sábado, 30 de agosto de 2014

LOS OJOS DEL DIABLO

Aunque ya en 1978 Dario Argento y George A. Romero compartieron créditos en la mítica "Dawn of the dead" original, no sería hasta el año 1990 cuando realmente se repartirían -creativamente hablando- la paternidad de una película, este "Los ojos del diablo", "Two Evil Eyes", "Due occhi diabolici" (originalmente bautizada como "Poe", tal y como demuestra el pre-cartel que les dejo por ahí abajo, o "Metropolitan Horrors"), producción italo-yankee que jugaba con una premisa a priori atractivísima para cualquier aficionado medio, dos maestros del género unían fuerzas para adaptar sendos relatos de un titán de la literatura macabra, Edgar Allan Poe. Lástima que pal cambio de década Argento y Romero habían perdido ya un poco su "punch" (aunque nada comparado a lo que vendría después), algo que a mí no me importó ni un pimiento, que corrí al cine para ver la película resultante el día de su estreno. Es interesante señalar que, en principio, los directores no iban a ser únicamente el italiano y el de Pittsburgh, también querían liar a gente como John Carpenter, Wes Craven, Stuart Gordon o Clive Barker, aunque lo problemático de aunar calendarios convenció a sus perpetradores (los Argentos, Claudio y Dario) de que lo más fácil era contar con aquel al que ya conocían y con quién habían currado previamente de manera harto satisfactoria. De haberse materializado el pifostio tal y como se quería en un principio, hablaríamos ahora de todo un hito en el género.
Puesto que se trata de la unión de un par de mediometrajes, bastante diferentes a pesar de churrupetear del mismo escritor, me permitirán que anal-ice cada uno como si de dos títulos totalmente independientes se tratara. Y si no les gusta, que les den.
LA DE ROMERALES: El viejo Georgie se encargó de adaptar mi relato favorito de don Poe, "La verdad sobre el caso del señor Valdemar". Evidentemente, y dado el nivel de paletismo que acarreo, no he leído el texto original, pero sí vi en su día las versiones que firmaron Roger Corman y Narciso Ibáñez Serrador y en ambos casos (pero sobre todo el segundo) me cagué de miedo. Su concepto siempre me pareció genuinamente aterrador. Un tipo que fallece mientras se encuentra en estado de hipnosis, lo que lo mantiene atrapado en el limbo. Su cadáver se marchita, pero su mente aúlla agónicamente con un "¡Estoy mueeeerto!". Uf, escalofriante.
El caso es que George Romero lo pilla y lo lleva a su terreno, el del director de cine de horror cansado ya de la puta etiqueta y de tener que estar siempre liado con muertos vivientes y bichos apestados. La suya es una versión muy culebronesca, que hace más hincapié en el drama y el suspense que en el terror puro. La esposa de un millonario al pie de la tumba anda liada con el médico de este. Juntos planean aprovechar hasta el último halo de vida que le queda al viejo para que, mediante hipnosis, firme todos los documentos posibles y les ceda sus riquezas. Pero el tipo la palma en pleno subidón, lo que impedirá cruzar el portal del más allá y se montará un cristo de órdago, volviendo de la pre-muerte para cometer venganza.
Contaba don Romero que en aquellos tiempos andaba de bajona por el fracaso en taquilla de "Atracción Diabólica" y que aceptó el proyecto porque no requería una gran implicación emocional por sus partes. Y se nota, ya que le quedó muy fría, sosa, plana y -decían en la época- telefílmica. Él mismo así lo reconoció poco después, confesando que se sintió fatal después de ver el despliegue de imaginación que invirtió Dario Argento en su propuesta. Y hasta el italiano comentaría por ahí que en aquella ocasión la inspiración de Georgie anduvo bajo mínimos. Yo mismo me aburrí mortalmente cuando la consumí y durante mucho tiempo tuve un concepto muy pobre de ella, seguramente por su casi ausencia de gore, algo por entonces muy ligado a la obra del padre del zombie moderno. Pero el otro día, y como suele pasar, me pareció bastante mejor de lo que la recordaba. Sí, es cierto que no transpira ni mucha pasión ni mucha vida, que Romero puso el automático y tiró millas, pero aún así, su sobriedad, su saber hacer, su acabado más que solvente y su guión, bien parido y estructurado, la convierten en un producto bastante digno.
Contribuyen a ello sus actores, especialmente cuatro que ya habían currado previamente con
Romero en otra antología, la maravillosa "Creepshow", es decir, una ya avejentada Adrienne Barbeau (que lo hace muy bien, la verdad), Bingo O'Malley, E.G.Marshall y el bueno de Tom Atkins. Completan el cuadro Ramy Zada, muy popular en mi tierra durante inicios de los 90 a raíz de su protagonismo en una serie co-producida por la televisión de Cataluña sobre un justiciero titulada "Dark Justice" ("Quan es fa fosc", "Cuando se hace oscuro", aquí) y Christine Romero, la "esposa de", que pal caso interpreta un personaje idéntico al que diera vida, justamente, en la anterior "Atracción Diabólica", enfermera/cuidadora borde.
LA DE ARGENTALES: El caso de Argento es diametralmente opuesto al de Romero. Se nota que él fue uno de los instigadores del proyecto, que le pirra Poe y que comparte intereses con él y su universo. Su mediometraje es pura pasión... lo que no significa necesariamente que sea la repolla, pero sí que al menos viene plagado de guiños, tributos y homenajes al autor y su obra. Oficialmente adapta "El gato negro", aunque solo es una excusa pa salpicar la movida con referencias a "El pozo y el péndulo", "La caída de la casa Usher", "Ligeia" o "El corazón delator", entre otras.
Rod Usher (bingo!) es un fotógrafo especializado en sacar instantáneas de crímenes cruentos. Vive con una pava súper-lerda y espiritual que adora los/as gatos/as, como una de bien negra que ha traído a casa y que, ya de entrada, se lleva fatal con el maromo. Además, su vida conyugal cada vez anda peor y al parecer ella se ha buscado un amante (o uno en ciernes) joven y bien mono. Borrachuzo, celoso y rabioso, el muy hijo de puta de Rod decide pagarla matando al felino, no sin antes sacar fotos del proceso para ilustrar un libro recopilatorio de su macabra obra (titulado, justamente, "Metropolitan Horrors" -ver más arriba-). Cuando ella lo descubra, se liará parda, aparecerá un nuevo gato negro -que se parece mucho al anterior (lo que tampoco es nada nuevo porque todos los gatines niggas son cagaos entre ellos, yo fui poseedor de uno la mar de majo-) que él querrá aniquilar convencido de que acarrea una maldición. Cuando ella intenta salvarlo, él la mata y oculta su cuerpo tras una pared falsa. No hace falta decir que lo tendrá jodido para salirse con la suya... gracias en parte al enigmático black cat... o a su prole.

A nivel visual y narrativo, como decía, es lo opuesto a Romero, un despliegue de ideas, dinamismo, truculencia, locura y flipadas totalmente ausentes en la historia del Sr.Valdemar. La mayor diferencia es la duración (la del italiano es más larga) y el guión, bastante peor estructurado y con peor ritmo. Nada nuevo bajo el sol, ya que esa es una constante en el director de "Suspiria", "Phenomena" y "Tenebre". Y como en esos mismos títulos, la falta de dominio narrativo queda compensada por el desmadre visual, la cámara apañándose movimientos imposibles (en un momento dado adopta el punto de vista del péndulo de la muerte), el gore (gráficas cuchilladas, empalamientos...) y las típicas "argentadas" tan irritantes como entrañables. Esas salidas de tono en las que exclamas un "Anda yaaaa, no me jodas!". Antes solía preguntarme cómo era posible que Argento no se diera cuenta de lo tontunas y ridículas que eran, pero hoy considero que ya las hacía aposta como elemento  epatante, como parte de su estilo. En este caso no hablamos ni de asesinas esculturas punzantes ni de absurdas vagonetas-extermina-ratas, sino de cierto muñeco económicamente confeccionado para lograrse una coartada y.... en fin, no recuerdo la otra, pero eran dos de esas que dolían, y más con la sombra de Edgar Allan Poe detrás. Naturalmente, Argento se pasa un poco por el forro de lírica del escritor y -como Romero- se lo lleva totalmente a su terreno, exagerando sus ideas hasta el desquicie (esos gatitos mutantes devorando la carne de un cadáver). Pero ya mola, que pa algo es quien es, ¡carayo!.
"El gato negro" la protagonizan Harvey Keitel, un poco antes de su redescubrimiento de la mano de Tarantonto y pasando una etapa algo oscurilla, Madeleine Potter, una actriz que venía de cierto cine cultureta y se supone que despierta pasiones a pesar de lo poco agraciada que resulta (esa boquita suya en perenne estado de "piñonismo" dan ganas de soltarte una yoya) y algunos veteranos, entre los que destacan John Amos, Sally Kirklan, Kim Hunter y Martin Balsam en el inevitable guiño a Hitchcock.

