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sábado, 3 de abril de 2021

INSPECTOR CLOUSEAU

Debo reconocer que no soy un devoto de la primera "Pantera Rosa". Es una película agradable, sí, solo que no conecto mucho con esa clase de comedia sofisticada a base de enredos y cuernos. Lo mío es más el absurdo y el delirio. Además, el Inspector Clouseau tiene un papel secundario y produce mucha lástima ver cómo todos se pitorrean de él aprovechándose de su inocencia (especialmente la golfa de su señora). No es esta una impresión actual. Ya de chaval, atraído por el concepto de un detective patoso, me la puse a ver esperando un show de Peter Sellers y me decepcionó (salvo por los maravillosos créditos animados y la fabulosa partitura de Henry Mancini, por supuesto). Digamos que "El nuevo caso del Inspector Clouseau" era más adecuada. Y sí, la disfruté y la disfruto, pero no me deslumbra (y, una vez más, la animación de los créditos, así como el tema central de Mancini, son insuperables). De "El rey del peligro" no hablaré mucho. Clouseau ES Peter Sellers y punto. De hecho, salvo por el genial cartel de Jack Davis, nunca llegué a verla... hasta hace poco y, efectivamente, pude corroborar mis malos presagios. Mediocre y bastante aburrida.
En realidad no fue hasta los años 70 (concretamente 1975) que el sagaz detective francés se acopló a mis verdaderas apetencias. Aumentó su estupidez, el humor se adaptó a los tiempos modernos y, en general, Blake Edwards, de la mano del productor ejecutivo de todas ellas, Tony Adams, apostó por una mayor dosis de slapstick, delirio y caos. Y sin que faltaran esos grandiosos títulos de crédito a base de animación, donde la estética y, concretamente, el diseño del dibujo de Clouseau, se mantiene en todas las entregas, lo que le otorga una gozosa sensación de continuidad y "compacticidad". Por ese motivo, recientemente decidí revisarlas todas y dedicarles unas pocas líneas que comparto con ustedes gustosamente. Dice asín:
EL REGRESO DE LA PANTERA ROSA: Superada la novedad de ver a un Inspector Clouseau más viejo situado en plenos años setenta, y superada la escena de su enfrentamiento con Cato -totalmente descojonable, la mejor de la saga, en parte gracias al efecto cámara lenta- lo que queda es una película que solo funciona cuando nos centramos en Clouseau y su jefe, Dreyfus. Las escenas intermedias con Christopher Plummer (sustituyendo al original David Niven en su papel de Fantasma), más serias y deudoras de las aventuras de un 007 cualquiera, nos sacan de la peli y aburren. Han robado la Pantera Rosa y Clouseau tiene que ir a por ella. Sin más. Para pasar el ratillo.
LA PANTERA ROSA ATACA DE NUEVO: Supongo que Blake Edwards tomó buena nota de lo que gustó al público en la previa y decidió que la nueva se iba a centrar en el conflicto entre Clouseau y Dreyfus, ya en plan desmadre total. De hecho, este último se convierte en un megalómano digno de comic, o de serial, con su capa, su castillo y su rayo destructor. La peli adquiere unos tintes de delirio absoluto y completo, con predominio del absurdo y momentos de puro slapstick. Es por eso que se trata de mi favorita de toda la saga, idea que, según he podido leer, comparto con bastantes seres humanos. Es la más entretenida, divertida y compacta narrativamente. Se cierra con una simpática parodia animada de "Tiburón". Recomendable.
LA VENGANZA DE LA PANTERA ROSA: Da la sensación que Blake Edwards se arrepintiera de la locura reinante en la película previa -de hecho, se sabe que a Peter Sellers no le gustaba ni un pelo- y decidiera "olvidarla" a la hora de abordar esta nueva entrega. Para empezar, Dreyfus reaparece justo donde le dejaba "El regreso de la pantera rosa", obviando su condición de villano de opereta -y final- en "La pantera rosa ataca de nuevo" y luego el tono se asemeja más al de "El regreso...", sin perder demasiado las formas. Aquí Clouseau se convierte en blanco de la mafia, dispuesta a aniquilarlo a toda costa. Puede que sea algo más efectiva que "El regreso....", pero sigue siendo inferior a "...ataca de nuevo". Resulta gracioso ver cómo refleja un poco la "fiebre Disco" que se desarrollaba en aquellos momentos. En cuanto a parodias cinéfilas directas, aquí le toca a "El Padrino", con un Sellers caracterizado de gangster y los carrillos bien hinchados a lo Corleone. Otra para pasar el ratillo.
TRAS LA PISTA DE LA PANTERA ROSA: Última de las entregas de las aventuras del Inspector Clouseau encarnado por Peter Sellers, y una con drama de por medio. Dos años después de la muerte del actor, y disponiendo Edwards de un montón de material descartado en su momento -la mayoría perteneciente a "La pantera rosa ataca de nuevo"- se anima con un recorta y pega al que titula "Tras la pista de la pantera rosa" y estrena a principios de los años ochenta. En la trama, se supone que Clouseau pilla un avión y desaparece, lo que motiva un especie de reportaje por parte de una periodista que entrevista a aquellos que le trataron, quienes rememoran vivencias, que no son otra cosa que un "best of" de las pelis previas, incluso las más antiguas. Un desastre absoluto y tremendamente aburrido. La viuda de Sellers demandó a los productores y ganó, con toda razón. Hay una directa alusión en los animados créditos iniciales a "Pacman", tan de moda entonces. Mejor evitarla (si les pica la curiosidad, aquí tienen sus fotocromos).
La siguiente del pack -y única que he visto en el cine- sería "La maldición de la pantera rosa". Y la última, "El hijo de la pantera rosa", es del todo prescindible, con un Roberto Benigni como Clouseau Junior que, a ratos, únicamente logra provocar vergüenza ajena. Un modo muy lastimoso de chapar la franquicia (hasta los simpáticos remakes, pero esa es otra historia).

