miércoles, 29 de junio de 2022

GALERÍA DE ESCANEOS BONITOS 11: MAGIC LONDON + VOODOO SOUP

Imágenes extraídas de las fermosas páginas de "Mad Movies", "L´Ecran Fantastique" y otras revistas franchutes que me alegraron la adolescencia por ahí los años 80/90....


Encontrar a finales de los ochenta en las páginas de "Mad Movies" (concretamente, número 62, Noviembre 1989) un recuadro dedicado a una de las, entonces, agradecidamente escasas muestras de cine fantástico partio, era una absoluta rareza. Teniendo en cuenta que esta venía dirigida por nuestro "king of trash" particular, Germán Monzó, entonces hablamos ya de marcianada pura. Nos estamos refiriendo a la obra más legendaria, y delirante, de su realizador: "Magic London" que, como sabrán algunos, fue posteriormente rebautizada "El Anticristo 2" (y el nombre de Monzó ocultado tras el absurdo alias de Sergio Argento) Pal caso, resulta altamente gracioso descubrir que en realidad el redactor no tenía ni la más mínima pajolera idea de lo que escribía. Básicamente se inventa el argumento. Según él, la cosa va de un director de cine adicto al sadomasoquismo y las películas "snuff". Incluso se atreve a afirmar que es un remake encubierto de "El fotógrafo del pánico". Los que han tenido el dudoso gusto de consumirla saben que, en realidad, "Magic London" gira en torno a los desmanes de una secta satánica comandada por un sobreactuador nato y el rockero que, para combatirla, se hace ninja. Vamos, ¡¡igualito!!
Citan "El poder de la venganza" y su peculiar condición de pionera en cuanto a cine de artes marciales rodado en tierras catalanas se refiere (Llordi Puyol estaría orgulloso), así como 
la relación de Monzó con Jackie Chan. Mientras este es un dato cien por cien genuino, nos entra la duda cuando lo extienden a... ¡¿Bruce Lee?!


Nada más posar mis ojos en este recuadro, quedé absolutamente prendado. Y no lo digo por la tipa siliconada, sino por el hombre lobo con jodida careta de Todo a Cien. Lo crean o no, esta cosa existe. Es real. Se trata de un interminable largometraje de dos horas rodado íntegramente en Súper 8 por Greg Lewolt. Un señor más habituado a la interpretación (participó en algunos títulos de Kevin Tenney) y que en "Voodoo Soup" se reserva el papel de un chef de cocina dedicado en cuerpo y alma a evitar que vampiros, hombres lobo y caníbales se coman entre ellos, a base de servirles deliciosos manjares. ¡Su puta madre! Para compensar el sufrimiento, Lewolt trufa su película de tipas en pelotas, rubias plastificadas sacadas de sendas revistas pajilleras. ¿Verla? Complicado. Probablemente me arrepentiría a los tres minutos. Pero, cojones, de chaval les aseguro que flipé ante tanta demencia y cutrismo juntos.
"Voodoo Soup" fue parida a inicios de los 90 (la noticia salió publicada en el número 80 de Noviembre del 92, hagan cálculos). Luego, su director siguió dedicándose a lo suyo, actuando en películas costrosas. En 2005 le entró la vena de dirigir otra vez, y se puso con varias cosas -mayormente de espíritu pajero- hasta que el 2008 lanza "Kid Wolf" a la que califica de ¡¿drama?! En 2020 anuncia la confección de una web-serie titulada "The Maker" que, visto lo visto, no ha prosperado mucho.
¿Se les ha puesto morcillona? Entonces les gustará saber que, hoy por hoy, el colega Greg tiene una página güeb con información sobre todos sus trabajos. Pueden gozarla AQUÍ.

lunes, 27 de junio de 2022

JANE, MI PEQUEÑA SALVAJE

Hay muy poca información sobre la producción de este film del año 1982 perpetrada por Eligio Herrero, artesano de escueta filmografía, pero cuya carrera abarca desde la escritura de películas “S” como “Bacanal en directo”, a comedias populares de baja estofa como “El consenso” o  “Los pecados de mamá”, pasando a la dirección de la película que nos ocupa, “Jane, mi pequeña salvaje”, que firma bajo el seudónimo de  E.H. Portela, y cuyas circunstancias me han traído por el camino de la amargura —precisamente por no encontrar ni un dato útil que resuelva mis incógnitas—. Se trata de un exploit patrio que se aprovechaba del tirón que en nuestro país había tenido “El lago azul” (hay varios y todos rodados en las Islas Canarias), y que se estrenó en nuestras salas sin pena ni gloria.
El caso es que se presenta como una suerte de comedia de aventuras de corte familiar que ahonda someramente en la sexualidad adolescente del mismo modo que lo hacía la película de Randal Kleiser, sin embargo, me da la sensación de que en la preproducción se concibió como una película erótica para ser clasificada “S”, a juzgar por un par de carteles que me llevan hacia esa teoría. En primer lugar, uno con una ilustración picantona que en principio no tenía por qué pertenecer a esta película puesto que se titula “El hombre nació del polvo” y que se acompaña de frases promocionales tales como “De cómo el hombre nació del polvo, vivió hecho polvo, se reprodujo por el polvo y su final será en el polvo. Conclusión: A más polvo menos hombre”. Sin embargo, se trata de un film escrito y dirigido por E.H. Portela, por lo que podíamos intuir que sí, que este póster pertenece a la producción de lo que después sería “Jane, Mi pequeña salvaje”. Salimos de dudas cuando indagamos un poco más y llegamos hasta una de las muchas ediciones de vídeo que tuvo la película que, ahora sí, bajo el título de “Jane, mi pequeña salvaje”, nos presenta esa misma ilustración de “El hombre nació del polvo” adecentada para la ocasión, tapando las vergüenzas del personaje femenino, pero dejándome perplejo la vulgar frase promocional que reza: “Tarzán morder manzana, si Jane querer gusano de Tarzán”. No se trata de una comedia erótica, no tiene nada que ver con Tarzán (salvo la alusión a Jane), sino de una película familiar, así que llego a la conclusión de que, visto que en cines el expolio a “El lago azul” no funcionó, en una de sus ediciones videográficas se trató de engañar al espectador haciéndola pasar por una comedia erótica, ya que en aquella época, en vídeo, el erotismo mandaba. Como sea, aparecieron en las baldas de las estanterías más ediciones de la película cuyas caratulas mostraban los posters originales de cine, uno de ellos inspirado claramente en el de la película que explota, “El lago azul” —adjunto todos estos posters y caratulas de los que les he hablado—.
En fin. Todo un misterio.
La película cuenta como tres individuos van en una avioneta y, como el piloto va borracho, acaban teniendo un accidente que les obliga a saltar en paracaídas dando con sus huesos en una isla paradisíaca. Comenzará así la supervivencia, teniendo que buscarse alimentos o lidiar con los nativos de la zona.
Por otro lado, muy cerca, viven dos adolescentes aislados de la sociedad, que ven su plácida estancia en la isla amenazada por estos tres individuos que, para poder sobrevivir, matan a los animales de la zona para comer. Intentarán por todos los medios que estos abandonen la isla, al mismo tiempo que florece entre ambos el deseo sexual.
Todo en un tono de comedia muy tontorrón y chabacano, con gags que emulan a los dibujos animados. La película es cutre a más no poder, y a pesar de su tono festivo hay que hacer grandes esfuerzos para llegar hasta el final porque, en esencia, esto no hay un dios que lo soporte. Por no hablar de su forzado mensaje ecologista.
Existe un blog que se dedica a recopilar fichas de todas las películas que se rodaron en Lanzarote que asegura que, aunque en principio la película está rodada allí, no han sido capaces de encontrar las localizaciones que se ven en pantalla en la zona, y que existe cierta confusión general entre esta película y “Animales racionales” —que pronto verán por aquí reseñada—, también de Eligio Herrero, ya que, rodada al mismo tiempo, se aprovechan las mismas localizaciones y los mismos decorados que en esta. Aunque los actores principales y las tramas son absolutamente distintas, así que, no entiendo.
En el reparto principal tenemos actores de primera fila como Alvaro “El Algarrobo” de Luna, Luis Varela o una joven y doblada Marta Valverde, y unos adolescentes y poco apañados Juan Carlos Naya y Montserrat Merino como los clónicos de Christopher Atkins y Brooke Shields. La verdad, están todos para matarlos.
Más interesante por todo esto que les cuento, que para echar el rato viéndola, porque no hay por donde cogerla.