Añadir como colofón que fue la primera película rodada en terreno yankee por el italiano (que cada vez que se va para allá, la verdad es que le salen mejor) y que la versión que vi hace unas noches (descargada de ese demonio llamado emule) incluía una escena cortada de la versión estrenada en España, una pesadilla en la que Keitel viaja a la época medieval para recibir doloroso y rectal castigo. No deja de ser gracioso tener en cuenta que los Argentos impidieron a Romero adaptar "La máscara de la Muerte Roja" porque no querían nada con ambientación "de época" en su producto, pa luego incluirla ellos en "El gato negro". ¡¡Malditos fetuccinis!!.
PLUS: De los notables efectos especiales se encargó, cómo no, Tom Savini, quien se reserva un papel como el demente que desentierra un cadáver para extraerle los dientes, idea esta sacada también del universo Poe (concretamente de su cuento "Berenice"). Hacer notar que tío Tom va ataviado con ropas victorianas.
La banda sonora es del siempre genial Pino Donaggio, que a la hora de poner música al capítulo de Dario se adapta a sus habituales partituras rimbombantes y semi-electrónicas, más propias de unos "Goblin"/Claudio Simonetti o un Keith Emerson.
Aunque el ayudante de dirección del italiano era en un principio Michele Soavi, fue al poco sustituido por el bueno de Luigi Cozzi cuando el otro cayó enfermo.
RESUMIENDO (ya tocaba): Aunque la historia de Argento es mucho más viva, colorista y apasionada, se me hizo un pelín pesada (tal vez por esa falta de capacidad de construcción narrativa -parece que no, pero a la larga es algo que se nota- o tal vez por extensión). Creo que esta vez me moló más la de Romero, a pesar de los pesares. Puede ser mi vejez, puede ser culpa de las expectativas, puede ser por ir la primera o el signo del cambio de los tiempos. Sea como sea, ambas se complementan bien y esputan un film bastante majo, sobre todo ahora que han pasado ya más de dos décadas, que sus autores andan en horas bajísimas y que el cine de terror, en general, va como va.

miércoles, 27 de agosto de 2014

EL GRAN MOGOLLÓN

Pedro Ruiz, showman todo terreno, que en parte por su prepotencia, en parte por tocar los cojones a los que mandan, se ha granjeado una mala fama terrible en los últimos años, es el protagonista absoluto de esta comedia.
Y Pedro Ruiz, escritor, actor, director de cine, presentador de televisión y polémico entrevistador, lo que en realidad es, o al menos, así lo conocí yo desde que tengo uso de razón, es humorista e imitador. Uno de los grandes además. Sin embargo, hoy parece renegar de todo aquello. Y en particular, de esta película, “El gran mogollón”. Tuve el placer de conocerlo personalmente, y cuando le pregunté por ella, me respondió “Aquello fue un despropósito”. Y me dio mucha rabia, porque a mí, de chaval, me gustaba mucho esta película. Que mejor manera que corroborar las palabras de Ruiz que viéndola años después. Y sí, es zetosa, chunga, rodada con una desgana acojonante por el otrora artesano Ramón Fernández y, básicamente, compuesta de planos generales. No quería rodar más, ni montar mucho en este encargo. Pero bueno, por otro lado, la película da lo que ofrece, que es ver a Pedro Ruiz en su  mejor momento, imitando, perfectamente caracterizado, con unas prótesis acojonantes fabricadas por José Antonio Sánchez, a todos y cada uno de los políticos que existían en España durante aquellos años de la transición.
Ahora, que Pedro Ruiz se quería marcar la machada, se creía que él era Peter Sellers (le he llegado a escuchar, en una ocasión, compararse con Lenny Bruce) y que estaba rodando “Teléfono rojo, volamos hacia Moscú” porque, al igual que Sellers en aquella película se interpreta como cuatro papeles, Pedro Ruiz en esta se interpreta nada menos que veinte, pero, lógicamente nada que ver con la de Kubrick.  De hecho, nada más comenzar el film, aparece en pantalla un cartelito que reza: “Por primera vez en la historia del cine, un solo actor interpreta a 20 personajes distintos, 17 de ellos, reales y vivos”. Bueno, quienes fueron a ver la película, ya sabían eso, de hecho, por eso mismo fueron a verla, no hacía falta ponerlo. Una muestra más de la prepotencia de Ruiz, que no obstante, es una cosa que me hace cierta gracia de su persona.
La película cuenta, inspirada en la novela “Ayer España enrojeció” de Andrés Madrid, como en unas elecciones generales, y contra todo pronostico, sale elegido,  para la presidencia del país, el partido ecológico y revolucionario. Ante la sorpresa del resto de políticos, el presidente, tiene que soportar los sobornos, peloteos y golpes bajos del resto de partidos políticos, que harán lo que esté en su mano por gobernar junto a él.
Bueno, pues yo me la tragué tranquilamente, disfruté de las imitaciones de Pedro Ruiz (la de Carrillo y la de Alfonso Guerra se llevan la palma) y como película para lucimiento de un cómico, funciona perfectamente. Ahora, si es cierto que la película técnicamente es un desastre. Porque como he dicho antes, se nota que está hecha a toda prisa y sin amor por lo que se está haciendo. Quizás demasiado. No obstante, la película, muy de su época y para su época –verla ahora es un poco raro, porque no sabemos ni quienes son la mitad de quienes imita- está lo suficientemente entretenida, como para pasar por alto esa técnica. Es más, yo la paso por alto casi siempre, así que…
Junto a Pedro Ruiz, tenemos en el reparto a Agustín González, Amparo Muñoz, Isabel Luque (solo por verla a ella, merece la pena cualquier película en la que salga), Rafaela Aparicio, Florinda Chico, Antonio Gamero, José Lifante y los cameos, haciendo de si mismos de José María García y Joaquín Arozamena.
El director, Ramón (a.k.a. Tito) Fernández, es ya un habitualísimo de este blog.

lunes, 25 de agosto de 2014

HISTORIAS INSÓLITAS

Para hablarles de Antony Balch, les remito a la reseña de“Horror en el hospital” donde Naxo explica perfectamente quien es este interesante y mítico director y distribuidor (hizo su propia versión de “Haxan”, película muda de culto, sustituyendo los cartelitos por voz en off de William Burroughs) Inglés, que tan solo cuenta, no obstante con dos largometrajes en su filmografía. “Horror en el hospital” sería uno de ellos, este “Secrets of  Sex” (“Tales of bizarre” en los USA) sería el otro.
Para empezar diré que, efectivamente, esta película se distribuyó en España, supongo que, al menos, en algún pase para televisión, bajo el título de “Historias insólitas”, en un  montaje alterado y censurado, eliminando del mismo todas las escenas de sexo y violencia de la película -que son muchas- convirtiéndola en una mierdecilla sin gracia. No obstante rula por la red un montaje de la misma con el audio castellano, pero integra, con lo que cuando en la película hay sexo o violencia, el audio está en inglés, cosa esta que, inconscientemente por parte del ripeador, se convierte en una nueva versión aún más turbadora de lo que pueda ser la original. Sea como sea, el caso es que su versión en español ha pasado de estar inencontrable a estar a disposición del fan (que es quien se pondrá a buscar estas cosas, supongo).
La película es, desde luego, una curiosidad muy sugestiva: Cuenta, al modo clásico (ya saben, la “Amicus” etc, etc…), y vía un maestro de ceremonias que para la ocasión tiene forma de zarrapastrosa – e inmóvil- momia, una serie de historias cortas de contenido erótico festivo la mayoría,  de violencia y tortura otras pocas, que van pasándole factura a los géneros, a las épocas y a los estilos sin orden ni concierto. La excusa es rodar una película “Nudie” al uso que genere algo de dinero en cines de tercera, pero Balch lo que rueda es un muestrario de sus gustos y preferencias que van desde la serie Z y el cine de terror hasta el cine de arte y ensayo más feroz y vanguardista. Así la película, comienza de una manera claramente artie con unos personajes en pelotas girando y bailando, para pasar a contar una de esas pequeñas historias que forman la película antes de los créditos, y después ser un “Nudie” al uso, muy raro –Un grupito de fornidos muchachotes, apuntan con sus metralletas a otro grupo de señoritas en cueros- en el que se pasa a experimentar con las superposiciones, para, ya si, pasar a la momia que nos va presentando las historias. Todo tiene entonces una narración estándar, para al final volver a los derroteros arties.
A todo eso, añádanle una escena de unos 10 minutos en la que vemos desfilar por pantalla chicos y chicas de buen ver y la momia que nos dice, una vez detrás de otra durante todo ese tiempo, “Imagínense haciendo el amor con esta chica. Imagínense haciendo el amor con este chico”.
En cuanto a los niveles escabrosos, la película tiene algunas escenas gore, con esa sangre tan rojita, como en las pelis de Herschell Gordon Lewis (¡y los mismos colores chillones!... claro son de la época), para en cuestión de segundos saltar a la comedia más tonta y blanca.
En definitiva, una película interesante, rara, entretenida y descabellada, una sucesión de escenas en tierra de nadie que forman una alocada película, y que junto con “Horror en el hospital” son una buena muestra de lo que podía haber sido un director tan particular y cinéfilo, de no ser porque falleció tempranamente.
Recomendable para los que busquen rarezas, en el más amplio sentido de la palabra.

miércoles, 20 de agosto de 2014

ANGELES S.A.

