pillara el gato. Contaron, asimismo, con el apoyo de una compañía pequeñita, aunque más tarde se encargara de su distribución la 20th Century Fox. El guion se basaba en artículos de las revistas más punteras de los años setenta que retrataban el modo de vida de los caza autógrafos, por lo que Robert de Niro, decidió componer su personaje, por un lado, observando a cómicos de stand up y, por otro, observando a sus propios acosadores y cazadores de autógrafos. En una de estas que fue asaltado por uno de sus admiradores a las puertas de su casa, De Niro le preguntó que qué quería de él, y el admirador le respondió que llevarle a su casa, invitarle a comer y charlar un ratillo. Y así se inspiró para dar vida a Pupkin. Compuso una mezcla de cómico clásico y cazador de autógrafos, y el resultado podemos verlo en la película.
Por otro lado, el rodaje, una vez iniciado, se complicaba para Martin Scorsese, porque lo inició tras salir del hospital donde pasó una temporada aquejado de una neumonía. Cuando comenzó a rodar no se había recuperado del todo, y esto le ocasionó no pocos problemas que ralentizaron el rodaje ya que solo le dedicó unas pocas horas al día. El rodaje se prolongó durante 20 semanas. Por otro lado, en el reparto, cuando Scorsese leyó el guion, tenía en la cabeza que el papel de Jerry Langford lo interpretara el popular showman Johnny Carson, pero este lo rechazó por desavenencias, en ningún momento económicas, sino de ritmo de rodaje; Carson, solo quería hacer una toma de sus intervenciones, lo que era bastante poco para el modus operandi de un director tan metódico como Scorsese. Así pues, quiso contar, tras descartar varias e importantes opciones, con Jerry Lewis, quien era uno de los comediantes más importantes de los USA. Pero Lewis tenía fama de egomaníaco y de conflictivo y, Scorsese, que tenía la mente puesta en “La última tentación de Cristo”, lo último que quería era egos por las nubes y conflictos con estrellas caprichosas. No obstante, la presencia de Lewis dotaba a la producción de credibilidad y empaque, por lo que, a pesar de los pesares, a pesar de encontrarse todavía convaleciente, estos obstáculos no fueron motivos suficientes como para no contratarlo. Asimismo, durante las conversaciones previas a la contratación, y viendo Lewis que a Scorsese le preocupaba su condición de estrella, este le aseguró que si entraba en la película, dejaría los egos y los caprichitos de estrella en el armario. Al finalizar el rodaje, no solo no tuvo ni un solo problema de este tipo con Jerry Lewis, sino que lo tildó de ser una maravillosa persona y declaró haberse llevado con él estupendamente durante toda la producción. Así que, sí, reinó la armonía que tanto anhelaba para con una película pequeñita. Es más, incluso, Scorsese le dejó meter mano a Jerry Lewis en algunas escenas, ideando este diálogos y situaciones que no estaban en guion, pero que le podrían ir bien al personaje. Sin ir más lejos, la escena en la que una anciana que es rechazada por Jerry cuando esta le pide que salude por teléfono —en una cabina— a un familiar suyo, le dice que ojalá se muera de cáncer, es cosa del propio Jerry Lewis, y dice inspirarse en cosas que le habían pasado a él con los fans cuando, por estrés, o por inapetencia, decidía no firmar un autógrafo o hacerse una fotografía con algunos de ellos. Más adelante, Scorsese llegó a declarar que la labor de Lewis en la película fue formidable y que no se ha reconocido su trabajo como actor en este film como se merecía.
La película se estrenó y pasó sin pena ni gloria. Tanto Scorsese como De Niro, consideran que a lo mejor, no se trataba de un tema muy atractivo para el público. Así debió ser, pero ya sabemos que la mayoría de las veces el público es idiota, y lo que no fueron conscientes hasta millones de años después, es que habían facturado una de sus mejores películas y, por ende, una de las mejores películas en torno a la comedia stand up, aunque sea tratado desde un tono un tanto amargo y desquiciante que, por otro lado, es el gran acierto de la película. “El Rey de la Comedia” —si dejamos a un lado los alardes estetas y “marcapaquete” de Scorsese que son constantes en su cine, y, por lo tanto, preciosistas—, desprende decadencia y sordidez en cada uno de sus fotogramas, consiguiendo que el espectador, que en un principio se puede sentir identificado con el personaje de Rupert Pupkin, poco a poco vaya sintiendo antipatía hacia él y hacia el mundo que lo rodea, con esa amiga que tiene, aún más zumbada que él, que le ayuda en el secuestro de Jerry Langford, y que con tanto acierto interpreta Sandra Bernhard. Por otro lado, y en relación a la condición icónica del personaje Rupert Pupkin, en una de sus tardías reivindicaciones, alguien halló paralelismos entre los personajes de Travis Blicke, el taxista del anterior éxito de Scorsese “Taxi Driver” y el aspirante a cómico de “El Rey de la Comedia”, a lo que Scorsese respondió afirmativamente diciendo que, no solo ambos personajes poseen el mismo desequilibrio mental, sino que, además, Pupkin era mucho más peligroso que Blicke y, sin duda, mucho más agresivo.
La carrera de Scorsese todos la conocemos, pero esta etapa, la de los años ochenta, es especialmente interesante, porque teniendo él en mente nada más que la fallida “La última tentación de Cristo”, entre medias, mientras la ponía en marcha y conseguía rodarla, dirigió, por entretenerse, magníficas películas como con la que acabo de darles la chapa o la apasionante “Jo, ¡Qué noche!” o “El color del dinero” donde se pega la machada de rodar la secuela de un clásico como es “El Buscavidas”.
Que bueno era Scorsese y para lo que ha quedado…