sábado, 25 de junio de 2022

LA SOMBRA DEL FARAÓN

Llegados finales de los 90, a Hollywood le entró la neura de resucitar y rejuvenecer un olvidado icono del terror, la momia. Como suele ocurrir con estas movidas, procedieron rodando dos películas prácticamente a la vez. Cada una con productora / equipo distintos y lógicas prisas por estrenar el primero. Aunque entonces ya era todo un experto en oportunismo cinematográfico, debo reconocer, con dolor, que piqué. Al no estar demasiado interesado en la materia, cuando se estrenó "La sombra del faraón" ("Tale of the mummy" en v.o.) pensé que iba a ver "La momia" de Stephen Sommers. Sí, asín de tonto. Y claro, al poco de comenzar me doy cuenta que no, que esa es "la otra", "la fea", "la pobre" o "la mala". Puede que ello influyera y, por eso, me dejó un regusto tan amargo. Siempre la consideré muy horrible. Hasta que comencé con lo de las segundas oportunidades.
Los restos malditos de una momia llegan al Londres actual. Cobrarán vida y comenzarán a matar gente (incluido un humilde quiosquero ¿¿armado con pistola??) para extraerles sendos órganos con el fin de obtener forma humanoide y, aluego, dominar el mundo. En tal caso, necesitará el corazón de la chica que, siguiendo los pasos del abuelo arqueólogo, excavó su tumba. Entre medias aparecerá un policía dispuesto a detener al monstruo y salvar a la chati.
Cuando me senté en el sofá para zamparme "La sombra del faraón" tras trece largos años, lo hice predispuesto a sufrir un mojón. Y, claro, no me pareció tan terrible. La encontré medianamente soportable, razonablemente amena y bien facturada. Salvo por dos elementos. Dos que, a la larga, son sus mayores flaquezas. Por un lado los efectos infográficos. En aquella época todavía andaban un poco en pañales y, o invertías mucha mucha tela para que quedaran dignos, o te salían como el culo. Y ese es el caso de "La sombra del faraón". Dan vergüenza ajena. La idea de una momia que, en realidad, son solo unos vendajes con vida propia capaces de generar toda suerte de formas, suena "cool" sobre el papel. Pero llevarla a la práctica en imágenes es muy arriesgado. Y puede quedar ridículo... como es el caso. La segunda flaqueza se llama Jason Scott Lee. Darle el rol protagónico a alguien tan poco carismático fue una gran cagada. Es incapaz de soportar el peso de la función.
Por lo demás, pues bueno, algunas partes son un poco plomo. Y el plano final-final espantoso (de hecho, en el cine propició algún que otro abucheo). Pero al menos es de terror, cosa que no podemos decir de "la otra" momia, mucho más enfocada a la aventura con ribetes indianajonescos.
El reparto depara algunas curiosas y agradables sorpresas. Junto al mentado Scott Lee, tenemos a Sean Pertwee, tan histriónico como siempre y que, para no perder las viejas costumbres, nos regala uno de sus característicos babeos. Lysette Anthony, a la que no situaba hasta que reconocí su careto de porrera en "Drácula, un muerto muy contento y feliz". El gran y siempre efectivo Michael Lerner. Una Shelley Duval cuya carrera ya comenzaba a hacer aguas. El carismático Jon Polito. Dos clásicos, Honor Blackman y Christopher Lee en el rol de arqueólogo (luego le volvemos a ver caracterizado de Drácula en un cartel pegado en los túneles del metro londinense). Aunque las verdaderas sorpresas son un jovenzuelo Gerard Butler y Edward Tudor-Pole dando vida a un ciego. Este hombre destacó durante el vendaval punk británico de finales de los setenta como cantante del grupo "Tenpole Tudor". En su faceta actoril intervino en muchas películas de Alex Cox y cosas tan abominables como "La lengua asesina". Todo un personaje.
Siempre he considerado "La sombra del faraón" el principio del fin de la carrera de Russell Mulcahy. Hasta su llegada había ido rodando películas decentes (siendo "Los inmortales" la más famosa de todas). Pero tras la epopeya de la momia, entró en una espiral de chunguismos que ya nunca más abandonaría, por mucho que algunos resulten medianamente simpáticos y entretenidos como "Resurrección" o "Resident Evil: Extinción" e incluso disponga de cosas "serias", pero absolutamente invisibles, del tipo "A contracorriente".
Entre los guionistas localizamos a John Esposito, que acabaría ligado a la versión televisiva de "Creepshow".

viernes, 24 de junio de 2022

SEX AND THE SINGLE VAMPIRE

Con una factura amateur que casi ofende a la vista, y con unos cuerpos de escombro que ofenden más todavía, “Sex and The Single Vampire” es una extraña comedia softcore a punto de ser porno del año 1970 en la que John Holmes, con una única escena de folleteo en todo su escaso metraje (y en la que por poco no le vemos enderezar el miembro pese a que no existen ni las felaciones ni la penetración), interpreta, sin bigote, a un vampiro con muy mala hostia que tiene miedo a los ratones, que no descansa en su ataúd y que maldice porque se le acaba la sangre embotellada. Un día, un grupo de swingers irrumpen en su apartamento y se ponen a follar alegremente entre ellos. El vampiro, que además es algo voyeur, les observa desde las esquinas con sus prismáticos con la esperanza de poder meter baza en las orgías, motivo este por el que pasará por distintas vicisitudes a la hora de eliminar a algunos de los machos que se despistan. En su afán por secuestrarles con el fin de ser el único practicante de sexo masculino en la orgía, llegará incluso a electrocutarse con una bombilla, pero finalmente se meterá en la cama con todas las señoritas y hará el amor con ellas hasta el amanecer, claro que los rayos de sol son mortales para los vampiros…
La verdad que el soft más tedioso, al igual que nuestras clasificadas “S”, no tienen mucho sentido una vez legalizado el porno hardcore, es decir, sirvieron en su momento para que el público se masturbase viéndolas y con el porno convencional estas pasaron a un segundo plano siendo poco menos que un sucedáneo. Y es que son todas muy malas y con nulo valor cinematográfico más allá del mero hecho de sus existencias. “Sex and The Single Vampire”, también editada en su momento bajo el título de “Dracula, The Dirty Old Man” por la gente de Something Weird Video, no es especial en absoluto y las escenas de folleteo —en las que no hay folleteo— son de lo más aburridas y anti libido que se puede echar uno a los ojos, sin embargo lo que la hace diferente son los toquecitos de comedia, muy dicharachera y simpática —con sus momentos de slapstick incluidos— por parte de John Holmes que en esta película es más actor que follador. Te ríes, sobre todo con las continuas blasfemias que suelta el personaje (acreditado como Conde Spatula) y con sus idas y venidas por la destartalada casa que le sirve de mansión. Más allá de eso, y el chiste final con el que personalmente me muero de risa, nada, únicamente valor antropológico.
Junto a Holmes en el reparto tenemos a Sandy Dempsey, prometedora actriz que hubiera despuntado en el porno legal de no haber fallecido a los 25 años justo antes de que este se legalizara en los USA. Le dio tiempo a hacer unas cuantas películas sucias a medio camino de todo eso.
Dirige Monduck Freezer. Obviamente se trata del seudónimo de alguien, pero al ser “Sex and The Single Vampire” una película prácticamente clandestina de la que apenas hay info, váyanse ustedes a saber quien se ocultaba tras este estupendo nombre.

miércoles, 22 de junio de 2022

MINUTOS MUSICALES 5 (FORGOTTEN REBELS)

El punk canadiense ha aportado algunas bandas de notable calibre. Si nos ceñimos a la primera hornada, situada a finales de los setenta, localizamos a "Teenage Head", "The Pointed Sticks" o "D.O.A." Dentro de este grupo caben los "Forgotten Rebels", un grupo muy curioso por su condición "transformer". Es decir, no tenían ningún reparo en ir virando sonido, pose y vestuario, según los cambios sonoros que, año tras año, demandara el mercado de tirón rockero. Es algo que suelo detestar muchísimo... pero en su caso, reconozco que me hace hasta gracia.
La primera grabación oficial del grupo -un EP- ya daba muestras de tal inclinación. Tanto en aspecto, como maneras de tocar y cantar, su deuda con los "Sex Pistols" resultaba total y absoluta. Vamos, que básicamente eran un clon. Cualquiera que los escuchara, o viera seguidos, difícilmente sabría distinguir donde comenzaba uno y terminaba el otro.
La cosa se altera levemente a raíz de su primer larga duración, "In Love With the System", y muy especialmente el siguiente, "This Ain't Hollywood". Ambos, lo mejor de su repertorio. Si quieren oír a los "Forgotten Rebels" más inspirados y efectivos, háganse con ellos. Especialmente el segundo. Al no lograr decantarme por una sola canción como muestrario sonoro, he optado por dos, tal y como verán -y oirán- una vez superado este textillo.
Tras los mentados lp´s de recomendable catadura, "Forgotten Rebels" comienzan a exacerbar esa tendencia al oportunismo. Con el punk agonizando y la nueva ola floreciendo, se apuntan a un rollo glam-pop. Seguidamente, cambian de tercio y añaden unas gotas de heavy metal a su sonido. No contentos con ello, en los noventa se atreven con algo parecido al grunge o, como se decía entonces absurdamente, rock alternativo. Siempre con el voceras Mickey DeSadist al timón y tirando de letras provocativas, algunas de las cuales consiguieron levantar cierta polvareda a nivel mediático.
Hoy por hoy, los "Forgotten Rebels" siguen tocando (aunque hace años que no editan nada) con un DeSadist que, situado frente al micro, le pone tantas ganas como las que tengo yo de trabajar. Da grimilla.
No es que fueran un combo excelente, ni nada demasiado auténtico y/u honesto, pero sí disponen de unas cuantas buenas canciones (y un par de buenos discos) que, de vez en cuando, vale la pena escuchar.




