viernes, 31 de diciembre de 2021

¿CÓMO VES?

Extraña película semidocumental mexicana que haría las delicias de los amantes del cine quinqui, la cual no añaden a sus listas de películas del género, simplemente, porque no la conocen.
Se trata de un film de marcado contenido social —y ya sabemos que cuando se trata del contenido social se está a un paso de rozar el sensacionalismo— que nos muestra, en una combinación de lo más marciana, como vive la gente de los barrios más pobres de México D.F. al mismo tiempo que intercala estas duras imágenes con otras de varios conciertos en directo de diferentes grupos de rock (y hasta punk) de la escena local de los 80. Supongo que esta combinación responde al gusto que puedan tener esas zonas marginadas por la música rock, váyanse ustedes a saber…
La cosa es rodar la miseria tal cual les va viniendo a los cineastas, así, vemos niños conviviendo con ratas, parejas teniendo sexo a la intemperie sin importar la reacción de los viandantes, o jóvenes delinquiendo ante las cámaras, entre otros dramas. Lo que sucede, es que todas esas imágenes rodadas a lo cinema verité se nos presentan manipuladas, es decir, que hay una dirección y una ficción; es gente marginal real, pero actúa ante la cámara en según que momentos, a petición del director que cuenta con un guion previo. Sin embargo, lo que vemos no llega a ninguna parte porque, aun ficcionadas, esas escenas no pretenden contar  ninguna historia. Simplemente es una colección de escenas que se nos presentan entre concierto y concierto con el fin exclusivo de retratar esa marginalidad.
No está mal. Un intento por hacer algo entre la denuncia y lo experimental que, por dinamismo, nos tragamos sin mayores aspavientos, y que incluso disfrutaremos gracias a la tosquedad de lo que intuyo que son 16 mm — o al menos, lo disfrutarán aquellos que aprecien este tipo de ornamentos—,  la estética pobretona y las canciones de los grupos filmados que, algunas, son muy graciosas.
Por otro lado,  creo que es una película tirando a chunga en la que en su México natal se la toma demasiado en serio. Se trata de un film que, rozando lo amateur, tiene mucho tirón entre los estudiantes de cine, y es una película a la que recurre el personal docente como ejemplo narrativo, o sea, que es una película que está bien considerada entre las instituciones mexicanas, a pesar de la pobreza de medios con la que es evidente que se rodó.
 Se ve que, aunque firmada por un director, Paul Leduc, se trata de un trabajo conjunto del denominado  CREA (Consejo Nacional de Recursos para la Atención de la Juventud )en cuya dirección participaron otros directores, causándose polémica al respecto cuando uno de ellos, Jorge Carrasco, pidió que su nombre fuera retirado de los créditos tras renegar de ella, según este, porque los trozos ficcionados en los que la gente que se retrata actúa, se alejaban notablemente del concepto documental que estaban rodando en un principio. Un lío.
Por lo demás, “¿Cómo ves?” es una película de culto entre la intelectualidad mexicana y, supongo, un documento de interés para los amantes del movimiento popularmente conocido allí como “Rock en Español”, porque las escenas de los conciertos que sirven para enlazar unas secuencias con otras, documentan una música y una época que será de interés general, amén de ver a la peña malviviendo y delinquiendo, que eso es siempre muy morboso.

...¡AH! y FELIZ AÑO NUEVO!  

miércoles, 29 de diciembre de 2021

GALERÍA DE ESCANEOS BONITOS 3 ("MASACRE EN TEXAS 2")

Imágenes extraídas de las fermosas páginas de "Mad Movies", "L´Ecran Fantastique" y otras revistas franchutes que me alegraron la adolescencia por ahí los años 80/90....



Tom Savini at work.


Para saber más de "Masacre en Texas 2", echar un ojo a la respectiva reseña.

lunes, 27 de diciembre de 2021

PRÓXIMAMENTE ÚLTIMOS DÍAS

Como amante del cine que soy, mis gustos y aficiones al respecto van más allá de mero visionado de películas o leer sobre las mismas. Una cosa que me fascina desde que tengo uso de razón y que va unida intrínsecamente al visionado de películas, es el lugar donde se exhiben. Soy un enamorado de los recintos, de los cines. Me he llegado a leer libros de arquitectura solo porque en ellos explicaban como estaban construidos algunos cines de la capital emblemáticos para mí. O al menos me leía las partes concernientes a los cines.
A lo que voy es que el cine en sí mismo,  el recinto, es algo que me apasiona y, por supuesto, cuando hacen documentales que giran en torno a lo que es un cine o a la exhibición cinematográfica, corro a verlos, también por la parte que me toca puesto que durante más de media vida fui trabajador de cines en calidad de operador de cabina, pero llegando a vender palomitas, hacer de taquillero o acomodador si era preciso, porque aquello, cuando ya llevas muchos años trabajando en un mismo lugar, toma cariz de negocio familiar.
Entonces, “Próximamente últimos días” tenía un gran interés para mí, máxime cuando indirectamente me veo vinculado con lo que nos cuenta, puesto que el cine del que se habla, pertenece a la cadena de exhibición para la que yo trabajé durante casi 20 años, los míticos Cines Renoir.
En la línea de otro maravilloso documental sobre cines, “Paradiso”, “Próximamente últimos días”, quizás no tan brillante como aquél,  parte de una estructura narrativa  de ficción y esquiva los clichés del documental convencional para contarnos la siguiente historia.
En 2012, los cines Renoir Palma, en Palma de Mallorca, aquejados por una crisis galopante que llevaría a esa empresa a cerrar varios de sus recintos (incluido el “Roxy B” de Madrid donde trabajé y fui feliz), un grupo de espectadores, alertados porque con el cierre de los Renoir la ciudad de Palma se quedaría sin el único cine que ofrecía versión original con subtítulos y cine de autor, decide formar una cooperativa con la idea de asociarse y, mediante donaciones y cuotas de socio, tratar de salvar el cine de su cierre absoluto. Una idea romántica que saltó a la prensa nacional y que, a priori, por la novedad pareció funcionar. Sin embargo, el documental va a las entrañas para mostrarnos todo el proceso de cómo fue aquello. Obviamente, un cine conlleva una serie de gastos que sin una afluencia de público mínimamente aceptable son difíciles de sufragar. A eso hay que añadirle que los cines ya estaban muy viejos y necesitaban de un caro mantenimiento constante. “Próximamente últimos días” se centra en todo eso, mostrándonos el infierno que supone en realidad tirar para adelante con un cine de asociación que no da beneficios, cuando las deudas te asolan y cuando se va perdiendo a unos socios que se apuntan al proyecto por moda, pero que más adelante, cuando la cosa se va torciendo, dejan la membresía no sin antes poner una y mil pegas porque las cosas no salen como está previsto.  La película también nos hace partícipes del sufrimiento y desilusión de los trabajadores del cine, que muchos de ellos empezaron el proyecto con ilusión y ganas, y en un determinado momento deciden acabar con esto de una vez por todas. También se nos muestra la particular fauna de espectadores (o no) que pululan por los alrededores y, en definitiva, mantiene el interés del espectador durante la escasa hora y cuarto de metraje.
La sensación que provoca el visionado es de agobio porque, aunque tiran para adelante durante años todo apunta a que no van a conseguir mantener abierto el cine mucho más tiempo, y el documental queda inconcluso, muy sabiamente, porque durante el transcurso de los años que nos muestra la película, se llega a la pandemia en un momento en el que los responsables se las ingenian para buscar financiación.
Con ese no-desenlace, uno se imagina que el proyecto de esta cooperativa, que rebautizó los viejos cines Renoir con el nombre de CineCiutat, con el coranavirus se verá afectado de pleno como ha ocurrido con un montón de negocios o establecimientos cara al público, sin embargo consultando Internet veo que esta gente le echa cojones y ganas al asunto. Los CineCiutat de Palma de Mallorca continúan operativos tras la pandemia, aunque también es verdad que he visto que, para sobre vivir, necesitan hacer otro tipo de actividades, además de la exhibición de películas, para continuar abiertos. Y yo me he llevado una alegría.
Recomendable y, como documental, curiosa propuesta, que nos ofrece una historia cuanto menos distinta y en torno a una gente que aunque tras verlos en su salsa en el documental he de reconocer que ni tan siquiera me han caído bien, al menos aman el cine lo suficiente como para meterse en un fregado como este. Yo también me metería… pero me temo que yo no tuve la suerte de contar con un puñado de espectadores entusiastas que se quedaran con el cine.
Dirige, con mucha mano,  el documentalista  sueco-español Miguel Eeck.