miércoles, 14 de octubre de 2020

POSTERS HUÉRFANOS (2)










lunes, 12 de octubre de 2020

AMOR A LA ESPAÑOLA

“Amor a la Española” representa la auténtica y genuina españolada. Además, es una de las culpables de que el termino se use despectivamente. Y también es una de las culpables de que el público medio asocie el término con las películas de españolitos típicos, morenos, bajitos y cabreados que van a Torremolinos babeándole a las Suecas. Y es que precisamente, ni más ni menos, “Amor a la Española” trata sobre eso.
Un trabajador de aeropuerto, tras ayudar a una sueca con unos problemas a la hora de tomar un vuelo hasta Málaga, queda prendado de ella. Poco después irá en su búsqueda. Por otro lado, en la misma Málaga, más concretamente en Torremolinos, con el boom turístico, podemos ver la más variada fauna ibérica y autóctona intentando ligar con las extranjeras y más concretamente con esta sueca que trae de cabeza al protagonista, que de pura ingenuidad, parece tontita perdida. Y todo ello sin apenas salir del complejo hotelero donde trascurre la trama.
Pues sí, aquí tenemos la película —o una de ellas— de los españolitos tras las suecas, en un subgénero de la españolada, que los menos afines y conocedores de nuestra filmografía asocian siempre con la figura de Andrés Pajares y Fernando Esteso. Se ha convertido en un tópico, pero, al igual que pasa con las películas sobre la guerra civil, es cierto que existen mogollón de películas con estas premisas; Precisamente por eso, se convierten en tópicos. Sin embargo a la hora de enfrentarse a una película de estas características a día de hoy, hace que nos percatemos de que el tópico muchas veces se basa en habladurías, en oír campanas y no saber dónde, porque, efectivamente, el tópico está ahí, en “Amor a la Española”, tenemos a un grupo de españolitos tras las suecas, pero no es todo ni tan denigrante ni exagerado como se tiende a pensar en un principio con este tipo de comedias de los 60. Es más, las baña una pátina de inocencia que puede llegar a resultar sonrojante. Paradójicamente, y tan representante de la españolada como es “Amor a la Española”, resulta que es una co-producción con Argentina, de hecho, en la parte artística tenemos a la actriz Argentina Erika Wallner haciendo de sueca y, si no tenemos en cuenta este detalle, hay que decir que la actriz da el pego a la perfección… Rubia de pote, e intuimos que, chocho morenote.
Francamente, la película, en todos sus aspectos, es en realidad más mala que la quina. Se trata de una producción de José Luis Dibildos, escrita a dos manos junto con Alfonso Paso, dejando supuestamente su gustos e inquietudes a un lado para dar rienda suelta, en sus guiones, a lo que el pueblo llano quería ¿y que quería? Precisamente lo que Dibildos ofrecía, en este caso, como no, españoles detrás de las suecas, llevando al cine a más de 2.000.000 de españoles que se sentían identificados con nuestros protagonistas, interpretados por una serie de actores que, como viene siendo habitual en las comedias de los años sesenta y setenta, se prodigan como lo mejor de las películas en las que intervenían, convirtiéndose, en la mayoría de los casos, en auténticos chalecos salvavidas capaces de rescatar cualquier película que se hunde en el lodo.
Al mando, José Luis López Vázquez, que además de su vis cómica natural, soporta el escueto peso dramático y/o romántico que contiene la película. Manuel Gómez Bur: Contaba Alfredo Landa en sus polémicas memorias, que Gómez Bur, en el teatro, subía consigo al escenario una pequeña aguja de tricotar, y que tal era su rabia y su ira (y puede que hasta envidia), que cuando alguno de sus compañeros de tablas resultaba más gracioso que él, sacaba la aguja y le pinchaba con saña, incapaz de aceptar que en determinados momentos alguien consiguiera más risas del público que él. No debió ser el caso en esta película, porque, evidentemente, Gómez Bur aquí tiene poca competencia: Un desgraciado de provincia dándoselas de señorito en Torremolinos, tomando cubatas y ligando con toda extranjera que se le ponga a tiro, en lo que puede ser uno de los primero precedentes del personaje de Pepito Piscinas que tan bien interpretara Fernando Esteso años después en “Pepito Piscinas”. Manolo Gómez Bur, lo borda. Cierra el triunvirato un comedido Alfredo Landa en un papel episódico, dando vida a un camarero, confidente de las argucias de los vacacionistas y testigo del “temperamento” de nuestra sueca protagonista. Landa es Landa.
Dibildos, delegó las labores de dirección de la película en el director Fernando Merino, que durante la segunda mitad de los sesenta facturó títulos clásicos como puedan ser “Los Subdesarrollados” o “La dinamita está servida”, y en cuya carrera tendría los altos y bajos comunes en este tipo de directores artesanos, que tantos buenos títulos dejaron a nuestra cinematografía.
“Amor a la española” es muy mala, mala de solemnidad, inquietantemente mala, incluso aburrida, pero es un título clave para entender lo que es eso que llaman españolada, y, solo por ver a sus protagonistas en su salsa, bien vale un visionado. Por destacar algo, ya que estamos, destacar los magníficos títulos de crédito a base de ilustraciones a cargo del historietista Mingote.