"Memory Lane" de "This Ain't Hollywood"


"I left my Heart in Iran" de "In Love With the System"

lunes, 20 de junio de 2022

LA ORINA Y EL RELÁMPAGO

Ramiro Lapiedra, popular productor de cine porno que alcanzaría la celebridad a nivel mediático a raíz de aparecer durante la década de 2000 en programas de prensa rosa por los motivos menos esperados —donde sus parejas y actrices porno Miriam Sánchez, María Lapiedra o Celia Blanco adquirirían mayor popularidad si cabe— , con anterioridad había sido portero de discoteca y, dicen, ejercía esa profesión mientras estudiaba la carrera de derecho. Al mismo tiempo resultó ser un apasionado del cine que admiraba a Pasolini y a Bergman, y que estudiaba sus películas. Para rematar la excentricidad, resulta, asimismo, que antes de dedicarse al porno era un consumado director de cortos amateur en sus ratos libres.
El caso es que Lapiedra proliferó en la industria siendo uno de los directores de Elephant Channel, la filial de Filmax dedicada al cine pornografico donde rodó un buen número de películas convencionales de ese género, pero donde, según el cineasta, no podía realizarse creativamente. Así, tras una mala racha económica, decide rodar la presente película con la ayuda de su hermano Pablo, una suerte de porno vanguardista con imágenes impactantes protagonizada por gente del porno y llevada a cabo prácticamente sin financiación. Y es que tras los sonados éxitos de público y crítica de films que mezclaban el porno con el cine de autor como puedan ser, por ejemplo, “Romance X” o “Fóllame”, se abría la veda para que la gente del cine guarro hiciera sus pinitos en el convencional, y qué mejor forma que a través de la vanguardia, que es fácil y barata de hacer. Y Lapiedra se apunta a un bombardeo.
De esta forma, se casca un folletín sobre el descenso a los infiernos de dos prostitutas que además tienen bulimia, en una película en la que, por supuesto, habrá una alta dosis de sexo explícito combinado con secuencias impactantes cargadas de simbolismos, como aquella en la que Celia Blanco se masturba con una cría de ratón sin ningún tipo de pudor o aquella en la que lo hace con ¡un huevo cocido! Nada nuevo en realidad, todo esto ya lo habíamos visto en películas de Richard Kern o Nick Zedd, cuando militaban en aquella pantomima a la que llamaron Cinema Of Transgression, solo que estos lo hicieron 20 años antes. Y ya en los 70, se hacía.
Como fuere, “La orina y el relámpago” no es nada del otro mundo. Una cámara de vídeo, un par de crías de ratón que sirven para alimentar a un sapo —como se ve en la película—, diálogos improvisados, toneladas de mal gusto, personajes torturados que esnifan mucha cocaína (o se inyectan heroína), imaginería religiosa y un par de buenas folladas. Luego un montaje más o menos dinámico, todos los filtros posibles para disimular que se ha rodado en vídeo barato y que parezca celuloide, y hasta la inclusión en el corte de una toma falsa —Holly One negándose a esnifar una raya de coca aludiendo que la cámara le está grabando—. En definitiva, plástico. Una película que podría haber hecho cualquiera, una sucesión de clichés puestos ahí uno detrás de otro sin que tan siquiera exista pericia a la hora de sujetar la cámara. Pero el amigo Lapiedra es muy listo y lo hizo bastante bien, por lo que el experimento coló. En consecuencia el MoMA de Nueva York se interesó por la película y tuvo su estreno en salas comerciales. Por si eso fuera poco, José Antonio Romero López de la Universidad Nacional Autónoma de México, le dedica parte de su tesis doctoral: “Portrait of a call girl y La orina y el relámpago: El carácter espectacular y crítico expresivo en el cine pornográfico”.
Por otro lado, si me he acercado a esta película es porque un amigo me comentó que le encantaba a Luis García Berlanga y eso suscitó mi curiosidad. Una vez vista entiendo que le gustase, porque para pajearse a unos les puede funcionar una cosa y a otros otra, y Berlanga se la pelaría cual mono como todo hijo de vecino, máxime, cuando él mismo reconocía que era un salidillo. Además puedo entender que le gustara por motivos estéticos.
Al respecto, Berlanga le comentaba al bueno de Ramiro Lapiedra que su película podía ser más de culto que “Arrebato” de Zulueta, pero que como esta estaba dirigida por un macarra proveniente del porno, no le darían nunca el crédito necesario. Yo difiero con eso, pienso precisamente lo contrario. Si esta película proviniera de un estudiante de cine o alguien ajeno a la industria en cualquiera de sus manifestaciones, habría dado lo mismo —¿Cuántas películas amateur existen exactamente igual que esta, ya sean mejores, o peores? Millares, pero no salen del nicho al que pertenecen—. Sin embargo, al ser una pieza dirigida por un director porno de pasado mediático, fama de garrulo y que encima muestra ciertas ínfulas artísticas, pues llama la atención en general. Eso es más impactante que ver a Celia Blanco masturbándose con ratoncillos o a uno de los actores inyectándose heroína. Y la película obtuvo sus 15 minutos de fama, quizás, entre un público elitista y poco acostumbrado a experimentos, sean estos pornográficos o no. Para el resto de los mortales, nada. Yo de hecho ni la conocía.
Con todo sólo dura una hora y se deja ver sin mayores estridencias, por supuesto sirve para hacerse no una, sino varias pajas y no deja de ser interesante su mera existencia. Curiosa al menos. Así que, sí, conservaré mi copia en un disco duro.
En el reparto, haciendo lo que pueden que no es poco, Lapiedra cuenta con la plana mayor del porno español de la década de 2000, por lo que desfilan, actuando además de follando, los anteriormente mentados Celia Blanco y Holly One (el enanito del porno catalán), y Ángela Peña (probablemente la señora más guapa y morbosa del porno español), Silvie Lacome, Andrea Morante, Paco Roca y el propio Ramiro Lapiedra.
Por lo demás, Lapiedra intentó obtener otros 15 minutos de fama no-porno con una especie de secuela titulada “Aberración” con la que no consiguió distribución alguna, y también se habla mucho de una cinta de terror rodada en 2015 titulada “Berenice, préstame tu sangre” que se proyectó en el festival de Sitges, esta vez sin escenas porno en su contenido y que probablemente acabe viendo algún día.
Vean “La orina y el relámpago”, que por muy mediocre que sea al final este experimento, verán su curiosidad satisfecha.