domingo, 26 de diciembre de 2021

TRAILER DE "MISIÓN: ALTO RIESGO"

Y seguimos en nuestro afán de airear los trailers de las películas menos interesantes del vídeo-club. Lo único destacable de "Misión: Alto Riesgo" es que se trata de un film de acción producido el año 1987 bajo el título original de "Catch the heat" (o "Feel the heat", según la fuente), dirigido por Joel Silberg (a quien debemos films como el clásico "Breakin'" o "Lambada, fuego en el cuerpo"), guionizado por el veterano, reputado y Oscarizado Stirling Silliphant (recurran a Imdb para saber más) y con el mítico Brian Thompson, John Hancock y Rod Steiger + peluquín como rostros reconocibles del reparto.
Véanlo y no sientan absolutamente nada...

  

sábado, 25 de diciembre de 2021

SORTILEGIOS

Hace ya muchos años que "Sortilegios" ("Bloodbeat" en v.o., aunque, según el doblaje de la copia que poseo, el título sería "Ritmo Sangriento") se instaló en mi vida. Y, desde aquel momento, siempre he tenido malas palabras para ella, considerándola una de las peores películas deglutidas por estos cansados ojos. Le dediqué una reseña en formato cómic tonto para un fanzine. Incluso la he llegado a mentar por acá, aunque nunca en profundidad. Tenía demasiado asumido que era una fulaña como para tomármela en serio y jamás me senté a verla con todos los sentidos puestos en "on". Hasta ayer, que tras localizar el ripeo de mi VHS, dije "Venga, ya va siendo hora". Y le di al "Play" dispuesto a empezar de cero.
Una familia se reúne en lo más profundo de la américa rural para celebrar la Navidad (motivo por el que esta reseña sale publicada tal día como hoy, así que ¡felices fiestas!). El hijo trae novia nueva que, desde el principio, no acaba de conectar del todo bien con una madre hippie dotada de ciertos poderes sensoriales. Todo ello coincide con la aparición de un misterioso samurai (??) dispuesto a trocear a los habitantes del lugar, cebándose con nuestra familia protagonista, que tendrá que defenderse mediante artillería mental.
Uno de los elementos más llamativos de "Sortilegios" es su director, Fabrice-Ange Zaphiratos. Primero por ese extraño nombre que gasta y, segundo, por su historia. Fabrice nació en Francia del semen de un genuino cineasta, Henri Zaphiratos. A principios de los ochenta, y con veinte años, se piró a los Estados Unidos, se coló por una chavala con posibles y decidieron hacer una película. Hasta el culo de porros -y esto no es un chiste mío-, escribieron el guion de la aquí comentada. Con ayuda del progenitor de Fabrice-Ange, se agenciaron nada menos que una cámara de 35mm y ¡ala! a rodar. Obviamente el chaval no tenía ni puta idea de cómo se hacían las cosas, así que fue tirando sobre la marcha, viéndose obligado él mismo a interpretar al samurai asesino y, de paso, lanzándose por una ventana en plan "stunt" improvisado. Eso es devoción.
Resumiendo, "Sortilegios" era el capricho de dos pijillos despendolados. Encima, uno de ellos hasta el tuétano de pretensiones artísticas (nacionalidad obliga). Sí niños, Fabrice-Ange Zaphiratos quería dárselas de "auteur". Seguramente habría preferido parir un mega drama o algo así, pero se vería obligado a decantarse por una de terrores porque, de lo contrario, ningún distribuidor hubiese querido moverla. Así, añadió al pifostio unas gotas de slasher, algo de sangre y tetas. Pero, en lo que respecta al resto, iba a delirar a placer. Libremente. Y por eso "Sortilegios" es tan peculiar. Tan extraña. Combina esas dos características, la del cine de género de espíritu "trash" y el rollito artístico y semi-dramático con todas las trifulcas familiares sobreactuadas, algo así como la mutación imposible surgida de combinar los ADN de Joseph Zito y John Cassavetes. A lo que queda no le sobra la lógica, especialmente cuando se trata de otorgar un sentido y una naturaleza a ese samuari loco.
El elemento risible es considerable, destacando en tal apartado el ignoto reparto, sus exageradas maneras y, sobre todo, la generosa galería de muecas (la verdad es que todas las actrices tienen caretos un tanto raros) y, por supuesto, los efectos visuales, a base de sobreimpresión de luces de colores algo torpes y "kame hames has" de andar por casa muy muy graciosos.
¿Significa eso que, tras este visionado atento, sigues considerando "Sortilegios" una basura? Pues ahí está la guasa, la respuesta es NO. Me entretuvo comedidamente. Cuando terminó (82 agradecidos minutos después) me costaba creer la sensación razonablemente positiva que había dejado en mi. Incluso esputé un "¿Ya está?". ¡¡Se hizo corta la hijaputa!!. Esto me recuerda a aquella ocasión en la que, tras años asegurando que el salmón crudo no me decía nada, un día, así a lo tonto, lo probé y desde entonces es un manjar que me flipa mucho. Mi pareja todavía me recrimina por ello (más que nada porque ahora ya no se lo puede zampar todo ella sola). Lo mismo ha pasado con la película de Fabrice-Ange Zaphiratos. Hasta que no me he sentado a deglutirla en condiciones, no he aprendido a apreciarla. O a apreciar el hecho de que sea tan perro verde y que, en fin, al menos resulte más original que muchas de las que se hacían en su época adscritas al género de mis amores.
La música, toda electrónica, es estupenda. Obviamente la firma el colega Zaphiratos que, tampoco sorprende, nunca rodó nada más. Esta es su única película como director. Y, sin embargo, aún hoy vive convencido que es una estupenda obra de arte. Hombre, tanto tampoco. Pero ya saben como somos / son los europeans, siempre andan demasiado ocupados intentando ser artistas (en este caso no añado el "andamos", ni por el forro).