domingo, 11 de octubre de 2020

MIERDCADERÍAS: EL PITORREO DE TEXAS

No sé ustedes, pero a mi me parece TRÁGICO que un film tan subversivo, rompedor, duro e icónico como fue en su día, y es, el clásico de Tobe Hooper, termine convertido en materia de merchandising risible y ridículo. Maldigo el día que la pasión por el cine de terror se convirtió en algo banal, intrascendente, frívolo y superficial (+ info al respecto, aquí).
Hooper debe estar revolviéndose en su tumba... pero no por ver su obra maestra mancillada de este modo, sino por no poder agenciarse los respectivos dólares de tan dolorosa operación.

sábado, 10 de octubre de 2020

ESCALOFRÍO / CÍRCULO DE LA MUERTE

La primera vez que vi esta película no puedo decir que fuese una experiencia muy agradable. La copia de VHS alquilada destacaba por una extraña falla: Cuando los actores hablaban, el doblaje era lo único que podía escucharse, quedando totalmente anulado el sonido ambiente ¡y la música! que regresaban en el momento que nadie le daba al pico. Claro, de esta guisa poco pude yo disfrutar de "Escalofrío" (¿cuántas veces se habrá usado la palabreja para bautizar en Españia a una peli de terror?) o "Círculo de la muerte" (su otro título patrio). Además, era demasiado reposada, tranquila y "bonita" para mis gustos, entonces mucho más focalizados en la ultra-violencia y lo grotesco.
Hace escasos días pude pillarla de puta chiripa en un canal autonómico, y con el doblaje normal, así que decidí darle una nueva oportunidad. O, casi, consumirla por primera vez.
El desayuno común y corriente de una familia deviene en pesadilla cuando la hija pequeña se ahoga por culpa de un trozo de manzana. La escena es altamente angustiosa, muy dura, y un modo bastante bruto de arrancar. A partir de ahí, la madre decide dejar a su media naranja e instalarse sola en una casa que estará habitada por el fantasma de una niña igual de rubia que su hija. Lo que de entrada parece una especie de "segunda oportunidad", pronto adquiere un rollo mucho más macabro al descubrir nuestra protagonista que la cría era pura maldad en vida y lo sigue siendo después de fenecida.
Cuando me puse a ver "Escalofrío" / "Círculo..." me preparé para una peli aburridilla, lenta y sin demasiados aspectos llamativos. Pero no, la verdad es que, sin llegar a niveles propios del exploitation, se mantiene dentro de los parámetros del género puro y no va exenta de sus muertes y alguna idea retorcida, especialmente aquella que hace mención a las aventuras nada saludables de la cría fantasmagórica cuando estaba viva. Inevitablemente, toda ella -la película, no la cría- recuerda bastante a "Al final de la escalera", pero mientras esta está fechada en 1980, la reseñada lo está en 1977. Además, se inspira en una novela del respetado Peter Straub (a quien también debemos "Historia macabra") publicada en 1975. Es cierto que la estupenda película de Peter Medak me gusta mucho más, y da más yuyu, pero "Escalofrío" gana en un aspecto: el sombrío desenlace.
Conocida internacionalmente con dos títulos, "The Haunting of Julia" y "Full Circle", cuenta con un florido reparto encabezado por Mia Farrow y Keir Dullea, el famoso astronauta de "2001" (y que, como en "Navidades Negras", interpreta a un novio/marido posesivo y obsesivo). La hija de estos, la que muere al principio, viene interpretada por Sophie Ward, que luego haría algo de carrera apareciendo en "Oz, un mundo fantástico", "El secreto de la pirámide" o "Book of Blood" (donde pueden verla en tetas). El director, Richard Loncraine, no me sonaba de nada, pero ha seguido activo hasta hoy, firmando títulos más o menos reconocibles como "Wimbledon (El amor está en juego)" o el thriller a mayor gloria de Harrison Ford, "Firewall". Aunque, tal vez, el elemento humano más curioso de "Escalofrío" es su guionista, es decir, el adaptador de la novela de Straub, nada menos que Harry Bromley Davenport, entonces futuro director de "Xtro" y secuelas.
"Escalofrío" iba para película de miedo clásica y atmosférica, pero la verdad es que no funciona en ese sentido. Sin embargo, tampoco aburre demasiado, así que termina siendo perfectamente visible.