miércoles, 8 de octubre de 2008

LA MALDICIÓN DE LA PANTERA ROSA

De chaval sentía verdadera fascinación con el póster de esta película. La idea de disfrutar de las aventuras de un nuevo detective patoso caracterizado por unas grandes gafas me parecía maravilloso. Fui al cine a verla con mi abuela, creo recordar, y en general me llevé una notable decepción. Pero el paso de los años no acabó de borrar el recuerdo de algunos momentos destacados, y tras mucho perrear, por fin decidí repetir.
Siempre he creído que las mejores pelis de la pantera rosa son las que producía Tony Adams. Lo que no comprendo es por qué a este, y al creador de la serie Blake Edwards, les costaba tanto entender que una nueva peli del tema sin Peter Sellers como Clouseau sería, no una mierda, pero desde luego algo bastante mediocre. A pesar de ello insistieron, y no durante pocas ocasiones. Concretamente, "La maldición..." se hizo tres años después del fenecimiento del actor británico, y además, con la errónea idea de colar a un nuevo Clouseau en pantalla, el improbable sargento patoso Clifton Sleigh, interpretado por un más o menos resultón Ted Wass, que figura en los créditos casi al final de todo, a pesar de que es quien más rato aparece en pantalla. El señor Wass estuvo activo como actor -televisivo- hasta mediados de los 90, para pasarse a la dirección -televisiva-, a la que aún hoy sigue dedicándose.
"La maldición de la pantera rosa" nos cuenta cómo el Inspector Clouseau desaparece, y el gobierno decide usar una computadora para elegir al mejor policía del mundo cuya misión será localizarlo. Obviamente esa es una idea que no agrada nada al eterno némesis de Clouseau, el jefe inspector Dreyfus, que decide hacer trampa para que la computadora seleccione al peor candidato, quien resulta ser el mentado Clifton Sleigh.
El tono y look de la peli es idéntico al del resto de la saga. Repiten actores de renombre como David Niven, Capucine o el gran -y siempre gracioso- Herbet Lom. Robert Loggia también se deja ver por ahí. Hay una larga secuencia de artes marciales y Ted Wass se esfuerza en imitar las payasadas de Clouseau, quedándose únicamente en la superficie. Encima, más de la mitad del film se desarrolla en Valencia e Ibiza, nada menos. Uno de los aciertos es contar con Roger Moore en el reparto, en esa época un exitoso nuevo James Bond, y que figura ser el mismo Inspector Clouseau tras someterse a una sesión de cirugía estética. Vamos, que Moore hace de Moore.
En general el humor es muy tontorrón, muy simple, no despierta carcajadas ni mucho menos, aunque sí amables sonrisillas. Empieza peor que acaba, lo que no deja de ser algo positivo.
Un entretenimiento familiar sin mayores complicaciones.

miércoles, 17 de agosto de 2022

EL OTRO BAÚL DE TÍO VICENTE 15 - DECADENCIA ROSA

Desde las páginas de la revista "Casablanca" -Enero del 83-, un ofuscado Felipe Vega aprovecha el entonces reciente estreno de esa estafa enlatada que fue "Tras la pista de la Pantera Rosa" para dar un rápido repaso a la filmografía del "Inspector Clouseau" + "La pantera rosa" y, ya puestos, soltar un buen y merecido cachete a su responsable, Blake Edwards. Algo parecido a lo que nosotros mismos hicimos en este blog no hace tanto.
Para leer el berrinche en todo su esplendor: tecla Ctrl + boton izquierdo del ratón.
Para tener a Tío V. contento: ¡Graaaaacias ooootra veeeez tío Vicenteeee!




martes, 23 de diciembre de 2008

PAPÁ SE VOLVIÓ LOCO!!

Los intelectuales son unos fascistas de la hostia.
Cuando se estrena en nuestro país una película argentina, siempre la acompaña un halo de respetabilidad, es decir, que nos llega una de autor, con protagonistas que leen mucho, saben mucho y, sobretodo, hablan mucho. Todo esto da una imagen 
culta al cine argentino. A las modernillas se les cae la babita con los argentinos, porque creen que todos les recitarán poemas en la cama después de follar. Y a los modernillos se les pone dura con ellas (y con todas), pero se enamorará de una argentina porque hace una bonita pareja con sus gafas de pasta.
Os aseguro que he oído maravillas sobre Argentina y sobre lo cultos que son estos sudamericanos, que van por la vida de Europeos. Es mas, conocí a un infraser, con enorme flequillo, y cochambroso abrigo de espiguilla, que solo consumía cine de allí, porque decía que al menos aquellos cineastas tenían pocos medios, pero no hacían películas banales. A ese hijo de puta me gustaría ponerle la película que voy a comentar a continuación.
Y cuando dije al principio de la entrada que los intelectuales son unos fascistas, lo digo porque admiten el cine argentino con contenido social, intelectual y pedante, pero tirarían a la basura una película divertida y zafia como esta, en un acto de vil fascismo. Yo, sin embrago, hablo con conocimiento de causa, pues aun dándome asco el puto cine de autor (y más el argentino) al menos he visto (y admitido) películas como "El hijo de la novia" (muy bonita) o "Martín (Hache)" (un trozo de mierda).
A lo que voy es que los argentinos también hacen comedias chungas, cutres y comerciales, pero en nuestro país ni nos enteramos de su existencia. Es más, yo creo que incluso se oculta tal hecho.
"Papá se volvió loco!!" es una comedia tremendamente chusca, en la que un padre de familia se va con su mujer de segunda luna de miel al Caribe, junto con su cuñado y la esposa de este. Una vez allí, el desdichado se queda prendado de una monumental negra, y hará todo lo posible por seducirla y evitar que su mujer se entere de sus intenciones.
Un producto de consumo rápido, para ver y olvidar, pero muy divertido, con un protagonista al que, como si de un "Inspector Clouseau" se tratara, le ocurren tropecientas cosas, acabando siempre escayolado o con collarín.
Una mezcla entre las películas de Ozores y aquella "Malditas Vacaciones" de John Candy, que me ha dejado muy buen sabor de boca, por sus gags simplones pero efectivos y su falta de pretensiones. Imposible aburrirse con esta comedia de ritmo frenético. Si juntáramos todas las películas argentinas que se han estrenado en España y las multiplicáramos por mil, no llegarían a tener ni la mitad de ritmo que tiene ésta.
Para los pajilleros, advertir que, aunque la peli es blanca y no contiene ni un solo seno, sí que muestra los suficientes bikinis y tangas como para saciar sus fantasías.
El director, Rodolfo Ledo, se ve que está especializado en este tipo de comedias a juzgar por otros títulos de su filmo, como "Bañeros 3: Todopoderosos" o "Brigada Explosiva: Misión Pirata".
En el reparto tenemos interpretando a la esposa del prota a Lucía Galán. ¿Qué quien coño es esa? Ignorantes, es la fémina del famoso dúo "Pimpinela".
Me ha gustado la puta peli.

