lunes, 28 de octubre de 2019

ZOILO POLLÉS

Martín G. Ramis, particular cineasta Mallorquín que ustedes conocerán porque venimos hablando de él por aquí desde hace años, no solo dirige, sino que también pinta y escribe. Y la editorial Tierra Trivium acaba de publicar lo que es su primera novela, “Zoilo Pollès”
Se trata de una novela visceral y urbana en la que Garrido ha construido un personaje totalmente amoral y mezquino que es el principal motor de una historia negra de violencia, venganzas, ajustes de cuentas y sexo. Cuando Garrido cuenta una historia sobre el lúmpen Mallorquín, se desenvuelve como pez en el agua y esa es la principal baza con la que cuenta esta novela.
Tras leerla, llego a la conclusión de que la literatura es el medio natural de Martín Garrido Ramis. Cuando hace una película, el director, con tendencia al exceso, suele verse limitado por los presupuestos, pero con la escritura no tiene ese problema. Ahí, su imaginación no se ve bloqueada por ningún impedimento externo y puede desarrollar el tipo de situaciones que le de la gana. Y cuando lo hace, no tiene límites y se excede o coarta a voluntad, por lo que tenemos una historia con reminiscencias del noir de los años cincuenta, en un entorno marginal donde predominan los rateros, las putas, el tabaco rubio, el whisky barato y los ambientes turbios. Zoilo Pollés, el protagonista, es, por un lado, un impersonator del propio Garrido —intuyo que hay mucho de él en el personaje— al que ha añadido una gotas del tipo duro y de ficción que a él le gustaría ser. Todo muy pulp, muy de novela “de a duro” y donde da cabida a todos los géneros que al director le gusta.
Sin un argumento muy desarrollado (y ni falta que le hace), la novela es una situación de secuencias en las que el personaje hace lo que le sale de los cojones mientras putea a todos los personajes de su entorno.
Zoilo Pollés es un loser de manual, que en su búsqueda intermitente de dinero, acaba trabajando de segurata en un hospital. Allí conoce a Flores, un comisario de policía un tanto corrupto con el que hace buenas migas y que le dará trabajo en su agencia de detectives. Cuando alguien asesina a Flores, Zoilo, acabará los trabajos que este dejó pendientes pasando a ser, sin apenas darse cuenta, un asesino a sueldo.
Como digo, al final es todo una sucesión de pasajes condenadamente entretenidos cuya lectura engancha al lector desde la primera página e invita a continuar la lectura mientras asistimos a un festival de personajes a cada cual más surrealista (y estereotipado) que van desde el boxeador Durán, a Fina, la ex esposa de Zoilo, pasando por toda suerte de putas, macarras y gentuza, a las que dará, o no, gatillo según lo requiera la situación. Verdaderamente, Garrido ha conseguido hacer una novela interesante y más bestia que un arado.
No obstante, no es una novela redonda, se le pueden poner pegas como puedan ser la reiteración de pasajes y/o situaciones, o la cantidad de anacronismos de los que hace gala, ambientando la historia más o menos en los 90, pero conteniendo elementos más propios de una década después, cosa que pasamos por alto porque, como digo, no impiden, ni perjudican, una lectura altamente entretenida.
Verdaderamente, y para bien, la novela me ha sorprendido, me ha divertido, me ha intrigado y me lo ha hecho pasar muy bien durante su lectura. Verdaderamente, la recomiendo.
Adjunto para ilustrar la reseña el flyer promocional en el que se puede leer una frase mía que resume, más o menos, lo mismo que les he venido a contar aquí.

domingo, 27 de octubre de 2019

HASTA LA VISTA, SEÑOR

El pasado Miércoles me enteré con estupor del fallecimiento de Robert Martex, una persona muy importante en mi, por llamarlo de alguna manera, vida creativa. Especialmente durante los 90. Nos unía una fuerte amistad y colaboramos en tropecientos mil proyectos: Cortometrajes, video-clips, fanzines, revistas, etc, etc, etc. De hecho, no solo participó activamente, y durante mucho tiempo, en mi fanzine "Suburbio", también metió mano, mucho y muy bien, en los tres números originarios de "Aquí Vale Todo". Vamos, si es que el logotipo, ese que pueden ver aquí arriba a la izquierda, es total y absoluta paternidad suya. 
A partir de los 2000, nuestros caminos se separaron. Cosas de la vida. Nos veíamos eventualmente, pero ya lejos de aquellas intensas sesiones de intercambio de ideas.
Enterarme de su prematura defunción -era aún muy joven y le quedaba mucha guerra-, fue y es todo un mazazo. No sabía cómo rendirle este pequeño tributo, y entonces recordé los tiempos que andábamos trasteando con los primeros ejemplares de "Aquí Vale Todo". Jugueteando con el ordenador, le salió una chorradica muy "estilo Monty Python" (como él mismo comentó). Me la dio, la guardé, pero jamás se me ocurrió nada que hacer con ella... hasta hoy.
Descanse en paz, Señor Martex.