viernes, 9 de octubre de 2020

EL HÁBITO NO HACE AL MONJE

“El hábito no hace al monje”, segunda incursión en la dirección por parte de su protagonista, Marty Feldman, destacaría asimismo por tratarse de una de las poquísimas intervenciones en la pantalla grande por parte de ese genio de la comedia que fue Andy Kaufman.
Cuenta la historia de un monje de clausura que nunca ha salido del convento en el que sirve a dios, al que su abad le pide que haga el favor de ir a ver al famoso filántropo Armaggedon T. Thunderbird, y que le pida, por la patilla, los 5.000 dólares necesarios para que la propietarios del convento no les embarguen el inmueble. Durante el periplo al monje le pasa de todo: Desde fornicar cual bestia parda con la prostituta María de la cual se enamorará, hasta llegar a hablar con dios, para descubrir que todo lo concerniente a la predicación de los evangelios por medio de la televisión, no es más que una estafa. Y ahí, el conflicto con el telepredicador al que va a pedir la pasta.
"El hábito no hace al monje", con su irreverente toquecito (de pasada) a lo Monty Phyton —con un numerito musical incluido que es muy deudor del de “Christmas in Heaven” que aparece en “El sentido de la vida”— y con una acidez feroz, no llegó a cuajar en la platea norteamericana, entre otras cosas, porque de Feldman se esperaba algo cercano (o al menos, parecido) a “La vida de Brian” que se había estrenado recientemente y se había convertido en un fenómeno social a nivel internacional. Eso, para el público más intelectual y familiarizado con un humor más inteligente, que el de andar por casa no quiso la película, sencillamente, porque hacía mofa de dios, y de la religión católica. Obviamente, “El hábito no hace al monje”, salvo por un par de pinceladas phytonianas acusadas —Feldman no fue el séptimo Phyton por los pelos— no tiene nada que ver con el cine de la agrupación británica, y hasta me atrevo a decir que esperar algo así de una película como esta es una absoluta necedad por parte de todos los que lo tenían tan claro. Ciertamente, la película es una crítica mordaz al sistema eclesiástico mundial en general y a los tele predicadores evangélicos en particular, a los que se pinta como repulsivos megalómanos con un único fin; ganar el máximo dinero posible a costa de engañar al creyente que, para más inri, es tonto perdido. Y razón no le falta a esta sátira.
Escrita por el propio Feldman, hace uso de un humor muy propio, muy sutil, muy inglés —sobre todo en el primer tercio de la cinta— que se va combinando con el humor más tonto y primario, a veces cercano al slapstick como solía ser habitual en Feldman. La combinación de ambos estilos, unido a que la película es serena en general, hace que, efectivamente, y como se le acusa en los Estados Unidos, no resulte una película graciosa, sin embargo, sí que creo que es una película amena y entretenida. No es una comedia desmadrada, pero sí es disfrutable en gran medida. Por otro lado, sería la última película de Feldman porque año y medio después, este moriría víctima de un infarto, dicen, que provocado por una intoxicación de marisco, o bien, porque era un fumador agresivo que consumía cerca de cuatro cajetillas de tabaco diarias.