viernes, 24 de diciembre de 2021

BAPHOMET

Con el género de terror hay que andar con mil ojos, porque, consciente como son sus artífices de las tragaderas que tiene el aficionado, facturan auténticos bodrios infernales —nunca mejor dicho— que se convierten en auténticas torturas para el espectador, máxime, cuando estas películas suelen ser producciones de muy bajo presupuesto camufladas gracias a las nuevas tecnologías que nos ofrecen una fotografía muy buena intrínseca al formato HD. En ese sentido, como espectador no me engañan, el 90% de las veces se exactamente lo que voy a ver cuando elijo una película, pero, si insisto con estas pequeñas producciones es porque a veces suele uno encontrarse con algo medio potable, o mínimamente curioso, e incluso ocasionalmente se topa uno con algo que verdaderamente merece la pena. Como sea, por buenas o por malas, siempre estas producciones de terror a priori son de interés para mí.
En la otra mano nos encontramos con la nada más absoluta, la muestra de incompetencia más feroz que deja a uno impávido y, cuando acaba el visionado de una de estas películas, no sabe si ha visto una película o no ha visto nada. “Baphomet”, es una de esas.
Una familia se reúne en un rancho para  celebrar que pronto habrá un nuevo miembro en la familia —la hija del matrimonio de patriarcas está embarazada— cuando un extraño individuo se presenta allí con el afán de comprar el rancho. El dueño del mismo rehúsa la oferta millonaria que este tipo le hace. Resulta que este individuo es el líder de una secta satánica y, cabreado porque no se le ha querido vender el terreno, lanzará una maldición sobre esa familia que les hará  la vida imposible. Comenzarán de esta forma a ser testigos de fenómenos inexplicables. Hartos de esto, la familia decidirá pedir ayuda a una bruja benigna que pulula por ahí. Todo se irá complicando, por supuesto, hasta que finalmente se le inflan los cojones al demonio negro.
Madre de mi vida que cosa más sosa y desgarbada. Es tan insípida que ni siquiera puede permitirse el lujo de aburrir al espectador. Y lo de decir que, gracias al cielo, tan solo dura una hora y poco, se ha convertido ya en un cliché.
Se trata de una película, no obstante, que consciente de sus carencias no pretende abarcar más de lo que puede, por lo que nos ofrece una ristra de rituales y misas negras, sacrificios humanos y ¡ataques de tiburones! que son resultones al ojo humano,  pero porque no se hacen demasiados aspavientos a la hora de mostrárnoslos. Entre eso y la iluminación, bastante correcta, ambientan el asunto como buenamente pueden, sin resultados en ningún caso satisfactorios. Y, al fin, tenemos un estupendo demonio negro (el del póster), pero este no hace acto de presencia más que durante un par de minutos en la recta final de la película. Y a esas alturas nos da lo mismo.
Esto es un saco de patatas, sin tierra y lavadas, pero patatas al fin y al cabo.
Claro que la temática satánica y el hecho de que uno de los protagonistas es Dani Filth, miembro de la banda "Cradle of Filth", hará las delicias de los miles de pajeros gordos, vírgenes y metaleros que rendirán pleitesía a esta película solo por ser una película con esa naturaleza.
Dirige Matthan Harris, actor televisivo de tercera de profesión, que en calidad de director se ha cascado algún que otro cortometraje y que debuta con esta película cuya vida comercial se reduce al mercado del DVD y las plataformas digitales más desacomplejadas.
Nada. Película fallecida desde el momento en que se ideó.

... ¡Ah! y Feliz Navidad.

miércoles, 22 de diciembre de 2021

EL OTRO BAÚL DE TÍO VICENTE 4 - ESPECIAL "E.T." O SPIELBERG VERSUS CANNES

Hoy venimos con algo muy especial y muy Navideño, de cuando la maravillosa "E.T. El Extraterrestre" hizo tambalear los cimientos del séptimo arte, por ahí 1982. Primero durante su presentación en un festival tan peliagudo para Steven Spielberg como el de Cannes. En los tiempos que el hombre era despreciado continuamente y acusado de super-comercial y facilón, meterse de cabeza en un evento como aquel, rodeado de críticos sesudos y gilipuertas, era una auténtica aventura más llena de riesgos que ni Indiana. Sin embargo, digan lo que digan, se saldó con éxito. Leí por ahí que todos los gacetilleros, hasta el más rancio, lloraban como magdalenas con la película. Y luego, pues la rueda de prensa que reproducen las páginas de la revista "Casablanca" (número de Septiembre del 82). Lo cierto es que pensaba que las preguntas iban a ser más capciosas, pero solo hay UNA y Spielberg sabe torearla con gracejo y educación. Del resto merece la pena destacar la cita a "El retorno del Jedi", de cuando se encontraba en pleno rodaje y titulaba "La venganza del Jedi". La gran reflexión que el cineasta hace sobre la competitividad festivalera de su gremio. Y las dos cagaditas del redactor del artículo, por un lado el nombre de "Industrial Light & Magic" mal escrito y, por otro, el momento en el que, hablando Spielberg de sus próximos proyectos (entre ellos la segunda aventura de Indy), comenta "En los límites de la realidad". Si miramos el apéndice numérico que lo acompaña, se asegura que el famoso accidente ocurrió durante el rodaje del capítulo del mismo Spielberg, cosa errónea porque, como sabemos, fue durante aquel que firmara John Landis (lo arreglarían en Noviembre del 83, como demuestra el recorte final, donde se anuncia el rodaje de "Entre pillos anda el juego / Trading Places" cuando aún se titulaba "Black and White").
Cierran el show la reseña de la estupenda y emocional banda sonora de John Williams y la crítica oficial del film por parte de Miguel Marías (publicadas en el ejemplar de Enero del 83) que, a pesar de intentar por todos los medios quitarle méritos a ella y su director, se nota que la disfrutó como un enano. Pero ya saben, intelectualismo obliga...
Para leer, tecla Ctrl + botón izquierdo del ratón... y luego, griten todos al unísono: ¡Graaaaacias ooootra veeeez tío Vicenteeee!










lunes, 20 de diciembre de 2021

MADRID, COSTA FLEMING

Forma parte de la historia de Madrid, el célebre barrio conocido popularmente como Corea —el nombre se lo pusieron los vecinos, el barrio en realidad no se llamaba así— y la calle que atravesaba las zonas de La Castellana y el Santiago Bernabeu. Esa calle, la del Doctor Fleming, fue la seleccionada para edificar una serie de apartamentos que se le venderían a los soldados americanos que operaban en la base militar de Torrejón de Ardoz. A los soldados americanos allí instalados les quemaba el dinero yankee en las manos, por lo que pronto la calle se convertiría en zona lúdica donde se construyeron toda suerte de discotecas, bares de alterne y pisitos que servían para que, una vez los soldados se ligasen a una churri en los bares, se subieran a esos pisos para realizar la transacción comercial con la señorita de turno. Hablando en plata, la calle Doctor Fleming se convirtió en un putiferio.
Pronto, la bohemia madrileña fijaría su sede allí, y en los años 60 no había zona más golfa en todo Madrid que la calle Doctor Fleming.
El régimen de Franco, por supuesto, no comulgaba con semejante zona de puterío e intentó cerrar todos los bares y locales de la zona con el fin de convertir aquello en un barrio decente, pero por miedo a que esa situación se extendiera a otras zonas de Madrid y que el libertinaje campara a sus anchas, Franco, decidió hacer la vista gorda siempre que lo que ocurriera en la calle Doctor Fleming no saliera de la calle Doctor Fleming. Y esto duró prácticamente hasta bien entrada la democracia.
En consecuencia, el periodista Raúl del Pozo, bautizó al barrio para la prensa bajo el sobrenombre de Costa Fleming, y así se le conoce hasta nuestros días, sólo que los tiempos han cambiado mucho y ahora la zona ya no es un lupanar sino un lugar de encuentro para las clases pudientes madrileñas, que visitan los mejores restaurantes y las mejores coctelerías. El tiempo convirtió un barrio marginal en zona pija para turistas y foraneos.
Sin embargo, el ambiente de la zona fue muy sonado en la época, por eso, el escritor Ángel Palomino ambientó una de sus novelas en ese barrio y la tituló “Madrid, Costa Fleming”. Más que por la calidad del libro, por lo morboso de la propuesta, era cuestión de tiempo que el cine quisiera adaptar este material y en 1976 José María Forqué adquirió los derechos de la novela para su versión cinematográfica, que él mismo produciría y dirigiría.
La película, comedia con ramalazos dramáticos y bastante mala baba, no cuenta en realidad nada de esto que les acabo de explicar, sino que centra su trama en la especulación inmobiliaria de la zona, y la sobreexplotación de esas viviendas para ser  utilizadas como prostíbulos. De las fiestas de los famosos, las orgías y las peleas de las que tanto se habló durante años, nada de nada. Y, por supuesto, no aparece en la película ni un solo soldado americano.
Según esta premisa, “Madrid, Costa Fleming” es una suerte de historias entrecruzadas ambientadas en este barrio, que van desde la de una joven estudiante de económicas que se gana la vida como agente inmobiliario, que tiene que luchar contra el machismo y el ninguneo de sus jefes, los especuladores inmobiliarios, mientras que por otro lado tenemos a los vecinos “decentes” de uno de los inmuebles donde sucede la acción, que se oponen a que los pisos del edificio hayan sido adquiridos con el fin de convertirse en prostíbulos. Por otro lado, tenemos las vicisitudes de las prostitutas que  trabajan allí, y los chanchullos de los constructores con los arquitectos, la mano de obra, etcétera.
“Madrid, Costa Fleming”, que por cuestiones históricas se ve obligada a adscribirse a la corriente del destape, aunque este sería un elemento secundario, resulta una película condenadamente entretenida, pero no tan desmadrada como a priori se nos propone, que según va avanzando va perdiendo algo de fuelle y va dejando cabos sueltos. Son tantas las historias paralelas que nos van mostrando, que antes de los títulos de crédito olvidan cerrar un buen número de tramas. Aun así, resulta una película estimable, en parte, porque no es la típica comedita española de los años 70 (esta tiene algo más de enjundia), en parte, por un elenco de actores en estado de gracia que da gusto verlos.
Una jovencísima Verónica Forqué, hija del director, protagoniza la película dando vida a la estudiante de económicas con apenas 20 años de edad y lo cierto es que está muy bien, muy comedida en su actuación con respecto a lo que haría en sus años de bonanza en los 80 y 90. La secundan un estupendo Agustín González, que haciendo el papel de jefe cabrón no hay ninguno como él, un descacharrante Juanjo Menéndez, que hace chanchullos con medicamentos y les hace el toco mocho a las prostitutas con las píldoras anti-baby, o Paco Cecilio en un papel, más tirando a dramático que a cómico, entre un montón de secundarios absolutamente geniales.
Por supuesto, la película fue un éxito de taquilla congregando a casi un millón de espectadores, sin embargo, por algún motivo que desconozco, es una de las más olvidadas de la época. Yo la recomiendo.