sábado, 26 de octubre de 2019

EVOLUTION

Ivan Reitman llevaba encadenando sonoros fracasos o éxitos menores que quedaban por debajo de las expectativas, así que ante la desesperación hizo lo que hacen todos los cineastas, especialmente aquellos afincados en Hollywood, mirar atrás e intentar repetir uno de sus mayores logros, que pal caso era y es "Los Cazafantasmas". Estamos en 2001, así que eso de la nostalgia aún no se llevaba. Hoy habrían hecho una precuela o una secuela tardía..... espera un momento, ¡si eso es justo lo que Reitman y su hijo están maquinando en estos momentos! pero entonces no era un recurso habitual. Se estilaba más repetir la fórmula: Comedia desmadrada -aunque no demasiado- con notables ribetes de fantasía. Si en "Los Cazafantasmas" era el terror, en este nuevo proyecto sería la ciencia-ficción. Naturalmente estoy hablando de "Evolution".
La idea de partida es buena no, cojonuda: Un meteorito cae en el desierto. Resulta que a su alrededor comienza a formarse un micro-universo en el que la vida evoluciona a la velocidad de la luz. En el pueblo de al lado vive el típico científico de gran talento relegado al ostracismo por un error del pasado. Él y su acompañante negro serán los primeros en meter mano. Claro que pronto los poderes fácticos se harán eco del asunto, para mayor disgusto de los protagonistas, que se ven relegados a un segundo plano. Aunque no por mucho tiempo, especialmente cuando la vida marciana comience a hacerse más grande, poderosa y peligrosa. El guion original iba totalmente en serio, hasta que Reitman y los suyos se lo agenciaron y lo transformaron en una de risas. Lástima, tenía potencial.
Igual que el director de "Los gemelos golpean dos veces" buscaba desesperadamente un nuevo super éxito de taquilla, el actor David Duchovny soñaba con alejarse el máximo posible del medio televisivo y la serie que le diera la fama y encasillara, "Expediente X". A pesar de ello, y por absurdo que suene, rechazó un papel en "Star Wars, Episodio II. El ataque de los clones" para aceptar el que le ofrecían en "Evolution", pensando que interpretar a un científico interesado en la vida alienígena (juas!) en una comedia de un director en horas bajas sería mejor para su carrera. Encima, al hombre le dan un rol muy reconocible, el de golfo simpático. Descarado, pero tierno cuando conviene. Vulgar, pero inteligente si es preciso. Vamos, que hace de Bill Murray en "Los Cazafantasmas" (o en cualquier película de Bill Murray). El problema es que mientras este tenía su gracejo, a Duchovny no le va. De hecho, en lugar de un golfo simpático se convierte en un golfo gilipollas, impertinente, chulito y que cae mal. Es antipático. Lo mismo que su comparsa, Orlando Jones, absolutamente irritante... algo a lo que contribuye el doblaje español. Se salvan Julianne Moore haciendo de "rubia tonta" y Seann William Scott interpretando lo único que se le da bien interpretar, un paleto de buen corazón.
Y es aquí cuando da comienzo el juego de las comparaciones. Con "Los Cazafantasmas", claro. Para comenzar, ambas películas comparten un logotipo chachi. En el caso de "Evolution" es un "smiley" con tres ojos. Ambas arrancan con uno de los protas intentando ligarse a una alumna, hasta que el otro aparece y le joroba los planes. También aquí tenemos al grupo de anti-héroes uniformados -ni que sea por los trajes de bombero- enfrentados a criaturas monstruosas y, a su vez, con burócratas. Aunque en este caso el villano no trabaja para la agencia de protección del medio ambiente, es algo menos original: un militar. Según San Imdb, la cita que en un diálogo se hace al selenio es un guiño directo a "Los Cazafantasmas" en un speech que soltaba Dan Aykroyd en aquella y que, por si aún no lo sabían, en "Evolution" da vida al personaje del gobernador. Como colofón, las dos películas terminan con la aparición de un monstruo gigante que muere estallando y pringándolo todo de líquidos asquerosos, incluidos los dos villanos de la función, que a modo de castigo divino reciben un generoso baño.
Naturalmente, y aunque "Evolution" es una tontunada agradable para pasar la tarde del Domingo, Ivan Reitman no logró repetir la jugada (a lo que desde luego contribuyeron unos efectos especiales CGI aún algo toscos) y la taquilla no estalló. Tampoco Duchovny consiguió subir mucho más su caché.
En el reparto localizamos otros tantos nombres simpáticos como los de Ted Levine, Sarah Silverman, el astro de la "serie B" horrorífica Richard Moll y Winifred Freedman, actriz que algunos recordarán como "Stephie" en "Agárralo como puedas", la alumna de conducción que, sin quererlo, se mete de lleno en una divertida y absurda persecución durante la cual su reposado profesor le enseñará cómo mandar a tomar por culo a un rudo camionero.