Siendo como era “El hábito no hace al monje” una producción de George Shapiro, no es de extrañar que en ella esté, en un papel secundario de importancia, su amigo y protegido Andy Kaufman, que sin desmerecer en absoluto del genio de Feldman, podemos decir, sin despeinarnos, que salva la película. Shapiro, que representaba a Kaufman, ofreció a este para que interpretara algún papel, pero Feldman, admirador del humor de Kaufman, no solo aceptó su intervención, sino que al serle ofrecido, suplicó el tenerle en la película. Andy Kaufman interpreta al megalómano y excesivo Armageddon T, Thunderbird, el tele predicador evangelista que ha de donar el dinero al personaje de Feldman, un papel hecho a la medía del artista de variedades, en el que puede dar rienda suelta a su vena camaleónica así como dar vida a un personaje esperpéntico. Un tipo de personaje atípico que, sin duda, se le hubieran dado bien a Kaufman si es que llega a hacer más cine. Blanco como la leche, y ataviado como un mamarracho, Kaufman interviene la mayoría de las veces subido a un escenario, haciendo dinero con su interpretación de los salmos, siendo vitoreado por la masa idiota que le dará todo a cambio de nada. Los momentos de máxima locura llegan cuando Kaufman habla con dios, interpretado nada menos que por Richard Pryor, quien se ventiló su intervención en el film en un solo día, sin ni siquiera estar en el presente en el set (un equipo de filmación se desplazó a donde requirió Pryor), ni interactuar con sus compañeros de reparto. Huelga decir, que Pryor aparece en la película en calidad de estrella invitada.
Los estudios Universal, aún no muy contentos con el resultado de la película, confiaron en ella tras un test de público en el que fue un éxito, para luego darse de bruces con la cruda realidad, que fue no llegar a recaudar ni tan siquiera los 7 millones de dólares que costó una vez estrenada. Y es que en los pases de prueba con público de acceso gratuito, este no suele reaccionar hacia las películas proyectadas con honestidad. En nuestro país, “El hábito no hace al monje” fue vista por unas escuálidas 79.000 personas. Eso sí, en videoclubes, era un título que se alquilaba con regularidad, visto que en España, Marty Feldman gozaba de una gran popularidad. De hecho, Víctor Israel, Blacky o Ferran Botifoll, tan solo por tener los ojos un poco jodidos, se ganaron, cada uno en su momento, el apelativo de “El Marty Feldman español”.
Por último, como anécdota, comentar que Universal y el propio Marty Feldman fueron demandados por plagio por parte de los guionistas Morton Lachman y Ed Simmons. Ellos, en 1971, escribieron un guion titulado “Albert” que tenía muchas similitudes con el de “El hábito no hace al monje”. Lachman y Simmons, perdieron la demanda porque la titularidad del guión de “Albert” pertenecía a la productora alemana CMB Prods. motivo por el cual no pudieron probar la autoría de dicho guion, pero todo indicaba que algo de cierto podía haber en todo este asunto. Como fuera, demasiado rollo para una película que, a grandes rasgos, pasó inadvertida ante los ojos de todos. Aunque a ustedes igual les suene bastante su póster…

miércoles, 7 de octubre de 2020

POSTERS HUÉRFANOS (1)

