¿Recuerdan cuando en España nos tiraba tanto eso de poner títulos mega-absurdos al cine llegado de fuera, especialmente el norteamericano? Pues aquí tenemos un ejemplo morrocotudo: "El misterio de la pirámide de oro" es el rebautismo que le dieron a... ¡"Vibes"!, es decir, vibraciones (un caso no tan distinto al de "The Tomb / El misterio de la pirámide"). Y vibraciones (o "vibras", como dice la juventud de hoy) es lo que siente el protagonista cada vez que sujeta un objeto en sus manos, porque dispone de la capacidad de saber dónde ha estado, a quien pertenecía y el diámetro de su ojete... todo. Él y una chavala capaz de mantener coloridas charlas con una presencia espiritual que la acompaña a todas partes, son requeridos por un tipo para dirigirse a Ecuador donde, dice este, se ha perdido su hijo y, así, localizarlo. Por supuesto que es mentira, y la finalidad del engatusamiento consiste en dar con oro que luego no es tal, es más que eso. Ahora cojan semejante argumento y añádanle mucha comedia y algo de romanticismo, con lo que el resultado sería, tal y como dijo la crítica de su época -la de 1988-, una combinación de "Indiana Jones y el templo maldito", "Los Cazafantasmas" (nada más iniciarse, en ambas presenciamos un experimento psíquico mediante cartas Zener) y "Tras el corazón verde". Considerando que esta última ya era de por sí una copia -con calidad y estilo, sí, pero copia al fin y al cabo- de las aventuras del arqueólogo del látigo, lo dejamos en las dos primeras. Una "romcom" de aventuras fantásticas cuya función consistía en lanzar al estrellato cinematográfico a una exitosa cantante pop, más ochentera que los quilos de laca que solía ponerse por encima de las cejas, Cyndi Lauper... síiii, la de la canción de los "Goonies". Su partenaire no es otro que un Jeff Goldblum en plena forma (y mira que tenía un método peculiar el hombre, pero mola, conectas), el bueno de Peter Falk, el malogrado Julian Sands, otro grande, Michael Lerner, y en papeles de quita y pon, Steve Buscemi y Elizabeth Peña.
Así pues, nos encontramos con otra consecuencia más del tremendo pepinazo que supusieron las películas del aventurero "Indy" en su momento, solo que esta respaldada por toda una "Paramount", efectos especiales del respetado Richard "Star Wars" Edlund y dirección de Ken Kwapis (¡wapi!) , un señor que venía de la tele, hizo algunos intentos destinados a la gran pantalla ("Barrio Sésamo: Sigue a ese pájaro", "Él dijo, ella dijo" con Kevin Bacon, "Hasta que el cura nos separe" con Fernando Est.... no, con Robin Williams) que, presupongo, no funcionaron muy bien, así que volvió a la caja lerda y ahí se quedó (donde tampoco le fue demasiado mal, llegó a dirigir un capítulo de "Cuentos Asombrosos", por ejemplo). Ello explicaría pues que "Vibes" no sea ultra-popular, y Cyndi Lauper tampoco se convirtiera en la siguiente ¿Cher?. La cosa arranca bien, con ritmo y chispa, pero a medida que avanza, y cuando el asunto aventurero debería chorrear por los fotogramas, va perdiendo gas, a pesar de que aparque un poco la coña y apueste por un mayor dramatismo. Demasiado "bla, bla" que la supuesta química entre Lauper y Goldblum no sostiene. Y el clímax, cuando los efectos especiales estallan a base de luces, rayos y brillos, se nota contenido y demasiado poco espectacular.
Resumiendo, para ver así un rato tonto a base de compartir pantallas (la del televisor, la del móvil) y luego devolver al estante en el que estaba, el de las justamente olvidadas.
sábado, 3 de enero de 2026
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