domingo, 19 de diciembre de 2021

TRAILER DE "DEL AMOR Y DEL DESEO"

Pues sí, gracias a la generosidad de nuestro amigo Enorm, recuperamos brevemente los "Domingos de trailer". Y lo hacemos con tres lanzamientos de "CB Films" fechados en 1987. El primero de ellos es un dramón romántico de origen Australiano con protagonismo de Rachel Ward, Bryan Brown y Sam Neill dirigido por Ken Cameron quien, a partir de entonces (y probablemente gracias a que el film sería un fracaso, él mismo lo describe como "fallido"), acabó de por vida con sus huesos en la tele.
Normalmente habría dejado este trailer para el final, siendo el menos interesante de los tres (como irán viendo), sin embargo que lo sitúe a la cabeza tiene una curiosa explicación: La música que suena de fondo a partir del segundo 00,27.
Se trata de una poco adecuada pieza medio electrónica supervisada y ¿compuesta? por los señores Tom Milano y Don Great nacida como música de stock. Es decir, temas producidos ahí a mogollón, en plan salchichas, para que cualquiera que los necesitara pudiera disponer de ellos a un precio razonable. Normalmente estos solían ser cineastas sin capital suficiente para pagar ya no una orquesta, directamente a un tío con un teclado (o sin intención de gastarlo, los muy rácanos). ¿Y qué clase de señores hacen eso? Pues Charles Band -entre otros-, quien escudado tras su famoso sello de cine rastrero "Beyond Infinity Films", contó con esa misma música para dos títulos del catálogo tan populares como "Dreamaniac" de David DeCoteau y, sobre todo, "Cazador de mutantes" de Tim Kincaid. ¡Casi ná!. A modo de muestra les dejo después del trailer un mini vídeo con dichas notas reproducidas, por aquello de comparar.
Dudo mucho que dicha música suene en la película "Del amor y del deseo", pero supongo que no dispondrían del soundtrack real (firmado Cameron Allan) para confeccionar el avance y decidieron recurrir al mentado stock, dando como resultado una marcianada de alto voltaje.
Fascinante.

sábado, 18 de diciembre de 2021

GRAN BOLA DE FUEGO

A finales de los 80, las carreras de muchos de los rockeros clásicos andaban algo maltrechas, entre ellos Jerry Lee Lewis que, gracias a esta película, vio como volvía a primera plana y su música rejuvenecía. Yo mismo pillé el disco de la banda sonora y no paraba de escucharlo. El hombre comenzó a girar de nuevo y, más curioso aún, se vino hasta nuestra tierra de estafadores y mangantes para asomar el tupé en uno de esos programas de variedades que emitían el Sábado por la noche. Fue un poco lamentable, pero ahí estaba, dándole a las teclas. Y ahí sigue. Confieso que lo creía muerto, pero el tío, a sus 85 tacos, no solo continúa tocando y grabando discos, incluso hace vídeos para YouTube. Es el último de los suyos.
Sin embargo, paradójicamente, por mucho que "Gran bola de fuego", el biopic que narra una parte importante de su vida artística y personal, benefició a Jerry Lee, en realidad él lo detestaba. Y detestaba el libro en el que se basaba, escrito por su ex mujer. El director, Jim McBride, se defendía alegando que aquello no era un documental y reconocía ciertas libertades. Digamos que la historia real era solo una excusa para contar otra cosa. Y es algo que se nota y traspasa, ya no solo por las exageradas y algo irreales interpretaciones de sus protagonistas (especialmente Dennis Quaid, que está bastante insoportable), también por el modo teatral de abordar sendas escenas. Pero me parece bien que los biopics añadan unas goticas de fantasía, sino pueden resultar demasiado plomizos (otro ejemplo, "Ed Wood". Todos sabemos que mucho de lo que muestra es mentira, que embellece la realidad, pero... ¡nos encanta!).
Pues eso, "Gran bola de fuego" narra el ascenso a la gloria del pianista rockanrolero Jerry Lee Lewis, que se enamoró de su prima cuando solo tenía 13 años (pervertidillo!), se casó con ella y, en fin, el escándalo resultante hirió seriamente su carrera y le llevó a empinar el codo más de lo sanamente recomendable... aunque creo que en eso la peli se contiene bastante, seguro que la cosa fue mucho peor.
No obstante, está entretenida. Me la suda lo fiel o no que es a los hechos. A mi me hizo pasar un buen rato. Nada más que decir.
Incluye papelitos para personalidades "cult" como las de Mojo Nixon (músico country de tirón punkista), Tav Falco (rockero cavernoso) y Joe Bob Briggs (presentador televisivo especializado en cine de horror y trash). Si hay más, ya se me escapan.
Destacar por curiosa la carrera de su director, Jim McBride. Comenzó estrictamente en el llamado cine underground con "David Holzman's Diary". Luego se ganó el odio de los cinéfilos más recalcitrantes remakeando "a la americana" un clásico de Jean-Luc Godard. Alcanzó el mainstream con "Querido detective" y la peli reseñada. Y luego, cuando la cosa comenzaba a desinflarse, tuvo tiempo de venir a Barcelona para dirigir "La tabla de Flandes", según una novela de Arturo Pérez-Reverte, donde una aún monina Kate Beckinsale lo enseñaba todo. En el año 2000 volvió a encargarse del biopic de otro músico, en este caso Meat Loaf, pero su origen telefílmico desproveyó al resultado final de nada medianamente sórdido o meramente interesante.