sábado, 18 de junio de 2022

EN LA OSCURIDAD

Si buscas la palabra artesano en el diccionario, no dudes que aparecerá una imagen de Jonathan Liebesman, un cineasta hollywoodiense con tanto talento como escasez de personalidad. Todos sus largometrajes hacen gala de un estupendo acabado y son bien digeribles, pero a la par, carecen de alma. Te pones a verlos con cara de palo y terminas exactamente igual, sin haber movido ni una ceja. Luego, automáticamente, los borras del cerebro. Muchos dirán que ese es el peor cine de todos, el que no deja huella. Al menos las pelis malas de verdad te provocan alguna sensación. Y sí, es posible que sea cierto. Pero también lo es que son productos perfectamente visibles y no ofenden. Puedes consumirlos mientras piensas en la compra u ojeas el móvil, y no pasa nada. Aún así, dudo mucho que al filmmaker le encante todo eso. Y, seguramente, tampoco sea muy fan del cine que le ha tocado parir a tenor de su primer cortometraje: un super-drama ambientado en la época de los nazis que hay quien califica de obra maestra. Nacer en los USA, y muy especialmente Los Angeles, puede tener ventajas si aspiras a ser director de cine. Pero también desventajas, ya que allí el rollo "autoral" no se estila mucho. Es fácil imaginar aquello plagado de frustrados aspirantes a Fellini o Godard resignados a ser meros emuladores de Spielberg.
"En la oscuridad" fue el primer largometraje de Jonathan Liebesman, una producción de horror que si da escalofríos no es por lo que cuenta, sino por su condición genérica: El pueblo que da título al film en v.o. -Darkness Falls- vive sumido en una maldición. El fantasma de una mujer injustamente ajusticiada se la tiene jurada a los niños que lo habitan, sobre todo cuando pierden su último diente de leche -no pregunten-. En eso que la hermana de uno llama a su pretendiente, quien en el pasado logró zafarse de la fantasma, para que le (L)eche una mano. El espectro hará lo imposible por saldar su cuenta pendiente y, de paso, arramblarse unas cuantas almas de más. La coña es que únicamente puede atacar / moverse en la penumbra, así que más te vale llevar una linterna en el bolsillo con las pilas bien cargadas.
Cuando se estrenó "En la oscuridad" por ahí 2003, hubo quien la calificó como pequeña promesa del fantastique. Por ello la alquilé esperanzado y, en fin, lo que vi me dejó más frío que si hubiese puesto a remojar los testículos en nitrógeno líquido. Luego consumí otras películas del amigo Liebesman como "La matanza de Texas: El origen", "Invasión a la tierra", "Ira de Titanes" (estas tres en pantalla grande) o "Ninja Turtles", y con todas me pasaba exactamente lo mismo.
Lo cierto es que "En la oscuridad" dispone de la receta que activa los resortes del miedo, en una época en la que no era tan común. Faltaba un poquito para la llegada de "Insidious" y "Expediente Warren", productos con los que guarda ciertos paralelismos, pero salieron muchísimo mejor. De ser un poco más despierto Liebesman, "En la oscuridad" podría haberse adelantado a todo aquello. Sin embargo, prefirió aparcar las sutilidades y la atmósfera, desaprovechar ese fantasma tan bien diseñado por Stan Winston (cuyo horrible rostro se supone sorpresa, pero luce perfectamente en el cartel), así como todo el rollo de oscuridades y gemidos en la penumbra, y decantarse por un exceso de sustos baratos (acompañados siempre de la inevitable e irritante subida de volumen) y un clímax verbenero más propio del cine de acción que del terror. Es cierto que esta parte va a piñón y entretiene. Pero, es lo que digo, al terminar te quedas vacío. Muy parecido al momento que te limpias la corrida tras una sesión de ciber-sexo.
Curioso remarcar que uno de los guionistas es John Fasano, nombre que sonará a aquellos más o menos puestos en cine "trash". Antes de reciclarse a competente autor de libretos dentro de cierto mainstream, Fasano dirigió varios "clásicos" del peliculismo chusquero como "Al filo del infierno", "Zombie Nightmare" (en este caso de manera no acreditada), "Black Roses" y "The Jitters" ¡Tela! Otro de los guionistas, James Vanderbilt, acabaría responsabilizándose, nada menos, que de teclear la estupenda "Zodiac" de David Fincher (y, también, la más reciente entrega de la saga "Scream").
En el reparto destacan las presencias de una muy jovencita Emily Browning y, sobre todo, Angus Sampson, quien interpretaría a uno de los "cazafantasmas frikis" en, justamente, la saga "Insidious". Aquí, por contra, se marca un rol totalmente opuesto, el de matón.

viernes, 17 de junio de 2022

SKIN FLICK

También conocida como “Skin Gang”, tenemos entre las manos una de las películas más definitorias del paradigma de la pornografía homosexual, que es Bruce La Bruce. Una de sus películas más puras y en la que combina las maneras de rodar más vanguardistas con el vídeo crudo y duro propio de una porno, así, además de un montón de mamadas, corridas y enculadas homosexuales, tenemos una amalgama visual con tantos formatos como le vinieran en gana a La Bruce, ya sea súper 8 o 16, vídeo o material de archivo. Aunque todo este arsenal estético no libra a “Skin Flick” de ser lo que en realidad es: Una película guarra de maricones. Además, si pasamos para delante las escenas porno, tampoco hay una gran historia que seguir, así que, más allá de lo estético, a Bruce La Bruce, y hasta que se metió en los terrenos más farragosos de porno mezclado con cine fantástico en películas como “Otto; or, Up with Dead People” o “L.A. Zombie”, no se le puede considerar más que un pornógrafo con algo de pompa.
Sin embargo, “Skin Flick” tiene cierta gracia en el sentido de que nos cuenta la historia, no del todo improbable, de un grupo de skinheads neo nazis que, tras perseguir a los homosexuales o dar palizas a los negros, se acuestan entre ellos como auténticos bujarrones que son. Incluso nos muestra a uno aún virgen que, a la hora de masturbarse, entre sus preferencias sexuales se encuentra el “Mein Kampf” de Adolf Hitler sobre cuya cubierta llega a eyacular.
Por otro lado, y mientras se relacionan sexualmente con otros homosexuales en cuartos de baño públicos y demás, o mientras uno de ellos incluso echa a la calle a su novia para subirse a casa a juguetear con el resto de amigotes nazis, la escueta historia pega un pequeño giro cuando esta banda irrumpe en el hogar de una pareja de gays burgueses, uno negro y otro blanco y, allí, secuestran, violan y maltratan a estos dos pobrecillos, para solaz del pajillero gay con la mente más retorcida. Obviamente, Bruce La Bruce es un individuo que se ha criado con el cine exploitation y lo tiene muy presente, por eso esta invasión familiar le sirve, además, para girar la tortilla y convertir su película de nazis maricones en un rape & revenge en el que la pareja burguesa finalmente toma las armas y hacen con los culos y bocas de esta banda nazi lo que les da la real gana.
Como les digo, tiene cierta gracia el asunto en general, pero desengáñense; no se trata de una película independiente con algunas escenas explícitas —hay gacetilleros que la venden así—, no. Se trata de una película porno gay en toda regla, rodada por un señor con cierta pericia para según que cosas y que sabe darle su estilo e impronta a una sucesión de mamadas, enculadas, corridas y pajas que sirven únicamente para saciar los apetitos de tanto homosexual como se siente frente a la pantalla a hacerse un gayote.
Y sí, hice de tripas corazón y vi la película entera. Eso sí, dando para delante en algunas de las escenas porno más extensas, porque, aunque me despoje de ciertos prejuicios porque me puede más la curiosidad que cualquier otra cosa, ver tanto rabo que se junta y ni un solo coño de por medio, me resulta violento.
En definitiva; una película porno curiosa, con cierta gracia, con una estética que me parece lo más interesante de todo el pack y unos skins que como en realidad no son skins, sino homosexuales con cierta pluma customizados para la ocasión, resultan muy graciosos en las escenas de agresiones nazis —o cuando saludan a brazo alzado—, que no son más que un preludio para el festín sexual de a continuación.

miércoles, 15 de junio de 2022

EL OTRO BAÚL DE TÍO VICENTE 12 (SUPERMAN + JAMES BOND)

¡Y qué divertido es echar un vistazo a las páginas de "Casablanca" y encontrarse con noticias de futuros estrenos gordos, también conocidos como blockbusters!. Esos que fuimos a ver con la familia, o amigos del cole, y nos dejaron una huella más o menos imborrable!.
Pal caso tenemos dos. Por un lado, el tercer "Superman". Conocemos de sobras el supuesto tirón de "Casablanca" hacia un cine más, digamos, de autor. Por ello, cuando abordaban aquel abiertamente comercial, lo hacían con un tonito burlón, algo que se traslada totalmente al texto sobre la tercera aventura del superhéroe de la capa roja. Dispondrían de cuatro líneas publicitarias y las estiraron como pudieron a base de divagar y soltar gracietas rancias. Nótese como Richard Pryor es tildado de magnífico actor. Esa no me la esperaba. Publicada en verano del 83.
La siguiente, más formal, habla de James Bond. Concretamente de aquel momento en el tiempo donde coincidieron la nueva entrega del 007 entonces activo, es decir, "Octopussy" - Roger Moore, y el sonado regreso del clásico, osea, "Nunca digas nunca jamás" - Sean Connery. Publicada en Septiembre del 82.
Para leer, tecla Ctrl + botón izquierdo del ratón.
Luego griten a los cuatro vientos aquello de: ¡Graaaaacias ooootra veeeez tío Vicenteeee!