viernes, 25 de octubre de 2019

LOS GOLFOS

El “Cine Quinqui” tal y como lo conocemos, apenas cuenta en su haber con una docena de títulos (siendo generosos) adscritos por derecho propio a esta corriente, que ocurre y se desarrolla en un tiempo concreto desde finales de los 70 hasta mediados de los 80.  Sin embargo, con la era de Internet, los aficionados al subgénero, no contentos con las muestras que nos ofrecieron de la Loma o de la Iglesia, para reivindicar ese cine que les apasiona, comienzan a elaborar listados en lo que tenía cabida cualquier película con algún elemento macarra en su haber. Así, en esos listados, figuran títulos como “¿Qué he hecho yo para merecer esto?” o “Policia”, de Almodóvar y Álvaro Sáez de Heredia respectivamente, solo porque en sus metrajes aparece algún caco, delincuente, o el mismísimo “Pirri”.  Pero nada tienen que ver con ese cine quinqui…
Asimismo, lejos de otorgarle la genuinidad del género a una película como “Perros callejeros” —que pese a quién le pese, es la primera y verdadera madre del “Cine Quinqui”—, estos aficionados tienen que buscar un referente intelectual que sirva de percutor de su género predilecto y, para ello, la película que más se asemejaba a las protagonizadas por “El Torete” era esta vieja película del plomo de Carlos Saura, ese mal director camuflado  de autor y cineasta  de prestigio (no hay  un dios que aguante una película suya). Considerando esos fans a esta película, “Los Golfos”, como la originaria de todo, se engañan a sí mismos. La incursión de este film en esas listas no otorgará a un subgénero populachero como este un halo de respetabilidad, que por otro lado, tampoco necesita.
“Los Golfos”, debut en el cine de Saura gracias a unas pesetas que desembolsó Pere Portabella para producirla, en realidad es una suerte de neorrealismo casi documental que gira en torno de los denominados maletillas, que eran jóvenes suburbiales que aspiraban a convertirse en figuras del toreo. Vamos, que lo que tenemos es una película de tauromaquia.
Y es que, en este film, una serie de maletillas sufragan los gastos que les ocasiona su pasión, el toreo, a base de dar pequeños palos en kioskos de lotería o a camioneros. Vamos, que ni tan siquiera son delincuentes propiamente dicho. En una de estas, cuando uno de ellos está ya preparado para debutar en el toreo (“arte” este que es bastante clasista), prepararán un gran robo que les servirá para cubrir los gastos que ocasionará que este joven salga a la plaza. Esto acarreará disputas y peleas entre ellos.
Por supuesto, la película, descubierta por los plumillas años después de su estreno que pese a la reputación obtenida en festivales, pasó bastante inadvertida, viene siempre acompañada de las buenas críticas que suelen acompañar al cine de Saura solo porque es cine de Saura. Bajo mi punto de vista “Los Golfos” no es ni tan siquiera una buena película, no es más que Saura tratando de imitar a Luis Buñuel, y haciendo una película totalmente deudora del cine de este (hay, en “Los Golfos”, ramalazos de “Los Olvidados”, mezclados con otros de “Las Hurdes”, con un toque moderno “Saurí”  para que no parezca que está copiando) que, para más inri, fue aplaudida en Cannes por el director maño y le sirvió a Saura para entablar con él una duradera amistad. Más allá de eso, de la posible polémica que pudiera causar un film desarraigado como este en los tiempos de Franco, no creo que “Los Golfos” sea más que una película del montón, sin más. No mala, pero tampoco para tirar cohetes.
Todo ello depende también un poco de la percepción que el espectador tenga de Saura, si le ven como ese gran director de cine español intelectual y concienciado socialmente, o como ese director que gusta en España a pedantes incapaces de acercarse al cine americano de género por puro esnobismo, que no son conscientes de que en otros países, películas suyas como “La Caza”, sin ir más lejos, son estrenadas como muestras de cine exploit, o los que, como yo, ven en el director a un sobrevalorado realizador caradura y oportunista que camufla su poca pericia tras la cámara contratando estupendos directores de fotografía que le arreglen esas películas que hace a base de filmar a gente bailando tangos o sevillanas.
En cuanto a “Los Golfos”, no es pionera de nada más que de plagiar a Buñuel, como ya les he dicho hace unas líneas.