viernes, 17 de diciembre de 2021

HELLAWARE

Michael M. Bilandic, Oriundo de Boston, se muda en 2000 a la ciudad de Nueva York para buscarse la vida en el mundo del cine. Es uno de tantos aspirantes a cineasta que busca una oportunidad en la gran manzana, si bien tiene bastante querencia por el cine independiente y las historias que no requieren de grandes presupuestos.
Entre varios trabajos dentro de la producción  audiovisual ya sea realizando videoclips o formando parte del equipo misceláneo de pequeñas producciones, acaba trabajando  en diversas tareas para “popes” del cine indie como puedan ser Spike Lee (en su época más decadente) o Abel Ferrara con el que, por afinidad, acaba haciendo buenas migas. Así que este acaba soltando unas pocas pesetas para producir el primer largometraje de Bilandic, “Happy Life”. Poca cosa, unos dólares para una producción prácticamente amateur, pero que sirven para incluir en los créditos a Ferrara, lo que ya supone un aval a la hora de presentar la película a los festivales. Así que Ferrara pone a su amigo en el mapa.
Sin embargo, el estilo de Bilandic es muy, muy extraño y curioso. Se trata de películas claramente amateur pero a las que se le ha puesto el suficiente dinero en producción como para que estas cumplan unos mínimos de calidad que no chirríen al publico poco experimentado que las visione una vez se exhiban, entonces nos encontramos con películas grabadas en un vídeo no excesivamente ostentoso, pero con encuadres impecables, buen sonido recogido con pértiga y un montaje lo mas profesional posible. Para que me entiendan, esto serían películas semi-amateur, o películas amateur bien facturadas con el fin de encajar entre sectores más o menos intelectualoides. Cuando vean una de sus películas, sabrán a qué me refiero.
Lo curioso es que no estamos hablando de un nuevo enfant terrible del cine de guerrilla, o un nuevo pope de las películas de bajísimo presupuesto. Biladinc pasa por festivales, se le hace un poco de caso porque el nombre de Ferrara pesa, pero no destaca especialmente en las hordas de nuevos cineastas independientes. Entonces, sigue a lo suyo, se le acercan quizás algunos esnobs que creen haber descubierto las sopas de ajo, y poco más. Para el resto del mundo pasa prácticamente inadvertido.
“Hellaware” sería la siguiente película de Michael M. Bilandic tras “Happy Life”, ya sin Ferrara de por medio, pero con  un mini-nombre hecho dentro del circuito festivalero, por lo cual se trata de una película que, de manera casi marginal, acaba exportándose a Europa (y que si bucean en las cloacas de Filmin, encontrarán subtitulada al castellano) cuya principal baza es lo que les acabo de contar; que tiene trazas de película amateur, pero está bien hecha. Y sin ser una cosa que le vuelva a uno loco, si que genera la suficiente curiosidad como para tener a Bilandic en cuenta en adelante.
“Hellaware” cuenta la historia de un joven fotógrafo que está harto del moderneo y la pose propias del mundo del arte en el cual se mueve. Un buen día descubre en Youtube a un grupo de raperos blancos marginales de Delaware —poco más que unos chavales haciendo el tonto en su casa— y decide que va a convertirlos en un producto vendible en las galerías, y como revulsivo a todo el posturno que envuelve el ambiente, por lo que se presenta allí desde Nueva York para verles en un concierto que han anunciado en las redes. Cuando llega al lugar del evento, se encuentra  con que el concierto se celebra en el sótano de la casa de los padres de alguno de ellos, y que todo es tan precario que los cantantes darán el concierto pasándose un micro entre ellos, ante un público formado por un par de amigos. Aún así sigue pensando que puede colar como marca contracultural y les hace una sesión de fotos que exhibirá en exposiciones.
La verdad es que me ha llamado la atención la película, como está rodada y esa intención de ser barata casi por convicción. Además está entretenidilla. Lo único en lo que se me ocurre sacarle pegas es en el hecho de que siendo una película con una clara intención de hacer sátira del arte, no es consciente de que con ese look limpio de vídeo de gama media, sonido perfecto y montaje estupendo, concebida para el mundo de los festivales con intenciones claramente artísticas y aspiraciones más cercanas a corrientes cinematográficas pedantes que marginales, quizás, también forma parte de esas élites artísticas que enfatiza en criticar.
Por lo demás, me parece una propuesta interesante que me recuerda a cuando irrumpió en el panorama el amigo Kevin Smith, solo que en otro rollo. Tendremos presente a  Michael M. Bilandic porque, yo creo, que no se va a pervertir demasiado aunque ande con un ojo puesto en las galerías de arte y no en el de las salas de cine.

lunes, 13 de diciembre de 2021

MI AMIGO MUNCHIE

Sacacuartos de la New Concorde de Roger Corman que trata de conseguir su público dentro de la platea infantil a partir del enésimo —y tardío— exploit de “E.T. El Extraterrestre” (¡ya en 1992!). Para tan infame misión, que mejor que encargar el proyecto al más adecuado para acometer proyectos infantiles; Jim Wynorski.
Curiosa de por sí, más curioso resulta el que se la considere una secuela original de “Munchies”, artefacto más acorde con sus tiempos que este, que canibalizaba, de la peor manera posible, el éxito de “Gremlins”.
Se trata de un producto muy consciente de lo que es, que se rodó durante 18 días para tener rápidamente su estreno limitado en una sala perdida en algún lugar de Tennesee y, luego, con un mes de diferencia, ser estrenada directamente en el mercado del vídeo y la televisión por cable donde no le fue difícil duplicar sus costes. Sin embargo, y pese a su autoconciencia, dudo bastante que ni Corman, ni Wynorski, ni tan siquiera Chuck Cirino, que compuso la simpática banda sonora sintetizada, fueran conscientes en ningún momento del material tan espantoso y aterrador  que estaban facturando para los críos.
“Mi amigo Munchie” supuso el debut en la gran pantalla de una de las jamonas recurrentes del cine USA de finales de los 90 y primeros 00, que siendo una niña, es aquí el interés romántico del chaval protagonista: Jennifer Love Hewitt.
La sinopsis se la pueden imaginar; un niño de familia desestructurada y víctima del mini-buying (y digo mini-buying porque sus compañeros de escuela tampoco es que sean muy crueles con él), un buen día se encuentra en el interior de una mina un sarcófago en el que habita una pequeña criatura de cabeza desproporcionada que, nada más ver al muchacho, le dice que va a ser su nuevo amigo. Esta criatura tiene poderes mágicos y un tremendo espíritu juerguista, por lo que en su afán de ayudar al niño con sus problemas escolares, lejos de resolvérselos, le causa aún más con su torpeza.
El crío pronto descubrirá, gracias a la ayuda de un profesor medio loco amigo suyo, que la criatura es en realidad un ser milenario que ha estado dando por saco en todas las civilizaciones desde que el mundo es mundo.
Mientras, la madre del muchacho, viuda, tendrá que vérselas con el play boy de su pretendiente que, cuando descubre a Munchie en una fiesta que este organiza, como personaje antagonista que es, lo secuestrará con el fin de llevarlo a un laboratorio y que la ciencia estudie a tan extraño infraser.
“Mi amigo Munchie” es un peñazo de cuidado, casi insoportable, como insoportable es la visión del bichejo protagonista con esa cabeza enorme y esos rasgos inmóviles que da más miedo que otra cosa. Un muñecajo animatrónico inútil e inmóvil, muerto, incapaz de mover nada más allá de la boca y esos ojos azules aterradores. Claro, que el puto bicharraco, al final se convierte en el único atractivo de esta película, por lo cochambroso que es, y el motivo por el cual, tras sus ventas en vídeo, exportaciones al extranjero y continuos pases por el cable, la película resultó ser rentable y Corman dio luz verde para realizar una secuela que, si no se tuerce la cosa, lo más probable es que les comente por aquí algún día. Más tirando a tarde que a pronto.
Por lo demás, y más con esa temática infantil, hay que hacer un gran esfuerzo para ver esta película sin que el santo se te vaya al cielo, porque, como el presupuesto de la misma es ínfimo, y aunque se supone que tenemos aquí a un ser milenario con poderes mágicos, la cosa escasea de todo tipo de acción y efectos especiales o imaginación, reduciéndose todo acto a eternas conversaciones entre el niño y Munchie que no llevan a ninguna parte. Una película asquerosa. Curiosamente, sin que en ningún momento dijeran que se trata de una buena película, a la crítica USA le cayó simpático el engendro.
Otro de los puntos curiosos de la cinta es el reparto; a parte de la anteriormente mencionada Jennifer Love Hewit con falda, coletas y calcetines, tenemos, dando voz al propio Munchie, a un peso pesado como Dom DeLuise, que o le hacía falta la pasta en ese preciso momento o que no sabía muy bien donde se metía, pero que, cuando le propusieron volver a dar voz a Munchie en su secuela, rechazó la oferta para ser sustituido por otro actor de relumbrón como veremos —si se tercia—.
Loni Anderson daría vida a la tetuda y operada madre del crío protagonista, y en papeles secundarios tenemos a una discretita Monique Gabrielle (modosita porque es una película infantil, claro), a Fred Olen Ray haciendo un cameito y la presencia de un actor que, no se muy bien por qué (quizás por el nombre -Nota de Naxo: por su currículum en realidad-) pero al staff de este blog nos hace cierta gracia: George “Buck” Flower.
En los tiempos del videoclub, pero ya bien entrados los 90, vi tropecientasmil veces la carátula de esta película en los estantes. Jamás la alquilé. Han tenido que pasar casi 30 años para decidirme a verla. La espera NO ha merecido la pena.