martes, 14 de junio de 2011

A GARROTE LIMPIO

Película Mexicana protagonizada por Rafael Inclán, famoso y querido actor que engrosó su extenso currículo a base de “Cine de ficheras” (es decir, el destape Mexicano) y de una series de comedias muy populares que le dieron fama. De hecho, sigue en activo en una carrera sin parones.
Un asesino en serie, se está cargando a una serie de señoritas de buen ver, y un detective tendrá que resolver el caso. De entre medias, se vivirán situaciones con más o menos gracia.
Nada nuevo en el horizonte. La película, es un híbrido entre las películas de LA PANTERA ROSA (De hecho, para hacer su personaje, Inclán mama sobremanera del Inspector Clouseau de Peter Sellers), y aquellos “Poliziescos” cómicos que protagonizaba Tomás Millian. En cualquier caso, cualquiera de las películas que esta toma como referencia (o que le encuentro yo similitud) es infinitamente mas divertida que esta.
Sinceramente; Anoche mientras la veía, una sensación de sopor me inundaba durante el visionado, pero la absoluta pereza fue la causante de que ni moviera el brazo para quitarla. Mientras esperaba a que el sueño se apoderara de mi, sufrí en mis carnes el mas absoluto de los aburrimientos ¡Y eso que se supone que es una comedia desmadrada!.
Eso si, la cosa nada mas comenzar, con una joven asesinada violentamente a base de picahielo, promete, las chavalitas que aparecen no andan mal de carnes, pero lo demás….¡Uffffffh! de lo mas insoportable que he visto, y creanme, he visto mucha mierda.
Dirige un tal Julio Ruiz Llaneza, Vasco de nacimiento, Mexicano de adopción, que se especializó en este tipo de comedias, y que terminó su carrera, coqueteando un poco con los “Home Vídeos”, pero sin dejar que estos le absorvieran.

viernes, 31 de enero de 2020

LA JAULA DE LAS LOCAS

Renato y Albin con sus crisis propias de homosexuales bien entrados en la mediana edad, se ven envueltos en una trama policíaca sin comerlo ni beberlo, al pasarle una organización criminal un mircrochip a Albin sin que él se de cuenta. Así pues, entre los delincuentes y los policías, nuestros protagonistas se verán envueltos en un vodevil con reminiscencias del inspector Clouseau y “La pantera rosa” que les obligará a ir y venir, y en el caso de Albin, a vestirse de mujer o de hombre según lo requiera la situación, en una película muy, pero muy inferior a la que le precede.
Con el mega-éxito de “Vicios Pequeños” era cuestión de tiempo que se intentara repetir este con una secuela y, compartiendo el mismo equipo actoral y técnico de “Vicios Pequeños”, muy mal se tenía que dar para que no terminara la cosa igual de bien. Pero esta “La jaula de las locas” comete el error de sacar a los protagonistas de su zona de confort, por lo que meterlos en una trama casi de espionaje, no termina de funcionar. Eso, sumado a la controversia que en su momento generó el hecho de que Albin apareciera en un momento de la película con la cara pintada de negro al estilo “coon”, y considerarse una secuencia racista, acabaron de hundir la película en el fracaso.
En España ambas películas de “La cage aux folles” son populares sin llegar a ser megataquillazos, pero, mientras que “Vicios pequeños” logró llevar a los cines a más de medio millón de espectadores, “La jaula de las locas” no consiguió llevar ni la mitad.
Sin embargo, es una cinta absolutamente concebida  para lucimiento de las cualidades actorales de Michel Serrault que se encuentra como pez en el agua pasando de travestí afeminado a varonil limpia cristales en un mismo plano, por lo que si te gusta el actor, da gusto verle. Por otro lado, peor amparado resulta Ugo Tognazzi cuyo personaje, que se colocaba por montera la primera película, aquí no está muy lúcido.
Lo peor de la película es que es muy aburrida teniendo todas las papeletas para no serlo. Y es que, aunque los diálogos continúan siendo obra de Francis Bever y la dirección de Edouard Molinaro, la historia esta vez la firma Jean Poiret, autor de la obra original que, quizás, no supo hacer una buena historia para el cine. Y que estos personajes, Renato y Albin, no desprenden ni la mitad de carisma ni gracia que en la primera parte.
Un poco mala. Pero, aún así, pasados cinco años, se rodó una nueva secuela

