“Fiesta de empresa” es una película que sirvió para hacer un balance del mal estado de la comedia americana en salas de exhibición españolas.
Es muy triste, inaudito y sorprendente que una película como esta, una comedia de 40 millones de presupuesto, que consigue recaudar algo más de 100 millones en todo el mundo, en España tan solo recaude 17.391 euros. Se desplazaron a verla unos paupérrimos 2.930 espectadores. Muy atrás quedan los tiempos en los que las comedias americanas llegaban a pasar del millón de espectadores. Ya andaba mal la cosa en 2016, año de producción de esta película, pero ahora, en pleno 2026, con la asentación de las plataformas de streaming y la exhibición tocada tras la pandemia, la poca comedia americana que se produce actualmente ha quedado relegada al nicho de las plataformas.
Al margen de esta observación, hay que decir que “Fiesta de empresa” es una de esas comedias navideñas que lejos de ensalzar los valores familiares a raíz de la reivindicación del espíritu navideño, los destruye, al igual que ocurre en otras películas navideñas de los últimos años como por ejemplo “Los Tres Reyes Malos” al servicio de Seth Rogen y amigos.
Una empresa de redes y tecnología no pasa su mejor momento; los pocos ingresos que obtienen propician que una de sus sucursales esté en el punto de mira, a no ser que logren embaucar a alguna otra empresa que quiera trabajar junto a ellos. De hecho, la gerente y hermana del director de la sucursal que va a iniciar un viaje a Londres, advierte que si no consiguen que cierto cliente invierta en dicha sucursal antes de que ella llegue a su destino, cerrará la misma inmediatamente. Es por ello que el director de la empresa gasta todo el dinero que le queda en organizar una gran fiesta de empresa para sorprender al posible inversor, impresionarle y cerrar un trato. Sin embargo, esta fiesta se les irá de las manos convirtiéndose en algo absolutamente salvaje.
No está nada mal esta “Fiesta de empresa”. Se trata de una comedia muy solvente y bien ejecutada que, no obstante, se vende a sí misma como mucho más desmadrada de lo que en realidad es. Y el humor va de menos a más sal gruesa según le conviene. La fiesta de empresa, con toda la locura que esta conlleva, al final es una trama muy secundaria, dando más prioridad a los avatares por los que han de pasar nuestros protagonistas para cerrar el trato con el inversor, que están solucionados de manera más blanca. En definitiva, que la gran fiesta que da título a la película, ocurre de pasada.
El film se inspira en un sketch de “Saturday Night Live” en el que los empleados de una empresa montan en la oficina una fiesta salvaje. Un sketch de unos minutos que sirvió de gen para toda una película que contará en su reparto con los miembros del “SNL” Kate McKinnon, Jillian Bell y Vanessa Bayer, tres mujeres que son máquinas de hacer reír y se echan la película a la espalda a pesar de representar roles muy secundarios.
A parte de las chicas “SNL”, los principales reclamos son un rescatado —y ahora también prestigioso— Jason Bateman, lejos de sus tiempos de actor más odiado a raíz de “Teen Wolf II”, y Jennifer Aniston en plena madurez física e interpretativa que está francamente bien en “Fiesta de empresa”. Acostumbrado como está el público a verla hacer de pija mona y afable, el verla aquí interpretar a una autentica arpía no tiene precio, máxime cuando consigue con tanta convicción que el personaje caiga mal al espectador. Su papel es odioso. Josh Gordon, uno de los directores, declaró que estaba pensado para Jennifer Aniston ya que él sabía que a la hora de encarnar a un personaje cabrón, la Aniston lo haría a la perfección. Dio en el clavo porque está memorable.
Completan el elenco principal T. J. Miller, actor de la última hornada al que le queda todavía un largo trecho para despuntar, y el veterano Courtney B. Vance, que nos ofrece, sin duda, los momentos más hilarantes del film. A Vance le hemos visto, por ejemplo, en títulos como “La mujer del predicador” o “D-Tox (Ojo asesino)”.
Dirigiendo tenemos a los dos chicos a los que les tocó la china tras pasar algún que otro año moviendo el guion que tenían en su poder, Josh Gordon y Will Speck, cuyo trabajo de mayor repercusión hasta la fecha es “Patinazo a la gloria”, vehículo para el lucimiento cómico de Will Ferrell.
Gran anécdota la que cuenta que para el rodaje se compraron montones de muebles que deberían quedar destrozados al final de la película. Sin embargo, muchos permanecieron intactos, y lejos de poder usarlos en futuras producciones, fueron donados al "Furniture Bank of Metro Atlanta", una fundación benéfica que provee de muebles de manera gratuita a aquella gente que, por problemas de índole doméstica, tiene que cambiar de domicilio de manera inesperada.
No es mala película esta “Fiesta de empresa”.