lunes, 13 de junio de 2022

ROCKULA

Una de las últimas películas producidas por Cannon y posiblemente la peor tratada de aquellos postremos años de producción, entre 1987 y 1988.
“Rockula”, que no pertenecía a los productos gordos que Cannon facturaba aquellos años (“ Masters del Universo”, “Superman IV”…) —se trata de una producción de millón y medio de dólares—, se rodó en 1988, justo antes de que la compañía de Menahen Golan y Yoran Globus se declarase en bancarrota, y sí ya de por sí los productos a los que habían metido pasta sufrieron los daños colaterales del estipendio Cannon, imagínense ustedes los productos pequeñitos que se salían del punto de mira comercial de los israelíes. Por este motivo, “Rockula” se estrenaría en pocos cines, de tapadillo y sin importarle a nadie en absoluto. Su vida posterior en vídeo-clubs sería ínfima y su distribución internacional mínima, por eso nunca llegaría a nuestro país en modo alguno.
En cualquier caso, esta comedia de terror musical es, igualmente, una de las películas más flojas de aquella época, motivo también por el que no se ha convertido en un producto de culto; no se la reivindica ni a hostias, porque aunque tiene todas las papeletas para un redescubrimiento por parte de los fans de la nostalgia (estética new wave, neones y luces rojas y azules a cascoporro, un protagonista con su propio fandom como es Dean Cameron — uno de los bromistas de “Juerga Tropical”, esta sí, una película de verdadero culto—, y sobre todo, la dirección de Luca Bercovici, el director de “ Ghoulies” que ejecutaba, con esta, su segunda película), no es ni la mitad de divertida de lo que se nos propone y los numeritos musicales aburren a las bestias hediondas; es mala de cojones. 
Aunque por otro lado, cuenta con una página de fans en Facebook que podríamos considerar una irreductible aldea gala (al final todo tiene su fandom). 
Un vampiro joven, de 400 años de edad, se lamenta porque todavía no ha podido perder la virginidad. Resulta que en su momento se le lanzó una maldición bajo la cual, su amada, morirá a manos de un pirata que le quita la vida a esta con una pata de jamón, justo antes de que el vampiro pueda hacer el amor con ella. Cada 20 años esta amada se reencarna y vivirá de nuevo el romance con este vampiro, pero cada 20 años vuelve a ser asesinada por un pirata en circunstancias parecidas. En esta última reencarnación, nuestro vampiro intentará por todos los medios que su amada no muera y, así, perderá de una vez por todas su maldita virginidad.
Por otro lado, este vampiro es de lo más atípico, puesto que no es partidario de morder en el cuello a humanos y se alimenta de la sangre que le donan en el hospital, además de gustarle el ajo, mantener discusiones acaloradas con su reflejo en el espejo y forma parte de un grupo musical llamado Rockula, con el que queda patente la modernidad del personaje.
El caso es que la trama se va desarrollando torpe y lentamente y, para más inri, de vez en cuando interrumpida por el numerito musical de rigor que se suele desarrollar sobre un escenario y que, más que animar la papeleta, nos sume en la más profunda de las depresiones. Además que nada de lo que cuenta es divertido o novedoso y todo el tiempo tengo la sensación de haber visto esto antes. ¡Ah! Sí, lo he visto… en “Besos de vampiro”, “El Vampiro Adolescente” y “El aprendiz de Vampiro ”. Mira que son todas malas… pues esta es la peor.
Luca Bercovici, posteriormente, no volvería a alcanzar la notoriedad que como director obtuvo con “Ghoulies” rodando un buen puñado de películas mediocres. Sin embargo, se montó su empresa de producción en Bulgaria y ahí anda, produciendo películas y series en ese extraño país…

sábado, 11 de junio de 2022

CONDORMAN

No puedo evitar sentir cierto regocijo cada vez que me enfrento al lado más exploitation de la todopoderosa Disney. De cuando intentaba apuntarse a -sacar tajada de- la moda del momento. Procedió así con el "boom" de "La guerra de las galaxias", dando como resultado "El abismo negro". Y lo mismo ocurrió cuando el "Superman" de Richard Donner lo petó. En este caso hablamos de "Condorman", película que, siendo un ilusionado infante, fui a ver al cine con algún familiar. Tan obsesionado estaba, que llegué a crear mi propia mini-explotación en formato tebeo cutre titulada "Halcon Man". O tal vez  intentase plasmar en viñetas aquello que la película, por desgracia, no supo darme. O no quiso. Ni a mi, ni al 99% de los chavales del planeta que la vieron. De ahí, probablemente, el sonado fracaso y posterior ausencia de esa secuela que Disney había planeado. Si lo miramos bien, también "El abismo negro" fue un batacazo gordo. Supongo que la compañía del ratón de voz aflautada no tardaría mucho en entender que lo suyo quedaba lejos del oportunismo cinematográfico (en su vertiente de imagen real, se entiende)
El problema de "Condorman" es que, así a lo lejos, se vende como una de super-héroes. Cosa que queda acrecentada con los fabulosos créditos iniciales, donde una versión genialmente animada del personaje sobrevuela París. Ayudan el tema musical -cortesía de Henry Mancini- a base de coros esputando el nombre del héroe y esas tipografrías tan descaradamente Supermanianas. Pero no. De super-héroes poco. En realidad "Condorman" es una peli de espías. O una parodia amable del género y, muy concretamente, James Bond, incluidos villanos tremendos y carismáticos, escenarios internacionales y toda la retahíla de chucherías high-tech. Claro, así no mola. Salí del cine brutalmente decepcionado.
"Condorman" cuenta la historia de un dibujante de cómics de super-héroes que, de rebote y por culpa de un amigo afiliado a la CIA, termina liado en tejemanejes espiosos. Le motiva el amor hacia una tipa y vivir aventuras para plasmar luego en viñetas. Llegado el momento, adoptará la identidad de su héroe alado y se enfrentará a los malos. Todo ello en un tono de comedia bastante comedida. Escasa en estridencias y exageraciones. Hay violencia, y los esbirros mueren, pero sin recrearse. Al fin y al cabo era la Disney company.
¿Qué quieren que les diga, carayo? Vista hoy, inevitablemente, despierta en mi cierta ternura. Está más o menos maja. Agradable. Tonta. Se puede ver. Pero, engaños aparte, "Condorman" queda muy lejos de ser memorable. Casi casi les aconsejaría que se limitaran a la escena inicial de créditos. Es lo mejor de todo el pitote.
El reparto luce sabroso y colorido. Michael Crawford da vida al dibujante y su vertiente heróica. Había currado junto a nada menos que Barbara Streisand en "Hello, Dolly!" y luego se haría muy popular protagonizando la comedia televisiva "Some Mothers Do 'Ave 'Em" (aquí conocida en la caja tonta catalana como "N'hi ha que neixen estrellats" y que disfruté a partir de su -tardía- emisión en el sagrado año 1985) La gloria le llegaría cuando fue fichado para poner voz y presencia al primer "Fantasma de la ópera" de Andrew Lloyd Webber. Inevitablemente, por apariencia, pelo rizado y tema super-heróico, recuerda al William Katt de "El gran héroe americano". Le acompañan Oliver Reed en plan super-villano. Barbara Carrera en plan chica guapa y misteriosa (irónicamente, dos años después haría un papel parecido en "Nunca digas nunca jamás", el regreso de Sean Connery al personaje que le hizo célebre) Y James Hampton como el amigo gordito y gracioso. Fue el padre hombre-lobo de Michael J. Fox en "Teen Wolf".
"Condorman" se supone basada en una novela titulada "The Game of X", pero de un modo tan asá que, directamente, en los créditos usan la palabra "sugerida". El dire, Charles Jarrott, es uno de esos artesanos incansables que tiene de todo. Para la misma Disney hizo también "El último vuelo del arca de Noé". Y luego un montón más de cosas entre las que, honestamente, no localizo nada que merezca la pena ser mentado.
Como apunte curioso, destacar la aparición de "Condorman" en el reciente corto "Pequeño Gran Buzz", perteneciente a los "Toy Story Cartoons".  Pal caso, da vida a un juguete con el que ningún niño quiere jugar. Cruel, certero, gracioso.