El caso de la película “Angeles S.A.” y de su protagonista, es un caso curioso.
Ya saben que en los ochenta el fenómeno de los artistas infantiles estaba a la orden del día en España, y continuó fuerte hasta que dejo de dar pingues beneficios  a principios de los noventa. Las mentalidades cambiaban, las de los adultos y las de los niños y la música infantil, prácticamente, desapareció, y con ella las películas vehículo para lucimiento de estos.
Y si bien en los noventa, apenas sobrevivían aquellos “Bom Bom Chip”  y su película “El niño invisible”, en la década de dos mil, no había ni rastro, lógicamente, de artistas infantiles en las radio formulas, mucho menos en los cines. Y de repente, a mediados de esa década, le da por resurgir, eso si, de manera discreta y terriblemente destinado a un público más popular de lo normal (vamos, a un publico paleto) una nueva rama de artistas infantiles. Por un lado Melodie, la de los gorilas. Un rollo agitanado y absolutamente garrulo que vendió miles de discos y que duró lo que duró la infancia de la cantante. Cuando esta ha querido seguir en la adolescencia, o ahora ya adulta, el público (y las discográficas) le han dado la espalda. Por otro lado tenemos a Raulito, una especie de bebé con cara de retrasado mental, que, consecuencia de otro bebé, esta vez de los 90 llamado Jordi, bailaba y cantaba la hostia de mal, los éxitos pachangueros de esa época, decantándose por los de David Civera. Algo patético que tuvo un éxito arrollador, y que en su corto periplo (un año o dos), protagonizó una película para propio lucimiento, que estaba muy bien, “Frankie Banderas”, junto a el hijo de Juanito Valderrama, que es otro que solo le falta mendigar un poco de atención en la tele y junto a –también en esta película- Pablo Carbonell. Y finalmente tenemos a la protagonista de la película que nos ocupa, María Isabel. Esta niña, ganó un concurso que se realizó de la misma forma que podía no haberlo hecho, el “Eurovisión Junior” y lo ganó con una canción verdaderamente asquerosa, degradante para la mujer y para la infancia, pero que la hizo vender millones de discos; la de “Antes muerta que sencilla”. Y por ahí anduvo actuando toda esa temporada.
Lo curioso es que el fenómeno de Maria Isabel, yo lo compararía, salvando las distancias, con el de “Chispita”; niña andaluza casi analfabeta, monilla de cara,un disco de éxito, una película en plena decadencia, y criminal obstracismo –porque aunque después de esto, la niña, ya adolescente, ha andado presentando los Lunnis y demás, ya no fue lo mismo- solo que en una época en la que todo este tipo de productos, no es que no se llevaran, es que, directamente, no existían. Además, mientras que algunas de las canciones de chispita son bonitas, casi himnos (“¡la vuelta al mundo en Góndola!”) las de María Isabel son para embrutecer a los brutos.
Tras el éxito que tuvo la niña, le prepararon el salto al cine, esta “Angeles S.A.”. Una película para lucimiento de la niña cantante, con todo un repertorio de nuevas canciones que les servirá a sus gerifaltes para vender un buen puñado de discos. Eso en la envoltura, porque en realidad, la película es una comedia familiar protagonizada por Pablo Carbonell, en la que, si, María Isabel se canta una cuantas canciones, pero en la que queda relegada a un segundo plano como adorno para que carbonell pueda hacer su trabajo, cosa esta que es de agradecer, porque, no solo las canciones de María Isabel son una mierda, sino que, verla interpretar, roza lo vergonzoso.
Cuenta la historia de un señor que se muere, y cuando llega al cielo, se da cuenta de que su hija no tiene un ángel de la guarda, por lo que las cosas le salen muy mal allá abajo. Así que le dan permiso para bajar a la tierra desde el cielo dentro de otro cuerpo, para guardar las espaldas de su hija y encauzarla por el buen camino, mientras que se las tiene que ingeniar porque su mujer, viuda, está a punto de casarse con su mayor enemigo.
Un folletín que en las navidades de 2007 no fue ni tan mal en las taquillas (700.000 espectadores), pero una cosa discretita para lo que los ejecutivos esperaban de María Isabel. La peli fue bien, pero la venta de discos, no como se desearía.
La peli, no creo que la puedan aguantar ni los niños. O ellos particularmente.
Lo que me hace gracia, por un lado, es el empeño por hacerla parecer una “sitcom” americana: los protagonistas no viven en un pisito como la mayoría de los españoles de a pie, sino que viven en una urbanización de chalets convenientemente adecentada para darle look americano, sin que parezca que están en Estados Unidos; Pablo Carbonell conduce mono-volumen, y su esposa, Silvia Marsó, es aficionada a la jardinería y usa un sobrerito de paja y unos utensilios de jardinería más propios de una película protagonizada por Meryll Streep, que de una película española que retrata a la clase media-alta. Todo muy patético y, por ende, gracioso. Pero no lo suficiente.
Así mismo, parte de la película transcurre en el cielo. Este se resuelve a  base de diseños de ordenador y horrorosos chromas que le dan look de película de “Tom Cat films”. Escenarios digitales al más puro estilo “The amazing Bulk” y efectos de C.G.I. al estilo “The Asylum” primera etapa, solo que mientras que se supone que las películas de estas productoras son de serie Z, esta se estrenó como producto de postín para ser mega-taquillera. España.
Por lo demás, y más allá de la curiosidad que se pueda tener por un producto a destiempo de estas características, la película no vale absolutamente nada. Eso si, Pablo Carbonell me cae simpático. De hecho, me hace mucha gracia ver cantar y bailar junto a unos niños pequeños, al mismo individuo que cantaba cosas como “Se han bebido mi bebida, esnifado mi cocaína, se han follado a mi chica” con su banda “Toreros Muertos”.
Junto a Carbonell y María Isabel, la antes mentada Silvia Marsó, Anabel Alonso, Darío Paso y el repugnante Jimmy Barnatan.
Dirige el negocio un tal Eduard Bosch, más forjado en el mundo de la televisión que en cualquier otra cosa.

lunes, 18 de agosto de 2014

SAWNEY, FLESH OF MAN

Estamos ante una película de “familia caníbal”a la escocesa.  Un  remedo de “Las colinas tienen ojos” o “Lamatanza de texas” que para justificarse de  sus referentes americanos se excusa  en el hecho de inspirarse en un caso real de la escocia de hace más de 500 años, en el que un clan –los Beane-  de asesinos endogámicos asesinaron y se alimentaron de más de 100 personas. Un hecho real de la mitología Escocesa que, dicen, sirvió a Wes Craven para inspirarse en su “Las colinas tienen ojos”. Verdad o no,  y a mí que no me jodan, los referentes de esta peli son las películas americanas, y no ninguna leyenda.
En ella, figura como que de ese antiguo clan sobrevivió uno que tuvo descendencia hasta nuestros días, por lo que en algún lugar de los highlands, existe una familia proveniente de aquello, que está haciendo lo propio con jóvenes y jovencitas: matarlos, violarlos e incluso comerlos.
Un detective y un periodista, seguirán los pasos de esta familia oculta.
Así que tenemos un “Matanza de Texas” que por momentos se torna “Seven”, pero con unos redichos actores de flema británica un tanto cargantes. En especial David Hayman (“La ley de Murphy”) que interpreta al líder del clan caníbal, el tal Sawney, que con lentilla  en un ojo para darle apariencia de… (¿De qué?), y su afán por resultar lo más sórdido y desagradable posible, al final ocurre  lo contrario y compone un caricato, con lo que cuando coge una mano cortada que tiene por ahí, en su guarida, y de pajea con ella, a parte de haber visto ya algo similar –y más chungo- en “Alta Tensión”, no nos queda otra que partirnos el culo.
La película, no obstante, sin ser ni un ejemplo de entretenimiento, ni de tempo, se deja ver. Una hora y poco que va desarrollándose entre malas interpretaciones, un giro en el ecuador de la película que, sin duda, te lo ves venir y gore, mucho gore, que a estas alturas de la película ya no nos dice nada. A parte está todo filmado de una manera tan estilística, que, lejos de repugnarnos, nos parece hasta bonito; el rojo muy rojo y el marrón de las articulaciones cortadas muy marrón. Una pena que la era digital, por naturaleza propia, no permita escandalizarnos, ni impactarnos, ni sorprendernos, por culpa de un demonio nítido al que llaman HD.
Y aún dejándose ver la película, insisto, lo peor es su protagonista, sus monólogos interminables sobre la Biblia y que Jesús decía que debíamos comer “Carne de mi carne y su condición de película Europea, que se inspira en clásicos americanos, pero que reniega de ello queriendo parecer excesivamente europea, resultando al final, inevitablemente, estúpidamente americana. Al menos, que no traten de disimular sus referencias.
Ver y olvidar, sin más.
Por supuesto, se trata de una película festivalera  e independiente de las que se pueden ver en muchos festivales de cine fantástico a lo largo y ancho de la bola, con algún que otro premio a sus espaldas y esa pátina de “hago cine de terror… pero no” que desprenden todas estas cintas.
También se la conoce, según el país, con el título de “The Lord of Darkness”.
Dirige y debuta, poniendo al mando de las labores técnicas a sus hermanos y primos, un tal Ricky Wood.

viernes, 15 de agosto de 2014

EL ATAQUE DE LOS PAJAROS

Co-producción hispano-mexicana (me he dado cuenta de que en los ochenta se hacían muchas pelis de tercera en co-producción con Mexico) de carácter meramente “Exploitation” y cuyo referente no hace falta ni mencionar. Claro, que este llega veinte años después y a poco se junta con su  equivalente actual, “Birdemic”.
El caso es que es tan genuinamente mala, que pese a estrenarse en mogollón de países (su título internacional reza “Birds of pray”, en Francia se tituló “Falco Terror”- este título, mola-  en USA “Beaks”, o su edición en vídeo “Evil Birds”, en Italia suben la condición expoliadora un peldaño más y pasa a ser secuela directa de la de Hitchcock… ahí es nada) en nuestro país sus propios productores la consideraron tan mala que salió directamente a vídeo. De hecho, el trailer de la película que precedía a algunos títulos de “Lauren Films” anunciaba que la película se titulaba “Palomas asesinas”… ¿Qué por qué? Es un misterio.
La película dirigida por René Cardona Jr. es, por un lado, un coñazo mayúsculo y por otro, una basura mal hecha y con intención de, con tres pesetas, hacerse pasar por grande. Pero claro, no da el pego.
Cuenta una historia del todo descabellada: Las aves consideran que después de llevar lustros muriendo a manos de los humanos que las cazan para divertirse, deciden declararles la guerra, con lo que la masacre está servida. Una pareja de periodistas, se ven metidos en el meollo.
Lo primero de todo advertirles que mueren pájaros en la peli. Hay que ser muy hijo de puta y muy sin vergüenza para matar a un animal. Y si ese animal muere en una película de mierda, los responsables merecen similar trato que el que ha recibido el animal; aquí mueren algún que otro pájaro. No describiré como ni cuando.
Ahora, si pasamos por alto esto, hay que decir, que esta película está compuesta de montones de planos de pájaros volando a los que meten en montaje simulando que atacan a los humanos pero solo vuelan por el aire. O bien; en una plaza, un padre saca fotos a su hijo y estos son atacados por palomas. Esto se resuelve soltando palomas delante de la cámara para que estas vuelen en dirección a los actores, estos hacen aspavientos como si les atacaran y listo. Pues así toda. Y algún que otro inserto de algún documental.
Por otro lado, los ataques de los pájaros son exagerados. Las aves arrancan ojos y desgarran carne como si fueran tigres, todo con el fin de meter la mayor cantidad de Gore posible, que en año 87 ya se sabe… estaba de moda.Y si no lo estaba, estaba a puntito de estarlo.
En cualquier cosa, nada de esto justifica un visionado tedioso y poco emocionante, amén de lo antes explicado acerca de los pobres pajarillos.
Ahora, el reparto es de lo más marciano. El protagonista es nada menos que Christopher Atkins quien tras su exitoso debut en “El lago Azul” (si, el muchacho de los rizos, aquí sin rizos y un tanto degradado) quedó relegado a papeles en películas de serie B (y Z), actuando de vez en cuando en el cine español –sale también en “¡Dispara!” de Carlos Saura” y no convirtiéndose en el actor mainstream que prometía. A su lado Michelle Johnson (“Lio en Río”, “Pisa a fondo” o “Museo de cera”), Aldo Sambrell , José Lifante o el  hijo del director, René Cardona III que siguió los pasos de su padre y su abuelo convirtiendose también en director de bodrios tales como “Vacaciones del terror” “Alarido del Terror” o “Fray Justicia” (Ver en “Malas pero divertidas”).
Basura. De la chunga además. Pero hasta esa basura merece una curioseada.

