martes, 6 de enero de 2026

ROSAS BLANCAS PARA MI HERMANA NEGRA

Tremendo melodrama mexicano de corte sensacionalista, que, con los ojos puestos, sin ninguna duda, en el cine de Douglas Sirk, hubiera enloquecido a Almodóvar de haberla visto. Claro, que a lo mejor sí lo ha visto y, claramente, ha influenciado en su cine.
Como fuera, nos encontramos ante una producción de Abel Salazar, director de la cinta, que además de haber dirigido títulos tan delirantes del cine mexicano como pueda ser “Ya nunca más”, aquella locura enfebrecida para lucimiento del cantante Luis Miguel, o el “Tootsie” mexicano con “Quisiera ser hombre”, venía con una larga trayectoria como productor del más granado cine de terror de la época dando luz verde a films como “El barón del terror”, “La venganza de La Llorona” o el clásico “El Vampiro” entre otras.
Se trata de una película que, en su afán por hacer un alegato anti-racista, al final, de aquella manera y por los pelos, acaba siendo lo contrario. Además de tratarse de un film morboso y explícito, muy a la mexicana.
Cuenta la historia de Laura, una mujer que durante años ha tenido una excelente relación de amistad con Angustias, una sirvienta negra, y con su hija Roberta. A la mujer se le llena la boca diciendo que no pasa nada por ser negro, que la sociedad ya no es racista, e incluso apoya la relación de Roberta con un hombre blanco. Pero Laura también tiene una hija, Alicia, que llega un día a casa a presentar a su novio, un brillante médico (y parece que hasta cirujano del corazón) que, mira tú por donde, resulta ser negro. Ahí cambia todo el rollo porque, a pesar de ser una mujer anti-racista, Laura no quiere tener un negro en la familia. Y comienza el conflicto.
La cosa se complicará cuando la hija, Alicia, cae enferma de gravedad y con una única solución para continuar viva: Un transplante de corazón. El resto se lo pueden imaginar (si no quieren que les haga spoiler).
La película, datada en 1970, es claramente un artefacto de naturaleza exploit camuflado de panfleto cargado de buenas intenciones, además de un drama de padre y muy señor mío —he de reconocer que hasta se me saltaron los lagrimones en alguna secuencia especialmente desgarradora—. Sin embargo, estilísticamente, me parece una pasada. No solo está dirigida con solvencia, sino que la manera de iluminar de Salazar en las escenas de mayor dramatismo, o según el estado de ánimo de la protagonista, Laura, son todo un alarde “marcapaquete”, dicho en el buen sentido. Entre eso, y que la película no se corta en mostrarnos, como mandan los cánones mexicanos, una operación a corazón abierto real con todo lujo de detalles, “Rosas blancas para mi hermana negra” se convierte en una de las películas más bizarras que he visto últimamente.
Pero lo más importante de todo es que, a pesar de que por momentos el argumento está trillado y es previsible a más no poder (supongo que en 1970 no lo sería tanto), la película es condenadamente entretenida. Y como los buenos culebrones, engancha, hasta tal punto, que en todo momento quieres saber que pasará. Vamos, que me ha gustado horrores.
El reparto está compuesto por artistas más o menos reconocidos de la época; como Laura tenemos a Libertad Lamarque, cantante de tangos argentina y toda una estrella en Latinoamérica; Roberta sería la cantante Robertha, peruana de cierto éxito en México en los años 60, cuyo estilo se asemeja curiosamente al de nuestro Raphael; Eusebia Cosme, reputada poetisa y actriz de los caminos en su Cuba natal, o Steve Flanagan, cantante de soul sin suerte tanto en su profesión como en el cine: esta sería su única incursión.
Y a continuación, una anécdota: tras la absolución por parte del jurado a los cuatro agentes de policía que asesinaron usando la fuerza bruta a Rodney King, un asesinato absolutamente racial, el 29 de abril de 1992 el pueblo de Los Angeles se levantó en señal de protesta por este veredicto en lo que se llamó “Los disturbios de Los Angeles”. Fueron más de seis días de incendios provocados, revueltas y saqueos, que se concentraron en la zona de South Central L.A. Por supuesto, el suceso se convirtió en una noticia de nivel internacional con gran revuelo popular. El 3 de mayo, justo con los disturbios a punto de finalizar, pero con la sensibilidad a flor de piel, "Antena 3" TV emitió “Rosas blancas para mi hermana negra” en horario de medio día. Desde luego, no fue una elección muy adecuada teniendo en cuenta lo acontecido. El crítico del diario "El País", ofuscado por la situación, publicó lo siguiente el día de la emisión de la película: «Antena 3 debería puntualizar que este título estaba programado antes de los levantamientos de Los Ángeles. Y esto no es demagogia. En este insulso folletín, una chica blanca y una chica negra comparten una amistad incomprendida. Premonitoria».
No se a ustedes, pero a mí esta anécdota me hace cierta gracia...