viernes, 10 de junio de 2022

BOLERO

Cuando la Cannon, de puro resultona, consiguió que una potente major como Metro Goldwin Mayer se hiciera cargo de la distribución en cines de su catálogo en ciernes, era de esperar que, tarde o temprano,  Menahem Golan y Yoran Globus la cagasen por el camino. Y es que los entrañables israelíes ponían sobre la mesa los cojones y las excentricidades por encima de la razón. Ahora, tampoco perdamos de vista el matrimonio formado por John Derek y Bo Derek cuyo modus operandi no era otro que el exhibicionismo y el retraso mental —no hay que olvidarse de que Bo Derek es a día de hoy un icono del cine, pero lo es por guapa, no por talentosa—, atributos estos con los que se rodaron cuatro películas que vistas hoy, sin duda resultan obras maestras del descerebre. Cualquiera diría que estaban dirigidas por un orangután en celo y protagonizadas por tres kilos de ternera. “Bolero” es el máximo exponente de todo esto que digo y el motivo por el que Frank Yablans de Metro Goldwin Mayer rescindió su importante contrato de distribución con Cannon, al querer mantener el nombre de su compañía bien alejado de esta caterva de deficientes mentales con ínfulas artísticas.
“Bolero” en sí misma es un despropósito. Se trata de un drama de aventuras de corte erótico, con los ojos puestos en los clásicos de los 70 (“Emmanuelle” y demás) que, ambientado en los años 20, cuenta una historia que realmente importa un pijo; Una mujer adinerada, víctima de la más pura represión en su educación, se despendola al graduarse y emprenderá, junto a una amiga y su chófer, un viaje por el mundo con el fin de encontrar al maromo que habrá de desvirgarla, siendo los principales aspirantes un jeque árabe —que la embadurna en miel y, teniéndola cachonda perdida, se queda dormido antes de penetrarla—, y un torero andaluz con muchas propiedades que se la folla al amanecer e incluso llega a enamorarla, sin embargo cuando mejor van las cosas, le coge un toro y le deja impedido de cintura para abajo, lo que hará plantearse a nuestra protagonista si merece la pena estar con un hombre que no puede darle placer. En lo sucesivo, intentará seducirle montando a caballo en pelotas para ver si así se le endereza la cosa al hombre. Mientras, el jeque árabe intentará secuestrarla y llevársela consigo con el fin de penetrarla, pero no lo conseguirá porque el chófer de nuestra protagonista es más bruto que un arado y detiene con sus manos desnudas el avión donde el jeque pretende llevarse a nuestra amiga. ¿Suena bien, eh? Pues vista es todavía mejor.
Se trata de una de las películas más ridículas de la historia, con los diálogos más estúpidos escritos por mano humana, pero además de todo eso, y de su ostentosa pompa, el contenido erótico roza el porno soft. La mera excusa de la existencia de la película, además, es eso, mostrar el palmito de Bo Derek y poder verla hacer el amor con galanes latinos buscados ex profeso para que hagan juego con la diva. Quizás a día de hoy esas secuencias resulten más horteras que pornográficas, pero en 1984 quizás si eran motivo de algarabía.
El caso es que durante la concepción de la cinta, Menahem Golan no paraba de sugerir tanto al director John Derek, como a su esposa, que rodaran escenas eróticas más explícitas, cosa esta a la que los Derek se negaron porque, ir más lejos de lo que habían rodado era ya entrar en terrenos de porno hardcore, por lo que se negaron a meter más folleteo a una película que ya era todo el rato eso. Como fuere, antes de su exhibición en cines, se le preparó un pase de prueba de la película a Frank Yablans que al verla quedó horrorizado, no solo por el alto contenido erótico, sino por la gilipollez que en sí era. Además, la junta de censores otorgaría a la película una “X” como una catedral, lo que reduciría la exhibición de esta a cines porno. Yablans sugirió así a Golan que cortara material erótico para poder exhibirla en cines normales, cosa a la que este se negó y, en consecuencia, Metro Goldwin Mayer se negó a distribuir la película.
Menahem Golan no se amilanó con la decisión de Yablans y la solución que tomó fue estrenarla él mismo bajo distribución de la  propia Cannon, como ya había hecho antes del acuerdo con metro, y para que no le encasquetasen una X, decidió estrenarla sin calificación alguna. Haciendo esto, incumplía partes de las cláusulas del contrato de distribución con Metro, por lo que Yablans se acogió a eso para rescindir su contrato y, ya de paso, quitarse a esta puta gente de encima. Cannon siguió después operando por su cuenta y riesgo.
“Bolero”, que tuvo una campaña de promoción brutal para ser una película sin calificar, a duras penas consiguió recuperar sus costes, siendo un fracaso total y absoluto no solo de público, sino también de crítica, consiguiendo en su carrera nueve nominaciones a los premios razzie de los cuales se llevó seis. Asimismo, a día de hoy es una película de absoluto culto, como pueden serlo todas las ejecutadas por los Derek.
El caso es que, estúpida y vergonzante como es, está un rato entretenida precisamente por estúpida y vergonzante, y resulta imposible no descoyuntarse de la risa en escenas como la del jeque árabe lamiendo el cuerpo embadurnado de miel de Bo Derek, que más que provocar excitación provoca asco, o cuando el personaje del pobre George Kennedy intenta parar una avioneta que va a despegar con sus propias manos. Lo cierto es que cada cinco minutos viene algo, ya sea una escena risible, ya sea un dialogo subnormal, que convierten “Bolero” en una cinta altamente disfrutable. Y los pajilleros que no sean excesivamente tontos, obtendrán el doble de disfrute, si es que son capaces de centrarse un poquito en la película y tener las manos quietas.
Otro de los disparates es contar con la presencia de Olivia d’Abo, que se despelota cada dos por tres teniendo en el momento del rodaje ¡¡13 años de edad!!
Como parte de la película se desarrolla en España, el reparto tiene una gran presencia española, así que, junto a Bo Derek y el anteriormente mentado George Kennedy, tenemos a una jovencita Ana Obregón que se buscaba la vida en los USA como buenamente podía —y que participó en una serie de películas, durante su carrera como actriz, a mi juicio estupendas— y a la que también se le concede una escena erótica, así como tenemos pequeños papeles para Mirta Miller, que se encargará de meterse en la cama con el bueno de Kennedy o la perra Mary, esa perrita deliciosa que salía en todas las películas españolas de la época y que dio vida al perro Superman en las películas de Parchís.
En un principio el papel de Ángel, el galán andaluz, estaba previsto que lo interpretara Fabio Testi, pero tenía una especie de afección cutánea muy visible que era difícil de camuflar con el maquillaje, por lo que pronto fue sustituido por Andrea Occhipinti, galán italiano que tiene cierta retirada a Hugh Jackman y al que hemos podido ver en cosas tan populares como “El destripador de Nueva York” o “Cuchillos en la oscuridad”.
John Derek, después del fracaso, rodaría alguna película más al servicio de su esposa, quizás más descerebrada incluso que esta, pero de eso ya hablaremos en otra ocasión, porque pienso verme toda la filmografía de este matrimonio que permaneció unido, no obstante, hasta el fallecimiento de él en 1998.
“Bolero” es una película que en su momento era “muy de padres”, porque estaba destinada mayormente al público adulto. Bien; recuerdo a la perfección a mis señores padres viniendo del cine y echando pestes de la película tras verla. A mí, me encanta.

miércoles, 8 de junio de 2022

GALERÍA DE ESCANEOS BONITOS 10: SUBPRODUCTOS YANKIS (PART ONE, POPURRI)

Imágenes extraídas de las fermosas páginas de "Mad Movies", "L´Ecran Fantastique" y otras revistas franchutes que me alegraron la adolescencia por ahí los años 80/90....

Si algo se le daba bien a los chavales de "Mad Movies" eran los dossieres. Llegaron a publicar unos cuantos en sus páginas, todos muy gozosos. Hoy permitan que me decante por aquellos dedicados a la "serie B/Z" made in Hollywood, con el imperio de Charles Band en cabeza. Concretamente la cosa sumaría tres ejemplares, el 49 (Septiembre del 87), el 54 (Julio del 88) y el 58 (Marzo del 89), lo que se traduce en mucho material. De ahí que hayamos optado por dividir el espectáculo entre cuatro entradas que irán saliendo a lo largo de las próximas semanas. Arrancamos hoy con un popurrí variado. 


Imágenes de "Robot Jox", uno de los proyectos
más ambiciosos de la "Empire" y que marcaría
el principio del fin.


Precisamente, parte de los decorados de "Robot Jox" fueron
reciclados en "Transformations" a la que pertenece este sugerente
fotograma. También se la conoce como "Alien Transformations".
Era uno de los títulos que aparecían en ESTE libro. Si leen
la respectiva reseña, accederán a una curiosa anécdota
del rodaje protagonizada por el actor principal, Rex Smith.