lunes, 21 de octubre de 2019

EL TELEVISOR

La serie “Historias para no dormir” de Narciso Ibañez Serrador, como casi todo lo que hizo en televisión este hombre, marcó un hito en el medio de los 60 y 70 que todavía hoy colea. Por supuesto, por parte del fandom, hay tendencia a endiosar esta producción por el mero hecho de ser un producto de terror/suspense autóctono, pero seamos serios; A día de hoy es un producto muy rancio que puede funcionar gracias al factor nostalgia, o como muestra casi kitch  de lo que fue nuestra televisión, pero en realidad, y si dejamos a un lado las producciones propias que esa serie emitía, algunas mejores, otras peores, todas ya muy anticuadas, lo que en realidad hacía esa serie era emitir malas películas a las que alteraban el montaje para adecuarlo a la duración pertinente, además de resumir la voz en off de Chicho las tramas tan recortadas, para que el espectador pudiera entenderlas. Es casi una argucia exploit. Pero ahí la tenemos.
Sin embargo, y es por ello que a día de hoy es una serie de culto, cuenta en su haber con pequeñas joyas de producción propia. Una de ellas, la ya mítica “El televisor”.
Cuenta la historia de un recto trabajador, un administrador de fincas, cuya vida se limita a trabajar y trabajar para que su familia tenga lo mejor. Y además tiene el sueño de comprarse un televisor (estamos en la época en que este electrodoméstico era una novedad absoluta, casi un artículo de lujo). Cuando consigue el dinero, se lo compra, y el individuo comienza a obsesionarse con la programación hasta tal punto que descuida sus obligaciones diarias. Su familia ya no sabe que hacer con él y solicita ayuda medica en el momento en el que comienza a delirar y a creer que los personajes salen de la pantalla y le atacan. Como es lógico, porque es una “historia para no dormir”, el desenlace será inesperado, trágico y con cierto componente fantástico.
Parto de la base de que “El Televisor”, al igual que las otras producciones de la serie u otros productos de similar estilo como “LaCabina” de Mercero (que me sorprende inquietantemente la semejanza de estilos entre Mercero e Ibáñez Serrador en los productos televisivos se suspense de aquella época. “El Televisor” y “La Cabina”, casi parecen dirigidos por la misma persona), a día de hoy se han quedado anticuados, muy anticuados, pero ahí reside la grandeza de estas producciones. “El Televisor” es un producto muy ingenuo, de trazas incluso conservadoras y, en verdad, muy inferior a las producciones cinematográficas de Ibáñez Serrador, pero logra que el espectador plante su atención desde el minuto uno y ya no desconecte hasta el final, un final que si en la época podía resultar impactante y rompedor, a día de hoy resulta una tontería infantiloide; lo que pasa es que Chicho le pone muy mala baba a ese final, por lo que, como sea, sigue funcionando. Por lo demás, es ese encanto de lo rancio, lo conservador y lo ingenuo del asunto, lo que sigue dotando a este producto en particular y a la serie “Historias para no dormir” en general, de interés y vigencia en pleno 2019, a un año escaso de la edición en DVD de la serie completa.
La gracia de este “El Televisor” es que se trataba de un producto que criticaba altamente el sistema televisivo, y lo hacía desde la propia televisión española. A Chicho, los directivos, no le tosían, no obstante, por lo que este capítulo cerró la serie en 1974, pero de tapadillo, emitiéndose a altas horas de la madrugada y sin que se anunciase, por lo que en su momento no lo vio casi nadie. Sin embargo, Chicho tenía mucha mano en Televisión, por lo que no dudó en hacerse eco de estos hechos en posteriores reposiciones de la serie, haciendo la celebrada y pertinente presentación del capítulo, variándola según la ocasión y reposición.
Por otro lado, se trata del capítulo favorito del ya desaparecido Ibáñez Serrador.
En el reparto, el padre del director, Narciso Ibáñez Menta, María Fernánda D´Ocón y una jovencísima Kivi Manver.
Está bien. Además de ser historia de nuestra televisión y nuestra cultura.