domingo, 12 de diciembre de 2021

MIERDCADERÍAS: AL NIVEL DEL BETÚN

Continuamos con nuestra irredenta lucha por denunciar todo aquel merchandising banal y ridículo que, únicamente, logra desprender de dignidad y misterio a todas las películas a las que salpica. Y en esta ocasión duele más tratándose de una intocable, "El Resplandor". No necesita presentación. Todos sabemos el peso del nombre de su director. Sus pretensiones. Su extrema seriedad. Etc, etc. Por eso, ver una imagen tan icónica de la misma como las aterradoras gemelas fantasmales convertidas en adorno de unas jodidas zapatillas, hace que nos preguntemos qué demonios pensaría Stanley si aún viviera. En el fondo, tiene suerte.
De esta guisa, "El Resplandor" es situada a la altura del tobillo... lo que hace honor al título de esta dramática entrada.
¡Yo os maldigo, merchandisers!


viernes, 10 de diciembre de 2021

A MENINA E O ESTUPRADOR

Típico porno soft brasileño —o como se suele llamar popularmente, una “pornochanchada”—, que en su afán por encontrar un argumento que sirva de acompañamiento a las escenas subidas de tono de las que se compondrá el grueso, nos hace testigos de una serie de situaciones exageradísimas que, en el mejor de los casos, bordean el racismo, cuando no, el drama descarnado, y ya sea por una cosa o por otra, el espectador acaba en momentos determinados revolcado de la risa.
Una adolescente de buena familia fantasea sexualmente todo el tiempo con que se la follan toda suerte de hombres de todas las clases y edades. Una de esas fantasías recurrentes es con su chófer negro. En esas ensoñaciones ella es violada por este portentoso negro de mediana edad con total virulencia. Claro, esto genera un conflicto en la muchacha y en la vida real trata a este chófer como a un despojo humano. Lo insulta, vilipendia y ningunea ante la mirada de resignación del negrazo (y su esposa mestiza y criada de la joven), que en realidad es blanco de los sueños más tórridos de la jovencita. Cuando esta no está fantaseando, está zorreando por ahí con una amiga bastante fresca que le presentará muchachos de su edad con los que parece no querer nada tampoco; prefiere ser penetrada en su imaginación por corpulentos negros de enormes rabos, como su bondadoso chófer que, una vez esta se mete en líos por culpa de la follambre, le salvará la papeleta.
Un compendio de imágenes eróticas en las que el sexo es simulado casi todo el tiempo (excepto una secuencia en la que una de las chicas tiene un rabo semitieso ante sus narices y, ya que está, se lo come de verdad un ratillo) que forman un collage grotesco junto al nimio argumento. Sin embargo, los artesanos brasileños tienen un extraño sentido de la estética y gustan de iluminar sus escenas de folleteo de manera lúgubre. Entre eso, y escenas en exteriores con cierto tono artístico, casi no diferenciamos la pornochanchada de la vanguardia, máxime cuando la producción se pasa el copyright por las pelotas y ambientan esas secuencias sexuales con extraña música funk cuyo vocalista emite sonidos guturales y se saca gargajos o, directamente, roban las músicas a la banda sonora de “Taxi Driver” o expolian una versión instrumental de “The Wall” de Pink Floyd con todo el descaro. Está curiosa.
El estupro es el delito en el que un adulto se aprovecha de su superioridad o a través del engaño para conseguir acostarse con alguien menor de edad,  así que el término estuprador se utiliza para denominar a aquel que comete estupro. Así pues, el título no puede ser más llamativo y acertado: “A menina e o estuprador”, es decir, “La muchacha y el estuprador”. En realidad no hay más estuprador en la película que los que aparecen en la imaginación de la protagonista, pero de estupradores va la cosa…
La protagonista tiene una carrera como actriz de pornochachadas (y otros géneros ajenos al de folleteo), sin embargo aquí aparece acreditada solamente con el nombre de pila a modo de seudónimo, así Vanessa Alves aquí estaría únicamente acreditada como Vanessa. No así su partenaire masculino, el negro estuprador Zoísmo Bulbul, que curiosamente combinó su carrera como actor semipornográfico con el cine político, el cual incluso abordó en calidad de director de documentales.
El director Conrado Sanchez, que aunque intenta dotar esta película de sofisticación no lo consigue, tiene una larga carrera en oficios cinematográficos de variada índole, pero como director tan solo llegó a hacer cinco películas, pasando tras esta tan desangelada al porno más hard abordando un subgénero repugnante y que debería estar penado, pero muy popular en Brasíl, como es la zoofilia, llevando las riendas de cosas cuyos títulos rezan “Como afogar o ganso” o “A menina e o cavalo”. Saquen sus conclusiones.

miércoles, 8 de diciembre de 2021

EL OTRO BAÚL DE TÍO VICENTE 3 - JOHN CARPENTER

En Noviembre del 83 la revista "Casablanca" publicó una extensa e interesantísima entrevista con un John Carpenter en pleno apogeo de su creatividad. Con decir que venía justo de terminar "La Cosa", queda todo dicho. Así, el hombre se dedica a hablar de sus trabajos previos, a soltar mierda sobre su biopic de Elvis (incomprensiblemente) y de "Halloween 2" (muy comprensiblemente) además de lanzar un alegato en favor del western clásico contra el "de izquierdas". En fin, vale la pena leerla... y para proceder, ya saben que toca abrir los archivos aparte (tecla Ctrl + botón izquierdo del ratón).
Pero antes, no olviden el ritual: ¡Graaaaacias ooootra veeeez tío Vicenteeee!