sábado, 31 de enero de 2026

SESIÓN DOBLE: ¿QUIÉN ES HARRY CRUMB? + DOS TIPOS GENIALES

Ya de chaval, y por proximidad de fechas y temática, vivía convencido que "¿Quién es Harry Crumb?" se parió intentando aprovechar el pepino que supuso "Agárralo como puedas". Podría decirse que estamos ante una observación injusta, ya que también "Frank Drebin" chupaba de la misma fuente que "Harry Crumb", es decir, el "Inspector Clouseau": detective/poli patoso, algo imbécil y arrogante, que allá donde va crea caos y destrucción pero, al final, y sin saber muy bien como, termina resolviendo el entuerto de rigor. Bien, sí, ok... pero es que "¿Quien es Harry Crumb?" dispone que algunos gags EXACTAMENTE iguales a los del clásico de los ZAZ, en especial uno que implica cierto pez. El resto no tira tanto de "spoof", apostando más por el "slapstick" puro, a base de algunas "set pieces" bastante graciosas y potentes, siendo la del aire acondicionado la que mejor funciona.
Por supuesto estamos ante un vehículo de lucimiento para el bueno de John Candy, quien interpreta al peor de una saga de brillantes detectives. El villano, con el fin de ocultar su culpa (lo siguiente podría considerarse un poco "spoiler" pero, vamos, se ve venir a los diez minutos), le ficha convencido de que su incapacidad será beneficiosa para las pérfidas triquiñuelas que se lleva entre manos. Tal vez el toque más original sea que la trama principal, la del secuestro de una niña rica, se mezcla con la de un intento de asesinato, dando pie así a algunas simpáticas confusiones.
Candy se rodea de rostros carismáticos como el caidísimo en desgracia Jeffrey Jones, Annie Potts (la secre de "Los Cazafantasmas" en un inesperado rol de "femme fatal"), el bueno de Tim Thomerson, Shawnee Smith (la heroína de "El terror no tiene forma") y cameo coleguero para Jim Belushi, dando pie a una coña sobre la "Cherry Coke" que en España se nos escapó porque todavía no había llegado a este país (y el doblaje lo resuelve como puede). El director, Paul Flaherty, básicamente se ha movido en el mundo de la comedia, televisiva o cinematográfica, firmando otras cosillas como "Plantón al cielo", "Clifford" o la serie oficial de la revista "Mad".
"¿Quién es Harry Crumb?" fue un fracaso en salas norteamericanas, por lo que acá llegó directamente en vídeo. O así fue en Barcelona. ¿Sorprende? Nah... se puede consumir, sin más, pero queda lejos de ser brillante y, por supuesto, muy muy muy por debajo de su modelo a imitar.

Que en plenos años ochenta a Brian De Palma, petándolo entonces como especialista en thriller intenso, le diera por estrenar una comedia pura y dura al servicio de Danny De Vito y Joe Piscopo, "Dos tipos geniales", podría sonar raro. Pero no olvidemos que ya había jugado con el género -de la risa- unas cuantas veces en sus inicios, así que tampoco era nada tan nuevo. Lo llamativo, tal vez, es que a diferencia de aquellas, esta era muy mainstream, muy convencional.
Harry y Moe son dos mafiosetes venidos a menos, despreciados por sus compañeros del hampa. Un día intentan estafar al jefazo, pero sale mal. Apunto de ser ejecutados, ambos demuestran lealtad hacia su compinche, confesándose únicos responsables del asunto y exculpando al otro, cosa que sorprende al Capo, quien, un poco por ponerlos a prueba, decide ordenarles que se ejecuten mutuamente. Harry y Moe huirán e intentarán arreglar las cosas, con los consiguientes dolores de cabeza.
Un ritmo frenético, sobre todo a base de verborrea altiva y en continuo efecto de "pisada", muchos enredos, escasa violencia dada la naturaleza del film y, bueno, poco De Palma en todos los sentidos, especialmente aquellos de orden visual. Años después, él mismo la calificaría de "pequeña buena comedia". Yo me quedo con "llevadera".
Por supuesto, el plantel de actores que acompañan a De Vito y Piscopo es bastante espectacular, imperando sobre todo un reparto masculino a base de Harvey Keitel, Dan Hedaya y un montón de rostros típicos de todo el cine de mafiosos que se preciara de serlo. La marcianada la ponen el cameo de los papás de Martin Scorsese y un papelillo para Maria Pitillo, la futura negada protagonista femenina del "Godzilla" de Roland Emmerich.