Cuando en su día fuimos bendecidos por un chorro de fotocromos, a la par también recibimos un buen puñado de pósters igual de añejos. Algunos de ellos pertenecían a las películas "fotocromadas" y, por eso, llegado el momento pudimos ponerlos todos juntitos en su respectiva entrada. Sin embargo, habían otros que andaban totalmente huérfanos de sus respectivos fotocromos, así que, simplemente, los fuimos acumulando hasta que tocara airearlos.
Pues bien, ha llegado el día! como sustitución de "Mis Fotogrumos favoritos 2", vamos a entretenerles la retina durante unas cuantas semanas publicando cada Miércoles nueve pósters. Sí, nueve. ¿Por qué? porque así nos cuadran los números. Cosas nuestras. Todos ellos debidamente mal fotografiados en el suelo de mi ex dormitorio.
Así pues, que comience el show. Disfruten.









lunes, 5 de octubre de 2020

EL ARBOL DEL PENITENTE

“El árbol del penitente” es una de las películas más extrañas del cine español. Una de las comedias más inusuales y diferentes. Ópera prima del director José María Borrell y única película de ficción en su filmografía. Cuenta la historia de un par de mafiosillos de poca monta, un cubano y un ruso, que se pelean por el dinero conseguido en una operación de tráfico de “algo” que el espectador nunca llega a saber del todo porque no se le da información al respecto. Un andaluz que les sirve de traductor, utiliza su conocimiento sobre el idioma para engañar a sus jefes y así quedarse con el dinero que anda escondido en algún lugar del desierto donde se encuentra el árbol del penitente, lugar dónde él, y el mafioso cubano, van a parar cuando a estos se les acaba el combustible del vehículo en el que viajan. Atrapados junto al árbol, se complicará el asunto al recibir las visitas de un cura arrepentido que, tras considerarse pecador, decide suicidarse allí mismo. También llegarán a ese lugar la novia del traductor y el otros tantos mafiosos. Y se monta un señor pifostio. Una comedia de acción y aventuras con un único escenario y con unos personajes cuanto menos curiosos. Nada como el desierto de ¿la Andalucía profunda? como fondo para la historia, así como ese árbol dichoso que da título a la película como absoluto protagonista. Alrededor de él, sucede toda la enrevesada trama. Lo bueno es todo lo referente a la estética, a medio camino entre el western y el cartoon. De hecho, la estética cartoon se impone, llegando nuestros actores a parecer en según que momentos, y marcados por el tempo, absolutos personajes de la Warner. Sin embargo a la película le falta solidez. Se nota que es la obra de un principiante cuando después de una primera media hora gloriosa la película entra poco a poco en una peligrosa decadencia; decadencia que le hace perder el ritmo y lo que es peor, el interés. Pasada esa magnífica media hora, nada de lo que sucede en “El árbol del penitente” importa un pimiento al espectador y el resultado general es bastante mediocre. El guion pendulea y, al final, para justificar el visionado lo único que destaco sería lo bizarro de la estética. En ese sentido, no he visto una película española igual. De hecho, gracias a esto, la película se vuelve interesante. “El árbol del penitente”, que se promocionó poco y mal, lo hizo teniendo como principal reclamo la vuelta de Alfredo Landa a la comedia pura y dura desde que hiciera aquél papel en “Los Porretas” años atrás. Landa, deja claro que la comedia le sale sola, incluso teniendo dificultades para decir su texto a la perfección. En algún momento, el actor de equivoca, y el director da la toma por buena porque, como fuera, la toma sigue siendo efectiva. Por otro lado, Landa como reclamo comercial salió rana, ya que, probablemente, al público de cine español del año 2000 le importaba Alfredo Landa tres pimientos. Así, la película fue un fracaso en toda regla que logró congregar en salas, según los poco fiables datos del ministerio de cultura, poco más de 64.000 espectadores. Su posterior explotación videográfica fue con cuentagotas y, si existe a día de hoy edición en DVD de la película, es de esas piratillas destinadas a rastrillos y badulaques varios. No hay una edición oficial. Javier Manrique, actor discreto y tirando a malo, está en su papel de traductor de ruso que se mete en el lío, precisamente así, discreto y tirando a malo, mientras que la hoy súper popular —y deseada— Elena Anaya, que interpreta a su novia marujil, está directamente para prohibirla volver a trabajar en el cine, basando su actuación en desgañitarse sin que se le entienda ni una sola palabra de lo que dice. Está fatal. Ninguno de los dos actores son andaluces, pero ambos tienen que figurar como que lo son. Ninguno sale airoso. Sin embargo, el rey de la función, el que hace que el visionado merezca la pena, es Idelfonso Tamayo, actor afro-cubano afincado en Madrid, que con un montón de papeles secundarios en películas españolas, su carisma y saber hacer lo convierten en lo mejor de la película que decida tenerle en su reparto (que son dos o tres, que yo recuerde, en el cine español). Aquí, de mafioso cubano, pegando tiros de escopeta como un loco, blasfemando y soltando palabrotas cada dos minutos, mostrando una agresividad y una violencia tan imponentes como su propio físico, se lleva a la película de calle haciendo que esta carezca de todo interés cuando el cubano no está en pantalla. Tamayo, por derecho propio, se debería convertir en uno de nuestros secundarios de lujo a la altura de Manuel Alexandre o Pepe Isbert, al menos en el cine contemporáneo, pero, no está el cine de los últimos años para andar descubriendo joyas como esta. Sin Tamayo, la película no tendría ni el más mínimo interés más allá de lo estético. Con todo, es lo suficientemente rara y extraña como para tenerla en cuenta.