lunes, 6 de diciembre de 2021

LA GUADAÑA

Extraño slasher ambientado en los años 20, que surgido en la época de auge del género entre clásicos impepinables, pasó absolutamente inadvertido hasta que, décadas más tarde, los fans se atrevieron a redescubrirlo, supongo que por completísmo porque, “La Guadaña”, cuya adscripción al slasher está traída con pinzas —en realidad podríamos decir que se trata de una película de propaganda cristiana, que por lo visto adaptaba una obra de teatro de tres al cuarto—, es lo más soso que existe sobre la faz de la tierra.
La cosa va de un pueblo sureño cuyos habitantes son más bien tirando a malos, tiranos diría yo, destacando un banquero que realiza pesquisas para quedarse con la pasta de sus clientes, o una anciana poderosa, racista y quejica, que  trata mal a sus sirvientes, a los niños que juegan en las inmediaciones de su vivienda, e incluso a una cabrita que pasta tranquilamente por allí. Es este el motivo por el que el predicador del pueblo, asqueado, decide largarse de ese horrible lugar. Justo con su marcha, un extraño individuo vestido de negro y con sombrero hará acto de presencia para cargarse con su guadaña… ¡a dos personas! Por supuesto, este caballero tarda casi una hora en aparecer y, cuando lo hace, se carga primero a una víctima, después a otra, y ya no vuelve a manifestarse  hasta el extraño y confuso desenlace que, en realidad, no esclarece prácticamente nada. Nos quedamos igual. Entre medias, escenas de los habitantes del pueblo que hablan, y hablan, y hablan… Un auténtico suplicio de factura y estructura telefilmica que carece de interés alguno.
El único dato apreciable de esta mamarrachada, es que estamos ante un producto del infame Earl Owensby, cuyo currículum en calidad de productor lo componen films como “El hombre lobo” (“Wolfman”, aquella tan chunga…), “Tales of the third dimensión in 3D” o el dramón de corte deportivo “Juego decisivo”, y que se antoja un individuo sin duda más interesante que su obra (también ejercía las veces de actor, director, cristiano recalcitrante e incluso distribuidor, amén de haber conseguido trabajar para James Cameron asesorando con las localizaciones acuáticas de “Abyss”).
Charles Reynolds, amigo de Owensby, firmaría esta película como director, para no volver a hacerlo jamás, aunque sí que colaboraría con él haciendo diferentes tareas en algunas de sus películas.
Muchas de las producciones de Owensby  se lanzaron en España en formato vídeo de alquiler y, por supuesto, “La Guadaña” llegó a nuestros vídeoclubs.
Más allá de ser un “pseudoslasher” al que recientemente los yankees han prestado algo de atención (poca, porque en general Owensby genera un interés extremadamente ínfimo), “La Guadaña” es una película que, pese al casi fardón look del asesino —al que en un momento de la película se le encienden los ojos en la oscuridad y eso hace que se parezca endemoniadamente al Blade de “Puppet Master”—, y a su condición de rara, misteriosa y desperada, si evitamos el visionado ganamos en salud.

sábado, 4 de diciembre de 2021

GOMIA, TERROR EN EL MAR EGEO

Tenemos el póster. Tenemos los fotocromos. Solo nos falta la reseña oficial. Lo cierto es que la hubo, y tras pasarse un tiempo publicada en este blog, terminó reciclada hace ahora diez años en las páginas de nuestro particular "pest-seller" "Malas pero divertidas". Y les diré algo, me arrepiento tanto de lo que escribí entonces, como de haberla incluido en dicha obra. Ya cuando procedí sabía que seguramente me equivocaba, y ahora lo confirmo. "Gomia..." será muchas cosas, pero NO es una película "mala pero divertida", como tampoco es, después de todo, una película mala. De ahí que, motivado por una reciente revisión (a su vez motivada por un ataque de remordimientos), decidí resarcirme y "arreglar el entuerto" con el texto que sigue...
¿Por dónde empiezo? Es verdad que "Gomia, terror en el mar Egeo" (fabuloso título español -¿qué es un "Gomia"?- del no menos fabuloso "Antropophagus") resulta algo costrosa, zetosa e imperfecta. Sí. Dentro de los esquemas del horror italiano ochentero de línea gruesa, se sitúa a un nivel un poco más modesto -en lo que a medios se refiere. Está rodada en 16 mm- de lo que hacía, por ejemplo, Lucio Fulci. Pero, a su vez, y no se sabe muy bien por qué, goza de una serie de atributos indiscutibles que la salvan de la absoluta quema y le otorgan un puesto de honor entre las suyas. El legendario "mercader de la sordidez" que la dirigió, Aristide Massaccesi / Joe D´Amato, siempre dijo estar muy satisfecho del resultado. Y no es para menos. Seguramente nos encontremos ante su mejor película. Es lenta, puede que un poco aburrida, de acuerdo, ¿pero qué peli de Massaccesi -director- no lo es? ¿y qué producto italiano horrorífico de la década no lo es -los hay, pero se cuentan con los dedos de la mano de un manco-? Esta, al menos, tiene cosas que molan.
Cosas como el gore. En la época nos pareció más excesivo y en mayores cantidades, pero lo cierto es que, salvo ya saben qué escena, no hay pa tanto. La atmósfera. Muy lograda, especialmente para ser la clase de film que es, donde caben tanto la tormenta nocturna como otra que comentaré dentro de unas líneas. Y, joder, la trama. El argumento mismo tiene mucho gracejo. Es una locura maravillosa: Un tipo naufraga con su mujer e hijo. Este último muere y papá decide comérselo. Mamá se opone y por accidente acaba acuchillada. Así que papá se vuelve loco -¿entendemos que papá se papea a los dos?- y cuando llega a la costa, no piensa más que en seguir deglutiendo. Incluidos los protas, que tendrán que defenderse. Lo gracioso es que el guion lo firma el mismo señor que hace de monstruo, el gran gran George Eastman, alias de Luigi Montefiori (también se encargó la teclear -entre otras- el libreto de la estupenda "Aquarius", lo que confirma que era bueno en ese campo). Aunque, qué duda cabe, "Gomia, terror en el mar Egeo" se erige sobre TRES momentos. Dos escenas gore, con el caníbal devorando un feto extraído a lo bruto y sus propias tripas como acto final previo a la muerte, y una totalmente inquietante, el paseo por las siniestras catacumbas, acompañado de una música tan extraña como efectiva, algo que se extiende al resto de la banda sonora.
No sé si por éxito o capricho, Massaccesi y Montefiori volvieron a unir fuerzas poco después en una especie de secuela no oficial, "Terror sin límite" o "Absurd", pero no lograron repetir la jugada. Vamos, que se reduce a una o dos escenas gore chulas rodeadas de tremebundo aburrimiento. Tampoco podemos olvidarnos del infame remake vídeo mediante que parió ese Covid-19 que fue para el cine -y digo "fue" con alivio- llamado Andreas Schnaas. La cosa se tituló "Anthropophagous 2000" y, por comparación, el "Gomia" original parece la mayor obra maestra de la historia del cine. Que, por mucho que me guste, desde luego no es.
Habría preferido consumir la edición remasterizada editada por "Severin". Molaría ser testigo de cómo debe mejorar sin todos los rayotes, manchotes y mierdotes habituales. Que es como la he visto SIEMPRE. Incluido este último intento. Un perjudicado ripeo de un perjudicado VHS. Admito que tiene su encanto así, y que contribuye a la sensación de sordidez e inquietud, claro, ¡me encanta la baja calidad! gozarla y practicarla. Pero, por variar, no me habría molestado demasiado un "Gomia" en condiciones. Tal y como, supongo, Aristide hubiese querido.
Y no hagan caso a lo que escribió el gilipollas ese en "Malas pero divertidas".

viernes, 3 de diciembre de 2021

I SPIT ON YOUR CORPSE, I PISS ON YOUR GRAVE!