sábado, 9 de agosto de 2025

LA PRISIÓN DE LOS CHIFLADOS

El marco durante el que en su día consumí "La prisión de los chiflados" no puede ser más "retro-cool". Les hablo de una sesión doble del desaparecido cine "Texas" en Barcelona, repleto hasta la bandera, compartiendo pantalla nada menos que con una copia troceada de "Delta Force". Desde entonces andaba loco por revisarla y, sobre todo, reseñarla. No es que le reservase un afecto especial ni nada de eso. En realidad solo se trataba de pura y dura curiosidad, porque lo cierto es que en mi archivo mental únicamente conservaba un gag de todo el largometraje, así que, hasta cierto punto, el resto me iba a resultar medianamente novedoso. Costó localizarla, pero al final fue el compañero Enorm quien, una vez más, obró el milagro.
"La prisión de los chiflados", título significativamente patrio -propio de su época- para el "Doin´Time" original (traducible a un muy carcelario "Cumpliendo condena", pero también como "Pasando el tiempo", que pal caso sería un rato adecuado), viene fechada en 1985 y, permítanme recurrir a un cliché que nos viene a huevo: No podría ser más ochentera en su género. Se ajusta como un guante a lo que era la comedia populachera yanki entonces. Con inevitables ecos a otras de su misma calaña como las "Loca academia de policía" o los "Porky´s". Digamos que, espiritualmente, son casi hermanas, con todas las salidas narrativas y los estereotipos que demandaba el personal dispuesto a amoquinar por verlas. Un humor tirando a golfo, con altas dosis de enredo y ciertas licencias de puro "spoof" que no casan demasiado bien, aunque molan. Mogollón de chistes picantes, machismo por un tubo, además de tantas otras zarandajas políticamente incorrectas (incluidos unos pocos chistes de drogas). El protagonista es el típico caradura simpático que se tira a la cachonda esposa del gobernador quien, lógicamente rabioso, le manda encarcelar en un centro penitenciario con un alcaide demasiado laxo y de ideas progresistas al que detesta. En cuanto puede, lo echa y enchufa a su cuñado, todo un cabronazo de tendencias paramilitares dispuesto a hacer la vida imposible a los reclusos. Estos, que vendrían a ser los buenos de la historia (por supuesto en ningún momento se habla de los motivos por los que están entre rejas), deciden darle su merecido recurriendo a una salida muy propia de las comedias de entonces, convencen a una golfa para que se lo tire mientras retransmiten el "espectáculo" tele mediante a nivel nacional. La clásica lucha de poderes entre los inadaptados y la autoridad, también muy de las de risa del periodo. Ello se desarrollará a la par que un previsible combate de boxeo en la cárcel, dando pie a unas cuantas coñetas a costa de "Rocky" y el cameo del mismísimo Muhammad Ali (razón por la que, a día de hoy, la película sobresale unos centímetros de la media).
En realidad la trama de "La prisión de los chiflados" es más fina y menos consistente que el cordel de un támpax, una mera excusa para acumular gags y más gags, de esos con "remate final" que, luego, guardan cero lógica con el desarrollo de lo que se supone están contando. Claro que poco importa porque, como digo, prima la gilipollez, una buscada y aceptada sin remordimiento alguno. No te partes de risa, con suerte sonríes a ratos y, en general, la sensación es más de estar escuchando los malos chistes vomitados por el borracho de la cantina. Suerte que todo el pifostio no llega a los 80 minutos, así que, entre una cosa y otra, y la inevitable dosis de nostalgia aplicada, pues termina resultando medio-entretenida... por los pelos.
Dirige, co-escribe y co-produce George Mendeluk, nacido en Alemania y emigrado para hacer las américas, en su filmografía localizamos otras de esas que habíamos visto en los estantes de nuestros vídeo-clubs mil veces pero rara vez alquilábamos, como "Flash Mortal" o "Albóndigas 3: Los chicos están calientes" y luego muchísima televisión, pero muchísima, hasta nuestros días.
Y, como siempre, es identificando, numerando y catalogando al floridísimo reparto donde realmente está la diversión. Abróchense los cinturones porque la cosa es generosa. Tal vez, paradójicamente, el menos llamativo sea su protagonista, Jeff Altman. Venía de hacer mucha tele y alguna cosa curiosa (como "Wacko" o "Quien tiene una suegra tiene un tesoro") y, tras "La prisión de los chiflados" el panorama tampoco cambiaría demasiado, con más curiosidades ("Harvard: Movida americana", "Los inmortales 2", bastante doblaje de dibujos animados, destacando "The Real Ghostbusters" o "Bee Movie") y más televisión. Como ocurría con muchas de las comedias de aquellos entonces, se le busca una historia de amor "seria" en las clásicas escenas donde se rebaja el tono desmadrado. Su "partenaire" pal caso es Dey Young, quien debutaría en "Rock N´Roll High School" y se marcaría un insignificante rol de camarera en "Spaceballs, la loca historia de las galaxias" (menos insignificante que el posterior de "mujer con perro" para "Ant-Man y la Avispa: Quantumanía"), decorado donde coincidió con otra de las actrices de "La prisión de los chiflados", Rhonda Shear, futura carne de cañón del universo Donald G. Jackson.
Aunque en cuestiones femeninas la parte más tocha del pastel es para Colleen Camp y sus tetazas, esas mismas que viste en otras del palo como "El juego de la sospecha (Cluedo)", "Gran lío en la universidad", "La loca academia de los albóndigas" y, por supuesto, "Loca academia de policía 2 y 4". Ubres -muuuuuuy- destacables son igualmente las de Kitten Natividad, marcándose una aparición al fondo del plano, literalmente, y Judy Landers, quien anduvo posteriormente por "Armados y Peligrosos", "Escuela de Azafatas" pero, sobre todo, el "Dr. Alien" de David DeCoteau. Rematan el asunto femenino Melanie Chartoff (la directora encabritada del insti en "Parker Lewis nunca pierde") y Dona Speir (futura musa de Andy Sidaris).
Retomando el plantel masculino, tenemos a todo un John Vernon como recluso veterano y listillo. En la época me recordaba mucho al George Peppard de "El Equipo A". Cosa que cuadraba muy bien con el "Mr.T" albino que le acompaña a todas partes encarnado por Nicholas Worth, el eterno villano del cine de bajo (y eventualmente alto) presupuesto. Otros de sus socios son el cajatontista Ron Palillo (el tipo al que "Jason Voorhees" le arranca el corazón en la sexta de sus aventuras o el pirómano perseguido por "Snake Eater") y Mike Mazurki, de rostro nacido para interpretar a gángsters y/o matones de toda condición, cosa que hizo nada menos que en "Con faldas y a lo loco", "De espaldas a la justicia", "Dick Tracy" -la de los 40 y la de los 90- y su última aparición en pantalla dos meses previos a palmar, "Mob Boss" de Fred Olen Ray. Ya que hablamos del ínclito, también él dirigió a Pat McCormick -el alcaide bueno de "La prisión de los chiflados"- en "Beverly Hills Vamp".
Como villano principal todo un clásico en los suyo, Richard Mulligan, tan histriónico como nos tenía acostumbrados. Solía dejarse ver en películas de Blake Edwards: "S.O.B. (Sois honrados bandidos)", interpretando al "director de cine en crisis", "Tras la pista de la pantera rosa", ejerciendo de padre del "Inspector Clouseau" y "El gran enredo", que debería recuperar. Igualmente se prestaba a otra clase de comedias, ahí están "Los albóndigas atacan de nuevo", "Profesores de hoy" o "Chico Celestial" como prueba.
Del resto del reparto me quedo con el comediante negro Jimmie 'JJ' Walker (ni que sea por su papel en "Aterriza como puedas", de donde "La prisión de los chiflados" toma prestados esos comentarios graciosos vía megafonía) y Ron Zwang, así mismo co-guionista del film reseñado y cuya escueta carrera "actoril" incorpora dos marcianadas del calibre de "El ejército de las tinieblas" y ¡¡¿"Robot Ninja"?!!. ¿¿Nos lo creemos o estamos ante una mala di/gestión de "la secre"??.
En un momento dado, asistimos a un plano general de la cárcel idéntico a otro de "Crimewave (Ola de crímenes... ola de risas!!)" (al fin y al cabo, ambas películas vienen fechadas el mismo año). Ahí va una comparativa visual y la duda de si una recicló de la otra o, simplemente, compartieron escenario...