jueves, 14 de agosto de 2014

¿Y SI NOS COMEMOS A RAUL?

Tras pasarse una temporada como realizador netamente "exploitation" bajo mandato del imperio Corman (suyas son la jodidamente aburrida "Neurosis asesina" -que produjo el hermano Gene-, la simpática y entrañable "La carrera de la muerte del año 2000" y la planísima "Cannonball") el director y actor Paul Bartel se encuentra sin curro ni posibilidades de dirigir. Transcurridos varios años opta por una estrategia desesperada: idear un proyecto sencillo, buscar financiación entre amigos y familia y parirlo desde la más rutilante independencia a base de culos de celuloide desechado y un año y pico de rodaje. El resultado es este "Eating Raoul", "¿Y si nos comemos a Raul?" en España, que contra todo pronóstico acabó convertido en un hito del cine "cult" de su época, inicios de los 80, y dio nuevos bríos a la carrera de su director, que a partir de entonces se especializó en comedia, género al que, esencialmente, pertenece "Eating Raoul"... eso sí, una comedia tirando a excéntrica, o eso pretendía el muchacho, aunque vista hoy resulte de lo más normalita a pesar de sus notables remalazos de humor negro.
Un matrimonio de lo más inocente y casto sueña con inaugurar un restaurante, pero las cosas no les van demasiado bien. Además de ir escasos de capital, resulta que la gente que les rodea es ruda y pervertida, cosa esta que los tiene hartos. Un día, y de modo totalmente accidental, asesinan a un indeseable y le roban, descubriendo así un modo ideal de ganar dinero fácil. Después de todo, hacen un favor a la sociedad borrando gentuza del mapa.
Con semejante actitud en mente, organizan un especie de servicio sexual como gancho para cazar viciosos. Todo va de perlas hasta que entra en juego un hispano que les descubre y se ofrece a ayudarles para ampliar las ganancias y repartírselas. ¿Cómo?, vendiendo los cadáveres resultantes a una empresa que los convierte en comida para perro, nada menos. Pero el pendejo no se contenta con eso, quiere más, quiere a la esposa del protagonista, a la que poco a poco va convirtiendo en aquello que más odian. Como era de esperar, las cosas se complicarán cacho ante tan retorcida situación.
Dadas las peculiares condiciones en las que se rodó "Eating Raoul" no hace falta decir que el resultado dista mucho de ser espectacular o aparatoso. Bartel se decanta por una puesta en escena hiper-sencilla y básica y, sobre todo, por los diálogos, el "efecto más barato del cine", como decía aquel. Y sí, la cosa tiene su gracia, pero tampoco es que sean chispeantes o tremendamente ingeniosos.
A pesar de la trama criminal y canibalística,
el nivel de violencia está bajo mínimos, ni gota de sangre, todo es como muy de “cartoon”. Sí que veremos un par de tetillas y algún momento inspirado (como el asesinato en grupo del jacuzzi, previo topetazo con la cámara), pero en general la verdad es que "Eating Raoul" no termina de funcionar. Se me hizo algo pesadita y no puedo decir que me riera mucho. Tal vez en su momento se trataba de algo fresco y rompedor, aunque solo fuese por su origen genuinamente “indie” (de cuando aún no estaba de moda el término y este tipo de cine era realmente independiente), pero desde luego no ha envejecido demasiado bien, en ningún sentido. Aún así, el culto que arrastra es innegable y años después incluso llegó a generar una versión teatral en formato musical. ¡Estupendo!.
Ese mismo éxito contribuyó a que Paul Bartel pudiese seguir rodando películas, como "Prohibida su publicación", la famosa pero fallida "Lust in the dust" (un homenaje al cine del mangante John Waters pasado por el tamiz del western), "Contra todo pronóstico", su paso por la serie "Cuentos asombrosos" y otro de sus títulos populares, "Escenas de la lucha de sexos en Beverly Hills". Las cosas no deberían irle demasiado bien cuando lo intentó de nuevo en plan super-indie con "Shelf Life", pero casi nadie se enteró de su existencia.
La compañera femenina del actor/director en "Eating Raoul" no era otra que Mary Woronov, una actriz de culto para el cine de culto. Su carrera arrancó en la factory de Andy Warhol. Seguidamente se adentró en los pantanosos parámetros del "exploitation" más puro, participando en toda suerte de productos, algunos tan legendarios como "Noche silenciosa, noche sangrienta" o “Terrorvision”. Visita Imdb si te corroe la curiosidad.
Bartel y la Woronov llevaban tiempo compartiendo créditos, como actores estuvieron juntos en "Rock n´roll high school", pero a partir del éxito de "Eating Raoul" se oficializaría su condición de pareja en la ficción y saldrían como tal en algún que otro films más, como "Kill Bots" de Jim Wynorski donde, literalmente y por nombre y apellido, retoman sus personajes del flim reseñado. Curioso. Hoy día Mary Woronov sigue saliendo en películas zetosas y rimbombantes, pero también en cosas más potentes como "La casa del diablo" o "Los renegados del diablo". Muchos diablos.
Al hispano calentorro le da vida Robert Beltran, de longeva, activa y televisiva carrera. Volvería a verse con Mary Woronov en la mediocrísima "La noche del cometa", y con ella y Bartel en "Escenas de la lucha de sexos en Beverly Hills". También le podéis localizar en esa hiper-chunguez grabada en vídeo por Alex Cox el año 2009 titulada "Repo Chick".
Otras curiosidades del reparto son:  Buck Henry (reputado actor, guionista y amigo de George Kuchar), Ed Begley Jr., Edie McClurg (notoria actriz cómica –lucía una permanente traga lápices en “Todo en un día”-), Don Steele (famoso disc jockey de hiperbólica personalidad que ya había trabajado para Paul Bartel en "La carrera de la muerte del año 2000" -interpretando, cómo no, al agotador locutor de televisión-. Saldría en "Gremlins" haciendo de, pos sí, DJ). Para finalizar, y si no pestañeamos demasiado, podremos ver los cameos de John Landis y Charles Griffith (incansable guionista de la factoría Corman -suyo es el libreto de, entre muchas otras, "La pequeña tienda de los horrores" y "La carrera de la muerte bla, bla"- y director de notables basuras como "Up from the depths", que el propio Corman consideraba una mierda, o "Wizards of the Lost Kingdom II").
En la banda sonora suena una versión muy simpática, y en castellano, de "Devil With a Blue Dress On" cortesía de "Los Lobos".
El misterioso productor y co-guionista de "Eating Raoul" se llama Richard Blackburn. Como director dispone únicamente de un capítulo para la serie "Historias del más allá" y del rarísimo largometraje de terror "Lemora", de la que yo misma hablé en una ocasión. Otro proyecto que Bartel y Blackburn tenían entre manos, desafortunadamente nunca realizado, era una comedia horrorífica titulada "Frankencar", sobre un tipo que, desprovisto de sus extremidades, controla mentalmente un super-buga como arma vengadora contra aquellos que le agredieron y le dejaron inválido. Tremendo.
Paul Bartel llegó a idear una secuela directa de "Eating Raoul" titulada "Blind Ambition" y en la que iba a salir Chevy Chase como el villano de la función. Tenía el dinero, la confirmación de Mary Woronov y las ganas, pero desafortunadamente su inesperado fallecimiento el año 2000 truncó cualquier posibilidad de materializarla.
Perra vida esta.