sábado, 19 de octubre de 2019

EL ÚLTIMO PATRIOTA

Hablar de "El último patriota" significa hacerlo del principio del fin de la carrera de Steven Seagal. Su primera película pensada directamente para el mercado del vídeo de los Estados Unidos (aunque sí llegó a estrenarse en salas españolas). Ya cuando le damos al "play" y no vemos el logo de "Warner Brothers", nos entra el acojone. Y luego, en la dirección, aparece un tal Dean Semler, reputado profesional de la fotografía pero que, como director a secas, no tiene ni ha hecho gran cosa. Semler no es Andrew Davis, Dwight H. Little o John Flynn. Incluso podemos ser más sibilinos y decir que Semler no contaba con los encorbatados ejecutivos de la "Warner" para decirle cómo hacer su película. De otro modo no se explica que, contando con tantos elementos atractivos, "El último patriota" sea un producto que no arranca ni a hostias. Veamos.
Un pueblo de la américa profunda se ve afectado por un terrible virus mortal cuando un ultra patriota, de aquellos que cagan del color de su bandera, lo suelta sin saber muy bien lo que está haciendo. Suerte del médico local, Steven Seagal encarnando algo que no sea policía o ex-militar (a pesar de su talento para la lucha cuerpo a cuerpo y el uso de armas. Aquí no te explican cómo ha adquirido tales dotes), que con distintos remedios jipis salvará a todo el mundo (sí amigos, el panfletismo ecologista duele) y acabará con los malos.
Hostias y tiros los hay, pero tardan mucho en asomar. Cuando lo hacen, molan. Y son lo suficientemene brutos y sangrantes, pero la cantidad es escasa. Abunda más el bla, bla y ver a Seagal currando en el laboratorio en busca de un antídoto redentor, situación y posición esta en la que resulta harto poco convincente. Además, el film carece de ritmo, de tempo. Es lento, farragoso y soso como una cocacola sin azúcar. Es una peli muerta a pesar de la presencia de Steven Seagal. Entonces. ¿a quién podemos culpar de ello? pues a la falta de presupuesto y el limitado talento de los implicados. No hay otra.
De hecho, mi pareja la comparó muy sabiamente con "La casa de la pradera", porque los momentos campestres cursis y ñoños son unos cuantos, a los que contribuye la hija pequeña que le cuelan a Seagal, interpretada por Camilla Belle, que luego se haría mayor, criaría tetas y asomaría el jeto en el remake de "Llama un extraño".
Como decía, esta aburrida y mediocre película marca el inicio de la decadencia del actor. Luego iría incluso a peor, tanto como para terminar siendo dirigido por Fred Olen RayDesde luego, la palabra "último" en el título español fue todo un presagio.

viernes, 18 de octubre de 2019

PISTOLA RECORTABLE DE "V" DE TELE INDISCRETA

Hace unas semanas, haciendo limpieza, apareció entre unos libros este cartón barato y blandurrio, no obstante, muy bien conservado.
Y es que, si recuerdan la serie “V”, que fue un fenómeno social en el año 1984, no solo esta se hizo inmensamente popular entre la chavalería de la época, también lo hicieron algunos de los “gadgets” de la serie. Diana se zampó un ratón; a la semana siguiente todos los kioskos y tiendas de chucherías tenían en su haber a la venta, gominolas que representaban un ratón, para que los chavales pudiéramos emular a los chavales de “V”. Pepe Da Rosa le dedicó a la serie una de sus celebradas Sevillanas y la revista Tele Indiscreta, que se dedicaba a publicar la programación de las dos únicas cadenas nacionales que había en la parrilla televisiva, “TVE1” y el conocido como “UHF”,es decir, “La 2”, regalaba semanal y religiosamente, cada semana, las pegatinas con los personajes de la serie. Presumo creer, que todo ello, de manera apócrifa y piratona.
Por supuesto, los buenos de la historia en la serie, portaban chulísimas pistolas láser con un diseño imposible en el que se unía el gatillo con la empuñadura. Esto a los chavales nos volvía locos y se llegaron a vender carísimas replicas de plástico. Pero los más pobres, nos teníamos que conformar con las réplicas recortables que, de vez en cuando, regalaba la revista Tele Indiscreta.
Por algún motivo, en casa, entre libros, descansaba desde hace 35 años, esa pistola recortable del Tele Indiscreta en perfecto estado. Nostalgia a cholón.
Ahí les dejo una foto que tomé de tan bonito artefacto promocional.