sábado, 3 de octubre de 2020

MÁS ALLÁ DE LA LEY

Por tercera vez, rompo la norma auto-impuesta de no dedicarle ni un segundo de mi existencia a las películas de Steven Seagal situadas en esa poco envidiable franja de la absoluta decadencia del actor y su carrera. Y lo hago, como en el caso del film anterior, por una constante en mi condición de humilde reseñador, la morbosa curiosidad. No se trataba ya de ver a la ex-estrella del cine de acción luciendo un aspecto todavía más lamentable de lo habitual, ni siquiera por el hecho de que era la segunda vez que compartía reparto con otro que tampoco pasa un buen momento, el actor-rapero DMX, con quien co-protagonizó hace años "Herida Abierta". Lo que me llamaba de "Más allá de la ley" ("Beyond the law" en v.o.) era su director, James Cullen Bressack, el típico "cineasta independiente" que de no ser por las nuevas herramientas digitales, probablemente nunca se habría abierto camino en el cine profesional. Lo logró, sobre todo, a través del terror. Y lo sufrí por primera vez con "Bethany", un film en esencia horroroso que casi no pude soportar entero. Claro, la idea de que semejante astro llevara las riendas de una de las más recientes Seagal-movies se me antojaba inquietante. Tanto como cuando Fred Olen Ray pasó por semejante trance. Sí, la verdad es que me esperaba un auténtico estropicio con "Más allá de la ley". Algo así como el clavo en el ataúd en la filmografía de Steven Seagal. 
El hijo de un mafioso asesina a su cómplice en un robo, un adolescente más o menos yonqui. El padre de este, policía retirado y atormentado, se entera y, como es de ley, decide volver a las armas clamando venganza.
Así de elemental es la trama de una película que únicamente sorprende porque Seagal no interpreta al policía vengador. Ni siquiera a un personaje bueno. En realidad es el cabecilla de un clan mafioso y progenitor del villano de la historia. Claro, tal tesitura le permite valerse de su inconfundible técnica interpretativa más reciente: Pasarse media película sentado soltando soliloquios a velocidad de caracol tullido. Ya saben lo peculiar que es el hombre a la hora de involucrarse en rodajes, rara vez le vemos compartir plano con otros actores y, si lo hace, estos suelen salir de espaldas para que no se note que son dobles. Teniendo ello en cuenta, ya les anuncio que Seagal y DMX no comparten escena físicamente, solo a través del teléfono. En realidad los protagonistas son Johnny Messner (una especie de "action hero" de segunda división) y el villano, al que da vida un actor habitual en subproductos y de apariencia altamente irritante, Zack Ward. La nota de color la ponen el veterano Bill Cobbs y otro que vivió mejores momentos, Patrick Kilpatrick en un rol minúsculo (quien goza también de una experiencia Seagaliana previa con "Alerta Máxima 2").
En un diálogo muy gracioso se hace mención a "Gremlins", a la que califican de "clásico".
Uno de los guionistas, Chad Law, ha escrito para otras películas con héroes de acción míticos y no tan míticos en horas bajas, destacando a Van Damme y Dolph Lundgren.
Como decía, me puse a ver "Más allá de la ley" convencido de que iba a ser un macro-mojón con el que regocijarme, pero no. Lo peor que podemos decir de ella es que carece de alma, es un producto plano, convencional hasta el insulto y monótono... pero se deja ver.
Y sí, Steven Seagal mete unos cuantos tiros y hasta suelta alguna yoya, pero muy muy poca cosa.