miércoles, 13 de agosto de 2014

ESOS LOCOS FANTASMAS

Esta reseña existe por pura cabezonería, porque en un principio la película la iba a ver Naxo. Comenzó a hacerlo y no aguantó ni diez minutos.
Me envalentoné y le pedí que me la cediera, que yo iba a verla y a reseñarla. Maldita sea la hora. Porque, si, la he visto entera, pero ha sido el visionado mas horroroso de mi vida. Una hora y veinticinco que para mí ha sido como de tres horas. Probablemente una de las peores películas que he visto en lustros, o por lo menos, la más aburrida. ¡Y eso que es una comedia¡ y encima voy a tener que hacer un sobreesfuerzo porque no se ni que decir de ella, ni es plato de buen gusto par mí dedicarle a esto tanta atención. Así, pues, por cabezonería. Lo que ya hace que esto tenga un mínimo de interés.
Lo principal es decir que “Esos locos fantasmas” nace como “exploitation” de uno de los grandes éxitos del año 1985, “Los Cazafantasmas”, pero que, lejos de copiar el estilo contemporáneo de esta, supongo que por motivos presupuestarios, copia el estilo añejo de la serie de la “Filmation” del mismo título de los años setenta. Gabardinas y sombreros incluidos, decorados de cartón piedra también. Solo falta el gorila.
No obstante, resulta igual de rancia esta película que la serie a la que hago mención. En cualquier caso, sale en vídeo justo después del bombazo de la peli de Ivan Reitman.
Dos fantasmas están decididos a volver a asustar y hacérselas pasar canutas a quienes vayan a un viejo caserón en el que habitan sus descendientes, y que, a la vez, está lleno de espectros de sus antepasados (¡qué puto lío!). Una pareja de policías, pertenecientes a una minoría étnica (uno es negro, el otro Portoriqueño) circula por las inmediaciones del caserón y acabará lidiando con los espectros y con los familiares vivos de estos, lo que dará pie a chistes de baja alcurnia, gags deudores del peor “slapstick” y numeritos de baile “Break Dance”, que en la época estaba muy de moda, haciendo bailar a protagonistas y fantasmas de esta manera.
Si me tengo que quedar con un chiste, es cuando pasan a cenar los policías al comedor. Uno de los fantasmas, que en tiempos pasados había sido negrero, ordena preparar una cena para sus huéspedes. Así que el menú del policía negro está compuesto de maíz, cereales y sandía, que es el menú que tenían los esclavos en los campos de algodón. Un gag casi imperceptible, pero que sería el único que destaco de toda la amalgama, porque por lo demás, no hay nada salvable ni divertido en la película. Lo peor de lo peor.
Y su director Lee Madden (del que ya hablamos en el podcast a propósito de su película “La noche que Dios Gritó”) debía ser muy consciente del pedazo de basura que tenía entre las manos, el enorme zurullo que parió, porque firmó la autoría de la película con el pseudónimo de “Alan Smithee” que es el que se usa en Hollywood, cuando algún director no está contento con su trabajo, o con el resultado final de su película, cuando el corte definitivo lo han tenido los estudios y no él. Cosa que da igual, porque al final se sabe quien es el director real de estas pelis.
En cualquier caso, esta bazofia se editó en nuestro país, nada menos, que de la mano de “Paramount”, y significó la última película que rodó su director. Vaya una despedida de mierda.
La peli la protagonizan Sherman Hesley, famosísimo cómico afro-americano que se hizo popular gracias a la serie “Los Jefferson”, pero que en nuestro país es mas conocido por sus papeles secundarios en series como  “Cosas de casa” o “El Príncipe de Bel-Air” donde curiosamente interpretaba al personaje que le dio fama en la serie antes citada, George Jefferson. En cine, que conozcamos o nos interese, ha estado en películas como “Movida en el campamento II”, “Experimento Chiflado”, “Mafia, estafa como puedas” (¡Siendo otra vez George Jefferson!) o “American Pie 7”, e incluso, repitiendo chuflas con fantasmas en “Casper: La primera aventura”. Falleció recientemente. Por otro lado tenemos al cómico latino Luis Avalos también proveniente del medio televisivo y que en cine pudimos verle, aunque fuera de pasada en películas como “Locos de Remate” o “Una bruja en Nueva York”. Al menos en este “Ghost Fever”, ambos son protagonistas.

lunes, 11 de agosto de 2014

CHISPITA Y SUS GORILAS

Como me gusta un  sub-género tan  de aquí como es  el de “Películas vehículo para ellucimiento de cantantes” y dentro de ese género, la rama dedicada a cantantes infantiles.
En aquellos tempranos ochenta, todo el boom del artisteo infantil lo viví intensamente y  siendo fan de casi todos ellos. Consumía sus casettes, y sobretodo, cienes de veces, sus películas.
Yo supongo que los más puretas si, pero los universitarios y veinteañeros que pululan por aquí, quizás, ni de oídas, conozcan a Chispita.
Chispita era una niña monísima y encantadora  (hoy una cuarentona del montón) que cantaba de maravilla. Sevillana ella, sacó un disco de gran éxito (en el que venía el éxito “La vuelta al mundo en Góndola”) y otro que pasó inadvertido. Con ese segundo disco, desapareció la artista infantil Chispita. Pero entre disco y disco, junto a otros improvisados cantantes infantiles, los archi famosos, gracias a la serie “Verano Azul”, Miguel Angel Valero y Miguel Joven “Tito y Piraña”, que grabaron un disco (en el que venía la canción de “Comer, comer” y donde cantaba mayormente Piraña, Tito hacía coros porque cantaba peor que los perros) y que para la ocasión se les bautizó como “Los Pirañas”, protagonizaron una película que de puro “Exploitation” no se como no se les caía a los productores la cara de vergüenza, porque la película, en poco más de 80 minutos le pasaba factura, no solo a Chispita y  a “Tito y Piraña” (con ese cartelón, como para no llevar a los críos al cine, debieron pensar nuestros padres) , si no que además, y vistas ambas películas recientemente, tiene serios ramalazos de “Annie” (ambas, musicales sobre niña huérfana pobre que acaba viviendo con señor mayor rico y señorita de mediana edad de medio buen ver, con un personaje femenino directamente relacionado con la niña, antagonista, que rebosa más maldad que cualquier otro personaje), ramalazos de “Las aventuras de Enrique y Ana” (en ambas hay personajes adultos estrafalarios y que parecen salidos de un universo ficticio ajeno al costumbrismo del que provienen los protagonistas), además de guiños a Bud Spencer y Terence Hill. Tito y Piraña, uno gordo y uno flaco, reparte leña como si de los actores italianos se tratase, y por si el espectador más idiota no se diera cuenta, lo adornan todo con pósters de las películas de estos y, por si eso fuera poco, se añade una escena en la que ambos salen disfrazados como los personajes de “Quien tiene un amigo tiene un tesoro” y tienen un forzadísimo diálogo: -“Hola, Bud Spencer”. –“Hola Terence Hill”, se dicen en un momento dado Miguel Ángel Valero y Miguel Joven.
Por otro lado la película es súper cutre, no solo en lo referente a la ambientación (todo rodado en pisos reales y exteriores cochambrosos al más puro estilo neo-realista, pero chabacano), sino también en la dirección y el montaje; La dirección a cargo de Luis María Delgado (“Loca por el circo”, “Mírame con ojos pornográficos”) es de lo más dejada, a años luz de lo que este hacía en los setenta con Alfredo Landa o Fernando Esteso, y el montaje, con tantos saltos de eje y raccord, que parece un montaje amateur.
Y bueno, esos defectos acaban siendo, siempre, virtudes. Además, este tipo de productos, negocios puros y duros, deberían estar por encima del propio cine. ¿Cómo no me va a gustar “Chispita y sus gorilas” ¡Es pura nostalgia!
Cuenta la historia de una niña que, al morir su madre, descubre que esta la había adoptado. Huye de casa para no someterse al maltrato al que la somete la novia de su padrastro, y se hace amiga de dos muchachos muy fuertes, que la defienden de  todo peligro, con los que monta un conjunto músical con el que se forran, motivo por el que el padrastro de esta la buscará para aprovecharse del éxito.
Como dato, sin más, diré que Chispita se puso delante de la cámara en las series yankies “Matt Houston” y “Vacaciones en el Mar”, y Miguel Ángel Valero y Miguel Joven lo hicieron, juntos, en “Padre no hay más que dos”. Valero por su parte, apareció además en “Buenas noches Señor Monstruo” y “El Rollo de Septiembre” antes de abandonar definitivamente el mundo del espectáculo para dedicarse a sus estudios y acabar siendo profesor de universidad. Joven, creo que es camarero en su Málaga Natal.
Entrañable.