lunes, 14 de octubre de 2019

EL CRACK CERO

De un tiempo a esta parte, el cine de José Luis Garci —un cine bien rodado, con personalidad, absolutamente respetable— ha sido tomado a chufla muchas veces simplemente por el contenido de los trailers (a los que sí que les falta algo de habilidad)  o, sencillamente, por que se imposta una actitud festiva ante una serie de películas que no se presta a la fiesta… Vamos, por el gilipolleo. El fandom posmoderno, quería reírse de “Holmes & Watson, Madrid days” cuando no hay nada de que reírse en esa película estupenda. Aunque entiendo que se quisiera convertir a uno de nuestros mejores directores en una mofa, tras un par de películas fallidas y una mala elección de los actores y ciertas chapucillas con respecto al doblaje y esa manía que tiene Garci de doblar a sus actores y ponerles voces de profesionales del medio. Pero en verdad no hay nada de que reírse; Garci es un director clásico con unos encuadres reconocibles a poco que los miremos y una manera de narrar lenta, que se toma su tiempo, que se recrea en los silencios, deliciosa.
Al margen de esta pataleta, por suerte, llega Garci con esta precuela de “El Crack” y tapa bocas. “El Crack cero” en su primera semana de exhibición, ha sido un éxito de taquilla y de crítica, compitiendo con un mastodonte como es el “Joker” de Tod Phillips que se estrenó el mismo día. Y yo me alegro mucho de que al “El Crack cero” le vaya bien, y que los medios se hayan rendido ante el trabajo de un director que, ninguneado como está en la industria de nuestro cine sencillamente por sus preferencias a la hora de ir a la urnas, ha demostrado que una buena película de corte clásico, sin artificios y con material reciclado (todos los exteriores, ese Madrid de los años setenta,  pertenecen a descartes de otras películas de Garci), puede interesar al público de 2019. También es cierto que en la sala de cine en la que la vi, llena de parejas casi octogenarias y cincuentones medio conservadores, yo era el espectador más joven. Y es tan buena, que todos esos subnormales posmodernos que estaban afilando el cuchillo cuando supieron que Garci volvía al ruedo, tuvieron que guardárselo. Estaba oxidado. Su chiste ya no les hacia gracia ni a sí mismos.
Pero es que “El Crack cero” es una estupenda película. Muy Garci, con sus encadenados, sus fundidos a negro y su lentitud maravillosa.
Recrear los tiempos más o menos mozos de esos grandes personajes que son Germán “El Piojo” Areta y  “El Moro”, era una  tarea difícil porque había que suplantar a Alfredo Landa y a Miguel Rellán. En un principio se contó con Víctor Clavijo para el papel de Areta, pero pronto fue sustituido por un actor que tampoco me decía mucho como es Carlos Santos. Y “El Moro” está interpretado por Miguel Ángel Muñoz. Menudo peso sobre los hombros de estos dos actores. Sin embargo, dan los dos el tipo de sobra. Carlos Santos está correcto, es un Areta más que digno, mientras que la gran sorpresa me la he llevado con Muñoz que está esplendido. Y es que hay mucho prejuicio porque este chaval, no creo que sea un mal actor, simplemente que está estigmatizado por haber trabajado durante años en aquella serie vil que fue “Un paso adelante”. Y aquí lo demuestra porque, no imita a Miguel Rellán, pero claramente se ha empapado del personaje, y lo hace muy bien.
Así, la acción nos traslada a unos años antes del primer “Crack” y tenemos la toma de contacto entre Areta y el Moro, que se sumergirán juntos en el primer caso conjunto, el supuesto suicidio de un afamado sastre. La amante de este contrata los servicios de Areta Investigaciones, ya que esta considera que el suicidio no fue tal, sino que fue un asesinato. Así de simple y sencillo, la película se compone de la investigación y los interrogatorios a los que nuestros detectives someterán a los distintos personajes. Estupenda.
En blanco y negro, “El Crack cero” es una película nostálgica para los setentones que añoran los tiempos de la transición y, por ende, las películas de “El Crack”. Y así como el primer “Crack” era más deudor del cine de justicieros de los 70 (con toquecitos noir) esta lo es más del cine negro americano de los años 50 al cual Garci dedica un bonito homenaje. Como fuere, y con tantos años de diferencia y tratándose de una precuela, “El Crack cero” es un agradable colofón, autoral, cinéfilo, garciano, para una de las sagas de cine de género español más cojonudas que ha dado nuestra cinematografía. A ver si la racha en taquilla sigue en sucesivas semanas.
Como curiosidad les dejo aquí con lo que llaman un “deepfake” que rula por Youtube y en el que han sustituido infograficamente a Carlos Santos por un Alfredo Landa notablemente rejuvenecido para la ocasión. Como curiosidad está bien, pero los avances de la tecnología, me producen escalofríos. No quiero ver películas protagonizadas por actores muertos.


sábado, 12 de octubre de 2019

WE ARE MONSTERS

Sonny Laguna y Tommy Wiklund son ya viejos conocidos de este blog. Después de que el primero dirigiera en solitario el "slasher" "Blood Runs Cold", comenzaron a currar juntos con "Wither", descarada imitación -rozando lo legal- de "Posesión Infernal" (y por lo visto les va el tema, porque ya han anunciado un nuevo proyecto titulado "Haunted Evil Dead" con cabañas habitadas por entes malignos. ¡Eh! nada que objetar, ¡les comprendo!). El momento álgido de su carrera compartida fue cuando dieron el salto al mercado norteamericano con la simpática "Puppet Master: The Littlest Reich". Pero antes de eso estuvo esta "We are monsters", otro de sus refritos de subgéneros propios del cine de terror o exploitation. 
Si ves una peli de Laguna + Wiklund en la que una mujer es secuestrada por unos tipos, encerrada en una cabaña y sometida a toda suerte de abusos, incluidos los de índole sexual, ¿qué es lo que puedes esperar? Muy sencillo, su versión/aportación del/al famoso e infame "rape and revenge", películas de violación y venganza a las que pertenecen títulos tan populares como "La última casa a la izquierda" o sobre todo "La violencia del sexo".
Sigamos con el cuestionario. Dejando de lado la "rape", ¿qué es lo que más destaca en esta clase de productos? pues muy sencillo: la "revenge". Sabes que, antes de llegar al the end, la víctima de turno logrará zafarse de sus agresores y acometer la esperada, deliciosa, merecida y necesaria venganza. Y por lo general, esta suele ser casi más regocijantemente brutal y truculenta que la misma violación. Viniendo de estos dos chavales, que ya han demostrado con anterioridad su tendencia a regodearse en el material más gore de sus películas, pues imaginaos el clímax de "We are monsters", una auténtica burrada en la que no faltan genitales castigados.
Por lo demás, pues los actores cumplen bastante bien y el acabado técnico, a nivel general, está decente.
Que la movida dure menos de 80 minutos contribuye a que sea aún más soportable. Y no me estoy refiriendo a las escenas extremas (cualquiera que haya consumido esta clase de cine, las aguantará sin demasiados problemas), sino al aburrimiento, que afortunadamente nunca termina de imponerse del todo.
Bien.