viernes, 2 de octubre de 2020

SWAYZE DANCING

Durante los 80 era muy común, en los videoclubes estadounidenses, encontrar en alquiler cintas de carácter promocional, vídeos corporativos, deportivos, de prevención de las drogas y, sobre todo, los vídeos de gimnasia. Era común, asimismo, que para que estos vídeos tuviesen un mínimo de interés, se contara en los mismos con una estrella hollywoodiense que atrajera a propios y extraños y así garantizar los alquileres. Este tipo de cintas es a día de hoy la joya de la corona de cualquier coleccionista debido a que su distribución era menor que la que podía tener una película y, por lo tanto, al haber menor número de copias, difíciles de encontrar años después de sus lanzamientos. Los americanos se vuelven locos con este tipo de cintas. En España, sin embargo, se estiló bastante menos, pero de rebote, sí que llegaron unas cuantas de estas delicatessen americanas, sirvan como ejemplo “Las drogas no lo son todo” o el vídeo que vengo a comentarles hoy, este “Swayze Dancing”, distribuida nada menos que por Warner Brothers. Se trata de un vídeo de baile cuyo máximo atractivo reside en que, por un lado, es un vehículo promocional para la escuela de danza de la madre de Patrick Swayze y, por otro, un vídeo destinado a bailarines practicantes de los estilos latinos en los que se centra, que les servirá también como herramienta con la que instruirse. También sería una consecuencia del éxito apoteósico que en 1987 tuvo la película “Dirty Dancing”, con la que Patrick Swayze se convirtió en un icono, un sex symbol y una estrella. Así, se presenta la cinta como un interesante documento en el que Patrick desvelará todos los secretos de los bailes que ejecutó en la película que le hizo mundialmente famoso, pero su presencia —porque su caché, supongo, sería elevado—se reduce a los 20 primeros minutos de vídeo, para luego desaparecer y no volver a aparecer más. Así, a modo de ficción, se nos presenta a un grupo de bailarines que participan en un programa de baile de corta duración impartido por la madre de Swayze, Patsy, con el que pretenden ganar un concurso. Y al ingresar en la escuela, piden consejo a Patrick, experimentado bailarín, que anda por ahí ensayando sus pasos matutinos. Más simpático que unas pascuas les sentará en un despacho bastante amplio, donde los aspirantes a bailarines le coserán a preguntas que el actor responderá con entusiasmo. Toda esta primera parte puede tener su gracia, ya que vemos a Patrick Swayze en su salsa contestando a las preguntas y marcándose bailecitos con otras estudiantes de la escuela, pero en el momento que se marcha, la cosa se convierte en una mamarrachada supina que consiste en hacer testigo al espectador del programa de baile de corta duración, donde los bailarines practican coreografías al más puro estilo Eva Nasarre. Después, y en cosa de cinco minutos, asistimos al concurso de baile por el que los muchachos se han apuntado al programa, y, a tomar por culo la bicicleta. Menos mal que tan solo dura una hora… Pero está bien. Siempre es curioso sentarse delante de una pantalla y ver este tipo de productos tan de su época, tan inútiles en su totalidad y tan engañabobos, porque de lo que te venden solo te dan una porción y, además, son de unas cotas tan ínfimas de calidad, que casi le dejan a uno subnormal. Dirigen el invento la propia Patsy Swayze (verdadera protagonista de este pestiño) y Marc Lemkin, que se sacó de la manga, en calidad de productor, otros tantos vídeos de la misma índole, entre los que destacan uno de fitness con Traci Lords como reclamo, y otro muy extraño titulado “How to get… Revenge” que explica cómo vengarse de las personas que te han puteado, cuya presentadora es una Linda Blair en decadencia, y del que ya les hablaré otro día.