sábado, 9 de agosto de 2014

LA LOCA HISTORIA DEL MUNDO

Me encanta esta peli. Que quede claro desde buen principio. La he visto varias veces y siempre la disfruto, pero ha habido casos concretos en los que la he gozado tanto que, en fin, se me ha pasado en un "plis". Volando. Y me sorprendo y me digo "Coño, ¿ya está?, mira que es entretenida y divertida la jodida". Y lo es. Puede que no sea la mejor comedia del gran Mel Brooks, personaje claramente adorado en este blog, ni la más reconocida, ni la más ingeniosa. De hecho, en su época tuvo muy malas críticas. Hasta ganó un premio oficial en los USA como el peor estreno del año. Pero a mí me la suda, de verdad os lo digo, es una peli que me da buen rollo, transpira positividad toda ella y es ideal para combatir penas y aburrimientos.
Un Mel Brooks pletórico, en la cresta de la ola tras estrenar éxitos como "Sillas de montar calientes", "El jovencito Frankenstein" o "La última locura" y con el ego desatado, se encarga de protagonizar (hasta cinco papeles se marca el baranda), dirigir, guionizar, componer/cantar alguna canción y producir este repaso a algunos momentos de la historia de la humanidad, divididos en diferentes segmentos de distintas duraciones. Los más gordos van dedicados al Imperio Romano y a la revolución Francesa. Pero también hay sitio para la prehistoria o la inquisición Española. Todo ello con una estética algo anticuada para el año que se produjo, 1981, con unos colores, un modo de filmar y unos decorados de cartón piedra tremendos, que destilan artificialidad, pero que bien podría ser una estratagema del amigo Brooks como parte de la parodia, algo que ya solía hacer. Imitó el estilo de James Whale en "El jovencito Frankenstein" y aquí podría haber tomado prestado el look de todas esas súper-producciones históricas y bíblicas tan típicas del Hollywood clásico donde primaba un tono diametralmente opuesto al realismo. Sea como sea, me encanta, todo ese colorido incrementa el tono de fiesta y diversión.
El tipo de humor –absurdo- empleado y su eficacia varían a lo largo de los 92 minutos que dura la peli. Hay chistes malísimos (muchos de ellos en el segmento dedicado a la prehistoria), los hay majos, los hay muy buenos y, obvio, los hay brillantes. En este último grupo podría soltar unos cuantos de mis favoritos, pero me quedaría corto. No sé, así a lo burro me encanta el espectacular y delirante número musical situado en el castillo de Torquemada (gran canción, gran letra), me encanta Dom DeLuise como emperador Romano, me encanta Harvey Korman como Conde de Parné (De Monet, en la versión original), la coña a costa de la última cena ("¡Judas!, ¿quieres probar la sopa?"), la ya clásica frase "Es bueno ser rey" que Brooks esputa a cámara cada dos por tres y muchas partes de los diálogos... que imagino será cosa del doblaje, porque son chistes muy “castizos”... pero no puedo resistirme a la forma de hablar de los Romanos ("Comicus, comicus!", "Estúpidus!", "Papirus para el porrus", etc). También resulta interesante hacer notar que, acorde a los tiempos que corrían, Mel Brooks se vuelca en los chistes verdes, el humor vulgar y chabacano, presente en sus trabajos previos pero no hasta ese grado, algo que sentaría fatal a los críticos de la época, pero que hoy es del todo efectivo. Yo esta peli la vi en su estreno, acompañado de mi tío, y recuerdo varias cosas: que la sala estaba petada, que el público se reía mucho y ¡¡que me ponían muy nervioso las chuflas marranas!!, me sentía avergonzado, casi como si estuviese viendo una película porno. Dulce inocencia. Pero es que momentos como el casting de penes para la orgía o la prueba para comprobar la autenticidad de los eunucos (con esa lengua quilométrica desenrollándose) eran materia muy fuerte para un chavalín como era yo entonces.
El caso es que, por el motivo que sea, "La loca historia del mundo" fue un fracaso considerable, y marcó el principio del fin de la carrera de Mel Brooks como director, que ya no levantó cabeza. Pasaron seis largos años hasta que volvió a estrenar un largometraje como autor máximo y fue "Spaceballs", titulado en España "La loca historia de las galaxias", lo que no deja de ser gracioso. Tampoco fue un éxito, aunque, obvio, los que la vimos en su momento la recordamos con mucho cariño (algún día hablaré de ella a fondo). Curiosamente el último gag de "La loca historia del mundo" es una coña a costa de "La guerra de las galaxias", todo un aperitivo de lo que sería la siguiente locura del pequeño judío.
En v.o. "La loca historia del mundo" se titula "History of the world, part 1"... pero nunca hubo en mente hacer un part 2, solo era parte del chiste. Sin embargo, ello dio pie a que algunos indocumentados lo usaran como arma arrojadiza contra Mel Brooks, riéndose de su fracaso y, por tanto, de la imposibilidad de seguir la supuesta saga. Indocumentados como el amigo Carlos Pumares, que detestaba al director de "Máxima Ansiedad" y echaba mano de tan equivocada acusación. Peor para él.
No me voy a enrollar con el tema del personal implicado porque es largo como un día sin pan y hay de todo. Basta decir que están los clásicos de Brooks (DeLuise, Madeline Kahn, Cloris Leachman, Ron Carey, Sid Caesar Rudy DeLuca), algunos fichajes nuevos (Gregory Hines sustituyendo a Richard Pryor, que había co-guionizado "Sillas de montar calientes" y no pudo actuar en la presente por sus movidas chungas con las drogas y los mecheros) y un porrón de cameos (destacando los de Charlie Callas, Paul Mazursky, Henny Youngman -¡¡¡quien también tuvo un papelillo en "The Gore Gore Girls" de H.G.Lewis, nada menos!!!-, Hugh Hefner, Barry Levinson, John Hurt...) y Orson Welles narrando la movida.
Hace unas semanas llegué a la conclusión de que, por mucho que me guste el humor, y que sea la mar de importante en mi vida, en general la comedia ha dejado de gustarme. O peor, de hacerme reír. Naturalmente hablo de la comedia moderna… no sé, hay algo en ella, venga de donde venga (pero especialmente la americana, que siempre fue mi preferida), que ya no funciona conmigo. Por eso, tras revisar “La loca historia del mundo” y disfrutar en el proceso como un niño y su moco, puedo afirmar que “Ya no se hacen como esta”.
Divertida, fresca, sanamente tonta, irreverente.... muy recomendable.

viernes, 8 de agosto de 2014

LA CAMPANA DEL INFIERNO

Un individuo es dado de alta en el psiquiátrico y de ahí marcha a casa de su tía. Una vez allí, se dedicará a hacerles la vida imposible tanto a su tía como a sus primas, paseando por sus caras su vanidad, su soberbia y su maldad, haciendo bromitas pesadas (el muchacho trabaja el látex y en su dominio de los maquillajes basa sus bromas macabras) o, directamente, torturándoles ¿Por qué? Solo su  director, que entre peli y peli se follaba a la Pilar Miró, lo sabía.
Mucho se ha hablado de esta película y de su fama de maldita (Iker Jiménez, de hecho, le dedicó todo un monográfico especulando sobre si la película estaba maldita por culpa de la providencia o por culpa del mismo diablo). Resulta que el director de la película, Ricardo Guerín Hill -que tras ver la película compruebo que gustaba de colocar la cámara en sitios, cuanto menos, peligrosos- buscando un plano en lo alto del campanario donde está sita la campana que da título a la película, al saltar de un extremo a otro del mismo, tuvo la mala suerte de tropezar y precipitarse al vacío. Durante la caída, por no caer sobre una valla de afilados pinchos, hizo una maniobra que le llevó a estrellarse contra el asfalto muriendo en el acto. Obviamente, se trató de un infortunio, no de una mala jugada del maligno. Que la película sea extraña y claramente malrollera, es otro cantar. Eso si, la muerte del director, sirvió para que la película se convirtiera inmediatamente en un éxito de culto, al menos en el extranjero, donde goza de cientos de cuidadas ediciones en dvd, mientras que en España apenas congregó 600.000 paupérrimos espectadores del año 73 en los cines, y se editó en vídeo de mala manera.
Muerto Guerín, tomo las riendas de la dirección Juan Antonio Bardem.
Siendo justos, valorar la copia final de “La campana del infierno” sería dar palos de ciego, puesto que, si, las imágenes que rodó Guerín están ahí, pero el montaje definitivo no deja de ser la visión de Bardem, que tuvo que intuir lo que Guerín quería para la película, diciendo los más cercanos al director original , que solo este tenía una idea de lo que quería contar en esa película, y que lo llevaba en un secretismo tal, que el resultado de lo que hoy conocemos es posible que no llegue ni a aproximarse a lo que podría haber sido.
En cualquier caso, el puto fandom la endiosa solo porque su director tuvo un accidente. Efectivamente, la película  es todo un ejercicio de estilo, esos montones de planos complicadísimos, esa estética como nunca se había visto en una película española, ese sexo que pasó la censura estando Franco vivo… si, innova. Es más, Guerín probablemente, es un gran esteta, y no dudo que fuese, incluso, un gran director, pero el montaje del que hace gala la película, lo que finalmente se nos muestra y cuenta, es un coñazo. De los buenos además. Una de cal y otra de arena. Pero los idiotas del fandom tildan a esta película de obra maestra, basándose en que su director murió durante su confección. Bueno, si así son felices…
En definitiva, que la película, obviamente, es un desbarajuste por lo obvio, que visualmente es potentísima, pero en definitiva, es un coñazo que hay que cogerlo con pinzas.
Ahora ¿Curiosa? Un rato. Y moderna y arriesgada… pero si el director no pudo acabarla, que lo haga otro suele ser un error. Lo fue con “Lagrimas negras” de Ricardo Franco y que acabo Ricardo Bauluz, lo fue con “The Revenge of the Alligator Ladies” de Jess Franco y que terminó Antonio Mayans y, lógicamente, lo es “La campana del infierno”.
Luego está el factor mito: Se ha oído tanto hablar de la película, se ha leído y se especula tanto, que siempre uno espera ver algo fuera de lo común. Pero tenemos ya las retinas quemadas.
Aunque insisto, lo que da gusto es el sentido estético de  Guerín. Esos planos imposibles que le costaron la vida. Solo por eso…