miércoles, 6 de noviembre de 2013

AQUARIUS

Durante mucho tiempo consideré "Aquarius" como "la última película buena del cine de terror moderno italiano". Revisada recientemente, cambio el slogan a: "La -casi- única película buena del cine de terror moderno italiano".
Seamos prácticos, visto hoy, el trabajo de gente como Lucio Fulci, Sergio Martino, Umberto -papanatas- Lenzi o, especialmente, Lamberto Bava, resulta bastante aburrido. O, mejor, totalmente mortecino. Sin embargo, "Aquarius" no solo mantiene el tipo, además logra algo casi imposible de encontrar en un producto ítaloparlante adscrito al género de mis amores: No aburre. Y no solo no aburre, ¡entretiene!. Eso sí que es un milagro. Dentro de tal elitista tendencia también cabe el amigo Dario Argento, especialmente en sus mejores tiempos. Y no es puta casualidad, pues los lazos entre el padre de "Inferno" y Michele Soavi, director debutante en "Aquarius", eran bien fuertes. De hecho, la gracia de esta película es que se erige casi como testamento de la era dorada del terror italiano post-Mario Bava por así decirlo, el de los 70 y, muy especialmente, los 80. Y lo firma el pupilo más aventajado posible, el amigo Soavi, en cuyo curriculum previo encontramos el famoso documental que dedicó a su maestro Argento con "Il mondo dell'orrore di Dario Argento" para quien, antes de currar como director, lo hizo como asistente y actor (en "Tenebre", "Phenomena" y "Ópera"). Pero Argento no fue el único, también dio lo suyo para Lamberto Bava en idénticas funciones ("Cuchillos en la oscuridad", "Demons", el remake de "La máscara el demonio" y "Blastfighter, la furia de la venganza", en la primera hacía de -si la memoria no me falla- asesino travesti y en la segunda era el tipo de la media-máscara que reparte propaganda del estreno del film diabólico en el metro). Su vinculación al horror italiano no se queda ahí, ya que Soavi ha ejercido exclusivamente de intérprete en films tan característicos como "Alien 2", "Miedo en la ciudad de los muertos vivientes" (la de Fulci, para quien también colaboró en "El destripador de Nueva York"), "El día del cobra" (de Enzo G. Castellari), "Los invasores del abismo" (de Ruggero Deodato) o "Il gatto nero" (de Luigi Cozzi -amigo de Víctor-). Y aunque curiosamente su nombre siempre va asociado al de Argento, en realidad otro para quien curró a destajo en sus inicios fue el no menos legendario Aristide Massaccesi, más conocido como Joe D´Amato. Michele fue actor, co-guionista no acreditado y asistente en títulos tan variados y demenciales como "Bronx lucha final", "2020 Los rangers de Texas", "Terror sin límite", "Calígula 2" o "Ator el poderoso". Tal vez por ello fue Massaccesi, y no Argento, el primero en producirle un largometraje comercial, es decir, este mismo "Aquarius" que Aristide apadrinó desde su flamante "Filmirage" y que, como guinda del pastel, cuenta con un guión original de Luigi Montefiori, más conocido como George Eastman, el caníbal de "Gomia, terror en el mar Egeo" (dirigida por D´Amato, of course), que pal caso se esconde tras el alias de Lew Cooper. Ahí es nada. Visto lo visto, está claro que solo Michele Soavi podía cerrar el círculo aplicando lo aprendido y, encima, tan bien (y americanizando su nombre a Michael, como debe ser).
Un puñado de actores hambrientos, y su director, ensayan desesperadamente un espectáculo teatral de danza moderna sobre un anónimo asesino. Todo pinta que va a ser un desastre. Esa noche, la prota de la función, aquejada de dolores en el tobillo, hace caso omiso al jefe y se marcha al hospital más cercano para que le venden la pupa. Su presencia motivará la huida de un peligrosísimo psicópata que se le cuela en el coche, se carga a la chica de guardarropía del teatro y desaparece. Llega la policía, registra el lugar, no encuentra nada y se marcha dejando únicamente dos agentes que de poco servirán (uno de ellos encarnado por el propio Soavi). El director decide aprovechar el suceso y convierte su obra en un inesperado biopic del psycho-killer visitante... así que, pa meterse caña con los ensayos, se encierra a si mismo y a los actores en el teatro, escondiendo la llave. Poco saben todos ellos que el homenajeado también ronda por allí, dispuesto a cargárselos y, para más inri, la primera persona a la que asesina es la única que sabe dónde está escondida la llave de la puerta principal. La noche que les espera será de órdago.