miércoles, 9 de octubre de 2019

LOS FOTOCROMOS (Y EL POSTER) DE "ANGUSTIA" / "ANGOIXA"

Está claro que "Angustia" es una rareza. Lo fue en su día, y lo sigue siendo. Una peli española de terror dirigida por un cineasta no especialmente afín al género -el reputado Bigas Luna- en una época -1987- en la que producir este tipo de material en nuestro país era algo prácticamente marginal (¡y como lo echo de menos!). Fichar actores yankis y rodar en inglés, por aquello de hacerse un hueco en el mercado internacional, no era una táctica nueva (lo mismo intentaron a su manera "Descanse en piezas", "Al filo del hacha" o "Slugs, muerte viscosa"), sin embargo, a diferencia de Juan Piquer o José Ramón Larraz, las aspiraciones de "Angustia" eran más altas, ambiciosas e incluso artísticas. En cualquier caso, recuerdo cuando la televisión dedicó unos minutos al rodaje, mostrando el decorado de una calle típicamente norteamericana construido en algún polígono a las afueras de la Ciudad Condal. Se estrenó poco después y fui a verla al "Palacio Balañá" de Barcelona. La sala estaba medio vacía, lo que en cierto momento resultaba ideal para pasar algo de acojone echando la vista atrás (los que hayan visto la peli, me entenderán). Sin embargo, no dejó huella en mí. No volví a verla, ni me la compré en formato doméstico. ¿Por qué?.
Tener acceso a los fotocromos y al póster era la excusa perfecta para revisarla todos estos años después. Y entonces lo entendí. Salvo un arranque bastante sólido, y algunas ideas muy potables (en parte robadas a Buñuel y Dalí, algo muy propio de Bigas Luna), la verdad es que me aburrí un rato. Sí, amigos, "Angustia" (o "Angoixa" para los que son de mi tierra) es un poco coñazo. Más admirable y aplaudible por las intenciones que por los resultados.
Al poco tiempo el cineasta lograría el respeto de la crítica y el apoyo del público, labrándose una carrera repleta de éxitos -ninguno perteneciente al terror- que, poco a poco, iría languideciendo hasta su fallecimiento.
Cuando vi "Angustia" en su día, me medio enamoré de la protagonista adolescente, Talia Paul. El otro día busqué en Imdb y vi que había hecho cuatro cosas. Luego husmeé en redes sociales y la localicé. Por lo visto ha dejado la interpretación y se dedica íntegramente, aunque sin mucho éxito, a la música. Curioso. Aunque más lo es la puta casualidad que hizo un papel enano en "Nacida Salvaje" dirigida por John Gray, responsable a su vez de "Glimmer Man", film cuya reseña he escrito justo antes de ponerme con estas líneas.










lunes, 7 de octubre de 2019

EL NIÑO ES NUESTRO

Tras el éxito que obtuvo “Adiós, cigüeña, adiós”, lo más normal era que se rodara una secuela. Así que retomamos la acción justo dónde acaba la primera película para ver como la pandilla protagonista está sacando adelante al bebé de Paloma y Arturo, encargándose por turnos de su cuidado, e incluso ejerciendo de curas en una improvisada ceremonia de bautizo. Sin embargo, un día el bebé enferma y tienen que llevarle al médico, por lo que no les queda más remedio que confesar que el bebé es fruto de la unión sexual de los dos adolescentes. Ante la ira de los conservadores padres de los muchachos, enviarán al niño a un hospicio y, a la madre, la internarán en un colegio.
No contenta la pandilla con el devenir de los acontecimientos, decidirán, por su cuenta y riesgo, recuperar al bebé por todos los medios.
Al igual que “Adiós, cigüeña, adiós” el final de “El niño es nuestro” no queda del todo cerrado, quizás, con la idea ya preconcebida de continuar haciendo películas con estos personajes. Sin embargo, y aunque la película metió en las salas un millón setecientos mil espectadores, la cosa ya no era como en el primer título, que metió casi cuatro, y ya no se rodó una tercera parte.
El principal problema de “El niño es nuestro” es que es reiterativa con respecto a la anterior y se alarga una situación que ya no da más de sí, por lo que se nos plantean unos hechos durante el primer tercio de la película, para luego alargar el chicle hasta el máximo durante más de la mitad del film. Está entretenida, es divertida —a día de hoy completamente antigua y desfasada— pero es ligeramente inferior a su predecesora.
Por supuesto, el trabajo de los niños actores es el principal soporte de la película, y Currito Summers, sabedor su tío Manolo del gancho que tenía con el público, acapara los mejores momentos, los mejores chistes, e incluso se le hace protagonizar una subtrama en la que el muy granujilla se enamora de una niña dentona y con coletas.
Se deja ver, pero queda claro que es un trabajo que Summers realizó por explotar el filón de su anterior película. La historia que quería contar, ya estaba contada.
Me quedo con sus películas más morbosas y sensacionalistas, como por ejemplo “Charlie and the hooker”, es decir, “El primer pecado”.
Para completistas.