jueves, 7 de agosto de 2014

SLUMBER PARTY MASSACRE 2

Durante la segunda mitad de los 80 "Freddy Krueger" y sus andanzas por la calle Elm se habían impuesto totalitariamente en el cine de terror. Todos los exploiters que hicieran honor a la etiqueta se sumaban a la tendencia reinante en busca de billetes verdes. Y el legendario oportunista Roger Corman no podía -ni debía- ser menos. Me lo puedo imaginar diciendo: "¿Pa qué molestarnos en crear una franquicia a lo "Elm Street" si ya la tenemos?". "¿Cual Sr.Corman?". "Hombre, aquella de "Slumber Party Massacre"". "Pero, jefe, eso era un "slasher" en plan "Viernes 13", no tiene nada que ver con el rollo "Freddy" y tampoco tuvo buenas críticas, ni mucho éxito". "¡¿Y qué más da, pringao?!, convierte a esa peli en un "Pesadilla en Elm Street" reduciendo las conexiones argumentales a un mínimo, mete pesadillas, mete sangre, mete tetas y mete a un asesino carismático, de look chanante y que suelte todo el rato chascarrillos y gracietas. O te vas a la puta calle". "OK, Boss, usted manda y yo obedezco". Dicho y hecho. Si el psycho-killer del "Slumber Party Massacre" original era un tipo de aspecto bastante mundano, sin ninguna característica demasiado sobresaliente, el hecho de que muriera en aquella era la excusa perfecta para hacer de él un personaje sobrenatural situado en el espectro opuesto, vestido de "Rocker from hell", cambiando su taladro convencional por uno en forma de guitarra eléctrica (que, imagino, se comería buena parte del presupuesto), muy llamativo, muy sobreactuado y muy aficionado a soltarse la lengua con chispeantes frasecillas graciosas cargadas de humor negro, la mayoría de ellas esputadas justo antes de cometer homicidio. Olé y olé.
Vi "Slumber Party Massacre 2" (1987) cuando llegó cual novedoso producto a nuesos video-prostíbulos cortesía de "Lax Vídeo" (gracias Enorm!). Me encantó, sobre todo por cierta secuencia de la que aluego hablaremos más extensamente. De hecho, me copié la puta peli. Con los años terminó ripeada en un dvd-r, que es el que revisé la otra noche, convencido de que mis impresiones iban a descender un porrón de peldaños.
Algo que no deja de sorprenderme es que aterrizara en nuestras fronteras con el título original intacto, más si tenemos en cuenta que, entonces -y aún ahora-, la primera no se había estrenado por aquí. Pero, ciertamente, ¿a quién cojones podía importarle?, en la época en la que los video-clubs dominaban la tierra, poco le preocupaban esos detalles al consumidor medio (y ahora, aún le preocuparían menos). De dicha entrega precedente ya hablé trágica y extensamente en su momento, así que nos ahorraremos esa parte.
La hermana de la única superviviente de la slumber party anterior va a cumplir años, así que montan otra. Poco a poco comenzará a tener pesadillas y visiones espeluznantes en las que el asesino del taladro la acosa. Finalmente, todo devendrá aterradora realidad cuando este se presente en la fiesta y monte la consiguiente escabechina. Como ven, un dechado de creatividad esplendorosa.
Para complementar el expolio del universo Elm Street, y aparcando el aspecto del asesino protagonista, podemos destacar sendas ideas y conceptos, por ejemplo las pesadillas, que se alternan de modo muy tonto y arbitrario con la realidad. Ahora duermo y me despierto gritando, ahora digo "Buenos días", salgo por la puerta y cortamos a mi otra vez durmiendo, etc, etc. Igual la intención de los filmmakers fuese inquietarnos, crearnos zozobra ante la duda de qué pertenecía al mundo de los sueños y qué a nuestro aburrido universo. Pero no lo consiguieron, logrando únicamente confundirnos y dar llamativas muestras de su incapacidad. Otros detalles bien deudores del amigo "Krueger" son las alucinaciones macabras, destacando esa en la que un pollo despellejado cobra vida y ataca a la chavala prota o, mejor aún, la famosa/infame secuencia en la que una de sus amigas luce un grano enorme en la faz que, al estallar, le echa litros de pus directos a la boca. De órdago. Incluso tenemos una escena en la que la protagonista se queda sobada mientras se da un jabonoso baño. Aquí no sale ninguna mano del agua, pero sí mucha pintura roja.
Ya sea por sus propios indudables conocimientos, o porque han leído a fondo mi respectiva reseña, sabrán que tras "Slumber Party Massacre 1" había toda una ridícula historia de feminismo panfletario, cosa por la cual Roger Corman contrató a un director con vagina (y que adaptaba el guión de un escritor con vagina). Bien, digamos que ahora la tontería vuelve a repetirse... aunque con matices. Vamos, que el rollo feminista creo que, en esta ocasión, es parte del entramado "exploitation" del business, que está ahí porque los posibles fans lo esperan. Digo yo. El caso es que también es una jaca la que se encarga de dirigir "Slumber 2", cuya trama puede entenderse como una metáfora del miedo al sexo. Nuestra protagonista es una virgen locamente enamorada de un jugador de futbol americano todo cachas, guapo y encantador. Cada vez que sueña con él y sus músculos, el asesino del taladro le interrumpe la polución nocturna para decirle que quiere hacerle el amor. Llegado su momento, este se convierte en algo físico y real justo cuando la niña se dispone a perder su himen y mutarse en mujer. Por lo visto la idea inicial era que el actor que daba vida al guaperas encarnara también al asesino, por aquello de -según palabras de la directora- "Mostrar dos caras de la misma moneda", y aunque finalmente la cosa no se materializó, algo quedó como bien prueba el "susto final" que no desvelaré por si alguno de ustedes tiene intención de verla. Curioso, sí, pero no deja de ser una enorme chorrada propia de mentes estrechas y almidonadas.
Pesadillas e hímenes a un lado, hay otra cosa que tiene una presencia constante en la película, y es la música. El rock. Supongo que impuesto ahí por maese Corman como parte del reclamo hacia la platea juvenil. El caso es que la prota toca en un poco verosímil conjunto de pop-rock. Y la excusa para liar la party es ensayar. De este modo, nos trufan la banda sonora de cancioncillas y hasta se marcan una especie de secuencia video-clipera en la que las girls bailotean al son de la canción de una película que echan por la tele, la excusa perfecta para que Corman pueda reciclar algo de su extensa filmoteca, en este caso "Rock and roll high school", célebre comedia estudiantil a mayor gloria de los "Ramones" (vilmente sustituidos por algo con unos royalties más asequibles, claro). A todo esto hay que sumar, como decía arriba, que el propio asesino le da al rockanró y de hecho -¡ahora sí!- hasta interpreta su propia canción. Lo han adivinado, amigos, este es el “magic moment” que me encandiló de chaval. Justo cuando se dispone a cazar a las chavalillas, aparecen unas luces de colores y el "driller killer" nos regala toda una actuación mientras canturrea una simpática tonadilla muy apropiadamente titulada "Let´s Buzz". Si "Slumber Party Massacre 2" merece ser recordada por algo, es por este material (que, seguro, localizan en youtube sin problemas). Y no acaba aquí la cosa, hasta la llegada del "The End" todavía nos comeremos más canciones, algunas de ellas en formato rockabilly y bien majas. Las hay que incluso suenan como acompañamiento de acosos y crímenes, nada menos. Sobra decir que, en el proceso, y acorde a la filosofía "Freddy", nuestro simpático asesino nos dedica unas cuantas miraditas, incluso nos habla directamente como parte del cachondeito.
¿Y qué más les puedo decir?, bueno, pues que la "muerte" del "driller killer" es una auténtica chufla. Que hay una coñeta final en los créditos, justo cuando dan la brasa con lo del copyright. Que los personajes lucen apellidos míticos ligados al cine de terror (sin ir más lejos, dos policías que aparecen se hacen llamar "Krueger" y "Voorhees", ¿alguien da más?). Y que el pifostio casi no alcanza los 80 minutos (¡¡fascinante!!).
En cuanto a recursos humanos, merece la pena que le echemos un ojo al reparto y demás.
Crystal Bernard interpreta a la angelical protagonista y a lo largo de su carrera no ha hecho gran cosa más (mucha televisión), salvo por una puta marcianada, "Welcome to paradise", un dramón de contenido abiertamente cristiano que no sería digno de mencionar si no fuese por su director y co-guionista, Brent Huff, "action hero" de serie Z en cuyo curriculum uno encuentra los directores y títulos más asombrosos, destacando entre ellos Bruno Mattei (para quien protagonizó "Serpiente Sam, nacido para luchar" o "Cop Game"), Fred Olen Ray (en "El poder de las armas") o Worth Keeter (en "Scorpio One"). También compartió protagonismo con Sho Kosugi en "Las nueve muertes de ninja", nada menos. Y como director posee varios films, destacando, además del citado, uno titulado "Mercenarios de élite", con protagonismo de Robert Davi y Roddy Piper y que se presentaba como todo un precedente de –lo han adivinado- "Los mercenarios/The expendables". ¡Qué pazote!.
Kimberly McArthur sobresale por sexy tanto como esos generosos pechotes que oculta tras un biquini y que, desgraciadamente, no nos muestra. Pero que no cunda el pánico, la chavala venía de la factoría "Playboy", donde se dejó fotografiar y filmar en pelota picada un porrón de veces (y, créeme, merece la pena que busques en Google). Volvería a hacerlo en películas de categoría como "Los locos del bisturí" (tremendo despliegue de glándulas mamarias), "Quien tiene una suegra tiene un tesoro" o "Malibu Express" del inevitable Andy Sidaris (el Russ Meyer del cine de acción de serie Z). Según Imdb, cuando firmó el contrato para actuar en "Slumber Party Massacre 2", impuso una condición: que no se desnudaría. Resulta fácil deducir que, pa entonces, la pobre estaría ya hasta el coño de enseñar las tetas. No se lo tenemos en cuenta.
Tampoco son mancas Juliette Cummins y Heidi Kozak. De la primera ya hablé cuando la reseña de "Viernes 13, 5ª parte", allí era la hermosa pelirroja de tetillas escuetas, las mismas que también muestra en "Slumber 2" (y que se erige como el único top-less de toda la puta peli), volveríamos a verla en otra secuela horrorífica de renombre, "Psicosis III". A la segunda también podemos localizarla en un "Viernes 13", el séptimo, además de otras cosillas como "Society" (la de Brian Yuzna). Dos chicas con "pedigree".
La directora, Deborah Brock, tiene un currículo bastante curioso. Todavía dentro de parámetros Cormanianos, se encargó de llevar las riendas de un producto infantil, "Las aventuras de Andy Colby", y de la tardía secuela de, nada menos, "Rock and roll high school", titulada "Rock and roll high school forever" y con protagonismo de Corey Feldman, de cuando vivía obsesionado con ser Michael Jackson. En funciones productiles la Brock ha puesto su contundente apellido a títulos tan curiosos como "Cariño, he agrandado al niño", "Frío como el acero. Buscando venganza" (secuela de aquella, protagonizadas ambas por el olvidado Brian Bosworth) y, esta sí es rara, la tragicomedia indie a mayor gloria de Vincent Gallo (que pa algo es prota, dire y co-guionista) "Buffalo '66".
Los resultones efectos de maquillaje (no hay mucha truculencia, solo unas ajustadas dosis) corren a cargo del ya fallecido James Cummins (sin aparente vinculación familiar con Juliette Cummins) de lustrosísima trayectoria, repleta de títulos bien reconocibles como "Extraños invasores", "Cosmos mortal" (aquella chunguez producida por Carlos Aured), "House, una casa alucinante", "Profundidad seis" e incluso anduvo por "El exterminador", "La cosa" y "Muertos y enterrados". También dirigió (y guionizó) sus propias películas, todas ellas destinadas al rincón más lúgubre del mercado videográfico, como "The Boneyard" que posee cierto culto (sobre niños zombie y caniches mutantes), "Dark: 30" (ni puta idea) o "Harbinger" (ni puta idea).
En cuanto a la saga “Slumber Party Massacre”, conoció una tercera entrega justo cuando el “slasher” renacía de la mano de “Scream” (¡¡que casualidad!!), dirigida y escrita por otro par de chatis, encabezonadas en mantener el rollo feminista (aquí el asesino del taladro es impotente) y que retomaba el tema realista, sin sueños ni polladas (las modas mandan, amigo). Curiosamente tiene “buena prensa” y por lo visto es bastante generosa en cuanto a sanguinolencias, pero debería verlo para creerlo.  Se comenta la existencia de una cuarta parte titulada “Cheerleader Massacre”, firmada por el temible Jim Wynorski, pero los expertos niegan que tal costrosa cosilla pertenezca a la franquicia. Expertos que decidieron formar piña y crear un absurdo culto hacia “Slumber Party Massacre”, sus secuelas, sus spin-offs y sus loquecojonessea. Tremendo.
Cuando decidí revisar "Slumber Party Massacre 2" llevaba varias noches dedicadas al visionado de películas prestigiosas (justificado especialmente en el caso de la muy notoria "12 años de esclavitud") y el cuerpo me pedía mierda. Pero de la güena.
No hace falta decir que la elección resultó ser mano de Santo.