No, "Subterraneans" nunca llegó a existir. Se quedó en uno de los muchos
proyectos de "Empire" jamás materializados. Como podemos deducir por el
cartel, la cosa iba como de monos asesinos, o duendes con malas intenciones,
no sé... en cualquier caso, encajaba muy bien en la obsesión de 
Charles Band por las criaturas pequeñas-pero-hijaputas.



"Vicious Lips", también conocida como "Pleasure Planet" (la versión
en inglés del título con el que aterrizó en nuestros video-clubs, "El planeta
del placer") la dirigió en tiempo récord Albert Pyun. Costó cuatro chavos y 
se nota. La cosa iba de un grupo de rock formado por chicas que aterrizaban
en un peligroso planeta y se metían en líos. La vi en su día, pero solo
recuerdo lo mucho que me aburrí. En cualquier caso, ahí dejo uno de sus
carteles y uno de los marcianos que aparecen en ella.



"Necropolis" era un título muy fácil de localizar en los video-clubs
de España. Yo lo hice. Me aburrí tanto como para que mi cebero borrara
todo rastro de la experiencia. Esta cosilla costrosa 
venía producida por
un personaje ilustre,
Tim Kincaid. Cuando le entrevistamos y le preguntamos
por ella, dijo que hacerla fue una experiencia desagradable 
en extremo.
Buena o mala "Necropolis", indudablemente es la segunda imagen aquella que
ha calado, la tía con seis tetas. Tanto que, no hace demasiado, Charles
Band se animó a producir una especie de remake/secuela titulado
"Necropolis: Legion",donde el gag tetil se exageraba hasta límites delirantes.

lunes, 6 de junio de 2022

UNA BALA PARA EL NÚMERO UNO

“Una bala para el número uno” tiene un asombroso parecido argumental y estético con una de las buddy movies más populares de los 80, “Arma letal”, y mientras la veía recientemente por primera vez, llegó a pasárseme por la cabeza que esta película no era más que un vulgar exploit tratando de canibalizar el éxito de la película de Richard Donner. Sin embargo, a no ser que el guion se filtrase en los despachos de la Cannon previamente a rodar “Arma letal” (tal y como ocurriera con "Rambo" - "Desaparecido en combate"), no puede ser más que una más de tantas coincidencias existentes en el mundo del cine, teniendo en cuenta que “Una bala para el número uno” se estrenó en las salas de USA a finales de febrero, mientras que “Arma letal” lo hizo un par de semanas después en Marzo de 1987.
Pero mientras que “Arma letal” es buena, “Una bala para el número uno” es más bien ratonera. Y es que, al que se le ocurrió que Robert Carradine podría ser un buen candidato a héroe de acción, habría que matarle. Tampoco tiene química alguna con su partenaire Billy Dee Williams, el poli negro que responde a todos los estereotipos del poli negro en las buddy movies de segunda regional.
Cuenta la historia de un policía violento, irracional y excesivo, Nick Barzack (Carradine), que anda tras la pista de un poderoso narcotraficante llamado Da Costa, en un caso que nunca se acaba de cerrar. En la otra mano tenemos a su compañero Hazeltine, cabal, culto, seductor y músico de jazz en sus ratos libres (Dee Williams). El primero está traumado tras su separación matrimonial y en consecuencia hace la vida imposible a su ex y espanta todos los ligues del segundo.
Un buen día su departamento les encarga resolver un caso de drogas y nuestros hombres comenzarán con la investigación jugándose el pellejo en un buen montón de situaciones, hasta que, lo que descubren, no les hará demasiada gracia…
Todo esto a ritmo de disparos de escopeta, persecuciones aéreas o a pie de calle, mientras en la mejor tradición buddy movie sueltan chascarrillos en los momentos más inoportunos. Casi parece una película concebida para James Belushi. ¿Coincidencia? En absoluto. Tras “El Rector” la Cannon le había echado el ojo a Belushi ya que el tipo de películas que él estaba protagonizando para los estudios encajaba como anillo al dedo en el tipo de productos que, como churros, facturaba la Cannon. Golan y Globus contrataron al actor con la idea de fabricarle una película a la medida, así que se pusieron manos a la obra dejándose asesorar por Belushi que, como se trataba de una película con la que colaboraría estrechamente, metería mano en el guion adaptando los diálogos a su propia manera de actuar, por lo que firmaría un crédito por el guion junto a los demás guionistas. Sin embargo, pronto los estudios llamarían de nuevo a la puerta del actor ofreciéndole un pastelito que no podía rechazar, un co-protagonista junto a Arnold Schwarzenegger en “Danko: Calor rojo” que, a posteriori, resultaría uno de los títulos gordos de su filmografía, así que dejó tirados a los chicos de Cannon con un proyecto concebido a su medida en el que él no estaría. Esto no amilanó a Menahem Golan que continuó adelante contratando a un director del Hollywood clásico, Jack Smight, también reputado realizador televisivo que en décadas anteriores había rodado películas tan célebres como “Harper, detective privado” o “El hombre ilustrado”. Smight tenía idea de hacer esta película con un joven actor que le parecía muy bueno llamado Denzel Washington, pero Golan rechazó la incorporación de este por ser un completo desconocido, ya que quería estrellas para la película. Así, las más asequibles eran Billy Dee Williams, que venía de interpretar a Lando Calrissian en la franquicia de “Star Wars”, y Robert Carradine, que venía de otra franquicia, la de “La revancha de los novatos”. Según Golan, estos actores eran los ideales por sus asumibles cachés y porque ambos eran reconocibles para el gran público. Sin embargo, Robert Carradine, con esa pinta de tontorrón, esa nariz  y esa dentadura enorme y descolocada, es la antítesis del héroe de acción, vamos, que no pega ni con cola en una película de persecuciones y tiros. Obviamente, nadie peor para hacer de tipo duro y por momentos roza lo ridículo. Como decía alguien en alguna opinión de las que he leído en Internet, parece que estemos viendo al Lewis de “La revancha de los novatos” estando muy cabreado.
Billy Dee Williams es mucho más solvente y queda bastante mejor en su papel, pero asimismo está desangelado y como con ganas de cobrar el cheque y largarse de allí lo antes posible. Del resultado de “Una bala para el número uno”, dice su director, que es una película muerta al nacer. Y se convirtió en una de las más ninguneadas y menos vistas de Cannon, que en nuestro país se estrenaría directamente en vídeo. No fue una cosa que dejara temblando a la factoría ya que, aunque no la vio demasiada gente, contó con un presupuesto nimio de 410.000 dólares… así que los comido por lo servido.
Sin embargo, se trata de una película que sin llegar a ser mala del todo (cutre sí, barata también, exagerada, poco creíble…), a mí me ha caído en gracia porque, en resumidas cuentas, está entretenidilla, y uno no puede parar de reírse en secuencias como cuando van nuestros protagonistas en avioneta para trasladar a un delincuente y un helicóptero les derriba, tomando Robert Carradine los mandos de la avioneta y haciéndola aterrizar sin ningún tipo de problemas, pese a ser su personaje policía y no piloto… o cuando este se infiltra en una feria mexicana y lo hace vestido de mujer con la intención de cazar a un delincuente que también está vestido de mujer. El resultado hace que, más que una película de acción, parezca que estemos viendo un sketch de Martes y 13. Así que, sí, pasamos hora y media bien hilarante.
Por cierto, el título original reza “Number one with a bullet”, cuya traducción literal sería “Número uno con una bala”. Esta es una especie de frase hecha yankie, una expresión muy utilizada en la calle y que vendría a identificar a alguien que destaca por encima de los demás en algo concreto. Algo así como llamar a alguien “el puto amo”. Como esa expresión tiene difícil traducción, los señores de Izaro Films, que se encargaban de la distribución de películas Cannon en España, le pusieron un título que anula todo el sentido a la frase hecha, pero que queda de lo más fardón: “Una bala para el número uno”, vamos, que coloquialmente podríamos entender que al mejor de todos, el número uno, se lo van a cargar de un disparo. También mola.