"Aquarius" fui a verla el día de su estreno, al cine. Lo recuerdo muy bien porque los Viernes por la tarde solía reunirme con los idiotas de mis ex compañeros de EGB para acudir a las películas. En aquella ocasión, elegí yo. Naturalmente entonces ya sabía mucho sobre la peli de marras gracias a mis queridas revistas francesas, aunque la reconocía más por el título que allí recibió, "Bloody Bird". Al entrar, un sensacionalista cartel que el mismo cine se había sacado de la manga, nos advertía que lo que íbamos a ver era muy fuerte porque resultaba "totalmente verosímil". Menuda chorrada!!. De hecho, y aunque lo pasamos muy bien durante el visionado, al terminar uno de mis "amigos" criticaba el desenlace del film aludiendo, justamente, a su falta de verosimilitud. En fin, jóvenes presuntuosos. A mi todo aquello me daba igual, me la sudaba, había disfrutado como un enanito y salí bien saciado, ya que por entonces lo que buscaba con desesperación en un film de horror era la más generosa y gráfica truculencia y, en ese sentido, "Aquarius" iba la mar de bien servida. ¡Qué tiempos aquellos en los que el cine de terror incluía gore valiente y gráfico, pero en sus justas dosis, sin caer en el exceso por el exceso, ni el humor, ni la estilización en busca de la aprobación de las élites políticamente correctas!, preocupándose más por ser "una de miedo con gore" que "una gore con miedo" o, peor, "una gore con gore" o, ya de pesadilla, "una gore con risas".
El caso es que, menos experimentado en estas lides, consideraba "Aquarius" una muestra moderna de "giallo". Bien cierto es que guarda algunas características propias de esa clase de cine, pero en realidad la obra de Michele Soavi encaja mucho mejor en la etiqueta de "slasher". ¿Una mezcla de lo mejor de ambos bandos?, pues sí, me parece bien. Por parte "slasher" tenemos a un asesino mudo e imparable ataviado con un uniforme negro y una máscara de lo más chanante. Esa cabeza de búho gigante es ya legendaria. Tenemos el grupo de jóvenes servidos para ser asesinados con las más variadas armas y los crímenes más impactantes y sangrientos, que incluyen cosas tan clásicas como hachas o una surrealista pero efectivísima sierra mecánica. Y tenemos el climax en el que la "final girl" y el malo se enfrentan cara a cara, así como la aparente invulnerabilidad del segundo. En el terreno del "giallo" encaja el mini-puzzle que resolver del final, el asesinato enfocado como todo un arte (los cadáveres de las víctimas reunidos es algo muy "slasher", pero no lo de presentarlos de forma tan artística) y, en general, la concepción elegante, bonita y estilizada que Soavi tiene del terror, algo directamente heredado de su amigo y vecino Dario y que destaca especialmente con la hipnótica y pomposa banda sonora, así como con esas plumas flotantes o los números musicales de la obra que ensayan los protagonistas (el sumum de lo cual viene cuando la que conoce la ubicación de la llave es asesinada brutalmente delante de todos, convencidos de que el agresor es el actor disfrazado. Ese es uno de los momentos más "giallo", más Argento, de la fiesta, a base de soundtrack orquestal e iluminación azulada).
Hace unas líneas hablaba de los asesinatos truculentos y salvajes. Déjenme volver a ello. En la época se consideraba "Aquarius" como una película "fuerte" y seguramente en 1987 sí encajaba en la etiqueta. No estábamos tan acostumbrados a ver de modo claro y sin disimulos cómo una sierra mecánica abría el estómago a un tipo, y aquí es algo que está bien presente y, además, rodado de modo muy efectivo, muy tétrico, con una linterna como única fuente de luz, el asesino con la máscara salpicada de sangre y la víctima, gritando agónicamente, rodeados de oscuridad y asentados sobre un Argentiano suelo inundado de agua. Brillante. En posteriores entrevistas Soavi decía que no se consideraba muy amigo del gore (¡ni del terror de los ochenta!, al que acusa de poco imaginativo), pero que aceptaba que un film de terror iba ligado a la muerte y la sangre, y que en cierto modo esta última era lógicamente inevitable. También comentaba que el presupuesto con el que contaron para "Aquarius" era mínimo, y que lo efectos especiales se resolvieron del modo más rudimentario. Hay una chica -embarazada!- que es partida por la mitad y cuando se revela su medio-cuerpo, nos damos cuenta que se trata de un auténtico maniquí al que han pegado unas tripas. No digo que cante hasta el extremo de resultar risible y chapucero, para nada, pero sí es verdad que el momento pasa fugazmente ante nuestros ojos evitando resultar demasiado evidente. Lo mismo que la decapitación del director de la obra de teatro. Pero que nadie se confunda, porque esa pobreza queda totalmente compensada por la inmensa capacidad de Michele Soavi, que se muestra como un cineasta de lo más talentoso a la hora de dotar de ritmo a su película, de sacar buen partido del montaje y, en fin, de jugar con el suspense. "Aquarius" es impactante y sangrienta, sí, pero también emocionante. Digamos que podríamos partirla en cuatro cachos. Arranque, masacre (donde mueren el 90% de los personajes secundarios, sin descanso), enfrentamiento y desenlace. El enfrentamiento es el segmento más delicado porque, casi sin diálogos, y a base de sonido e imagen, el director se centra en el puro suspense, cuando el psycho-killer tiende una trampa a la "final girl" que debe agenciarse la llave de la puerta sin que su agresor se de cuenta, aunque lo tenga a medio metro. Muy logrado momento de puro cine, que eclosiona con el inevitable bis a bis de la  pareja, destacando el instante de él colgando del techo y deslizándose por un grueso cable hacia ella. De infarto.