miércoles, 6 de agosto de 2014

ANTISOCIAL

Como no sentir curiosidad por esta película tras ver el título y el póster. Que sugerente ¿verdad? Pues olviden todo lo que se les pase por la cabeza al respecto que no van por ahí los tiros. “Antisocial” cuenta, básicamente, que los usuarios de redes sociales, y en especial los una que bien podría ser facebook, pero a la que bautizan con otro nombre en el film, son una panda de retrasados mentales que deberían estar muertos. Bueno yo soy adicto a las redes sociales, además en plan choni, colgando en el acto fotos de momentos destacables y demás chorradas barriobajeras, pero salvo por el alto estima que me tengo a mí mismo y porque, obviamente, hay que salvar distancias, no le falta razón al autor del argumento. Entonces, en base a eso, se construye una historia en la que el uso de las redes acaba convirtiéndose en un virus que atrapa a los usuarios hasta convertirlos en infectados (es decir, zombies). Así que un grupo de jóvenes se ven atrapados teniendo que lidiar con esta panda de internautas. Dos jóvenes que, no obstante, han cerrado sus cuentas, son los héroes de la función.
Soy poco amigo de los festivales, y más en concreto de los dedicados a cine fantástico y de terror, sobretodo por el tema social, odio tener que dar la mano y charlar hipócritamente con individuos que están ahí para aparecer en la foto de rigor (sino de las redes sociales, de sus blogs de mierda, portales o demás) a los que odio con todas mis ganas y a los que mataría sin pestañear si estuviera en mi mano –y si no fuera una persona terriblemente cabal-  y en un segundo orden, no hay lugares donde me haya aburrido más que en los festivales de cine fantástico de los últimos años, viendo películas. Porque, salvo honrosas excepciones, las películas festivaleras actuales, son la cosa mas aburrida y sosa que me he echado a la vista.
“Antisocial” es una de estas películas festivaleras pasada, sin ir mas lejos, en el último festival de Sitges. Pues cumple con todo lo que ya podíamos llamar “una peli festivalera”, esto es: estética barata de retoque de color en el montaje, que es una seña de identidad de todo el cine fantástico independiente actual, que con el fin de hacer parecer menos cutre a su película rodada en vídeo de alta definición, se recurre a este tipo de filtros tan repugnantes y despersonalizados  que solo existen para camuflar. Montaje gratuito, con muchos planos innecesarios y  filmados cámara en mano, que es también ya una seña de identidad para este tipo de productos. Creen que esto otorga dinamismo… yo digo que están escribiendo otro manual. Gran protagonismo femenino y la intención de convertir a estas en seres infinitamente inteligentes en contraposición a los personajes masculinos, básicamente, trozos de músculo con solo la jodienda en la cabeza. Y finalmente, mucho, mucho… infinito aburrimiento.
Además estas pelis, son tan impersonales, tan cortadas por el mismo patrón, que parecen todas la misma película. De hecho, ni tan siquiera me di cuenta, de lo impersonal que era, que esta película ni siquiera es amerícana: es Canadiense. Y especialmente vomitiva en todos los aspectos y sentidos.
Así pues, tomo la firme decisión de dejar de ver este tipo de productos festivaleros. Son todos una mierda.
Este bodrio es el debut en el largo de un individuo llamado Cody Calahan. Pues que le sea muy leve.

lunes, 4 de agosto de 2014

DUELO DEL DRAGÓN Y EL TIGRE

Las “Brucexploitation” trajeron como consecuencia, que los clones de Bruce Lee se volvieran estrellas zetosas que lograban atraer culos a las butacas. Por eso, Bruce Le (con una sola “e”) llegado un punto de su carrera en el que era consciente de que, a pesar del nombre impuesto para el cine que recaía sobre sus hombros, explotar la imagen del pequeño Dragón ya era una cosa secundaria, se lanzó a la piscina con estas cosas de artes marciales contemporáneas mezcladas con unas buenas dosis del cine de agentes secretos, la locura reinante en este tipo de productos aquella época, y los elementos primordiales a la hora de fabricar un éxito: Sexo, violencia y modernismo.
Por eso, Bruce Le, para esta película cargó todo de esos elementos, más uno que, también, se puso de moda en el cine de kung fu serie Z de aquellos años: El Europeísmo.
Así que en esta ocasión, Le, se alía con los italianos en la producción y se viene a rodar a España una historia en la que él es el elegido, junto al agente Inglés Richard (interpretado por el pobre Richard Harrison, al que estos putos Chinos tanto putearon) para encontrar una formula secreta que circula en manos malosas. Esta formula, descubierta por científicos españoles posteriormente asesinados, puede ser súper perniciosa para la humanidad, así que deben encontrarla como sea, contando que mientras que el Inglés es un mujeriego que puede echarlo todo a perder por oler un coño, el Chino es un ser impulsivo y violento. Echarlo todo a perder, no es para nada descabellado.
Lo que es descabellada es la puta película, de las más malas de esta gentuza que me he echado a los ojos y no del todo divertida, como parecía en un principio. Lo que, como siempre digo, es motivo de elogio en esta casa, y no de denuncia.
Y es que, si de primeras apunta a que todo va a ser un desmadre incomprensible, pulpero y postmoderno como lo era “La saga de Bruce Lee” (aquella en la que todos los clones de Bruce Lee aparecen juntos), pronto la cosa pierde fuelle y pasa a ser una peli de artes marciales de las mas flojas, con unas coreografías de lo más sosas, y con un imperante aburrimiento por bandera. Pero destacaré que la primera media hora es un tremendo delirio con tetas por todos lados;  Solo por el partido de tenis que juegan las chicas del harén de Richard Harrison, ya merece la pena ver la película, porque si los desnudos gratuitos siempre están a la orden del día en este tipo de films, en este ya no es que sean gratuitos, es que se consigue que te descojones de una bella señorita de enormes tetas… porque, ¿Qué coño hacen jugando al tenis con toda la indumentaria del tenis femenino, pero haciéndolo con las tetas al aire? Todo eso acompañado por cámaras lentas que realzan esos movimientos mamarios.
Por otro lado, siempre es habitual que en estas pelis, todo el mundo sepa hacer Kung fu… Vale que Richar Harrison haga sus movimientos, pero ver a Tito García, secundario del cine español de toda la vida, que aparecía en las películas de “Parchís”(pincha aquí para ver su jeto), haciendo un par de movimientos de Kung Fu… eso es para mear y no echar gota. Vamos lo mejor de la película.
Por otro lado, decir que si los Japoneses años atrás se colgaron la medalla de hacer una escena de Kárate con un hombre enfrentándose a un toro en un tendido, Bruce Le tomó buena nota de aquella película, “KarateBull Fighter”, y aquí plagia casi plano por plano ese enfrentamiento, solo que vemos claramente que cuando Bruce Le arrea al toro, este es claramente un muñecote, y lo entremezcla con planos del toro yendo a su bola por el tendido. No tuvo huevos a meterse con un toro de verdad. A su favor decir, que esta escena es, además de infinitamente más ridícula que la de “Karate Bull Fighter”, mucho menos violenta afortunadamente.
Y salvo estas estridencias tan míticas (“Duelo del Dragón y el Tigre” es una película muy popular, por lo obvio,  dentro del circuito de aficionados al cine de artes marciales) como reconocibles y que le otorgan valor a la cinta, el resto de la misma no es demasiado destacable, ni entretenida, ni rara. Eso si, la galería de secundarios, con los españoles a la cabeza, no tiene desperdicio. Junto a Bruce Le y Richard Harrison, y el anteriormente mentado Tito García, tenemos a Nadiuska, Bolo Yeung, José Riesgo o Hwang Jang Lee.
En la dirección solo sale acreditado Bruce Le, pero las malas lenguas dicen que Richard Harrison metió algo de baza, y que el hombre que de verdad la dirigió fue Luigi Batzella, responsable del “Nazixploitation” “La Bestia en calor” entre otras.
Mala… pero de esas con encantillo.