sábado, 5 de octubre de 2019

GLIMMER MAN

Lo divertido de estar consumiendo una película de Steven Seagal por semana, es que notas con mayor claridad los distintos cambios de tono de un film a otro. Y no me refiero al producto en sí, sino más bien al propio Seagal. De tipo duro y frío en "Señalado por la muerte", pasamos al intento de humanizarlo con "Buscando Justicia". Pues bien, algo me dice que la productora haría un estudio de mercado para ver qué opinaba el público sobre él. Recibiría algunas críticas descontentas calificándolo de macarra y bruto, por lo que decidieron "suavizar" su imagen. ¿Y cómo? Pues rebajando el sadismo de la violencia y, sobre todo, recurriendo al humor. Todo apuntaba a que Steven Seagal no sería demasiado convincente en ese terreno, por lo que habría que ponerle a un comediante de comparsa.
Solo son conjeturas mías, pero me encanta pensar que así es como fue. En parte ello explicaría el irritante tonito bufo de "Glimmer Man" y, claro está, la presencia de uno de los hermanos Wayans, en concreto Keenen Ivory (director de las dos pelis que harían de oro a la familia, "Scary Movie 1 y 2"). A lo largo de "Glimmer Man", Seagal, ya del todo metido en su rol místico y budista repartidor de galletas (luce un horrible collar jipi y se pasa el rato con las manos juntas, en plan gurú. ¡Ah! y ya comienza a dejarse ver con unos quilos de más), no solo es blanco de chistes, también los hace sin mucha fortuna (salvo uno, ojo a la escena del taquígrafo). Y por si fuera poco, sonríe más que en ninguna otra de sus aventuras cinematográficas. ¡Ay!.
Pero no termina ahí la cosa. Resulta que, comedia aparte, "Glimmer Man" también se apunta a dos subgéneros. Uno recurrente y consecuente -las "buddy movies", historias de polis/compañeros antagonistas obligados a llevarse bien- y el otro muy de moda gracias al entonces reciente exitazo de "Seven": el psycho-thriller con asesino en serie perpetrador de espectaculares crímenes rituales.
De entrada eso es lo que nos venden. Hay un psicópata en la ciudad que se dedica a machacar parejas católicas, a las que crucifica. Del caso se encarga un policía negro que, a regañadientes, debe compartir labores con ya sabéis quién. Pero no debemos olvidar que esto es una película de Steven Seagal, así que pronto descubrimos que lo del asesino loco solo es una tapadera para confundir a la policía, detrás se oculta lo habitual: Mafia, en este caso de procedencia rusa. Y tiene máximo sentido, porque de otro modo no habría mucha peña a la que ahostiar. ¿Solo un criminal? ¡que aburrido!. Resuelto el problema, ya tenemos la agradecida ración de piños y la inevitable escena de macarrismo desaforado en la que el gordo Seagal parte huesos por doquier.
Acompañan a la pareja de polis una ristra de rostros carismáticos y estupendos en lo suyo como los de Bob Gunton, Brian Cox, Peter Jason y Stephen Tobolowsky.
Dirige el impersonal y televisivo John Gray.
"Glimmer Man" es un poco chorras, sí, pero entretiene lo suficiente. Nada que objetar.

miércoles, 2 de octubre de 2019

LOS FOTOCROMOS DE "ELVIRA, MISTRESS OF THE DARK"

Nunca me ha gustado Elvira. Me cae mal. Ni siquiera sus apretujadas tetas me dicen nada. Y, por supuesto, en su día consumí esta "Elvira, mistress of the dark" que tampoco me dijo nada. Tal vez lo más gracioso sea ver a Daniel Greene rulando por ahí.
No obstante, disponemos de los fotocromos. Y además completos. Así que hacemos de tripas corazón y los subimos al blog. Ni que sea como guiño a José Frade.
Disfruten... si es que tienen tan mal gusto.