sábado, 4 de junio de 2022

666: THE CHILD

En sus primeros años de existencia, la infame factoría de malas fotocopias y peores coñas auto conscientes The Asylum iba desesperada por lograr las atenciones del público. No disponía de mucho capital, por lo que sus primeros y verdes intentos se centraban en el género terrorífico -ya saben, siempre ha sido el más económico de parir y con mayores garantías de éxito- a base de elementos puramente exploitation como truculencia y tetamen. Los efectos CGI de los que luego abusarían tanto eran aún inalcanzables, así que se servían del viejo y querido látex. De este modo, y casi sin pretenderlo, puntualmente lograban aciertos como en "I am Omega" -donde los mutantes eran tíos de verdad maquillados, no los moñecotes pixelados de "Soy leyenda"- o "Halloween Night". "666: The child" encaja como un guante en esas coordenadas, y por ello despertaba mi incontrolable curiosidad. Por ello y porque su director es un viejo conocido del blog, don Jack Perez, que pal caso se oculta tras el alias Jake Johnson. No olvidemos que Perez dirigió también para Asylum - tirando nuevamente de nombre falso- el título que impulsó a la compañía hacia cierto mainstream, "Megatiburón contra pulpo gigante". Justamente, el cineasta escribió un prólogo destinado a nuestro pest-seller "Malas pero divertidas" donde contaba las trifulcas de aquella producción. Y luego, además, se dejó entrevistar por Víctor. Un sol.
Otra táctica recurrente de The Asylum consiste en decidir cual será el próximo pepinazo taquillero y correr a facturar su peculiar plagio para estrenarlo antes. A veces dan en la diana, otras no. Esto último pasó con "Snakes on a plain" = "Snakes on a train", "John Carter of Mars" = "Princess of Mars" y la peli reseñada que, como habrán deducido, es un refrito de "La Profecía". Pero no del clásico de Richard Donner, sino su extremadamente insulso y justamente olvidado remake.
Resulta que hay un accidente de avión y mueren todos... menos un chaval. La tipa que se encarga de dar la noticia -y su maromo, el cámara-, se compadece de él y lo adopta. A partir de aquí las muertes aparentemente accidentales se sucederán por doquier (ya saben, uno se pregunta como es posible que los adoptadores tarden tanto en sospechar o, directamente, nunca se den cuenta) El marido será el que atará cabos y decidirá poner orden.
Pues nada, otra aburrida, acartonada e insípida producción de The Asylum. El look digital, frío y descolorido, no ayuda. Nuestro querido Jack Perez se esfuerza lo suyo en dotar de dignidad al producto, pero se queda corto (y se marca un papelillo como realizador televisivo) Sí que hay un par de tetas y bastante sangre, pero pensaba que la cosa sería más extrema (algo común a todos estos traficantes de cine chungo. Quieren atraer a la platea a base de contenido shock... aunque no tanto como para que les perjudique comercialmente)
Dura exactamente una hora y nueve sin contar los lentísimos créditos finales. Contándolos, la cosa se prolonga diez minutazos más. Hagan cuentas y saquen conclusiones.
Por lo visto la estafa funcionó, así que los del asilo se animaron con una secuela, "666: The beast" que, según he leído, es incluso MÁS sosa, MÁS aburrida y SIN gota de chicha. Esa la verá su padre.

viernes, 3 de junio de 2022

ENSALADA BAUDELAIRE

Lo primero que nos viene a la cabeza, según vamos viendo esta película española del año 78, es la semejanza que guarda con esa mamá del "home invasion" que es “Funny Games” de Michael Haneke. Por supuesto a fans del cine español y fantaterroristas  varios se les llena la boca  a la hora de poner este film ignoto como referente del cineasta alemán, cuando no, le acusan directamente de plagiar una obra que, hasta hace relativamente poco, permanecía oculta. Lo más probable y sensato es pensar que Michael Haneke no tenga pajolera idea de la existencia de “Ensalada Baudelaire” y que atribuyamos todo parecido a la caprichosa casualidad. Pero, sí es cierto que esta película se adelanta en el tiempo —aunque existen referentes anteriores— a lo que hoy en día es un subgénero, y que, salvo por algunos momentos torpes propios del cine de la época que hacen parecer esta historia una comedia involuntaria, lo cierto es que estamos ante una buena película de desarrollo desasosegante, pese a la pasividad de sus protagonistas Xavier Eloriaga y Marina Langner, en contraste con el desfase de los co-protagonistas, Lorenzo Santamaría, cantante melódico que tuvo su mayor momento de bonanza en los 70, y Ricardo Masip, que elevan el arte de la sobreactuación a cotas verdaderamente descojonantes.
Un matrimonio de la alta sociedad, cuya relación se basa más en la conveniencia y el desprecio que en el amor, deciden salir a pasar el día en su yate. Una vez en alta mar, se encuentran en la zona donde van a echar el ancla con una serie de individuos en sus respectivas embarcaciones. En un alarde por hacerse notar, ella, invita a una pareja a subir a su yate para que les haga compañía. Y pasan la mañana estupendamente hasta que estos comienzan a comportarse de modo extraño. Tratan como el puto culo la máquina polaroid de nuestro protagonista, tiran cosas por la borda o pintan pollas en cubierta con un pintauñas. Cuando nuestro matrimonio se cansa de su comportamiento y los echa del barco, estos usarán la fuerza para reducirles y tomar el control del mismo, secuestrándoles in situ. Entonces veremos que uno de los dos intrusos no es una chica, sino un homosexual travestido y someterán al matrimonio a sus perversos jueguecitos, haciendo con la esposa lo que les viene en gana ante la mirada de su marido que permanece atado y amordazado.
Está bien la cosa. Quizás en algunos momentos se pone cutre en exceso y se acusa una incapacidad absoluta por parte de los responsables de otorgarle a la historia un desenlace digno (de hecho, como se soluciona este asunto es tan risible como el ver a Lorenzo Santamaría en bañador meneándose hacia arriba y hacia abajo durante toda la película) y, a falta de un buen final, se avisa en off al espectador para que no se levante de su butaca, porque si este final no le ha gustado, tienen en la manga dos finales más a cual peor. Pero en general, se pasa un buen (o mal) ratillo viendo “Ensalada Baudelaire”.
Se trata del debut y despedida para la gran pantalla del director Leopoldo Pomés, cuyo trabajo más destacado a parte de este, consistía en llevar la cámara en aquél celebrado anuncio de Freixenet del año 92 que dirigía Bigas Luna, y que reunía en pantalla a Antonio Banderas y Sharon Stone para felicitarnos las fiestas.
Por otro lado, el libreto está firmado a pachas entre Pomés y destacados miembros del mundo del arte como son el escritor y arquitecto Óscar Tusquets y Román Gubert, historiador de cine y cómic especializado en pornografía, con tropecientos libros a sus espaldas y un prestigio y reconocimiento unánime a nivel cultural. Choca, que lo que para ellos seguramente fuera una película seria y respetable, en realidad resulte ser una divertida "serie B" que se exportó al extranjero, eso sí, como parte de la programación de los grindhouse de la época y autocines, donde se exhibió bajo los títulos de “Sex & Violence” o “Andrea”. Lo mismo que ocurría con la laureada  “La Caza” de Carlos Saura.
“Ensalada Baudelaire” consiguió arrastrar a los cines a poco más de 200.000 espectadores y, en resumidas cuentas, está bien, se ve con agrado y, más importante todavía, se parte uno el ojete con las interpretaciones de los dos sádicos, malvados y homosexuales secuestradores.

jueves, 2 de junio de 2022

LOS FANZINES DE "AQUÍ VALE TODO" (CELEBRANDO EL 15 ANIVERSARIO)

Hoy hace quince años que este blog dio el pistoletazo de salida. Es esa una cifra especial. Redonda. Muy significativa. Por ello hemos decidido celebrarla haciéndoles un regalo. Sí, a ustedes. Los fieles. Only for your eyes. Básicamente han sido recopilados en un archivo Win.rar todos los fanzines editados por "Aquí Vale Todo", formato PDF. Desde los primeros, a imprenta y portada a color, pasando por los del medio en plan fotocopia cruda, a los últimos, los especiales de la Maratón de cine de terror de Cotxeres de Sants repletitos de reseñas. Incluso, por aquello de completar la cole, hemos añadido el peculiar número 2,5.
Es cierto que si en su día pillaron nuestro libro recopilatorio "Aquí Vale Todo. Fanzinismo 1997-2015" ya se los conocen y han leído, pero pensamos que igual queda alguien por ahí que no lo tenga. O que, independientemente de ello, prefiere disponer de cada uno individualmente y ojearlo a gusto y con calma en su ordenador, tablet o móvil.
Después de todo es un regalo, es gratis, así que no me sean quejicas. Tienen el enlace al final, debajo de la imagen.
Esperamos que saquen jugo al presente. Gracias por estar ahí, no nos abandonen  y, sobre todo, brinden a nuestra salud por estas esplendorosas 10 + 5 primaveras.