Quizás uno de los puntos más flojillos de la película sean algunos de sus actores, ya sabemos que en la mayoría de las pelis de terror italianas suelen ser muy malos, ridículos. Aquí se salvan de la pura quema por los pelos, aunque queda sitio para algunas sobreactuaciones notables. Sin embargo, la mayor de todas ellas da el pego, porque se trata del director de la función teatral, un tipo ególatra, cruel y manipulador al que el rollo histriónico le va como anillo al dedo. De hecho, es uno de los personajes que más recuerdo dejan y para mi significó descubrir al actor que le da vida, David Brandon y sus notables orejones. Había protagonizado "Caligula 3" para el mismo Joe D´Amato (un evidente exploitation de la de Tinto Brass, donde ya coincidió con Soavi), y luego también saldría en el "Crímenes en portada" de Lamberto Bava. Pero su rol más extraño y atípico es el primero, haciendo de ángel "Ariel" para Derek Jarman en su epopeya arty-punk "Jubilee" (connotaciones de una carrera paralela en el teatro y otras artes más elevadas y respetadas).
Barbara Cupisti es la guapa "final girl" de rigor que has visto también en películas de algunos clásicos como Fulci ("El destripador de Nueva York", ¡su debut!), Argento ("Ópera"), o el fucking Lenzi ("La porte dell´inferno"), así como en "El engendro del diablo" y "Mi novia es un zombie" del mismo Soavi (a lo tonto él y la moza llevaban años coincidiendo en la pantalla, así que será verdad eso de que son o fueron pareja, apunte este que no he podido corroborar).
Sin embargo, el rostro más mítico de todo el film es el de un -habitualmente- sobreactuado Giovanni Lombardo Radice (alias John Morgen) haciendo de supergay. La fama a nivel fandom le llegó cuando Fulci decidió taladrarle la cabeza en "Miedo en la ciudad de los muertos vivientes" y Lenzi castrarlo para "Caníbal Feroz". Lo vi in person en su visita a un festival patrio, pero -paradójicamente- era más soso que una cocacola con solo cinco cucharadas de azúcar.
Terminamos este repasito con la fea Mary Sellers (sin vínculos con el inspector Clouseau) y que también mostraba su poca atractiva faz en el temible remake de "La máscara del demonio", cortesía de Bava hijo de... Mario, "Contamination .7" (de D´Amato) y "Ghost House", de -oootra vez- Umberto Lenzi currando para "Filmirage". Curiosamente esta costrosa peliculita que consumí en un cine porno justo cuando probaba suerte proyectando otra clase de productos menos grumosos (¡¡vamos, ni el puto "deuce" y sus cutre-cines!!), reciclaba el soundtrack completo de "Aquarius" que -como ya he señalado- está muy bien y tiene un peso importante en la película. Uno de sus tres responsables, probablemente el más reconocible, es Simon Boswell, inevitablemente ligado al universo de Dario Argento y que también ha puesto su talento al servicio de una ralea de films sin desperdicio: "Phenomena", "Demons 2", "Crímenes en portada", "Karate Kimura" (!), "Santa Sangre" (estupenda su partitura para este clásico de Alejandro Jodorowsky producido por el hermano de Dario), "Hardware, programado para matar" y "Dust Devil" (Richard Stanley siempre se ha declarado admirador del dire de "Suspiria"), "El señor de las ilusiones" (de Clive Barker) y, muy recientemente, "The Theatre Bizarre" (obviamente en el capítulo firmado por Stanley) y la horrenda e incomprensiblemente reputada "The ABCs of death".
¿Y qué le pasó a Michele Soavi después?, pues que Terry Gilliam vio "Aquarius" y le gustó tanto, que decidió ficharlo como director de segunda unidad en "Las aventuras del barón Munchausen". Contaba también Gilliam que el amigo dio bastantes problemas durante el rodaje a la hora de agenciarse más dinero del acordado por obra y gracia de cierto "grupo de presión" de poca recomendable casta. Con todo, Soavi declaraba en "L´Ecran Fantastique" que había decidido subirse al carro para vivir la experiencia y aprender. Movidas raras pero, al parecer, no tan graves porque años después Gilliam y el italiano volverían a encontrarse, repitiendo roles, en la espantoide "El secreto de los hermanos Grimm"... así que, nunca se sabe.
Luego llegaron "El engendro del diablo" y "La secta" (esta vez, sí, producidas por su querido Dario Argento, que metió bastante la mano en ambas) y la peli que le consagró, la bonita, curiosa, chorra y rara "Dellamorte Dellamore", subnormalmente titulada en España "Mi novia es un zombie" de la que Martin Scorsese posee una copia en su colección privada. Cuando parecía que Soavi iba a alcanzar la cima (le llegaban ya propuestas desde Hollywood, como dirigir la vomitosa "Abierto hasta el amanecer"), movidas de corte personal/familiar le retiraron del cine durante cinco largos años, truncando su prometedora carrera. Retomó la silla del director para la televisión italiana, donde dirigió algunos telefilms policíacos que ni he visto, ni me apetece ver. Hace poco leí que el muchacho tenía intención de regresar a la big screen y con una de terrores, pero habrá que ver qué pasa, porque los tiempos han cambiado mucho y tal vez su creatividad haya caducado. O no, veremos. De momento y hasta entonces, podremos gozar ad infinitum de este "Aquarius", clásico del terror moderno mundial que, como dicen los yankees, es "highly recomended". Sin duda alguna.