“I Spit on Your Corpse, I Piss on Your Grave”, producida por una de las cabezas visibles del SOV de los 90  aún operativo, Ron Bonk, nace por un lado con la idea de homenajear el rape & revenge clásico, con esa obvia referencia a “I Spit in Your Grave” —aquí, “La violencia del sexo”— en su título y, por otro, con la idea de, al no tener un mínimo presupuesto (esto es una película amateur con todas las de la ley), escandalizar al personal aprovechando al máximo los pocos recursos de los que se dispone, y teniendo siempre en cuenta que la mierda es gratis. De hecho deberían ver las reseñas que se le dedica a la película en esos foros Incel españoles que pululan por la red, donde destacan lo ofendidos que están sus miembros por culpa de las imágenes / intenciones de esta película obviando todo lo demás. Ya lo decía Umberto Eco: Internet da voz al tonto del pueblo que antes solo podía opinar en la barra del bar donde rápidamente su voz era acallada por el resto. Ahora no los calla nadie.
También se trata de un pecadillo de juventud de su realizador, Eric Stanze quien, siendo uno de los directores más respetados del horror independent de Houston, en su página web, cuando se consulta su filmografía en la que incluso aparecen sus trabajos como segunda unidad para películas profesionales como por ejemplo “Somos lo que somos”, rechaza, desprecia, obvia la película que aquí nos ocupa. Y es que, cuando la rodó con 30 años de edad en 2001, quizás para él era una molonidad una película como esta, pero hoy con casi 50 palos, que mete el cuezo cuando puede incluso en terribles películas de perritos protagonizadas por una decadente Elisabeth Shannon, una película como esta en la que una jamona casi clónica de Kristen Dunst (llamada Emily Haack, que tiene un morbazo que te cagas, con esa pinta de redneck tejana llena de tatuajes y entrada en carnes) se mete un palo por el coño a pelo y sin lubricar en explícito primerísimo primer plano, puede resultar ofensivo para aquellos que, con intención de ofrecerle un trabajo en una película decente, pudieran detenerse a echar un vistazo a su portafolio. Así que la excluye en su currículum. Quizás por eso mismo en su ficha de IMDB cambia el título bajo el que se comercializó la película, pasando a llamarse “The Captives”.
Pero “I Spit on Your Corpse, I Pis son Your Grave” existe, y no solo eso, sino que además salió en DVD vendiéndose una cuantiosa cantidad de unidades, excepto en Alemania, donde tras el holocausto están especialmente sensibilizados con la violencia en el cine y censuran este tipo de propuestas —a pesar de tener su estúpido ultra-gore y su brutal cine porno—, por lo que mucho me temo que, aunque lo intente, ya no podrá escapar de ella. Sin embargo, en el fondo, salvo por la escena que les he descrito más arriba, el mal rollo que da el cadáver que vemos justo después de los créditos que de bien hecho que está da cosica verlo, y un micro-pene a punto de ser quemado por un cigarrillo en una determinada secuencia, lo demás no es para tanto. Solo mediocre vídeo amateur con un sentido estético de lo más cutre y, por otro lado, estándar. Solo podemos decir que, para ser un producto de estas características, a Eric Stanze se le ven trazas de cineasta, como se comprobaría más adelante. De ritmo y montaje no andaba mal servido el gachó en esta temprana película.
El argumento, por supuesto, se lo pueden imaginar ustedes;  Una joven que durante toda su vida ha tenido que soportar los abusos de los hombres (su jefe sobón, varios intentos de violación por parte de algún mastuerzo) es secuestrada y llevada a una guarida. Con artes amatorias y persuasivas consigue escapar de su captor y, a partir de ahí, secuestrará a los agresores que ha tenido durante toda su vida, los meterá en el sótano de su casa y allí los humillará y torturará hasta la muerte.
Poco más. Dura una hora y poco, y como no está especialmente mal montada ni es en exceso aburrida (quizás un poco en esos fragmentos involuntariamente vanguardistas y eternos en los que Stanze superpone imágenes en movimiento de cementerios), pues la vemos, la soportamos, y si estamos especialmente enfermos o somos los suficientemente retorcidos, hay suficientes tetas y felpudos en pantalla como para que nos hagamos una manolilla, amén de la anteriormente citada escena en la que nuestra protagonista se mete un palo por el coño.
Con todo, no es lo peor que me he echado a los ojos en absoluto.

miércoles, 1 de diciembre de 2021

MI TOP TEN JUSTICIERO

Hace unos días, hurgando entre carpetas virtuales, localicé el siguiente texto, escrito en su momento como colaboración para un libro -que nunca vio la luz-, donde numeraba del uno al diez mis justicieros cinematográficos favoritos. Me pareció tan majo y entrañable que decidí publicarlo acá (y actualizarlo, añadiendo un onceavo).
La cosa comenzaba así: Para mí, cine de justicieros son solo las historias urbanas de polis/ciudadanos que, hartos, deciden emprenderla a tiros ellos solos contra los malos, todo en un tono realista y callejero. Pero claro, con esta premisa me quedo con solo cuatro pelis, así que he abierto un poco el abanico y he añadido otras que no considero estrictamente de justicieros, pero que, dejándome de chorradas, sí encajan en buena parte de lo que se supone es el género.
Así que ahí va...


HARRY, EL SUCIO
Maravilloso clásico incomparable. Vibrante, emocionante y repleta de frases lapidarias. Mola muchísimo el tono ambiguo, en el que no sabes quien es más malo y despiadado, si el asesino o el mismo policía!!!. Obra maestra/de arte y la madre del cordero.
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EL JUSTICIERO DE LA CIUDAD
La otra obra maestra junto a "Harry, el sucio". Una de esas pelis que son pura catarsis. Cada vez que Charles Bronson mata a alguien, saltas de la silla y te pones a corear. Mola su tono realista (las reacciones de Bronson antes sus primeros asesinatos) y su evidente intención propagandística. Entretenida y brutal.
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EL JUSTICIERO DE LA NOCHE
Un delirio absoluto, absurdo y completo de lo más disfrutable y adictivo. La secuencia final, con la gran masacre, es un hito en la historia del cine de acción. Y ver a Bronson en plan "Rambo" es impagable. Clasicazo trash, incluida banda sonora y póster!!!
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EL EXTERMINADOR
La peli de justicieros más sádica de todos los tiempos. Recreación gustosa y enfermiza en la violencia y la brutalidad. Gore y demencial. Robert Ginty no tiene ningún carisma como justiciero, pero da igual. Con un póster como el que luce esta peli, ¡se le perdona todo!.
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COMMANDO
Maravilloso carrusel de acción, parodia inteligente y aventura. Ver a Schwarzenegger convertido en una imparable máquina de matar, dejando cadáveres y más cadáveres tras de si es el colmo del gozo y el cine palomitero. Es super entretenida y tiene un ritmo endiabladamente brutal. Una vez más, la matanza final es de órdago. Clásico!.
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THE PUNISHER
¿Cual de las tres?. ¡¡Las tres!!. Aunque le tengo especial cariño a la de Dolph Lundgren por ser la más "serie B" y la más violenta, o al menos lo era hasta que vino la tercera con todo su gore. En su época vivía obsesionado con ella. Da igual que se pase el cómic por el forro, es un entretenimiento que funciona muy bien. Perfectamente disfrutable.
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COBRA
Stallone haciendo de "Harry, el sucio", combinado con la burrez de "Rambo". ¡¿Qué podría ir mal?!. Cine palomitero en su máximo exponente. Diversión a raudales, frases macarras para el recuerdo y malos ultra-hijosdeputa, como ya no se ven.


ROBOCOP
¿Un justiciero robótico?, ¡claro!, ¿por qué no?. ¿Alguna peli ofrece más?: Ultra-violencia, acción a raudales, mala leche, humor cruel e inteligente, un héroe super-chanante y 90 minutos vibrantes que pasan volando. Clásico indiscutible!!.
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VIGILANTE
William "Maniac" Lustig se mete en el terreno de Charles Bronson y lo hace apostando por el realismo y la mala leche contundente. Se sale de la línea estándar pero ofrece lo que debe: pandilleros malísimos, prota mutado de ciudadano ejemplar a asesino sediento de sangre y Fred Williamson guiándole los pasos. Aquí paga hasta el juez, y eso mola. Entrañable.
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DE ESPALDAS A LA JUSTICIA
Y una más oscurilla para el final. No es gran cosa, y el desenlace no mola nada (el justiciero muere!!). Peeero ver a Jack Palance como tal y, sobre todo, la cruenta y desalmada escena en la que ejecuta a un tío cual asesino a sueldo no tiene precio. Grandiosa. El resto, pfff, mediocre.
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ACTUALIZACIÓN:


SENTENCIA DE MUERTE
De todo el cine de justicieros parido las últimas décadas, sin duda lo mejor, más digno, violento y vibrante está en "Sentencia de muerte", con ese tremendo y atormentado justiciero encarnado estupendamente por Kevin Bacon. Muy muy potable.
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Si se pensaban que iba a mentar la horrenda, ridícula y desenfocada puesta al día del universo "Death Wish", lo llevaban claro...